martes, 18 de septiembre de 2018

UN DINOSAURIO GIGANTE DESPIERTA EN TORRELARA

Reportaje de Fidel Torcida sobre el dinosaurio de Torrelara publicado en el último número de la revista (nº 51) de AGALSA Sierra de la Demanda.

Los hallazgos de Torrelara datan de 1989, cuando un agricultor encontró unos enormes huesos fosilizados. Algunos de esos fósiles los recuperó el Museo de Burgos y otros los recogen vecinos. En 2016 los propietarios actuales de la finca donde se encuentra el yacimiento informan al Museo de Dinosaurios salense de la aparición de más fósiles, y de su proyecto para convertir el campo en un gran encinar trufero. El C.A.S. valora estos dos hechos y decide excavar sin demora el yacimiento.

En 2017 se inician las excavaciones...

























sábado, 15 de septiembre de 2018

Nueva especie de dinosaurio con patas de lagarto descubierto en China

Una nueva especie de dinosaurio, que vivió hace unos 180 millones de años y se distingue por sus patas de lagarto, ha sido descubierto en la provincia de Yunnan, suroeste de China.   

Según el trabajo publicado en Scientific Reports, los investigadores han nombrado a la nueva especie Yizhousaurus sunae, conocida en chino como dinosaurio Sunshi Yizhou, en honor al científico chino Sun Ailing por su gran contribución a la paleontología de vertebrados.

Con siete metros de longitud, el fósil fue descubierto y desenterrado en el condado de Lufeng en 2002, dijo Zhang Qiannan, primer autor del artículo y candidato doctoral del Instituto de Paleontología y Paleoantropología de Vertebrados de la Academia de Ciencias de China.   

El análisis filogenético indicó que el dinosaurio era un Sauropodiforme, lo que significa un dinosaurio de patas de lagarto, informa Xinhua, citada por la Academia de Ciencias de China.

Zhang dijo que el descubrimiento enriquece la diversidad de Sauropodiforms y es significativo para los estudios sobre el origen y la evolución de los dinosaurios. El fósil de dinosaurio se muestra en el museo Lufeng Dinosaur Valley.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Los mamíferos se vuelven nocturnos para evitar a los humanos

El patrón se repite en decenas de especies de todos los continentes

Pixabay.
Los mamíferos silvestres están prefiriendo desempeñar su actividad durante la noche para eludir la presencia humana, algo que no ocurría desde la extinción de los dinosaurios. Este patrón de conducta se repite en decenas de especies de todos los continentes (menos la Antártida), independientemente de la naturaleza de la actividad humana, y podría afectar a los ecosistemas.

Durante sus primeros 100 millones de años en el planeta, nuestros antepasados mamíferos hacían su vida la mayor parte del tiempo durante la noche, para evitar a los depredadores. Sin embargo, cuando se produjo la extinción de los dinosaurios, que dominaban el reino animal, aquellos mamíferos pudieron volver a vivir a plena luz del día con mayor seguridad.

Esta situación se ha mantenido hasta ahora, ya que según un estudio de la Universidad de California en Berkeley, liderado por Kaitlyn Gaynor, los mamíferos están volviendo a la noche para eludir la presencia de las personas, que ha pasado a ser tan disuasoria como la de los dinosaurios.

El resultado de este trabajo, publicado en junio pasado en la revista Science, fue demoledor:  las especies animales del mundo están volviendo a desarrollar la mayor parte de su vida en la noche para evitar la presencia humana. Nuestra especie está creando un mundo natural más nocturno.

Gaynor y su equipo utilizaron datos de 62 especies de los seis continentes para buscar cambios globales en los tiempos de actividad diaria de los mamíferos en respuesta a los humanos. De media, los mamíferos se han vuelto 1,36 veces más nocturnos en respuesta a la perturbación humana.

Metaestudio

“Una vez descubrimos este fenómeno, nos dimos cuenta de que se generalizaba por todas partes”, escribe Gaynor en el artículo publicado en Science.

Zorro rojo al amparo de la oscuridad en Londres. Jamie Hall.
"Los animales responden con intensidad a todos los tipos de perturbación humana, independientemente de si las personas realmente representan una amenaza directa, lo que sugiere que nuestra sola presencia es suficiente para interrumpir sus patrones naturales de comportamiento", explica en un comunicado de su universidad.

En consecuencia, decenas de especies de todos los continentes (menos la Antártida) prefieren cambiar su ritmo de vida a compartir espacios con los seres humanos. Esta situación podría llevar a ciertas especies a desarrollar nuevas características: su cornamenta podría crecer, sus orejas se harían más sensibles ante la falta de luz, al igual que su sentido del olfato.

En un artículo publicado en The Conversation, Gaynor amplía detalles de su descubrimiento. Para llegar a estas conclusiones, los investigadores realizaron un metanálisis o estudio de estudio. Revisaron la literatura científica sobre los patrones de actividad durante 24 horas de grandes mamíferos, seleccionados porque son los que más inciden con la actividad humana.

Compararon esos datos con los aportados por las cámaras, collares de radio y observaciones directas para establecer el porcentaje de actividad que cada animal desarrollaba durante el día y la noche. Y luego los combinaron con datos relativos a las perturbaciones humanas en esos entornos.

Fenómeno generalizado

Así descubrieron que el 83% de los casos examinados mostraron algún aumento en la actividad nocturna en respuesta a la perturbación humana. El resultado es consistente en todas las especies, continentes y tipos de hábitats. Antílopes de la sabana de Zimbabwe, tapires de las selvas ecuatorianas, gatos monteses de los desiertos del suroeste de Estados Unidos, todos hacen lo que pueden para cambiar su actividad al amparo de la oscuridad, escribe Gaynor.

Photo. Jamie Hall.
Otro dato sorprendente es que este patrón se mantiene con diferentes tipos de perturbación humana, ya sea la caza, el senderismo, el ciclismo de montaña, la construcción de infraestructuras o de asentamientos residenciales, e incluso con la agricultura. Todo provoca la prudente retirada a la noche de las diferentes especies.

“Parece que la presencia humana por sí sola es suficiente para interrumpir sus patrones naturales de comportamiento. La gente puede pensar que nuestra recreación al aire libre no deja rastro, pero nuestra mera presencia puede tener consecuencias duraderas”, señala Gaynor.

Un claro ejemplo de esto es el de los osos malayos: en áreas no perturbadas, menos del 20 por ciento de su actividad se desarrolla por la noche. Pero en áreas con presencia humana, como partes del bosque de Sumatra donde la investigación forestal perturba el entorno, la actividad nocturna ha subido hasta el 90 por ciento.

Este aumento en la nocturnidad entre ciertas especies puede tener consecuencias de gran alcance para los ecosistemas, la remodelación de las interacciones entre especies y la formación de cascadas a través de la cadena alimentaria, avierte Gaynor.

Referencia

The influence of human disturbance on wildlife nocturnality. Kaitlyn M. Gaynor et al.  Science  15 Jun 2018: Vol. 360, Issue 6394, pp. 1232-1235. DOI: 10.1126/science.aar7121

Nace el primer premio nacional de Arqueología y Paleontología

  • La Fundación Palarq impulsa este reconocimiento a la labor de los científicos españoles 

La egiptóloga Carmen Pérez Die, directora de la excavación del MAN 
en Heracleópolis Magna (Egipto) - ABC
Cuando tenía 19 años, Antonio Gallardo Ballart comenzó a sentir un genuino interés por el estudio del pasado gracias a unos talleres impartidos en el Museo Arqueológico de Cataluña (MAC). A pesar del paso del tiempo, y de sus obligaciones dentro del mundo empresarial, jamás perdió el gusto por disciplinas como la arqueología y, sobre todo, la paleontología. Tanto que, después de jubilarse, decidió poner en marcha la primera entidad privada destinada a apoyar las excavaciones de instituciones españolas públicas en el extranjero: la Fundación Palarq.

Ahora, más de dos años después del nacimiento de este entidad, Gallardo ha decidido impulsar el primer premio nacional de Arqueología y Paleontología de España, que será entregado el día 26 del próximo mes de noviembre en una ceremonia en el Museo Arqueológico Nacional (MAN). «Hay que poner en conocimiento y dar valor a todos los estupendos proyectos que llevan a cabo los arqueólogos y paleontólogos españoles», dice a ABC el presidente de la Fundación Palarq, Antonio Gallardo, sobre este premio.

La iniciativa, pionera en España, ha sido aplaudida con fervor entre los científicos españoles, que ven en este premio un justo y necesario reconocimiento a sus desvelos. «Me parece una fantástica iniciativa. Hay muchísima gente en España que se lo merece. Aquí hay una cantidad de gente enorme que realiza un trabajo estupendo y merece que este sea reconocido», afirmó en una entrevista con este diario hace poco más de un mes Juan Luis Arsuaga, paleontólogo y director científico del Museo de la Evolución Humana de Burgos.

El nacimiento de este premio también ha sido celebrado desde los distintos proyectos que la Fundación Palarq apoya económicamente. «La creación de este reconocimiento es una iniciativa maravillosa. Independientemente del vencedor, nos pone a los demás en el mapa. Es una grandísima noticia para todos los que nos dedicamos a la arqueología y la paleontología», dice a ABC la directora de la excavación del Museo Arqueológico Nacional en Heracleópolis Magna (Egipto), Carmen Pérez Die.

Necesidad

La Fundación Palarq se convirtió en febrero de 2016 en la primera entidad privada enfocada en exclusiva a dar solución a los problemas de financiación que sufren las distintas misiones arqueológicas nacionales en el extranjero. «Morimos de éxito», apunta a este diario la directora de esta fundación, Carolina Bähr. Y es que no son pocos los proyectos que, año tras año, solicitan apoyo a esta institución. Un órgano que en su primera convocatoria, en 2016, dio sustento económico a 22 proyectos paleontológicos y arqueológicos, un número que creció el año pasado hasta los 33 y que promete incrementarse todavía más en el futuro.

A la hora de otorgar ayudas, Palarq se ha centrado en dar sustento únicamente a las misiones españolas realizadas fuera de los límites de Europa. Como explica Bähr, «la fundación entiende que este tipo de proyectos son los que necesitan más apoyo». De este modo, la institución ha colaborado en el desarrollo de excavaciones nacionales en todo el mundo. Desde Eritrea, donde lleva ya dos años apoyando las investigaciones de la Fundación Atapuerca, hasta Tanzania, país en el que colabora con la Universidad Autónoma de Barcelona, pasando por Heracleópolis Magna, en Egipto.

La situación económica de las misiones españolas se ha agravado durante este 2018. La falta de aprobación de los Presupuestos del Estado, que todavía se están negociando, ha provocado el retraso en la convocatoria de las ayudas y subvenciones para financiar proyectos arqueológicos en el exterior. Para salvar esta situación, en el caso de Heracleópolis Magna se optó por realizar una campaña de mecenazgo en internet que resultó un éxito. «Las instituciones públicas no dan mucha financiación. Necesitamos fondos para aprovechar bien el tiempo», explicaba a ABC la egiptóloga Carmen Pérez Díe hace un mes.

Un galardón dotado con 80.000 euros

El premio nacional de Arqueología y Paleontología tiene por finalidad reconocer la enorme labor que realizan los equipos científicos españoles, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Está dotado con 80.000 euros, los cuales se deben destinar integramente al desarrollo del proyecto vencedor. Cualquier equipo de investigación perteneciente a una institución pública española puede optar al premio, independientemente de la localización geográfica donde realice su labor. El jurado está conformado por especialistas de reconocido prestigio, como el paleontólogo Yves Coopens o el arqueólogo Andrew Selkirk.




jueves, 13 de septiembre de 2018

Hallan en Morella restos de espinosaurios, un 'superdepredador' del Cretácico

Publican los resultados del descubrimiento en una prestigiosa revista científica

José Miguel Gasulla y Elisabete Malafaia revisan el material encontrado. 
Los restos encontrados serían de espinosáuridos - Mediterráneo.
La revista científica Cretaceous Research ha publicado en su versión digital un trabajo de investigación sobre dinosaurios descubiertos en la Cantera del Mas de la Parreta en Morella. De este modo, el artículo trata sobre dinosaurios terópodos del grupo de los espinosaurios entre los que destacan tres superdepredadores como el Spinosaurus, Baryonyx o Suchomimus del Cretácico, uno de los cuales se descubrió en Morella hace más de 125 millones de años. Además, durante las próximas semanas comenzarán nuevas excavaciones en esta zona relacionadas con estas especies.

Los restos que se han descrito en el trabajo se han interpretado como formas estrechamente relacionadas con el grupo de los dinosaurios terópodos espinosaurios. Sin embargo, se han identificado una combinación de características morfológicas diferente de estos, lo que puede significar una forma diferente de la diversidad de este grupo, tanto en la península como en el resto del área geográfica próxima. Así, el grupo responsable de este artículo científico en una revista de carácter internacional trabaja habitualmente en el registro fósil de Morella y se compone de los investigadores del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED, del Instituto Dom Luiz de la Universidad de Lisboa y de la Universidad Autónoma de Madrid.


miércoles, 12 de septiembre de 2018

Los dientes, fósiles clave para analizar la adaptación de las especies al cambio climático

Reuters
Un minucioso estudio llevado a cabo por paleontólogos de la Universidad de Edimburgo ha revelado, a través de los dientes fósiles de distintas criaturas marinas que habitaron aguas profundas durante el Periodo Jurásico, la forma en que estos seres se adaptaron para prosperar y sobrevivir ante los importantes cambios climáticos que experimentaron en la época; una circunstancia que analizan para extrapolarla ahora al comportamiento de las especies en la actualidad. 

En el marco de la era Jurásica, durante más de 18 millones de años, numerosas especies de reptiles convivieron en aguas tropicales que se extendían desde el norte de Francia hasta el norte de Inglaterra.

Durante este tiempo, las criaturas que habitaban el planeta experimentaron un complejo proceso de adaptación al cambio climático que se produjo, así como a la consecuente fluctuación de los niveles del mar. Ello es lo que han analizado paleontólogos de la Universidad de Edimburgo, fijándose con este propósito en cómo evolucionaron los dientes de estas especies, observando su forma y su tamaño.

Con ello, los investigadores han ahondado en sus cadenas alimentarias, concluyendo que entonces eran muy similar a la de los océanos modernos, en el sentido en que muchas especies podían coexistir en el mismo área al no competir por los mismos recursos.

“Los dientes son fósiles humildes, pero revelan una gran historia de cómo evolucionarion los reptiles marinos a lo largo de miles de años a medida que cambiaban sus entornos”, ha explicado el coautor del estudio, Steve Brusatte, de la Escuela de Geocencias, al tiempo en que ha añadido que esta serie de cambios podrían ser traídos, en paralelo, a la circunstancia que se está produciendo en la actualidad: “Los cambios en estos reptiles jurásicos son paralelos a los cambios en los delfines y otras especies marinas que están ocurriendo hoy en día a medida que aumentan los niveles del mar, lo que demuestra lo importante que son los fósiles para comprender nuestro mundo moderno”, ha dicho.

En este sentido, el análisis llevado a cabo revela que las especies que se vieron beneficiadas como resultado de los cambios que atravesaron fueron aquellas que vivían en aguas profundas y poseían dientes anchos para desmenuzar y cortar a sus presas, mientras que los reptiles con dientes pequeños que vivían en aguas poco profundas disminuyeron de forma drástica.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Hallan contacto entre zona marina y zona continental

El hallazgo tuvo lugar durante la investigación paleontológica dirigida por el paleontólogo Daniel Aguilar, del Museo de Historia Natural.

Hallazgo histórico. El área de contacto había sido buscada sin éxito por 
científicos extranjeros durante muchos años.
El Museo de Historia Natural de El Salvador (MUHNES) informó, a través de un comunicado de prensa, que ha sido hallada el área de contacto de los suelos de transición entre la zona marina y la zona continental, en el municipio de Metapán, en Santa Ana.

Según la comunicación oficial, el hallazgo corresponde a varios bloques de piedra que datan de más de 60 millones de años, y se produjo durante una investigación paleontológica que estaba realizando la institución.

"Encontramos el área de contacto donde el mar golpeaba con la plataforma continental hace 65 o 60 millones de años. Es el punto exacto donde el mar comienza a retroceder y empiezan a formarse las plataformas continentales", reza la misiva, que recoge la voz del paleontólogo Daniel Aguilar, quien está a cargo del referido estudio de paleontología.

Lo que ha sido encontrado son bloques de capas rojas de piedras que contienen materiales como calcita, cuarzo y, hasta muy probablemente, invertebrados microfósiles de plancton y caracoles también.

La importancia de este descubrimiento radica en que "lleva a entender los procesos que ha tenido la formación de nuestro paisaje, la cantidad de recursos y de animales que han existido a lo largo de este tiempo, y lo más importante: saber cómo y en qué momento el paisaje cambió", declaró el paleontólogo.

Aguilar condujo la investigación junto con el conservador Ernesto Novoa, junto con seis auxiliares de campo de la empresa Ventus que está desarrollando un proyecto de generación de energía eólica (obtenida a partir del viento) justo en la zona del hallazgo, en el caserío La Cañada, del cantón Mal Paso, en el departamento santaneco.

El material encontrado ha sido colectado, y será lavado y limpiado con ácido para retirar las capas de oxidación.

Luego se cortarán láminas delgadas para tener una mejor visión de lo que contienen, que seguramente son microfósiles, explicaron las autoridades del museo a través del comunicado.

"Estos nos dirán qué clase de agua era, si tenía poco o mucho oxígeno, o con predominancia de qué organismos", agregó el paleontólogo.