viernes, 9 de febrero de 2024

Investigadores del MUJA documentan en Asturias la primera referencia mundial de restos fecales fósiles producidos por gusanos arenícolas

La directora de Universidad, Cristina González, destaca que el trabajo, publicado en una de las revistas del grupo Nature, sitúa al Principado en la vanguardia científica internacional

Investigadores del Museo del Jurásico de Asturias (MUJA) y de las Universidades de Granada, Saskatchewan (en Saskatoon, Canadá) y Stony Brook (en Nueva York) documentan en Asturias la primera referencia mundial de estructuras orgánicas fósiles producidas por gusanos de tipo arenícola. Con este hallazgo, el centro asturiano marca un nuevo hito en la investigación científica internacional.

Se trata de pequeños montones fecales, con un diámetro de 1 a 4 centímetros, conservados en la superficie de estratos de arenisca del Jurásico Superior, con una edad de 152 millones de años, procedentes de dos localizaciones de los acantilados de Villaviciosa, en el entorno de la playa de España y en la zona próxima a Tazones.

La directora general de Universidad, Cristina González, ha acompañado a los investigadores del centro José Carlos García-Ramos y Laura Piñuela, en la presentación de los resultados de la investigación, que fueron publicados en enero en un artículo en la revista Scientific Reports del grupo Nature, una de las más prestigiosas y de mayor impacto en el ámbito científico. En la presentación también han participado el alcalde de Colunga, José Ángel Toyos, y la concejala de Desarrollo Local de Villaviciosa, Rocío Vega.

La ausencia de referencias fósiles de este tipo de estructuras de origen orgánico ha permitido documentar en el artículo un icnogénero e icnoespecie nuevo para la ciencia, denominado Cumulusichnus asturiensis. Este gusano vive cabeza abajo en el interior del sedimento dentro de un tubo en forma de L o de J y se alimenta de bacterias, diversos microrganismos y otros gusanos que viven en el interior del sustrato arenoso. El ejemplar traga la arena, aprovecha los nutrientes que contiene y expulsa los desechos por el ano formando pequeños montones fecales arenosos en la superficie que recuerdan a una acumulación de espaguetis.

Junto a los investigadores asturianos, firman el artículo  M. Gabriela Mángano y Luis A. Buatois, de la Universidad canadiense de Saskatchewan, Nils Volkenborn, de la Universidad estadounidense de Stony Brook, y Francisco J. Rodríguez Tovar, de la Universidad de Granada.

Cristina González ha destacado la importancia de este artículo que, en poco más de un mes desde su publicación, ha recogido más de 300 consultas y recomendaciones de especialistas. González ha puesto de relieve el nivel científico del MUJA que, con trabajos como el actual, “sitúa a Asturias a la vanguardia de la investigación en este ámbito del conocimiento a nivel mundial”.

El artículo se puede leer en el siguiente enlace: https://acortar.link/0Rlkvv 

* En la imagen (de izqda. a dcha.): el investigador del MUJA, José Carlos García-Ramos;  la concejala de Desarrollo Local de Villaviciosa, Rocío Vega; el alcalde de Colunga, José Ángel Toyos; la investigadora del MUJA, Laura Piñuela, y la directora general de Universidad, Cristina González.

** Con audios de la directora general de Universidad, Cristina González.

Un dinosaurio escondido en una madriguera

Manuel Pérez-Pueyo nos trae una revisión de lo que sabemos de Oryctodromeus, el dinosaurio que excavaba madrigueras.

Reconstrucción de Oryctodromeus de Julio Lacerda
(https://eartharchives.org/articles/the-dinosaurs-that-dug-their-own-grave/)
Muchos vertebrados actuales excavan en el suelo galerías o madrigueras con distintas finalidades, ya sea para encontrar alimento, refugiarse temporalmente frente amenazas, hibernar o para dar a luz y cuidar a las crías durante su etapa más vulnerable. Esta estrategia está ampliamente extendida en muchos grupos de vertebrados incluidos algunos peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos y puede ser observada en una gran cantidad de ecosistemas del planeta.

¿Y qué hay de los dinosaurios? Uno tendería a pensar que, con su gran tamaño, lo de excavar madrigueras para esconderse no iría con estos animales…, pero hay que recordar que también existen muchos dinosaurios de pequeño tamaño, y que hoy en día existen animales grandes, cómo los osos polares, que excavan madrigueras. Si nos fijamos en los dinosaurios con los que convivimos, las aves, encontramos varios ejemplos de dinosaurios excavadores, como las pardelas, el martín pescador o los pingüinos de Magallanes, que excavan madrigueras para incubar sus huevos y cuidar a sus crías. Esto nos hace pensar que no es descartable que alguno de sus parientes mesozoicos pudiese tener el mismo comportamiento.

Martín pescador alimentando a sus polluelos en la madriguera. 
Fotografía: José Luis Rodríguez Sánchez.
A raíz del estudio de algunas especies de dinosaurios de pequeño tamaño, se ha sugerido que, en base a su anatomía, podrían ser excavadores, como es el caso de Heterodontosaurus, si bien nunca se ha podido demostrar este comportamiento con evidencias directas. Pero ¿cómo os quedáis si os digo que sí que se han encontrado madrigueras de dinosaurios fosilizadas? ¿Y si os digo que incluso se han encontrado dinosaurios dentro?

Hoy os vamos a presentar a Oryctodromeus cubicularis, un pequeño dinosaurio ornitópodo hipsilofodóntido de unos 2 metros de largo y unos 25-30 kg de peso, cuyos fósiles se han encontrado en afloramientos del Cretácico medio (hace unos 95 millones de años) de Estados Unidos (Varricchio et al., 2007). Su nombre literalmente significa “Corredor excavador de la madriguera”, y es muy apropiado, ya que sus restos se encontraron en una estructura de arenisca alargada y sinuosa que se ensanchaba en uno de sus extremos que estaba englobada en un depósito arcilloso. Los paleontólogos que lo excavaron pensaron al principio que se trataba de una concreción, pero al preparar los fósiles, se percataron de que todos los fósiles se concentraban en la zona expandida, y que lo que estaban viendo era el relleno de una madriguera.

Otra sorpresa que se llevaron es que en la madriguera había elementos de al menos 3 individuos, un adulto y dos juveniles. Este hecho indica que estos dinosaurios eran gregarios y cuidaban de sus crías dentro de sus madrigueras. Esto está corroborado por más hallazgos de madrigueras de Oryctodromeus en Montana y en Idaho, algunas de ellas con más esqueletos asociados en su interior (Krumenacker et al., 2019). La condición articulada que generalmente muestran estos esqueletos y el relleno arenoso de las madrigueras parece indicar que estos dinosaurios fueron enterrados dentro de sus “viviendas” por avenidas de agua procedentes de los ríos de la zona.

Fotografías de campo de la paleomadriguera (en color blanco) donde
se encontró los fósiles de Oryctodromeus y esquema con la
reconstrucción de la misma (tomado de Varricchio et al., 2007).
Ya veis, existían dinosaurios que excavaban madrigueras para poder criar a sus retoños. Y no solo estaban en América del Norte, puesto que se han encontrado estructuras similares en el Cretácico de Australia. Habrá que estar atentos cuando volvamos a ir al campo, porque además de madrigueras de conejos o de topos, puede que nos encontremos la madriguera de un dinosaurio…

Referencias:

Krumenacker, L. J., Varricchio, D. J., Wilson, J. P., Martin, A., Ferguson, A. 2019. Taphonomy of and new burrows from Oryctodromeus cubicularis, a burrowing neornithischian dinosaur, from the mid-Cretaceous (Albian-Cenomanian) of Idaho and Montana, U.S.A. Paleogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology 530, 300-3011. https://doi.org/10.1016/j.palaeo.2019.05.047

Martin, A. J., 2009, Dinosaur burrows in the Otway Group (Albian) of Victoria, Australia, and their relation to Cretaceous polar environments. Cretaceous Research, 30(5), 1223-1237. https://doi.org/10.1016/j.cretres.2009.06.003

Varricchio, D.J., Martin, A.J., Katsura, Y., 2007. First Trace and Body Fossil Evidence of a Burrowing, Denning Dinosaur: Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences 274: 1361–1368. https://doi.org/10.1098/rspb.2006.0443

aragosaurus.com

Hallan en Escocia una nueva especie de pterosaurio del Jurásico

Restos fósiles encontrados en la isla de Skye revelan que este animal extinto, bautizado como Ceoptera evansae, pertenece a un grupo más diverso de lo que se pensaba. Estos reptiles voladores persistieron durante más de 25 millones de años.

Reconstrucción de 'Ceoptera evansae'. | NHM/Witton 2021.
Científicos del Museo de Historia Natural (Reino Unido) y las universidades inglesas de Bristol, Leicester y Liverpool describen en la revista Journal of Vertebrate Paleontology los fósiles de un nuevo pterosaurio que forma parte del grupo o clado de los Darwinoptera. Se trata de un esqueleto parcial de un solo individuo, que incluye partes de los hombros, las alas, las patas y la columna vertebral del animal.

Su descubrimiento muestra que su clado era considerablemente más diverso de lo que se pensaba, y persistió durante más de 25 millones de años, desde finales del Jurásico Temprano hasta el Jurásico Tardío, junto con los avianos, los dinosaurios que finalmente evolucionaron hasta convertirse en las aves modernas. Durante este período, las diferentes especies se extendieron por todo el mundo.

Primer plano de parte del esqueleto de Ceoptera evansae mostrando la región
escapular, partes del ala y vertebras. / Trustees of Natural History Museum.
«Esto hace que el modelo de la evolución temprana de los pterosaurios sea más complejo de lo que se pensaba. Se ha descubierto que este grupo tiene formas denominadas de transición y que evolucionaron durante millones de años. Esto implica que existieron formas transicionales, al mismo tiempo que otras anteriores más basales, así como las posteriores más avanzadas. Este grupo transicional sería un grupo hermano de los pterodactiloideos más avanzados», apunta a SINC Liz Martin-Silverstone, coautora del estudio y paleobióloga de la Universidad de Bristol.

Fósiles raros e incompletos

La rareza de los fósiles de pterosaurios del Jurásico Medio y su carácter incompleto ha obstaculizado previamente los intentos de comprender la evolución temprana de estos reptiles alados. En este caso, muchos de los huesos permanecen completamente incrustados en la roca y solo han podido estudiarse mediante tomografía computarizada.

«El principal problema es que los fósiles eran muy frágiles y la roca en la que estaban incrustados era extremadamente densa, por lo que resultaba muy difícil prepararla para poder ver mejor los restos. Por eso decidimos escanear los especímenes. Sin embargo, esto también causó problemas porque era tal la densidad que los rayos X tenían dificultades para penetrar a través de la roca. Fueron necesarias muchas horas de preparación física y digital para reconocerla y poder ver lo que había», enfatiza la científica.

La han denominado Ceoptera evansae: Ceoptera de la palabra gaélica escocesa Cheò, que significa niebla (una referencia al nombre gaélico común de la isla de Skye o Isla de la niebla), y del latín ptera, que significa ala. Evansae honra a la profesora Susan E. Evans, por sus años de investigación anatómica y paleontológica, en particular en esta isla.

Paul Barrett, investigador emérito en el Museo de Historia Natural y autor principal del artículo, declara: «Ceoptera ayuda a reducir el tiempo de varios eventos importantes en la evolución de los reptiles voladores. Su aparición en el Jurásico Medio del Reino Unido fue una completa sorpresa, ya que la mayoría de sus parientes cercanos son de China. Esto demuestra que el grupo avanzado de reptiles voladores al que pertenece apareció antes de lo que pensábamos y rápidamente ganó una distribución casi mundial». Además de estos restos y los de China, existen otros dos fósiles hallados en Inglaterra (de un cráneo) y en Argentina.

Las aves persistieron, pero los pterosaurios no

La comunidad científica desconoce exactamente por qué los pterosaurios se extinguieron y las aves, que ya estaban vivas antes del final del Cretácico y convivían con ellos, no lo hicieron. Lo que sí se sabe, por estudios previos, es que los animales de gran tamaño lucharon al final del Cretácico, cuando se produjo el impacto del meteorito, y en ese momento vivían principalmente estos grandes reptiles.

«Debió de haber algo diferente en la fisiología de los dos tipos de animales voladores que hizo que mientras las aves pudieron sobrevivir al evento de extinción, los pterosaurios no», apunta Martin-Silverstone.

El Jurásico Medio es la época en la que los pterosaurios experimentan una transición de las formas anteriores de las especies de cola pequeña, como Rhamphorhynchus y Dimorphodon, a los de cola corta y cuerpo grande que dominaban los cielos, como Pteranodon y Quetzalcoatlus. Hasta ahora no se sabe cómo se produjo esta transición, por lo que cualquier espécimen de esta época ayuda a llenar ese vacío y a comprender la evolución de estos animales. 

«El período de tiempo del que proviene Ceoptera es uno de los más importantes de la evolución de los pterosaurios, y también del que tenemos algunos de los especímenes más pequeños. Descubrir que había más huesos incrustados dentro de la roca, algunos de los cuales fueron fundamentales para identificar qué tipo es Ceoptera, hizo que este fuera un hallazgo aún mejor de lo que se pensaba inicialmente. Nos acerca un paso más a la comprensión de dónde y cuándo evolucionaron los pterosaurios más avanzados», concluye la científica de la Universidad de Bristol. 

Referencia:

Barrett, Paul et al. “A new pterosaur from the Middle Jurassic of Skye, Scotland and the early diversification of flying reptiles”. Journal of Vertebrate Paleontology.

agenciasinc.es

martes, 6 de febrero de 2024

LOS GIGANTES DE LA DEMANDA SE REIVINDICAN

Diario de Castilla y León -El Correo de Burgos- / El Mundo
















































diariodecastillayleon.elmundo.es 

Identifican enfermedades en dinosaurios depredadores que vivieron en la Patagonia

El estudio fue protagonizado por paleontólogos del Conicet. Los investigadores notaron deformaciones en la superficie externa de algunos huesos a nivel macroscópico, especialmente en las vértebras caudales de ejemplares de "Elemgasem" y "Aucasaurus".

Reconstrucción de abelisáuridos. Ilustración: Alessio Ciaffi. Prensa Conicet
En el marco de una reciente investigación paleontológica, científicos del Conicet identificaron evidencias de enfermedades en tres especies de dinosaurios abelisáuridos que vivieron en la Patagonia a fines del periodo Cretácico, aproximadamente entre 90 y 70 millones de años atrás: Elemgasem nubilus, Aucasaurus garridoi y Quilmesaurus curriei. Los abelisáuridos fueron una familia de dinosaurios bípedos carnívoros, caracterizados por tener huesos del cráneo con ornamentaciones, extremidades anteriores muy reducidas y un esqueleto axial rígido debido a articulaciones peculiares en algunas vértebras.

El estudio, publicado en la revista BMC Ecology and Evolution, reveló nuevos detalles sobre las condiciones de salud de estos majestuosos reptiles extintos. En una primera fase de la investigación, los paleontólogos notaron deformaciones en la superficie externa de algunos huesos a nivel macroscópico, especialmente en las vértebras caudales de ejemplares de Elemgasem y Aucasaurus. Este hallazgo llevó a la hipótesis de posibles patologías, que condujo a los investigadores a analizar tanto la morfología externa como la estructura interna de estos especímenes.

En un ejemplar de "Aucasaurus garridoi" se encontró una enfermedad congénita de desarrollo, 

a pesar de la cual el animal pudo vivir muchos años sin afectaciones graves. Ilustración: Alessio Ciaffi

Se realizaron tres tipos de estudios. El primero consistió en el análisis macroscópico de la estructura externa de los huesos; el segundo, de tipo histológico, se centró en Quilmesaurus y Elemgasem, para examinar cambios a nivel microscópico, tanto en el exterior como en el interior de los huesos; y el tercero incluyó tomografías computadas en algunos elementos de Aucasaurus, para evaluar cómo una posible patología afectó el tejido óseo.

Los resultados revelaron tres tipos distintos de patologías. El ejemplar de Aucasaurus presentaba una enfermedad congénita de desarrollo, que indicaba que este individuo nació con una malformación, pero, a pesar de ello, pudo vivir muchos años sin afectaciones graves. En el caso del Elemgasem, se diagnosticó espondiloartropatía o espondiloartritis, una enfermedad también presente en humanos, que provoca la fusión de vértebras y la consiguiente inflamación. El ejemplar de Quilmesaurus, por su parte, mostró signos de alguna patología que no pudo ser determinada con precisión, pero pareciera diferente de las detectadas en los otros dos abelisáuridos.

La última fase del estudio consistió en la recopilación y el análisis estadístico de todas las enfermedades registradas en dinosaurios terópodos a nivel mundial, lo que permitió establecer la base de datos más completa hasta la fecha para este grupo de animales extintos. Uno de los resultados más importantes fue poder establecer, a partir del análisis estadístico, correlaciones entre algunas enfermedades y el estilo de vida de estos depredadores activos en el pasado. Entre otros resultados, se encontró que algunos grupos de dinosaurios terópodos, como los tiranosáuridos, presentaban marcas de mordiscos con infecciones, lo que hace suponer que estos depredadores poseían una conducta social intraespecífica muy agresiva. En otros casos, como en los alosáuridos, la elevada presencia de fracturas en los huesos de las extremidades posteriores indicaría un estilo de vida activo.

Mattia Baiano realiza trabajo de campo. Foto: gentileza investigadores
“Este trabajo no solo expande nuestro conocimiento sobre la salud de los dinosaurios, sino que también destaca la presencia de enfermedades que persisten en la actualidad, sugiriendo posibles conexiones entre el estudio de organismos extintos y la investigación de enfermedades contemporáneas”, comenta el primer autor del estudio, Mattia Antonio Baiano, investigador del Museo Municipal Ernesto Bachmann (Neuquén), que participó del estudio en el marco de una beca posdoctoral del Conicet. “Es un trabajo muy interesante, ya que reúne especialidades de diferentes investigadores e intenta descubrir un poco las marcas que dejan en el esqueleto los comportamientos de los dinosaurios”, agrega Diego Pol, investigador del Conicet del Museo Paleontológico Egidio Feruglio (Chubut) y otro de los autores del estudio. También participaron de la investigación Ignacio Cerda, investigador del Conicet en el Instituto de Investigación en Paleontología y Biología (IIPG), y Filippo Bertozzo, del Royal Belgian Institute of Natural Sciences (Bélgica).

Los investigadores destacan que estudiar las enfermedades de los dinosaurios podría arrojar luz sobre el origen de varias patologías actuales.

Fuente: Prensa Conicet

unidiversidad.com.ar

domingo, 4 de febrero de 2024

Las siete especies de dinosaurios únicas de Salas en imágenes

Los yacimientos donde se localizaron, cómo han aparecido los fósiles, cómo se trabaja en una excavación y qué plasma un ilustrador científico con esos datos. Esta es la investigación voluntaria y científica que reivindica su carácter patrimonial.

Ilustración científica de como podía ser Demandasaurus darwini, el primer gigante descrito en la sierra de la Demanda con 600 fósiles de su esqueleto.JOHN SIBBICK

La comarca de la Demanda lleva marcado a fuego la historia de los Siete Infantes de Lara. Un paralelismo curioso porque la otra seña de identidad de la zona es que son Tierra de Dinosaurios y son siete las especies propias y únicas en el mundo, lo que en ciencia se denomina holotipos, las descritas en esta zona. El Colectivo Arqueológico y Paleontológico de Salas de los Infantes, CAS, lleva más de 30 años liderando excavaciones sistemáticas en unos pocos de los 150 yacimientos de interés identificados.

Hay nuevas especies de dinosaurios (Demandasaurus darwini, Europatitan eastwoodi y el ornitópodo Vegagete), lagartos (Arcanosaurus) y una tortuga (Larachelus). También hay cientos de huellas, icnitas, que aspiraron a ser Patrimonio de la Humanidad y están declaradas como BIC. Entre ellas hay dos singulares y únicas en el mundo: la huella de Iniestapodus, un braquiosaurio como los que afloran en el yacimiento de Torrelara; y unas huellas esculpidas por la naturaleza en tres dimensiones de un grácil carnívoro que han llamado Atila.