sábado, 1 de agosto de 2026

Hallan en Zimbabue un dinosaurio que vivió hace 210 millones de años y revela un mundo perdido de especies desconocidas

Un fósil excepcional hallado en Zimbabue demuestra que los primeros dinosaurios eran mucho más diversos de lo que la ciencia había imaginado.

Descubren un dinosaurio de 210 millones de años en África que está
reescribiendo la historia de los primeros gigantes. Ilustración de Mark Witton
Durante décadas, los paleontólogos pensaron que los primeros dinosaurios que habitaron el sur de África formaban comunidades muy similares entre sí. Sin embargo, un nuevo hallazgo en Zimbabue está obligando a revisar esa idea. El descubrimiento de una nueva especie que vivió hace unos 210 millones de años revela que, mucho antes de que los dinosaurios dominaran el planeta, ya existía una sorprendente diversidad de ecosistemas en el antiguo supercontinente Gondwana.

El protagonista de esta investigación es Musango matusadonaensis, un dinosaurio descubierto a orillas del lago Kariba cuyo estudio aporta nuevas piezas al complejo rompecabezas de la evolución de estos animales durante el Triásico Superior. Aunque no alcanzaba el tamaño colosal de los saurópodos que aparecerían millones de años después, pertenece precisamente al linaje que acabaría dando origen a algunos de los animales terrestres más grandes que han existido.

La importancia del hallazgo va mucho más allá de sumar un nuevo nombre al árbol genealógico de los dinosaurios. Los investigadores consideran que este fósil demuestra que la evolución de estos reptiles fue mucho más dinámica de lo que se pensaba y que distintas regiones de África albergaron comunidades propias, adaptadas a condiciones ambientales específicas.

El descubrimiento también pone el foco sobre una zona del planeta que, durante mucho tiempo, ha recibido menos atención científica que los grandes yacimientos de Europa, América del Norte o China. Cada nueva excavación en el sur de África está revelando especies desconocidas que están reescribiendo los primeros capítulos de la historia de los dinosaurios.

Un habitante del Triásico cuando los dinosaurios apenas comenzaban su expansión
Hace aproximadamente 210 millones de años, la Tierra era muy diferente de la actual. Los continentes permanecían unidos formando Gondwana en el hemisferio sur y Pangea a escala global, mientras los dinosaurios todavía compartían el planeta con numerosos grupos de reptiles que competían por los mismos recursos.

En ese escenario vivía Musango matusadonaensis, un dinosaurio bípedo de unos 4,5 metros de longitud y un peso cercano a los 220 kilogramos. Su tamaño podría compararse al de un automóvil compacto, muy lejos de los gigantescos diplodócidos y braquiosaurios que poblarían el planeta decenas de millones de años después.

El ejemplar fue recuperado durante una campaña paleontológica realizada en 2018 en la Formación Pebbly Arkose, una sucesión de sedimentos del Triásico situada junto al lago Kariba. Los restos conservados incluyen vértebras, costillas, huesos de las extremidades y diferentes partes de la cintura pélvica y escapular, lo que convierte al fósil en uno de los esqueletos más completos de esta época encontrados en Zimbabue.

Reconstrucción de los restos óseos conservados del ejemplar tipo de Musango
 matusadonaensis. Fuente: Journal of Systematic Palaeontology (2026)
El análisis microscópico de los huesos permitió estimar que el animal tenía alrededor de ocho años cuando murió y que estaba muy próximo a alcanzar su tamaño adulto. Además, algunas anomalías detectadas en el esqueleto indican que había sobrevivido anteriormente a una lesión o a una infección importante, una circunstancia poco habitual de documentar en fósiles tan antiguos.

Una pieza clave para entender el origen de los grandes saurópodos

Aunque Musango no era un gigante, pertenece a un grupo evolutivo fundamental para comprender el futuro éxito de los dinosaurios herbívoros de cuello largo.

Los investigadores lo sitúan dentro de los unaysáuridos, un conjunto de saurópodomorfos primitivos que representa una etapa temprana en la evolución de los animales que millones de años después darían lugar a especies tan conocidas como Diplodocus, Apatosaurus o Argentinosaurus.

La ausencia del cráneo impide conocer con absoluta certeza cuál era su dieta. Sin embargo, el resto del esqueleto ofrece suficientes pistas para pensar que probablemente consumía vegetación, aunque algunos especialistas tampoco descartan una alimentación oportunista que incluyera pequeños animales.

Su anatomía también permite diferenciarlo claramente de otras especies encontradas en la misma región. De hecho, compartía territorio con otro dinosaurio descubierto anteriormente en estos mismos sedimentos, pero ambos presentaban diferencias evidentes en la estructura de la cadera, las extremidades y el tamaño corporal, lo que demuestra que coexistían varias especies emparentadas ocupando nichos ecológicos distintos.

Este detalle resulta especialmente interesante porque rompe con la idea tradicional de una fauna relativamente uniforme en el sur de Gondwana durante el Triásico.
Este descubrimiento indica que apenas hemos empezado a conocer la diversidad de dinosaurios que vivieron en el antiguo Gondwana.
Un paisaje mucho más diverso de lo que imaginaban los científicos

Durante años predominó la hipótesis de que los dinosaurios tempranos del sur africano pertenecían a comunidades muy parecidas entre sí, distribuidas por un territorio amplio con escasas diferencias ecológicas.

Las nuevas excavaciones están cambiando completamente esa visión. Los fósiles recuperados en los últimos años muestran que distintas regiones del antiguo Gondwana albergaban ecosistemas independientes, cada uno con especies adaptadas a condiciones ambientales concretas.

En otras palabras, hace más de 200 millones de años ya existía una notable regionalización de la fauna de dinosaurios. Esto significa que pequeños cambios en el clima, la vegetación, la disponibilidad de agua o el relieve pudieron favorecer la aparición de especies exclusivas de determinadas zonas.

Los huesos de Musango comenzaron a aflorar entre las rocas de los
 alrededores del lago Kariba. Foto: Paul Barrett
El caso de Musango resulta especialmente significativo porque procede de una región donde recientemente también han aparecido otros dinosaurios desconocidos para la ciencia. Todo ello apunta a que el registro fósil africano aún está muy lejos de haber revelado todo su potencial.

Los propios equipos de investigación consideran que el número de especies identificadas probablemente representa solo una pequeña parte de la biodiversidad real que existió durante aquel periodo.
Mientras otros continentes han proporcionado miles de fósiles durante décadas, el registro africano sigue ofreciendo descubrimientos capaces de cambiar nuestra visión sobre los orígenes de los dinosaurios.
África sigue guardando algunos de los mayores secretos de la evolución

Mientras los grandes yacimientos de Estados Unidos, Argentina o China han proporcionado miles de fósiles durante décadas, muchas áreas de África permanecen prácticamente inexploradas desde el punto de vista paleontológico.

Las dificultades logísticas, la falta de campañas continuadas y la enorme extensión del territorio explican en parte por qué muchos de sus dinosaurios aún permanecen enterrados.

Sin embargo, la situación está cambiando rápidamente. En los últimos años se han sucedido varios descubrimientos relevantes en Zimbabue, incluyendo algunos de los dinosaurios más antiguos conocidos en el continente africano. Cada nueva expedición aporta información que obliga a revisar hipótesis formuladas hace décadas a partir de un registro fósil mucho más limitado.

Los investigadores creen que la región del lago Kariba todavía puede esconder numerosos ejemplares desconocidos. De hecho, algunos fósiles recuperados durante campañas recientes aún permanecen en estudio y podrían corresponder a nuevas especies.

Si estas expectativas se confirman, el sur de África podría convertirse en uno de los escenarios más importantes para reconstruir cómo evolucionaron los primeros dinosaurios y cómo consiguieron diversificarse antes de convertirse en los vertebrados terrestres dominantes durante el Jurásico y el Cretácico.

Más de 210 millones de años después de la muerte de Musango matusadonaensis, su esqueleto vuelve a salir a la luz para contar una historia distinta a la que conocíamos. Una historia en la que los primeros dinosaurios no formaban una comunidad homogénea, sino un mosaico de especies adaptadas a paisajes muy diferentes. Y todo indica que ese relato apenas acaba de comenzar.

Referencias

Paul M. Barrett et al, A new sauropodomorph dinosaur from the Pebbly Arkose Formation (Upper Triassic: Norian) of Kariba, Zimbabwe, Journal of Systematic Palaeontology (2026). DOI: 10.1080/14772019.2026.2678610

'Parque Jurásico' mintió: las crías de T. rex eran más pequeñas que un gato y nacían por docenas

REPRODUCCIÓN DE LOS TITANOSAURIOS

La segunda entrega de la saga no solo distorsionó el tamaño real de las crías de estos dinosaurios. Además, difundió una imagen mucho más protectora de la real

Esqueleto de un Tiranosaurio rex (Getty Images)
Las primeras evidencias fósiles atribuidas a crías recién nacidas de Tyrannosaurus rex han permitido reconstruir una etapa prácticamente desconocida de este depredador. El estudio, publicado en la revista científica Biology, parte del análisis de pequeños huesos y dientes almacenados durante años en colecciones de museos. Los resultados dibujan una infancia muy distinta a la representada por películas como Parque Jurásico y obligan a revisar algunas hipótesis sobre la reproducción de los tiranosaurios.

El hallazgo comenzó con el examen de un diminuto tercer metatarsiano, un hueso situado en la zona central del pie de los dinosaurios terópodos. Su superficie presentaba una porosidad extraordinariamente elevada, provocada por una densa red de vasos sanguíneos encargada de alimentar el tejido durante el crecimiento. Esta característica indicó a los paleontólogos que no pertenecía a una especie adulta de pequeño tamaño, sino a un animal que apenas había iniciado su desarrollo.

La comparación anatómica reveló que el fósil conservaba los mismos rasgos esenciales observados en los ejemplares adultos de T. rex, aunque con proporciones mucho más estrechas y delicadas. “Este es el hueso del pie de un T. rex muy, muy pequeño. Es el T. rex más pequeño que hemos visto”, explicó Nick Longrich, paleontólogo y biólogo evolutivo de la Universidad de Bath. A partir de ese indicio, el equipo revisó otros restos olvidados en depósitos científicos.


Un tiranosaurio más pequeño que un gato

Las estimaciones sitúan al ejemplar principal en unos 75 cm de longitud y 2,5 kg de peso, aunque al salir del huevo podría haber pesado únicamente 1,7 kg. Estas cifras reducen de forma considerable los cálculos anteriores, que atribuían a los tiranosaurios recién nacidos una longitud cercana al metro. Pese a su tamaño, los dientes analizados eran robustos, mostraban desgaste y sugieren que las crías ya podían morder materiales duros durante sus primeras etapas de vida.

“Lo que más me sorprendió fue lo mucho que los fósiles de los Tyrannosaurus recién nacidos se parecían a los de los grandes adultos”, señaló Eric Snively, paleontólogo de la Universidad Estatal de Oklahoma. Según el investigador, el pequeño metatarsiano conservaba los rasgos característicos de un ejemplar gigantesco, mientras que las piezas dentales eran gruesas y estaban desgastadas. El equipo también descartó que los restos pertenecieran a embriones o a Nanotyrannus.

El nuevo cálculo sobre el tamaño corporal permitió aproximar las dimensiones de los huevos, pese a que nunca se ha identificado con certeza un huevo completo de Tyrannosaurus rex. Los investigadores consideran que eran relativamente pequeños en comparación con el tamaño que alcanzaban los adultos. Esta relación sugiere que cada puesta podía reunir entre 20 y 30 huevos, por lo que un nido habría albergado decenas de crías vulnerables al mismo tiempo.

Una estrategia reproductiva inesperada

Los huesos de T. rex que han permitido determinar el tamaño de
 las crías (Longrich et al., Biology, 2026)
La abundancia de descendientes apunta hacia una estrategia reproductiva más próxima a la de ciertos reptiles que a la de las aves y los mamíferos modernos. Los animales que generan numerosas crías suelen invertir menos recursos en cada individuo, ya que la supervivencia de la especie depende de que solo una parte alcance la edad adulta. Esta hipótesis cuestiona la imagen de unos padres extremadamente protectores, aunque no demuestra que los tiranosaurios abandonaran por completo sus nidos.

“Demuestra que los tiranosaurios son una transición entre reptiles como los cocodrilos y las tortugas y las aves modernas”, afirmó Nick Longrich. El estudio plantea que la atención intensiva a las crías evolucionó gradualmente durante el Mesozoico, al mismo tiempo que distintos grupos animales comenzaron a tener descendientes menos numerosos y de mayor tamaño. Los modestos restos conservados en los museos ofrecen así una nueva mirada sobre el ciclo vital del dinosaurio más famoso.