miércoles, 21 de octubre de 2026

Los NUEVOS DINOSAURIOS de 2026 grandes hallazgos que lo cambian TODO

Foskeia pelendonum (del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes)

Galería Jurásica presenta hallazgos fósiles revolucionarios de 2026, detallando especies recién identificadas como el Foskeia pelendonum, Ferenceratops, Spinosaurus mirabilis y otros dinosaurios que desafían clasificaciones previas. Estas investigaciones utilizan tecnologías avanzadas para reescribir la historia evolutiva y la distribución geográfica de diversas especies prehistóricas.

Introducción: del 0:11 al 0:17.

Del minuto 2:27 al 3:46.


youtube.com

domingo, 18 de octubre de 2026

XXV Encuentro de Jóvenes Investigadores en Paleontología (EJIP) 2027 · Salas de los Infantes

¡El XXV Encuentro de Jóvenes Investigadores en Paleontología (EJIP) se celebrará en Salas de los Infantes! 

Del 29 de marzo al 2 de abril de 2027

Encuentro de Jóvenes Investigadores en Paleontología

El EJIP es un encuentro científico orientado a jóvenes investigadores en paleontología que reúne a estudiantes y profesionales en etapas iniciales para presentar sus trabajos, intercambiar conocimientos y establecer redes académicas. Se combinan sesiones de comunicaciones, pósters y actividades formativas centradas en el desarrollo de la carrera investigadora.

INFORMACIÓN GENERAL

Inscripción

Las inscripciones para esta edición se abrirán entre diciembre y enero del 2026, coincidiendo con la publicación de la 2ª circular.

Primera circular

Descargar aquí.

Resúmenes

Quien desee presentar su trabajo mediante exposición o póster deberá presentar un resumen en castellano o en inglés con un máximo de 300 palabras y respetando la plantilla y normas proporcionadas en nuestra página web. Los trabajos deberán ser enviados al correo editorial de la organización (editorial.xxvejipsalas@gmail.com) siguiendo los plazos de entrega propuestos en circulares.

Las fechas de envío, premios e indicaciones a seguir se detallarán en la 2ª circular.

Workshops

¿Preparado para aprender paleontología de forma práctica?

Como en cada edición, el primer día se realizarán una serie de talleres formativos que iremos descubriendo conforme se acerque la fecha del evento,  pero… ¡No dejarán indiferente a nadie!

Salida de campo

¿Qué exploraremos en esta edición?

El contexto paleontológico que rodea a Salas de los Infantes tiene un valor patrimonial destacable. Desde el descubrimiento de uno de los saurópodos más grandes de Europa (Europatitan eastwoodi) hasta el más pequeño de los ornitópodos (Foskeia pelendonum), los dinosaurios que habitaron la región han dejado su huella. Y de huellas va la cosa, ya que en las rocas que nos rodean podemos encontrar kilómetros de marcas del paso de estos animales. 

La ruta Tierra de Dinosaurios cuenta con 4 afloramientos de huellas de gran interés y, como centro neurálgico de la ruta, se encuentra el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes.

Durante esta edición se pretende visitar yacimientos singulares de icnitas de dinosaurios, destacando el holotipo de Iniestapodus burgensis y acabar en el Fórum Evolución en la ciudad de Burgos, donde los asistentes disfrutarán de una nueva exposición sobre dinosaurios, con algunos de los fósiles más espectaculares del entorno de Salas de los Infantes y Torrelara.

Contacto y redes: xxvejipsalas@gmail.com

Correo principal: editorial.xxvejipsalas@gmail.com

La ciudad

Una historia milenaria

Salas de los Infantes es una localidad burgalesa con mas de 1.000 años de historia, rodeada por el entorno natural de la Sierra de la Demanda. Cuenta con una herencia histórica y cultural, ligada a la leyenda de los 7 Infantes de Lara, uno de los relatos más representativos del romancero castellano. Además, recientemente se ha celebrado el centenario de su nombramiento como ciudad.

La relación de Salas con la paleontología tiene más de 80 años. Se han documentado intervenciones paleontológicas desde 1944,  siendo una de las primeras excavaciones de dinosaurios en España.  Esta actividad es continua desde 1975, cuando se crea el Colectivo Arqueológico y Paleontológico de Salas, hasta día de hoy con campañas anuales e investigación continua por parte de un equipo especializado.

Teatro-Auditorio Gran Casino

Conferencias y exposiciones

El amplio espacio acogerá las principales actividades del congreso contando con un salón de actos para las conferencias así como espacios para las exposiciones de pósters. 

El Teatro Auditorio se sitúa en la calle Jesús Aparicio, junto a la plaza. Toma su nombre del Cine Gran Casino, situado en el mismo lugar en el que está construido y funcionó como cine desde la década de los cuarenta hasta los sesenta. 


Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes

25 años de divulgación

En otoño de 2026, se cumplen 25 años desde la apertura del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes. Constituye el centro de la paleontología de dinosaurios y su investigación en la provincia de Burgos, siendo punto de referencia internacional para la disciplina. Entre sus paredes alberga 5 holotipos: 3 dinosaurios, 1 varanoideo y 1 quelonio. Además es referente en el estudio de rastros fósiles, como fué la descripción de Iniestapodus.

Pero, ¡no todo son dinosaurios! El museo también cuenta con una amplia colección donde destacan restos fósiles de vegetales como Bennettitales, invertebrados, peces como Lepidotes, pterosaurios, abundantes crocodrilomorfos y otros como los holotipos mencionados anteriormente, Arcanosaurus ibericus y Larachelus morla.

Hostelería y cena de gala

Alojamiento y comidas

Salas de los Infantes cuenta con una amplia oferta de bares, restaurantes, hoteles, hostales y casas rurales. 

Próximamente ampliaremos información y qué lugares acogerán eventos como la Cena de Gala, además de alguna que otra sorpresa. 

¡No nos olvidamos de la oferta de alojamiento gratuito! No tardaremos en comunicar el lugar. 

sábado, 17 de octubre de 2026

Hallazgo en el valle de Baztan: descubren dos especies fósiles del Devónico de hace 410 millones de años

El descubrimiento, realizado en las inmediaciones de Arizkun, aporta nuevas claves sobre la vida marina que habitó este territorio mucho antes de la aparición de los dinosaurios

Restos fósiles de braquiópodos de la especie Euryspirifer pellicoi y tentáculos, 
conservados como moldes en la roca, (Cambridge University Press)
El valle de Baztan, en Navarra, esconde entre sus montañas un valioso patrimonio geológico que permite retroceder cientos de millones de años en la historia de la Tierra. Sus formaciones rocosas, testigos de un pasado remoto, conservan vestigios de una época en la que este territorio presentaba un paisaje muy distinto al actual. Ahora, un hallazgo paleontológico en las inmediaciones de Arizkun ha puesto el foco científico sobre este rincón de los Pirineos occidentales, al revelar nuevas evidencias de la vida marina que existió mucho antes de la aparición de los dinosaurios.

El descubrimiento de dos nuevas especies fósiles del Devónico en Navarra, identificadas como Eifelocrinus baztani y Gastrocrinus canteri, supone un avance significativo en el conocimiento del pasado geológico de los Pirineos occidentales. Su extraordinaria antigüedad y excelente estado de conservación confieren especial relevancia a este hallazgo paleontológico. Los ejemplares corresponden a crinoideos, un grupo de invertebrados marinos que habitaban los fondos oceánicos hace aproximadamente 410 millones de años. El hallazgo fue realizado por el geólogo Antonio García Cantero.

Un descubrimiento fortuito que comenzó en 2018

Imágenes del yacimiento paleontológico del valle de Baztan y de los fósiles 
hallados en sus formaciones rocosas. (Cambridge University Press)
El origen de este descubrimiento se remonta a 2018, cuando el geólogo murciano Antonio García Cantero, de la empresa pamplonesa GEEA Geólogos, encontró de manera fortuita un fragmento de roca que contenía entre siete y ocho ejemplares fosilizados durante un recorrido por la zona. Ante la posibilidad de encontrarse frente a un hallazgo de especial interés paleontológico, decidió contactar con Samuel Zamora, investigador del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) y especialista en equinodermos fósiles, para analizar los restos y determinar su relevancia científica.

El estudio, desarrollado por Samuel Zamora junto con William I. Ausich, investigador de la Universidad Estatal de Ohio (Estados Unidos), permitió identificar y describir científicamente ambas especies. Los resultados de la investigación quedaron recogidos en una publicación especializada en paleontología de la Universidad de Cambridge, que documenta la relevancia del hallazgo. La denominación Eifelocrinus baztani constituye un homenaje al valle navarro donde aparecieron los fósiles, mientras que Gastrocrinus canteri toma su nombre del apellido de Antonio García Cantero, el geólogo responsable del descubrimiento.

El pasado marino de Navarra revela nuevas conexiones

Los fósiles fueron localizados en la denominada Caliza de Arizacun, una formación geológica perteneciente al Macizo de Cinco Villas, en los Pirineos occidentales de Navarra. Este enclave, considerado una de las áreas menos estudiadas del Devónico en España, alberga un importante patrimonio paleontológico que permite reconstruir los antiguos ecosistemas marinos de la región. Entre los restos identificados destacan trilobites, moluscos, braquiópodos y briozoos, organismos que convivieron en estos fondos marinos hace cientos de millones de años.

Distintas vistas de los fósiles de Eifelocrinus baztani, una de las nuevas especies
de crinoideos del Devónico descubiertas en el valle de Baztan.
 (Cambridge University Press)
La importancia de este descubrimiento trasciende las fronteras de Navarra. Los investigadores han encontrado similitudes entre las nuevas especies y otros crinoideos documentados en el yacimiento paleontológico de Hunsrück, en Alemania, lo que refuerza las evidencias de una conexión entre las faunas marinas de ambos territorios durante el Devónico inferior. El excepcional estado de conservación de los fósiles, que mantienen articuladas partes de sus brazos, cálices y tallos, ha permitido ampliar el conocimiento científico sobre estos organismos. Los ejemplares se encuentran depositados en el Museo Geominero de Madrid, donde forman parte del patrimonio paleontológico que ayuda a reconstruir la historia geológica del valle de Baztan hace cientos de millones de años.

elconfidencial.com

Los saurópodos quizá no tenían la boca que imaginábamos: nuevos indicios apuntan a estructuras parecidas a un pico

Reconstrucción prehistórica — El equipo de Giacomo Gobbo describe el denominado odontoscutum, una estructura que habría recubierto las mandíbulas sin eliminar los dientes, aunque la hipótesis todavía requiere revisión científica

La anatomía comparada permite estudiar las mandíbulas extinguidas. /  CC0
Hubo una época en la que algunos paleontólogos llegaron a imaginar a ciertos dinosaurios de cuello largo con una trompa parecida a la de los elefantes. La idea tenía su atractivo, aunque los fósiles terminaron por aguar la fiesta. Los análisis posteriores fueron debilitando aquella interpretación hasta dejarla ampliamente descartada. El episodio demuestra hasta qué punto reconstruir la cara de un animal extinguido puede resultar complicado, incluso cuando se conservan sus huesos.

Ahora, una investigación encabezada por Giacomo Gobbo plantea que Camarasaurus, un dinosaurio saurópodo, pudo tener las mandíbulas recubiertas por una estructura córnea semejante a un pico, pero equipada con dientes. Los autores han denominado odontoscutum a ese tejido, al que atribuyen funciones de protección y apoyo mecánico de la dentición. El estudio se ha difundido como prepublicación y todavía está pendiente de revisión por pares.

Los nervios permiten investigar tejidos desaparecidos hace millones de años

Para investigar cómo estaban recubiertas las mandíbulas de estos dinosaurios, los científicos recurrieron a animales actuales con distintas configuraciones de tejidos alrededor de la boca. Examinaron cráneos de aves y tortugas, cuyos picos presentan una cubierta queratinizada, y los compararon con los de lepidosaurios, que poseen labios carnosos. También estudiaron crocodilianos eusuquios, utilizados como referencia para una condición sin labios. Esa diversidad permitió establecer modelos anatómicos con los que contrastar los restos de Camarasaurus.

Las aves y las tortugas ayudan a investigar bocas extinguidas. / Arpha Preprint
Las diferencias entre esos grupos ofrecían una manera de estudiar estructuras blandas desaparecidas mediante las señales que dejaron en los huesos del cráneo. El planteamiento parte de la relación entre los tejidos faciales y la distribución de los nervios y vasos sanguíneos que los abastecen.

Si determinadas configuraciones anatómicas aparecen asociadas a una cubierta córnea en animales actuales, sus características óseas pueden servir para evaluar si existía algo comparable en una especie extinguida.

El equipo examinó la cantidad, la forma y la distribución de los pequeños orificios óseos por los que pasaban nervios y vasos sanguíneos. Para interpretar esos rasgos utilizó correlaciones estadísticas y un análisis de componentes principales, una técnica que permite comparar varias características anatómicas simultáneamente. La investigación incorporó también una evaluación cualitativa de los huesos que forman las arcadas dentales, buscando señales asociadas a cada uno de los modelos de tejidos establecidos.

Al aplicar ambos procedimientos al ejemplar fósil, los investigadores obtuvieron resultados comparables a los observados en las aves modernas. Esa semejanza constituye el principal argumento anatómico a favor de una cubierta córnea en Camarasaurus. La propuesta resulta distinta de la imagen habitual de un pico porque el dinosaurio habría conservado todos sus dientes bajo una estructura queratinizada. Los autores reconstruyen su posible forma y extensión a partir de las conexiones neurovasculares identificadas en los huesos.

La cubierta córnea modificaría las reconstrucciones de los saurópodos

El cráneo de Camarasaurus presenta semejanzas con las aves. / Arpha Preprint
La dificultad de reconocer estos tejidos tiene relación con una anatomía craneal bastante peculiar entre los saurópodos, cuyos cuerpos alcanzaban dimensiones muy superiores a las de sus cabezas. Sus cráneos estaban formados por huesos delicados, atravesados por numerosas aberturas, y presentaban cavidades nasales grandes situadas en una posición elevada y retrasada, cerca de los ojos. Esas características hacen que el esqueleto conserve una información incompleta sobre el aspecto exterior del animal.

Muchas representaciones tradicionales resolvían esa falta de información colocando una capa de piel muy ajustada sobre los contornos óseos, una técnica conocida como shrink-wrapping. El resultado mostraba caras de aspecto reptiliano en las que cada relieve del cráneo parecía determinar la superficie exterior. Sin embargo, los tejidos blandos pueden modificar considerablemente esa silueta. La existencia de una cubierta gruesa alrededor de las mandíbulas obligaría a reconsiderar algunas de esas reconstrucciones.

La hipótesis también alcanza a la evolución de los sauropodomorfos, un linaje que incluye a los saurópodos y a sus parientes evolutivos. Los investigadores proponen que los tejidos faciales muy queratinizados podrían haber estado presentes desde etapas tempranas de ese grupo. Según su interpretación, la cubierta habría aparecido inicialmente en la parte delantera del hocico y se habría extendido posteriormente hacia atrás en los eusaurópodos más derivados, hasta abarcar toda la región de la boca y la dentición.

viernes, 16 de octubre de 2026

Descubren en China un ave de hace 150 millones de años que cambia lo que sabíamos sobre la evolución del vuelo

El fósil de una nueva especie del Jurásico aporta pruebas de que algunas de las primeras aves desarrollaron adaptaciones para la vida terrestre, en lugar de seguir una evolución orientada exclusivamente a mejorar su capacidad para volar

Life reconstruction of the Late Jurassic bird Yuezhuornis yangyuanensis. Credit:
Min Wang - 'Royal Society Open Science' (2026). DOI: 10.1038/s41586-026-10972-z
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Un equipo de paleontólogos chinos ha descubierto una nueva especie de ave primitiva que vivió hace aproximadamente 150 millones de años y que, según los análisis de su anatomía, probablemente no podía volar. Bautizada como Yuezhuornis yangyuanensis, presenta unas extremidades anteriores especialmente cortas que cuestionan la idea de que la evolución inicial de las aves estuvo determinada principalmente por las exigencias del vuelo. El hallazgo, publicado el 14 de octubre en la revista científica Nature, aporta nuevas pruebas de que estos animales comenzaron a diversificarse mediante distintas adaptaciones ecológicas durante el Jurásico.

El ejemplar fue recuperado en la provincia de Fujian, en el sureste de China, dentro del conjunto paleontológico conocido como fauna de Zhenghe. Los investigadores, pertenecientes al Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de la Academia China de Ciencias y al Instituto de Ciencias Geológicas de Fujian, sitúan su antigüedad entre 150 y 148 millones de años, durante el Jurásico superior. El animal tenía aproximadamente el tamaño de un cuervo y conservaba una combinación de características anatómicas presentes tanto en las primeras aves como en determinados dinosaurios terópodos.

Fotografía del esqueleto fósil de la nueva ave jurásica, Yuezhuornis 
yangyuanensis, de China. /  Min Wang - Nature (2026)
La principal particularidad de Yuezhuornis se encuentra en las proporciones de sus extremidades anteriores, considerablemente más cortas que las de otras aves primitivas. Para estudiar sus posibles hábitos, los científicos realizaron análisis morfométricos y estadísticos que permitieron comparar su anatomía con la de aves actuales y otros dinosaurios próximos al origen del linaje aviar. Los resultados mostraron semejanzas con especies terrestres y proporcionaron pruebas sólidas de que llevaba una vida principalmente en el suelo y carecía de capacidad de vuelo. Los investigadores interpretan el hallazgo como uno de los testimonios más antiguos conocidos de la pérdida evolutiva de esta capacidad en las aves.

Un ave primitiva con características de dinosaurio carnívoro

El fósil conserva rasgos que recuerdan a los de determinados dinosaurios carnívoros. Entre ellos destacan unos dientes muy próximos entre sí y con bordes aserrados, poco habituales entre las aves, pero presentes en algunos deinonicosaurios. También tenía un segundo dedo del pie hiperextensible, equipado con una garra curva en forma de hoz. Esta estructura es característica de grupos como los dromeosáuridos y los troodóntidos, dinosaurios terópodos emparentados evolutivamente con las primeras aves.

En contraste, otras partes del esqueleto presentan características claramente aviarias, especialmente la pelvis y las extremidades posteriores. Min Wang, uno de los responsables de la investigación, destaca que esta combinación de rasgos evidencia la complejidad de las primeras etapas de la evolución de las aves. El animal conservaba estructuras especializadas heredadas de sus antepasados dinosaurianos junto con modificaciones propias del linaje aviar, lo que permite estudiar cómo aparecieron diferentes características anatómicas durante la transición entre ambos grupos.

Disparidad ecomorfométrica de Yuezhuornis y otros paravianos del Jurásico. /
Min Wang - Nature (2026)
Para determinar su posición evolutiva, el equipo realizó análisis filogenéticos mediante dos métodos: máxima parsimonia y datación bayesiana. Ambos situaron a Yuezhuornis dentro de Avialae, el grupo que comprende a las aves actuales y sus parientes extintos más cercanos. Los resultados lo colocan en una rama evolutiva ligeramente más derivada que la de Archaeopteryx, uno de los representantes más conocidos de la transición entre dinosaurios y aves, y como grupo hermano de Zhengheornis, otra ave primitiva del Jurásico.

La evolución de las aves no siguió un único camino

La investigación cuestiona la interpretación tradicional según la cual las principales transformaciones del esqueleto de las primeras aves estuvieron condicionadas fundamentalmente por las necesidades aerodinámicas. La anatomía de Yuezhuornis indica que algunos representantes tempranos de este linaje siguieron trayectorias evolutivas diferentes, con modificaciones corporales que no favorecían el vuelo. Los autores consideran que este descubrimiento amplía las pruebas de una diversificación ecológica temprana, en la que coexistieron distintas formas anatómicas y estrategias de adaptación.

El hallazgo también pone de relieve la importancia de la fauna de Zhenghe para investigar una etapa de la evolución aviar todavía poco conocida. La escasez de fósiles del Jurásico ha dificultado reconstruir cuándo aparecieron las principales características del esqueleto de las aves y cómo se relacionaban sus primeros representantes. La incorporación de Yuezhuornis yangyuanensis al registro fósil proporciona una nueva referencia para estudiar esa diversificación inicial y comprender mejor los cambios anatómicos que acompañaron el origen de las aves a partir de los dinosaurios terópodos.

eldiario.es

Identifican una nueva especie de dinosaurio en un fósil hallado hace más de un siglo en Reino Unido

El análisis de una parte del cráneo conservada en el Museo de Historia Natural de Londres ha permitido describir al primer megarraptor conocido en Europa, un dinosaurio carnívoro que vivió durante el Cretácico inferior

Interpretación de I. amberina con fauna contemporánea en la parte inferior de la
Formación Wessex. Sergey Krasovskiy y Pedro Salas - R. Soc. Open Sci. (2026)
13 (10): 260937. 
https://doi.org/10.1098/rsos.260937
Un equipo internacional de paleontólogos ha identificado una nueva especie de dinosaurio carnívoro que habitó la actual isla de Wight, en el sur de Inglaterra, durante el Cretácico inferior. Bautizada como Invictibellatrix amberina, pertenece al grupo de los megarraptores y constituye el primer representante de este linaje descrito en Europa. El descubrimiento, publicado en la revista científica Royal Society Open Science, se ha realizado a partir de un fósil conservado desde hace más de un siglo en las colecciones del Museo de Historia Natural de Londres.

El ejemplar consiste en una parte de la caja craneal recuperada en Sudmoor Point, cerca de Brook, en la costa suroccidental de la isla de Wight. El museo adquirió el fósil en mayo de 1924 al reverendo R. W. Hooley, pero hasta ahora no había sido objeto de una descripción científica formal. Los investigadores han determinado que procede de la Formación Wessex, cuyos sedimentos corresponden al Barremiense, una etapa del Cretácico inferior.

A pesar de que el fósil está incompleto y presenta desgaste, conserva características anatómicas que han permitido distinguirlo de otros dinosaurios conocidos. El equipo utilizó tomografías computarizadas de alta resolución para reconstruir digitalmente la caja craneal y su cavidad interna. Posteriormente, comparó sus estructuras con las de otros terópodos y realizó análisis evolutivos que respaldan su clasificación como uno de los miembros más antiguos del linaje de los megarraptores.

Fotografías del holotipo de caja craneana (NHMUK PV R6775) de I. amberina gen. et sp. nov. en A: anterior, B: posterior; C: lateral derecho; D: lateral izquierdo; E: ventral; F: vistas dorsales. Abreviaturas: atr, receso timpánico anterior; boc, cresta basioccipital; bpr, receso basipterigoideo; bsr, receso basofenoideo; bt, tubera basal; btw, red basituberal; CN, nervios craneales V, VII; cp, proceso cultiforme; cvl, cresta ventrolateral de basifenoides; fm, foramen magnum; oc, cóndilo occipital; óvulos, fenestra oval; pcr, receso paracondilar; fosa, depresión de la glándula pituitaria dentro de la fosa pituitaria; pp, proceso paraoccipital; prp, colgante preótico; psncr, receso de la cresta nucal parasagital; scr, receso subcondilar; snc, cresta nucal parasagital; sok, protuberancia supraoccipital; sta, silla turca. La barra de escala equivale a 50 mm. Royal Society Open Science (2026). DOI: 10.1098/rsos.260937.

Uno de los megarraptores más pequeños conocidos

Las dimensiones del fósil sugieren que Invictibellatrix amberina era considerablemente más pequeño que otros representantes de su grupo. Los autores estiman, mediante la comparación con otro dinosaurio de proporciones craneales semejantes, que podría haber medido hasta unos cuatro metros de longitud y pesado entre 200 y 300 kilos. Estas cifras son aproximadas, ya que no se dispone de un esqueleto completo. En comparación, otros megarraptores alcanzaron longitudes superiores a los diez metros y masas corporales de más de dos toneladas, por lo que la nueva especie podría encontrarse entre las más pequeñas conocidas de este linaje, si no ser la menor de todas.

La nueva especie presenta una combinación de rasgos en la región posterior del cráneo que permite diferenciarla de otros terópodos. Entre ellos destacan la forma del orificio por el que la médula espinal se conecta con el encéfalo, las características de la articulación entre el cráneo y el cuello y determinadas crestas óseas. El estudio también señala que la fusión de los huesos conservados indica que el animal había alcanzado, como mínimo, una fase subadulta.

El nombre científico elegido contiene dos referencias distintas. Invictibellatrix procede de términos latinos relacionados con la idea de una guerrera invicta y alude al papel que los megarraptores llegaron a desempeñar como grandes depredadores en Gondwana, después de una etapa evolutiva en la que eran animales más pequeños y no ocupaban la cima de la cadena alimentaria. Según los autores, también pretende transmitir un mensaje de esperanza a quienes sufren acoso, discriminación u opresión. Por su parte, amberina hace referencia al ámbar presente en los depósitos de restos vegetales de la Formación Wessex.

Una nueva pista sobre la expansión de los dinosaurios carnívoros

El hallazgo también aporta información sobre la distribución geográfica de los megarraptores. Aunque los modelos biogeográficos examinados ofrecen distintas posibilidades sobre su origen, el análisis que los investigadores consideran más sólido apunta a que los antepasados de Invictibellatrix podrían haber llegado a Europa desde Asia hace aproximadamente 130 millones de años. Posteriormente, otras poblaciones de este linaje se habrían extendido hacia África y distintas regiones del hemisferio sur. Los resultados respaldan la hipótesis de que estos dinosaurios tuvieron una distribución mucho más amplia durante las primeras etapas de su evolución, aunque no permiten reconstruir con certeza todas sus rutas de dispersión.

Los investigadores plantean que las extinciones regionales posteriores explicarían la ausencia de megarraptores en el registro conocido de los continentes septentrionales durante el Cretácico superior, mientras otros miembros del grupo continuaron diversificándose en Gondwana. La identificación de Invictibellatrix amberina amplía la diversidad de dinosaurios carnívoros documentados en la Formación Wessex y pone de manifiesto el valor de revisar ejemplares conservados en colecciones científicas mediante técnicas actuales.

Un pequeño dinosaurio pudo devorar a un enorme depredador pariente del T. rex: las marcas de sus dientes revelan una escena insólita

Unas marcas de mordeduras en la mandíbula de un joven Albertosaurus hallado en Alberta sugieren que un pequeño dromeosáurido se alimentó de su cadáver hace unos 70 millones de años. Los investigadores no descartan, sin embargo, un caso de canibalismo.

Reconstrucción de un posible escenario sobre el origen de las marcas de dientes:
los Atrociraptor se alimentaban del cadáver de un Albertosaurus a orillas
de la llanura aluvial de un río. Crédito: J.A. Doyon
Hace unos 70 millones de años, en lo que hoy es Alberta (Canadá), un joven Albertosaurus —un pariente del T. rex— acabó siendo alimento de otro dinosaurio. La clave está en unas marcas de mordeduras conservadas en su mandíbula.

El estudio, publicado en Journal of Paleontology, sugiere que el responsable fue probablemente un dromeosáurido, el grupo de dinosaurios conocidos popularmente como raptores. Si la interpretación es correcta, sería la primera evidencia documentada de un dromeosáurido alimentándose de un tiranosáurido.

El lugar del hallazgo. Crédito: J.A. Doyon et al. 2026
Pero los investigadores no descartan otra posibilidad aún más llamativa: que las marcas las dejara un Albertosaurus juvenil, lo que convertiría el episodio en un caso de canibalismo. Ninguna de las dos hipótesis puede probarse con certeza absoluta, pero las pruebas favorecen al pequeño raptor.

La víctima: un Albertosaurus inmaduro

El fósil pertenece a un ejemplar inmaduro de Albertosaurus sarcophagus, una especie que vivió entre hace 73 y 67 millones de años en el Cretácico superior. Su nombre combina “Alberta”, la provincia canadiense donde se encontraron sus restos, y la palabra griega que significa “devorador de carne”.

Era un tiranosáurido, emparentado con el Tyrannosaurus rex, pero no era la misma especie. Los Albertosaurus podían alcanzar unos seis metros de longitud y una masa estimada de 533 kilogramos. El ejemplar estudiado no era adulto: había alcanzado un tamaño considerable, pero aún estaba en crecimiento. Los análisis de un fragmento de hueso de una extremidad revelaron al menos ocho años de edad, y probablemente diez u once. Es decir, era un animal inmaduro, no un gran adulto.

Los restos aparecieron en 2022 en las tierras baldías de Alberta. Un particular encontró los huesos y avisó a especialistas del Royal Tyrrell Museum of Palaeontology, que los recogieron y prepararon. Durante ese trabajo se detectaron unas marcas que parecían mordeduras. El material se envió después a la Universidad de Alberta para estudiarlo con más detalle. Incluye fragmentos de mandíbula y maxilar, dientes asociados y parte de un hueso de una extremidad. Es, de hecho, el cráneo asociado más pequeño de Albertosaurus descrito hasta la fecha.

Unas marcas difíciles de interpretar

Identificar qué animal dejó una marca en un hueso fósil no es sencillo. Una mordedura no conserva siempre la forma completa del diente. Su aspecto depende del ángulo, de la fuerza aplicada y del movimiento de la mandíbula mientras el animal se alimentaba. Además, en el Cretácico superior de Alberta convivieron varios carnívoros, y una misma marca pudo ser producida por especies distintas.

En este caso, los investigadores examinaron dos conjuntos de marcas en la mandíbula del Albertosaurus: uno en el surangular, un hueso de la parte posterior de la mandíbula inferior, y otro en el esplenial, en su cara interna. Las marcas indican que unos dientes se deslizaron sobre el hueso. En una de ellas se conservan pequeñas estrías producidas por las dentículas, las diminutas serraciones de los bordes de los dientes de muchos dinosaurios terópodos. Su separación y disposición ayudan a deducir cómo era la dentición del animal responsable.

Marcas de mordeduras en la mandíbula. Crédito: 
J.A. Doyon et al. 2026
El equipo comparó esas medidas con los dientes de varios dinosaurios conocidos en la región. Descartaron varios candidatos y concentraron la atención en cuatro grupos: dromeosáuridos, troodóntidos, tiranosáuridos y el terópodo Richardoestesia. El resultado favoreció a los dromeosáuridos.

Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es el método geométrico empleado. Cuando un diente se desplaza sobre un hueso en diagonal respecto a la hilera dental, la distancia aparente entre las marcas puede ser menor que la separación real entre los dientes. Si no se corrige ese ángulo, se puede calcular mal la dentición y atribuir las marcas al animal equivocado. Los autores desarrollaron un procedimiento para corregir esas mediciones. No elimina todas las incertidumbres, pero permite comparaciones más precisas.

Con esa corrección, las marcas con estrías dentales encajan bien con los dromeosáuridos y mal con los tiranosáuridos o troodóntidos analizados. Otras marcas son más ambiguas: según la orientación que se considere, podrían ser compatibles con más candidatos. Por eso los autores no afirman que la identificación sea absoluta. Su conclusión es que los dromeosáuridos son la explicación mejor respaldada, aunque no puede excluirse del todo la intervención de un tiranosáurido muy joven.

Un carroñero mucho más pequeño

A partir de las marcas, los investigadores estiman que el posible autor medía entre dos y 2,9 metros de longitud. Frente a los seis metros y 533 kilogramos del Albertosaurus, la diferencia de masa pudo alcanzar una proporción de 30 a 1. Es decir, un animal muchísimo menor que la víctima.

Eso no significa que el dromeosáurido matara al Albertosaurus. Las marcas no muestran señales de curación o remodelación del hueso, así que se produjeron alrededor del momento de la muerte o después. Eso permite interpretarlas como huellas de alimentación, pero no demuestra que el pequeño dinosaurio causara la muerte. Los investigadores consideran más probable que se tratara de carroñeo: el aprovechamiento de un cadáver ya disponible.

Los dromeosáuridos son los famosos “raptores” de la cultura popular, aunque las especies reales eran diversas y no exactamente como las de Jurassic Park. Tenían dientes serrados y una gran garra curvada en el segundo dedo del pie. En el Cretácico de Alberta vivió, por ejemplo, Atrociraptor marshalli, una de las especies consideradas como posible autora de las mordeduras.

Antes de este hallazgo ya se conocían marcas atribuidas a dromeosáuridos en restos de otros animales, como pterosaurios y dinosaurios herbívoros. Lo que faltaba era una prueba convincente de que también aprovecharan cadáveres de tiranosáuridos.

La alternativa: canibalismo

Si las mordeduras no las hizo un dromeosáurido, pudieron ser obra de un Albertosaurus juvenil. En ese caso, el fósil documentaría un episodio de canibalismo entre tiranosáuridos. El responsable habría sido mucho más pequeño que la víctima y podría haber tenido menos de dos años, con unos 2,9 metros de longitud.

El canibalismo no es desconocido entre tiranosáuridos. Ya existían evidencias publicadas de canibalismo en Albertosaurus y de marcas de alimentación sobre individuos de su propio grupo. Sin embargo, que un animal tan joven se alimentara de otro mucho mayor es, en este caso, solo una hipótesis. Algunas mediciones no permiten eliminar por completo esa posibilidad, pero la comparación de las marcas favorece al dromeosáurido.

También hay otra limitación: no se puede demostrar que todas las marcas se produjeran en un único episodio de alimentación. Pudieron intervenir uno o varios individuos, de la misma especie o incluso de especies diferentes. El fósil conserva señales de una interacción biológica, pero no una secuencia completa de lo ocurrido.

Qué significa este hallazgo

La principal conclusión del trabajo es que los dromeosáuridos probablemente participaron en el aprovechamiento de cadáveres de grandes tiranosáuridos. Si la interpretación es correcta, sería la primera evidencia documentada de alimentación o carroñeo de un dromeosáurido sobre un tiranosáurido.

Esto encaja con una idea importante: los ecosistemas no solo están formados por animales que cazan y animales que son cazados. Los cadáveres también son recursos. Un pequeño carnívoro que difícilmente podría enfrentarse a un adulto sano puede aprovechar sus restos. Así, el hallazgo ayuda a reconstruir redes alimentarias más complejas en el Cretácico.

Los autores señalan además que las relaciones entre dromeosáuridos y tiranosáuridos pudieron ser recíprocas. En un estudio anterior se describieron marcas atribuidas a un pequeño tiranosáurido sobre la mandíbula de un dromeosáurido. Junto con el nuevo hallazgo, eso sugiere que unos y otros podían alimentarse de los restos del otro grupo. Pero una cosa es documentar un episodio concreto y otra demostrar que fuera una conducta frecuente. Un fósil no establece por sí solo qué importancia tenía ese comportamiento en la dieta de una especie.

El yacimiento se encuentra en la formación Horseshoe Canyon, en el valle del río Red Deer, unos cinco kilómetros al norte del puente de Morrin. Es una zona de barrancos y afloramientos sedimentarios que ha proporcionado gran cantidad de fósiles del Cretácico. El estado fragmentario de los restos limita lo que puede reconstruirse, pero el estudio combinó anatomía comparada, histología y análisis geométrico de las mordeduras.

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FUENTES

University of Alberta

Doyon JA, Brown CM, Therrien F, Currie PJ. Evidence for dromaeosaurid scavenging on Albertosaurus (Dinosauria: Tyrannosauridae). Journal of Paleontology. Published online 2026:1-21. doi:10.1017/jpa.2026.10269

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