martes, 17 de julio de 2012

El desconocido trabajo de los chilenos que reviven dinosaurios


Os dejamos íntegro un artículo publicado en el periódico chileno La tercera dedicado a la paleoilustración, donde Mauricio Álvarez, paleoilustrador de ese país ha ganado el 2º premio del IV Concurso de Ilustraciones Científicas de Dinosaurios organizado por la Fundación Dinosaurios CyL.


El británico Richard Owen (1804-1892) era médico de profesión, pero su afición por la anatomía lo hizo un reconocido ilustrador. En 1836 conoció a Charles Darwin, después que el naturalista regresara de su travesía en el Beagle, quien le entregó una serie de fósiles hallados en su viaje. Owen hizo una reconstrucción de los huesos, identificando varias especies, como el armadillo gigante, el milodón y el megaterio (1860). Su trabajo reveló que estas criaturas gigantes eran roedores y perezosos y, por tanto, estaban relacionadas con especies actuales que vivían en la misma zona y no con criaturas de Africa, como Darwin pensaba. La historia dice que fue el origen de la Teoría de la Selección Natural, pero también el génesis del paleoarte, encargada de “revivir” criaturas extintas y una disciplina en la que en Chile existen muy pocos exponentes.


“Yo diría que hay varios artistas que se dedican a ilustrar dinosaurios u otros animales prehistóricos en el país. Pero son muy pocos los que se dejan asesorar científicamente. Para un ojo entrenado, la ilustración no asesorada presenta errores garrafales. Son dibujos bonitos, pero no representan para nada la rigurosidad con la que se debe ilustrar. El trabajo de un buen reconstructor o ilustrador científico es tan meticuloso como el de un anatomista, ya que es finalmente esa imagen la que será referente para un animal extinto”, dice David Rubilar, jefe de Paleontología del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN).

Precisamente, el experto apunta a un nombre: Mauricio Alvarez, uno de los más reconocidos paleoilustradores del país. Dedicado a este trabajo profesionalmente desde 1997, su currículo incluye trabajos con el Museo Profesor Olsacher de Zapala (Argentina) y colaboraciones con el Museo de La Plata (Argentina), Museo Comahue (Argentina) y el Museo de Río de Janeiro (Brasil). Su trabajo en Chile se remite al MNHN. Precisamente acaba de montar una muestra en el metro Quinta Normal.

“La paleorreconstrucción es el arte de documentarse, imaginar y dibujar un animal o ambiente prehistórico, y por este medio cautivar a una persona con una imagen en un evocativo viaje al pasado”, dice Alvarez, quien acaba de obtener el segundo lugar del IV Concurso Internacional de Ilustraciones Científicas de Dinosaurios 2012, de la Fundación para el Estudio de los Dinosaurios en Castilla y León, Burgos (España).

¿Artista o científico? “Es difícil encasillar a un paleoartista, debido a que su área de trabajo está en el vértice mismo en el que se entrelaza el arte y la ciencia”, apunta Andrés Villavicencio, encargado del área de paleoarte de la Sociedad Paleontológica de Chile.

Sergio Hillebrandt es otro de los pocos expertos del oficio. De hecho, él se inclina más por autocalificar su trabajo como más científico que artístico. “Yo hago réplicas”, aclara. En efecto, su labor consiste en hacer réplicas óseas de un animal extinto, para lo que se vale de un delicado proceso que incluye caucho y silicona para reproducir los huesos fosilizados. El resto del esqueleto, con los huesos que faltan, se hace con yeso “y con la ayuda del paleontólogo”.

Aunque su labor incluye una reconstrucción ósea, “en ocasiones me piden réplicas completas, es decir, con músculos o piel”. Sin embargo, lo típico, y que es lo que se ve en los museos, es réplicas óseas. Pero cualquiera sea la reconstrucción, la alianza paleontólogo reconstructor es indispensable.

Para su trabajo, por ejemplo, Alvarez dice que recibe imágenes de fósiles del animal a recrear, además de buscar información en la web -Google y Google académico- y libros con imágenes de la especie o de animales similares. “Además, recibo los papers y resúmenes escritos en publicaciones científicas, observo imágenes realizadas por otros ilustradores, fotos de mamíferos similares, y viajo al bosque a observar especies parecidas. En el bosque, además, desarrollo el proceso creativo de imaginar al animal en vida, in situ, en su madriguera, recorriendo el bosque, comiendo, etc.”, dice el paleoilustrador. “Hay que saber de anatomía forense”, agrega Hillebrandt.

LaTercera

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