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La paleontóloga y geóloga ha participado en el hallazgo del Spinosaurus mirabilis tras una expedición entre agosto y diciembre de 2022 de la que se hace eco Science en este 2026.
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| Ana Lázaro, paleontóloga vallisoletana. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León. |
Se trata de un hallazgo que tuvo lugar en la región de Jenguebi, en Níger, en el año 2022 y que ha sido publicado por la prestigiosa revista Science en este año 2026, concretamente en el mes de febrero. Marca un hito en la paleontología.
Se trata de la segunda especie de espinosaurio descrita formalmente desde que, en el año 1915, se descubriera en Egipto el holotipo de Spinosaurus aegyptiacus, ejemplar que dio nombre a todo el grupo.
Más de un siglo después, un total de 29 científicos de cinco países distintos, firman un capítulo que reescribe la historia de uno de los depredadores más enigmáticos del Cretácico.
Entre ellos estaba la vallisoletana Ana Lázaro, de 30 años en la actualidad y que, por aquel entonces tenía 26. Es geóloga y paleontóloga y habla de la inolvidable experiencia con EL ESPAÑOL de Castilla y León.
“Estoy muy orgullosa. Nunca me habría imaginado cumpliendo el sueño de toda mi vida con solo 26 años. Las horas de biblioteca han merecido la pena”, asegura.
Su vida y estudios
“Soy una persona reservada, con objetivos claros y con disciplina suficiente para alcanzarlos. Estereotipo de Capricornio para aquellos que crean en estas cosas, pero siempre con ganas de aventura”, asegura Ana Lázaro Valentín en declaraciones a este periódico.
Nuestra entrevistada nació en Valladolid y tiene 30 años. Es geóloga y paleontóloga. Amante de los videojuegos y también de la lectura, del deporte, de la jardinería y de la música.
“Desde muy pequeña ya tenía claro que quería ser paleontóloga. Siempre fue mi primera opción. Uno de los primeros regalos de Navidad que recuerdo fue una enciclopedia Larousse de dinosaurios cuando tenía cinco años”, explica la vallisoletana.
Su segunda opción era la de ser veterinaria y antes de entrar en la universidad se matriculó y completó un pequeño curso de auxiliar de veterinaria ecuestre así que, de alguna manera, se puede decir que es ambas cosas.
“Mi infancia fue normal. He pasado toda mi vida en Valladolid salvo los años de estudios. Completé un Grado en Geología en la Universidad de Salamanca y cuento con un Máster Universitario en Paleontología Aplicada en la Universidad de Valencia”, nos explica.
Nunca ha parado de buscar excavaciones demostrando su gusto por este mundo.
Excavaciones
“Desde el primer año de carrera busqué excavaciones en las que poder participar. Primero como estudiante para aprender lo máximo posible y, después, como paleontóloga o técnico de excavaciones, siempre de forma voluntaria”, cuenta Ana Lázaro.
Su primera excavación fue en la Sierra de la Demanda, en Salas de los Infantes (Burgos). Allí descubrió que esta era “su pasión” y también hizo muchos amigos.
“De hecho, a dos de mis compañeros y amigos de la expedición a Níger, como son Álvaro Simarro y María Ciudad Real, los conocí allí y compartimos nuestra primera excavación para, años más tarde, cumplir un sueño juntos”, añade.
Posteriormente, pasó parte del verano excavando en la Sierra de la Demanda para el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes y, también, en Guadalajara con la UNED.
Sin dormir de la emoción
“Paul Sereno, de la Universidad de Chicago, lleva años estudiando la paleontología de Níger, pero una expedición tan larga y ambiciosa como esta no es habitual. El plan inicial era realizarla en 2020, pero debido a la pandemia del coronavirus se tuvo que posponer hasta en tres ocasiones y finalmente se realizó entre agosto y diciembre de 2022”, explica Ana hablando de la aventura.
Confiesa que esto fue “una suerte para ella” ya que algunos miembros del equipo inicial tuvieron que abandonar el proyecto lo que provocó que se abrieran plazas vacantes y una fue para ella.
“Uno de los miembros del equipo de Paul Sereno era Daniel Vidal, a quién conocí excavando con la UNED y me habló del proyecto. Yo, aún, era estudiante de Máster, pero al comenzar en agosto presenté interés en participar y él me dio las instrucciones para presentar mi currículum”, añade Ana.
Apunta que “era comprensible” que todo se midiera de forma minuciosa en lo que tenía que ver con el equipo de Sereno ya “iban a ser tres meses trabajando de sol a sol a temperaturas altísimas y en un lugar inhóspito con cierto nivel de peligrosidad”.
“No cualquiera se atrevería ni daría la talla. Fue el propio Paul Sereno el que me escribió un correo electrónico dándome la bienvenida al equipo a altas horas de la madrugada debido a la diferencia horaria con Estados Unidos. No pude dormir de la emoción”, añade nuestra entrevistada.
Pronto se lo contó a sus padres y empezó con los trámites habituales de visados, vacunación internacional y compra de equipamiento para sobrevivir en el desierto.
La expedición y el hallazgo
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| Ana Lázaro junto a parte de la expedición. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León. |
“El descubrimiento del Spinosaurus mirabilis se dio en la tercera parte de la expedición, en el mes de noviembre, en una zona del Sáhara que los locales llaman Jengebi, donde se encuentran los restos fósiles el Cretácico Superior”, explica Ana Lázaro.
Añade que “se encontraron tres nasales, hueso del cráneo, de tres individuos diferentes, todos ellos con esa característica cresta” y también “fragmentos de mandíbula y dentarios” que gracias al trabajo en laboratorio “dieron como resultado un gran porcentaje del cráneo, además de algunas vértebras”.
“Spinosaurus se denomina al género de dinosaurios terópodos espinosáuridos de gran tamaño que se han encontrado en el Cretácico Superior del continente africano. Hasta este momento, el género Spinosaurus contaba con una única especie, el Spinosaurus aegyptiacus. Este hallazgo amplía la diversidad de Spinosaurus. Se estima que el mirabilis tiene unos 95 millones de años”, afirma nuestra protagonista.
Un hallazgo histórico.
Muy orgullosa
“Estoy muy orgullosa. Nunca me habría imaginado cumpliendo el sueño de toda mi vida con solo 26 años. Las horas de biblioteca merecen la pena. Hay compañeros de profesión que en toda su carrera no verán una expedición como esta. Todo el esfuerzo se ha visto recompensado y me siento muy afortunada”, afirma nuestra entrevistada.
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| La vallisoletana Ana Lázaro durante la expedición. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León. |
“Por el momento Níger no cuenta con un laboratorio apto para la preparación, conservación y estudio de restos fósiles por lo que los hallazgos de esta expedición serán estudiados en el Laboratorio de Paul Sereno en Chicago”, explica la vallisoletana.
Sin embargo, nos cuenta que parte del proyecto y compromiso de Sereno con Níger “consiste en la construcción de un museo allí” para “albergar los restos de dinosaurios nigerinos, que no son pocos, y poder formar en la disciplina a los estudiantes que lo deseen”.
El futuro
Nuestra entrevistada sigue viviendo en Valladolid. El siguiente paso académico en su carrera investigadora pasa por conseguir un doctorado, pero, de momento, no está matriculada en ninguno.
“Siempre que pueda seguiré dedicando los veranos a excavar. Mancharme de polvo y tierra me llena más que cualquier tabla de datos. Ojalá, en el futuro, pueda volver a Níger. Aún hay mucho por descubrir. Siempre lo describimos como una oportunidad única en la vida, pero esperemos que sea solo una forma de hablar y pueda repetir”, afirma Ana.
Añade que “no sabe si como investigadora habrá un logro mayor que publicar en Science” por lo que su objetivo y deseo pasa por “seguir dedicándose a lo que le apasiona” y “embarcarse en aventuras para seguir acercando la ciencia y la paleontología a la gente”.
Un estudio revisa el yacimiento de Lerici y concluye que la primera radiación global de los saurópodos ocurrió en el Carniense, antes de lo que se pensaba.
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| Un molde de fibra de vidrio de las huellas fósiles encontradas. Crédito: L. Marchetti et al. 2026 |
Fue entonces, según un nuevo estudio publicado en la revista Gondwana Research, cuando los dinosaurios comenzaron a tomar el control de los ecosistemas terrestres, mucho antes de lo que indicaban los registros de huesos fósiles.
Un equipo internacional de paleontólogos liderado por Lorenzo Marchetti, del Museo de Historia Natural de Berlín, ha reexaminado en profundidad un yacimiento de huellas fósiles (icnitas) situado en la costa rocosa de Lerici, en la provincia de La Spezia (noroeste de Italia). Este lugar, conocido como el icnositio de Lerici, contiene pisadas impresas en rocas de la Formación Quarziti e Filladi, y ha resultado ser una pieza clave para reescribir la historia temprana de los dinosaurios.
Un ecosistema de hace 230 millones de años al descubierto
Los investigadores han identificado cinco tipos diferentes de huellas fósiles en Lerici, lo que les ha permitido reconstruir la fauna que caminaba por aquella antigua llanura costera deltaica bajo un clima húmedo. Las huellas pertenecen a:
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| Los tipos de huellas fósiles descubiertos. Crédito: L. Marchetti et al. 2026 |
Los fósiles no solo sirven para saber qué animales vivieron, sino también para datar las rocas. Los paleontólogos utilizan la primera fecha de aparición (FAD, por sus siglas en inglés) de una especie o, en este caso, de un tipo de huella, como marcador temporal.
Dado que el icnositio de Lerici contiene la aparición más antigua conocida del icnogénero Evazoum (las huellas del sauropodomorfo), los autores proponen un nuevo sub-biocrono (una división del tiempo geológico basada en huellas) llamado sub-biocrono de Evazoum. Este periodo abarcaría desde el Tuvaliense (la parte final del Carniense) hasta el Rhaetiense (el último piso del Triásico), y sirve para correlacionar rocas de la misma edad en diferentes partes del mundo.
¿Cómo saber qué animal hizo cada huella? La clave está en el tobillo
Uno de los mayores desafíos de la paleontología es emparejar una huella fósil con el animal que la produjo. Para ello, los científicos comparan la anatomía del pie de los fósiles esqueléticos con la morfología de las huellas. En este estudio, los autores realizan una aportación crucial: la configuración del tobillo es lo que permite diferenciar claramente una huella de dinosaurio de una de pseudosuquio.
Gracias a esta distinción, los investigadores han podido reasignar correctamente las huellas de Lerici. Unas grandes huellas que en el pasado se atribuyeron a pseudosuquios (cocodrilos primitivos) resultaron ser, en realidad, del sauropodomorfo Eosauropus cimarronensis.
Implicaciones globales: una radiación carníense
Los investigadores no se limitan a Italia. Comparan sus hallazgos con el registro fósil de huesos de dinosaurio en Sudamérica (formaciones Santa María de Brasil e Ischigualasto de Argentina) y con otras huellas encontradas en Marruecos, Alemania, Australia y Estados Unidos.
Esta icnofauna podría ser coetánea con el Episodio Pluvial del Carniense. La biodiversidad de los primeros dinosauromorfos y dinosaurios en el Hemisferio Norte parece ser mayor de lo que sugiere el registro de huesos fósiles, que se concentra en el Hemisferio Sur, concluye el artículo.
En otras palabras, el dominio de los dinosaurios no comenzó de forma gradual y tardía, sino de manera relativamente rápida y global, impulsado por un cambio climático que convirtió la Tierra en un mundo más húmedo y favorable para su evolución. Las huellas de la playa de Lerici, con sus 230 millones de años, son el testigo mudo de aquella antigua revolución ecológica.
FUENTES
Lorenzo Marchetti, Alberto Collareta, et al., The earliest dinosaur-dominated fauna? A reappraisal of the Carnian Lerici tracksite and the first global radiation of Sauropodomorpha. Gondwana Research, Volume 157, September 2026, Pages 72-89. doi.org/10.1016/j.gr.2026.04.010
Un equipo de paleontólogos argentinos, del que formaron parte investigadores del Museo Argentino de Ciencias Naturales, anunció el descubrimiento de una nueva especie de tortuga fósil que vivió hace unos 70 millones de años en la Patagonia. El hallazgo fue realizado en cercanías de la localidad de Arroyo Ventana en la provincia de Río Negro, y aporta nueva información sobre la diversidad de reptiles en los últimos momentos de la era de los dinosaurios
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| Reconstrucción en vida de Patagoniaemys aeschyli por el artista Nawel vazquez |
El ejemplar recuperado incluye partes del cráneo, caparazón y esqueleto, lo que permitió a los investigadores identificar características únicas. Entre ellas se destacan unas crestas longitudinales en el caparazón, rasgo distintivo que no se observa en otras especies conocidas del mismo grupo.
El término aeschyli hace referencia al antiguo dramaturgo Esquilo (525 a.C. – ca. 456 a.C.), uno de los más prolíficos escritores de obras de teatro de la antigua Grecia. Según una antigua leyenda, mientras escribía en las afueras de la ciudad de Gela, habría muerto al recibir el impacto del caparazón de una tortuga arrojada por un Quebrantahuesos, ave que acostumbra dejar caer quelonios desde gran altura para romper sus caparazones y alimentarse de ellos. Se dice que el animal habría confundido la cabeza calva del dramaturgo con una roca.
¿Qué pasó con las tortugas tras la extinción de los dinosaurios?
Los investigadores aún desconocen por qué la gran extinción del meteorito no afectó a las tortugas. Una de las hipótesis indica que al ser animales de metabolismo muy bajo y que pueden tolerar épocas hostiles hibernando semienterrados en barro o en madrigueras, es posible que hayan sobrevivido de esta manera al impacto del meteorito.
El hallazgo, hecho en el Índico, incluye restos de especies ya extintas. Según los investigadores, es el cementerio de cetáceos “más antiguo y a mayor profundidad” y sigue siendo fuente de vida
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| A 7.000 metros de profundidad se han encontrado centenares de fósiles de cetáceos. En la imagen, caja torácica de una ballena Minke. Global TREnD, IDSSE |
Investigadores chinos, italianos y un neozelandés han hecho un descubrimiento que podría ser uno de los del año. A una profundidad de 7.000 metros, han encontrado un enorme cementerio con restos de centenares de ballenas. Algunas cayeron allí hace tanto tiempo que su especie ya se ha extinguido, pero muchas siguen yendo a parar ahí en la actualidad. El hallazgo, cuyos detalles recoge Nature, la principal revista científica, va más allá: en estas profundidades del sureste del océano Índico, sin luz ni apenas sedimentos, los cetáceos muertos son fuente de vida, sustentando ecosistemas con infinidad de seres, muchos nuevos para la ciencia.
En tierra, los lugares donde los paleontólogos han encontrado las mayores concentraciones de fósiles suelen ser los lagos y meandros de los ríos del pasado. También en alguna cueva usada como refugio por humanos que llevaban hasta allí lo que cazaban. Pero en el mar la cosa se complica. O se trata de una zona emergida o el agua se lleva por delante todo rastro de los que mueren. Los peces, sus restos, no pueden con la química oceánica y es raro que les dé tiempo a fosilizar. En la historia natural, son pocos los animales marinos que, como algunos de los mamíferos, tienen la suficiente densidad ósea para que aguanten la erosión mientras se fosilizan. Por eso es tan extraordinaria la necrópolis de cetáceos hallada.
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| Ecosistema lleno de vida sobre los restos de una ballena que sirve de sustrato y fuente de alimento. IDESSE. |
Durante una serie de inmersiones de un equipo del IDSSE a bordo del buque de investigación Tansuoyihao, en 2023, un batiscafo inspeccionó el fondo de un tramo de unos 1.200 kilómetros de la Zona Diamantina. Buena parte del trayecto apareció salpicado de centenares de ballenas. Identificaron 485 de distintas especies. Encontraron incluso restos de cetáceos que habían muerto no hacía mucho a profundidades que oscilan entre los 4.616 y los 7.001 metros. Hasta ahora, el cementerio de ballenas más profundo conocido, en el Atlántico sur, apenas superaba los 4.200 metros.
“Sin duda, es el cementerio de ballenas más profundo jamás descubierto”, dice el investigador de la Universidad de Pisa (Italia) y coautor del estudio, Giovanni Bianucci. Y también es el más antiguo, “ya que ha estado activo durante cinco millones de años, como lo atestigua la datación isotópica de algunos restos fósiles”, detalla en un correo. De hecho, a una profundidad de 6.789 metros, encontraron el cadáver de un zifio, identificado como WF1, compuesto por tres vértebras alargadas. Se trata de la comunidad activa basada en una ballena más profunda registrada. Mientras, el esqueleto más grande encontrado, WF3, de unos cinco metros de longitud, es el de una ballena Minke antártica (Balaenoptera bonaerensis).
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| Los científicos creen que los distintos seres se mueven entre las carcasas de ballenas. En la imagen, una especie emparentada con el 'Phyllodocida Nereis', un gusano marino. Global TREnD, IDSSE |
“En cuanto a por qué mueren aquí, la razón es bastante compleja”, dice Xikun Song, investigador también del IDSSE y coautor del estudio. En realidad, apuntan varias razones. “La zona sirve de hábitat o corredor migratorio para los cetáceos”, recuerda Song. Por su forma, un enorme y largo cañón, el fondo serviría como sumidero de los animales que murieran arriba. Con el paso del tiempo, los restos orgánicos más pequeños se descompondrían, quedando solo los más grandes, los huesos de los cetáceos. La mayor densidad ósea entre los mamíferos marinos la tienen, precisamente, los zifios, que son también las especies más abundantes en el cementerio de ballenas. Además, estos animales incurren en prácticas de riesgo yendo en busca de su pieza preferida, los calamares, hasta el punto de jugarse la vida: “Los zifios que se sumergen a más de 3.000 metros de profundidad pueden alcanzar sus límites fisiológicos, lo que aumenta el riesgo de agotamiento mortal o por descompresión”, completa el investigador chino.
Hay otra cosa que han descubierto: estos cementerios de ballenas están llenos de vida. Una región tan profunda, sin luz y sin apenas sedimentos, debería ser un desierto orgánico. Pero las ballenas muertas son el sustrato de ecosistemas tan nuevos que apenas se conoce a sus integrantes. En las inmersiones han encontrado estrellas de mar, bivalvos, gusanos especializados en perforar huesos...
“No existe productividad primaria en los abismos marinos porque allí no penetra la luz, no hay fotosíntesis”, recuerda Natacha Aguilar de Soto, investigadora del Centro Oceanográfico de Canarias (IEO/CSIC) y gran experta en cetáceos, en particular en zifios. “Por ello las comunidades profundas viven del maná que llueve desde aguas más someras. La caída de una carcasa de cetáceo, de varias toneladas, es un regalo del cielo, una enorme fuente de alimento que dispara la productividad secundaria al alimentar a carroñeros y detritívoros, que a su vez atraen a especies carnívoras", explica Aguilar de Soto, que no ha participado en este trabajo. Para ella, este trabajo subraya el papel clave de los cetáceos: “En vida realizan transporte de nutrientes latitudinal y vertical en la columna de agua, fertilizando zonas de menor productividad natural desde áreas ricas. Una vez muertas, su labor de fertilización continúa en los fondos marinos desde las plataformas costeras hasta las fosas abisales”.
'Jian changmaensis'
El dinosaurio planeaba como las ardillas voladoras para atacar a sus presas. De hecho, el estudio ha identificado que no poseía dos, sino cuatro alas
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| Ilustración del nuevo velocirraptor documentado en China (Lewis LaRosa/Jão Canola) |
Un reciente estudio indica que estos grandes carnívoros desarrollaron glándulas lagrimales específicas para excretar el exceso de sal del entorno marino.
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| Un Spinosaurus con cresta dorsal nadando en aguas pantanosas. Davide Bonadonna |