martes, 7 de abril de 2026

Trabajo sobre una de las piezas del yacimiento de Vallazamorra · Fundación Caja Rural Burgos

CONVENIO DE COLABORACIÓN ENTRE LA FUNDACIÓN PARA EL ESTUDIO DE LOS DINOSAURIOS EN CASTILLA Y LEÓN Y LA FUNDACIÓN CAJA RURAL BURGOS

Inicio del proceso de restauración y consolidación de una de las piezas del yacimiento de Vallazmorra (Hortezuelos, Burgos) dentro del convenio de colaboración entre la Fundación Dinosaurios CyL y Fundación Caja Rural Burgos.


fundaciondinosaurioscyl.com

Geolodía Burgos 26: Carazo: Un valle de cine con caballeros, cowboys y mucha geología

Lugar: Carazo.

Fecha: Domingo 10 de mayo de 2026.

Punto de encuentro: Pista de petanca de Carazo a las 10:00h.

Qué es Geolodía

Geolodía es una iniciativa de divulgación en la que se realizan excursiones geológicas de campo guiadas por geólog@s, gratuitas y abiertas a todos los públicos.

Cada año se realiza un Geolodía por cada provincia el primer o segundo fin de semana de mayo. Los Geolodías tienen lugar en entornos de gran interés geológico y ofrecen una información sencilla pero rigurosa. Permiten ver esos lugares con “ojos geológicos” y entender cómo funciona la Tierra sobre la que vivimos y de cuyos recursos naturales dependemos. Quienes participan comprenden también el valor de nuestro patrimonio geológico y la necesidad de protegerlo.


























Guía de campo: descargar aquí.

Ruta: cliquea aquí.

geolodia.es

domingo, 5 de abril de 2026

Conferencia: "Homo sapiens en la encrucijada" a cargo de Fernando Valladares

Dentro del ciclo Demanda Ciencia 2026, el sábado 11 de abril tendremos en Salas de los Infantes (Burgos) a Fernando Valladares (https://linktr.ee/fervalladares) uno de los científicos españoles más prestigiosos que investiga sobre cambio climático. Magnífico divulgador, es requerido frecuentemente por los medios de comunicación. Doctor en Biología, de la Universidad Rey Juan Carlos e investigador del CSIC.


viernes, 3 de abril de 2026

Unos fósiles en China retrasan el origen de los animales complejos 4 millones de años

Hasta ahora, los científicos pensaban que la diversificación de los animales complejos había ocurrido durante la llamada explosión cámbrica. Pero un equipo de investigadores ha descubierto restos en la región de Yunnan (China) que demuestran que evolucionaron mucho antes de lo que indicaban hasta ahora las pruebas fósiles.

Reconstrucción de la biota de Jiangchuan (hace unos 554-539 Ma). / Xiaodong Wang.

Los hallazgos en un yacimiento fósil recién descubierto en el suroeste de China han transformado la comprensión de cómo surgió la vida animal compleja en la Tierra y revela que muchos grupos animales clave ya habían evolucionado antes del inicio del período Cámbrico. El estudio, dirigido por investigadores del Museo de Historia Natural y del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Oxford (Reino Unido), así como de la Universidad de Yunnan en China, se publica en la revista Science.

Uno de los acontecimientos clave de la historia de la Tierra fue la rápida diversificación de la vida animal, que dio lugar a un aumento espectacular de la complejidad y la diversidad a partir de formas de vida más simples. Hasta ahora, se pensaba que esto había ocurrido al inicio del período Cámbrico, en un acontecimiento conocido como la explosión cámbrica, que comenzó hace unos 535 millones de años. Sin embargo, el nuevo estudio retrasa este marco temporal al menos 4 millones de años, hasta el final del período Ediacárico.

Nuestro descubrimiento cierra una importante laguna sobre las primeras fases de la diversificación animal
Gaorong Li, Universidad de Oxford

“Nuestro descubrimiento cierra una importante laguna sobre las primeras fases de la diversificación animal. Por primera vez, hemos demostrado que muchos animales complejos, que normalmente solo se encuentran en el Cámbrico, ya estaban presentes en el período Ediacárico, lo que significa que evolucionaron mucho antes de lo que indicaban hasta ahora las pruebas fósiles”, dice en un comunicado Gaorong Li, investigador de la Universidad de Oxford y líder del estudio.

500 millones de años de antigüedad

El descubrimiento se hizo en la llamada biota de Jiangchuan, en la provincia de Yunnan, al suroeste de China, donde se recuperaron más de 700 especímenes fósiles, con una antigüedad de entre 554 y 539 millones de años.

Fósil similar a un Haootia (un cnidario primitivo —el filo que incluye a las medusas,
las anémonas de mar y los corales—) procedente de la biota de Jiangchuan
 (de hace unos 554-539 millones de años)/ Gaorong Li.
Los nuevos fósiles fueron descubiertos por un grupo de investigación de la Universidad de Yunnan, dirigido por el profesor Peiyun Cong y el profesor asociado Fan Wei, quienes llevan casi diez años buscando diversos fósiles de animales del Ediacárico. Ya se sabía que las rocas del este de Yunnan contenían fósiles, pero hasta ahora solo se habían hallado restos de algas, y no de animales.

“Tras años de trabajo de campo, finalmente encontramos varios yacimientos con las condiciones adecuadas en los que se conservan fósiles de animales”, dice Fan.

Así, el yacimiento fósil reveló una comunidad diversa de organismos del Ediacarano, tanto formas animales nuevas y aún no descritas como grupos conocidos del periodo Cámbrico. Lo más llamativo es que el equipo internacional identificó fósiles que se cree que son los parientes más antiguos conocidos de los deuterostomados, el grupo más amplio que hoy incluye a vertebrados como los seres humanos y los peces. Es decir, por primera vez, los nuevos fósiles sitúan el registro fósil de los deuterostomados en el período Ediacarano.

“La mayor parte de la vida animal actual presenta simetría bilateral, lo que les permite llevar estilos de vida activos, como excavar o nadar. Los bilaterales alcanzaron una diversidad asombrosa durante la explosión cámbrica, pero son poco frecuentes en el período Ediacárico”, explica a SINC Ross Anderson, investigador de la Universidad de Oxford y coautor del trabajo.

Amplia gama de estilos de vida

Según Anderson, durante este periodo, la mayor parte de las pruebas provienen de fósiles de huellas (madrigueras y rastros) “que nos dicen poco sobre los organismos que las dejaron”. “En la biota de Jiangchuan encontramos una diversidad de bilaterales con una amplia gama de estilos de vida, incluyendo estilos de vida activos, como los que dejaron los fósiles de huellas, pero también bilaterales sésiles, lo que demuestra que los bilaterales ya eran ecológicamente diversos en el Ediacárico. Entre estos encontramos fósiles que se asemejan mucho a los deuterostomados, que por lo demás no se ven en el registro fósil hasta decenas de millones de años más tarde, lo que demuestra que nuestros parientes cercanos ya se estaban diversificando hace más de 540 millones de años”, dice el investigador.

Entre los fósiles se encontraban otros grupos ancestrales, como animales bilaterales con forma de gusano junto con fósiles poco comunes interpretados como las primeras medusas de peine

Frankie Dunn, del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford afirmó en un comunicado: “La presencia de estos ambulacrarios en el período Ediacárico es realmente emocionante. Ya hemos encontrado fósiles que son parientes lejanos de las estrellas de mar y los pepinos de mar, y seguimos buscando más. El descubrimiento de fósiles de ambulacrarios en la biota de Jiangchuan también significa que los cordados —animales con columna vertebral— también debieron de haber existido en esa época”.

Entre los fósiles se encontraban otros grupos ancestrales, como animales bilaterales con forma de gusano (que presentan simetría bilateral), algunos con complejas adaptaciones alimentarias, junto con fósiles poco comunes interpretados como las primeras medusas de peine.

Muchos especímenes mostraban combinaciones novedosas de rasgos anatómicos (como tentáculos, tallos, discos de fijación y estructuras alimentarias que pueden voltearse del revés) que no coinciden con ninguna especie conocida del Ediacárico o del Cámbrico. “Por ejemplo, ¡un espécimen se parece mucho al gusano de arena de Dune!”, añade el investigador.

Referencia:

Gaorong Li et al. The dawn of the Phanerozoic: a transitional fauna from the late Ediacaran of Southwest China. Science (2026).

jueves, 2 de abril de 2026

Durante años creímos que estos fósiles mostraban los primeros embriones animales de la Tierra. Un nuevo estudio dice que quizá estábamos entendiendo mal una pieza clave de la evolución

Parecían una especie de fotografía microscópica de los primeros animales de la Tierra. Pero cuanto más se analizan, menos encajan con esa historia. Un nuevo estudio acaba de poner en duda una de las teorías más fascinantes sobre cómo empezó la vida compleja.

© ResearchGate.
Hay descubrimientos científicos que seducen tanto que cuesta soltarlos. Estos fósiles eran uno de ellos. Diminutos, casi perfectos, conservados con un nivel de detalle que parecía desafiar al tiempo, llevaban décadas ocupando un lugar casi mítico en la historia de la evolución. Para muchos investigadores, representaban algo extraordinario: embriones de animales de hace más de 600 millones de años, una prueba casi directa de que la vida compleja había comenzado mucho antes de la famosa explosión cámbrica.

Era una idea potentísima. También muy bonita. Y, como suele pasar en ciencia, precisamente por eso había que volver a ponerla a prueba.

Unos fósiles demasiado perfectos para no cambiar la historia

© John A. Cunningham / University of Bristol.

Todo gira en torno a la biota de Weng’an, un yacimiento del sur de China que desde hace años fascina a paleontólogos y biólogos evolutivos. Allí aparecieron unas pequeñas esferas fosilizadas con estructuras celulares extraordinariamente bien conservadas. Algunas tenían pocas células. Otras, cientos o incluso miles. La interpretación parecía casi natural: estábamos viendo distintas fases de desarrollo de organismos primitivos, algo parecido a una secuencia embrionaria congelada en piedra.

Si eso era correcto, el hallazgo tenía implicaciones enormes. Significaba que los animales podían haber aparecido mucho antes de lo que indicaba el registro fósil clásico. En otras palabras, estos fósiles no solo hablaban de un organismo extraño: podían estar moviendo la fecha de nacimiento de los animales en la Tierra.

Y ahí es donde entra el nuevo estudio, publicado en Biology Letters. Porque cuando los investigadores volvieron a mirar estos fósiles con herramientas más finas, la historia empezó a desajustarse.

El problema apareció cuando se observaron como lo que supuestamente eran: embriones

© John A. Cunningham, Kelly Vargas, Zongjun Yin, Stefan Bengtson and
Philip C. J. Donoghue.
El equipo analizó cientos de ejemplares usando tomografía avanzada y reconstrucciones tridimensionales. La idea era sencilla: si estos fósiles eran embriones animales, entonces debían mostrar ciertos patrones muy concretos. En las primeras etapas del desarrollo embrionario, las células suelen dividirse de forma bastante ordenada. Pasan de 2 a 4, de 4 a 8, de 8 a 16 y así sucesivamente, mientras el volumen total del organismo se mantiene casi igual. Pero eso no fue lo que apareció.

Lo que encontraron fue una organización mucho más caótica. Las células no seguían una secuencia clara de divisiones ordenadas y, lo más importante, no todas tenían el mismo tamaño dentro de un mismo fósil. Algunas parecían haber avanzado más rápido que otras. Eso no encaja bien con el comportamiento de un embrión animal temprano, donde la sincronía celular suele ser una parte esencial del proceso. Y había otro detalle todavía más incómodo.

Lo que realmente hizo tambalear la teoría fue el crecimiento

En un embrión animal, al menos en sus primeras fases, el organismo no crece como tal: se divide internamente, pero no aumenta mucho su tamaño total, porque todavía no se está alimentando del entorno. Es una reorganización interna, no una expansión. Aquí ocurría lo contrario.

Según el estudio, el volumen de estos fósiles puede variar hasta cinco veces a lo largo de lo que antes se interpretaba como su “desarrollo”. Eso es un problema enorme para la vieja hipótesis. Porque si crecen así, entonces no están comportándose como embriones. Están haciendo otra cosa.

Y aún hay más: incluso en ejemplares con más de 10.000 células, no aparecen señales claras de diferenciación. No hay tejidos, no hay estructuras organizadas, no hay rastro de procesos equivalentes a la gastrulación. Es decir, no hay señales convincentes de que estuvieran construyendo un cuerpo animal.

Entonces, ¿qué eran realmente?

© Flett et al. Biology Letters (2026).

Aquí es donde la historia se vuelve incluso más interesante que antes. Porque descartar que fueran embriones animales no los vuelve menos importantes. De hecho, puede que los vuelva más raros.

La hipótesis que ahora gana fuerza es que estos organismos podrían pertenecer a un grupo de parientes lejanos de los animales conocidos como holozoos. Algunos organismos modernos dentro de ese linaje pueden pasar por fases temporales de multicelularidad: forman agrupaciones celulares complejas, con aspecto casi embrionario, pero sin llegar a desarrollar tejidos animales como los que conocemos.

Eso cambia bastante el relato. En lugar de ser “los primeros animales”, estos fósiles podrían representar uno de los muchos experimentos evolutivos que ocurrieron antes de que la multicelularidad animal quedara fijada como la conocemos hoy. Y, sinceramente, eso casi los hace más fascinantes.

La gran pregunta no ha desaparecido. Solo se ha vuelto más difícil

Lo más potente de este hallazgo es que no destruye una historia: la vuelve más honesta. Durante años, estos fósiles fueron tratados como una de las piezas más espectaculares del rompecabezas evolutivo. Ahora seguimos teniendo la pieza, pero ya no sabemos si encaja donde pensábamos.

Eso obliga a revisar una idea muy seductora: que el origen animal estaba ya claramente visible en el Ediacárico temprano. Puede que sí. Puede que no. Lo que este estudio deja claro es que una de las pruebas más famosas de esa teoría acaba de perder bastante fuerza.

Y eso, lejos de ser una decepción, es exactamente lo que hace interesante a la ciencia de verdad. Porque a veces avanzar no consiste en confirmar una historia preciosa, sino en descubrir que la realidad fue todavía más rara, más torpe y más experimental de lo que imaginábamos.

Quizá estos fósiles no nos estén mostrando el primer capítulo de los animales. Quizá nos estén enseñando algo aún más extraño: todos los intentos fallidos, ambiguos o incompletos que ocurrieron antes de que la vida encontrara por fin una forma de convertirse en nosotros.

es.gizmodo.com

HORARIO DE SEMANA SANTA 2026 DEL MUSEO DE DINOSAURIOS

Horario de Semana Santa 2026 del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes (Burgos):

Jueves Santo, 2 de abril: de 10:00 a 10:00 h.

Viernes Santo, 3 de abril: de 10:00 a 14:00h.

Sábado Santo, 4 de abril: de 10:00 a 14:00 h. Y de 16:30 a 19:00 h.

Domingo de Resurrección, 5 de abril: de 10:00 a 14:00 h. 

Lunes de Pascua, 6 de abril: cerrado.

El resto de los días, anteriores y posteriores, horario habitual del Museo de Dinosaurios.













http://www.fundaciondinosaurioscyl.com/es/c/sobre-el-museo

martes, 31 de marzo de 2026

Nuevos datos sobre fósiles revelan que el T. rex no era el rey de los dinosaurios. O, al menos, no el único

Hasta ahora, se daba por hecho que este depredador era el gran dominador del Cretácico. Sin embargo, nuevos análisis han demostrado que no estaba solo

Un fósil de tiranosaurio encontrado en Hell Creek (EFE/Michael Buholzer)
Nuevos fósiles hallados en la formación Hell Creek han reabierto uno de los grandes debates de la paleontología: si el Tyrannosaurus rex compartió territorio con otros tiranosáuridos. Como cuentan en New Scientist, la revisión de varios ejemplares sugiere que el depredador más célebre del Cretácico quizá no dominó en solitario. 

Durante décadas, la imagen de T. rex como único gran cazador de su ecosistema pareció incuestionable. Su cráneo ancho, su enorme fuerza de mordida y su tamaño colosal alimentaron la idea de que había desplazado a casi cualquier otro carnívoro de gran entidad en el oeste de Norteamérica, entre hace 69 y 66 millones de años. Sin embargo, varios fósiles redescubiertos y reinterpretados están alterando ese relato clásico.

Uno de los casos más citados es el llamado cráneo de Cleveland, encontrado en 1942. Durante mucho tiempo se atribuyó a un ejemplar juvenil de T. rex, aunque presentaba rasgos difíciles de encajar en esa hipótesis, como un mayor número de dientes en la mandíbula superior y piezas dentales más finas y cortantes. Esas diferencias llevaron a algunos investigadores a plantear que pertenecía a Nanotyrannus lancensis, un depredador más pequeño que habría convivido con el famoso rey tirano.

El fósil que cambió el debate

La discusión parecía inclinada a favor de la teoría del joven T. rex tras un estudio publicado en 2020 sobre los esqueletos parciales conocidos como Jane y Petey. El análisis de los anillos de crecimiento de sus huesos indicó que ambos animales tenían entre 13 y 15 años y seguían creciendo con rapidez. Aquello reforzó la idea de que no eran adultos de una especie distinta, sino tiranosaurios inmaduros que todavía debían alcanzar un tamaño mucho mayor.

Pero la aparición del célebre fósil de los Dueling Dinosaurs volvió a agitar el tablero. El pequeño tiranosáurido apodado Manteo, conservado junto a un Triceratops, mostraba una combinación de rasgos difícil de explicar como la de un juvenil de T. rex. Pesaba unos 700 kg, tenía brazos ligeramente más largos que los de un adulto gigantesco de esa especie, más huesos en la cola y, sobre todo, los anillos de crecimiento de sus patas apuntaban a que era un individuo prácticamente maduro.

A partir de ese hallazgo, los investigadores Lindsay Zanno y James Napoli propusieron una lectura distinta: en Hell Creek no habría un solo gran tiranosaurio y sus formas juveniles, sino varias especies emparentadas que compartieron espacio. Según esa reinterpretación, Manteo y el cráneo de Cleveland encajarían en Nanotyrannus lancensis, mientras que Jane podría corresponder a otra especie distinta. El panorama pasaba así de un único cazador dominante a una comunidad de depredadores mucho más compleja.

Un ecosistema más diverso

La tesis ganó aún más fuerza cuando otro trabajo examinó un hueso hioides del ejemplar de Cleveland y encontró señales compatibles con un animal casi completamente desarrollado. Aunque algunos especialistas mantienen reservas y recuerdan que aún se sabe poco sobre el crecimiento de ese hueso, la tendencia general ha cambiado. Lo que antes se interpretaba como simple juventud ahora empieza a verse, cada vez con más frecuencia, como diversidad real dentro del grupo de los tiranosáuridos.

Las implicaciones van mucho más allá del prestigio simbólico de T. rex. Si varios grandes depredadores coexistieron en los últimos ecosistemas dominados por dinosaurios, también habría que revisar cómo se organizaban esas comunidades antes de la extinción masiva. La presencia de más de un cazador relevante apuntaría a un entorno más estable y variado de lo que se pensaba, justo antes del impacto del asteroide que puso fin al reinado de los dinosaurios.