sábado, 20 de julio de 2019

Concluyen las excavaciones en Torrelara con restos de dientes de Dinosaurio Terópodo

Una especie carnívora que habitó hace 144 millones de años y convivió con el Sauróporo hervíboro


Este jueves concluyen las excavaciones en Torrelara. Un yacimiento burgalés que desde hace tres años está dejando fósiles de dos especies de dinosaurio que convivieron hace 144 millones de años. Esta campaña se cerrará con más restos de fauna, vegetación y también polen que ayudará a conocer detalles de esa época del jurásico.

El yacimiento de Torrelara ha dejado esta campaña restos de dientes de Dinosaurio Terópodo, una especie carnívora que habitó hace 144 millones de años y convivió con el Sauróporo hervíboro.

La Demanda completa de manera «decisiva» el esqueleto del saurópodo

El CAS de Salas confirma que el yacimiento «es más grande de lo que se pensaba»

Las excavaciones han resultado mucho más fructíferas de lo que inicialmente 
se esperaba.  - CAS DE SALAS
La décimo sexta Campaña de Excavaciones Paleontológicas en la Sierra de la Demanda llega a su fin, con «bastante éxito en los resultados», tras varias semanas de intensos trabajos en los que, de forma preliminar, se intuye que se haya podido «completar de una manera decisiva el esqueleto del saurópodo», del que ya se descubrió buena parte en las dos campañas anteriores.

La satisfacción es palpable entre los directores de esta campaña, y más aún cuando se pensaba que este yacimiento podría estar «ya agotado», algo que no solo se ha desmentido de una forma tajante, sino que además «se ha descubierto que es más grande de lo que se pensaba y que dará trabajo para muchos años más».

Así lo confiesa Fidel Torcida, director del Colectivo Arqueológico y Paleontológico de Salas de los Infantes (CAS), que es quien ha llevado a cabo esta campaña junto con la Fundación Dinosaurios de Castilla y León y el Museo de Dinosaurios.

«Estamos muy contentos con los resultados obtenidos, hemos recuperado más piezas del saurópodo como vértebras y costillas. Además han aparecido dientes de dinosaurios carnívoros y los cuales habrá que estudiar para descubrir qué relación tuvieron. También hemos encontrado placas óseas de tortugas y dientes de cocodrilos, además de polen de plantas que nos dará mucha información sobre el clima que había, el ecosistema, etcétera», explica Torcida.

Aunque se ha trabajado en varios yacimientos, la actividad principal se ha desarrollado en el de Valdepalazuelos-Tenadas del Carrascal, situado en las proximidades de Torrelara, un yacimiento que se estima en 145 millones de años aproximadamente. Además de la propia excavación y el trabajo de campo, se ha realizado también la limpieza de yacimientos icnológicos de la zona de Lara y otras actividades complementarias, como conferencias formativas o visitas al Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes.

Se trata del tercer año en el que se trabajará en este yacimiento, con dos campañas anteriores muy fructíferas en las que se recogieron más de 270 piezas fósiles que, en su gran mayoría, pertenecen a dos dinosaurios saurópodos, de gran tamaño, herbívoros, con cuello y cola largos. «El objetivo es recuperar en los próximos años parte del cuello y el cráneo de esta especie», añade Torcida.

El equipo de excavación ha estado formado por 25 personas llegadas desde Francia, Italia, Burgos, Valladolid, Salamanca, Madrid, País Vasco, Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha y Aragón. La mayoría son estudiantes universitarios, licenciados, doctorados y doctores de Biología, Geología, Paleontología, Arqueología y Restauración.

DINOSAURIOS QUE PISARON FUERTE Y DEJARON HUELLA

Diario de Burgos



domingo, 14 de julio de 2019

XVI Campaña de excavaciones de dinosaurios en la Sierra de la Demanda

Primeras impresiones de la decimosexta campaña de excavaciones de dinosaurios en la Sierra de la Demanda (Burgos)

Chusja Andrés, en A vista de Urbión de Radio Evolución Burgos, conversa telefónicamente con el director de las excavaciones paleontológicas de dinosaurios del yacimiento de Valdepalazuelos-Tenadas del Carrascal (Torrelara) y director del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes (Burgos), Fidel Torcida.

Del minuto 3:19:18 al 3:23:46.



Operativo de rescate en Tazones para extraer por aire piedras con huellas de dinosaurios

El helicóptero del Servicio de Emergencias prestó apoyo para la operación de mañana en los acantilados de Villaviciosa

Recreación de un pterosaurio jurásico desplazándose en tierra firme. 
Ilustración de Arturo de Miguel.
Los acantilados de Tazones han sido el escenario de otra gran operación de rescate. En este caso, de un bloque de arenisca jurásica con huellas de pterosaruios o reptiles voladores. Igual que ocurriera a finales del pasado año, cuando también se montó un operativo para sacar de su emplazamiento otras piezas del jurásico, en la recuperación de la huella se dispondrá de la ayuda del helicóptero de Bomberos del Servicio de Emergencias del Principado de Asturias (SEPA), si es que las condiciones meteorológicas no lo complican, y su intervención está justificada por el interés de recuperar una pieza que corre riesgo de que desaparezca por la acción del mar.

Se va a aprovechar para extraer, además, otro bloque de arenisca con un rastro muy bien conservado de un limúlido, conocido popularmente como cangrejo cacerola o cangrejo herradura, un artrópodo emparentado con más con los arácnidos que con los crustáceos.

La directora general de Patrimonio Cultural, Otilia Requejo; el alcalde de Villaviciosa, Alejandro Vega, y la alcaldesa de Colunga, Sandra Cuesta, estuvieron presentes en la recuperación de esta pieza en la que participará el equipo de investigación del Museo Jurásico de Asturias, formado por los geólogos José Carlos García-Ramos y Laura Piñuela.

Las huellas de pisadas fósiles o icnitas de pterosaurios se conservan como contramolde en la base de un bloque suelto de arenisca. Fueron descubiertas por el equipo de investigación del MUJA en los acantilados de Tazones, muy cerca del límite de esta parroquia con la de Oles, en Villaviciosa, al este de la Punta del Olivo.

Estas huellas son las continuación de otras ya recuperadas hace años y que se encuentran depositadas, y una de ellas expuestas, en el Museo del Jurásico de Asturias. El número de icnitas, su tamaño y la excelente conservación que presentan hace de este yacimiento el más completo y mejor conservado a nivel mundial.


sábado, 13 de julio de 2019

Auge y caída de los dinosaurios

LIBRO DE LA SEMANA

Ilustración de un Tiranosaurus rex de Todd Marshall
Si la idea de que en otra época Marruecos lindaba con Nueva York le parece aburrida; si su mente no se queda atónita ante la idea de que todavía existen 10.000 especies de dinosaurios y no le impresiona que el Tiranosaurus rex fuese lo bastante fuerte como para partir en dos un coche con los dientes, este libro no es para usted. Pero si le gustó la historia de amor de John McPhee con las rocas en Annals of the Former World y el entretenido relato de Janna Levin Cómo le salieron manchas al universo (Lengua de Trapo), Auge y caída de los dinosaurios, del paleontólogo Steve Brusatte (Chicago, 1984), le encantará.
Steve Brusatte
Traducción de Joandomènec Ros. Debate. Madrid, 2019. 416 páginas. 23,90 €. Ebook: 12,99 € 
Brusatte sabe insuflar vida a los huesos muertos de los dinosaurios al paso que comparte efusivamente su viaje personal cuando era un joven cazador de fósiles. El entusiasmo que pone en narrar sus historias hace que devoremos el libro, que va provocando en el lector un asombro tras otro. «Actualmente, se descubre una nueva especie de dinosaurio a la semana en algún lugar de mundo. Fíjense bien: un nuevo dinosaurio a la semana», dice el autor. ¡Alucinante!

Al friki que hay en mí le encanta el tsunami de finos detalles que inundan cada página, narrados en el estilo ligero de un científico de la generación del milenio camino del estrellato. El autor nos conduce sistemáticamente a través de los diversos estadios de la evolución de los dinosaurios, empezando por la fase del Triásico anterior a estos en la que una extinción en masa allanó el camino para su aparición. Los dinosaurios no podrían haber prosperado sin los sucesos dramáticos que dieron nueva forma a la tierra hace más de 250 millones de años. La lava arrojada por innumerables volcanes en erupción extinguió toda vida a su paso, mientras los gases de efecto invernadero cubrían el planeta, calentaban el antiguo océano y provocaban un calentamiento global sofocante que contribuyó a aniquilar a la mayor parte de los animales terrestres vivientes.

Sin embargo, una incógnita permanece: ¿por qué sobrevivieron los primeros dinosaurios al infierno de la extinción triásica que les permitió multiplicarse y dominar libres de competidores? «Me gustaría tener una respuesta satisfactoria», confiesa Brusatte, «es un misterio que, literalmente, no me ha dejado dormir… A lo mejor los dinosaurios, sencillamente, tuvieron suerte».

No se puede reprochar al autor que dedique todo un capítulo al rey de los dinosaurios, el Tiranosaurus rex. Al fin y al cabo, esta perfecta «máquina de matar» ha sido la favorita de los admiradores en películas que se remontan al clásico King Kong, alcanzando su máximo protagonismo en Parque Jurásico, de Steven Spielberg, la cinta que cambió la vida de Brusatte. «Muchos científicos se han sentido atraídos impulsivamente por la majestuosidad del Rey de la misma manera que a tantas personas les obsesionan las estrellas de cine y los deportistas», afirma. El autor ofrece abundante carne sobre el tiranosaurio para que el lector le hinque el diente, en particular sobre su mordedura, aterradoramente única entre sus congéneres carnívoros. «El Tiranosaurus rex clavaba los dientes profundamente en su víctima, a menudo hasta los huesos, y luego la desgarraba de un tirón». Esta técnica del tiranosaurio ha recibido su propio nombre: alimentación por perforación y desgarre. Sin embargo, en la mayoría de las películas está ausente la imagen evolutiva del Rex como ancestro de los pájaros, con plumas que sobresalían entre las escamas para conservar el calor y quizá servir de reclamo en el cortejo sexual. Además, no era tonto. Las mediciones de su capacidad craneana muestran que «era más o menos tan inteligente como un chimpancé y más que los perros y los gatos». 
Brusatte combina con acierto la historia de los dinosaurios con las vidas de grandes paleontólogos 
La desaparición de los dinosaurios hace 66 millones de años ha sido objeto de frecuentes debates y ha oscurecido los 150 millones de años de reinado de estos reptiles, que los convierten en una de las criaturas más duraderas que jamás hayan habitado la Tierra. «Lejos de fracasar», afirma el autor, «fueron un éxito evolutivo». Sus restos fosilizados se pueden encontrar por casi todo el planeta. Y, aunque hablemos de su caída, decenas de miles de especies de dinosaurios siguen entre nosotros. Los llamamos aves. Puede que no lo creamos, dice Brusatte, pero «las aves no son más que un grupo extraño de dinosaurios» que desarrollaron alas y aprendieron a volar. «El caer en la cuenta de que las aves son dinosaurios seguramente sea el hecho individual más importante jamás descubierto por los paleontólogos especialistas en el tema».

Los jóvenes científicos como Brusatte y sus colegas comparten un evidente sentido del asombro. «Cuando veo las primeras huellas del Triásico me dan escalofríos. Puedo percibir el lejano espectro de la muerte». Esta conexión emocional, junto con la recopilación de historias personales y personajes que hace el autor, convierten el libro en algo especial. Entre las historias está la del Rancho Fantasma de Georgia O’Keeffe, «repleto de fósiles» que hicieron de él una meca para los jóvenes paleontólogos que acudían en manada tras la muerte de la artista. Según el autor, «si actualmente visita alguna gran exposición sobre dinosaurios, probablemente vea algún Coelophysis del Rancho Fantasma, el dinosaurio del Triásico por excelencia».

También nos encontramos con el barón Franz Nopcsa von Felso-Szilvás, el extravagante «genio trágico» del espionaje cuyas aventuras en busca de fósiles en Transilvania durante la Segunda Guerra Mundial acabarían en el asesinato-suicidio de él y su pareja. «Drácula no tenía nada que envidiar al barón de los dinosaurios». Otro personaje es el incomparable Barnum Brown, que descubrió el primer Tiranosaurus rex en 1902 y se convirtió en «el primer paleontólogo famoso. Si viviese hoy, sería la estrella de algún espantoso programa de telerrealidad y, seguramente, político».

La paleontología está llena de personalidades, y Brusatte siempre está en el lugar adecuado en el momento oportuno. Como en Hell Creek, en el estado de Montana, para el descubrimiento de «la tumba de un Triceratops» que proporcionó la inesperada prueba de que se trataba de una especie gregaria. O pasando el rato con su mentor Mark Norell en su legendario despacho del Museo de Historia Natural en Central Park. También en China, embobado ante la colección de fósiles cubiertos de plumas a cargo del conservador chino Xu Xing, el «mayor cazador de dinosaurios del mundo».

El lector se maravilla asimismo ante el prodigioso biólogo Jacob Vinther, cuyo microscopio descubrió el color de las plumas de los dinosaurios que los equipaban mejor para el cortejo. (Solo aprendieron a volar por accidente, algo típico de la evolución). Como un joven admirador fascinado, Brusatte peregrina a Italia para ver cómo el mítico Walter Álvarez presume de su histórico descubrimiento: un fino estrato de arcilla que contiene los restos largo tiempo buscados de un asteroide desintegrado, o lo que es lo mismo, la primera prueba sólida de la idea de que un impacto catastrófico, el famoso meteorito, acabó con los dinosaurios.

Al físico Richard Feynman le maravillaba la manera en que la belleza de la naturaleza se esconde en sus detalles. A su juicio, el científico es capaz de disfrutar más de la belleza de una flor porque entiende su funcionamiento interno. La belleza de este libro también reside en sus detalles, así como en las historias de los científicos que los sacaron a la luz.

Hallan nueva especie de lagarto en el estómago de un micro-raptor

Un nuevo espécimen de dromeosáurido volador del género 'Microraptor zhaoianus' ha sido excavado en China con los restos de un lagarto casi completo conservado en su estómago.

JINGMAI - Archivo.
Según publica la revista 'Current Biology', el lagarto es diferente a cualquier otro conocido del Cretácico y representa una nueva especie, a la que han denominado 'Indrasaurus wangi', en honor al profesor Wang Yuan del IVPP (Instituto de Paleontología y Paleoantropología de los Vertebrados), que también es director del Museo Paleozoológico de China. El nombre 'Indrasaurus' fue inspirado por una leyenda védica en la cual el dios Indra fue tragado por un dragón durante una gran batalla.

El doctor Dong Liping, ex alumno del profesor Wang, realizó el análisis filogenético más extenso de lagartos cretáceos jamás realizado y demostró que todas las especies cretácicas conocidas estaban más estrechamente relacionadas entre sí que con cualquier linaje moderno, según un comunicado dela Academia de Ciencias de China.

El nuevo lagarto tenía dientes a diferencia de cualquier otro conocido anterior al conjunto de organismos que habitaban en el noreste de China, más conocidos como la Biota de Jehol, lo que amplía la diversidad de este clado y posiblemente sugiere una dieta única para esta nueva especie.

Esta es la cuarta aparición documentada de un microraptor que conserva intacto el contenido de su estómago: ahora se sabe que este dinosaurio se ha alimentado de mamíferos, aves, peces y lagartos, lo que respalda la interpretación de que era un depredador oportunista.   

El lagarto hallado está casi completo y articulado, lo que muestra que fue tragado entero y con la cabeza primero, lo que significa que el micro-raptor se alimentaba de manera similar a las aves y lagartos carnívoros.

Si bien se ha demostrado recientemente que, en el Jurásico troodóntido, el Anchiornis defecaba bolas parecidas a los pájaros carnívoros que existían en aquel tiempo, esta habilidad aparentemente no estaba presente en el microraptor, lo que se suma a la evidencia de que la transición evolutiva del dinosaurio al pájaro se caracterizó por la homoplasia extrema, es decir, numerosos rasgos evolucionaron varias veces de forma independiente en grupos estrechamente relacionados.

En los últimos 20 años, la evidencia directa de las interacciones tróficas en la Biota de Jehol se han ido acumulando. Ahora ya hay 20 relaciones depredador-presa documentadas a través de la evidencia directa de los contenidos del estómago.

Los autores utilizaron estas relaciones para reconstruir la primera red alimenticia del Jehol. Aunque ciertamente preliminar, esta red alimenticia indica que los peces formaron la fuente alimentaria más importante para los consumidores secundarios y terciarios. Esta red alimenticia se puede utilizar en el futuro para comprender mejor el ecosistema de Jehol.