El Demandasaurus es objeto de un nuevo proyecto de investigación. Procede del yacimiento Tenadas de los Vallejos II, cerca de Ahedo de la Sierra. El Colectivo Arqueológico y Paleontológico de Salas, C.A.S., recuperó gran parte de su esqueleto en tres campañas de excavaciones, de 2002 a 2004.
Equipo investigador de los yacimientos de dinosaurios en la Sierra de la Demanda con Baiano, Torcida, Canudo y Vila
Tres nuevos estudios sobre los dinosaurios de la Sierra de la Demanda han sido publicados por la revista Ciencias de la Tierra (Instituto de Estudios Riojanos) https://libreriaier.larioja.org/colecciones/907-paladino-las-lenguas-romances-y-los-dinosaurios.html. Corresponden a las ponencias que se presentaron en el Congreso Internacional Pala-Dino, Las lenguas romances y los dinosaurios: una revolución en la ciencia (mayo de 2025), celebrado en el municipio riojano de San Millán de la Cogolla, cuna del español y del euskera escrito y que alberga los monasterios de Yuso y Suso, Patrimonio de la Humanidad.
Baiano trabajando con Demandasaurus
El primer trabajo publicado estudia los escasos restos de rebaquisáuridos en el conjunto de Europa, Asia y América del Norte, y profundiza en el papel de Demandasaurus como una referencia obligatoria para entender la evolución de esa familia y los intercambios /migraciones de fauna entre Europa y África en la primera mitad del Cretácico (hace unos 120 millones de años atrás).
El segundo trabajo sobre Demandasaurus se centra en dos vértebras hasta ahora inéditas, y que corresponden a las primeras de la columna dorsal (“espalda” o dorso del animal). Es una zona anatómica hasta ahora poco conocida en rebaquisáuridos; las conclusiones del estudio indican una serie de características de estas vértebras que comparten ejemplares europeos y africanos, claramente emparentados.
Excavación Demandasaurus 2003
Un último estudio publicado es el de un maxilar de un dinosaurio iguanodontio (herbívoro, caracterizado por un dedo pulgar convertido en un fuerte espolón), aparecido cerca de Villanueva de Carazo. Perteneció a un ejemplar de gran tamaño, muy bien conservado. El conjunto de sus características anatómicas es diferente respecto a las especies de iguanodontios conocidos, y aumenta la diversidad de estos en la Sierra de la Demanda, lo que subraya la importancia de los fósiles serranos en el conocimiento de las poblaciones de este grupo de dinosaurios en la península ibérica, en especial de sus relaciones con faunas de Aragón y Comunidad Valenciana.
Un dinosaurio de enorme repercusión científica, objeto de un nuevo proyecto de investigación.
Demandasaurus darwini procede del yacimiento Tenadas de los Vallejos II, cerca de Ahedo de la Sierra, dentro del Geoparque Sabinares del Arlanza-La Yecla. El Colectivo Arqueológico y Paleontológico de Salas, C.A.S., recuperó gran parte de su esqueleto en tres campañas de excavaciones, de 2002 a 2004, con financiación de la Junta de Castilla y León.
El estudio de sus fósiles durante varios años desembocó en 2011 en la descripción de Demandasaurus como una nueva especie de Rebaquisáuridos (saurópodos, herbívoros cuadrúpedos, de gran tamaño), emparentados con el famoso Diplodocus. Su impacto científico fue inmediato, pues es la primera especie de esa familia que se ha localizado en el antiguo supercontinente de Laurasia (los actuales Europa, Asia y América del Norte). Demandasaurus, además, constituye una prueba sólida del intercambio migratorio de dinosaurios entre Europa y África ocurrido hace unos 125 millones de años aprox. (durante la primera mitad del Cretácico). A día de hoy sigue siendo una especie imprescindible para entender la evolución y la expansión geográfica de los Rebaquisáuridos, y sus citas en revistas especializadas son innumerables.
Bernat Vila trabajando con Demandasaurus
Desde el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes se ha planteado un nuevo proyecto de investigación sobre Demandasaurus. En una primera fase se estudiarán características anatómicas de sus huesos fósiles con el apoyo de nuevas tecnologías, Así, los fósiles se someterán a tomografías que revelarán detalles ocultos como el número de dientes y su ritmo de reemplazo en maxilar y mandíbula, o las amplias oquedades y cámaras que poseen sus huesos ahuecados. Asimismo, se desarrollarán nuevos análisis filogenéticos (reconstrucción de la historia evolutiva de los seres vivos) y se elaborarán modelos 3D de los fósiles.
En una segunda fase del proyecto se estudiarán huesos inéditos de Demandasaurus; actualmente la mayoría de ellos forman parte de “momias” de poliuretano: paquetes preparados durante las excavaciones para su protección y transporte hasta el Museo salense. También se estudiarán otros fósiles que no habían sido preparados y están parcialmente recubiertos por la roca del yacimiento. Desde hace pocos meses, con la ayuda de subvenciones de la Diputación de Burgos, estos fósiles han comenzado a ser tratados por especialistas como Alba Marco y la actual conservadora-restauradora del Museo salense, Caterine Arias.
El proyecto se ha iniciado en 2025 y se prevé una duración de, al menos, cinco años. En el equipo científico formado se integran paleontólogos de origen diverso: los doctores José Ignacio Canudo (Universidad de Zaragoza), Bernat Vila (Institut Català de Paleontologia), Mattia Antonio Baiano, CONICET-UNRN-Museo Ernesto Bachmann, Argentina) y Fidel Torcida (Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes).
Excavaciones en uno de los yacimientos de la Demanda.
Sin duda, Demandasaurus es uno de los dinosaurios de mayor trascendencia en la paleontología europea. Como muestra su alto número de citas científicas o las frecuentes visitas al Museo salense de investigadores de distintos países para estudiar sus fósiles (p. ej. Argentina, EEUU o Reino Unido). Una nueva especie de dinosaurios para la Ciencia que, junto a otras descritas en la Sierra de la Demanda burgalesa (Europatitan eastwoodi, Foskeia pelendomun) explican la singularidad y alto valor patrimonial que atesora esta comarca y que posee un potencial de investigación asegurado para varias décadas.
Desde el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes esta serie de proyectos sirve para mostrar la vitalidad de una institución municipal que ha llegado a conseguir una trascendencia y una proyección internacionales, y que celebra en 2026 su XXV Aniversario con la continuidad de proyectos y trabajos que puede disfrutar la sociedad en forma de conocimiento y ocio. Y con el convencimiento de que su actividad investigadora y de divulgación científica tiene un largo futuro por delante, con un beneficio social, cultural, educativo y económico para la comarca serrana y -como único museo castellano y leonés de estas características-, para nuestra Comunidad Autónoma.
La revista 'Ciencias de la Tierra' publica los últimos hallazgos sobre los fósiles de la Sierra de la Demanda, mientras el Museo de Salas inicia un ambicioso proyecto con tecnología 3D y tomografías para desenterrar restos inéditos
Bernat Vila, investigador del Institut Català de Paleontologia, trabajando con Demandasaurus. (Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes)
La Sierra de la Demanda, en la provincia de Burgos, consolida su posición como un territorio clave para la paleontología internacional. La revista Ciencias de la Tierra (del Instituto de Estudios Riojanos) ha publicado tres nuevos estudios científicos centrados en los dinosaurios de esta comarca burgalesa.
Los trabajos recogen las ponencias presentadas en el Congreso Internacional Pala-Dino, celebrado en San Millán de la Cogolla, y arrojan nueva luz sobre las especies que habitaron la provincia hace millones de años.
Dos de las investigaciones publicadas se centran de forma específica en el Demandasaurus, una especie de rebaquisáurido (saurópodo, herbívoro cuadrúpedo de gran tamaño emparentado con el Diplodocus) que se ha convertido en una referencia mundial. El primer trabajo profundiza en los escasos restos de esta familia en Europa, Asia y América del Norte, situando al ejemplar burgalés como una pieza obligatoria para entender las migraciones de fauna entre Europa y África durante la primera mitad del Cretácico, hace unos 120 millones de años.
Nuevas pistas sobre el pasado africano de Burgos
El equipo investigador y la excavación de Demandasaurus de 2002. (Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes)
El segundo estudio analiza dos vértebras dorsales inéditas de Demandasaurus. Al tratarse de una zona anatómica poco conocida hasta ahora en este grupo de dinosaurios, las conclusiones han sido reveladoras: los ejemplares europeos y africanos comparten características que demuestran de forma sólida que estaban claramente emparentados.
Por último, el tercer artículo científico describe un maxilar muy bien conservado de un dinosaurio iguanodontio de gran tamaño hallado cerca de Villanueva de Carazo. Este herbívoro, caracterizado por tener el dedo pulgar convertido en un fuerte espolón, presenta rasgos anatómicos diferentes a los de otras especies conocidas. Este hallazgo no solo amplía la diversidad de la Sierra de la Demanda, sino que estrecha las relaciones de estas poblaciones de la península ibérica con las faunas de Aragón y la Comunidad Valenciana.
Un gigante bajo el escáner: arranca un proyecto a cinco años
Más allá de estas publicaciones, el Demandasaurus darwini —cuyos fósiles fueron recuperados entre 2002 y 2004 en el yacimiento Tenadas de los Vallejos II (Ahedo de la Sierra), dentro del Geoparque Sabinares del Arlanza-La Yecla— vuelve a ser el centro de atención. El Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes ha puesto en marcha un nuevo proyecto de investigación que se extenderá al menos hasta 2030.
Excavación del Demandasaurus de 2003. (Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes)
En una primera fase, los científicos utilizarán tecnologías de última generación como tomografías y modelos 3D. Estas pruebas médicas aplicadas a los fósiles permitirán revelar detalles internos ocultos, como el número exacto de dientes, su ritmo de reemplazo en la mandíbula o las oquedades de sus huesos ahuecados.
La segunda fase del proyecto consistirá en estudiar huesos que aún permanecen inéditos. Muchos de ellos se encuentran todavía protegidos en «momias» de poliuretano (los paquetes que se preparan en las excavaciones para su transporte) o cubiertos parcialmente por la roca original del yacimiento. Gracias al apoyo económico de la Diputación de Burgos, especialistas como Alba Marco y la conservadora-restauradora del museo, Caterine Arias, han comenzado a liberar y tratar estos fósiles.
El equipo científico encargado de este desarrollo está compuesto por investigadores de prestigio internacional, como los doctores José Ignacio Canudo (Universidad de Zaragoza), Bernat Vila (Institut Català de Paleontologia), Mattia Antonio Baiano (CONICET-UNRN-Museo Ernesto Bachmann de Argentina) y Fidel Torcida (Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes).
XXV Aniversario con proyección internacional
El Demandasaurus comparte el protagonismo de la comarca con otras especies únicas descritas en la zona, como el Europatitan eastwoodi y la Foskeia pelendomun. Este patrimonio atrae de forma recurrente a investigadores de países como Estados Unidos, Reino Unido o Argentina hasta las instalaciones de Salas de los Infantes.
La llegada de estos nuevos proyectos coincide con una fecha muy especial: el Museo de Dinosaurios celebra su XXV Aniversario. Desde la institución municipal destacan que este hito demuestra la vitalidad de un centro que ha logrado trascendencia internacional y que busca revertir su actividad investigadora en un beneficio social, cultural, educativo y económico directo para toda la comarca serrana y para Castilla y León.
Tres investigaciones sobre el 'Demandasaurus' y un iguanodontio hallado en la comarca consolidan la relevancia internacional de este patrimonio paleontológico. El Museo de Dinosaurios de Salas impulsa además un proyecto a cinco años que aplicará nuevas tecnologías al estudio de restos inéditos
Excavación que culminó con el hallazgo de fósiles del 'Demandasaurus'. / C.A.S.
Los fósiles de dinosaurios de la Sierra de la Demanda mantienen a la comarca entre los grandes referentes de la paleontología internacional. La publicación de tres nuevos estudios científicos sobre ejemplares hallados en la zona y el inicio de un nuevo proyecto de investigación centrado en el 'Demandasaurus' refuerzan el papel que desempeñan estos yacimientos para comprender la evolución y la expansión de algunos de los grandes dinosaurios herbívoros durante el Cretácico.
Las tres investigaciones acaban de publicarse en la revista Ciencias de la Tierra, editada por el Instituto de Estudios Riojanos, y recogen las ponencias presentadas en el Congreso Internacional 'Pala-Dino. Las lenguas romances y los dinosaurios: una revolución en la ciencia', celebrado el pasado mes de mayo en San Millán de la Cogolla. Los trabajos vuelven a poner el foco en los hallazgos realizados en la zona burgalesa y en su trascendencia para la comunidad científica.
Dos de esos estudios tienen como protagonista al 'Demandasaurus darwini', el saurópodo descubierto en el yacimiento de Tenadas de los Vallejos II, junto a Ahedo de la Sierra. El primero revisa los escasos restos de rebaquisáuridos conocidos en Europa, Asia y Norteamérica y confirma que esta especie constituye una referencia imprescindible para explicar la evolución de este grupo de dinosaurios y los intercambios faunísticos entre Europa y África hace unos 120 millones de años.
Equipo de investigadores en el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes: Baiano, Torcida, Canudo y Vila./ Museo de Dinosaurios.
El segundo trabajo analiza dos vértebras dorsales hasta ahora inéditas, pertenecientes a una región anatómica muy poco conocida entre los rebaquisáuridos. El estudio identifica rasgos comunes entre ejemplares europeos y africanos, reforzando las evidencias sobre el estrecho parentesco existente entre ambas faunas durante el Cretácico inferior.
La tercera investigación se centra en el maxilar de un gran dinosaurio iguanodontio localizado cerca de Villanueva de Carazo. Sus características anatómicas difieren de las especies conocidas hasta la fecha, lo que, según el comunicado de prensa remitido por el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes, amplía la diversidad de este grupo en la Sierra de la Demanda y confirma el valor de los fósiles burgaleses para reconstruir la evolución de estas poblaciones en la península ibérica y sus relaciones con otros yacimientos de Aragón y la Comunidad Valenciana.
Junto a estas publicaciones, el ya mencionado Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes puso en marcha en 2025 un nuevo proyecto de investigación dedicado al 'Demandasaurus', cuya duración prevista es de, al menos, cinco años. La primera fase contempla la realización de tomografías de los fósiles para estudiar aspectos internos hasta ahora desconocidos, como la dentición, el ritmo de sustitución de los dientes o las cavidades presentes en los huesos, además de nuevos análisis filogenéticos y la elaboración de modelos tridimensionales.
Posteriormente, se abordará el estudio de numerosos restos inéditos que permanecen protegidos desde las campañas de excavación realizadas entre 2002 y 2004 o que aún conservan parte de la roca original. Estos trabajos de preparación ya han comenzado gracias al apoyo económico de la Diputación de Burgos y permitirán ampliar el conocimiento sobre una especie cuya relevancia científica no ha dejado de crecer desde su descripción en 2011.
El denominado Centro Cultural será la tercera sala de exposiciones de Burgos y contará con cuatro espacios diferentes. Buscan que esté abierto a principios del próximo año tras una inversión de 200.000 euros.
Exposición de fotografías del fondo de EFE celebrada en el Fórum Evolución. TOMÁS ALONSO
El espacio ya tiene nombre, Centro Cultural del Fórum, y potentes exposiciones con las que arrancar aunque aún le faltan las obras de adecuación de un espacio que habitualmente se dedica a la organización de espacios comerciales que acompañan a los grandes Congresos o ferias de tipo comercial. Pero el espacio se someterá a una transformación para contar con cuatro espacios expositivos que "permitan dar polivalencia y mantener exposiciones diferentes", explicó la presidenta de ProBurgos, Andrea Ballesteros.
El Consejo de Administración de la Sociedad de Promoción presentó el inicio de expediente y pliegos para la contratación mixta del suministro e instalación de elementos expositivos y servicios de diseño que adecúen esta segunda planta como espacio expositivo con cuatro áreas diferenciadas. Tiene un presupuesto en torno a los 200.000 euros, supondrán la creación de un acceso independiente y esperan abrirlo en el primer trimestre de 2027.
Por otro lado, ProBurgos entreteje la difusión del potencial industrial de Burgos con la captación de talentos y el despertar de vocaciones tecnológicas e industriales. Para ello, amplía la oferta entre escolares de Primaria que ya se realizaba con las visitas al espacio expositivo de la Industria a Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional. Bajo el título 'La industria que nos une' se plantean visitas a complejos fabriles y complementar así la parte ya incluida en el programa de La Ciudad también Enseña.
Por otro lado, el consejo de la entidad ha aprobado la coorganización del VI Encuentro Tecnológico Industria 4.0 en colaboración con la Asociación Digital Innovation Hub Industry 4.0 (DIHBU) que es "una oportunidad para reforzar la imagen del Burgos industrial e innovador". También se solicita el patrocinio de la Bienal Fundación Caja de Burgos en su primera edición ya que se ajusta a la "estrategia de promoción de la ciudad en una iniciativa sigular que genera notoriedad", expuso Ballesteros. Un proyecto cultural ya en marcha que incluirá el potencial de 36 artistas del ámbito contemporáneo con el espacio urbano.
Las primeras reconstrucciones del megalosaurio lo representaban erróneamente como un cuadrúpedo, como las esculturas instaladas en la Gran Exposición de Londres. Crédito: Welcome Images / Wikimedia Commons
Elias Ashmole fue un erudito del siglo XVII que, aparte de fundar la Philosophical Society de Oxford y la Royal Society de Londres, creó el museo que lleva su nombre, el Ashmolean Museum of Art and Archaeology, a partir de su bien nutrida y variopinta colección particular. Como además tenía gran afición a la alquimia, no sólo mantuvo estrecha relación con uno de los grandes alquimistas y científicos de su época sino que lo puso al frente de dicho museo como primer director: Robert Plot, otro sabio versado en química, biología, matemáticas, protoarqueología, geología e incluso derecho que fue el primero en describir y documentar un hueso de dinosaurio, aunque él lo atribuyó a un gigante.
El Museo Ashmolean es una institución perteneciente a la Universidad de Oxford, la segunda de ese tipo vinculada a un centro universitario (la primera fue el Kuntsmuseum Basel, de la Universidad de Basilea) y el primer museo de Gran Bretaña que tuvo carácter público. Fue precisamente la universidad la que en 1678 decidió dar el paso museístico para exponer la donación que el año anterior le había hecho el mencionado Elias Ashmole de su gabinete de curiosidades (o cuarto de maravillas, como se denominaba entonces a las salas y habitaciones domésticas destinadas a albergar las colecciones de sus dueños, fueran arqueológicas, minerales, etnográficas, botánicas, animales, artísticas, de rarezas del mundo, etc.).
Aunque su sede actual de la calle Beaumont es algo posterior, construida entre 1841 y 1845, el Ashmolean Museum fue inaugurado en 1683 en Broad Street, en el edificio conocido como Old Ashmolean, que hoy alberga al Museo de la Historia de la Ciencia. Se trataba del primer inmueble hecho ex profeso para esa función -exigencia de Ashmole- y en sus salas se reunían piezas representativas de todas aquellas disciplinas que los sabios de entonces consideraban científicas. Eso incluía, como hemos explicado muchas veces, algunas que hoy están separadas o directamente relegadas, como la filosofía y la alquimia. El polifacético Elias Ashmole las practicó casi todas.
Nacido en la localidad inglesa de Lichfield en 1617, fue político, militar, anticuario, abogado, médico, coleccionista, francmasón (él ideó algunos de los ritos iniciáticos de esa secta), astrólogo y alquimista. Esta última afición le debió de poner en contacto con otra ilustre mente de su tiempo, también inglés y multidisciplinar aunque veintitrés años más joven: Robert Plot, natural de Borden (Kent), licenciado y máster en Letras y Artes que primero ejerció de profesor y luego pasó a ser decano y vicerrector en la Magdalen Hall, al mismo tiempo que preparaba su doctorado en Derecho
Civil. Lo obtuvo en 1671, pasando entonces al University College, el colegio universitario más antiguo de Oxford.
Plot, al igual que Ashmole, también se interesó por numerosas disciplinas científicas, caso de la historia natural y las antigüedades, en una época en la que la arqueología todavía no existía como tal. El entusiasmo y el afán de saber contrarrestaban la ausencia de técnicas que llegarían posteriormente, así que, ayudado por el rector y el obispo, Plot salía regularmente al campo en busca de ejemplares minerales y fósiles, que constituían los elementos sobre los que se sustentaban los avances en geología. No obstante, él pensaba que los segundos no eran más que cristalizaciones de sales que adoptaban formas caprichosamente zoomorfas, pues pensaba que la Tierra tenía capacidad para ello en lo que denominaba virtus formativa.
Dibujo del Scrotum humanum, posible fémur de megalosaurio, tal como apareció en la Natural history of Oxfordshire de Plot, cuya portada vemos a la derecha. Crédito: Dominio público / Wikimedia Commons
Entre sus errores más patentes está el de atribuir a un gigante -como los reseñados por Plinio- el enorme fémur que encontró en una de esas excursiones y que no se identificaría hasta mucho después como perteneciente a un dinosaurio; un megalosaurio probablemente, aunque se ha perdido.
Su primera idea fue que pertenecía a un elefante llevado por los romanos durante la conquista de Britania -se sabe que el emperador Claudio montaba sobre uno- y entraba dentro de lo imaginable para aquellos tiempos pioneros, pero al cabo de casi un siglo otro naturalista llamado Richard Brookes le dio una vuelta de tuerca cómica al asunto cuando decidió que aquel hueso era en realidad lo que quedaba del escroto de un coloso, quizá un patriarca bíblico, de ahí que lo bautizase como Scrotum humanum.
Pese a todo, las piezas que recopilaba eran de gran valor; por eso se ganó el apodo de Learned Dr. Plot (algo así como «Erudito Dr. Plot») y la Royal Society -fundada, recordemos, por Ashmolean- le nombró secretario en 1677. Esa institución también le designó, junto al físico y anticuario William Musgrave, editor de su revista (Philosophical Transactions, la más importante del mundo de carácter científico; en ella publicaron Newton, Darwin y Faraday) entre 1682 y 1684. Entremedias de esta etapa editora obtuvo asimismo la plaza de primer Keeper («conservador») del recién creado Museo Ashmolean, en el que amplió competencias como primer profesor de química de su bien equipado laboratorio.
En aquel siglo XVII en el que la Ilustración empezaba a dar pasos incipientes, química y alquimia aún se consideraban estrechamente relacionadas, hasta el punto de que uno de los productos que sus practicantes buscaban con tanto afán como ingenuidad era el alkahest, un hipotético disolvente universal (entendiendo por disolvente la sustancia que facilita una disolución o mezcla molecular) que fuera una alternativa al agua.
Robert Plot figura con honores en el Dinosaur Isle Museum de la isal de Wight. Crédito: N.Cayla / Wikimedia Commons
Se suponía que el alkahest era capaz de disolver los metales y reducir todos los cuerpos terrestres a la materia original (éter) de la que estaban formados, incluyendo las almas. Al extraer de las sustancias compuestas sus virtudes y propiedades fundamentales, los alquimistas esperaban obtener valiosas propiedades curativas.
Ésa fue, junto a la transmutación de la materia en oro, la razón de que la alquimia cobrase nuevos bríos ese siglo y el siguiente, en parte gracias al impulso que le dio Jan Baptist van Helmont, considerado fundador de la química neumática (la que estudiaba las propiedades de los gases y la composición de la materia) y continuador del trabajo de Paracelso, quien propuso una etimología árabe para el término alkahest y que, había elaborado una fórmula con cal, alcohol y carbonato de potasio.
Plot, que hizo su propia fórmula a partir de aguardiente de vino, se unió así a una nutrida lista de alquimistas obsesionados con esa búsqueda, como sus compatriotas Thomas Henshaw, George Starkey, Robert Hamilton, Robert Child y ThomasVaughan, más otros como Frederick Clod, Johann Rudolf Glauber, etc.
En 1684, el mismo año en que terminó su labor al frente de la revista Philosophical Transactions, Plot publicó un tratado sobre el origen de los manantiales. Titulado De fontium origine, en él atribuía su origen a canales subterráneos excavados por las aguas marinas. Dos años más tarde sacó un nuevo libro centrado en un tema muy diferente: The Natural History of Staffordshire, en el que se adentraba en el terreno de la arqueología con algunos errores propios del incipiente nivel que todavía tenía ésta, como confundir restos romanos con sajones, pero en cuyas páginas incluía otras cuestiones que fueron de gran interés para la comunidad científica.
Por ejemplo, la primera descripción del cisne polaco (Cygnus olor morpha immutabilis), una variante de cisne mudo cuyas crías presentan plumas blancas y patas grises debido al leucismo o insuficiencia de pigmentación debido a un gen recesivo que le produce esa mutación. O la reseña de una doble puesta de sol observable desde Leek (una ciudad de Staffordshire, el distrito natal de Ashmole). O la celebración de la Abbots Bromley Horn Dance, una danza folklórica navideña de Staffordshire alusiva a la historia de Robin Hood: seis bailarines portan cornamentas de reno mientras los otros cuatro representan a Lady Marian, un bufón, un caballo de madera y un arquero.
En 1687 el arzobispo de Canterbury nombró a Plot notario público y secretario del Tribunal de Caballería de Su Majestad (un tribunal de derecho civil que derivaba de la antigua Curia Militaris y la posterior Earl Marshal’s Court; tenía jurisdicción en asuntos de heráldica y su sede estaba en Norfolk). Tres años después renunció a su puesto en Oxford para casarse con la londinense Rebecca Burman. El matrimonio se estableció en una hacienda de Sutton Barne, que proporcionó a Plot la tranquilidad que necesitaba para escribir The Natural History of Middlesex and Kent, obra que quedó inacabada.
A principios de 1695 recibió un nuevo cargo, el de Mowbray Herald of Arms Extraordinary («Heraldo de Armas Extraordinario de Mowbray», oficial de armas), seguido a los dos días de otro, registrador del College of Arms (o Herald’s College, «Colegio de Heraldos», corporación real formada por oficiales de armas y máxima autoridad heráldica). Sin embargo le quedaba poco, ya que los cálculos renales que padecía con cierta frecuencia terminaron por quitarle la vida. Ese mes de septiembre realizó una de sus excursiones arqueológicas por Anglia, pero fue la última y falleció en abril de 1696. Ashmole lo había hecho cuatro años antes de unas fiebres contra las que no sirvió el remedio que se había autorrecetado; colgarse tres arañas del cuello.
Reconstrucción de Demandasaurus de Raúl Martín para el Museo de Salas de los Infantes y el CAS.
Hoy os traemos una historia sobre un grupo de dinosaurios con nombre exótico y vidas secretas que os va a encantar. Nos referimos a los rebaquisáuridos (Rebbachisauridae), esos "primos" no tan lejanos de los archiconocidos Diplodocus. El nombre del grupo tiene su miga: resulta que Rebbachisauridae viene de Rebbachisaurus, un bicho descrito en los años 50 en Marruecos. Pero lo divertido es que "Rebbach" es, en realidad, una mala traducción fonética que hicieron los franceses de "Kebbash" (o Kebbache), que es el nombre de una tribu seminómada de la zona. Así que, técnicamente, ¡estamos hablando de los "reptiles del territorio de la tribu de Kebbash"!
Los "dinosaurios fantasma": Si miramos los libros de historia (o más bien, el registro fósil), a estos gigantes comedores de planteas de cuellos y colas largos les encanta jugar al escondite. Los análisis genéticos y evolutivos nos dicen que debieron originarse allá por el Jurásico inferior o medio. Sin embargo... ¡no hay ni un solo fósil suyo de esa época! Reaparecen directamente en el Cretácico. A este vacío sin fósiles de entre 20 y 42 millones de años los paleontólogos lo llamamos, de forma muy peliculera, un "linaje fantasma".
El gran salto a Europa (con acento burgalés): Tradicionalmente se pensaba que los rebaquisáuridos eran muy del sur, ya que sus fósiles abundaban en Gondwana (lo que hoy es América del Sur y África). De hecho, mientras en el hemisferio norte otros dinosaurios sufrían crisis de biodiversidad, en el sur ellos vivían su época dorada. Pero la paleontología siempre nos guarda una sorpresa. Resulta que sí que cruzaron la frontera hacia el norte (Laurasia). ¿Y dónde dejaron su huella más clara? ¡En España! Hablamos del famosísimo Demandasaurus darwini, descubierto en Burgos (en la Formación Castrillo de la Reina). Este grandullón es el primer rebaquisáurido oficial y bien documentado de Laurasia. Gracias a las excavaciones realizadas entre 2002 y 2004, se recuperó un esqueleto parcial bastante majo con restos del cráneo, dientes, vértebras, costillas y hasta los isquiones. Lo curioso de Demandasaurus (y que comparte con sus parientes africanos como Nigersaurus) es que los adultos tenían una mandíbula con un contorno anterior en forma de "U". Esto es rarísimo, porque los diplodocoideos normales la tenían rectangular. Los investigadores creen que esto se debe a un proceso evolutivo llamado pedomorfosis, lo que significa que de adultos mantenían rasgos que sus ancestros solo tenían cuando eran bebés. ¡Unos auténticos Peter Pan jurásicos!
¿Turistas en Benidorm o migrantes climáticos?: El descubrimiento de Demandasaurus en la península ibérica no es solo un cromo más para la colección; es una prueba irrefutable de que hubo puentes e intercambios migratorios entre África y Europa durante el Barremiense (hace unos 125 millones de años). Además, se han encontrado restos aislados (como dientes tipo "lápiz" y algunas vértebras) en la Isla de Wight, en Inglaterra. Al analizar esos huesos británicos, las similitudes con nuestro Demandasaurus son tan grandes que podrían pertenecer al mismo género (Demandasaurus sp.) en lugar de ser una especie nueva. Vamos, que a los rebaquisáuridos les gustaba viajar por el continente europeo. Existen otros candidatos a rebaquisáuridos laurasiáticos aún más antiguos flotando por ahí, como el polémico Xenoposeidon de Inglaterra o Maraapunisaurus de EE. UU., pero sus restos son tan fragmentarios (o directamente se han perdido) que es mejor tomárselo con calma antes de reformular de nuevo los mapas de su origen.
Así que ya lo sabéis: la próxima vez que penséis en dinosaurios de cuello largo, acordaos de la tribu de Kebbash y de cómo sus "reptiles" terminaron dándose un paseo desde los desiertos africanos hasta las tierras burgalesas.
Puedes leer el artículo completo: Torcida Fernández-Baldor, F., Canudo, J.I. Rebbachisauridae de Laurasia. Zubia. Paladino: Las lenguas romances y los dinosaurios. Pérez-Lorente, F. (coord.) 193-216.
Un estudio liderado por el Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont describe por primera vez los tejidos blandos conservados en Montsecosuchus depereti, un cocodrilomorfo del Cretácico inferior hallado en Lleida. El análisis con luz ultravioleta aporta pistas sobre la coloración de estos animales y la evolución de su sistema respiratorio.
El esqueleto fósil original de Montsecosuchus. / Castillo-Visa, O. et
Hace aproximadamente 125 millones de años, un pequeño cocodrilo murió en las aguas de un lago kárstico próximo a la costa de lo que hoy es el Prepirineo catalán. Su cuerpo se conservó en condiciones excepcionales entre los sedimentos finos de aquella cuenca lacustre, que con el tiempo se convertirían en las calizas litográficas de la Pedrera de Meià, dentro del Global Geoparc Unesco Orígens.
El ejemplar, de unos 50 centímetros de largo, catalogado como MGB-512 y conservado en el Museu de Ciències Naturals de Barcelona, fue descubierto hace más de un siglo y estudiado parcialmente en los años 90, pero ahora un equipo de investigación ha logrado extraer información inédita: la morfología y la distribución de sus tejidos blandos.
Se dieron cuenta de que el holotipo del Montsecosuchus depereti mostraba estructuras que podrían corresponder a tejidos blandos de este animal cuando se exponía a luz ultravioleta
Durante los trabajos para elaborar una base de datos de los fósiles de las calizas litográficas del Montsec depositados en diversos museos catalanes y europeos, los paleontólogos Óscar Castillo y Jesús Serrano se dieron cuenta de que el holotipo del Montsecosuchus depereti mostraba estructuras que podrían corresponder a tejidos blandos de este animal cuando se exponía a luz ultravioleta. Bajo esta luz, clave en este estudio, los tejidos fosilizados destacan de manera diferente respecto a la roca que los rodea. Esto hace posible ver estructuras que bajo luz normal pasan desapercibidas.
Detalle de la cola de un ejemplar de Alligator mississippiensis de las colecciones del Museu de Ciències Naturals de Barcelona que muestra diferentes bandas de coloración. / Óscar Castillo
“La luz UV nos permite ver detalles que de otra manera quedarían completamente escondidos en la roca”, explica Óscar Castillo-Visa, primer autor del trabajo.
Una piel llena de pistas evolutivas
Gracias a este método, el equipo de investigación ha podido documentar diversos tipos de tejidos blandos, entre los cuales hay escamas epidérmicas. Aunque la especie se conoce desde principios del siglo XX, este nuevo estudio ha permitido describir por primera vez cómo era la piel de este cocodrilo primitivo, mostrando una gran variabilidad de formas y tamaños de las escamas a lo largo del cuerpo o la ausencia de la aleta caudal alta típica de los cocodrilos actuales.
El estudio también apunta a la posible presencia de órganos sensoriales en la piel, en algunas inclusiones de escamas, sobre todo en el cuello, en las extremidades y en los márgenes laterales del tronco y la cola. En los cocodrilos actuales, estos órganos funcionan como receptores del tacto y variaciones de la presión del agua, y también pueden responder a estímulos térmicos y químicos.
La luz ultravioleta también ha revelado estructuras cartilaginosas en el tórax, que indican que Montsecosuchus ya disponía de un sistema respiratorio eficiente
El hecho de que en Montsecosuchus aparezcan exclusivamente en escamas pequeñas y periféricas podría indicar que estas estructuras evolucionaron inicialmente en zonas localizadas antes de extenderse por toda la superficie corporal en los linajes posteriores.
La luz ultravioleta también ha revelado estructuras cartilaginosas en el tórax, que indican que Montsecosuchus ya disponía de un sistema respiratorio eficiente, parecido en algunos aspectos al de los cocodrilos modernos. Todo ello sugiere que, incluso en una etapa temprana de la evolución del grupo, algunos crocodilomorfos ya disponían de una anatomía torácica muy sofisticada.
El esqueleto fósil original fotografiado con luz convencional.
/ adaptado a partir de Castillo-Visa, O. et al
“Estos rasgos nos indican que, a pesar de ser un animal primitivo, ya estaba muy bien adaptado a un estilo de vida semiaquático”, concluye Castillo-Visa.
Un patrón de color fosilizado
Pero el hallazgo más sorprendente es la evidencia de un patrón de coloración conservado en la cola. En algunas escamas de la zona caudal, la luz UV hace visibles bandas claras y oscuras dispuestas transversalmente, un patrón que los investigadores interpretan como coloración original del animal.
Estas bandas podrían haber tenido una función de camuflaje disruptivo, es decir, ayudar a romper visualmente la silueta del cuerpo. / Albert G. Sellés, coautor del artículo
Estas bandas podrían haber tenido una función de camuflaje disruptivo, es decir, ayudar a romper visualmente la silueta del cuerpo. Si esta interpretación se confirma, Montsecosuchus se convertiría en el miembro más antiguo de los cocodrilomorfos con coloración preservada.
“De momento no podemos asegurar de qué color era la cola del cocodrilo, pero sería esperable que no fuese tan diferente de las especies actuales, que también muestran patrones de coloración distintos”, explica Albert G. Sellés, coautor del artículo.
Los resultados del estudio aportan información clave sobre la evolución temprana de la piel, la respiración y la biología externa de los crocodilomorfos, y demuestran la importancia del registro fósil catalán para entender la historia evolutiva de los vertebrados.
Referencia:
Castillo-Visa, O., Bell, P. R., Galobart, À., & Sellés, A. (2026). "Soft tissue preservation in the Barremian Montsecosuchus depereti (Neosuchia: Atoposauridae)". Zoological Journal of the Linnean Society.