domingo, 17 de noviembre de 2019

Descubren una nueva especie de tortuga primitiva en Teruel

Descubiertos en la mina de Santa María de Ariño (Teruel), se trata de los esqueletos más completos de tortugas primitivas del Cretácico de Europa

Reconstrucción en vida de Aragochersis - Fundación Conjunto Paleontológico 
de Teruel-Dinópolis para la exposición permanente del centro 
satélite de Dinópolis en Ariño
A pesar de su parecido físico con algunos dinosaurios y de que, de hecho, convivieron con algunos de ellos, las tortugas han evolucionado mucho en 220 millones de años. Estos reptiles en la actualidad distan mucho de lo que fueron hace milenios. Sus antepasados, las tortugas primitivas, que tenían caparazones de más de 60 centímetros de longitud, no habían desarrollado aún la capacidad de retraer la cola, patas o cuello dentro del caparazón, por lo que su protección frente a los depredadores se hacía de una manera diferente: esas regiones anatómicas estaban cubiertas por estructuras rígidas, muchas de ellas terminando en pinchos, que les otorgaban una coraza protectora.

Ahora, un nuevo estudio liderado por el especialista en el análisis de tortugas fósiles Adán Pérez García, del Grupo de Biología de la UNED y publicado en la revista «Cretaceous Research», viene a arrojar luz sobre estos desconocidos animales que habitaron no solo España, sino toda Europa y Norteamérica. «Esta investigación permite mejorar notablemente el conocimiento sobre los heloquelídridos, tanto aportando nuevos datos sobre la anatomía craneal, del caparazón y de otras partes del esqueleto de estas tortugas», afirman en un comunicado. Además, el grupo ha conseguido describir una nueva especie y género: Aragochersis lignitesta.

Región dorsal (izquierda) y ventral (derecha) del caparazón del holotipo 
(ejemplar de referencia) de la nueva tortuga primitiva Aragochersis
Así, Aragochersis («la tortuga terrestre de Aragón») no sólo supone la tortuga primitiva mejor caracterizada del registro español, sino la más completa del Cretácico de Europa. Por lo tanto, a los descubrimientos realizados a lo largo de los últimos años en esta localidad turolense, que aportaban una nueva visión sobre las escasamente conocidas faunas de dinosaurios y otros vertebrados de la parte final del Cretácico Inferior, se suma ahora el de la nueva tortuga terrestre, permitiendo una visión más detallada de cómo sería ese ecosistema dominado por reptiles, hasta ahora exclusivo de Teruel.

Parte del esqueleto del holotipo (ejemplar de referencia) de la nueva tortuga 
primitiva Aragochersis, incluyendo el cráneo, la mandíbula, el caparazón y 
varias vértebras y huesos de las extremidades
Los restos proceden de la mina de carbón Santa María de Ariño, en Teruel, bien conocida por su excelente registro fósil. Así, allí se describieron previamente varias nuevas especies de dinosaurios y cocodrilos, e incluso una pequeña tortuga de agua dulce, Toremys. Sin embargo, hasta ahora la presencia de grandes tortugas terrestres primitivas no había sido notificada en esta localidad fosilífera.

Un registro fósil limitado

El registro de tortugas fósiles español es uno de los más abundantes y diversos del continente europeo. Desde hace cerca de un siglo, se habían hallado fragmentos de estas tortugas en niveles del Cretácico Inferior, especialmente en aquellos depositados hace unos 125 millones de años. Sin embargo, el conocimiento sobre estas tortugas era muy escaso, debido a ese limitado registro. Estas tortugas basales españolas correspondían a Helochelydridae, un linaje identificado tanto en otros lugares de Europa (especialmente en Gran Bretaña) como en Norteamérica, originado cuando ambos continentes estaban unidos y resultando en dos grupos aislados cuando comenzaron a separarse, mediante la generación del Océano Atlántico, durante el Jurásico. A pesar de la amplia distribución geográfica del grupo, los yacimientos con restos bien preservados de estas tortugas son muy escasos a nivel mundial.

El nuevo hallazgo español arroja las claves para ampliar el conocimiento sobre estas tortugas primitivas. Así, la investigación presenta no solo los caparazones mejor conocidos del mundo, sino también los esqueletos más completos de todo el registro europeo.

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