jueves, 8 de diciembre de 2022

A la búsqueda de momias de dinosaurios

Un estudio reciente describe una nueva vía de momificación de estos animales prehistóricos y predice que este tipo de fósiles podría no ser tan inusual como los científicos pensaban hasta el momento.

FOTO: ISTOCK.
El término "momia" es a menudo empleado para describir algunos restos de dinosaurios con piel fosilizada que son relativamente raros en el registro fósil. De manera generalizada se había aceptado que estos fósiles solo se forman en circunstancias excepcionales en las que un cadáver debía quedar protegido de la descomposición y la humedad gracias a un rápido entierro o desecación que precisamente hubiera permitido que la piel se fosilizara.

Ahora, no obstante, un estudio en el que se combina la evidencia fósil con las observaciones de cadáveres de animales modernos dirigido por la paleontóloga de la Universidad de Tennessee-Knoxville, Stephanie Drumheller, acaba de encontrar una nueva explicación de cómo se formarían tales momias. Los resultados de la investigación se recogen en un artículo que bajo el título Biostratinomic alterations of an Edmontosaurus“mummy” reveal a pathway for soft tissue preservation without invoking “exceptionalconditions” se publicaba en la revista PLOS ONE.

Para llegar a sus conclusiones, el equipo de Drumheller examinó el fósil de un Edmontosaurus procedente de Dakota del Norte que conservaba grandes parches de piel disecada y aparentemente "desinflada" en las extremidades y la cola, e identificaron varias marcas de mordeduras de otros carnívoros en la piel del dinosaurio. Se trata uno de los primeros ejemplos de los que se tenga constancia de heridas provocadas por carnívoros no curadas en la piel de dinosaurios fósiles, algo que proporciona evidencia, además, de que pese a haber superado un proceso de momificación el cadáver no estaba protegido de los carroñeros.

¿Cómo se forma una momia de dinosaurio?

FOTO: DRUMHELLER ET AL.
Cuando se trata de los cadáveres de animales modernos, se sabe que estos son susceptibles de ser "vaciados" cuando los carroñeros y los descomponedores se dirigen a los tejidos internos, dejando atrás la piel y los huesos. Este proceso, al que los autores designan "desecación y desinflado", es común en los cadáveres modernos y explica cómo se pueden formar las momias de dinosaurios en circunstancias relativamente ordinarias. Es decir, que la momificación no requiere necesariamente un entorno árido y puede ocurrir en ambientes relativamente húmedos.

Por norma general, a la hora de alimentarse de una presa la mayoría de los carnívoros vertebrados evitan la piel y se dirigen a los músculos y vísceras subyacentes, que generalmente son más nutritivos, creando a su vez aberturas en la cavidad del cuerpo que permiten la eliminación activa de los tejidos internos por parte de otros carroñeros más pequeños, algunos invertebrados y de los microrganismos, facilitando además un punto de salida para los gases y líquidos producidos por la descomposición microbiana. Según los autores, todo este proceso puede promover la momificación de la piel de una manera poco intuitiva, ya que la ausencia de tejidos internos, sus fluidos y microbios asociados darían como resultado una descomposición más lenta y un secado más rápido de la piel y los huesos.

La momificación no requiere necesariamente un entorno árido y puede ocurrir en ambientes relativamente húmedos. 

Así, los investigadores proponen que en el caso del ejemplar de edmontosaurus estudiado se produjo un proceso similar, en el cual la piel y los huesos se secaron y enterraron lentamente.

Pese a ello, los autores enfatizan que es probable que existan numerosas vías por las cuales podría formarse una momia de dinosaurio. Clint Boyd, paleontólogo sénior del Servicio Geológico de Dakota del Norte, expresa que "Dakota no solo nos ha enseñado que los tejidos blandos duraderos, como la piel, pueden conservarse en los cadáveres de dinosaurio, sino que estos tejidos blandos también pueden proporcionar una fuente única de información sobre los demás animales que interactuaron con un cadáver después de la muerte”. Comprender estos mecanismos guiará la forma en que los paleontólogos recolectan e interpretan estos fósiles raros pero llenos de información.

nationalgeographic.com.es

Estudios relevaron la existencia de un nuevo dinosaurio que vivió en la Patagonia hace 70 millones de años

Los fósiles hallados en el sur de la localidad rionegrina de General Roca corresponden a un Patagopelta cristata

El dinosaurio, Patagopelta cristata habitó la Patagonia argentina a fines del
período Cretácico (foto: Conicet)
Un estudio de científicos del Conicet sobre diferentes colecciones de huesos halladas en la localidad de Salitral Moreno, al sur de la ciudad rionegrina de General Roca, reveló la existencia de un nuevo dinosaurio, Patagopelta cristata, que habitó la Patagonia argentina a fines del período Cretácico, hace unos 70 millones de años.

La investigación estuvo a cargo de científicos del Conicet y fue publicada en la revista Journal of Systematic Palaeontology y sobre ello, Facundo Riguetti, primer autor del trabajo y becario doctoral del Conicet en el Centro de Estudios Biomédicos, Ambientales y Diagnóstico (Cebbad, Universidad Maimónides) señaló que “el estudio adquiere relevancia dado que Patagopelta cristata es la primera especie de anquilosaurio descripta para el territorio continental de la Argentina”.

Aunque en este caso, el equipo que estudió los restos fósiles encontrados en Salitral Moreno no fue responsable del descubrimiento de los huesos, el trabajo permite terminar de poner en valor los hallazgos realizados por diferentes grupos de investigación desde los años 80 en adelante, informó el Conicet.

Los anquilosaurios son un grupo de dinosaurios cuadrúpedos herbívoros, protegidos por corazas en la cabeza y todo el lomo y cola del animal, que cuentan con un amplio registro fósil para el Cretácico del hemisferio norte, pero muy escaso en el hemisferio sur, donde solo se hallaron unas pocas especies en Australia, Chile, Antártida y Marruecos.

Ante el hallazgo, el Gobierno de Río Negro informó, por su parte, que “pertenece al grupo de los nodosáuridos, que se distinguen por llevar grandes espinas en la zona del cuello y hombros, y mide 2 metros de largo”.

Y se aclaró, “los huesos no representan a un animal completo, ni proceden de un único ejemplar, pero fueron suficientes para comprender que se trataba de algo nuevo y con características propias que permitían reconocer a una especie novedosa y única de dinosaurio”. En ese sentido, se informó que “el elemento mejor conservado es el fémur, que está completo y muestra todas las características propias de un nodosáurido”.

Otro de los elementos más importantes y distintivos es una porción de la armadura del cuello, la cual tiene espinas y crestas particulares de este ejemplar, “motivo por el cual se lo bautizó Patagopelta cristata (coraza crestada de Patagonia)”, aclararon.

Asimismo, se explicó y según informó Télam, que uno de los elementos más abundantes colectados en Salitral Moreno corresponde a las piezas individuales que componen la armadura protectora.

Facundo Riguetti, primer autor del trabajo y becario doctoral del Conicet en el
Centro de Estudios Biomédicos, Ambientales y Diagnóstico (foto: Conicet)
“Son llamados osteodermos (escudos de hueso formados bajo la piel), similares a los escudos que hoy en día podemos ver en el lomo de los cocodrilos y yacarés”, precisó la información oficial que agregó que se trata de “elementos que conferían protección mientras vivió, dispuestos en hileras paralelas a lo largo del dorso y cola del animal”.

Por su parte, Sebastián Apesteguía, coautor del estudio e investigador del Conicet en la Fundación de Historia Natural Félix de Azara, dijo que “para tratarse de un dinosaurio acorazado, Patagopelta tiene un tamaño extremadamente pequeño. Por el tamaño del fémur, de sólo mide 25 centímetros de largo, estimamos que el animal debió medir entre dos y tres metros de largo”.

La nueva especie amplía la discusión sobre la masa corporal y los aspectos paleobiológicos que ese tipo de animales poseían.

El Patagopelta cristata refuerza la teoría que, “durante la última etapa de la era de los dinosaurios durante el Cretácico Tardío en Sudamérica, se dio un gran intercambio de faunas entre América del Sur y la del Norte”. Los nodosáuridos son un grupo de anquilosaurios que evolucionó en el hemisferio norte, pero hacia finales del Cretácico, un puente continental se estableció entre Sudamérica y Norteamérica, lo que permitió el intercambio biológico entre hemisferios.

infobae.com

Por qué las ranas sobrevivieron al meteorito que acabó con los dinosaurios

Foto: iStock
Hace 66 millones de años, en el Cretácico, hubo un animal pequeño que sobrevivió a tal desastre. Un nuevo estudio explica que se debió a su tamaño y fisiología

A simple vista, ninguna de las especies animales podría sobrevivir a un apocalipsis tal como es la caída de un meteorito gigante sobre el planeta. Algo que sucedió, de hecho, hace 66 millones de años, lo que hace que nos asombremos por la probabilidad tan reducida, pero a la vez tan plausible (si tenemos en cuenta el tiempo estelar), de que un cuerpo celeste signifique el fin del mundo tal y como lo conocemos.

Ocurrió con los dinosaurios y con la mayoría de las especies silvestres que habitaban la Tierra. Al desastre le siguieron tres años de duro invierno en el que las temperaturas se desplomaron y la fotosíntesis realizada por las plantas se paralizó. Pero hubo un ser diminuto que aguantó esta embestida del cosmos, y no, no eran las cucarachas, como popularmente tendemos a atribuir estas insólitas capacidades de supervivencia: se trataba de las ranas.

"Las ranas que tienen unas dimensiones pueden absorber agua lo suficientemente rápido como para retenerla durante más tiempo"

Según explica un interesante artículo publicado en Smithsonian Mag, el meteorito ocasionó la pérdida del 75% de las especies terrestres de la noche a la mañana. Aquellas que no necesitan un suelo firme para vivir, como las aves, murieron de inanición a los pocos días, y todos los reptiles, mamíferos y cetáceos perecieron como causa del desastre. A las ranas, en cambio, no les fue tan mal. A pesar de los incendios, la lluvia ácida y el desplome de las temperaturas, algunos de estos animales sobrevivieron debido a su tamaño: ni demasiado grandes ni demasiado pequeñas, como observa Anderson Feijó, biólogo de la Academia de Ciencias de China.

El punto óptimo de tamaño

La más pequeña de las ranas solo mide diez centímetros de largo y la más grande puede llegar a casi medio metro. "Pero durante el final del Cretácico", observa el investigador que publicó sus hallazgos en la revista Climate Change Ecology, "la mayoría eran de tamaño medio", es decir, en torno a los veinte centímetros. "A ellas les fue mejor durante la extinción porque son más resistentes debido a su fisiología de anfibios, como el hecho de tener que permanecer en un ambiente húmedo para sobrevivir", comenta por su parte Catharina Karlsson, coautora del estudio.

Estos hallazgos servirán para saber qué tipo de especies de rana se encuentran en un mayor riesgo de extinción ante el cambio climático

"Las especies de ranas más pequeñas pueden absorber agua muy rápidamente, pero también se secan más rápido en climas más cálidos, mientras que las grandes pueden retener mejor el agua, pero tardan más en rehidratarse si se encuentran en ambientes de sequía", comentan. "Si el clima de un hábitat cambia bruscamente, las ranas de mayor y menor tamaño se enfrentan a grandes desafíos, mientras que las que tienen unas dimensiones medias alcanzan un punto óptimo en el que pueden absorber agua lo suficientemente rápido como para retenerla durante más tiempo".

Obviamente, se necesitan más investigaciones para confirmar esta teoría, ya que aún se deben comprobar otros factores fisiológicos propios del cuerpo de las ranas para saber cómo afectó el impacto del meteorito y sus consecuencias en ellas. Aun así, los científicos del estudio confirmaron que las ranas de tamaño medio son las más aptas para sobrevivir en caso de una gran catástrofe natural, ya que "tienen el tamaño óptimo para manejar el estrés ambiental". Del mismo modo, se pretende que estos hallazgos sirvan para saber qué tipo de especies de rana se encuentran en un mayor riesgo de extinción ante el cambio climático.

elconfidencial.com

¿Y si los dinosaurios no se hubieran extinguido? Por qué nuestro mundo podría ser muy diferente

El Ajnabia odysseus vivió hace 66 millones de años, lo que lo convierte en uno
de los últimos dinosaurios de la Tierra. Raúl Martín
Hace sesenta y seis millones de años, un asteroide golpeó la Tierra con la fuerza de 10 000 millones de bombas atómicas y cambió el curso de la evolución. Los cielos se oscurecieron y las plantas dejaron de hacer la fotosíntesis y murieron. Luego, claro está, perdieron también la vida los animales que se alimentaban de ellas.

La cadena alimentaria se colapsó. Más del 90 % de las especies desaparecieron. Cuando el polvo se asentó, todos los dinosaurios –excepto un puñado de aves– se habían extinguido.

Después del asteroide. Joschua Knuppe
Sin embargo, este acontecimiento aparentemente “catastrófico” hizo posible la evolución humana. Los mamíferos supervivientes prosperaron, incluyendo pequeños protoprimates que evolucionarían hasta convertirse en nosotros.

Sin asteroide, ¿los dinosaurios habrían descubierto la relatividad?

Imaginemos ahora que el asteroide hubiera fallado y que los dinosaurios hubieran sobrevivido. ¿Puede imaginarse a unos raptores altamente evolucionados plantando su bandera en la Luna? ¿Y a los dinosaurios científicos descubriendo la relatividad, o discutiendo sobre un hipotético mundo en el que, increíblemente, los mamíferos se apoderaran de la Tierra?

El planteamiento puede sonar a ciencia ficción de la mala, pero contiene algunas cuestiones profundas y filosóficas sobre la evolución. ¿Está la humanidad aquí por casualidad? ¿Es inevitable la evolución de seres inteligentes que usan herramientas?

Nuestros cerebros, las herramientas, el lenguaje y los grandes grupos sociales nos convierten en la especie dominante del planeta. Hay 8 000 millones de Homo sapiens repartidos en los siete continentes. En base al peso, hay más humanos que animales salvajes.

Hemos modificado la mitad del suelo terrestre para alimentarnos. Se podría argumentar que criaturas como los humanos estaban destinadas a evolucionar.

¿Dinosaurios sobre dos patas? Es poco probable

Modelo del dinosauroide. Eleanor Kish/ Canadian Museum of Nature,
Author provided (no reuse)
En la década de 1980, el paleontólogo Dale Russell propuso un experimento mental en el que un dinosaurio carnívoro evolucionaba hasta convertirse en un usuario inteligente de herramientas. Este “dinosauroide” era de cerebro grande, con pulgares oponibles y caminaba erguido.

No es imposible, pero es poco probable. La biología de un animal (su punto de partida) limita la dirección de su evolución. Si abandonamos la universidad, probablemente no seremos neurocirujanos, abogados o expertos en cohetes de la NASA. Pero puede que nos convirtamos en artistas, actores o empresarios. Los caminos que tomamos en la vida abren algunas puertas y cierran otras, y eso también ocurre en la evolución.

Dinosaurios y mamíferos gigantes a través del tiempo.
 Nick Longrich
Consideremos el tamaño de los dinosaurios. A partir del Jurásico, los dinosaurios saurópodos, Brontosaurus y similares evolucionaron hasta convertirse en gigantes de 30 a 50 toneladas y hasta 30 metros de largo. Eso supone diez veces el peso de un elefante y la longitud de una ballena azul.

El crecimiento se produjo en múltiples grupos, incluyendo Diplodocidae, Brachiosauridae, Turiasauridae, Mamenchisauridae y Titanosauria. Y ocurrió en diferentes continentes, en diferentes épocas y en diferentes climas, desde desiertos hasta selvas tropicales. Pero otros dinosaurios que vivían en sus mismos entornos no se convirtieron en supergigantes.

¿Qué tenían en común, entonces? Que eran saurópodos. Algo en la anatomía de los saurópodos –pulmones, huesos huecos con una alta relación fuerza-peso, metabolismo o todas estas cosas juntas, quién sabe– desbloqueó su potencial evolutivo. Les permitió crecer de una manera que ningún animal terrestre había hecho antes, ni ha hecho después.

Tamaño del cerebro frente a la masa corporal de los dinosaurios,
mamíferos y aves. Nick Longrich
Del mismo modo, los dinosaurios carnívoros evolucionaron repetidamente hacia enormes depredadores de diez metros y varias toneladas. A lo largo de 100 millones de años, los megalosáuridos, los alosáuridos, los carcarodontosáuridos, los neovenáuridos y, finalmente, los tiranosáuridos evolucionaron hacia gigantescos súperdepredadores, situados en lo más alto de la cadena alimentaria.

Cuerpos voluminosos y cerebros pequeños

A los dinosaurios se les dió bien construir cuerpos grandes, pero no tanto cerebros grandes. Incluso los dinosaurios del Jurásico como el Allosaurus, el Stegosaurus y el Brachiosaurus tenían cerebros pequeños.

A finales del Cretácico, 80 millones de años después, los tiranosaurios y los hadrosaurios al fin lograron desarrollar cerebros más grandes. Pero, a pesar de su tamaño, el cerebro del T. rex sólo pesaba 400 gramos. Por hacer una comparativa, un cerebro de Velociraptor pesaba 15 gramos, y el cerebro humano medio pesa 1,3 kilogramos.

Con el tiempo, los dinosaurios entraron en nuevos nichos. Los pequeños herbívoros se hicieron más comunes y las aves se diversificaron. Las formas de patas largas evolucionaron más tarde, lo que sugiere una “carrera armamentística” entre los depredadores de pies ligeros y sus presas.

Los dinosaurios parecen haber tenido una vida social cada vez más compleja. Empezaron a vivir en manadas y desarrollaron cuernos elaborados para luchar y exhibirse. Sin embargo, al final su camino suele coincidir: siempre evolucionan hacia herbívoros gigantes y carnívoros con cerebros pequeños. No hay nada en 100 millones de años de historia de los dinosaurios que sugiera que habrían hecho algo radicalmente diferente si el asteroide no hubiera intervenido. Probablemente seguiríamos teniendo esos herbívoros supergigantes de cuello largo y enormes depredadores tipo tiranosaurio.

Puede que hubiesen desarrollado cerebros ligeramente más grandes, pero hay pocas pruebas de que hubiesen evolucionado hasta convertirse en genios. Tampoco es probable que los mamíferos los hayan desplazado. Los dinosaurios monopolizaron sus entornos hasta el final, cuando el asteroide impactó.

Los mamíferos, por su parte, tenían otras limitaciones. Nunca evolucionaron hacia herbívoros y carnívoros supergigantes. Pero sí desarrollaron repetidamente cerebros grandes. Orcas, cachalotes, ballenas barbadas, elefantes, focas leopardo y simios se dotaron de cerebros masivos, tan grandes como los nuestros o más.

En la actualidad, existen unos pocos descendientes de los dinosaurios –aves como los cuervos y los loros– con cerebros complejos. Pueden utilizar herramientas, hablar y contar. Pero son los mamíferos, como los simios, los elefantes y los delfines, los que han desarrollado los cerebros más grandes y los comportamientos más complejos.

Entonces, ¿la eliminación de los dinosaurios garantizó que los mamíferos desarrollaran inteligencia? Bueno, tal vez no. Los puntos de partida pueden limitar los destinos finales, pero tampoco los garantizan. Steve Jobs, Bill Gates y Mark Zuckerberg abandonaron la universidad. Pero si abandonar la universidad nos convirtiera automáticamente en multimillonarios, todos los que la abandonaron serían ricos. Incluso empezando en el lugar adecuado, se necesitan oportunidades y suerte.

Que apareciesen los grandes simios no era inevitable

Tamarin León, un mono sudamericano. Wikipedia
La historia evolutiva de los primates sugiere que nuestra evolución fue todo menos inevitable. En África, los primates evolucionaron hasta convertirse en simios de gran cerebro y, a lo largo de 7 millones de años, dieron lugar a los humanos modernos. Pero en otros lugares la evolución de los primates siguió caminos muy diferentes.

Cuando los monos llegaron a Sudamérica hace 35 millones de años sólo evolucionaron en más especies de monos. Y los primates llegaron a América del Norte al menos tres veces distintas, hace 55 millones de años, hace 50 millones de años y hace 20 millones de años. Sin embargo, no evolucionaron hasta convertirse en una especie que fabrica armas nucleares y teléfonos inteligentes. Muy al contrario: por razones que no entendemos, se extinguieron.

En África, y sólo en África, la evolución de los primates tomó una dirección única. Algo en la fauna, la flora o la geografía de África impulsó la evolución de los simios: primates terrestres, de gran cuerpo, de gran cerebro, que utilizan herramientas. Incluso con la desaparición de los dinosaurios, nuestra evolución necesitó la combinación adecuada de oportunidad y suerte.

theconversation.com

Los cráneos de las primeras aves retuvieron rasgos de dinosaurio

Las aves conservaron rasgos clave de los dinosaurios muchos millones de años después de la escisión entre dinosaurios y aves.   

Reconstrucción de la vida de Yuanchuavis kompsosoura. - WIKIPEDIA
Este descubrimiento --obra de científicos del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de la Academia China de Ciencias (IVPP) de Pekín y del Museo Field de Historia Natural de Chicago-- se basa en el análisis detallado y la reconstrucción tridimensional del cráneo fosilizado aplanado de un fósil de ave de 120 millones de años de antigüedad llamado Yuanchuavis kompsosoura, procedente de yacimientos del Cretácico Temprano de la provincia de Liaoning, en el noreste de China.   

Es importante destacar que este fósil también proporciona pistas sobre el origen de la cinesis craneal, una característica fundamental de los cráneos de las aves modernas, informa la Academia China de Ciencias en un comunicado. El estudio se publicó en eLife.

La mayoría de las aves vivas tienen lo que se denomina un cráneo cinético. Esto significa que el movimiento de la parte superior del pico es independiente de la caja encefálica. Esta movilidad se consigue mediante dos cadenas de huesos craneales alineados desde la parte posterior del cráneo hacia delante, con una cadena a lo largo de la mejilla y la otra a lo largo del paladar (techo de la boca). Estas cadenas de huesos interconectados ayudan a transferir fuerzas de la parte posterior del cráneo al pico, permitiendo su movimiento.

"Todavía no sabemos qué cadena de huesos se completó y liberó primero en la evolución de las aves, o incluso si se completó toda junta", dijo el profesor Wang Min, del IVPP, autor principal y correspondiente del estudio. "Lo que vemos en los dinosaurios y las aves más primitivas, como los Yuanchuavis enantiornitinos, es que a estas cadenas les faltan conexiones o están bloqueadas porque se conectaban a más huesos que detendrían la mayoría de los movimientos".

"Este fósil ayuda realmente a acotar el momento en que, y en qué parte del árbol genealógico de las aves, evolucionaron los componentes de ese pico móvil o kinesis. Podemos demostrar que, sin duda, no estuvo presente antes en la evolución de las aves", afirma el profesor Thomas Stidham del IVPP, coautor del estudio.

El Yuanchuavis pertenece a un grupo de aves extinguidas denominadas enantiornitinas o "aves opuestas", llamadas así por las diferencias clave en su esqueleto con respecto a las aves vivas. Los enantiornitinos se extinguieron a finales del Cretácico, durante la extinción masiva global que marcó el final de la Era de los Dinosaurios.

Mediante el uso de la tomografía computarizada de alta resolución, el equipo de investigación pudo identificar, aislar y ensamblar digitalmente todos los huesos del cráneo en una detallada reconstrucción tridimensional. Este trabajo reveló muchos detalles anatómicos desconocidos de las primeras aves. Yuanchuavis muestra un mosaico de rasgos de dinosaurios y aves, como un cuerpo de ave emplumado con alas, una boca dentada y un paladar y hocico inmóviles de dinosaurio.

Entre los rasgos dinosaurianos primitivos de Yuanchuavis se encuentra la presencia de contactos en forma de barra entre los huesos de la región temporal del cráneo detrás del ojo que se encuentran en los dinosaurios, cocodrilos, lagartos y serpientes (conocido como la condición diapsid). Estas interconexiones esencialmente "encierran" una de las cadenas de huesos en Yuanchuavis que de otro modo está libre en las aves vivas, un requisito para la cinesis.

El estudio detallado de los investigadores de la forma del pterigoides, un hueso del paladar, muestra que no tenía contacto directo con otro hueso llamado cuadrado, que también es necesario para completar la cadena palatina de huesos en la cinesis. Esa ausencia de contacto se observa en la mayoría de los dinosaurios, incluidos el Triceratops y el Tiranosaurio, pero los huesos se conectan entre sí en las aves vivas.

Además, el equipo de investigación pudo confirmar que el pterigoides de los enantiornitinos conservaba una forma única. Tenía un saliente de dos puntas detrás del ojo, como el Velociraptor y otros dinosaurios parientes cercanos de las aves.  

Aunque estas características descartaban la existencia de cinesis en el cráneo de las aves primitivas, el equipo paleontológico pudo descubrir un secreto oculto en el cráneo fósil en relación con el origen de la cinesis. El análisis detallado y la comparación del palatino, otro hueso del paladar de Yuanchuavis, muestra que el palatino carece de un contacto clave con el hueso yugal, una parte del pómulo. Los dinosaurios y el ave más antigua Archaeopteryx tienen ese contacto, que ayuda a estabilizar los huesos del paladar y restringe el movimiento. En cambio, el palatino de las aves vivas, como el Yuanchuavis, no tiene ese contacto, lo que facilita el deslizamiento hacia delante y hacia atrás durante la cinesis craneal de las aves.

Según el profesor Wang, el cambio en la forma del hueso palatino, que pasa de tener contacto con cuatro a sólo tres huesos del cráneo en los enantiornitinos, puede ser el origen de la cinesis craneal.   

"Las nuevas características evolucionan a partir de las antiguas, y la cinesis debe haber evolucionado en las aves a partir de un ancestro que carecía de ella", afirmó.

Stidham observó que cabría esperar que las aves primitivas tuvieran cráneos que coincidieran con sus alas y cuerpos emplumados. "Sin embargo, estas primeras aves no habían superado completamente su ascendencia dinosauriana, y el camino evolutivo desde un pequeño dinosaurio emplumado hasta un ave viva no era una línea recta", dijo, señalando que la evolución de las aves tenía sus "desvíos y callejones sin salida".

europapress.es

sábado, 3 de diciembre de 2022

HORARIO DEL MUSEO DE DINOSAURIOS EN EL PUENTE DE LA CONSTITUCIÓN 2022

Horario del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes (Burgos): 














Lunes, 5 de diciembre: cerrado. 

Martes, 6 de diciembre: de 10:30 a 14:30 horas.

Miércoles, 7 de diciembre: de 10:30 a 14:10. Y de 17:00 a 20:00 horas. 

Jueves, 8 de diciembre: de 10:30 a 14:30 horas. 

Viernes, 9 de diciembre: de 10:30 a 14:10 horas. Y de 17:00 a 20:00 horas. 

Sábado, 10 de diciembre: de 10:30 a 14:10 horas. Y de 17:00 a 20:00 horas. 

Domingo, 11 de diciembre: de 10:30 a 14:30 horas. 

Lunes, 12 de diciembre: cerrado. 

Resto de la semana: horario habitual. 

¡Os esperamos!

Un fósil "olvidado" adelanta el origen de los lagartos a 35 millones de años

  • Se originaron en el Triásico Tardío y no en el Jurásico Medio, como se pensaba
  • Un fósil que lleva desde los años cincuenta en el Museo de Historia Natural de Londres lo ha demostrado

Un lagarto gigante de El Hierro. / GETTY IMAGES.
Un fósil que lleva desde los años cincuenta en el Museo de Historia Natural de Londres ha demostrado que los lagartos modernos se originaron hace 35 millones de años, en el Triásico tardío y no en el Jurásico medio como se pensaba.

El fósil se había encontrado, junto con otros en una cantera en Gloucestershire, al suroeste de Inglaterra, en la década de los cincuenta cuando no existía la tecnología necesaria para exponer sus rasgos contemporáneos.

El jefe del equipo que ha procedido ahora a estudiar sus características, David Whiteside, de la Escuela de Ciencias de la Tierra de Bristol (Reino Unido), recuerda que la primera vez que lo vio fue en un armario lleno de fósiles de Clevosaurus.

"Nuestro espécimen estaba simplemente etiquetado como 'Clevosaurus y otro reptil'. A medida que íbamos investigando el espécimen, nos convencíamos cada vez más de que en realidad estaba más emparentado con los lagartos actuales que con el grupo Tuatara".

El fósil es un pariente de los lagartos vivos, como los lagartos monitor o los monstruos de gila.

Al tratarse de un lagarto de tipo moderno, repercute en todas las estimaciones sobre el origen de los lagartos y las serpientes, denominados conjuntamente Squamata.

Bautizado como 'pequeño carnicero', en homenaje a sus mandíbulas

Además, afecta a las suposiciones sobre sus ritmos de evolución, e incluso al desencadenante clave del origen del grupo, han señalado los autores del estudio que publica Science Advances.

"Se trata de un fósil muy especial y probablemente se convierta en uno de los más importantes encontrados en las últimas décadas", ha indicado Whiteside sobre el ejemplar, que ha sido bautizado como Cryptovaranoides microlanius (pequeño carnicero), en homenaje a sus mandíbulas, llenas de dientes afilados.

El equipo ha realizado escaneos de rayos X para reconstruir el fósil en tres dimensiones y ver todos los pequeños huesos que estaban escondidos dentro de la roca donde se encuentra.

Cryptovaranoides es "claramente" un escamoso y sólo hay una característica primitiva importante que no se encuentra en sus parientes modernos, una abertura en un lado del extremo del hueso superior de húmero, por donde pasan una arteria y un nervio.

"En términos de importancia, nuestro fósil desplaza el origen y la diversificación de los escamosos desde el Jurásico Medio hasta el Triásico Tardío", ha afirmado Mike Benton, coautor del estudio.

Aquella fue una época de gran reestructuración de los ecosistemas terrestres tras la extinción masiva de finales del Pérmico (hace 252 millones de años). 

En ese momento surgieron nuevos grupos de plantas, especialmente las coníferas de tipo moderno, así como nuevos tipos de insectos y algunos de los primeros grupos modernos como las tortugas, los cocodrilos, los dinosaurios y los mamíferos.

El Cryptovaranoides microlanius probablemente vivía en grietas de la piedra caliza en pequeñas islas que existían alrededor de Bristol en aquella época y se alimentaba de artrópodos y pequeños vertebrados.

rtve.es