Los árboles crecieron en el periodo Carbonífero, es decir, mucho tiempo antes de que los dinosaurios dominaran la Tierra. Su madera experimentó una increíble transformación química
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| El trozo de madera fosilizada (Steffen Trümper) |
La investigación, liderada por el geólogo Steffen Trümper, de la Universidad de Münster, se centró en ejemplares de madera petrificada procedentes de las montañas de Kyffhäuser, en el norte de Alemania. Aquellos árboles crecieron durante el periodo Carbonífero, mucho antes de la aparición de los dinosaurios, en un paisaje tropical situado cerca del ecuador y atravesado por ríos que, durante las crecidas, enterraban los troncos bajo grandes cantidades de sedimentos.
Lejos de convertirse únicamente en un fósil, aquella madera experimentó una larga transformación química. Los investigadores comprobaron que el tejido vegetal fue reemplazado progresivamente por distintas variedades de cuarzo, generadas en momentos diferentes de la historia geológica. Cada una de esas fases quedó registrada en el interior del fósil, como si se tratara de páginas sucesivas de un mismo archivo natural que documentó los cambios sufridos por la cuenca durante millones de años.
Según explica el equipo científico, la primera mineralización comenzó hace entre 304 y 299 millones de años, cuando el ácido silícico penetró en la madera y preservó con enorme detalle la estructura de sus células. Posteriormente, el aumento de la presión y de la temperatura modificó esa primera silicificación hasta originar nuevas formas de cuarzo, cada una asociada a unas condiciones geológicas concretas.
Un archivo natural de la historia geológica
Para reconstruir esa secuencia, los investigadores recurrieron a una combinación de técnicas avanzadas, entre ellas el análisis de inclusiones fluidas, la luminiscencia catodoluminiscente del cuarzo, estudios isotópicos de oxígeno y silicio, microscopía electrónica y la datación mediante el sistema uranio-plomo. Gracias a estos métodos identificaron cinco generaciones sucesivas de mineralización, una secuencia nunca documentada hasta ahora en madera fosilizada.
El aspecto más llamativo fue comprobar que el denominado reloj geológico basado en la desintegración del uranio no quedó completamente reiniciado durante las posteriores transformaciones minerales. "En realidad, nos sorprendió mucho que el reloj de uranio-plomo, iniciado con la mineralización original en el Carbonífero tardío, no se reiniciara completamente durante los procesos posteriores", explicó Steffen Trümper. Ese detalle permitió fechar con precisión distintas etapas de la evolución de la cuenca sedimentaria.
Una herramienta para estudiar la evolución de los continentes
Los resultados también permitieron estimar la profundidad a la que permanecieron enterrados aquellos troncos. En una de las fases alcanzaron entre 3 y 5,5 kilómetros bajo la superficie, sometidos a temperaturas comprendidas entre aproximadamente 160 y 240 grados. Sin embargo, hoy esos fósiles aparecen al aire libre, lo que demuestra que la región experimentó un importante proceso de elevación geológica tras permanecer enterrada durante millones de años.
Para los autores, el hallazgo va mucho más allá del caso concreto de Alemania. "Es asombroso que un fósil, a menudo no mayor que la palma de una mano, encapsule la historia geológica de toda una región durante cientos de millones de años", afirmó Steffen Trümper. El investigador añade que la abundancia de madera fosilizada en numerosos lugares del mundo convierte este descubrimiento en una nueva herramienta para seguir la evolución de los continentes y reconstruir antiguos episodios tectónicos con un nivel de detalle que hasta ahora resultaba muy difícil de obtener.




