Similar al correcaminos y del tamaño de un pollo, corría por las dunas hace 95 millones de años en busca de lagartos o mamíferos para alimentarse
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En la imagen, recreación de un ejemplar de 'Alnashetri' con una presa en la boca. (Gabriel Díaz Yantén) |
La Patagonia argentina es famosa por sus dinosaurios colosales, como Patagotitan mayorum, considerado
el más grande del mundo con 40 metros de largo y el peso equivalente a catorce elefantes africanos. Pero en La Buitrera, una franja de 30 kilómetros de rocas areniscas anaranjadas que conserva los restos del Kokorkom, un desierto de mediados del período Cretácico, hace 100 millones de años, el mundo parece haberse reducido. Allí, entre las finas arenas y el sílice dejado por las erupciones volcánicas que dieron origen a la cordillera de los Andes, se conservan de forma excepcional los restos óseos de otros habitantes mucho más diminutos, pero no menos fabulosos.
El último en ser descrito es Alnashetri cerropoliciensis, un pequeño y liviano dinosaurio de 70 cm de longitud similar al correcaminos -la mayor parte del cuerpo era cola-, que corría por las dunas hace 95 millones de años. Con un peso de alrededor de un kilo, inferior al de un pollo para consumo humano, y la altura de un cuervo, era el dinosaurio más diminuto de Sudamérica y uno de los más pequeños del mundo. Muy pocas otras especies, como Anchiornis (hallado en China) o Archaeopteryx (Alemania), habrían tenido un tamaño similar o apenas un poco menor. Su nombre en la lengua indígena Tehuelche significa «patas flacas» de Cerro Policía, el pueblo más cercano en la provincia de Río Negro.
Los paleontólogos desenterraron en 2004 un primer fósil, unas patas incompletas que daban muy poca información, pero diez años más tarde dieron con un nuevo ejemplar que tenía todo el cuerpo preservado y perfectamente articulado, incluido el cráneo, las falanges de los dedos y algunas vértebras de la cola. Pertenecía a una hembra adulta de 4 años y permitió conocer a fondo la especie, que ahora se presenta en la revista 'Nature'.
Dientes y brazos fuertes
'Alna', como llaman cariñosamente al ejemplar, es un miembro de la familia de los alvarezsaúridos, dinosaurios terópodos de pequeño a mediano tamaño distribuidos en Asia y Sudamérica. Aunque en algún momento se pensó que estaban relacionados cercanamente con las aves (e incluso que podían ser aves), en realidad son un grupo emparentado con otros pequeños carnívoros como los compsognátidos (los famosos 'Compis» de 'Jurassic Park').
Pero, a diferencia de sus parientes tanto en Argentina como en otras partes del mundo, 'patas flacas' tenía las extremidades delanteras "sorprendentemente largas" con tres dedos muy desarrollados. Sin embargo, no podía volar. «En principio, podríamos decir que sus 'medias alas' diminutas no les servían para nada. No es necesario darles una función porque no todo la tiene en la naturaleza. Pero también es posible que les dieran estabilidad o los ayudaran a prolongar un salto demasiado largo», explica a este periódico Sebastián Apesteguía, director del área de Paleontología de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara e investigador del Concejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Argentina (Conicet).
El fósil, excepcionalmente articulado y conservado, pertenecía a una hembra adulta de 4 años

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| Alnashetri fue rápidamente cubierto por una duna de arena que avanzaba y lo preservó casi intacto durante 90 millones de años. Abajo, la silueta del animal. (Peter Makovicky, U. de Minnesota / G. D. Yantén) |
Los dientes de 'Alna' también eran más fuertes y grandes que los de sus parientes, asemejándose a los de un pequeño velociraptor. Se alimentaba de animales pequeños, probablemente lagartos, serpientes y mamíferos, en vez de especializarse en insectos. «Hasta hace poco, se creía que todos los alvarezsaurios verdaderamente diminutos tenían extremidades anteriores muy cortas y robustas, con un pulgar grande pero dedos laterales encogidos, y dientes diminutos, y que estas características anatómicas evolucionaron junto con la reducción de su tamaño corporal en respuesta a la evolución de una ecología de alimentación de hormigas y termitas. Pero Alnashetri no encaja en ese molde«, aclara a ABC Peter Makovicky, investigador de la Universidad de Minnesota Twin Cities (EE.UU.).
Aunque tenía alas, no volaba. Es posible que sus plumas fueran coloridas y usara su larga cola para exhibirse
Esto significa que su pequeño tamaño corporal surgió independientemente cada vez y que el grupo evolucionó y se dispersó desde Argentina hasta Asia cuando las conexiones globales del antiguo supercontinente Pangea aun no se habían interrumpido.
Aunque no hay evidencias de partes blandas ni plumas, los investigadores creen que 'Alna' era un dinosaurio emplumado, como otros alvarezsáuridos. Es posible que su plumaje fuera «vistoso» y utilizara su larga cola para exhibirse, «llevándola alta como los coatíes». «Aunque no sabemos los colores exactos de los dinosaurios extintos, sí los de los vivientes, las aves, y también sabemos que los dinosaurios tenían buena vista y elementos corporales estrafalarios como crestas y velas, que nos permiten inferir que, como a las aves, les gustaba exhibirse. Creo que habría muchos colores en el mundo dinosauriano», dice Apesteguía.
La era de los gigantes
«Cuando pensamos en paisajes con dinosaurios o a través de la ficción de las películas, pensamos en sitios amplios con grandes bestias moviéndose, pero ese paisaje esta desprovisto casi siempre de un enorme componente del sistema que son los animales medianos y pequeños», apunta el investigador.
"Los dinosaurios del tamaño de Alnashetri eran mucho mas abundantes y se movían a veces en grupo y otras veces en forma solitaria -continúa-. En el mismo lugar encontramos también dientes sueltos y algunos huesos aislados de enormes carcarodontosáuridos como Giganotosaurus o grandes titanosaurios como Andesaurus o Argentinosaurus. El momento en que vivió Alnashetri, uno de los dinosaurios mas pequeños, es también el mismo momento que solemos llamar 'la era de los gigantes del sur'. Alnashetri nos muestra que no era un tiempo de gigantes, sino un tiempo de enorme diversidad".
abc.es