martes, 17 de septiembre de 2019

Libro de Resúmenes de las VIII Jornadas Internacionales sobre Paleontología de Dinosaurios y su Entorno

Después de la celebración de las VIII Jornadas Internacionales sobre Paleontología de Dinosaurios y su Entorno, celebradas en Salas de los Infantes (Burgos) la primera semana de septiembre de 2019, la Organización tiene el placer de presentarnos el libro completo de los resúmenes en formato pdf.

Podéis previsualizarlo y descargarlo en el siguiente enlace: hacer clic aquí.

El capitán Scott, el explorador que sacrificó su vida por unos valiosos fósiles

Los cinco exploradores de la expedición del capitán Robert F Scott murieron en la Antártida en 1912. Pero su trabajo fue crucial para adquirir el conocimiento de la tectónica de placas

Los miembros del equipo de Scott en el Polo Sur, el 18 de enero de 1912.
 De izquierda a derecha, de pie: Oates, Scott, Wilson; sentados: Bowers, Evans
En el año 1988 el grupo de música pop Mecano lanzó al mercado español el álbum «Descanso dominical» en el que se incluía la canción «Héroes de la Antártida», su tributo personal a uno de los grandes exploradores de la Historia, Robert F Scott (1868-1912).

Scott capitaneó la Expedición Terra Nova, conocida oficialmente como la British Antartic Expedition, la tercera de las exploraciones del Imperio Británico a la Antártida en el siglo XX.

La letra de la canción narra el trágico final de Scott, Wilson, Evans, Bowers y Oates, los intrépidos exploradores británicos que perdieron la carrera polar –junto con sus vidas– en favor del equipo noruego, capitaneado por Roald Amundsen.

Un continente cubierto por bosques

En el Congreso Internacional de Geografía de 1895 se definió a la Antártida como «la gran pieza de exploración geográfica por ser asumida» y cuyo estudio se podría sumar, de forma importante, al conocimiento de casi todas las ramas de la ciencia.

Por aquel entonces, tanto geógrafos como científicos eran incapaces de precisar si aquella mancha blanca que aparecía en la zona inferior de los mapas era realmente un continente o simplemente una colección de islas de hielo.

El tiempo demostraría que no siempre la Antártida había sido un infierno desolado y blanco, hubo un momento en la historia de nuestro planeta que formaba parte de un mega-continente llamado Gondwana.

Si pudiéramos viajar en el tiempo comprobaríamos con asombro que el continente blanco era un paraíso de vida y riqueza natural, en donde los dinosaurios campaban a sus anchas.

La pieza que faltaba

El invierno de 1912 fue especialmente duro, se registraron temperaturas extremadamente bajas, inferiores a los cuarenta grados Celsius. Este fue, sin duda, uno de los factores que impidió a Scott llegar al depósito de suministros. Los cinco exploradores fallecieron a tan sólo diecisiete kilómetros de ellos.

Junto a los cadáveres se encontró un diario meteorológico, notas de cuentas, rollos de películas y dieciséis kilos de fósiles. Es posible que aquellos moribundos exploradores hubieran tenido mayores probabilidades de sobrevivir si se hubieran desprendido de los fósiles, pero seguramente consideraron que eran demasiados valiosos como para deshacerse de ellos. No se equivocaron.

En 1924 los responsables del Museo Scott desempolvaron los restos arqueológicos que habían acarreado los expedicionarios antárticos y encontraron un respaldo más que evidente a la hipótesis de la deriva continental.

Entre las joyas geológicas había fósiles de Glossopteris, un arbusto extinto que caracterizó el final del Paleozoico al continente Gondwana, significaba que en un pasado remoto allí había habido bosques. Además, el hallazgo coincidía con otras muestras encontradas en Australia, África y la India.

Sin pretenderlo Scott acababa de allanar el camino al conocimiento de la tectónica de placas, era la pieza que faltaba para completar el rompecabezas geológico de nuestro planeta.

Para finalizar, y volviendo a la canción de Mecano, en ella se cometen dos imprecisiones geopolíticas. Por una parte, se dice «Dios salve a la reina», cuando en el momento de la expedición en el trono británico estaba sentado Jorge V; por otra hay una referencia explícita al «punto de latitud cero», lo cual significaría que Scott alcanzó el Ecuador terrestre… en lugar del Polo Sur.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación


¿Qué habría pasado si un asteroide no hubiese aniquilado a los dinosaurios?

La teoría más extendida asegura que la caída de los dinosaurios fue necesaria para la aparición de los humanos, pero hay quien plantea que esta era inexorable

Fotograma de la película 'Parque Jurásico', uno de los pocos espacios en los que 
convivieron humanos y dinosaurios
En 1982, el paleontólogo Dale Russell se planteó qué habría sucedido si los troodóntidos no se hubieran extinguido con la caída de un asteroide hace 66 millones de años. Aquellos dinosaurios tenían cerebros inusualmente grandes, visión binocular y unas garras con las que podían agarrar objetos. Si el cataclismo no hubiese acabado con ellos, millones de años de evolución después podrían haber dado lugar a una especie de dinosaurio inteligente que, en la mente de Russell, era un humanoide verde que en lugar de amamantar a sus crías les daría el alimento regurgitándolo de la boca.

El desastre que extinguió a los dinosaurios, del que esta semana se ha podido conocer la reconstrucción más precisa hasta la fecha, fue un evento azaroso más de los que plagan la historia del universo, pero algunos humanos, poco inclinados a asumir que la realidad es caótica, lo han convertido en un mito fundacional. La desgracia de los dinosaurios, que nunca sabremos si hubiesen evolucionado en esa especie de alienígena planteado por Russell, supuso el ascenso de los mamíferos y entre ellos los ancestros de los humanos. Pero, ¿qué habría sucedido si un asteroide no hubiese sacudido la Tierra provocando la extinción del 75% de la vida del momento?

Modelo del dinosaurio inteligente que teorizó el paleontólogo
 Dale Rusell. / JIM LINWOOD
En primer lugar, que no pereciesen en aquel momento no significa que los tiranosaurios o los triceratops hubiesen sobrevivido hasta nuestros días. En sus mejores tiempos, cada una de las especies no superaba el millón de años de existencia, así que los dinosaurios del siglo XXI serían diferentes a los del día del impacto. “Es una ley que nos enseñan los fósiles, al final todos vamos desapareciendo”, advierte Fidel Torcida, director del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes (Burgos). El Cretácico, el periodo que termina con la caída del asteroide en la península de Yucatán (México), era un tiempo de intenso efecto invernadero en el que la temperatura media del planeta alcanzaba los 24 grados (ahora es de 14). Eso, unido a unos elevados niveles de CO2, favorecía el crecimiento de una vegetación exuberante que permitió a herbívoros como los saurópodos alcanzar tamaños descomunales. Los millones de años de enfriamiento que siguieron y el fin de aquel mundo tropical hubiesen requerido adaptaciones que habrían transformado a los dinosaurios. Igual que hubo mamuts lanudos durante los siglos de glaciación del Pleistoceno, podría haber existido dinosaurios cubiertos de un plumaje espeso para sobrevivir al frío.

La hipótesis más frecuente sobre los beneficiados de la extinción de los dinosaurios dice que los mamíferos, hasta ese momento pequeños animales nocturnos que vivían en los márgenes del planeta, aprovecharon las vacantes producidas por el asteroide para ocupar sus nichos ecológicos, crecer y diversificarse. En esa explosión habrían progresado los ancestros de los humanos, protoprimates como los Purgatorius, parecidos a una pequeña rata, pero con el germen en su interior de una especie capaz de viajar a la Luna o montar el Brexit. Si los dinosaurios no hubiesen dejado ese hueco, se especula, nuestra especie no habría tenido posibilidades de aparecer. Carles Lalueza-Fox, genetista del Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-UPF) de Barcelona, cree que esa interpretación no es necesariamente cierta. “Lo vemos con las especies invasoras. Puede haber un tipo de avispa, perfectamente adaptada a un ecosistema europeo, y de repente llega otra de fuera y se hace con ese espacio que parecía bien cubierto”, señala. 
Aunque no hubiese caído un asteroide, los dinosaurios actuales serían distintos de los del Cretácico 
Para Lalueza-Fox, uno de los aspectos más interesantes del ejercicio de paleontología ficción es imaginar si la vida tiene posibilidades infinitas o existen limitaciones, si con grandes extinciones o no, la vida acabaría creando animales parecidos, humanos incluidos. “Stephen Jay Gould escribió en La vida maravillosa sobre la fauna del Cámbrico, que tiene todo tipo de fósiles rarísimos. Allí, Gould propone que si pudiésemos rebobinar la evolución para después volver a comenzar, aparecerían formas completamente diversas”, cuenta. “Pero después ha habido gente que ha criticado esa postura y que dice que la organización de los seres vivos a nivel genómico tiene unas restricciones que no se pueden cambiar y otras que sí”, añade. El investigador comenta cómo la secuenciación de cientos de genomas ha mostrado que en especies muy diferentes hay zonas que no cambian, como un conjunto de opciones que después se activan o desactivan dependiendo de las circunstancias. “Vemos que, por ejemplo, cuando los animales viven en islas, si no tienen depredadores, reducen su tamaño, y eso pasa una y otra vez en animales diferentes.”, indica. “Y no hay especies con ruedas, no todo es posible”, concluye.

María Martinón-Torres, directora del CENIEH (Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana), en Burgos, recuerda que, junto a la idea de una evolución azarosa planteada por Gould, según la cual sin asteroide no se hubiesen dado las condiciones necesarias para la aparición de los seres humanos, hay otros paleontólogos, como Simon Conway Morris, que defienden el surgimiento de una especie inteligente, consciente y social como algo prácticamente inevitable. “Él no dice que la evolución tenga finalidad. La adaptación es oportunista, pero la vida no tiene formas infinitas de responder a la necesidad de adaptarse y tiende a la complejidad. De alguna manera, tarde o temprano, acabaría apareciendo algo muy parecido a nosotros, un ser social, inteligente y autoconsciente, porque son capacidades que permiten explotar un nicho ecológico y son una respuesta de la vida para responder a la necesidad de adaptación”, explica.

Pero esa respuesta no tendría por qué dar lugar necesariamente a primates como nosotros. Torcida recuerda cómo las aves, que “son dinosaurios o al menos son sus herederos directos”, han mostrado una inteligencia reseñable. “Tienen capacidad para colaborar, resolver problemas, recuerdan cómo han resuelto un problema y lo hacen igual”, señala. Si la evolución tuviese respuestas limitadas a los cambios que sufre la Tierra, podría ser que las aves fuesen como aquellos mamíferos del Cretácico, limitados por la presencia de unos seres dominantes, agazapados a la espera de su oportunidad para dar lugar a una nueva especie inteligente. Un nuevo cambio drástico en las condiciones del planeta podría dar lugar a la extinción de los humanos y a un retorno de la estirpe de los dinosaurios como jefes del gallinero.

LA IMPOSIBILIDAD DE PREDECIR EL FUTURO

Aunque las respuestas de la vida a los cambios no sean aleatorias, las pruebas impuestas por los procesos geológicos y las vicisitudes de la Tierra en su viaje por la galaxia son tan variadas que hacen imposible predecir el futuro. Igual que a veces se atribuye la llegada de los humanos a la caída de los dinosaurios, la aparición de estos animales se vincula con otra gran extinción. Hace 252 millones de años, al final del Pérmico, una erupción descomunal en Siberia provocó una cadena de eventos que acabó con el 96% de las especies que habitaban entonces la Tierra. Los dinosaurios llegaron para cubrir ese hueco, pero no alcanzaron el éxito global desde el principio. En aquel tiempo, toda la tierra emergida del planeta estaba fundida en un solo continente y esto provocaba un clima con bandazos extremos entre estaciones secas y húmedas, frías y cálidas. “Las condiciones climáticas eran muy duras y los dinosaurios estaban arrinconados. Básicamente se dedicaron a sobrevivir durante mucho tiempo”, recuerda Torcida. “Pero después, Pangea se rompe, pasamos al Jurásico y no se sabe demasiado bien por qué llega la gran edad de los dinosaurios”, añade. Los humanos organizamos las edades geológicas empleando grandes cataclismos para dividir el tiempo, como cuando clasificamos los periodos históricos en torno a un solo suceso, haciendo como si la vida se pudiese dividir en estanterías con una separación precisa. Pero eso solo se puede conseguir con la perspectiva que da el tiempo. Dentro de millones de años, quizá se pueda identificar a un grupo de especies que estaban esperando su momento de gloria y hoy aún parecen insignificantes.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Distinguen un nuevo clado de dinosaurios gigantes

El grupo fue reconocido a partir del estudio anatómico y filogenético de distintos saurópodos titanosaurios

Notocolossus es uno de los dinosaurios más grandes del mundo y fue hallado
 por el equipo del Laboratorio y Museo de Dinosaurios en Mendoza.
B. González Riga.
CONICET/DICYT Los saurópodos son un grupo de dinosaurios gigantes que se destacan por ser los vertebrados terrestres más grandes de la historia evolutiva. Entre ellos, resaltan los titanosaurios, los herbívoros más abundantes y diversos en los ecosistemas terrestres del hemisferio sur durante gran parte del período Cretácico, especialmente durnte las decenas de millones que precedieron la extinción masiva -que implicó la desaparición de todos los dinosaurios no avianos- hace aproximadamente 66 millones de años. 

En julio de 2019 se publicó un trabajo en la revista Annais da Academia de Ciencias de Brasil que, a partir de un detallado estudio anatómico comparativo y un análisis de cuatro filogenias realizadas en forma independiente, permiten definir y dar nombre al clado Colossosauria, un nuevo linaje que comprende a los titanosaurios más grandes del mundo. 

El estudio estuvo liderado por Bernardo González Riga, investigador independiente del CONICET y Director del Laboratorio y Museo de Dinosaurios (FECEN, UNCUYO) e integrado por un equipo de paleontólogos, tres de ellos del CONICET: dos investigadores, Dr. Alejandro Otero (Museo de la Plata, Buenos Aires) y Lucio Ibiricu (IPGP-CCT Conicet-Cenpat, Puerto Madryn), y un becario posdoctoral, Dr. Leonardo Ortiz David del mismo Laboratorio de Dinosaurios que González Riga, a lo que se suma, el Dr. Matthew Lammana (Museo Carnegie de Historia Natural, Pittsburgh, Estados Unidos) y Dr. Alexander Kellner (Museo Nacional, Rio de Janeiro, Brasil). 

El nuevo clado incluye las especies terrestres más pesadas ​​conocidas hasta ahora (con masas corporales máximas que alcanzaron entre cincuenta y setenta toneladas), algunas de los cuales fueron encontrados en Argentina, como Patagotitan, Argentinosaurus, Puertasaurus, y Notocolossus. 

“El tamaño corporal extremo de estos titanosaurios gigantes posee relevancia no por el tamaño en sí, sino por las adaptaciones biológicas que involucran, las cuales son temas controvertidos. Dado que no existen factores extrínsecos que expliquen este gigantismo, la atención de los paleontólogos se centra en los aspectos anatómicos, fisiológicos y comportamentales que convergieron para favorecer evolutivamente el desarrollo de tallas gigantes, ampliamente superiores a la de los mamíferos extintos o de cualquier otro vertebrado terrestre”, asegura González Riga. 

Estos dinosaurios desarrollaron cuellos muy largos -hasta doce metros- cabezas pequeñas, una reproducción mediante huevos (ovíparos), altas tasas de crecimiento durante las primeras etapas de vida y una respiración suplementada con sacos aéreos similar al de las aves; todos caracteres singulares en la historia evolutiva que llevaron a incrementar su masa corporal. 

“Algunos de los caracteres anatómicos, tales como extremidades verticales como columnas, huesos apendiculares largos y robustos y pies cortos, están vinculados con adaptaciones para soportar grandes masas corporales. Sin embargo, recientes descubrimientos de pies articulados en varias especies de titanosaurios, muestra una diversidad morfológica que no responde solamente al tamaño de las diferentes especies, sino que probablemente se relaciona con adaptaciones en su locomoción”, afirma González Riga. 


Referencia

González Riga, B.J, Lamanna, M.C., Otero, A., Ortiz David, L.D., Kellner, A.W.A., Ibiricu, L. M. 2019. An overview of the appendicular skeletal anatomy of South American titanosaurian sauropods, with definition of a newly recognized clade. Anias da Academia Brasileira de Ciencias 91:e20180374. http://dx.doi.org/10.1590/0001-3765201920180374.

Conoce a Cryodrakon boreas, un gigante volador que medía diez metros

Una nueva especie de pterosaurio identificada se encuentra entre los animales voladores más grandes de la historia, según un nuevo estudio de la Universidad Queen Mary de Londres.

Pterosaurio Cryodrakon boreas - DAVID MAAS
Cryodrakon boreas, del grupo de pterosaurios azdárquidos (a menudo incorrectamente llamados 'pterodáctilos'), era un reptil volador con una envergadura de hasta 10 metros que vivió durante el período Cretácico hace unos 77 millones de años.

Sus restos fueron descubiertos hace 30 años en Alberta, Canadá, pero los paleontólogos habían asumido que pertenecían a una especie de pterosaurio ya conocida descubierta en Texas, llamada Quetzalcoatlus.   

El estudio, publicado en el Journal of Vertebrate Paleontology, revela que en realidad es una nueva especie y el primer pterosaurio descubierto en Canadá.

David Hone, autor principal del estudio de la Universidad Queen Mary de Londres, dijo en un comunicado: "Este es un descubrimiento genial, sabíamos que este animal estaba aquí, pero ahora podemos demostrar que es diferente a otros azdárquidos y por eso recibe un nombre".

Aunque los restos, que consisten en un esqueleto que tiene parte de las alas, piernas, cuello y costillas, fueron asignados originalmente a Quetzalcoatlus, el estudio de esto y el material adicional descubierto a lo largo de los años muestra que es una especie diferente a la luz de la creciente comprensión de la diversidad azdárquida.

El esqueleto principal es de un animal joven con una envergadura de unos 5 metros, pero un hueso del cuello gigante de otro espécimen sugiere que un animal adulto tendría una envergadura de unos 10 metros.   

Esto hace que el Cryodrakon boreas sea comparable en tamaño a otros azdárquidos gigantes, incluido el Quetzalcoatlus texano, que podría alcanzar los 10,5 metros de envergadura y pesar alrededor de 250 kilos.

Al igual que otros azdárquidos, estos animales eran carnívoros y predominantemente depredadores de animales pequeños que probablemente incluirían lagartos, mamíferos e incluso dinosaurios bebés.  

Hone agregó: "Es genial que podamos identificar a Cryodrakon como algo distinto de Quetzalcoatlus, ya que significa que tenemos una mejor imagen de la diversidad y evolución de los pterosaurios depredadores en América del Norte".

A diferencia de la mayoría de los grupos de pterosaurios, los azdárquidos se conocen principalmente de entornos terrestres y, a pesar de su probable capacidad para cruzar distancias oceánicas en vuelo, se los considera en general animales que se adaptaron y vivieron en ambientes interiores.

A pesar de su gran tamaño y su distribución en América del Norte y del Sur, Asia, África y Europa, se conocen pocos azdárquidos por restos más que fragmentarios. Esto hace que Cryodrakon sea un animal importante ya que tiene huesos muy bien conservados e incluye múltiples individuos de diferentes tamaños.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Yacimiento de icnitas de dinosaurio de Costalomo (Salas de los Infantes, Burgos, España)

Biogeografía

Espectacular yacimiento de icnitas (huellas) de dinosaurio de las Tenadas de Costalomo situado en Salas de los Infantes (Castilla-León, Burgos, España).






Éxito de participación y presentación de novedosos trabajos en las Jornadas de los Dinosaurios de Salas de los Infantes

Es el único congreso internacional sobre dinosaurios que se celebra con carácter periódico en España. Y se organiza y se celebra en el medio rural. El recurso paleontológico relacionado con los dinosaurios incide en la cualificación profesional, el desarrollo turístico y económico en esta zona donde la despoblación y el envejecimiento empiezan a poner sobre la mesa medidas de inversión por parte de las distintas administraciones.

Foto: Colectivo Arqueológico-Paleontológico de Salas, C.A.S.
Durante estos días se ha dado término a los actos programados de las VIII Jornadas Internacionales sobre Paleontología de Dinosaurios y su Entorno, celebradas en Salas de los Infantes (Burgos), que han significado cumplir 20 años de este congreso científico único en España por sus contenidos. Han sido organizadas por el Colectivo Arqueológico-Paleontológico de Salas, C.A.S. y el Museo de Dinosaurios salense y coorganizadas por el IUCA- Universidad de Zaragoza- y las Universidades de Salamanca, País Vasco y Vigo.

La valoración global de esta VIII edición es muy positiva. La participación se mantiene respecto a ocasiones anteriores, en torno a 80 congresistas, procedentes de Portugal, Francia, Alemania, Italia, Escocia, Hungría y México, entre otros. Los participantes españoles han acudido desde diferentes universidades, museos y centros de investigación de Aragón, Cataluña, Madrid, La Rioja, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Galicia, País Vasco, Asturias, Comunidad valenciana… Las Jornadas de Salas ya están consolidadas como congreso de referencia en España, en relación con los dinosaurios como tema central. En esta edición se ha presentado un alto número de ponencias: más de 35, que ha obligado a una programación densa en los días del congreso. El alto nivel de estas ponencias ha sido destacado por los participantes, que además han podido escuchar trabajos de investigación de cocodrilos, tortugas, mamíferos y vegetales que formaron parte de los ecosistemas donde vivieron los dinosaurios.

Los siete conferenciantes invitados han sido una referencia importante en las Jornadas. Ha habido conferencias sobresalientes por la información proporcionada o el tipo de hallazgos estudiados. Como ejemplos, Mathew Herne expuso información inédita sobre dinosaurios ornitópodos (vegetarianos) de Australia que  puede provocar importantes cambios en el conocimiento de la historia evolutiva de ese grupo; Elisabete Malafaia ha mostrado la enorme riqueza y variedad de dinosaurios terópodos (carnívoros) de Portugal y su importancia para entender cómo estos animales podían emigrar de Norteamérica a Europa hace más de 140 millones de años; Diego Castanera ha realizado un análisis  de los cambios de faunas de dinosaurios en el paso del Jurásico al Cretácico, basándose en el estudio de sus huellas, ha confirmado que hay todavía muchos asuntos que resolver sobre ese tema y ha citado la importancia que en ese sentido tiene el yacimiento de Las Sereas en la zona de Lara para ayudar en su resolución; Angélica Torices ha desarrollado un proyecto de documentación y registro de icnitas de dinosaurios que se basa en nuevas tecnologías y que permite obtener de los fósiles datos que no estaban antes disponible por los investigadores.

Steve Brusatte, uno de los más destacados ponentes, ha desarrollado los principales hitos de la evolución de los dinosaurios desde su aparición hasta la extinción masiva del final del Cretácico. Brusatte acaba de publicar el libro divulgativo Auge y caída de los dinosaurios, que se ha traducido a 20 idiomas y ha sido recibido con grandes elogios por revistas especializadas y periodistas científicos.

Desde Salas de los Infantes se han propuesto 3 ponencias. Fidel Torcida se ha encargado de exponer el primer estudio sobre el yacimiento de Torrelara, actualmente en excavación, centrándose en un húmero de un dinosaurio saurópodo (vegetariano de gran tamaño); de su análisis se deduce su identificación provisional como un braquiosáurido primitivo, un grupo escasamente representado en España. Paul Emile Dieudonné, paleontólogo francés colaborador del Museo de Dinosaurios salense, ha realizado un estudio comparativo de piezas dentales de dinosaurios euornitópodos (vegetarianos de pequeño tamaño) muy similares entre sí y que vivieron en el mismo entorno, planteando la hipótesis de que no tuvieran los mismo hábitos de comida, de modo que no competirían entre ellos y podrían vivir en el mismo ecosistema. Caterine Arias, conservadora del Museo de Dinosaurios de Salas, ha abordado un trabajo técnico sobre un método que sirve para detectar partículas radiactivas en los fósiles y que tiene su mayor interés en su aplicación a las condiciones de seguridad en el trabajo de los restauradores de fósiles.

Otra referencia importante de la riqueza en fósiles de la Sierra de la Demanda fue la trasladada por Luis Miguel Sender (Universidad de Zaragoza), que reconstruye ecosistemas del Cretácico gracias a los datos recogidos con restos vegetales y los ha relacionado con las faunas de dinosaurios de esa época. Su estudio se basa en los abundantes ejemplares recuperados en el entorno de Salas de los Infantes y en Teruel.

Los objetivos del congreso han sido alcanzados muy satisfactoriamente. La difusión de los  yacimientos burgaleses ha estado cubierta mediante la presentación de las ponencias citadas. El encuentro ha servido también para debatir, generar nuevos planteamientos de investigación, establecer contactos y crear vínculos de camaradería, pues es un congreso que huye del gran formato para facilitar el diálogo y la cercanía entre todos los participantes.

Los investigadores salenses han podido establecer puntos de encuentro con otros grupos científicos de cara a colaboraciones futuras, sobre todo en el estudio de dinosaurios ornitópodos (vegetarianos) con los doctores Mathew Herne y Attila Össi, que mostraron un interés especial por los fósiles que atesora el Museo.

A partir de ahora, los trabajos presentados seguirán el proceso de adaptación de correcciones y mejoras propuestas por el comité científico, en el que participan una veintena de paleontólogos del ámbito internacional, y serán publicados el próximo año en una revista de difusión internacional, el Journal of Iberian Geology.

Mención aparte ha sido la programación de actividades complementarias ofrecidas al público en general. El sábado 7 se ha desarrollado una excursión en el entorno de Revenga, Regumiel de la Sierra y Laguna Negra de Neila, donde los congresistas han conocido las huellas de dinosaurios, necrópolis altomedievales y los glaciares burgaleses.

Como sello y referencia de las Jornadas, se programan actuaciones musicales abiertas al público en general. En primer lugar, el concierto del grupo Sweet Baby James, cuya música bebe de autores americanos de los años 70, con figuras como James Taylor, Bob Dylan, Paul McCartney, Neil Young o Tom Petty, por citar algunos. Pero la actividad cultural complementaria organizada en el marco de las VIII Jornadas que ha dejado más huella en Salas ha sido el concierto de Swing Machina Orchestra, formada por músicos de Cuba, Honduras, México, Argentina y España, un divertido  show que deleitó al público con un concierto pleno del ritmo frenético de los años 30 y el desenfado y cercanía de los músicos; el público asistente, en un Teatro-Auditorio “Gran Casino” completo, les regaló, puesto en pie, una unánime ovación al final del mismo. Un broche final inolvidable para un congreso científico que ha buscado también la participación de la sociedad que disfruta de los avances en nuestro conocimiento que aporta la Ciencia.