viernes, 21 de agosto de 2020

Torrelara sigue aportando nuevos y sorprendentes hallazgos de dinosaurios

Fidel Torcida -director del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes y, de las excavaciones paleontológicas de la Sierra de la Demanda- explica cómo ha sido la nueva campaña de excavación en los yacimientos de Torrelara, donde han sido hallados nuevos vestigios de dinosaurios, en un enclave que se ha convertido ya clave para su estudio.


Duración: 27 minutos.

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La última comida de un ictiosaurio, primera prueba de megadepredación

El fósil de un ictiosaurio, que devoró otro gran reptil marino y murió después, conserva la primera evidencia de megadepredación, es decir, un animal grande que se alimenta de otro animal grande.

El estómago de este ictiosaurio fósil de 240 millones de años contiene la sección 
media de otro reptil marino que en vida habría sido solo un poco más pequeño.
- DA-YONG JIANG, ET AL, ISCIENCE
El fósil, de hace 240 millones de años y descubierto en 2010 en el suroeste de China, se describe en un artículo publicado este jueves en la revista 'iScience'.

Los ictiosaurios eran un grupo de reptiles marinos que aparecieron en los océanos después de la extinción masiva del Pérmico, hace unos 250 millones de años. Tenían cuerpos parecidos a los de un pez, similares al atún moderno, pero respiraban aire como los delfines y las ballenas. Como las orcas modernas o los grandes tiburones blancos, pueden haber sido depredadores ápice de sus ecosistemas, pero hasta hace poco ha habido poca evidencia directa de esto.

Cuando se descubrió un espécimen del ictiosaurio 'Guizhouichthyosaurus' en la provincia de Guizhou, en China, en 2010, los investigadores notaron una gran protuberancia de otros huesos dentro del abdomen del animal.   

Al examinarlos, identificaron los huesos más pequeños como pertenecientes a otro reptil marino, el 'Xinpusaurus xingyiensis', que pertenecía a un grupo llamado thalattosaurs. El Xinpusaurus tenía una apariencia más parecida a un lagarto que un ictiosaurio, con cuatro extremidades que remaban.

"Nunca hemos encontrado restos articulados de un gran reptil en el estómago de depredadores gigantes de la era de los dinosaurios, como los reptiles marinos y los dinosaurios", reconoce Ryosuke Motani, profesor de Ciencias Terrestres y Planetarias en la Universidad de California Davis y coautor del artículo.

"Siempre supusimos por la forma de los dientes y el diseño de la mandíbula que estos depredadores debían haberse alimentado de presas grandes, pero ahora tenemos evidencia directa de que lo hicieron", añade. 

El 'Guizhouichthyosaurus' medía casi cinco metros de largo, mientras que los investigadores calculan que su presa medía unos cuatro metros de largo, aunque los talattosaurios tenían cuerpos más delgados que los ictiosaurios. La última comida del depredador parece ser la sección media del talattosaurio, desde sus miembros anteriores hasta los posteriores. Curiosamente, se encontró cerca un fósil de lo que parece ser la sección de la cola del animal.

A menudo se supone que los depredadores que se alimentan de animales grandes tienen dientes grandes adaptados para cortar a sus presas. El 'Guizhouichthyosaurus' tenía dientes relativamente pequeños, en forma de clavija, que se pensaba que estaban adaptados para agarrar presas blandas como los animales parecidos a calamares que abundaban en los océanos en ese momento. Sin embargo, está claro que no es necesario cortar los dientes para ser un megadepredador, señala Motani.

El 'Guizhouichthyosaurus' probablemente usó sus dientes para agarrar a la presa, quizás rompiéndole la columna con la fuerza de su mordida, luego desgarró o destrozó la presa. Los depredadores modernos como las orcas, las focas leopardo y los cocodrilos utilizan una estrategia similar.

El monstruo marino de Ayamonte

La curiosidad de dos vecinos de Huelva durante un paseo permite el descubrimiento del fósil de vertebrado más antiguo del suroeste de la península, un saurio de hace 220 millones de años

Reconstrucción de un nothosaurio, animal al que se le atribuye 
el fósil hallado en Ayamonte. JESÚS REOLID
A Ramón Martín y Miguel Ángel Bernal, cuando caminan, les gusta observar en las piedras los mensajes de nuestro pasado más remoto. En uno de sus paseos por el entorno de Ayamonte (Huelva), encontraron, a unos ocho kilómetros de la línea de costa, una roca que les llamó la atención por la presencia de unos fragmentos de lo que parecían partes de un hueso fosilizado. La sospecha de que podía ser algo importante les hizo, de inmediato, contactar con el Ayuntamiento ayamontino y con el arqueólogo Benjamín Cabaco de la empresa ArqueoGuadiana, que comunicó el hallazgo a los paleontólogos de las Universidades de Huelva y Sevilla, Antonio Toscano y Fernando Muñiz. El resto fósil pertenece a un saurio, con toda probabilidad, según los investigadores, a un nothosaurio, un animal marino de unos 220 millones de años. 

Si se confirma esta identificación específica, se trataría de un reptil, de dos metros de largo (podían medir hasta cinco), era un depredador de cuello largo, cabeza pequeña, mandíbulas alargadas con numerosos dientes afilados, flexible y destacadas capacidades natatorias. Un auténtico monstruo marino prehistórico de Ayamonte, según lo han bautizado familiarmente los investigadores.

Antonio Toscano y Fernando Muñiz detectaron enseguida que se trataba de un hallazgo único, el resto más antiguo de un vertebrado en la zona suroccidental de España. Su experiencia, la configuración del hueso y la comparación con otros fósiles les llevó a determinar que se trataba de una vértebra dorso-lumbar.

Vértebra fosilizada hallada en Ayamonte.
El análisis de las rocas donde fosilizó este hueso indica, según Muñiz, que se trata de un ejemplar del Triásico Superior (entre 237 y 201 millones de años). Los investigadores explican que ya se han realizado pruebas preliminares con ácido clorhídrico diluido al 10% sobre muestras de la roca con el objetivo de determinar si son carbonatadas y seleccionar así el estrato de donde proceden para continuar la investigación. También se realizarán secciones delgadas a un fragmento de hueso desprendido para indagar en los conocimientos osteológicos de la vértebra.

“Si retrocediéramos en el tiempo a este periodo geológico, aproximadamente unos 220 millones de años, desde lo que hoy es Ayamonte, contemplaríamos justo enfrente lo que hoy es Canadá y EE UU. Estaríamos en un periodo geológico, el Triásico, dentro de la era Mesozoica, también conocida como de los Dinosaurios y que arranca unos 20 millones de años antes, tras la mayor extinción ocurrida. Las rocas mesozoicas de Ayamonte registran el inicio de la ruptura y separación del continente único llamado Pangea, es decir, América y Europa-África se empiezan a separar dando comienzo lo que hoy es el océano Atlántico”, describe Muñiz.

Reconstrucción paleogeográfica del Triásico Superior. El círculo muestra 
la ubicación, entonces, de lo que hoy es la península ibérica
“Por ahora se puede afirmar que pertenece al grupo de los sauropterygios (Sauropterygia), que incluye predadores como nothosaurios, simosaurios, lariosaurios, cíiamodus, placodus... Tenemos que estudiar los restos en detalle. La edad precisa se podrá determinar a partir del estudio, por ejemplo, de anélidos. La presencia de estos organismos y las rocas en las que se encuentran ayudará a conocer cómo era la paleogeografia de la zona durante el Triásico”, explica Matías Reolid, paleontólogo de la Universidad de Jaén y descubridor de los nothosaurios más antiguos, también del Triásico (con más de 230 millones de años), en el municipio de Puente de Génave (Jaén) y de Órgiva (Granada). Sus hallazgos fueron recogidos en varias revistas científicas de prestigio y en una edición de carácter divulgativo del servicio de publicaciones de la Universidad jiennense.

El comportamiento ejemplar de Ramón Martín y Miguel Ángel Bernal durante su paseo ha abierto la puerta para investigar y salvaguardar el patrimonio paleontológico. Los resultados más detallados se darán a conocer conforme avancen los estudios científicos sobre este extraordinario hallazgo.

REPTILES MARINOS EN EL DESIERTO DE ATACAMA
Científicos de la Universidad de Chile ha informado del hallazgo en el desierto de Atacama de fósiles de dos especies de Plesiosaurio, un reptil marino que habría vivido en esa zona en el periodo Jurásico, hace unos 160 millones de años, cuando el desierto estaba sumergido en el mar. 
Uno de ellos es el Vinialesaurus, un reptil marino de unos cuatro metros del que se tenía solo un registro anterior en el Caribe; el otro es el Muraenosaurus, de unos seis metros, del cual se obtuvo el segundo y más completo fósil de Sudamérica, de acuerdo a la investigación de científicos de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile y del Museo de Historia Natural y Cultural del Desierto de Atacama. 
Ambos géneros de Plesiosaurios (depredadores marinos) se caracterizan por tener cráneos de unos 30 cm, con vértebras del cuello algo cilíndricas, cuerpos robustos y aletas de largo moderado. Hasta la fecha, no existía registro sobre su hábitat en el desierto de Atacama, el más árido del mundo, ubicado en el norte chileno, indicó un comunicado de la Universidad de Chile difundido este martes. 
"Resulta interesante que en el Jurásico chileno aparezcan reptiles marinos que se conocen en Europa algunos millones de años antes (como es el caso de Muraenosaurus), y además formas contemporáneas solo conocidas en Cuba", explicó Rodrigo Otero, investigador de la Red Paleontológica de la Universidad de Chile.

La evolución del cráneo de las aves se ralentizó tras la extinción de los dinosaurios

Desde los emús hasta los pájaros carpinteros, las aves modernas muestran una notable diversidad en cuanto a la forma y el tamaño del cráneo, que a menudo se supone es el resultado de una repentina aceleración de la evolución tras la extinción en masa que mató a sus primos los dinosaurios no aviares a finales del Cretácico hace 66 millones de años.

(Foto: Felice et al, 2020 -PLOS Biology, CC BY 4.0-)
Pero este no es el caso según un estudio de Ryan Nicholas Felice en el University College de Londres, publicado en la revista de acceso abierto PLOS Biology. En el estudio más detallado hasta ahora de la morfología del cráneo de las aves, Felice y un equipo internacional de investigadores muestran que el ritmo de evolución realmente se redujo en las aves en comparación con los dinosaurios no aviares.

Los investigadores utilizaron morfometría geométrica tridimensional de alta potencia para trazar un mapa de las formas de 354 aves y 37 dinosaurios aviares y no aviares extintos, con un detalle sin precedentes, y realizaron análisis filogenéticos para comprobar si se había producido un cambio en el ritmo de la evolución después del origen de las aves. Descubrieron que todas las regiones del cráneo evolucionaban más rápidamente en los dinosaurios no aviares que en las aves, pero ciertas regiones mostraban rápidos pulsos de evolución en determinados linajes.

Por ejemplo, en los dinosaurios no aviares, los rápidos cambios evolutivos de la articulación de la mandíbula se asociaron a cambios en la dieta, mientras que la evolución acelerada del techo del cráneo se produjo en linajes que llevaban adornos óseos como cuernos o crestas. En las aves, la parte del cráneo que evolucionó más rápidamente fue el pico, que los autores atribuyen a la adaptación a diferentes fuentes de alimentos y estrategias de alimentación.

Los autores dicen también que el ritmo de evolución más lento en general de las aves en comparación con los dinosaurios no aviares pone en duda una hipótesis según la cual la diversidad que se observa en las aves modernas es el resultado de una rápida evolución como parte de una radiación de adaptación tras el acontecimiento de la extinción del Cretácico final. (Fuente: NCYT Amazings)

Los peces pulmonados revelan cómo evolucionaron las extremidades

Científicos han determinado cómo han evolucionado las extremidades a partir de las aletas utilizando embriones del pez pulmonado australiano (Neoceratodus forsteri).  

Pez pulmonado - FLICKR
La evolución de las extremidades con dedos funcionales de las aletas de los peces ocurrió hace aproximadamente 400 millones de años en el Devónico.

Esta transición morfológica permitió a los vertebrados salir del agua para conquistar la tierra y dio lugar a todos los animales de cuatro patas o tetrápodos, el linaje evolutivo que incluye a todos los anfibios, reptiles, aves y mamíferos (incluidos los humanos).

Desde el siglo XIX se han propuesto varias teorías basadas tanto en fósiles como en embriones tratando de explicar cómo se desarrolló esta transformación. Sin embargo, se desconoce exactamente cómo se originan las manos con dígitos a partir de las aletas de pescado.

El pez pulmonado australiano es el pariente vivo más cercano de los tetrápodos y a menudo se lo considera un "fósil viviente", ya que todavía se parece a los peces que existían en el momento en que los primeros vertebrados de cuatro extremidades comenzaron a caminar sobre la tierra.

Por estas razones, las aletas de los peces pulmonados proporcionan una mejor referencia para estudiar la transición evolutiva de las aletas a las extremidades que cualquier otra especie de pez existente.

La nueva investigación, liderada por la Universidad de Constanza, y que se informa en el último número de 'Science Advances', muestra que una mano primitiva está presente en las aletas de los peces pulmonados, pero al mismo tiempo sugiere que la anatomía única de las extremidades con dedos solo evolucionó durante el ascenso de los tetrápodos a través de cambios en el desarrollo del embrión.

Para resolver el enigma de cómo surgieron las extremidades de las aletas durante la evolución, los investigadores se han centrado en el desarrollo embrionario. Durante el desarrollo del miembro del tetrápodo, el gen hoxd13 se activa de forma dinámica. Primero se activa en el dedo meñique en desarrollo y luego se expande a lo largo de la futura mano hacia el pulgar. Este proceso coordina la correcta formación de los cinco dedos.

Aunque el equipo de Joost Woltering observó un patrón de activación similar de este gen en las aletas de los peces pulmonados, no mostró esta expansión, sino que sólo permaneció activado en exactamente la mitad de la aleta. Se encontraron diferencias adicionales para los genes que normalmente se desactivan en los dedos.
En las aletas de los peces pulmonados estos genes permanecen activos, pero en el lado opuesto del dominio donde se activa el hoxd13. Para comparar este proceso en aletas y extremidades, el equipo estudió esos genes "arquitectos" en los embriones del pez pulmonado australiano.

"Sorprendentemente, lo que descubrimos es que el gen que especifica la mano en las extremidades (hoxa13) se activa en una región esquelética similar en las aletas de los peces pulmonados", explica Woltering. Este dominio nunca se ha observado en las aletas de otros peces que están relacionados más lejanamente con los tetrápodos.

"Este hallazgo indica claramente que una mano primitiva ya estaba presente en los antepasados de los animales terrestres". La "mano" del pez pulmonado, a pesar de esta firma genética moderna, se parece solo parcialmente a la anatomía de las manos tetrápodas porque carece de dedos de manos o pies. Para comprender la base genética de esta diferencia, el equipo pasó a analizar genes adicionales que se sabe que están asociados con la formación de los dedos, y encontró que un gen importante para la formación de los dedos de las manos y los pies (hoxd13, un "gen hermano" del anterior) mencionado hoxa13) parecía estar encendido de manera diferente en las aletas.

Durante el desarrollo de la extremidad del tetrápodo, el gen hoxd13 se activa de forma dinámica. Primero se activa en el dedo meñique en desarrollo y luego se expande a lo largo de la mano futura hacia el pulgar. Este proceso coordina la formación correcta de los cinco dedos.

Si bien el equipo de Joost Woltering observó un patrón de activación similar de este gen en las aletas de los peces pulmonados, no mostró esta expansión sino que solo permaneció activado en exactamente la mitad de la aleta. Se encontraron diferencias adicionales para genes que normalmente están desactivados en dígitos. En las aletas del pez pulmonado, estos genes permanecen activos, pero en el lado opuesto del dominio donde se activa hoxd13.

Todo esto demuestra que, si bien las aletas de los peces pulmonados tienen inesperadamente una mano primitiva en común con los tetrápodos, las aletas de nuestros antepasados también necesitaban un 'toque final' evolutivo para producir extremidades. En este sentido, parece que la mano estuvo allí primero, solo para ser complementado con dígitos más tarde durante la evolución", dice Woltering.

Una hipótesis influyente sobre la evolución de las extremidades presentada por primera vez por los paleontólogos de principios del siglo XX Thomas Westoll y William Gregory, y en la década de 1980, desarrollada por Neil Shubin, postula que los dedos de las manos y los pies surgieron a través de una expansión de los elementos esqueléticos en un lado de las aletas del ancestro tetrápodo.

Esta expansión inferida de los elementos de las aletas corresponde exactamente a las diferencias que el equipo encontró en la expansión de los genes de los dígitos entre las aletas de los peces pulmonados y las extremidades de los tetrápodos.   

Las observaciones del equipo sobre la activación y desactivación de los genes "arquitectos" de las extremidades en las aletas de los peces pulmonados proporcionan pruebas que respaldan este modelo clásico de transformación.

En el futuro, para comprender completamente qué hace que este dominio se expanda, haciendo que nuestras extremidades sean tan diferentes de las aletas de los peces, los investigadores planean realizar más análisis sobre el desarrollo de las aletas y las extremidades, utilizando peces pulmonados pero también especies de peces más modernas como los cíclidos como sus embriones son más fáciles de investigar utilizando técnicas como CRISPR.

"Para completar la imagen de lo que sucedió en nuestros antepasados peces que se arrastraron a la tierra hace cientos de millones de años, realmente confiamos en las especies que viven actualmente para ver cómo sus embriones crecen aletas y extremidades de manera tan diferente", concluye Woltering.

Revelan nuevos datos sobre el origen de los dinosaurios

Un estudio liderado por una paleontóloga del CONICET y docente de la Universidad Nacional de Cuyo indagó sobre el alcance del fenómeno climático que fue clave para su desarrollo.

La mayoría de los estudios científicos actuales postula que los primeros dinosaurios surgieron hace más de 200 millones de años debido a un fuerte cambio climático en una región del planeta denominada Mar de Tetis. Pero recientes trabajos paleoclimáticos realizados por un grupo de expertos internacionales liderado por Adriana Mancuso, investigadora independiente del CONICET y docente invitada de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO), demostraron que existe evidencia que contribuye a pensar que ese fenómeno ocurrió a nivel planetario.

Para llegar a esa conclusión, los investigadores dataron de una edad absoluta y de alta resolución a las rocas con potenciales huellas de los primeros dinosaurios que fueron obtenidas en la Cuenca Ischigualasto Villa-Unión, ubicada al Noroeste de Argentina, en las orillas de lo que era un lago. “La datación nos permitió atarlas con el evento húmedo conocido como Episodio Pluvial Carniano (CPE, por sus siglas en inglés), que es lo que se está usando como link o potencial factor que favoreció la evolución de los dinosaurios”, explicó Mancuso en declaraciones al Suplemento Universidad.

Para lograrlo, los investigadores midieron una relación de isótopos de uranio y plomo. “Existen unos cristales, los circones, que en el momento de su formación capturan moléculas de uranio. A lo largo de la vida ese circón se transforma en plomo y al conocer el tiempo de decaimiento, se puede medir hace cuántos millones de años se formó”, detalló la investigadora que integra el Grupo Limnogeología del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA).

Hasta el momento, todas las publicaciones científicas postulaban que el evento húmedo sólo sucedió en la región del Mar de Tetis, pero esta investigación demostró que también se desarrolló al oeste del gran continente Gondwana, formado por lo que en la actualidad son Sudamérica, África, Australia, India y la Antártida. “Nuestro trabajo muestra que el evento existió por fuera del Mar de Tetis y que por lo menos en latitudes medias y alta sí se desarrolló, aunque quizás en las latitudes cercanas al Ecuador nunca se percibió”, subrayó.

De todas formas, el equipo aún no asegura la relación entre el cambio climático y la aparición de los dinosaurios. “¿Es potencialmente factible que los dinosaurios evolucionaron favorecidos por el evento húmedo? Es muy posible, pero en realidad es necesario que haya dataciones más precisas en otras partes del mundo donde también hay alguna evidencia del CPE y de huellas”, sostuvo Mancuso.

Esta investigación se fue dando de forma progresiva, pues el equipo comenzó en 2014 a partir de la incorporación de Cecilia Benavente, del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales, que trabaja centralmente con depósitos carbonáticos. Al grupo lo completaron Randall Irmis (Museo de Historia Natural de Utah – Departamento de Geología y Geofísica de la Universidad de Utah) Roland Mundil (Centro de Geocronología de Berkeley), quien fue el encargado de hacer la datación.

“La interacción y el aporte multidisciplinario es lo que permite que el trabajo tenga un respaldo y que los datos que publiquemos sean más robustos. En estas ciencias no hay uno que sea el mejor y más maravilloso, uno siempre depende de otros que aporten ideas”, resaltó Mancuso, al referirse a la labor colaborativa.

Y de cara al futuro, anticipó que seguirán con investigaciones asociadas al clima. “Estamos bastante embalados en cómo fue la evolución del clima en Gondwana, lo que era ese continente. Esa es nuestra zanahoria para poder colaborar a mejorar la calidad de los fósiles que hay o que aparezcan”, precisó.

Descubren plesiosaurios que habitaron el norte de Chile hace 160 millones de años

Investigadores identificaron cerca de Calama dos géneros de la especie marina del Período Jurásico.

Los plesiosaurios fueron animales comunes del período jurásico en el norte de Chile, pero hasta la fecha no existían identificaciones detalladas de estos reptiles marinos. Sin embargo, un grupo de científicos halló cerca de la ciudad de Calama dos géneros de esta especie que habitaron hace 160 millones de años.

Se trata de restos de tres especímenes de Muraenosaurus y Vinialesaurus, reptiles marinos de la época Jurásica Superior que alcanzaban un largo de hasta seis y cuatro metros, respectivamente, caracterizándose por tener vértebras del cuello algo cilíndricas, cuerpos robustos y aletas de largo moderado.

De ambas, había escasos registros en el hemisferio sur. El líder del estudio e investigador de la Red Paleontológica de la Universidad de Chile, Rodrigo Otero señala que "resulta interesante que en el Jurásico chileno aparezcan reptiles marinos que se conocen en Europa algunos millones de años antes (como es el caso de Muraenosaurus), y además formas contemporáneas sólo conocidas en Cuba (Vinialesaurus)".

La investigación, publicada en la revista Journal of Vertebrate Paleontology, fue un trabajo conjunto de científicos de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile y del Museo de Historia Natural y Cultural del Desierto de Atacama. 

Cultural del Desierto de Atacama el 2009 y las primeras campañas en las que se encontró material en superficie fueron en el 2014. Cuatro años después, durante el 2018, comenzaron las excavaciones y recuperaciones de los fósiles.

Estas campañas en pleno Desierto de Atacama permitieron hallar tres especímenes en tres localidades diferentes del sector Cerritos Bayos, unos 20 kilómetros al oeste de Calama. La mayor cantidad de restos corresponden a dos Muraenosaurus, incluyendo fragmentos dañados de cráneo, dientes, partes de cuello, tronco y aletas. Asimismo, se encontró una mandíbula aislada de Vinialesaurus.

Otero explica que durante la época en que estos plesiosaurios vivieron parte de Chile formaba el súper continente Gondwana y otro sector estaba sumergido: "En ese lapso (Jurásico Superior), gran parte de lo que hoy es Chile correspondía a una amplia cuenca marina que alcanzaba incluso al actual territorio argentino. En el sector que estamos estudiando, hemos hallado nuevos materiales de vertebrados marinos, incluyendo restos craneales de ictiosaurios, cocodrilos marinos y pliosaurios, junto con una diversidad de peces que abarcan formas muy pequeñas hasta formas filtradoras gigantes que se estiman en unos 10 metros de longitud".

"En este sentido, estamos comenzando a interpretar la diversidad marina que existió en el norte de Chile durante el Jurásico, especialmente enfocados en la diversidad de reptiles marinos", agregó.

"Tenemos la posibilidad de hallar fauna marina en un rango de unos 110 a 120 millones de años. Imagínense la diversidad de formas que debieron existir en un lapso de tiempo que es casi el doble desde que se extinguieron los dinosaurios hasta hoy. Además, conocemos muy poco de los vertebrados marinos que habitaron el suroeste de Gondwana (antes de Pangea), por lo que los futuros hallazgos tienen potencial de alta relevancia en cuanto a conocimiento científico-cultural", destacó el paleontólogo.

La investigación reafirma la hipótesis de una conexión entre la fauna marina del Atlántico norte y la del Hemisferio Sur durante el Jurásico Superior, vínculo a través del llamado "Corredor del Caribe", que habría permitido el flujo de animales oceánicos desde el Mar de Tetys (Altlántico norte de hoy) hacia el antiguo Océano Pacífico.