sábado, 28 de noviembre de 2020

Una cara nunca vista en la era de los dinosaurios

Un ave de hace 68 millones de años descubierta en Madagascar sorprende a los investigadores por su pico en forma de guadaña

Reconstrucción artística del ave enantiornitina del Cretácico tardío Falcatakely
 forsterae - Mark Witton
Una cara nueva, con un perfil superlativo, ha irrumpido en la era de los dinosaurios. Un equipo internacional de investigadores ha descubierto en Madagascar los restos fósiles de un ave extraordinaria de hace 68 millones de años, del tamaño de un cuervo y con un pico en forma de guadaña. Bautizada como Falcatakely, esta criatura que recuerda a un tucán sugiere que otros seres alados que no hemos imaginado pudieron surcar los cielos prehistóricos.

Ilustración que representa al Falcatakely en medio de dinosaurios no aviares y
 otras criaturas durante el Cretácico Superior en Madagascar - Mark Witton
Las aves han jugado un papel fundamental en la comprensión de la evolución biológica. A mediados del siglo XIX, las observaciones de Charles Darwin sobre el pico en los pinzones de las Galápagos influyeron en su teoría de la evolución a través de la selección natural. Según los investigadores, este nuevo descubrimiento también arroja luz sobre la evolución, pero esta vez de los precursores de las aves modernas, mostrando cómo animales muy distantes acabaron teniendo formas de cabeza similares.

Bien conservado

El pequeño cráneo de 8,5 cm de Falcatakely fue encontrado bien conservado y casi completo en una roca de hace unos 70 millones de años. Se trata de un hallazgo inusual, ya que los frágiles huesos de aves son raros en el registro fósil, y sus cráneos aún lo son más. El delicado espécimen reveló muchos detalles importantes, como los complejos surcos en los huesos que indicaron la existencia de una cubierta queratinosa expansiva, o pico, en vida.

«Cuando la cara comenzó a emerger de la roca, supimos que era algo muy especial, si no completamente único», señala Patrick O'Connor, profesor de anatomía y neurociencia en la Universidad de Ohio y autor principal del estudio. Falcatakely pertenece a un grupo extinto de aves llamado Enantiornithes, que vivieron durante el Período Cretácico y cuyos fósiles han sido localizados principalmente en Asia. «Estas aves ocuparon ecosistemas junto a sus parientes no aviares como Velociraptor y Tiranosaurio», dice Turner, profesor de ciencias anatómicas en la Universidad de Stony Brook y coautor del estudio.

Al no poder extraer los huesos individuales de Falcatakely de la roca para estudiarlos porque eran demasiado frágiles, el equipo de investigación empleó micro tomografía computarizada (μCT) de alta resolución y modelado digital para diseccionar virtualmente los huesos individuales. La impresión 3D ampliada de los modelos digitales permitió reconstruir el cráneo y compararlo con el de otras especies. A medida que avanzaba la investigación, se hizo evidente que los huesos que formaban la cara en Falcatakely estaban organizados de una manera peculiar. Inesperadamente, se parecía mucho a los tucanes modernos. 

Evolución convergente

Para los investigadores, se trata de un ejemplo de evolución convergente, cuando organismos no relacionados desarrollan el mismo rasgo de forma independiente. En las aves vivas, la parte superior del pico está formada por un solo hueso agrandado premaxilar, pero las primeras aves de la era de los dinosaurios, como el icónico Archaeopteryx, tenían picos formados por dos huesos, un pequeño premaxilar y una gran maxilar. Sorprendentemente, Falcatakely tenía la disposición primitiva pero una forma moderna, similar a los tucanes o cálaos actuales, lo que indica que aves lejanamente emparentadas pudieron desarrollar formas de pico similares de formas diferentes.

Falcatakely convivió en lo que ahora es el noroeste de Madagascar, un entorno semiárido y altamente estacional, con otros animales verdaderamente extraños, como el Simosuchus, similar a un cocodrilo de nariz chata, o el mamífero Adalatherium, recientemente descrito como la «bestia loca» de la isla por su rareza. Probablemente, el aislamiento favoreció ese especie de mundo perdido. «El descubrimiento de Falcatekely subraya que gran parte de la historia profunda de la Tierra todavía está envuelta en un misterio -advierte O'Connor-, particularmente en aquellas partes del planeta que han sido relativamente menos exploradas». Quién sabe si la paleontología descubrirá otras aves de aspecto extraño en esa remota parte del mundo.

abc.es

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