viernes, 24 de enero de 2020

Había cocodrilos de sangre caliente en el Jurásico

Un análisis de los dientes fósiles pertenecientes a algunos de los ancestros antiguos de los cocodrilos ha revelado que al menos un tipo de cocodrilo prehistórico era de sangre caliente.

Vairedad de metriorrínquido - DMITRY BOGDANOV/WIKIPEDIA
Los hallazgos sugieren que aquellos animales, llamados metriorrínquidos, podrían elevar la temperatura de su cuerpo para mantenerse calientes en temperaturas descendentes de una manera similar a las aves y mamíferos modernos.

Los investigadores dicen que esto probablemente permitió a los animales, que vivieron durante los períodos Jurásico y Cretácico, prosperar durante un período de enfriamiento global hace unos 150 millones de años. Sus primos de sangre fría, por el contrario, lucharon por adaptarse y finalmente sobrevivieron.

Ser de sangre caliente fue clave para que los metriorrínquidos desarrollaran un cuerpo similar a un delfín, incluidas aletas y una aleta caudal, y se aventuraran a vivir en los océanos abiertos, dicen los científicos.   

Un equipo de paleontólogos, incluidos investigadores de la Universidad de Edimburgo, analizó la composición mineral de los dientes de metriorrínquidos y una familia estrechamente relacionada conocida como teleosauridos.

Los niveles de oxígeno en el esmalte de los dientes fósiles se vieron afectados por la temperatura corporal de los animales, y medirlos permitió a los investigadores descubrir si eran de sangre fría o caliente.   

Su análisis muestra que los metriorrínquidos podrían elevar su temperatura corporal por encima de la de los alrededores al usar su metabolismo para generar calor, lo que significa que eran de sangre caliente.

Si bien eran menos eficientes para calentarse que la mayoría de los otros animales de sangre caliente, su adaptabilidad probablemente los ayudó a sobrevivir cuando la temperatura del mar cayó al final del Período Jurásico.
Los investigadores descubrieron que los teleosaurios eran de sangre fría y se mantenían calientes de la misma manera que los cocodrilos modernos: tomando el sol. Es posible que hayan tenido problemas para mantenerse calientes cuando la temperatura del mar cayó, lo que podría explicar en parte por qué muchos de ellos se extinguieron al final del Período Jurásico.

"Este descubrimiento nos ayuda a comprender mejor estos cocodrilos extraños. Cambiaron rápidamente de animales que se parecían a los cocodrilos modernos de hocico largo, a unos con aletas, una aleta caudal y ojos masivos, orientados hacia adelante. Su transición de los habitantes de la tierra a los marinos se refleja cada vez más la transformación más conocida que sufrieron los delfines y las ballenas hace millones de años ", dice en un comunicado el doctor Mark Young, investigador de la Universidad de Edimburgo.

El campo magnético primitivo de la Tierra, el escudo que permitió la vida

El campo magnético de la Tierra es invisible pero vital para la protección del planeta y para garantizar la vida en su superficie, y ahora un equipo internacional de científicos ha constatado que el campo que se formó inicialmente fue aún más intenso de lo que se creía.

Año 1969.- Vista del continente africano en La Tierra desde la Luna.EFE/NASA
Esta es la principal conclusión de un trabajo liderado por la Universidad de Rochester (EEUU) que publica la revista PNAS y que aportará pistas sobre la sostenibilidad del escudo magnético de la Tierra y sobre si hay o no otros planetas en el sistema solar con las condiciones necesarias para albergar vida.

Dada la importancia del campo magnético, que protege al planeta del viento solar dañino y de los rayos cósmicos del sol, los científicos han intentado averiguar cómo ha cambiado a lo largo de la historia de la Tierra, un conocimiento que también puede proporcionar pistas para comprender la evolución futura del planeta.

John Tarduno, uno de los autores, afirma que una de las preguntas que quieren responder es por qué la Tierra evolucionó como lo hizo, lo que aportará aún más pruebas de que el "blindaje magnético" se formó muy temprano en la historia del planeta. 
El escudo magnético actual se genera en el núcleo exterior de la Tierra y esto es posible porque el intenso calor del denso núcleo interno hace que esa capa externa, compuesta de hierro líquido, se arremoline y se mueva generando corrientes eléctricas e impulsando un fenómeno llamado geodinamo; el movimiento de un material conductor produce corrientes eléctricas que a su vez generan un campo magnético.
Las corrientes en el núcleo exterior líquido son fuertemente afectadas por el calor que fluye del núcleo interior sólido.

Los científicos no pueden medir directamente el campo magnético, pero, afortunadamente, los minerales que suben a la superficie de la Tierra contienen pequeñas partículas magnéticas que se fijan en la dirección e intensidad del campo magnético en el momento en que los minerales se enfrían de su estado fundido, recuerda la universidad.

Así, los investigadores obtuvieron sus datos paleomagnéticos a partir del análisis químico de cristales microscópicos de circón, los materiales terrestres más antiguos, recogidos estos en Australia.

Un campo magnético de 4.200 millones de años

Investigaciones anteriores de Tarduno encontraron que el campo magnético de la Tierra tiene al menos 4.200 millones de años y ha existido durante casi tanto tiempo como el planeta.

Sin embargo, el núcleo interno de la Tierra es una adición relativamente reciente: se formó hace sólo unos 565 millones de años.

Mientras que los investigadores inicialmente creyeron que el campo magnético temprano de la Tierra tenía una intensidad débil, los nuevos datos del circón sugieren un campo más intenso.

Pero, debido a que el núcleo interno aún no se había formado, el fuerte campo que se desarrolló originalmente hace más de 4.000 millones de años debe haber sido impulsado por un mecanismo diferente: "pensamos que ese mecanismo es la precipitación química del óxido de magnesio dentro de la Tierra", resume Tarduno.

El óxido de magnesio fue probablemente disuelto por el calor extremo relacionado con el impacto gigante que formó la luna de la Tierra. A medida que el interior de la Tierra se enfriaba, el óxido de magnesio podía precipitarse hacia afuera, impulsando la geodinamo. EFE

jueves, 23 de enero de 2020

Una cena en la panza del dinosaurio

El término "dinosaurio", "Dinosauria" en griego académico, fue acuñado en 1842 por el naturalista, anatomista y geólogo Richard Owen, quien era el encargado del área de Historia Natural del Museo Británico

Eduardo Corona-M. / Centro INAH Morelos

Para HK y LYE, porque hay varias historias en deuda, como esta…

El 31 de diciembre de 1853 se llevó a cabo una cena donde se reunieron diversos personajes de la élite inglesa, tanto científica, intelectual y social. Lo inusual de ella, y por lo que ha pasado a la historia, es que además de efectuarse en la panza de un dinosaurio, también sirvió para presentar a la paleontología en la sociedad y popularizar a sus investigadores y sus hallazgos.

Una historia que sigue y se expande hasta nuestros días: ahora la diversidad del planeta que se extinguió forma parte de la mitología cultural, como la denominó el Prof. José Luis Sanz (2009), es decir, se incorpora a los imaginarios, sea en forma de mitos y leyendas, en historias verdaderas o llenas de imprecisiones, donde se dan apropiaciones sociales diversas y se originan patrimonios con diverso grado de significación. Pero, como dicen los anatomistas, vamos por partes, para contar esto…

El surgimiento de un término famoso

El término dinosaurio, Dinosauria en griego académico, fue acuñado en 1842 por el naturalista Richard Owen, quien era el encargado del área de Historia Natural del Museo Británico, y un reconocido naturalista, anatomista y geólogo. El término significa “lagarto terrible” y esto le permitió agrupar una serie de hallazgos recientes de animales fósiles que, por su gran tamaño y características anatómicas, eran muy diferentes de las formas animales conocidas, tanto actuales como extintas, estos comprendían en aquel momento los tres primeros dinosaurios descritos en la literatura científica: Megalosaurus, Iguanodon e Hylaeosaurus. 

Ahora sabemos que el término original “lagarto” es un tanto inexacto, dado que comprenden reptiles con una gran diversidad. Ahora la investigación histórico-paleontológica ha determinado que varios ejemplares descritos en los siglos XVII y XVIII, seguramente pertenecieron a dinosaurios, pero en ese momento fueron asignados como huesos de gigantes, había hasta una disciplina llamada gigantología; o bien se consideraban que eran dragones, peces, mamíferos todos ellos de gran tamaño.

Diente Iguanodon.
Por eso el primer dinosaurio descrito fue el de William Buckland , era un clérigo que se había especializado en mineralogía y geología, que estudio unos restos óseos procedentes de la localidad de Stonesfield, atribuida al período Jurásico, entre ellos destacaba una mandíbula con los dientes en su sitio, sin embargo su morfología no correspondía a los mamíferos, ni a los cocodrilos, eran más parecidos a los de un reptil llamado varano, pero mucho más grandes. A partir de ello concluyó que eran de un reptil gigante, que debió medir cerca de 12 de metros de longitud, por ello lo denomino en latín científico Megalosaurus. Sus conclusiones fueron presentadas en una celebrada sesión de la Sociedad Geológica en 1824 y se convirtieron en referente científico, reforzando la fama de Buckland como naturalista.

El descubrimiento fortuito del Iguanodon

Mantell en excavación.
El otro personaje de nuestra historia era un médico rural inglés, Gideon A. Mantell, quién aprovechaba sus visitas a los enfermos en diversas localidades en la región de Sussex para revisar los yacimientos y canteras que hallaba en su camino, lo que le permitió desarrollar tanto sus conocimientos de fósiles, como adquirir una creciente colección. En sus viajes por la región, frecuentemente era acompañado por su esposa Mary Ann Mantell, quién también adquirió habilidades para identificar materiales fósiles. Se dice que ella, mientras Gideon atendía a un paciente, se halló un fósil en una piedra caliza, este era un diente con un esmalte café.

Gideon comenzó a estudiar el diente, y varios fragmentos más fueron hallados en la misma región. Entre sus características es que presentaban un desgaste propio de los organismos herbívoros, pero tenía características reptilianas. Algo que no se conocía en ese momento. Mantell se dirigió a Buckland en busca de ayuda, pero no obtuvo una respuesta clara. Charles Lyell, otro importante naturalista inglés, viajó a Paris para visitar a Georges Cuvier, quién le dijo que tal vez fueran de un rinoceronte, pero, también le dijo que con los elementos disponibles y por el carácter fragmentario de los materiales, no era posible llegar a una conclusión más sólida, lo que ha sido evidenciado como un protocolo científico que hasta la fecha se sigue desarrollando en la paleontología, es decir, no se pueden aventurar juicios si no hay contrastación contra las evidencias más sólidas. Cuvier, al final, lo animó a seguir la investigación.

Mantell al final se decidió ir en 1824 al Museo Hunteriano, una de las principales galerías de anatomía comparada en Inglaterra, donde se puso manos a la obra para revisar la mayor cantidad de ejemplares de reptiles actuales, ahí descubrió que lo más similar era la dentadura de una iguana, solo que, amplificado muchas veces más; con esa certeza, decidió llamarlo Iguanodon (diente de iguana) y lo presentó en una conferencia de la Sociedad Científica Real en 1825, que fue un gran éxito, donde tanto Mantell como el ejemplar adquirieron fama más allá de los círculos académicos, sobre todo por el tamaño que se estimaba del ejemplar, entre 60 y 70 metros de longitud, la mitad de ellos ocupados por la cola, además posteriormente se hallaron otras piezas, entre ellas un hueso cónico, que se supuso era un cuerno nasal, y así se integró en las reproducciones. Ahora se sabe que es un espolón del primer dedo de la pata delantera.

El primer gran esfuerzo de divulgar la paleontología

Richard Owen.
Richard Owen, como ya se mencionó fue un importante naturalista, que desarrolló estudios diversos, que incluso lo llevó a relacionarse con los académicos de la Sociedad Mexicana de Historia Natural y sobre todo, con Charles Darwin, el creador de la teoría de la selección natural. Un personaje con gran influencia académica y social.

William Buckland.
En 1851 se efectuó la Primera Feria Mundial, donde se presentaron avances de la ciencia, la tecnología, la industria y las artes. Uno de los edificios emblemáticos que se mandó hacer, fue el llamado Palacio de Cristal, que alojo la feria, mismo que luego fue cambiado a otra área en Londres, y se destinó a un museo de arte y ciencia. El esposo de la reina Victoria, al tanto de los hallazgos paleontológicos, sugirió que se hicieran reproducciones a escala real de ejemplares de fauna extinta, y sobre todo de los dinosaurios.

Benjamin Waterhouse.
Esta comisión recayó en Richard Owen y Benjamin Waterhouse, este último era un artista, pintor y escultor, y aficionado a la paleontología. Ambos conformaron un equipo, donde Owen estableció la interpretación académica y Waterhouse, la ilustró. El proceso fue largo y complejo, se hicieron esbozos, se modelaban pequeñas maquetas y luego se hacían los moldes de arcilla, ya con la escala real, de estos se hacían moldes de cemento con un núcleo de hierro, ladrillos y rocas. Las estatuas finalmente eran pintadas y distribuidas alrededor del Palacio de Cristal en tres islas que simulaban una escala de tiempo, se construyeron 15, donde se incluyen en su mayor parte dinosaurios, pero también aves y mamíferos extintos.

La cena y la creciente fama de la paleontología

El trabajo de elaboración de las estatuas se fue haciendo del interés público, de tal forma que para potenciarlo el 31 de diciembre de 1853 se convocó a la elegante cena, organizada Waterhouse y Owen, y donde asistieron 21 personas que incluyó a los inversionistas del Palacio de Cristal, a editores de periódicos, a otros académicos, presididos por sendas mantas donde se hacía homenaje a Cuvier, Mantell, Buckland y el mismo Owen, quien presidia la cena desde la cabeza del molde. Lo más interesante es que la mesa donde se sentaron estaba dentro del molde del Iguanodon, que fue seleccionado por ser el más grande de todos.

Los reportes de prensa señalan que fue un evento muy animado y que los asistentes escucharon las explicaciones detalladas de Owen y Waterhouse, pero que ya cerca de medianoche los gritos conjuntos de celebración por el éxito de la reunión y de la próxima inauguración de la primera exposición pública de este género, fueron tales, que parecía el mismo dinosaurio rugiendo en vida.

Escultura Iguanodon en la actualidad.
El 10 de junio de 1854 fue inaugurado el Palacio de Cristal en su nueva ubicación y con las esculturas terminadas, cerca de 40 mil personas asistieron al evento. Las crónicas dan cuenta del asombro y la expectación por el tamaño y la fiereza con la que estaban representadas las estatuas, pero eso no impidió que los niños acudieran en tropel, que los adultos compraran estampas y reproducciones diversas.

Actualmente, las esculturas siguen asombrando a los asistentes, se han convertido en monumentos protegidos, se desarrollan diversas actividades: conferencias, se celebra el día del dinosaurio, encuentros con profesionistas, en fin, donde las 15 esculturas siguen cumpliendo un papel educativo y sobre todo despertando la imaginación sobre un pasado que la paleontología nos ha permitido conocer.

Científicos chilenos logran importante hito paleontológico: Encuentran primer Temnodontosaurus del hemisferio sur

Los fósiles fueron encontrados por el geólogo Patricio Sepúlveda en 1988, cerca de la antigua mina Mantos Blancos. Fueron estudiados nuevamente 30 años después

En 1988 el geólogo de la Universidad de Chile, Patricio Sepúlveda, estudiaba rocas pétreas al sur de la mina Mantos Blancos cuando identificó restos fósiles de un animal prehistórico. Posteriormente los envío a las bodegas del Museo de Historia Natural en Santiago.

“Cuando empecé mi carrera en los años ochenta, el tema de la paleontología de vertebrados era casi desconocido en Chile. Pero tuve la suerte de trabajar con un geólogo americano que vino al país, con el que aprendí a reconocer huesos. Como en ese entonces, muy pocas personas sabían de esto los trasladé para conservarlos en el museo”, sostuvo el investigador nacional.

Sin embargo, no fue hasta 30 años más tarde que se logró determinar a qué especie pertenecen estos restos. El paleontólogo Rodrigo Otero “redescubrió” los fósiles y determinó que se trataba del primer Temnodontosaurus hallado en el hemisferio sur.

La investigación fue publicada recientemente en el “Journal of South American Earth Sciences”, una revista especializada.

Otero, explicó que los Temnodontosaurus fueron macrodepredarores marinos que habitaron la zona hace aproximadamente 200 millones de años y que hasta la fecha solo se tenían registros de presencia en Europa.

“Los temnodontosaurus son un tipo de reptil marino adaptado completamente a la vida acuática. y tiene modificaciones bastante similares a los que se pueden ver en los delfines. Las extremidades están modificadas como aletas. Y además tienen una aleta dorsal muy parecida. Pero hay que considerar que los delfines aparecen hace 40 millones de años y estos ‘bichos’ datan de al menos 160 millones antes”, comentó.

El inédito hallazgo inspira una serie de interrogantes sobre cómo fue y qué especies pudieron haber habitado en el jurásico inferior en el territorio nacional.

Dos especies de grandes dinosaurios ornitópodos convivieron en Teruel durante el Cretácico Inferior

En un nuevo trabajo de investigación publicado recientemente en la revista científica Spanish Journal of Palaeontology, paleontólogos de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis estudian en detalle diferentes fósiles correspondientes a vértebras dorsales y caudales de al menos tres dinosaurios ornitópodos de gran tamaño. Estos fósiles proceden de dos yacimientos situados en el Cretácico Inferior de El Castellar (provincia de Teruel, España). Concretamente, los yacimientos se sitúan en rocas pertenecientes a la denominada Formación Areniscas y Calizas El Castellar (una unidad geológica que se depositó hace unos 130-127 millones de años aproximadamente, durante el Hauteriviense-Barremiense).  

Reconstrucción del ornitópodo Iguanodon exhibida actualmente en 
Dinópolis-Teruel. (Crédito: Dinópolis)
Los fósiles se han estudiado tanto sistemáticamente (es decir, comparando sus características anatómicas con las de otros dinosaurios ornitópodos de edades similares), como morfométricamente (usando las medidas de las vértebras para representar su distribución espacial en una gráfica junto a la de otros ornitópodos semejantes). Como resultado del análisis de estos fósiles se concluye que dos especies indeterminadas de ornitópodos estiracosternos de gran tamaño coexistieron durante el tramo Hauteriviense-Barremiense en lo que hoy es Teruel: una grande (de más de diez metros de longitud) relacionada con los géneros de ornitópodos robustos Iguanodon y Magnamanus, y otra más esbelta de menor tamaño (de unos seis metros) relacionada con el género Morelladon. Esta diversidad de grandes ornitópodos estiracosternos es similar a la observada en edades geológicas similares en las provincias de Soria y Burgos y demuestra que al menos dos formas, una robusta y otra más esbelta, de estos grandes dinosaurios herbívoros están presentes en este intervalo estratigráfico en la Península Ibérica. 

El título del trabajo publicado en la revista internacional Spanish Journal of Palaeontology es "Diversity of large ornithopods in the upper Hauterivian-lower Barremian (Lower Cretaceous) of Teruel, Spain: A morphometric approach” y está firmado por los paleontólogos Francisco Javier Verdú, Alberto Cobos, Rafael Royo-Torres y Luis Alcalá.

La Fundación Dinópolis viene desarrollando actuaciones paleontológicas (prospecciones, excavaciones, restauraciones y acciones museográficas y educativas) en El Castellar desde el año 2002. Esta última investigación aumenta el variado patrimonio paleontológico en este pequeño municipio de sólo 58 habitantes, situado a 40 km de la ciudad de Teruel y en el que ya se han inventariado 73 yacimientos con fósiles de dinosaurios.  

Esta investigación está enmarcada en diferentes proyectos de investigación del Gobierno de España, del Gobierno de Aragón y de la Sociedad Española de Paleontología. (Fuente: Fundación Dinópolis)

El cráter del asteroide que acabó con los dinosaurios se repobló rápido

Microorganismos resistentes fueron transportados al cráter del asteroide que acabó con los dinosaurios, debido al tsunami gigante que se generó inmediatamente después del impacto.

Ilustración del impacto de Chicxulub - VICTOR LESHYK
Un estudio de la Universidad de Curtin, publicado en Geology, ha proporcionado la primera evidencia molecular de muchas formas de vida fotosintética presentes en el cráter Chicxulub, en Yucatán (México) demostrando cómo hubo microorganismos resistentes después de experimentar condiciones anormalmente hostiles después del impacto del asteroide.

En concreto, los investigadores han encontrado en el cráter 'fósiles' moleculares de plantas terrestres, hongos y esteras microbianas costeras, como los estromatolitos modernos, que coinciden en el tiempo con el impacto del asteroide hace 66 millones de años.

"Nuestra investigación muestra que cuando el polvo del impacto del asteroide se asentó y la luz solar volvió a los niveles ideales, hubo un rápido resurgimiento de plantas terrestres, dinoflagelados, cianobacterias y todas las formas de bacterias anaerobias fotosintéticas de azufre, incluidas las de las esteras microbianas en el área del cráter", explica en un comunicado Bettina Schaefer, doctorando en Geoquímica de la Escuela de Ciencias Planetarias y Terrestres y autora principal del trabajo.

Los hallazgos de la investigación sugirieron que las comunidades de fitoplancton en la cuenca del cráter posterior al impacto continuaron produciendo y evolucionando a un ritmo "rápido".

"El desarrollo y la productividad del fitoplancton estuvo acompañado por transiciones importantes en los suministros de nutrientes y oxígeno que dieron forma a la recuperación de la vida microbiana. Hubo tantas cosas en un período de tiempo tan corto, que realmente fue como un caos microbiano postapocalíptico en el cráter Chicxulub", declaró la profesora de la misma escuela Kliti Grice.

martes, 21 de enero de 2020

Tras las huellas de “Dino”

Los dinosaurios son protagonistas –millones de años después de su muerte– de la obsesión de muchos niños que han crecido y se han dejado seducir por la «dinomanía». Su huella sigue viva

Foto: José Maluenda/La Razon
¿A qué niño no le gustan los dinosaurios? Es una obsesión que a muchos les dura de adultos. De ahí el éxito de los museos y parques palentológicos en todo el mundo. Los padres son los primeros entusiastas en volver a recordar esa ilusión, ese entusiasmo que les producían los mastodónticos animales ya extintos. La mayoría de los fósiles corresponden a huesos de dinosaurio pero también podemos encontrar, entre otras clasificaciones, huevos de estos animales o sus dientes. Las icnitas o pisadas también se consideran fósiles, aunque se encuentran en menor medida. En la península ibérica también se han encontrado importantes yacimientos de fósiles de dinosaurios. Burgos, Lérida, Huesca, Teruel o Asturias son algunos de los lugares donde se han llevado a cabo excavaciones de gran importancia. Pero hay muchos más. Las obras del tren de alta velocidad entre Madrid y Cuenca, en su momento, sacaron a la luz el mejor yacimiento del Cretácico Superior de España y de Europa. En la pequeña localidad conquense de Fuentes, a una quincena de kilómetros de la capital, se han extraído más de 8.000 fósiles de hace 80 millones de años. Una cifra que crece sin parar. Un mundo por descubrir. Un estudio realizado por expertos estadounidenses estima que existieron 1.850 géneros de dinosaurios no avianos, es decir, de dinosaurios que no compartían las características que definen a un ave. Hasta ahora se han hallado 527 géneros. Países como Argentina y China lideran la lista de los países con más hallazgos de fósiles por su tamaño, buen estado y variedad. Aunque no todo es altruismo y «socialización» de este rico legado. Los dinosaurios se han convertido también en objeto del deseo de ricos y poderosos. Dos millones de euros es lo que pagó recientemente un comprador anónimo por un esqueleto de dinosaurio de 8,7 metros de largo que pertenecía a un «feroz carnívoro». Todo en subasta pública. Quizá estemos ante una vieja obsesión de un niño, que ha tenido que crecer y hacerse rico para poder cumplir su sueño infantil...