sábado, 14 de julio de 2018

Tras cuatro días de campaña en Torrelara encuentran fósiles de un dinosaurio gigante


El pasado sábado 7 de julio se inició la XV Campaña de Excavaciones Paleontológicas de restos fósiles de Dinosaurios en los yacimientos de la localidad burgalesa de Torrelara. Tan sólo cuatro días después del inicio ya han aparecido numerosos restos fósiles de dinosaurio u dinosaurio gigante, como huesos largos de las extremidades o vértebras, piezas que no se habían encontrado con anterioridad.

Con la información recogida hasta ahora no se puede identificar plenamente al dinosaurio que yace en Torrelara, sin embargo, sí que se puede identificar a la especie, y ver qué relación tiene con otros dinosaurios de la misma época, pero de otros lugares, como América del Norte o Europa.

El director de la excavación, Fidel Torcida, ha explicado que en esta campaña han aparecido muchos fósiles bien conservados de parte del esqueleto y de extremidades de las que antes no se tenía ninguna representación. Los restos hasta ahora encontrados son de un saurópodo, herbívoro, de gran tamaño, de cuello y cola largos, muy probablemente un titanosauriforme, como el recientemente descrito Europatitan eastwoodi.

A lo largo de los siguientes días de campaña se expondrá más superficie del yacimiento con el objetivo de localizar otros huesos que ayuden a completar información sobre el dinosaurio.

En la anterior campaña ya se encontraron restos de la cola de este dinosaurio y diversos huesos craneales y de las costillas.

El proyecto lo promueve el ayuntamiento de Torrelara, está financiado por la Diputación de Burgos y lo desarrolla el Colecivo Arqueológico y Paleontológico de Salas, aunque colaboran también, el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes y la Fundación Dinosaurios de Castilla y León.

martes, 10 de julio de 2018

El primer dinosaurio gigante tiene nombre femenino

Después de 205 millones de años de espera para hallar sus restos y bautizado como Ingentia prima, este dinosaurio de ocho metros de largo y diez toneladas de peso representa el poder de las hembras.

AGENCIA SINC

Reconstrucción de Ingentia prima en la que se ve su avanzado sistema 
respiratorio aviano con desarrollados sacos aéreos cervicales (estructura verde), 
pulmones (rojo), sacos aéreos claviculares (azul) y torácicos anteriores 
(amarillo). / Jorge A. González
Mientras la historia de la humanidad entera transcurría sobre la superficie de la Tierra, sus huesos fosilizados permanecían ahí, ocultos en el silencio de las profundidades del noroeste argentino, en lo que hoy es la provincia de San Juan. Hasta que un día de 2015, después de 205 millones de años de espera, su tranquilidad fue interrumpida. Gracias al trabajo de un equipo de perseverantes científicos, los restos de este dinosaurio volvían a ver la luz. No se trataba, sin embargo, de cualquier dinosaurio, de aquellos que frecuentemente se desentierran en este rincón del mundo. Se trataba de un gigante o una giganta. Eso está aún por determinar.

“Era un dinosaurio de unos 8 metros de largo y de casi 10 toneladas”, comenta a Sinc la paleontóloga argentina Cecilia Apaldetti de la Universidad Nacional de San Juan, autora principal de un estudio, publicado en la última edición de la revista Nature Ecology & Evolution, donde se detallan los resultados del hallazgo.

Primeros pasos hacia el gigantismo

“La llamamos Ingentia prima, en latín la 'primera inmensa'. Es el primer registro de un dinosaurio gigante. No esperábamos encontrar en ese momento de la historia evolutiva, en el Triásico, un dinosaurio así de grande. Es especial, en ella vemos los primeros pasos hacia el gigantismo”.

Todo comenzó en el 2000 cuando al experimentado paleontólogo Ricardo Martínez –conocido por haber descubierto los dinosaurios más primitivos como el Eoraptor, el Eodromaeus y Panphagia– se le acercó un campesino y le comentó al pasar que en su campo ubicado cerca de la localidad de Balde de Leyes en la provincia de San Juan había visto lo que parecían ser huesos enterrados en la piedra roja, característica del lugar.

Con su equipo, Martínez –que es coautor del trabajo que se presenta hoy– se movilizó hasta aquella zona desolada de fuertes vientos y difícil acceso. En las primeras excavaciones, ya tuvo suerte: junto a Apaldetti, halló un dinosaurio también bastante antiguo al que nombró Leyesaurus marayensis, en homenaje a los integrantes de la familia Leyes, habitantes de aquel pequeño pueblo y que le habían indicado dónde buscar. 
"No esperábamos encontrar en ese momento de la historia evolutiva, en el Triásico, un dinosaurio así de grande", relata Cecilia Apaldetti, autora principal del estudio
“Desde ahí comenzamos a realizar campañas exploratorias encontrando sólo más especímenes de Leyesaurus, recuerda Martínez, jefe de la división de paleontología de vertebrados del Instituto y Museo de Ciencias Naturales de San Juan y coautor del estudio. Los paleontólogos continuaron explorando nuevas áreas y descubrieron “cientos de fósiles, al menos de unas 15 especies nuevas pertenecientes a varios grupos de vertebrados diferentes. En ese yacimiento descubrimos a Ingentia prima”, rememora Martínez.

Al volver a buscar en 2015, en la Cuenca de Marayes, el técnico del museo Diego Abelín divisó unos enormes huesos que afloraban del suelo, mucho más grandes de lo que esperaban encontrar en ese yacimiento: hasta entonces, de aquel período se conocían especies del tamaño de un perro mediano, dinosaurios que pesaban de dos a diez kilos. Por esa razón Abelín pensó en un principio que se trataban de huesos de vaca. “¡Encontré un ‘dino’ gigante!”, exclamó a modo de chiste. Los demás paleontólogos de inmediato dejaron lo que estaban haciendo y se aproximaron. Pasaron los minutos pero nadie se rió de la broma. No se trataba de ninguna vaca muerta. Era verdaderamente un dinosaurio gigante, uno hasta entonces nunca visto.

Mitos y leyendas

El territorio argentino siempre propició la circulación de los más asombrosos mitos y leyendas. Se cuenta, por ejemplo, que en su viaje alrededor del mundo Fernando de Magallanes en 1520 hizo una parada en la Patagonia donde avistó a un gigante desnudo bailando y cantando en la orilla. “Una vez delante nuestro, comenzó a maravillarse --escribió con algo de exageración el explorador y cronista italiano Antonio Pigafetta, uno de los pocos supervivientes de la misión, en su libro Relazioni in torno al primo viaggio di circumnavigazione. Notizia del Mondo Novo con le figure dei paesi scoperti--. Levantó un dedo hacia arriba, creyendo que veníamos del cielo. Era tan alto que el más alto de nosotros solo llegaba a su cintura”. 
“El gigantismo no fue de un día para otro. Se necesitaron millones de años para que dinosaurios pequeños y bípedos de no más de 8 kilogramos se convirtieran en colosos", dice Apaldetti
El interés popular por los gigantes patagónicos o patagones se esparció por Europa en el siglo XVI hasta que se supo que tales seres fantásticos no eran tales sino miembros de tribus tehuelches que habitaban la zona y tenían una altura promedio de 2 metros. Sin embargo, con los años los paleontológos terminaron en cierto sentido dándole la razón a aquellas fábulas: la Patagonia, así como otras regiones de Argentina, estuvieron gobernadas alguna vez por gigantes pero no gigantes humanos sino por colosales animales como los titanosaurios de unas 80 toneladas.

“El gigantismo no fue de un día para otro. Se necesitaron millones de años para llevar a que dinosaurios pequeños y bípedos de no más de 7 u 8 kilogramos se convirtieran en colosos como el titanosaurio Patagotitan mayorum o el Argentinosaurus –dice Apaldetti, que también es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

Según detalla, “el fenómeno apareció de la mano de varios cambios anatómicos necesarios para acompañar el crecimiento del esqueleto como el alargamiento del cuello, el achicamiento de la cabeza, la transformación de las extremidades en algo así como columnas y la pérdida de las falanges de los brazos. A medida que estos animales adquirieron una mayor masa muscular lo que eran las manos pasaron por una cuestión biomecánica a formar parte de la locomoción”.

Hasta el momento, los registros más antiguos del despegue hacia tales tallas XL propias de los saurópodos –los famosos cuadrúpedos gigantes de cola y cuello largo– se habían encontrado en rocas pertenecientes al período Jurásico pero no así en rocas más antiguas, es decir, del Triásico.

La paleontóloga Carolina Jofré, integrante de la expedición, en el yacimiento 
situado noroeste argentino, donde fueron hallados los huesos fosilizados de 
Ingentia prima. / Gentileza Universidad Nacional de San Juan
Cuando los investigadores comenzaron a estudiar los fósiles, tras extraerlos del campo con sierras eléctricas y taladros mecánicos, advirtieron algo extraño: la presencia de rasgos sorprendentes que habrían ayudado a este animal a ser gigante en un momento tan temprano de la historia evolutiva de su grupo.

“Ingentia prima nos muestra que los dinosaurios, muy poco tiempo después de hacer su aparición como pequeños animales bípedos y como componentes muy minoritarios de las faunas triásicas, dominadas por ese entonces por antecesores de los cocodrilos y de los mamíferos, llegaron a tamaños gigantescos 30 millones de años antes de lo que se pensaba, destaca Martínez.

Además, y muy importante –agrega– “alcanzaron tamaños de 10 toneladas sin haber adquirido la mayoría de las transformaciones anatómicas que se suponía eran necesarias para el soporte de tanto peso”.

Pulsos de crecimiento óseo acelerado

En este sentido, el paleontólogo Ignacio Cerda –especialista en el estudio de los patrones y procesos en la evolución del gigantismo y otro de los firmantes del estudio– encontró en los huesos de Ingentia prima las huellas de una increíble estrategia: pulsos de crecimiento óseo acelerado. Desde que nacían, estos animales crecían continuamente a una velocidad altísima. También crecían por temporada y cuando lo realizaban lo hacían muy rápido. 
Desde que nacían, estos animales crecían continuamente a una velocidad altísima; también lo hacían por temporada
“Los fósiles muestran señales de una dinámica de crecimiento muy rápida en aquellos períodos de crecimiento activo, incluso mayor que la de representantes más avanzados del grupo –advierte este investigador del CONICET y del Museo Provincial Carlos Ameghino, en la provincia de Río Negro–. Dicha diferencia no sólo contrasta con lo observado en titanosaurios, sino con lo que se ha observado en todos los dinosaurios saurópodos”.

Los investigadores especulan que fue algo así como una prueba y error de la naturaleza para ver cómo podían ser gigantes. “Por alguna extraña razón la estrategia de crecimiento que se ve en Ingentia prima no se volvió a repetir –dice Apaldetti–. Los titanosaurios se hicieron gigantes pero por otro camino evolutivo, que sucedió 30 millones de años más tarde”. Ser gigante no era un capricho sino más bien una ventaja evolutiva: la mejor manera de evitar ser víctima de depredadores, en especial, a edades muy tempranas.

"Se puede decir que Ingentia es una tía abuela del Patagotitan –señala el paleontólogo Diego Pol, coautor del estudio y descubridor del Patagotitan mayorum-- porque sabemos que este linaje fue un experimento evolutivo inicial del gigantismo de los dinosaurios que se separó muy tempranamente de la línea evolutiva que condujo a los titanosaurios gigantes". Los científicos argentinos encontraron poco más del 30% del cuerpo de Ingentia prima: el cuello casi completo, una de las extremidades delanteras y varias vértebras de la cola. Lo suficiente para concluir que su cuello era robusto y, más importante aún, que contaba con un sistema de respiración de estilo aviano.

“Lo que vimos –revela la experta– fue la presencia de cavidades en las vértebras del cuello que nos llevó a interpretar que Ingentia tenía sacos aéreos bien diversificados, o sea, que se extendían y permitían refrigerar su cuerpo”.

Los científicos ya sabían que varios grupos de dinosaurios contaban con una respiración parecida a la de las aves actuales que tienen bolsas de aire en su interior, que funcionan como reservas de aire oxigenado: un ave inhala y, además de llenar sus pulmones, guarda una parte de ese aire oxigenado en sus sacos aéreos. O sea, nunca deja de tener aire dentro del cuerpo. “Es una ventaja evolutiva que le ha dado una eficiencia respiratoria que ningún otro grupo de animales ha logrado superar –dice Apaldetti–. Los dinosaurios ya la tenían”.

Aparición triunfal de los dinosaurios

Hace 205 millones de años, al sudeste del supercontinente Pangea estaban ocurriendo cambios que llevaron a un aumento de la temperatura y a una pérdida de la humedad del ambiente que profundizó la desaparición de la flora y la fauna –una de las cinco extinciones masivas– y que precedió a la aparición triunfal de los dinosaurios.

Por entonces, Ingentia vivía en una especie de sabana similar a la sabana africana. No muy húmeda, pero con bastante vegetación y en la que cada vez era más complicado encontrar agua y plantas frescas. No era un ambiente pantanoso con helechos como el que caracterizó luego el hábitat donde vivieron los titanosaurios hace unos 90 millones de años.

El trabajo de estos paleontógos todavía no ha concluido. Los restos de Ingentia prima tienen aún mucho que contar. No se sabe cómo murió, cuáles eran sus comportamientos y cuál era su edad, si bien pudieron calcular una edad mínima de ocho años mediante el conteo de marcas de crecimiento que se forman en los huesos. 
Ser gigante no era un capricho sino más bien una ventaja evolutiva: la mejor manera de evitar ser víctima de depredadores, en especial, a edades muy tempranas
Tampoco los científicos argentinos han podido determinar su género, pese a que se refieren a este dinosaurio como ‘ella’. “Me encanta ponerles nombres a especies nuevas –reconoce Martínez–. Aunque no sabemos su sexo, pensé en un nombre femenino porque casi siempre los llamamos como varoncitos y me gustó la idea de cambiar. Por otro lado, a pesar de su tamaño, los huesos son frágiles, femeninos si se quiere”.

No es el primer caso de un dinosaurio ‘femenino’. También están la célebre ‘Sue’, el ejemplar de T. rex más completo hasta ahora, exhibido en el Museo Field de Chicago y Bonitasaura y Isaberrysaura, entre otras. “¿Por qué no hembra? ¿Por qué siempre hay que llamar a los dinosaurios en masculino? –Se pregunta Apaldetti–-. ‘Bautizar’ de esta manera a un animal grande y temprano también habla del poder de las hembras”, concluye.


Hallan en Asturias restos de los dinosaurios carnívoros más grandes de Europa

Los huesos y la huella encontrados en la playa de la Vega (Ribadesella) pertenecen probablemente a un Torvosaurus o a un Megalosaurus, dos de los depredadores de mayor envergadura de la segunda mitad del Jurásico.

EUROPA PRESS

Se cree que los restos pertenecen probablemente a un Torvosaurus o 
Megalosaurus. Museo del Jurásico de Asturias.
El especialista alemán Oliver Rauhut del Museo de Paleontología y Geología del Estado de Baviera (Munich), en colaboración con investigadores del Museo del Jurásico de Asturias (MUJA), ha realizado una investigación en base al hallazgo de una huella y una vértebra caudal procedente de playa de Vega, en Ribadesella, que pertenece "al mayor dinosaurio carnívoro conocido hasta ahora en Europa".

El estudio hace hincapié en las características de las enormes huellas de terópodos del jurásico asturiano, una de las de mayor tamaño a escala mundial dentro de este grupo de dinosaurios carnívoros.

El artículo se ha publicado en la revista científica electrónica Peer J, dedicada a difundir los últimos descubrimientos en los campos de la biología, medicina y ciencias ambientales, según informan desde el área de coordinación de equipamientos culturales del Principado de Asturias.

La publicación está enfocada a dos aspectos diferentes: por un lado, a la descripción de una vértebra de gran tamaño de un dinosaurio terópodo perteneciente a la familia Megalosauridae que habitó en Asturias durante el Jurásico Superior; y por otro, al estudio de diversas huellas de pisada de dinosaurios carnívoros (siete en total) de proporciones también extraordinarias.

El material óseo procede de los acantilados de la parte oriental de la playa de Vega y está representado por una vértebra caudal de la parte anterior perteneciente al mayor dinosaurio carnívoro conocido hasta ahora en Europa, con una longitud superior a los 10 metros. El ejemplar pertenecía probablemente a un Torvosaurus o Megalosaurus, no es posible precisar más, dos de los depredadores de mayor envergadura de la segunda mitad del Jurásico. El tamaño de la vértebra es tan sólo ligeramente inferior a la que poseía en idéntica posición el Tyrannosarus rex del Cretácico Superior de Norteamérica.

En el mismo nivel de donde procede el ejemplar óseo aparecieron además un diente de terópodo, restos vegetales, fragmentos de tortugas, dientes de cocodrilos, otra vértebra caudal (en este caso de un saurópodo) y varias huellas de pisada de dinosaurios cuadrúpedos.

El yacimiento representa parte del cauce de un antiguo arroyo jurásico excavado durante un periodo excepcional de lluvias torrenciales dentro de un clima cálido y semiárido que arrastraron y concentraron los fragmentos óseos de los reptiles mencionados. Las aguas que discurrían por dicho arroyo procedían a su vez de la recarga durante el periodo de intensas lluvias de un manantial próximo, situado al pie de un relieve calcáreo del Jurásico Inferior, elevado a causa de una falla.

La pieza, que forma parte de la colección del MUJA, se exhibe actualmente en una de las vitrinas destinadas al Jurásico de Asturias.

Esta nueva publicación sobre el Jurásico asturiano confirma una vez más que el territorio del Principado fue habitado en esa época por dinosaurios de grandes proporciones no solo pertenecientes al grupo de los saurópodos (icnitas de la playa de La Griega, ulna de Quintueles), sino también al de los terópodos, como el presente caso.

jueves, 5 de julio de 2018

NOTA DE PRENSA: XV CAMPAÑA DE EXCAVACIONES PALEONTOLÓGICAS (DINOSAURIOS) EN LA SIERRA DE LA DEMANDA

COLECTIVO ARQUEOLÓGICO Y PALEONTOLÓGICO DE SALAS, C.A.S.

Firma de la donación de huesos fósiles entre Roberto Ortega Delgado y Fidel
Torcida, director del Museo de Dinosaurios y director de las excavaciones. CAS
    
PRESENTACIÓN XV CAMPAÑA DE EXCAVACIONES PALEONTOLÓGICAS (DINOSAURIOS) EN LA SIERRA DE LA DEMANDA, YACIMIENTO VALDEPALAZUELOS-TENADAS DEL CARRASCAL (TORRELARA, BURGOS) 

La XV campaña de excavaciones paleontológicas den la Sierra de la Demanda se desarrollarán de nuevo en el yacimiento de Valdepalazuelos-Tenadas del Carrascal (Torrelara, Burgos).

Se trabajará desde el día 7 al 22 de julio. El equipo de excavación estará formado por 22 investigadores al que se sumarán otras personas encargadas de diversas tareas fuera del yacimiento para el buen desarrollo de la campaña, hasta alcanzar las 30 participantes. 

 
Detalle extracción excavación 2017. CAS
En la campaña del año 2017 se recuperaron, como piezas destacadas, 10 vértebras de la cola, una vértebra dorsal (espalda), tres vértebras sacras unidas, costillas, un hueso del pie y fragmentos de huesos craneales. Asimismo, se recogieron dos dientes de cocodrilos y madera fosilizada.

Los trabajos expusieron en superficie unos 100 m2 de la capa en la que yacían los huesos fosilizados del dinosaurio, pero se estima que la extensión real del yacimiento es mayor y se pueden recuperar más huesos. El ambiente en el que vivió este dinosaurio se ha reconstruido a partir de los sedimentos bajo los que se encuentra enterrado: corresponde a la llanura de inundación de un río donde quedó depositado el cadáver del animal. La edad del yacimiento es de 145 millones de años, en el paso del Jurásico al Cretácico y coincide con la edad de los yacimientos de icnitas situadas entre Quintanilla de las Viñas y Mambrillas de Lara.

Fragmento de fémur. CAS
El conjunto de piezas permite identificar a un dinosaurio de tipo saurópodo, de gran tamaño y herbívoro. La preparación de varios de sus fósiles en el laboratorio de restauración del Museo de Dinosaurios salense ha permitido conocer mejor algunas características del dinosaurio de Torrelara; así, la hipótesis con la que trabaja el equipo científico del museo salense apunta a un dinosaurio Diplodocoideo. Esta posibilidad aumenta el interés de este ejemplar, pues fósiles de diplodocoideos son relativamente escasos en la península ibérica. Además, su estudio puede aportar datos importantes sobre la evolución de los diplodocoideos en Europa, durante el intervalo del Jurásico al Cretácico (hace aprox. 145 millones de años).

Las expectativas de esta campaña pasan por completar el esqueleto del ejemplar, pues la mayor parte de lo recuperado hasta ahora corresponde a la cadera y la cola del animal. Tener disponibles huesos de distintas partes del cuerpo para su estudio, permitiría identificar con más exactitud la especie a la que pertenecía el dinosaurio.

Entre los investigadores participantes figuran doctores en Paleontología y Geología así como licenciados, graduados y estudiantes en Biología, Biología evolutiva, Antropología, Arqueología y Restauración.

Foto parcial XIV Campaña 2017. CAS
La procedencia de los investigadores es variada: Castilla y León, Madrid, Cataluña, Galicia, País Vasco, La Rioja, Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha; México y Bélgica.

Los centros de investigación o universidades de procedencia son: Museo de Historia Natural de París (Francia), Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, Universidades de Salamanca, León, Complutense de Madrid, Autónoma de Madrid, Valencia y Politécnica de Valencia, Granada, Zaragoza, País Vasco.

Las excavaciones están organizadas por el Colectivo Arqueológico y Paleontológico de Salas (C.A.S.), Museo de Dinosaurios y Fundación Dinosaurios de Castilla y León. Colaboran los ayuntamientos de Torrelara, Villoruebo y Salas de los Infantes, así como la Comandancia Militar de Burgos, Soria y Cantabria (Ejército de España). Se espera contar con financiación de la Diputación de Burgos, que está apostando desde el año pasado por ayudar a pequeños municipios que quieren trabajar en pro de sus patrimonios arqueológico y paleontológico.

Una visita a las excavaciones de 2017. CAS
Como especialmente destacable se considera la plena colaboración de los propietarios de la finca donde se asienta el yacimiento. No solo por las facilidades dadas a la organización, sino también, como es el caso de Roberto Ortega Delgado, por la donación de algunos huesos fosilizados que recogió y conservó hasta este momento, en el que ha decidido donarlos al Museo salense para facilitar su estudio. Este es un buen ejemplo de concienciación sobre la importancia de nuestro patrimonio y la necesidad de que todos colaboremos para conocerlo mejor y ayudar a su conservación; en primera línea de esta actitud nos toca a los que habitamos unas tierras tan ricas en tesoros patrimoniales, como es el conjunto de Sierra de la Demanda, Lara y Pinares, en le sureste de la provincia burgalesa.


XV Campaña de Excavaciones Paleontológicas de Dinosaurios en la Sierra de la Demanda

Foto: Colectivo Arqueológico-Paleontológico de Salas de los Infantes.
Ya han comenzado los trabajos preparatorios en el yacimiento de Valdepalazuelos-Tenada del Carrascal en Torrelara (Burgos), que organiza el Colectivo Arqueológico-Paleontológico de Salas de los Infantes y, en el que colabora un año más, la Fundación para el Estudio de los Dinosaurios en Castilla y León dentro de la XV Campaña de Excavaciones Paleontológicas en yacimientos de restos fósiles de dinosaurios, en la Sierra de la Demanda.

Las excavaciones se extenderán del 7 al 22 de julio de 2018.

miércoles, 27 de junio de 2018

Qué ver y hacer en Burgos este verano

La llegada del buen tiempo es la mejor excusa para disfrutar de la provincia de Burgos en familia. Todo el territorio ofrece multitud de espacios ideales para pequeños y mayores donde es posible viajar al pasado, como en Atapuerca, Paleolítico Vivo o el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes, disfrutar de enclaves únicos como la escultura más grande del mundo, complejos kársticos y minas de hierro, sal o manganeso y recorrer espacios naturales como el Cañón del Ebro o la Metrópolis Verde.

Paleolítico Vivo
Además, todo el territorio favorece la práctica de actividades de turismo activo como piragüismo, ciclismo, equitación, senderismo, vuelo en globo o tirolina que permiten disfrutar de la variedad paisajística de esta provincia llena de contrastes.

Un mundo bajo tierra en Las Merindades

Con 18 cuevas y más de 100 kilómetros bajo la superficie, el complejo kárstico de Ojo Guareña es uno de los mayores del mundo. Creado por la erosión del río Guareña a lo largo del tiempo, hoy es uno de los grandes atractivos del noroeste de la provincia.

Una parte de este paraíso interior es visitable, con lugares como la gran cueva del Ayuntamiento con sus 400 metros de recorrido, la cueva-ermita de San Bernabé con sus pinturas murales, el sumidero del río y la Casa del Parque en Quintanilla del Rebollar.

Además, en toda la zona de Las Merindades existen multitud de posibilidades para disfrutar en familia: miradores sobre el Cañón del Ebro, el museo del Petróleo en Sargentes de La Lora o la estación de esquí de Lunada que en verano ofrece actividades como tiro con arco, paint ball y rutas a caballo.

El Nueva York de los Bosques en un enclave natural

El parque natural Montes Obarenes - San Zadornil es un lugar ideal para disfrutar de la naturaleza, gracias a unos paisajes montañosos y llenos de cortados donde nidifican gran cantidad de rapaces.

En las proximidades de este espacio natural, se halla el Nueva York de los bosques, una "gran ciudad" donde en vez de edificios lo que se eleva hacia el cielo son árboles agrupados en calles y barrios. Recorrer esta Metrópoli Verde es fácil y divertido gracias a su señalización y a actividades como paseos a caballo o con bicicleta eléctrica.

Además, quienes quieran descubrir los valores naturales del parque natural Montes Obarenes de una manera didáctica y divertida, pueden acercarse a su casa del parque, ubicada en Oña, una población con un enorme atractivo que forma parte, junto a Frías y Poza de la Sal, de la mancomunidad turística Raíces de Castilla.

Estas tres localidades se han unido para dar a conocer sus atractivos, entre ellos, el magnífico castillo de los Duques de Frías donde los más pequeños se sentirán como en un cuento o el espacio dedicado a Félix Rodríguez de la Fuente y el centro de interpretación de las Reales Salinas.

El lugar donde creció Félix Rodríguez de la Fuente

El naturalista burgalés más reconocido nació y creció en Poza de la Sal, localidad que le rinde homenaje con un espacio medioambiental dedicado a su figura. En él es posible descubrir cómo fue su infancia, sus vivencias y su inconfundible trabajo repleto de amor por la naturaleza y por las especies que la habitan.

No es lo único que ofrece Poza de la Sal. Esta localidad es famosa también por sus salinas, declaradas Bien de Interés Cultural. El centro de interpretación de Las Reales Salinas permite descubrir lo que es un diapiro, los usos de la sal y el trabajo de extracción que se ha llevado a cabo desde época romana en la zona.

Cómics y paseos en barco en Amaya

El centro de Interpretación Fabulantis en Villadiego es un rincón dedicado al cómic que homenajea a Ángel Pardo, dibujante del Capitán Trueno, que vivió y murió en esta localidad, un espacio en el que se premia la imaginación y la innovación con actividades interactivas como "Crea tu propio comic" o "Disfrázate de tu personaje favorito", ideales para niños y adultos.

Otra de las opciones que ofrece la zona de Amaya son los paseos en barco por el Canal de Castilla, el único canal navegable de España. Construido entre los siglos XVIII y XIX para el transporte de cereales, su tramo burgalés se puede recorrer a bordo del "San Carlos de Abánades", una embarcación que pasa por las localidades de Castrillo de Riopisuerga, San Llorente de la Vega y Melgar de Fernamental.

Arlanza. Entre burros, arte y cine

En el valle de Arlanza es posible seguir los pasos de una princesa noruega, obtener un diploma de jinetes de burros, visitar un cementerio de película, descubrir la escultura más grande del mundo y adentrarse en el desfiladero de La Yecla, un sinfín de actividades para disfrutar en familia que aúnan historia, deporte y naturaleza.

Madrigalejo del Monte es una de las pocas localidades que todavía se puede recorrer montado en burro. Un paseo para mayores y pequeños con rutas explicativas por la zona centradas en la fauna y la flora.

A poca distancia se halla la escultura más grande del mundo, territorio Artlanza, un espacio que recrea un pueblo tradicional y que ha sido levantado por Félix Yáñez. En sus 8.000 metros cuadrados, es posible encontrar diez plazas, museos con objetos rurales, escuela, fragua, panadería, capilla, calabozos... y casas hechas con materiales reciclados.

Y no hace falta irse muy lejos para visitar un cementerio depelícula, Sad Hill. Construido para rodar la escena del duelo final de "El bueno, el feo y el malo", este espacio fue elegido por su paisaje, similar al de Arizona o Nuevo México.

Un viaje al pasado en Atapuerca y Paleolítico Vivo

La zona norte de la Sierra de la Demanda ofrece un auténtico viaje al pasado gracias a espacios como el Centro de Arqueología Experimental, Paleolítico Vivo y a una trinchera que traslada a la I Guerra Mundial.

Para que toda la familia conozca el origen del ser humano es necesario visitar CAREX (el parque arqueológico de Atapuerca y Centro de Arqueología Experimental), un centro situado en Atapuerca dedicado a la divulgación arqueológica. Su Parque Arqueológico junto al Centro de Visitantes recrean cómo vivían nuestros antepasados y los yacimientos donde aparecieron. Un espejo del día a día de nuestros orígenes que incluye instrumentos de uso cotidiano como herramientas, tejidos o cerámicas.

En esta misma localidad, se halla Mina Esperanza, una mina de hierro que se introduce en el corazón de la Sierra de Atapuerca. Más de 200 metros de galerías, que se recorren a la luz de un farol, en el único museo subterráneo de minerales de Europa.

Para seguir con el viaje al pasado, nada mejor que visitar Paleolítico Vivo, un safari en 4x4 que traslada a toda la familia al Pleistoceno, gracias a la introducción de especies que habitaban la Tierra hace 10.000 años y que incluyen bisontes europeos, caballos Przewalski, uro y tarpán.

Y más minería. El complejo minero de Puras de Villafranca permite adentrarse en la mina de manganeso más antigua de España para descubrir cómo se trabajaba el mineral en el siglo XIX.

Dinosaurios, fósiles y aventuras entre árboles en Tierra de Pinares

En Salas de los Infantes, en la comarca de Pinares burgalesa, se encuentra el Museo de Dinosaurios, un espacio que reúne la colección más importante del país de fósiles de estos animales del pasado. Además de visitar las salas de Antropología y Paleontología y ver huevos fósiles de dinosaurios, es posible acercarse a diferentes yacimientos para ver las icnitas (Ruta Tierra de Dinosaurios), las huellas de estas enormes criaturas.

La Pedraja, Mambrillas de Lara.
A poca distancia de Salas, se encuentra el comunero de Revenga, un espacio rodeado de pinos que comparten tres localidades, Regumiel, Canicosa y Quintanar de la Sierra. Allí se ha levantado la Casa de la Madera, una construcción hecha con materiales de la zona con un espacio expositivo que adentra en el mundo de la madera.

También los árboles, y en concreto los pinos, son los protagonistas de la aventura en los árboles de Pino a Pino, el mayor parque de aventura en árboles en España.

Los olores y el pasado de la Ribera del Duero

Repleta de viñedos, la Ribera del Duero, ofrece muchas actividades para disfrutar en familia, por ejemplo, descubrir cómo vivían los romanos en Clunia, adentrarse en un cuento en el magnífico castillo de Peñaranda de Duero o visitar el único Museo de los Aromas de Europa.

Así, la ciudad romana de Clunia Sulpicia en el Alto de Castro permite imaginar cómo era el día a día de los romanos que habitaron estas zonas gracias a su teatro, a las termas, a las casas romanas y a la necrópolis.

Por su parte, en el Museo de los Aromas, en Santa Cruz de la Salceda, el sentido del olfato es el protagonista. Diferentes espacios, permiten acercarse a un universo sensorial único en el continente.

Contacto Travellers @monzonpaul


El momento del nacimiento queda registrado en los huesos

El nacimiento de un mamífero queda reflejado en la estructura de sus huesos largos formando una línea neonatal, de forma similar a cómo los anillos concéntricos de los troncos de los árboles muestran diferentes etapas de su crecimiento. Esta es la principal conclusión de un estudio realizado por dos investigadoras del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont que han analizado fémures, tibias y metápodos de cebra y asnos salvajes. Los resultados podrían extrapolarse a otros vertebrados.

Imagen al microscopio electrónico de la zona cortical de los huesos largos de una 
cebra (A y B, fémur y C y D, tibia). La flecha blanca indica la línea neonatal. 
Carmen Nacarino-Meneses (ICP)
Muchos de los sucesos que tienen lugar durante la vida de los animales queda registrado en la estructura de sus huesos. Desde hace ya algunos años, se sabía que a partir  del estudio las marcas de crecimiento llamadas bone growth marks (BGMs, por sus siglas en inglés) de la zona más compacta (cortical) de los huesos largos se puede obtener información relacionada con varios aspectos de la vida de aquel animal cuando estaba vivo.

El estudio de las BGMs cíclicas (es decir, relacionadas con los ciclos anuales) permite saber, por ejemplo, la longevidad, la tasa de crecimiento o a qué edad el animal entraba en la etapa reproductiva. Estas marcas tienen un paralelismo con las anillas concéntricas que muestra el interior de una sección de un tronco de un árbol, donde se observan los periodos de crecimiento y de latencia vinculados a los cambios en las condiciones ambientales (precipitaciones, temperatura, disponibilidad de nutrientes, etc.). 
"El nacimiento de un animal es un momento muy estresante, tanto para la cría como para la madre", explica Carmen Nacarino-Meneses 
En los animales, más allá de las BGMs cíclicas, hay otras que aparecen en momentos inesperados y que no se pueden relacionar directamente con etapas de crecimiento. Son marcas vinculadas con momentos estresantes de su vida y que, hasta ahora, no habían sido demasiado estudiadas.

El estudio, publicado esta semana por Carmen Nacarino-Meneses y Meike Köhler, investigadoras del grupo de Paleobiología Evolutiva del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (ICP) en el revista PLoS ONE, revela que en la estructura de los huesos se puede identificar el momento de nacimiento del animal.

El momento más estresante de la vida

"El nacimiento de un animal es un momento muy estresante, tanto para la cría como para la madre. En el caso de la cría, todo el organismo debe prepararse para la vida fuera del útero y este proceso requiere numerosos cambios fisiológicos", explica Carmen Nacarino-Meneses. Son precisamente estos cambios vinculados a alteraciones hormonales puntuales los que reflejan los huesos estudiados.

"Lo que observamos cuando miramos una lámina muy delgada de este tejido al microscopio es una fina franja que hemos llamado línea neonatal", comenta la investigadora. Alrededor de esta franja se observan cambios en la vascularización del tejido.

Para llegar a esta conclusión se han analizado fémures, tibias y metápodos de cebra y asnos salvajes, pero es muy posible que también se pueda extrapolar a otros vertebrados. Las BGMs no cíclicas se han relacionado anteriormente con la puesta de huevos en anfibios y reptiles, la metamorfosis en anfibios o el momento de destete en erizos terrestres, por ejemplo. Estos estudios se pueden hacer tanto con especies actuales como con especies extintas, ya que los fósiles retienen la estructura interna del hueso cuando el animal estaba vivo.

Referencia bibliográfica:

Nacarino-Meneses C. & Köhler M. (2018) "Limb bone histology records birth in mammals". PLoS ONE 13(6): e0198511. DOI: 10.1371/journal.pone.0198511