Un equipo de la Universidad de Cambridge describe en Finnmark, en el Ártico noruego, los primeros fósiles de Charnia de Escandinavia. Uno de ellos, un organismo con forma de helecho de hace unos 560 millones de años, se conserva en tres dimensiones.
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| Dos ejemplares diferentes de Charnia hallados durante la expedición en Finnmark. El conservado en 3D se muestra a la derecha. Crédito: Veenma et al. 2026 |
No hay que excavar en absoluto. Es una pared de roca natural y ahí aparecieron los fósiles, explicó el geólogo Yorick Veenma, de Cambridge, a la web Science Norway. Su equipo trabajaba en la zona en un gran estudio geológico y sabía que aquellas rocas podían guardar restos del periodo Ediacárico.
Cerca había un afloramiento donde ya se habían visto indicios de vida de esa época, como las estructuras de anclaje que ciertos organismos dejaron al fijarse al antiguo lecho marino, pero nunca se habían encontrado los organismos en sí. Veenma recuerda que ahí no se había hallado nada parecido a Charnia, y que cuando los fósiles salieron a la luz fue una sorpresa enorme.
Los resultados se publican en la revista Palaeontology. Lo firma Veenma junto a varios coautores, entre ellos Neil Davies, también de Cambridge. Además de Charnia, el equipo identificó otros elementos de aquel ecosistema fósil.
Rocas de antes de la explosión cámbrica
El Ediacárico es el periodo geológico que empezó hace unos 635 millones de años y terminó hace 538 millones. Después llegó la llamada explosión cámbrica, un aumento enorme del número de especies y de la diversidad biológica, pero fue en el Ediacárico cuando apareció en la Tierra la primera vida compleja. Los primeros dinosaurios tardarían todavía más de 300 millones de años en hacer su aparición.
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Contexto estratigráfico del ejemplar de Kommagnes Charnia. A, fotografía (orientada al norte) de la parte oriental del acantilado, con la ubicación del bloque flotante marcada con una estrella. B, perfil estratigráfico del lado izquierdo de la imagen A, en el que se indica el intervalo estratigráfico del que podría proceder el bloque flotante. Crédito: Veenma et al. 2026
En el caso noruego, lo que hoy se ve en superficie es un fondo marino ediacárico que los procesos de formación de montañas empujaron hacia arriba, con los organismos que quedaron enterrados y fosilizados en él. A esto se suma la naturaleza de los propios seres vivos. Como explica Davies, casi todos tenían el cuerpo blando y aún no habían evolucionado los esqueletos, de modo que muchos fósiles del periodo son impresiones aplastadas bajo capas de roca.
El estudio lo compara con una flor prensada entre las páginas de un libro, y considera el hallazgo noruego como el primer yacimiento nuevo de importancia de este tipo que se descubre en Europa en décadas.
Un fósil con historia
El nombre del género tiene su propia historia. Charnia toma su nombre de Charnwood Forest, en Leicestershire (Inglaterra), donde se encontró el primer ejemplar. En 1957, Roger Mason, un escolar de 15 años, salió a escalar por la zona con dos compañeros y descubrió en la roca una marca con forma de fronda.
Su padre lo puso en contacto con el geólogo Trevor Ford, que describió el fósil en 1958 en la revista Proceedings of the Yorkshire Geological Society y lo bautizó como Charnia masoni. Ford pensó entonces que se trataba de un alga, una interpretación que hoy se considera errónea.
Décadas después se supo que una colegiala, Tina Negus, había visto el mismo fósil un año antes, pero su profesor descartó que pudiera haber fósiles en rocas precámbricas, es decir, anteriores al Cámbrico, que en aquel momento se consideraban demasiado antiguas para contener vida. A Charnia se la cita a menudo como el primer fósil reconocido como precámbrico, y el género sigue siendo hoy un emblema del Ediacárico.
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Veenma es más prudente. Ni siquiera estamos seguros de que debamos llamarlos animales, admite. Cuando se retrocede tanto en el tiempo, explica, estos organismos son tan extraños que cuesta clasificarlos junto a las formas de vida que conocemos. El geólogo recuerda que el conocimiento sobre ellos evoluciona constantemente y que queda mucho por aclarar. Es una forma de vida que no se parece a nada de lo que conocemos hoy, resume.
Un fósil en tres dimensiones
Uno de los ejemplares de Finnmark tiene algo especial: se conserva en 3D. Lo habitual es que estos fósiles queden como improntas planas. Aquí, una especie de alud submarino sepultó rápidamente al organismo bajo el fondo marino, y su cuerpo se llenó de arena y sedimento antes de fosilizar, de modo que conservó su volumen.
Los depósitos que lo cubrieron son turbiditas, las capas que dejan este tipo de corrientes de sedimento en el fondo del mar. El estudio lo describe como uno de los fósiles tridimensionales de animal más antiguos que se conocen, algo poco común en organismos de cuerpo blando de esta edad.
Esa conservación permitió ver detalles que pasan inadvertidos en los fósiles planos, como unas crestas sutiles, a modo de quillas, a lo largo de cada rama. Cuando ves la misma especie conservada de otra manera, empiezas a fijarte en propiedades que antes no habías visto, señaló Veenma.
Según explicó a Science Norway, el ejemplar presenta aristas bastante marcadas en lo que parecen ramas, lo que sugiere que Charnia pudo ser más angulosa de lo que se pensaba. Ahora bien, se trata de un solo ejemplar, y se desconoce si esta característica es habitual o excepcional.
Lo que aún puede aparecer
Los propios autores piden no dar el yacimiento por explorado. Según Veenma, un fósil suelto no cuenta la historia completa: lo ideal es reunir ejemplares de distintos tipos, tamaños, lugares y entornos, porque solo así puede reconstruirse cómo funcionaban aquellos organismos y sus ecosistemas.
Para ello hay que encontrar más fósiles. El investigador añade que los científicos tienden a volver una y otra vez a los mismos yacimientos conocidos, y que el hallazgo demuestra que aún hay potencial en lugares menos familiares.
Davies va más lejos y plantea que allí arriba podría haber toda una comunidad de organismos tempranos sin descubrir, con pequeñas formas como paraguas y otras cosas que no encajan con lo que se conoce de otros sitios. Por ahora, ni esas formas ni la propia naturaleza de Charnia tienen una respuesta definitiva.
Una versión de este artículo también está disponible en inglés: Read this article in english
FUENTES
Lassse Biørnstad (Science Norway), These strange, mysterious organisms lived in Finnmark 560 million years ago
Veenma, Y.P., McMahon, W.J., et al. (2026), Charnia and other late Ediacaran macrofossils preserved in turbiditic deposits of the Indreelva Member (Finnmark, Norway). Palaeontology, 69: e70082. doi.org/10.1111/pala.70082













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