viernes, 14 de junio de 2019

'Redlichia rex': Hallan un nuevo 'rey' de fósiles y probable "terror de criaturas marinas" en el Cámbrico

Una especie gigante y probablemente caníbal de trilobites habitó aguas de Australia hace 500 millones de años.

La isla Canguro, Australia. Google Map
Un equipo de científicos australianos descubrió en la isla Canguro, en el sur del país, fósiles de una desconocida especie gigante del extinto grupo de criaturas marinas llamadas trilobites.

La nueva especie existió hace alrededor de 500 millones de años y es el trilobite cámbrico más grande descubierto en Australia: alcanzaba alrededor de 30 centímetros de longitud, casi el doble del tamaño de otros de estos artrópodos de los mismos tiempos.

Además, los científicos estiman que este antiguo 'monstruo' del mar pudo haber sido caníbal, es decir, alimentarse con otros de su propia especie. Una posible prueba de ello son los 'coprolitos' –excrementos fosilizados– encontrados en el mismo sitio, que contienen restos de trilobites triturados.

Debido a su tamaño "gigante", así como a sus "formidables patas con espinas, utilizadas para triturar alimentos y probablemente a otros trilobites", la nueva especie fue bautizada 'Redlichia rex', por analogía con el Tyrannosaurus rex ('rex' significa 'rey' en latín), según explicó James Holmes, estudiante de doctorado de la Universidad de Adelaida, quien dirigió la investigación.

La "carrera armamentista" evolutiva

El hallazgo, publicado en el Journal of Systematic Palaeontology, podría contribuir a un mayor conocimiento de la 'explosión cámbrica', un periodo de bulliciosa actividad evolutiva, que tuvo como consecuencia una gran diversificación de las especies animales.

Los investigadores explican que uno de los principales impulsores de tal 'explosión' fue probablemente una suerte de "carrera armamentista" evolutiva entre depredadores y presas, en la que cada uno de ellos desarrolló medidas más efectivas de defensa y ataque.

El tamaño y las patas "aplastantes" del Redlichia rex pueden ser "consecuencia de la carrera de armamentos que ocurrió en ese momento", indica Holmes, para concluir que "este trilobite gigante probablemente fue el terror de criaturas más pequeñas en el fondo marino del Cámbrico".


Apareció un dinosaurio en el centro de Neuquén

Los restos fósiles fueron hallados en el predio de la Universidad Nacional del Comahue, entre el Parque Norte, el corredor vial Leloir-Doctor Ramón, el río Neuquén y el barrio privado Rincón Club de Campo.

Los restos fósiles de un dinosaurio fueron hallados en cercanías al gimnasio 
"Roberto Monteros", conocido como "El Escondido". (Gentileza).-
Los dinosaurios son parte de la vida cotidiana de cualquier neuquino, incluso aunque no lo sepan. Es que aunque los vecinos sepan que la provincia se destaca por los restos fósiles hallados era difícil sospechar sobre el último hallazgo porque se realizó en el centro de Neuquén, en el predio de la Universidad Nacional del Comahue (UNC).

El punto de referencia más próximo es el gimnasio Roberto Monteros, más conocido como “El Escondido”, que se encuentra detrás del Poder Judicial y de la Legislatura. El terreno se ubica entre el Parque Norte, el corredor vial Leloir-Doctor Ramón, el río Neuquén y el barrio privado Rincón Club de Campo.

Los fósiles pertenecen a un dinosaurio saurópodo, sin embargo, aún se desconoce la magnitud que podría el hallazgo porque se encuentra en un área que ha sido erosionada por el viento y la lluvia.

Paleontológos y estudiantes se encargaron de rescatar los restos fósiles. (Gentileza)
El descubrimiento ocurrió hace una semana y media, durante una salida de campo de estudiantes de la carrera de geología, de la Facultad de Ingeniería. Del recorrido participaba el paleontólogo del museo de Ciencias Naturales de la Universidad, Juan Porfiri, quien comunicó del hallazgo a la dirección provincial de Patrimonio y gestionó los permisos necesarios para realizar el rescate.

Como los restos se encuentran en un sector en el que circulan deportistas, se decidió comenzar el rescate de los fósiles rápidamente y esta mañana inició el trabajo el equipo de paleontología, coordinado por Porfiri y Domenica Dos Santos, junto a un grupo de estudiantes.

Desde la UNC destacaron que el campus está emplazado sobre rocas sedimentarias de la era Mesozoica, donde ya se han realizado numerosos hallazgos fósiles de un grupo compuesto por dinosaurios, cocodrilos, serpientes, aves y huevos de aves.

La novedad se dio a conocer en forma paralela a que se informara que la justicia federal falló a favor de la Universidad -y en contra del municipio- por la avenida de los Ríos y la obra seguirá frenada. La jueza Carolina Pandolfi hizo lugar al recurso de amparo, presentado por la Casa de Altos Estudios aduciendo que se había avanzado sobre terrenos de su propiedad y que son parte de un área natural protegida.

El parque de los dinosaurios que está en medio de la ciudad

La ciudad cuenta con un área natural protegida llamada Parque de los Dinosaurios, creada por ordenanza en el 2002, con el objetivo de resguardar uno de los únicos yacimientos de fósiles ubicado en una zona urbana del mundo.

La norma delimitó el sector protegido en su lado sur por el límite norte del conjunto habitacional FOETRA, el límite norte y este de la cooperativa de viviendas Técnico Profesional y la calle Novella. En su lado sureste con calle Huilen. En su lado norte con un camino sin nombre y en su límite oeste con los  terrenos de la peña ciclística San Juan y el club Maronese.

El año pasado, el concejal Francisco Baggio presentó un proyecto para que se reactive el cuidado de la zona y se promueva su desarrollo. “El interés es emular lo que han hecho otros municipios de la zona como El Chocón o Plaza Huincul que pusieron en valor su recurso paleontológico en sus aspectos científico y cultural, además del turístico” explicó.


Descubren que los pterodáctilos eran capaces de volar nada más nacer

A partir del hallazgo de embriones en avanzado estado de gestación en Argentina y China, los investigadores han podido comprobar esta habilidad única

DICYT - Los pterodáctilos, unos conocidos reptiles voladores extintos, tenían una gran habilidad: eran capaces de volar desde el momento de su nacimiento. Así lo ha revelado una investigación conducida por la Universidad de Leicester (Reino Unido), a partir del reciente hallazgo de embriones en avanzado estado de gestación en Argentina y China. 

El descubrimiento cobra especial relevancia ya que no se conoce ningún otro vertebrado actual o extinto con esta capacidad. Según los investigadores, esto tiene un importante impacto en la comprensión de cómo vivían los pterodáctilos, lo que es fundamental para entender mejor cómo funcionaba el mundo de los dinosaurios en su conjunto. 

Hasta el momento, se pensaba que los pterodáctilos solo podían volar una vez habían crecido casi al máximo, al igual que las aves o los murciélagos. Esta suposición se fundamentó en embriones fosilizados encontrados en China que tenían alas poco desarrolladas. Sin embargo, David Unwin, de la Universidad de Leicester y especialista en el estudio de los pterodáctilos, y Charles Deeming, zoólogo de la Universidad de Lincoln que investiga la reproducción de aves y reptiles, pudieron refutar esta hipótesis. 

Compararon estos embriones con datos sobre el crecimiento prenatal de aves y cocodrilos y descubrieron que aún se encontraban en una etapa temprana de desarrollo, muy lejos de la eclosión. El descubrimiento de embriones más avanzados en China y Argentina -que murieron justo antes de su nacimiento- les ha proporcionado evidencia de que los pterodáctilos tenían la capacidad de volar desde el nacimiento. 

Sin ayuda parental 

Otra diferencia fundamental entre las crías de pterodáctilos y las aves y murciélagos es que no tenían cuidado parental, de modo que debían alimentarse y cuidarse a sí mismos desde el nacimiento. Su capacidad para volar les dio un mecanismo de supervivencia que les permitió evadir dinosaurios carnívoros. Pero también demostró ser uno de sus mayores peligros, ya que el exigente y peligroso proceso de vuelo llevó a muchos de ellos a morir a una edad muy temprana. 

La investigación también desafía la teoría de que los pterodáctilos se comportaban de manera similar a los pájaros y a los murciélagos y ha proporcionado posibles respuestas a algunas preguntas clave que rodean a estos animales. El hecho de que fueran capaces de volar desde el nacimiento proporcionaría una posible explicación a por qué pudieron alcanzar enormes alas, mucho más grandes que cualquier especie de ave o murciélago extinto o actual. La forma en que pudieron llevar a cabo este proceso requerirá más investigación, pero es una pregunta que no se habría planteado sin estos nuevos resultados, según la información de la Universidad de Leicester recogida por DiCYT.

Referencia

Unwin, D. M., Deeming, D.C. 2019. Prenatal development in pterosaurs and its implications for their postnatal locomotory ability. Proc. R. Soc. B 286: 20190409. https://royalsocietypublishing.org/doi/10.1098/rspb.2019.0409

jueves, 13 de junio de 2019

Argentinos encuentran un antepasado antiguo de los mamíferos con características modernas

Un equipo internacional de paleontólogos encontró una especie de cinodonte que genera nuevos interrogantes. El antiguo animal vivió hace más de 251 millones de años durante el Pérmico Tardío, en la cuenca sudafricana del Karoo y fue bautizado con el nombre de Vetusodon elikhulu por los investigadores del CONICET Fernando Abdala y Leandro Gaetano y sus colegas de Sudáfrica, Roger Smith y Bruce Rubidge. El hallazgo fue publicado en Zoological Journal of the Linnean Society.

Reconstrucción en vida del Vetusodon elikhulu. Créditos: Gabriel Lio.
Vetus proviene del latín y significa “viejo, antiguo”, odontos significa “diente” en griego y elikhulu, “grande” en Zulú, el idioma principal de la región africana en donde fueron encontrados los especímenes. Entonces, Vetusodon elikhulu significa “diente antiguo grande”, en alusión a su antigüedad y tamaño, atributos que le son muy significativos.

Fernando Abdala cuenta al CONICET que sus estudios científicos lo llevaron a vivir 14 años en Sudáfrica y que en el transcurso de trabajos de campo y de visitas a colecciones, comenzó a encontrar –junto con sus colegas locales– materiales que no encajaban en absoluto con el formato de cráneo de especies ya conocidas. Sin embargo, los hallazgos estaban incompletos.

Finalmente, para 2017, el equipo de paleontólogos contaba con cuatro ejemplares iguales, lo que les permitió cerrar el trabajo. “De uno se había preservado solamente el hocico; de otro, la parte de atrás. Los otros dos estaban completos: uno con la mandíbula entera, pero no nos permitía ver el paladar y, el último, sin la mandíbula, aunque con el paladar muy visible, ¡un paladar espectacular!”, precisa Leandro Gaetano, que se sumó al grupo en 2011. Cada uno de los ejemplares aportaba datos distintos como, por ejemplo, información sobre los huesos que cubren el cerebro, el paladar y la mandíbula.

De los cinodontes a los mamíferos actuales

Los cinodontes constituyen un grupo grande y diverso de animales primitivos que poseían una postura cuadrúpeda y una curiosa similitud con los mamíferos actuales. Los más antiguos son del Pérmico y se registraron en el gran desierto del Karoo, que ocupa dos tercios de la superficie de Sudáfrica, y son también conocidos al este de África y en Eurasia. ¿Cómo surgieron?

“Una vez que los vertebrados salen del agua, muy tempranamente, se separan dos grandes grupos: uno va a resultar en los mamíferos actuales y el otro en las aves, los dinosaurios, cocodrilos, serpientes…”, explica Gaetano. “A los que pertenecen al grupo de mamíferos se los llama sinápsidos, porque tienen una sola abertura en la cabeza en la región temporal, y al último de los linajes en aparecer se lo llama cinodonte”.

“Este grupo, el de los cinodontes, nos incluye a los humanos y, además, todas estas formas basales, o primitivas, nos permiten entender cómo evolucionaron ciertas características específicas que hicieron a los mamíferos ser lo que hoy son. Por ejemplo, en este animal vemos que se cierra primero la parte de atrás del paladar óseo antes que la de adelante. La presencia de este paladar tiene que ver con la capacidad de succión para amamantar”.

Los científicos explican que en este linaje de cinodontes antiguos o basales se pueden observar cambios paulatinos hasta que, finalmente, al final del Triásico –el primer período de la era de los dinosaurios– aparecen los primeros mamíferos con todas las características típicas de un mamífero actual. “Hay convivencia de mamíferos y dinosaurios desde el Mesozoico, a partir del Triásico Superior –clarifica Fernando–. En algún momento, los dinosaurios empiezan a tener preeminencia y se diversifican y los mamíferos se reducen. Y cuando los dinosaurios masivos desaparecen, los mamíferos comienzan a ocupar espacios. Existe evidencia de representantes de dos linajes compartiendo hábitat, ya que están interconectados históricamente. Si bien evolucionan de forma independiente, conviven y se influyen mutuamente”.

Vetusodon elikhulu, un cinodonte muy particular

Lo primero que llama la atención de Vetusodon es su gran tamaño en comparación a otras especies de cinodontes que vivieron en la misma época al final del Pérmico. Con 18 cm de cráneo –por lo que se calcula que podía medir hasta un metro–, es incluso más grande que otras formas que se encontraron al inicio del Triásico. Además, tiene un hocico muy grande.

La segunda característica significativa es que, en general, incluso los primeros cinodontes poseen dientes molares (o poscaninos) complejos, es decir que no tienen la forma de un cono pequeño, sino que los dientes tienen varias cúspides. Sin embargo, los molares de los ejemplares encontrados tienen forma de cono, lo cual significa que, en cuanto a la dentición, eran bastante primitivos semejantes a formas mucho más basales.

“Es increíble encontrar un animal tan grande, pero sin la estructura dental apropiada como para tratar el alimento. Sus poscaninos son mucho más pequeños que los dientes anteriores (incisivos y caninos), lo que da la idea de que seguramente los dientes delanteros eran los más importantes. Es el único cinodonte cuyos dientes posteriores parecen pequeños y simples conitos”, expresa Fernando.

“Nosotros siempre pensábamos que, desde el comienzo de los cinodontes, todo llevaba a una especialización hacia la masticación, como algo que va progresivamente mejorando, –señala Leandro– y cuando se llega a la masticación óptima, recién comienza la desviación hacia casos más particulares. Pero, Vetusodon nos advierte: ‘¡No, no fue tan progresivo!’”.

Vistas del cráneo del Vetusodon elikhulu: lateral izquierdo (A), 
lateral derecho (B), occipital (C), dorsal (D) y ventral (E).
Foto: Gentileza investigadores.
Este animal, muy primitivo, ya tenía una dieta muy especializada: “yo me lo imagino carnívoro; capaz de arrancar un pedazo de carne con su fuerte mordida, o de comerse animales más pequeños sin masticarlos demasiado”, ilustra el científico. Al mismo tiempo, la musculatura masticatoria y la forma de la mandíbula también aportan a la teoría de que Vetusodon mordía muy fuerte con los dientes de adelante y no tanto con los dientes poscaninos o molares.

Asociado con la mandíbula, está la cuestión del oído. En la evolución de los cinodontes, se observa que, al principio, el hueso dentario –que lleva los dientes– es relativamente pequeño y se encuentra adelante y atrás hay un montón de huesos que se van reduciendo. Evolutivamente, entonces, se reducen los huesos posteriores y se agranda el hueso de adelante. “Los huesos de la parte de atrás se reducen cada vez más hasta que se terminan metiendo dentro del oído y se transforman en los huesos del oído que tienen los humanos”, explica Gaetano.

“Ahora bien, en el estadio evolutivo que tiene Vetusodon, el dentario es mucho más grande y los huesos que están atrás mucho más chicos que los de los animales que están inmediatamente más avanzados que él. Entonces, tenemos una cosa muy vieja, primitiva, que tiene la estructura mandibular y los huesecillos que se van a transformar más de adelante en el oído muy de avanzada, comparada con faunas del Triásico Medio-Superior”.

“Esto demuestra que la evolución no fue tan lineal o progresiva como creíamos, a pesar de que teníamos mucha evidencia como para pensar que era un proceso progresivo”, confiesan los científicos. Como existe una gran cantidad de especies de cinodontes, se los suele utilizar para comparar modelos evolutivos, pues permiten mostrar toda la progresión en el registro fósil. Sin embargo, este taxón rompe el esquema.

Fernando Abdala y Leandro Gaetano observando una especie de cinodonte del 
Valle de la Luna, San Juan. Foto: CONICET Fotografía / Verónica Tello.
La última característica morfológica trae aún más interrogantes: ¿cómo se formó el paladar?, ¿de adelante para atrás o de atrás para adelante? Los paleontólogos explican que los cinodontes más basales, o antiguos, no tenían un paladar secundario y, a medida que fueron evolucionando, los más derivados tenían la parte de adelante un poquito más cerrada, cada vez más, hasta que se la parte de atrás se cerró. No obstante, Vetusodon tiene la parte de atrás casi cerrada y la parte de adelante abierta.

El cinodonte del cambio de era

Finalmente, Vetusodon elikhulu presenta una peculiaridad que no se relaciona con la especie sino con el registro. “Vetusodon tiene 251 millones de años, esto es el Pérmico, el período anterior al de los dinosaurios. Los primeros dinosaurios tienen unos 230 millones de años”, ilustra Gaetano.

El hecho de que haya existido al final del período Pérmico de la era Paleozoica le otorga al hallazgo una singularidad especial: el Vetusodon vivió apenas antes de la extinción masiva del Pérmico-Triásico, conocida popularmente como la Gran Mortandad, porque en ella murió el 95 % de la fauna acuática y el 70 % de la terrestre.

La transición Permo-triásica, marcada por esta gran extinción, separa la era Paleozoica (o antigua) de la era Mesozoica, la de los dinosaurios. Por lo tanto, “este animal representa el único cinodonte que fue hallado en niveles muy cercanos previos a esta extinción descomunal. Hubo al menos otras cuatro especies de cinodontes dando vueltas en aquel entonces, pero a ninguna se la encontró tan próxima a la extinción”, afirma Fernando.

“Una vez más, Vetusodon muestra características muy novedosas a pesar de ser tan antiguo, y nos hace un llamado de atención diciendo: ‘¡cuidado! Esto no está resuelto’. Los nuevos descubrimientos nos traen más preguntas que confirmaciones”, admiten los científicos. Habrá que seguir trabajando en colaboración con colegas de todo el mundo “para armar juntos el rompecabezas, ya que en todas las ramas de la paleontología no se puede trabajar aislado, porque en ella no funcionan las fronteras geográficas ni políticas que tenemos en nuestro mundo”. 

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.


miércoles, 12 de junio de 2019

Descubren a las afueras de Texas los fósiles de un extraño pariente de los cocodrilos

La criatura tiene una mandíbula inusual que evidencia la diversidad de los crocodiliformes del Cretácico.

Hace unos 96 millones de años en un vasto delta fluvial de la actual Arlington, 
Texas,  vivía un pequeño pariente de los cocodrilos modernos denominado 
Scolomastax sahlsteini. En esta reconstrucción artística, el reptil prehistórico 
se alimenta de los restos de un pez pulmonado. 
FOTO POR BRENTON ADRIAN (ILUSTRACIÓN)
Hace unos 96 millones de años, las afueras de Dallas, Texas, formaban parte de un exuberante delta fluvial que albergaba tortugas, dinosaurios, peces y a una extraña criatura que se parecía a un cocodrilo pero que habría comido como una zarigüeya.

El animal, Scolomastax sahlsteini, es un crocodiliforme descubierto recientemente, un pariente lejano y extinto de los cocodrilos y aligátores actuales. Medían entre 0,9 y 1,8 metros y su mandíbula inferior derecha revela que tenían menos dientes que otros cocodrilos con los que están emparentados. Sus dientes también parecen tener formas diferentes.

Estos rasgos concuerdan con animales vivos que devoran alimentos duros o tienen una dieta variada, lo que sugiere que los Scolomastax podrían haber sido omnívoros. A modo comparativo, los cocodrilos modernos son carnívoros y suelen especializarse en emboscar presas cerca de la orilla del agua.


LOS COCODRILOS DEL RÍO MARA
Para los animales que emprenden las grandes migraciones, los abundantes cocodrilos del río Mara suelen ser su reto final, y el más peligroso.

«Parecían llenar un nicho que no se observa que ocupan cocodrilos y aligátores modernos», afirma el autor principal del estudio, Christopher Noto, paleontólogo de la Universidad de Wisconsin-Parkside. «Los cocodrilos y aligátores vivos no son “fósiles vivos”. Solo son supervivientes y representan exclusivamente una pequeña fracción de los estilos de vida de sus parientes primitivos».

¿Fauna urbana?

El extraño reptil, descrito la semana pasada en TheAnatomical Record, es la criatura primitiva más reciente hallada en el Arlington Archosaur Site, en Texas. Este yacimiento, de unos 96 millones de años, data del Cretácico, un periodo en el que existía una vasta ruta marítima entre el oeste de Canadá y el golfo de México. Esta ruta dividía Norteamérica en dos continentes: Laramidia al oeste y Appalachia al este.

Muchos de los yacimientos fósiles del Cretácico en Norteamérica, como los lugares de Utah donde se han hallado dinosaurios con cuernos, registran lo que sucedió en Laramidia. Pero el yacimiento de Arlington documenta un delta fluvial en Appalachia, un hallazgo mucho más inusual. Es más, el Scolomastax es un paraligatórido, un grupo más conocido gracias a fósiles de Asia. Como primer paraligatórido descubierto en depósitos de Appalachia, el Scolomastax respalda la idea de que los animales que vivían en Asia y Norteamérica se mezclaron durante el Cretácico Inferior, antes de que las aguas dividieran Norteamérica en dos.

«Lo mejor del yacimiento de Arlington es que en realidad data de un periodo [y un lugar] del que no hemos encontrado muchos fósiles», afirma Stephanie Drumheller-Horton, coautora del estudio y paleontóloga de la Universidad de Tennessee. «Aún hay muchos misterios sobre Appalachia, así que todo lo que encontremos en este yacimiento llenará vacíos importantes».

El yacimiento de Arlington fue descubierto en 2003 por un grupo en el que figuraba Derek Main, entonces alumno de posgrado de la Universidad de Texas-Arlington. Main supervisó el estudio del yacimiento hasta 2013, cuando falleció repentinamente. Noto se hizo cargo del proyecto ese mismo año y ha dirigido su estudio desde entonces, con la financiación parcial de la National Geographic Society.

Si imaginas páramos barridos por el viento como las escenas de las excavaciones de Parque Jurásico, el yacimiento de Arlington no es así: se encuentra dentro de Viridian, una gran comunidad planificada en Arlington, Texas, a las afueras del área de Dallas-Forth Worth.

«Lo gracioso [del yacimiento] es que si estás de pie de cara a la pared, verás fósiles que sobresalen, pero si te das la vuelta, en la distancia puedes ver el estadio de fútbol americano de los Cowboys de Dallas», afirma Drumheller-Horton.

Un botín antiguo

Aunque parezca extraño, la proximidad a un gran núcleo urbano ha ayudado a los paleontólogos a proteger y estudiar el yacimiento. La mayoría de los excavadores han sido voluntarios, muchos de ellos pertenecientes a la Sociedad Paleontológica de Dallas. Entre ellos figura el paleontólogo aficionado Art Sahlstein, uno de los codescubridores del yacimiento y descubridor del Scolomastax. Los investigadores pusieron al reptil sahlsteini como nombre de la especie en honor a su contribución.

«[Esta] colaboración académica y pública ha unido a los paleontólogos académicos y a los aficionados a los fósiles y ha forjado algo que es único y diferente», afirma Noto. «Creo que aquí hay un modelo de este tipo de relaciones con las que queremos aumentar el conocimiento y el aprecio del público por lo que es la paleontología y lo que obtenemos del estudio del registro fósil».

El Museo Perot de Naturaleza y Ciencia, en Dallas, ha acogido la colección de fósiles del yacimiento, que ya llega a miles de especímenes. Este botín incluye restos de dinosaurios, plantas y peces primitivos; un enorme crocodiliforme denominado Deltasuchus; hasta nueve especies de tortugas extintas; y posiblemente los restos de una serpiente pequeña. Drumheller-Horton añade que el yacimiento preservó cientos de coprolitos, o heces fosilizadas.

Por ahora, se han suspendido las excavaciones en el yacimiento mientras los investigadores revisan el enorme tesoro que han descubierto. Pero Soto afirma que el futuro nos depara muchas sorpresas y más oportunidades de conectar a las personas con un pasado lejano.

«Una de las cosas que nos dicen constantemente las personas que visitan el yacimiento o participan como voluntarias es que no tenían ni idea de que existía algo así bajo sus pies, que había algo así a su alrededor», cuenta Noto.  «Resulta muy gratificante».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

viernes, 7 de junio de 2019

Gloria Cuenca Bescós, primera catedrática de Paleontología de la Universidad de Zaragoza

Es también la primera directora de un instituto de investigación del campus público aragonés, miembro fundador del grupo de investigación Aragosaurus y lidera desde hace tres décadas el estudio de la microfauna de Atapuerca.

Gloria Cuenca, primera mujer catedrática de Paleontología de la Universidad 
de Zaragoza. Universidad de Zaragoza
Gloria Cuenca Bescós, directora del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón (IUCA), se ha convertido en la primera catedrática de Paleontología y la segunda de Geología de la Universidad de Zaragoza. 

Lo ha conseguido tras superar con éxito las pruebas de acceso para la plaza de funcionario docente universitario del Cuerpo de Catedráticos de Universidad del área de conocimiento de Paleontología perteneciente al Departamento de Ciencias de la Tierra, informa este jueves la Universidad de Zaragoza en una nota de prensa.

Gloria Cuenca, que en noviembre de 2016 pasó a ser la primera directora de un instituto de investigación del campus público aragonés, es además miembro fundador del grupo de investigación Aragosaurus y su especialización le ha llevado a liderar desde hace tres décadas el estudio de la microfauna, del Equipo de Investigación de Atapuerca.

Profesora e investigadora de la Universidad de Zaragoza desde el año 1987, ha impartido 18 asignaturas de licenciatura, grado y máster en Geología-Ciencias de la Tierra y ha dirigido 12 tesis doctorales defendidas en las Universidades de Zaragoza, Barcelona, Rovira i Virgili, París y Via Domitia (Perpiñán).

Sus principales logros científicos han sido la definición de especies de vertebrados (mamíferos, dinosaurios, tiburones) nuevas en el Mesozoico, Terciario y Cuaternario, así como la datación y reconstrucción paleoambiental de los yacimientos con los fósiles humanos más completos de Europa descubiertos en Atapuerca, así como de neandertales y magdalenienses en el norte de España.

Ha escrito 245 publicaciones científicas, 120 de las cuales son del "Science Citation Index", algunas de ellas de alto impacto como Nature, Science, PNAS, Journal of Human Evolution, Journal of Vertebrate Paleontology o Geology.

Según la Universidad de Zaragoza, el gran impacto de sus artículos, en colaboración con investigadores de los grupos de investigación Aragosaurus (Universidad de Zaragoza-Gobierno de Aragón) y Atapuerca (Burgos) o extranjeros, se mide en un índice h-index del WOS de 29, por sus más de 3.600 citas en revistas científicas.

La doctora Cuenca siempre ha estado interesada en divulgar la Geología y la Paleontología de sus investigaciones, por lo que ha escrito varios artículos y libros de divulgación y ha impartido cerca de 60 conferencias tanto en España como en el extranjero con instituciones como el Instituto Cervantes, la Universidad de la Experiencia, la Uned, las Universidades Javeriana y del Externado de Bogotá, entre otras.

Entre los premios recibidos cabe destacar la Medalla de las Cortes de Aragón en 2018, el Premio Príncipe de Asturias 1997 al Proyecto de Atapuerca, el Premio a la Investigación Científica 1997 de Castilla y León y el Premio de la Academia de Ciencias de Zaragoza 1997 al Grupo Aragosaurus.

miércoles, 5 de junio de 2019

Descubren en Lleida el yacimiento de dinosaurios más moderno de Europa

Los restos hallados son los que se sitúan en el período más cercano a su extinción y podrían dibujar como era el paisaje justo antes de su desaparición

Una de las campañas de excavación en el yacimiento de Molí de Baró, 
en Lleida. (Museu d'Isona)
Un grupo de paleontólogos ha descubierto el yacimiento de dinosaurios más moderno de Europa en un punto situado muy cerca de la población de Sant Romà d’Abella, en el Pallars Jussà. En este yacimiento, conocido como el del Molí del Baró, se han encontrado una gran diversidad de restos de dinosaurios, numerosos restos óseos de cocodrilos así como algunas de concha de caracol terrestre. Àngel Galobart, paleontólogo del Institut Català de Paleontologia y del Museu d’Isona, explicó que las más abundantes corresponden a diferentes especies de vegetales, entre las que destacan las hojas de la palmera Sabalites. Aparte de hojas, se han encontrado innumerables fragmentos de troncos y semillas. Galobart dijo que estos restos permitirán a los investigadores dibujar el paisaje que había en la Conca de Tremp hace 66 millones de años, justo antes de la extinción de los dinosaurios.

El yacimiento está formado por areniscas y arcillas de color gris depositados en un ambiente fluvial, seguramente en el fondo de una pequeña acumulación de agua en un meandro abandonado o en una zona muy cercana a un río, explicó Galobart.

De 66 millones de años
Dientes de carnívoros y cáscaras de huevos

La mayor parte de restos de dinosaurios recuperados pertenecen a hadrosaurios de diferentes tamaños, pero también se han recuperado dientes de dinosaurios carnívoros y fragmentos de cáscaras de huevos de titanosaurios.

La recuperación de los restos se ha hecho en el transcurso de 5 campañas de excavaciones. La primera tuvo lugar en 2002 y en esta le siguieron otras campañas los años 2007, 2010, 2011 y 2015.

Huellas de dinosaurios carnívoros recuperados en el yacimiento arqueológico
 del Pallars Jussà. (Àngel Galobart)
Los estudios de estos restos han permitido descubrir que el paisaje de la Conca era muy diferente de lo que la gente ve ahora. Galobart ha dibujado un paisaje lleno de palmeras, helechos y con un río con un caudal muy elevado y meandros donde los dinosaurios iban a poner huevos.

El paleontólogo explicó que los dinosaurios vivieron 150 millones de años y los muchos yacimientos que se han excavado han dejado imágenes de periodos muy diferentes. Asimismo, ha insistido en que tan cerca del límite de la extinción de los dinosaurios “no hay otro en Europa”. Por lo tanto, los científicos, con estos restos, podrán dibujar el último paisaje y la forma de vida de los últimos dinosaurios.

Los restos encontrados podrían dibujar como fue la vida de los dinosaurios poco antes de su desaparición