jueves, 27 de enero de 2022

Encontraron fósiles de insectos que habitaron en Colombia hace 100 millones de años

Los investigadores calificaron el descubrimiento como “una ventana de desconocimiento”, pues son muy pocos los registros que hay sobre estos invertebrados en el país

Los restos fósiles de dos insectos, pertenecientes al periodo Cretácico, fueron
descubiertos en La Calera, Cundinamarca. Foto: Universidad del Rosario
En el municipio de La Calera, Cundinamarca, un biólogo y un paleontólogo de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad del Rosario hallaron los primeros fósiles de dos insectos que vivieron en el periodo geológico del Cretácico, hace por lo menos 100 millones de años.

Los invertebrados harían referencia a una mosca de mayo y un escarabajo, ambos de apenas milímetros de tamaño. Los registros de este tipo de insectos son escasos en Colombia, y los restos óseos parecidos que se habían sido encontrados estaban en ámbar (resina fosilizada de origen vegetal).

“Previo a este descubrimiento, solamente se habían reportado unos fragmentos de alas pertenecientes a una libélula de 120 millones de años de antigüedad en Villa de Leyva y nidos fosilizados de avispas de hace 16.000 años encontrados en Pubenza, Cundinamarca”, sostuvo Andrés Alfonso, estudiante de la maestría en Ciencias Naturales de la universidad, y encargado de liderar la investigación publicada en la revista internacional Cretaceous Research.

Por su parte, el paleontólogo Edwin Cadena, docente de la la institución, manifestó que estos hallazgos permiten entender cómo eran los ecosistemas en esta región del país hace 100 millones de años: “La presencia de estos insectos junto a características propias de las rocas indican que en esta zona se desarrolló un antiguo lago de agua dulce, rodeado de plantas, lo que permite entender mejor los ambientes que dominaron el norte de Suramérica durante parte del periodo geológico conocido como el Cretácico”.

A esto hay que sumarle que, de acuerdo con los investigadores, es más común encontrar insectos en ámbar que preservados en rocas, así como ocurrió en este caso. Esto porque los insectos no tienen estructuras rígidas en su cuerpo, por ejemplo caparazones o conchas, y su deterioro se produce con mayor rapidez. Ya con el tiempo es muy difícil hallar los restos en las superficies.

Así se produjo el hallazgo:

Los especialistas se encontraban en una salida cerca de la mina La Popa, en zona rural del municipio de La Calera. ¿El objetivo? Buscar fósiles de hojas. Sin embargo, cerca de una montaña, encontraron un muro de roca que tenía unas líneas diagonales bastante peculiares. En medio de la intriga, se acercaron para examinarla con el fin de encontrar hojas y restos de peces o insectos, relató Cadena, en declaraciones recogidas por El Espectador.

Tras retirar pedazos de roca, identificaron los dos pequeños fragmentos, los cuales fueron definidos en un principio como “bichitos bastante extraños”. Habiendo pasado por unos exámenes en laboratorio, les aplicaron una resina acrílica, que impide que los trozos se sigan fracturando. Por último, emplearon un estereomicroscopio para poder reconocer los dos invertebrados.

Al respecto, Cadena concluyó: “Este descubrimiento no solo es relevante para la paleontología del país, sino también para el campo de la paleodiversidad, porque muestra cómo han cambiado los diferentes ambientes alrededor del país con el paso de los años”. 

Así mismo, ello podría significar el inicio de nuevas investigaciones en La Calera, de la mano del grupo en Paleontología Neotropical Tradicional y Molecular (PaleoNeo), de la Universidad del Rosario.

El caso de la Titanoboa:

Recordemos que hace algunos años, en la mina de carbón del Cerrejón, en el departamento de La Guajira, fueron descubiertos los restos fósiles de la Titanoboa cerrejonensis, la especie de serpiente más grande de la que haya registro hasta la fecha.

En un artículo de National Geographic en Español divulgado recientemente se explicó que dicho ejemplar vivió hace 60 millones de años en los ríos y pantanos del país. Producto de su envergadura, esta era capaz de devorar cocodrilos de un solo bocado, sin hacer bulto, y su apariencia física se asemejaba a lo que hoy sería una Boa constrictor.

infobae.com

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