viernes, 22 de julio de 2016

Hallan fósiles de un temible dinosaurio que mataba y mutilaba con sus garras a sus víctimas

Vivió hace unos 80 millones de años durante el Período Cretácico, medía unos 6,5 metros de largo y era un cazador de persecución más ligero que otros dinosaurios depredadores.

Ejemplar fósil de un insólito dinosaurio carnívoro procedente de la Patagonia 
argentina./ Alberto Ortiz (EFE)
Se trata del Murusraptor barrosaensis, miembro de un grupo de carnívoros llamados megaraptores, que significa "ladrones gigantes", que recorrió la Patagonia argentina, aunque se han descubierto fósiles de dinosaurios se características similares en Australia y Japón.

Los fósiles de este dinosaurio carnívoro hallado en Argentina están dando nuevas pistas sobre un intrigante grupo de depredadores que aparentemente podían matar a sus víctimas con sus garras con forma de hoz y mutilarlas.

"La mayoría de las diferentes especies conocidas de esta rama se basan en especimenes parciales. El espécimen del Murusraptor preservó toda la mitad posterior del cráneo, varias vértebras y huesos de la pelvis, revelando áreas desconocidas del esqueleto de este grupo", dijo el paleontólogo Rodolfo Coria, de la Universidad Nacional de Río Negro de Argentina.

"La cavidad craneal está completa y es la única conocida entre los megaraptores (...) Brinda una oportunidad única de buscar características de desarrollo neurológico en estos dinosaurios", agregó Coria.

Los megaraptores eran depredadores de tamaño mediano comparados con algunos de los gigantescos carnívoros argentinos del Cretácico, como el Giganotosaurus -que medía unos 12,5 metros de largo-, y probablemente cazaban de forma diferente.

El Giganotosaurus, que posiblemente vivió unos 17 millones de años antes que el Murusraptor, tenía un enorme cráneo y grandes dientes para matar a su presa, además de brazos muy pequeños que no habrían servido mucho para cazar.

Otros científicos anunciaron la semana pasada el descubrimiento de fósiles de otro dinosaurio carnívoro argentino, llamado Gualicho, un poco más grande que el Murusraptor y que tenía brazos pequeños similares a los de un niño humano.

En contraste, los megaraptores poseían brazos fuertes con garras con forma de hoz que podían infligir heridas letales a su presa, además de un cráneo más ligero y mandíbulas con dientes más pequeños. También tenían huesos huecos, similares a los de las aves, informa Reuters.

Murusraptor significa "ladrón de la muralla", debido a que sus fósiles fueron hallados en la pared de un arrollo en la provincia de Neuquén en Argentina. La investigación fue publicada en la revista PLOS ONE.

miércoles, 20 de julio de 2016

Tercera circular: VII Jornadas Internacionales sobre Paleontología de Dinosaurios y su entorno

Ya está disponible la tercera y última circular de las Jornadas. No olvidéis que el plazo para presentar resúmenes y para obtener una reducción en la inscripción acaba el 1 de julio. 

La organización ofrece 15 becas para participantes en anteriores excavaciones paleontológicas en la comarca de Sierra de la Demanda, que cubren los gastos de inscripción. En el programa preliminar encontraréis más detalles del desarrollo previsto de conferencias, comunicaciones y actos culturales.

Pinche aquí (en español). Third circular (inglés).

viijornadassalas.blogspot.com.es

sábado, 16 de julio de 2016

Y los dinosaurios se ‘esfumaron’

El asteroide que impactó contra la Tierra hace 66 millones de años pudo caer en una región rica en petróleo que ardió cientos de años y provocó la extinción de estos animales

Un asteroide y múltiples meteoritos marcaron el final de la supremacía de los dinosaurios en
la Tierra (Mark Stevenson/Stocktrek Images / Getty)
Hace 66 millones de años un asteroide de entre 10 y 14 km de diámetro entró en la Tierra a 44.000km/h e impactó contra la Península de Yucatán, en México. Y con una potencia equivalente a mil millones de bombas atómicas como la de Hiroshima, lanzó a la atmósfera una nube de millones de toneladas de polvo. Esa nube provocó un efecto pantalla evitando que la luz del Sol incidiera sobre el planeta; y entonces las plantas murieron. Y tras ellas los herbívoros y, finalmente, los carnívoros. Y la Tierra se sumió en una especie de frío invierno nuclear.

Esta es la hipótesis con la que desde los años 80 se trabaja para intentar explicar la extinción masiva de los dinosaurios, los animales que reinaron en el planeta durante 160 millones de años, desde el principio del Mesozoico hasta el final del Cretácico.

Dinosaurios Tiranosaurio rex escapando del fuego provocado por el impacto de un meteorito 
(Elena Duvernay/Stocktrek Images / Getty)
Sin embargo, esta hipótesis presenta lagunas importantes. Para empezar: ¿por qué se extinguieron los dinosaurios y no, en cambio, otros animales como los cocodrilos, con un estilo de vida similar?

Para intentar arrojar algo de luz sobre esta cuestión, un equipo de investigadores japoneses, de la Universidad de Tohoku, en la provincia de Sendai, plantean una hipótesis novedosa, que recoge la revistaScientific Reports: ¿y si el asteroide hubiera caído sobre un terreno repleto de petróleo?

“Si ese hubiera sido el caso, sería como estar quemando petróleo de forma brutal durante cientos de años”, apunta Albert G. Sellés, investigador del Mesozoico del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (ICP). Lo que hubiera lanzado a la atmósfera terrestre millones de toneladas de hollín.
¿Por qué se extinguieron los dinosaurios y no, en cambio, otros animales como los cocodrilos, con un estilo de vida similar?
Hasta el momento, se pensaba que el impacto del bólido había formado aerosoles de ácido sulfúrico que se habían condensado en la estratosfera terrestre, habían provocado lluvia ácida y habían sido los causantes del efecto pantalla de la luz solar.

Pero a los científicos nipones esta idea no les cuadraba, puesto que diversos experimentos recientes ya habían demostrado que los aerosoles sulfúricos no pueden ni formarse ni persistir durante largos periodos de tiempo, como hasta ahora se pensaba.

Cuestión de hollín

Para intentar arrojar luz sobre este episodio, los investigadores de la Universida de Tohoku examinaron, por un lado, sedimentos del denominado límite K-T, con el que los paleontólogos se refieren al fin del Cretácico e inicio del Paleógeno (antes conocido como Terciario), de hace 66 millones de años, hallados en Haití, muy cerca del lugar de impacto del asteroide, y también en España. Y hallaron restos de hollín, lo que casaba con la idea de que el asteroide podría haber caído sobre una región rica en petróleo y haber provocado una nube de partículas de este producto, un potente aerosol capaz de absorber la luz solar cuyo tiempo de vida es más largo que el de los aerosoles sulfúricos.

A continuación, implementaron modelos matemáticos con los datos obtenidos y observaron que ese hollín, procedente sobre todo del impacto pero también de los incendios que se desataron, se distribuía por la atmósfera pero que tenía sobre todo un efecto brutal y devastador en el ecuador terrestre, la zona donde de hecho cayó el asteroide. Y eso provocó una disminución de las temperaturas, pero no en todo el planeta por igual, como se pensaba hasta ahora, sino de forma distinta en cada región.

“Algunos animales, como los mamíferos y los cocodrilos sobrevivieron, según la hipótesis expuesta por los investigadores japoneses, porque los efectos del hollín sobre su ecosistema no fueron tan fuertes”, explica Sallés, del ICP, que no ha participado en esta investigación.

Últimos días de los dinosaurios durante el período del Cretácico (Stocktrek Images / Getty)
Nuevos interrogantes

Ahora bien, apunta Sallés, crítico, “los autores de este trabajo interpretan que pájaros, tortugas y mamíferos sobrevivieron en zonas alejadas del ecuador comiendo detrito, cosas podridas. Y no está tan claro que un animal pueda sobrevivir décadas comiendo cosas en descomposición. Este trabajo aporta nuevas ideas interesantes sobre la extinción de los dinosaurios, pero abre interrogantes”.

Para empezar, los autores del trabajo sólo analizan sedimentos en dos puntos geográficos, Haití y España, lo que resulta pobre para argumentar su hipótesis. En segundo lugar, el estudio defiende que esa estratificación que se produce en el globo terrestre, por la que queda más afectada la zona del ecuador y menos, las más alejadas, también se produce en los océanos. Los nipones sugieren que el hollín afectó a las capas más superficiales de los mares, acabando con el plancton y los organismos que las habitaban. En cambio, aquellos que vivían a mayor profundidad sobrevivieron, ya acostumbrados a temperaturas más bajas y mayor oscuridad.

“Pero es que los animales que viven a mayor profundidad se alimentan de los que viven en las capas superficiales. Si estos últimos mueren, ¿cómo sobreviven los de abajo?”, cuestiona Sellés, para quien algunas de las conclusiones a que llegan los investigadores japoneses entran en contradicción con el conocimiento actual sobre el proceso que dio lugar a la extinción de los dinosaurios.

De hecho, otro estudio publicado recientemente, esta vez enla revista PNAS, apuntaba que estos animales ya se estaban extinguiendo millones de años antes de que cayera el asteroide. Y alegaba que el motivo era que habían perdido la capacidad de diferenciarse en nuevas especies mejor adaptadas a los cambios en el entorno, lo que pudo contribuir a su incapacidad para recuperarse de la crisis ambiente provocada por el impacto del bólido.

“Resulta más interesante pensar que la Tierra estaba sumida en un cambio climático. El planeta experimentaba una auténtica revolución faunística y vegetal, las especies se regeneraban de manera natural y eso coincidió en el tiempo con el gran impacto, que acabó acelerando el proceso de transformación de la vida en el planeta”, sugiere el experto del ICP.

viernes, 15 de julio de 2016

Ganadores del I Concurso de Fotografía "Tierra de Dinosaurios", 2016

Después de unos meses abierta la convocatoria de la primera edición del Concurso de Fotografía "Tierra de Dinosaurios", 2016 ya tenemos las obras premiadas.

Cartel anunciador de la 1ª edición del Concurso. Foto: Fundación Dinosaurios
La Fundación para el Estudio de los Dinosaurios en Castilla y Léon convocó en marzo el primer concurso de fotografía “Tierra de Dinosaurios” con el fin de promover un mayor conocimiento social del valioso patrimonio geológico y paleontológico de la Sierra de la Demanda burgalesa.

El tema al que se ha dedicado esta primera edición ha sido el paisaje geológico del macizo de Cameros/Demanda burgalés. Las imágenes debían ser tomadas en el entorno natural.

Primer premio: Tierras de Costalomo, de José Ramón Miguel. / Fundación Dinosaurios CyL
El ganador ha sido José Ramón Miguel Izquierdo con la instantánea titulada "Tierras de Costalomo". Según su autor, fotografía realizada en los terreros de las Tenadas de Costalomo de Salas de los Infantes, en una tarde nublada de verano. Se aprecia una gama de estratos arcillosos oscuros en el entorno de las areniscas a cielo abierto del yacimiento de huellas de dinosaurio.

2º premio: Dinosaurios de piedra, de Carmelo García. / Fundación Dinosaurios CyL
El segundo premio ha sido para Guillermo Carmelo García García con la fotografía titulada "Dinosaurios de piedra". Las masas pétreas del paraje "El Castillejo", en la ladera sur de la Sierra de Trasomo, primer tramo de la Sierra de Neila, en el término municipal de Monasterio de la Sierra, ofrecen diferentes sensaciones según la perspectiva que se tenga. En esta imagen la erosión kárstica parece que ha conformado un ejército de animales prehistóricos que se dirigen hacia un tótem, relata su autor.

3º premio: Nieblas mesozoicas, de Aquilino Molinero. / Fundación Dinosaurios CyL
El tercer premio lo ha obtenido Aquilino Molinero Martínez, también oriundo de Salas de los Infantes como sus dos compañeros de pódium, con su imagen titulada "Nieblas mesozoicas". Obra realizada desde Monasterio de la Sierra en la que se observan las densas nieblas que descansan bajo la Peña Carazo.

Os agradecemos, sinceramente, a todos los que habéis participado en este I Concurso de fotografía "Tierra de Dinosaurios", 2016 y os animamos a que, desde ya mismo, penséis o hagáis fotografías para presentar a la segunda edición del concurso que será en 2017. Y también agradecer al Pub El Pozo, de Salas de los Infantes, por colaborar en esta primera edición de este concurso.
¡Os esperamos!

Descubren un dinosaurio con los mismos brazos cortos que el Tiranosaurio Rex

El Gualicho Shinyae encontrado en Argentina es un terópodo, un dinosaurio de dos patas similares a pájaros

Los expertos calculan que era un predador de tamaño medio con un peso de más de 450 kilos 
(similar al de un oso polar). | Fuente: The Field Museum
EFE Un nuevo tipo de dinosaurio descubierto en la Patagonia argentina presenta el mismo tipo de extremidades superiores diminutas que el Tyrannosaurus rex, pero su evolución fue independiente, lo que apoya la teoría de que esos pequeños brazos eran habituales en el Cretáceo superior.

Como el Tyrannosaurus rex (T. rex), el Gualicho Shinyae es un terópodo, uno de los dos dinosaurios de dos patas similares a pájaros, pero pertenece a una rama diferente de la familia, lo que significa que esas inusuales extremidades evolucionaron de manera independiente en lugar de surgir de un ancestro común.

Un estudio publicado ayer por Plos One describe las características del Gualicho, un alosauro (una rama de dinosaurios terópodos carnívoros de medio y gran tamaño) cuyo esqueleto se encontró incompleto.

Los expertos calculan que era un predador de tamaño medio con un peso de más de 450 kilos (similar al de un oso polar), pero a pesar de su tamaño las extremidades delanteras del Gualicho eran del tamaño de un niño y, como en el caso de T. rex, solo tenía los dedos, pulgar e índice.

Los científicos no están seguros de por qué el T. Rex y otros terópodos tenían unas extremidades delanteras tan pequeñas y aunque la aparición del Gualicho no da una explicación, sí que añade evidencias a que este rasgo evolucionó de manera independiente numerosas veces.

"Conociendo más de cómo evolucionaron esas extremidades reducidas, podríamos se capaz de descubrir por qué evolucionaron", indicó el autor del estudio, Peter Makovicky, conservador del Field Museum de Chicago (EE.UU).

Gualicho es "un tipo de dinosaurio mosaico, tenía características que pueden observarse normalmente en varios tipos de teradópodos", indicó Makovicky.

"Realmente -explicó- es poco corriente, es diferente de otros dinosaurios carnívoros encontrados en la misma formación rocosa y no encaja con claridad en ninguna categoría".

El nombre del dinosaurio hace referencia a la historia de su descubrimiento durante una expedición conjunta realizada por los autores del estudio en 2007 a la formación Huincul en el norte de la Patagonia
El nombre de la especie, shinyae, hacer referencia a su descubridora, Akiko Shinya, mientras que el nombre genérico Gualincho deriva de Gualichu, un espíritu venerado por el pueblo Tehuelche de la Patagonia.

Shinya, jefa de preparación de fósiles del Field Museum explicó que encontraron a Gualincho al final de la expedición, estaban ya terminando cuando Makovicky le dijo bromeando: "Es el último día, será mejor que encuentres algo bueno".

Casi a la vez ella le respondió: "Pete he encontrado algo" y casi de inmediato estaba segura de que era algo bueno.

El estudio contó con la colaboración de la argentina Universidad Maimónides, así como del Gobierno de la provincia de Río Negro en Argentina y del Instituto de dinosaurios del Museo de Historia Natural de Los Ángeles.

jueves, 14 de julio de 2016

Spinosaurus, de coloso terrestre a nadador fluvial

El Museu Blau de Barcelona inaugura una exposición sobre el dinosaurio carnívoro más grande del cretácico 

Con 15 metros de longitud, Spinosaurus fue el dinosaurio carnívoro más grande 
y también el primero en adaptarse al medio acuático (Elsa Velasco)
El Spinosaurus fue retratado en la franquicia ‘Jurassic Park’ como un gigante terrestre, un monstruo feroz capaz de enfrentarse a los más grandes depredadores del cretácico. Ahora, el Museu Blau de Barcelona inaugura una muestra que ofrece una imagen muy distinta de este carnívoro que habitó la Tierra en el Cretácico, hace casi cien millones de años. Organizada por la National Geographic Society y la Universidad de Chicago, la exposición recoge los últimos hallazgos paleontológicos que han transformado la visión del dinosaurio que se ha tenido en el último siglo.

En 2014 un grupo de paleontólogos de las universidades de Chicago y Milán presentaron en la revista Science el resultado de analizar el esqueleto de Spinosaurus más completo hasta la fecha. Su conclusión fue rotunda: este dinosaurio no era el depredador bípedo terrestre que hasta el momento se había pensado, sino que estaba adaptado a pasar la mayor parte del tiempo en el agua y a duras penas podía sostenerse apoyándose sólo en sus patas traseras.

Los investigadores elaboraron una reconstrucción del animal basándose en todos los datos recabados hasta la fecha y descubrieron varias pistas que les llevaron a formular una nueva hipótesis sobre su modo de vida. Así, su mandíbula alargada, con dientes cónicos como los de un cocodrilo, sugería que su alimento eran peces. El cráneo también reveló unas fosas nasales situadas en la parte superior, lo que le habría permitido respirar cuando gran parte de su cuerpo se encontrase sumergido en el agua. En definitiva, su modo de vida habría sido muy parecido al de los cocodrilos actuales.

Pero la prueba más contundente fueron las extremidades posteriores, más cortas de lo que se había pensado hasta el momento. Su cuerpo y cuello alargados habrían desplazado el centro de gravedad del animal hacia delante y eso le habría forzado a caminar a cuatro patas. “Esta reconstrucción de Spinosaurus lo presenta como el primer dinosaurio carnívoro cuadrúpedo”, apunta Àngel Galobart, del Institut Català de Paleontologia (ICP).

Reconstrucción a tamaño real de Spinosaurus, expuesta en la plaça 
del Fòrum, delante del Museu Blau, en Barcelona (Josep Maria de Llobet)
Dado el cambio que suponía respecto al modelo anterior, el nuevo Spinosaurus generó cierta controversia en el momento de la publicación de los datos. “Siempre hay controversias en paleontología, porque tenemos restos parciales. Aunque no haya acuerdo total, la conclusión de este trabajo es perfectamente válida”, declara Vicent Vicedo, conservador de paleontología del Museu de Ciències Naturals de Barcelona, del que forma parte el Museu Blau. “La interpretación se pone en duda porque es un animal muy extraño”, explica Galobart. “Es una hipótesis muy interesante para la paleontología, pero evidentemente siempre quedarán dudas hasta encontrar nuevos esqueletos”.

Un siglo tras la pista del depredador

El descubrimiento de los primeros restos de Spinosaurus se remontan a la década de 1910, durante las expediciones del aristócrata alemán Ernst Stromer. Sin embargo, durante la II Guerra Mundial, un bombardeo aliado sobre la ciudad de Múnich, donde se exhibían los fósiles, los redujo a cenizas.

Desde entonces, el conocimiento sobre esta especie de dinosaurio se basó en las pocas notas y fotografías conservadas por Stromer y en algunos restos dispersos. Hasta que, cien años después del primer descubrimiento, una casualidad tras otra llevó a descubrir el esqueleto de Spinosaurus más completo hasta la fecha.

En 2008, el investigador Nazir Ibrahim, autor principal del artículo del 2014 en Science, compró unos fósiles de origen incierto en Marruecos. No les dio gran importancia hasta que un año más tarde, al contemplar unos restos de Spinosaurus del Museo de Historia Natural de Milán, intuyó que podrían pertenecer al mismo esqueleto. De confirmarse, sería la mayor oportunidad de la paleontología para estudiar el misterioso gigante desde la época de Stromer.

Reproducción a tamaño real del Spinosaurus, el dinosaurio carnívoro más grande
 de la Tierra, que vivió hace 95 millones de años, medía 15 metros de largo y 
pesaba 6,8 toneladas. (Toni Albir / EFE)
Decidido a resolver el enigma, Ibrahim regresó a Marruecos en 2013 y rastreó los mercados de venta de fósiles hasta dar con el hombre que le había vendido aquellos restos cinco años atrás.La insistencia de Ibrahim logró convencer al vendedor para que lo llevara al yacimiento donde los había encontrado. El análisis del terreno demostró que aquel era también el origen de los huesos de Milán. Ése fue el punto de inflexión que desencadenó un cambio radical en la concepción que se tenía de Spinosaurus.

La exposición ‘Spinosaurus, el gegant perdut del Cretaci’ permanecerá en Barcelona hasta el 26 de marzo de 2017. En ella los visitantes podrán contemplar reproducciones a tamaño real del esqueleto y de otros dinosaurios que poblaban un delta fluvial en lo que ahora es el norte de África, además de fósiles originales. También encontrarán la historia del descubrimiento de este coloso, narrada en detalle, y una muestra de las nuevas tecnologías aplicadas en paleontología.

miércoles, 13 de julio de 2016

No, los tiranosaurios no rugían, hacían un ruido más parecido al arrullo de las palomas

Reconstrucción moderna de un T-rex según las últimas evidencias fósiles. Ilustración: RJPalmerArt













Cuanto más avanzan las investigaciones de los paleontólogos, más indicios hay de que los feroces dinosaurios carnívoros como el Tyrannosaurus rex, en realidad eran más parecidos a gallinas gigantescas que a los lagartos bípedos que imagina el cine. El último de esos indicios tiene que ver con los sonidos que emitían.

Un nuevo estudio publicado en la revista Evolution explica que los grandes dinosaurios carnívoros no gruñían o rugían como leones abriendo la boca, sino que probablemente emitían sonidos no muy diferentes a los que hoy hacen las palomas. Sí, la famosa escena de Jurassic Park con los nietos de Hammond atrapados en el coche bajo la lluvia en la realidad hubiera terminado con el T-rex lanzando un poderoso: CLOOOO-CLOOOO-CLOOO y agitando con brío las plumas de sus alitas.

Las palomas o las avestruces emiten un tipo de llamada que se denomina arrullo, y lo hacen con el pico cerrado y llenando de aire un buche en el esófago. Investigadores de las universidades de Austin, Glendale, Newfoundland y Utah han estudiado la posible vocalización de los dinosaurios analizando cómo ha evolucionado la comunicación de 208 especies diferentes de aves de las que 58 utilizan este sistema de arrullo.

Reconstrucción de un dinosaurio adulto basada en el especímen AMNH 5027. Ilustración: Matt Martyniuk

La conclusión es que, aunque el sistema de vocalización ha pasado por hasta 16 cambios, en esencia se ha mantenido igual de los dinosaurios hasta las aves de hoy. De hecho, es probable que los grandes dinosaurios se valieran más de estos sonidos porque su descomunal tamaño les permitía llenar de aire con más facilidad el buche esofágico.

Volviendo a un terreno más cinematográfico, ¿cómo es probable que sonara un T-rex? Lo más parecido hoy en día es escuchar la llamada de alguno de los pájaros de mayor tamaño que emiten arrullos. La avestruz es un buen ejemplo. [University of Texas at Austin vía Gizmag]