martes, 26 de mayo de 2020

«Desde los 4 años sabía que quería ser paleontóloga, me quedé fascinada»

ANGÉLICA TORICES | DIRECTORA DE LA CÁTEDRA DE PALEONTOLOGÍA DE LA UR
«Desde que me licencié cada vez hay más mujeres, en carreras de Biología ya hay más que hombres», afirma Torices

Angélica Torices posa en su despacho de la Universidad de La Rioja.
/ MIGUEL HERREROS
Angélica Torices es directora de la Cátedra de Paleontología de la Universidad de La Rioja. Nacida en Madrid en 1977, recuerda que «desde los 4 años sabía que quería ser paleontóloga porque mi padre me regaló un libro de dinosaurios y me quedé fascinada por ese mundo, así que todos mis estudios se enfocaron a eso».

Estudió en la Facultad de Ciencias Geológicas de la Universidad Complutense de Madrid, especializándose en Paleontología, y realizando allí mismo sus tesis bajo la directriz de quien se convirtió en uno de sus referentes, la catedrática Nieves López Martínez. Gracias a ella, Angélica Torices analizó a los dinosaurios carnívoros del sur de los Pirineos. «Los estudié a partir de los dientes, los restos más abundantes de los dinosaurios, porque al estar hechos de esmalte, en el proceso de fosilización aguantan más que el hueso, además de que estos animales cambiaban continuamente, reemplazándolos, duraban un año o año y medio, así que producían muchos dientes», explica Angélica Torices.

La paleontóloga continuó con su investigación en la Universidad de Alberta, en Canadá, estudiando los dinosaurios carnívoros de allí, hasta que pudo optar, y logró en 2016, un contrato postdoctoral en la Universidad de La Rioja, donde dirige la Cátedra de Paleontología. Y aquí cuenta con un territorio idóneo para su pasión y profesión. «La Rioja tiene un patrimonio excepcional en cuanto a huellas de dinosaurios, más de 150 yacimientos y más de 10.000 huellas, así que protegerlo y estudiarlo es una tarea ardua», explica Angélica Torices.

«Lo que más me preocupa es protegerlo porque no los podemos llevar a un museo. Lo ideal sería poder realizar copias digitales para preservarlo para generaciones futuras y como herramienta de educación y divulgación, para que el público se acerque, como la realidad aumentada del yacimiento de La Virgen del Campo (Enciso), donde se puede ver al animal encima de las huellas, para identificarlo», describe la paleontóloga.

La presencia de la mujer en esta profesión es cada vez mayor. «Desde que me licencié cada vez hay más mujeres, en carreras de Biología ya hay más que hombres, aunque quizá sí hay menos mujeres en puestos de dirección, nos queda bastante trabajo en ese sentido», opina. Ella, como referentes, tiene a Gloria Cuenca y, sobre todo, a Nieves López, «mi madre científica, la que me ha ayudado a dar los primeros pasos, a ser rigurosa y también cabezota, a perseguir mi sueño».


Cine y dinosaurios, una combinación irresistible

  • Octavio López Sanjuán publica Hace un millón de años
  • Un pormenorizado repaso a los dinosaurios en la historia del Séptimo Arte 

Cartel de la película 'Hace un millón de años'
A todo el mundo le gustan los dinosaurios, sobre todo a los niños. Y gran parte de esa fascinación nos viene del cine, ya que el Séptimo Arte ha hecho posible que esos grandes saurios convivieran con los humanos. Ahora, Octavio López Sanjuán repasa las películas más recordadas del género, y nos descubre algunos tesoros, en el libro Hace un millón de años. Todo el cine de dinosaurios (1914-1987) (Diábolo Ediciones).

"Me lo he preguntado muchas veces de donde nos viene esa fascinación por los dinosaurios -confiesa Octavio-, y no sé si existe una respuesta clara. Por un lado, su aspecto y tamaño nos llama muchísimo la atención. Enormes bestias como los saurópodos y feroces carnívoros como el famoso tiranosaurio estimulan nuestra mente por sus mastodónticas dimensiones. En este sentido, los grandes devoradores de carne se aferran a nuestro instinto de supervivencia, mostrando nuestra admiración de igual manera que nos maravillamos -es un decir- por los tiburones. Sentirnos presas activa algo en lo más atávico de nuestra mente. Podríamos resumirlo en que los dinosaurios nos hacen sentirnos insignificantes ante su contundente naturaleza".

Cartel de 'King Kong' (1933)
"Por otro lado -añade-, ya no se encuentran entre nosotros, lo que añade un halo de misticismo, de algo prohibido y misterioso, a su existencia. Y a eso tenemos que añadirle su repentina desaparición de la faz de la Tierra, que potencia sobremanera ese factor recóndito. También está la musicalidad de alguno de sus nombres. Es inevitable, creo yo, no sentir admiración ante un animal que se llama Tyrannosaurus rex". 

"A nivel personal -confiesa Octavio-, mis primeros recuerdos en torno a los dinosaurios giran en torno a los libros sobre el tema que se publicaron a principios de los ochenta, especialmente sus bellísimas ilustraciones. Y por supuesto, mi pasión por estos animales se desbordó cuando me topé con esa obra maestra que es King Kong (1933), que también sirvió para forjar mi amor por el cine. La manera en que están retratados los dinosaurios en esta película, siempre con escenas emocionantes pero a la vez sugerentes por su halo onírico, todavía consigue que me quede prendado con la pantalla".

El libro

Octavio nos comenta commo ha estructurado este volumen: "El texto, en su mayor parte, sigue el orden cronológico de las películas que contienen dinosaurios y animales prehistóricos. Asimismo, cada uno de los capítulos se centra en una producción que por diversos motivos goza de cierta importancia en el momento de su estreno. Pero no son capítulos estancos, y en la gran mayoría de ocasiones el texto va saltando de un largometraje a otro, abriéndose paso a través de las épocas para conseguir una visión global de determinados aspectos".

Portada del libro 'Hace un millón de años'
"Por citar dos ejemplos -añade-, el segundo capítulo está dedicado al clásico del cine mudo El mundo perdido de 1925, pero sirve también para conocer el resto de producciones que adaptaron la inmortal obra de Arthur Conan Doyle. Ya casi al final encontramos otro capítulo dedicado a los mitos criptozoologicos, y si bien se reincide en Baby, el secreto de una leyenda perdida (1985), recorremos el resto de producciones con presencia de animales prehistóricos naturales de esta temática, como puede ser el monstruo del Lago Ness, comúnmente descrito como un reptil marino similar a un plesiosaurio.

Cine y dinosaurios, un romance temprano

Cartel de 'El mundo perdido' (1925)
A pesar de las dificultades técnicas, el cine siempre se las apañó para dar vida a los dinosaurios desde principios del Siglo XX., "Sin duda alguna la producción inaugural de este universo cinematográfico fue la brontosaurio Gertie (1910), protagonista de un corto de animación realizado por Winsor McCay. Y si bien Buster Keaton se subía a lomos de un brontosaurio o El gordo y el flaco coqueteaban con esta fauna, la auténtica película inaugural del género fue El mundo perdido (1925). El máximo artífice de devolver a la vida a estos animales para la película fue Willis O’Brien, que ya llevaba varios años plasmando estas bestias mediante la técnica de animación fotograma a fotograma, y que se convirtió en el auténtico padre de los dinosaurios en el cine. Su labor estimularía a un sinfín de artistas, incluido su más emblemático sucesor, Ray Harryhausen".

"En ese sentido -alude Octavio-, el libro trata también de poner de relieve la incontestable importancia que tuvieron los artistas de efectos especiales a la hora de resucitar a los dinosaurios, haciendo hincapié y una reverencia ante cada uno de los grandes maestros de sus respectivas técnicas".

Los creadores de vida y sus técnicas

Pedimos a Octavio que repase los títulos que inventaron o han hecho avanzar el género en estos más de cien años de cine: "La citada El mundo perdido (1925) me parece esencial en ese aspecto fundamental que mencionas. Fue la primera película en emplear una estructura argumental que después se instauró como habitual. Es decir, la humanidad llega a un paraíso perdido, encuentran animales prehistóricos, trasladan a uno de ellos a la civilización, donde éste se escapa y siembra el caos. Este orden de acontecimientos se retomó por ejemplo en King Kong, que también contó con efectos especiales de Willis O’Brien. Este genio de la animación tenía un don especial para dar vida a los animales, añadiendo pequeños detalles que les aportaban una gran personalidad. Por ejemplo, cuando aparece el tiranosaurio en King Kong, lo hace rascándose la cabeza, un pequeño gesto que le confería mucha naturalidad, que se correspondía con lograr un gran verosimilitud en pantalla".

Willis O'Brien trabajando en 'El mundo perdido'
"El también mencionado Ray Harryhausen recogió su testigo -añade Octavio-, depuró la técnica del stop-motion facilitando el proceso, y consiguió maravillas increíbles como constatan sus escenas para Hace un millón de años (1966), El valle de Gwangi (1969) o El monstruo de tiempos remotos (1953). Poco después llegaron otros artistas como Jim Danforth, Roger Dicken, David Allen y Phil Tippett, que bajaron, entre aplausos, el telón de la animación fotograma a fotograma de los dinosaurios en su ocaso a finales de los ochenta".

"Y aunque el stop-motion fue la técnica dominante -continúa-, otras películas tan espléndidas como Japón bajo el terror del monstruo (1954) emplearon el recurso del hombre disfrazado. Aquí, el especialista Haruo Nakajima se metía dentro de la piel de Godzilla, siguiendo las instrucciones de Eiji Tsuburaya, el maestro japonés de los efectos especiales que alcanzó el olimpo con esta técnica y su posterior destrucción de maquetas".

El rodaje de 'Viaje a la prehistoria'
"No podemos olvidarnos tampoco de Karel Zeman -añade Octavio-, que empleó no sólo la animación fotograma a fotograma, sino todo tipo de técnicas como marionetas, trucos de perspectiva o construcciones a tamaño real para devolver a la vida a estos animales, como queda patente en esa pequeña joya que es que Viaje a la prehistoria (1955)".

"Ya con la llegada de los noventa, se asentaron otro tipo de técnicas, como los animatrónicos liderados por Stan Winston y su equipo, y la aparición de otros recursos tan esenciales como la animación digital donde Dennis Muren deslumbró a todo el mundo con sus recreaciones para Parque Jurásico (1993). Creo que este podría ser un buen resumen".

Rodaje de 'Japón bajo el terror del monstruo'
Los efectos especiales han sido fundamentales para animar esos dinosaurios en estos más de cien años de cine. "A tenor de lo expuesto anteriormente -nos comenta Octavio-, la evolución de las técnicas ha ido ligada principalmente a una máxima: conseguir que el espectador se crea que está viendo un dinosaurio. Que esa persona consiga romper por un momento su incredulidad inicial y se deje llevar por la magnificencia de estos animales. En ese sentido, creo que en sus respectivos momentos, O’Brien y Harryhausen lo consiguieron, y con Parque Jurásico el éxito fue absoluto. Por tanto, creo que es indisoluble esa relación entre la técnica más depurada y la implicación del espectador. Me sigo quitando el sombrero ante la escena del ataque del Allosaurus en Hace un millón de años, o la escapada del recinto del Tyrannosaurus en Parque Jurásico".

Cine y ciencia

Ya sabemos que los dinosaurios y los humanos nunca coincidieron, como pasa en todas las películas del género. Pero... ¿Hasta que punto han sido científicamente rigurosas? "Esta es una asociación muy interesante porque la rigurosidad científica siempre ha ido un paso por detrás de su plasmación en pantalla -confiesa Octavio-. Durante mucho tiempo, los dinosaurios eran considerados animales torpes, de movimientos pesados, con su cola arrastrando por el suelo. Hasta finales de los ochenta, gran parte de las producciones cinematográficas mostraban esta fisonomía en los animales, si bien desde principios de los setenta ya se estaba empezando a cambiar el paradigma hacia una biología de los dinosaurios más activa y vinculada directamente con las aves".

'El valle de Gwangi'
"El cine tardó dos décadas en actualizarse -añade-, hasta que Parque Jurásico instauró este nuevo modelo de manera aplastante, pero en la actualidad estamos en la misma situación. El impacto que supuso la plasmación de los dinosaurios de Steven Spielberg fue tan enorme, que ahora cuesta desprenderse de esa imagen aun cuando los nuevos descubrimientos en el campo de la paleontología exponen que su aspecto era un tanto diferente. El ejemplo más sencillo es el descubrimiento de plumas en varios carnívoros. Sin embargo en la saga de Parque Jurásico somos reticentes a aceptar este nuevo modelo emplumado en los velocirraptores".

Las películas más bizarras y divertidas de dinosaurios

Además de aterrorizarnos, los dinosaurios cinematográficos también han protagonizado momentos muy cómicos. A veces adrede y otras por cutres. "Existe toda una vertiente de cine prehistórico en clave de comedia -comenta Octavio-. Desde esos albores que hemos comentado de los personajes icónicos de Keaton, Laurel y Hardy, hasta llegar a una de las producciones más conocidas como es Cavernícola (1981). Protagonizada por Ringo Starr, tiene además unos dinosaurios por stop-motion hilarantes, en concreto un reptil cuadrúpedo de ojos saltones y un tiranosaurio amorfo que termina bajo el influjo de sustancias psicotrópicas".

El tiranosaurio de 'Cavernícola'
"Una de las propuestas más singulares, que también me toca a nivel personal, puede que sea El ataque de los supermonstruos (1982) -añade el autor-. En realidad, este largometraje procedía de una serie de televisión japonesa, pero en Estados Unidos y España se comercializó como una película tal cual, uniendo los cuatro primeros episodios uno detrás de otro. En cualquier caso, la mezcla no podía ser más explosiva: personajes de dibujos animados peleando contra dinosaurios realizados con hombres disfrazados. Fue la primera producción que vi empleando ese recurso del traje, y me enamoró totalmente, conduciendo mi camino hacia Godzilla y compañía, otra de mis obsesiones".

'El planeta de los dinosaurios'
Destacar también la mezcla de los dinosaurios con otros géneros, que nos ha dejado imágenes imborrables: "En cuanto a maridajes rimbombantes, las dos aportaciones más reseñables incluyen por un lado a dinosaurios en el mundo del wéstern. Creo que es una asociación que funciona muy bien, y tenemos producciones tan recordadas como The Beast from Hollow Mountain (1956) o El valle de Gwangi (1969). También, gracias a la imparable capacidad de imaginación del ser humano, tenemos dinosaurios en otros planetas, como demuestran las películas de El planeta de los dinosaurios (1977) o El planeta de las tormentas (1962). Todo ello en el cine «clásico» de dinosaurios, porque con el desenfreno digital de la actualidad nos llegaron propuestas tan locas como tiranosaurios interdimensionales, aztecas o zombis".

Los dinosaurios y el cine español

¿Cúal es la relación de los dinosaurios con el cine español? ¿Estuvieron en la Guerra Civil? Aunque no os lo creáis está el fantástico corto Carlosaurio, que mezcla las películas de Carlos Saura con los dinosaurios. "La relación es muy estrecha y escueta -asegura Octavio-, si bien se ha ampliado un poco más recientemente. Tenemos icónicas muestras como El valle de Gwangi, Hace un millón de años o Cuando los dinosaurios dominaban la tierra, que se rodaron en España. Y después tenemos al gran Juan Piquer Simón, uno de los pocos directores patrios que realizaron un largometraje con presencia de dinosaurios. En este caso, la muy divertida y fantástica Viaje al centro de la Tierra (1976), con efectos de Paco Prósper y su equipo. De igual manera tenemos la inenarrable Serpiente de mar (1984), con esa enorme culebra prehistórica que da nombre a la cinta. O esa gema secreta llamada El sonido de la muerte (1964), con un dinosaurio invisible".

"El universo se abrió cuando J.A. Bayona dirigió Jurassic World: El reino caído (2018), la quinta entrega de la saga que empezó Steven Spielberg, lo que amplió de manera considerable la filmografía prehistórica española. ¡Esperemos que pronto esa lista sea todavía más grande!" -concluye Octavio-.

       
                                                     'Jurassic World: el reino caído'                                                

Las mejores escenas de dinosaurios

Pedimos a Octavio que nos comente sus escenas de dinosaurios favoritas de la historia del cine: "En primer lugar, destacaría la lucha entre el tiranosaurio y King Kong del clásico de 1933. Tiene una energía imparable y fue determinante para cientos de batallas prehistóricas que vinieron después".

"Después, me quedo con la devastación londinense del Brontosaurus en El mundo perdido (1925), por el mismo motivo pero en esta ocasión por el caos urbano que provoca la bestia. También me parece muy reseñable el combate a ritmo de Igor Stravinski del tiranosaurio y el estegosaurio de Fantasía (1940), la epopeya musical de Walt Disney".

"Ya he citado -añade- el magnífico ataque del Allosaurus de Hace un millón de años, así que me quedo con esa otra escena de Cuando los dinosaurios dominaban la tierra donde aparece un plesiosaurio a luz nocturna atacando el poblado de la tribu".

El allosaurus de 'Hace un millón de años'
"Para finalizar, destaco también la muerte de la madre de Piecito de En busca del valle encantado (1988), y como también he citado la huida del tiranosaurio en Parque Jurásico, elijo otro momento también muy icónico del mismo filme: la primera vez que vimos un dinosaurio con ese Brachiosaurus imponente pastando entre los árboles, ante la mirada atónita de Alan Grant y bajo la mágica banda sonora de John Williams".

Habrá una segunda parte del libro

Octavio López Sanjuán retratado por Laura Sanjuán
El libro concluye en 1988. La razón es que Octavio ya está terminando la segunda parte: "Si todo marcha según lo previsto, en unos meses saldrá el segundo volumen de Hace un millón de años, que abarcará desde 1988 hasta nuestros días. Películas tan emblemáticas como En busca del valle encantado, toda la saga de Jurassic Park, o las más recientes producciones estarán en ese volumen. En realidad, está prácticamente finalizado, sólo me queda darle un pequeño empujón a un capítulo que hemos reservado exclusivamente para el segundo volumen, el dedicado a las series de televisión, y que completará este estudio pormenorizado de toda esa filmografía prehistórica, amada y añorada, que Diábolo ediciones ha publicado de manera espectacular".

No es su único proyecto: "Ahora mismo me encuentro ultimando los toques finales de dos monográficos que he preparado, uno sobre los bebés mutantes de Larry Cohen, y otro sobre esas bolas peludas antropófagas que son los Critters" -concluye-.

El Coll de Nargó hace 65 millones de años

En este municipio del Alt Urgell hay uno de los yacimientos sobre la prehistoria más importantes del mundo y una de las fuentes de información sobre los dinosaurios

El Coll de Nargó nos traslada a la época de los dinosaurios. 
(Jordi García Castelló / JGC)
Jordi García Castelló nos propone en Las Fotos de los Lectores de La Vanguardia un viaje no por la historia, sino por la prehistoria, para conocer el Coll de Nargó de hace más de 65 millones de año.

“Durante finales del Paleozoico y principios del Mesozoico el supercontinente Pangea completó su ruptura tectónica formando los Continentes de hoy”, explica, antes de señalar que “todos estos movimientos provocaron el surgimiento de grandes cadenas montañosas submarinas y la elevación del nivel del mar”.

Las huellas del pasado del Coll de Nargó. (Jordi García Castelló / JGC)
“El Cretácico, periodo geológico de la Tierra, se caracterizó por su duración entre 146 y 65 millones de años aproximadamente”, apunta, “el clima cálido y húmedo del mar de Tethys conectaba los dos grandes océanos de Este a Oeste contribuyendo a mantener estable el clima global”.

“En la Tierra, los mamíferos continuaron siendo un componente menor de la fauna, que seguía dominada por los Dinosaurios que alcanzaron ahora su mayor diversidad”, detalla.

“El Coll de Nargó és un municipio de la comarca del Alt Urgell situado a la derecha del río Segre y al lado del pantano de Oliana”, describe el lector.

El pantano de Oliana. (Jordi García Castelló / JGC)
“En este municipio se encuentra uno de los yacimientos arqueológicos sobre la prehistoria más importantes del mundo y es una de las fuentes de información sobre el momento en que se extinguieron los últimos grandes dinosaurios y comenzó una nueva era dominada por los mamíferos”, remarca.

“Podemos observar en el yacimiento puestas de huevos de dinosaurios de finales del Cretácico (65 millones de años) pertenecientes a Aurópedos, dinosaurios cuadrúpedos herbívoros, y pisadas de los mismos”, explica Jordi García.

Hallazgos en la obra del nuevo Aeropuerto Felipe Ángeles reconstruyen el devenir de la Cuenca de México

  • Restos correspondientes a alrededor de 60 mamuts y 15 enterramientos humanos dan a los expertos una oportunidad sin precedentes para indagar en más de 30 mil años de historia
  • El INAH avanza en el proyecto de salvamento arqueológico de la terminal aeroportuaria, con la propuesta de crear un museo de sitio en la Ex Hacienda de Santa Lucía 

Hallazgos en la obra del nuevo Aeropuerto Felipe Ángeles reconstruyen
el devenir de la Cuenca de México.
Zumpango, Edo. Méx.- El descubrimiento y la recuperación de osamentas correspondientes a alrededor de 60 mamuts, así como de 15 enterramientos humanos de época prehispánica en los terrenos donde se construye el Aeropuerto Internacional General Felipe Ángeles –antes ocupados por la Base Aérea Militar de Santa Lucía– permite a las secretarías de Cultura, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y de la Defensa Nacional (Sedena) avanzar en el entendimiento del devenir de la Cuenca de México.

Hasta el momento, el INAH ha abierto 23 frentes de exploración en los terrenos donde se construye la instalación aeroportuaria, como parte de un proyecto de salvamento arqueológico y paleontológico, el cual se lleva a cabo con el respaldo logístico y financiero de la Sedena, y se desarrolla en apego a la legislación en la materia.

El coordinador nacional de Arqueología del INAH, Pedro Francisco Sánchez Nava, precisa que los restos óseos se localizaron en tres áreas de exploración y que aún se están estabilizando, analizando y clasificando por lo que, aclara, aún no es posible determinar cuántas osamentas podrían estar completas.

Una de las áreas de exploración se localiza en lo que fue la orilla del lago de Xaltocan, de ahí que las osamentas que resguarda estén mejor integradas anatómicamente, a diferencia de los elementos encontrados más dispersos en las dos áreas restantes, ubicadas hacia partes más profundas del otrora cuerpo lacustre.

Los ejemplares de mamuts, subraya el arqueólogo, pertenecen a la especie Mammuthus columbi –abundante en Norteamérica durante el Pleistoceno, era geológica concluida hace 12,000 años–, e incluyen a machos, hembras y crías, los cuales, probablemente, murieron al quedar atascados en el lago, debido a que su profundidad variaba e, incluso, llegaba a desecarse hasta quedar convertido en un espacio pantanoso.

A diferencia del contexto inédito de caza de mamuts descubierto por el INAH en el también municipio mexiquense de Tultepec, en noviembre de 2019, la megafauna de Xaltocan –localizada a profundidades que median entre los 80 centímetros y los 2.5 metros– no presenta huellas de cacería humana o acomodos antropogénicos. Sin embargo, no se descarta que los humanos hayan aprovechado a estos pesados animales, una vez que quedaban atascados en el fango.

Sánchez Nava, en conjunto con Salvador Pulido Méndez, director de Salvamento Arqueológico del INAH, refiere que estos ejemplares han sido descubiertos desde octubre de 2019 a la fecha y que han sido explorados por un grupo de arqueólogos que hoy llega a treinta, más el apoyo de tres restauradores, equipo de especialistas encabezado por el doctor Rubén Manzanilla López, con el fin de garantizar su correcta extracción para posteriores estudios, los cuales permitan determinar sus temporalidades, dietas y patologías, entre otros aspectos.

“Hasta el momento, en los terrenos no se han registrado hallazgos que lleven al replanteamiento de la obra en construcción, ni total ni parcialmente. Más bien, los trabajos han permitido al INAH una coyuntura de investigación en un espacio donde, si bien se sabía de la existencia de vestigios óseos, no se había tenido la oportunidad de localizarlos, recuperarlos y estudiarlos”, declara Pulido.

Sobre los 15 entierros humanos del periodo prehispánico también descubiertos, los arqueólogos señalan que pertenecerían a agricultores que fueron inhumados domésticamente, ya que algunos estaban acompañados de ollas, cajetes y figurillas de barro, como la de un perro.

El equipo en campo, liderado por el arqueólogo Manzanilla López, teoriza que la presencia teotihuacana en el sitio no fue muy significativa y que la continuidad del asentamiento ocurre principalmente hacia el periodo Epiclásico (750 - 950 d. C.), de acuerdo con los tipos cerámicos del complejo denominado Coyotlatelco.

Fue hacia el periodo Posclásico (950 - 1521 d.C.) cuando se estableció el señorío de Xaltocan, del cual se han encontrado vestigios asociados en los terrenos ahora explorados, consistentes en cerámicas de tipo azteca. Los enterramientos, sobre los cuales también se profundizará en gabinete, pertenecerían a esta última fase de ocupación. 

Ex Hacienda de Santa Lucía, propuesta como museo de sitio

“La historia del lago Xaltocan y de la región de Santa Lucía es fascinante”, comenta Pedro Francisco Sánchez Nava al señalar el motivo por el cual se ha considerado la propuesta de habilitar el casco de la antigua hacienda de Santa Lucía como un museo de sitio integrado al Aeropuerto Internacional General Felipe Ángeles.

Este inmueble, de acuerdo con información de la Sedena, tiene sus antecedentes más tempranos en 1576, con una fundación atribuida al jesuita Pedro Sánchez. Ya para fines del siglo XVIII, con la expulsión de dicha orden religiosa de la Nueva España, el predio pasó a manos de Pedro Romero de Terreros, primer Conde de Regla.

En la época independiente fue propiedad del gobierno mexiquense, el cual, a su vez, la cedió a la federación para establecer allí la Base Aérea Militar N° 1, inaugurada en 1952, para absorber y ampliar la función del campo de aviación militar de Balbuena.

“La propuesta es que el casco de la hacienda, el cual fue bien conservado por la Sedena, con modificaciones reversibles y cuidadosas, se convierta en un espacio de divulgación, donde podamos mostrar a quienes arriben al aeropuerto, no solo mamuts, sino también vestigios de la ocupación teotihuacana, del paso de los mexicas, de la historia jesuita durante la evangelización y, en general, del devenir de la región y de la construcción de nuestro país”, concluye Sánchez Nava.


miércoles, 20 de mayo de 2020

Atapuerca ofrece una excavación reducida a la espera de la Junta

La reunión de la Fundación no plantea cambios sobre la propuesta inicial: 50 investigadores en el mes de julio. En Torrelara ni la falta de fondos les ha parado en campañas pasadas y, con una excavación más reducida, sí preocupa la situación sanitaria

YACIMIENTO DE DINOSAURIOS EN TORRELARA. ECB
A la espera de ver cómo evolucionan los diferentes pasos de la desescalada por la pandemia del Covid. Así están las principales excavaciones arqueológicas que se celebran cada verano en la provincia como el complejo de Atapuerca y el yacimiento de dinosaurios en Torrelara.

Respecto a Atapuerca la reunión celebrada ayer vía on line permitió confirmar la reducción de excavadores y yacimientos. Una propuesta sobre la que será la Junta de Castilla y León quien tenga la última palabra sobre si el sonido de repiquetear en la cuadricula de Gran Dolina se va a repetir este verano.

Primero porque es la Administración regional quien propone las fases de desescalada, en las que Castilla y León va rezagada. Y segundo porque es quien autoriza la excavación en zonas patrimoniales como esta y quien la financia.

Por cuestiones sanitarias y de seguridad, a principios de mayo el codirector Eudald Carbonell ya anuncio que la excavación sería más corta y más reducida. Establecía la necesidad, por la emergencia sanitaria que se ha generado en todo el mundo, de reducir el personal que podría acercarse hasta los yacimientos este verano. Se plantea un grupo de 50 arqueólogos de dilatada experiencia.

Lo habitual en las excavaciones de la última década es que participen unas 200 personas que se organizan con un grupo de responsables, miembros con experiencia del Equipo de Investigación de Atapuerca y que están acompañados, por quincenas, con otro grupo de unas 50 personas. Este grupo estable que se mantiene durante toda la excavación será, previsiblemente, quien se mantenga en el trabajo de campo este año.

También está la ausencia ya confirmada el pasado 9 de mayo de los profesionales residentes en el extranjero. Desde que el SARS-Cov-2 ha roto la normalidad en todo el mundo los viajes en avión y entre diferentes países se ha complicado mucho. “Todos serán investigadores del equipo en España y de toda la vida. De fuera nadie, hace 15 días que lo paralizamos, es imposible en las condiciones que se está poniendo el país tener gente de fuera”, explicaba Carbonell a principios de este mismo mes de mayo.

Por tanto, también se reduce la superficie de excavación que en los últimos años había sumado nuevos retos. El trabajo se centrará en los yacimientos de Trinchera del Ferrocarril: Elefante (donde podrían llegar a la base), Galería y Dolina (que buscan bajar lo más rápido posible a TD-6 donde esperan más restos de Antecessor); Cueva Mayor: Sima de los Huesos (un espacio reducido que siempre ofrece restos humanos), Galería de las Estatuas (donde el año pasado se planteó excavar la entrada) y Cueva Mayor. Se mantendría también la actividad en Cueva Fantasma.

El Colectivo Arqueológico-Paleontológico de Salas (CAS) también está a la espera de ver cómo evoluciona la pandemia antes de decidir si vuelven a hincar el diente al fructífero yacimiento de Torrelara. Este equipo, mucho más modesto, ha vuelto cada verano al campo aún sin fondos. Pero preocupa la situación sanitaria. «No somos un grupo humano muy grande pero es un tema muy delicado porque no queremos que pueda haber un problema con todo esto», explica el director de la excavación, Fidel Torcida. Así que están a la espera primero de ver cómo evoluciona la desescalada en la provincia de Burgos y después analizar las medidas de seguridad que permitan la excavación. En este caso el reto es un yacimiento como el de Torrelara con gran profusión de restos donde destaca dos ejemplares de un gran saurópodo por identificar.


Científicos argentinos y españoles mapean en la Antártida los restos del meteorito que acabó con los dinosaurios

El trabajo ayuda a comprender los grandes cambios climáticos y paleoecológicos que tuvieron lugar en la tierra.

Científicos del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) y del Instituto 
Antártico  Argentino en la Antártida mapearon en la Antártida los restos 
del meteorito que acabó con los dinosaurios.
Un equipo de científicos españoles y argentinos logró cartografiar en la Antártida los indicios del meteorito que acabó con la vida de los dinosaurios en la tierra.

Los materiales geológicos cartografiados en la isla Marambio contienen un registro fósil excepcional, muy estudiado por científicos de todo el mundo, en el que se concentran la mayoría de las publicaciones paleontológicas de esta zona de la Antártida, según informó este miércoles el Instituto Geológico y Minero de España (IGME).

La cartografía registra también la apertura del Estrecho de Drake, que tuvo lugar hace unos 34 millones de años y que dio lugar al desarrollo de la Corriente Circumpolar Antártica, lo que contribuyó al aislamiento térmico de la Antártida y al inicio de la generación de los actuales casquetes glaciares.

El trabajo es fruto de una investigación conjunta de investigadores del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) y del Instituto Antártico Argentino en esa isla, un lugar "excepcional" del planeta por su riqueza geológica y paleontológica.

Manuel Montes, investigador del IGME, explicó en una nota de prensa que "la importancia de esta cartografía geológica es que ayuda a comprender los grandes cambios climáticos y paleoecológicos que tuvieron lugar en la Tierra".

El trabajo de investigación que supone la realización del mapa representa una completa base de datos que será usada por futuros grupos de investigadores como paleontólogos, geoquímicos o paleoclimatólogos, según el investigador español.

La isla Marambio se encuentra en las proximidades del extremo nororiental de la Península Antártica y es uno de los lugares más interesantes y visitados de la Antártida por los investigadores.

Su interés radica en que en ella se encuentra el estrato geológico más extenso y austral del planeta que alberga los restos del meteorito causante de la extinción de los dinosaurios.

Esta capa corresponde al denominado límite K-Pg (entre las épocas geológicas Cretácico y Paleógeno), con una edad de unos 66 millones de años.

Ese nivel contiene el registro de un cambio fundamental en la historia evolutiva de la vida en la tierra, ya que significó la extinción de la mayoría de los grupos faunísticos dominantes hasta entonces, como los dinosaurios y los reptiles marinos y la expansión de otros, como los mamíferos.

Cuando el meteorito de unos 10 kilómetros de diámetro impactó, al parecer en las costas de lo que hoy es la península del Yucatán, en México, sus cenizas se esparcieron por todo el mundo y durante décadas estuvieron decantándose sobre toda la superficie de la Tierra.

Estas cenizas eran ricas en elementos raros como el iridio, que aparece en proporciones ínfimas en la superficie de la tierra pero que es más abundante en los meteoritos.

La anomalía geoquímica, junto con las extinciones de grandes grupos de fósiles, se encuentra registrada dentro de un estrato verdoso, de unos cinco metros de espesor, que a lo largo de siete kilómetros atraviesa la isla de Marambio; esa capa verdosa se ha cartografiado con detalle por primera vez en estos mapas.

El estudio de esta capa puede ofrecer las claves para entender los actuales cambios climáticos y su relación sobre la evolución de los seres vivos, destaca el IGME, y recuerda que la importancia de estos afloramientos es tan grande que ya se plantea la posibilidad de declarar el lugar como "Geosite" (lugar geológico de relevancia internacional) de la Antártida.

Fuente: EFE.


Exitosa primera expedición paleontológica a la precordillera de Atacama descubre fósiles de 320 millones de años

Un grupo de paleontólogos descubrieron huellas de tetrápodos, tanto de anfibios como de reptiles, las huellas de tetrápodos más antiguas de Sudamérica y de las más antiguas en el Hemisferio Sur. También encontraron moluscos, peces, trazas de artrópodos como milpiés e insectos y de otros invertebrados. 

Una de las huellas descubiertas. FOTO: UDA
La cordillera de Atacama esconde secretos maravillosos. Cada año aumentan los montañistas y turistas que llegan a estos parajes atraídos por lagunas de aguas turquesas, cerros y montañas de diferentes colores, salares interminables y, por supuesto, la majestuosidad y altura del volcán Ojos del Salado, que domina una de las zonas más agrestes de la Cordillera de Los Andes.

Sin embargo, hay mucho más que descubrir como lo ha demostrado un equipo de investigadores liderados por el paleobotánico, Philippe Moisan, académico de la Universidad de Atacama (UDA) y el paleontólogo alemán, Sebastian Voigt, director del Museo Paleontológico y Geológico Geoskop, en Thallichtenberg, Alemania, quienes han realizado importantes hallazgos en la precordillera de Atacama, donde se pueden apreciar, por ejemplo, rocas pertenecientes al período Carbonífero.

Los hallazgos paleontológicos incluyen huellas de tetrápodos, tanto de anfibios como de reptiles. “las cuales corresponderían a las huellas de tetrápodos más antiguas de Sudamérica y de las más antiguas en el Hemisferio Sur”, explica Moisan.

También se han encontrado moluscos, peces, trazas de artrópodos como milpiés e insectos y de otros invertebrados de cuerpo blando y plantas. “Es decir, tenemos distintos grupos de fósiles que habitaron desde ambientes marinos a continentales, lo cual junto a información sedimentológica y estratigráfica, nos permitirá la reconstrucción de estos ecosistemas”, agrega el académico de la UDA.

Según ambos científicos, “los hallazgos encontrados cambiarán la visión de la evolución de la vida durante el Paleozoico tardío, específicamente durante el Carbonífero Superior (Pensilvánico, entre unos 323 a 300 millones de años aproximadamente) en el hemisferio sur”.

Esta primera expedición duró 10 días, en la zona precordillerana de Atacama, misión que forma parte del proyecto FIC “GECOTUR. Potenciando el Patrimonio Geológico y el Geoturismo en el Valle del Copiapó”

En las distintas quebradas también se aprecian rocas sedimentarias de la Formación Chinches. “La edad tentativa que se asignaba a esta unidad geológica era entre el Devónico Superior a Carbonífero Inferior. Sin embargo, basado en los recientes hallazgos fósiles es posible, en primera instancia, descartar esta edad y asignar preliminarmente una edad más joven, es decir, Carbonífero Superior”, sostiene Moisan.

También han sido encontrados distintos niveles volcánicos que permitirán realizar dataciones y tener una edad más precisa de cuando se desarrolló este paleoecosistema.

“La importancia de los fósiles encontrados radica en que muchos de ellos son conocidos en otras regiones paleotropicales, donde las condiciones climáticas eran más favorables que en latitudes más altas (donde se depositaron los sedimentos de la Formación Chinches) donde se han postulado para esta zona glaciaciones, es decir, extensas zonas cubiertas de hielo en el antiguo supercontinente Gondwana. Lo cual estaría en contradicción con los fósiles encontrados en Atacama, que indican condiciones más favorables, es decir, temperaturas más altas y mayor humedad.

El trabajo en terreno se desarrolló durante el verano en condiciones duras de trabajo, a altas temperaturas y en lugares que superaban los 4.300 msnm. Incluyendo largas caminatas y ascensos en las quebradas en búsqueda de más fósiles.

“El trabajo en terreno en la búsqueda de fósiles, resulta de cierta forma adictivo, cuando encuentras uno quieres encontrar otro y otro fósil, que aparezcan cosas nuevas, especies nuevas, etc.”, comenta el paleobotánico.

Uno de los científicos durante las excavaciones. FOTO: UDA
Y sus esfuerzos han dado frutos. De hecho, los hallazgos corresponden al yacimiento fosilífero con huellas de tetrápodos que se encuentra a mayor altura en el todo el planeta. “Es impresionante pensar que estas huellas se encuentren hoy a más de 4.000 metros de altura, siendo que fueron originadas por organismos que vivían muy cercano en la costa hace más de 300 millones de años, es decir, todos los cambios que se han producido en la corteza terrestre producto de la tectónica andina”, asegura Moisan.

El científico añade que “debido a los importantes y diversos hallazgos paleontológicos, podemos denominar estas localidades como una Lagerstätte fósil, esto es, un yacimiento paleontológico, ya sea, con una alta diversidad y abundancia de fósiles o bien por la calidad de preservación de los fósiles. Esto es importante, porque estos lugares son los que nos entregan mayor información sobre la evolución de la vida y los ecosistemas pasados en la Tierra”.

Una de las quebradas donde se hicieron los descubrimientos. FOTO: UDA
Cabe destacar, sostiene Philippe Moisan, que el primer y único hallazgo de huellas de tetrápodos en la Formación Chinches, fue hecha en los inicios de los ochenta por el geólogo inglés Mike Bell (fallecido el año pasado) en compañía del geólogo chileno Manuel Suárez. En esa oportunidad, ellos encontraron huellas de tetrápodos en una quebrada en la Cordillera Claudio Gay. En esta expedición, se pudieron reencontrar estas huellas y, a la vez, varias decenas más en distintas quebradas en la precordillera de Atacama.

Los resultados preliminares de estos importantes hallazgos serán publicados dentro de los próximos meses en una revista especializada y se espera obtener financiamiento por un proyecto internacional que financie las investigaciones por los siguientes tres o cuarto años, a lo cual se podrían sumar distintos especialistas en paleontología y geología, como también a estudiantes de postgrado con el fin de fomentar nuevas líneas de investigaciones paleontológicas en Chile.