La visita se realizó dentro del proceso de preparación de una exposición sobre dinosaurios que se inaugurará este año en Burgos. El objetivo era conocer recursos y estrategias expositivas en relación a la paleontología de dinosaurios, y el MUJA es una referencia muy importante en ese sentido en nuestro país.
Fuimos recibidos y acompañados durante la visita por José Carlos García Ramos, paleontólogo investigador del MUJA y Marta Molleda, coordinadora del museo.
El Museo Museo del Jurásico de Asturias es un ejemplo evidente de la atracción del público por los dinosaurios y de su repercusión turística y económica en la comunidad autónoma donde se asienta. Anualmente recibe 150 000 visitantes de media.
Las mediciones de isótopos de helio en aguas termales del Rift Kafue revelan una conexión directa con el manto terrestre, lo que sugiere que la corteza se ha roto y un nuevo límite de placa está en formación.
El río Zambeze discurre paralelo al Rift Kafue, donde el manto ha ascendido a la superficie. Crédito: Diego Delso / Wikimedia Commons
Científicos de la Universidad de Oxford han publicado un estudio en la revista Frontiers in Earth Science en el que demuestran que el Rift Kafue, una estructura geológica de Zambia hasta ahora poco estudiada, muestra signos inequívocos de actividad profunda.
El equipo, liderado por el profesor Mike Daly, analizó la composición isotópica de los gases que emanan de ocho fuentes geotermales y pozos distribuidos por el país africano, seis de ellos dentro de la zona del rift sospechosa y dos en el exterior, como grupo de control. Los resultados han superado todas las expectativas.
La clave del descubrimiento reside en la proporción de isótopos de helio. En la atmósfera y en la corteza terrestre, las proporciones entre helio-3 y helio-4 siguen unos patrones conocidos y estables. Sin embargo, en las muestras tomadas de las aguas termales del Kafue, los investigadores hallaron una relación de isótopos que no se correspondía con el origen atmosférico ni con el puramente cortical. Era demasiado alta en helio-3, el isotopo ligero que es un marcador infalible del manto terrestre, esa capa de roca fundida y semisólida que se extiende entre los 40 y los 160 kilómetros por debajo de nuestros pies.
Las aguas termales a lo largo del Rift Kafue de Zambia tienen firmas de isótopos de helio que indican que estas fuentes poseen una conexión directa con el manto terrestre, declaró Daly. Y añadió, con la cautela propia del oficio, que esta conexión de fluidos es la evidencia de que el límite de falla del Rift Kafue está activo y que, por tanto, la Zona de Rift del Suroeste de África también lo está, lo que podría ser una indicación temprana de la fragmentación del África subsahariana.
Mapa de ubicación de la zona extensional dentro de la meseta centroafricana de Zambia. La falla de Kafue está conectada con las fallas de Luano y Luangwa al NE, y con el ramal occidental de la EARS en la falla de Rukwa (RRB) y la provincia volcánica de Rungwe (RVP). Las muestras de la zona de la falla incluyen pozos geotérmicos (pozos 15, 18 y 20) y manantiales (Bwengwa y Gwisho). Se recogieron muestras de manantiales hidrotermales del basamento a unos 50 km al suroeste (manantial de Mosali) y a unos 150 km al noroeste-noroeste (manantial de Lubungu) de la zona de rift. Crédito: Daly et al., 2020 / Legg, 1974; Tamburello et al., 2022 / R. Karolytė et al. 2026
Para entender la magnitud de lo que estos científicos han observado, es necesario recordar que un rift no es una simple grieta. Se trata de una gran fractura en la corteza que genera hundimientos en el terreno y, paradójicamente, levantamientos elásticos a sus costados. Muchos de estos sistemas de rift se quedan a medio camino, su actividad cesa antes de lograr perforar por completo la litosfera, la capa rígida que forma las placas tectónicas.
Pero lo que Daly y su equipo han detectado en Zambia es precisamente la prueba de que la fractura ha completado su recorrido: fluidos procedentes directamente del manto están alcanzando la superficie sin haber sido contaminados o diluidos por su paso a través de la corteza superior.
El método utilizado por los investigadores fue tan elegante como revelador. En lugar de buscar espectaculares erupciones volcánicas o terremotos destructivos, se centraron en el susurro invisible de los gases. Recolectaron muestras del burbujeo espontáneo del agua en las termas, un fenómeno que los geólogos denominan, con cierta ironía profesional, el cañón burbujeante (bubbling gun). En el laboratorio, separaron los isótopos de helio y también analizaron la presencia de dióxido de carbono.
El Gran Valle del Rift. Crédito: Ninara
Los resultados fueron concluyentes: la proporción de helio coincidía con la medida en el antiguo y bien establecido Sistema de Rift de África Oriental y, además, el carbono hallado presentaba la misma firma isotópica que el carbono procedente de fluidos mantélicos.
El Rift Kafue no es una estructura aislada. Los geólogos llevan años observando una zona de debilidad de 2.500 kilómetros de longitud que serpentea desde Tanzania hasta Namibia, un sistema que algunos investigadores han llegado a especular que podría estar conectado incluso con la dorsal mesoatlántica. La topografía de la región ya había llamado la atención del equipo de Oxford por sus anomalías geotérmicas y la abundancia de manantiales calientes, pero hacía falta la prueba química que ahora presentan. Y esa prueba es rotunda: el manto ha emergido.
Las implicaciones económicas de este hallazgo son inmediatas y tangibles. Los sistemas de rift en sus etapas tempranas, como el que ahora se confirma en Zambia, ofrecen un potencial para la energía geotérmica que podría transformar las economías locales. A diferencia de los rift maduros, donde los fluidos mantélicos llegan ya mezclados con gases volcánicos agresivos y diluidos, en estas etapas iniciales el acceso al calor del interior terrestre es más limpio y manejable.
Además, la presencia de helio e hidrógeno no contaminados abre posibilidades para la extracción de estos recursos, que tienen aplicaciones en tecnología médica, aeroespacial e industrial. Dicho de otro modo: donde se está rompiendo el continente, hay energía y recursos esperando ser aprovechados.
Pero las consecuencias a largo plazo son de una escala casi inimaginable. El profesor Daly, en un ejercicio de prudencia científica, explicó que los modelos actuales apuntan a dos escenarios posibles para la fragmentación de África. Por un lado, el Gran Valle del Rift de Kenia, con sus espectaculares características geológicas, ha sido considerado durante décadas el candidato principal para convertirse en la línea de fractura que separe el continente. Sin embargo, la velocidad de rifting en ese sistema es lenta, y las dorsales oceánicas que rodean África ejercen una tensión que inhibe la extensión necesaria para que la ruptura se complete.
La Zona de Rift del Suroeste de África, de la que ahora el Kafue es la pieza confirmada, se presenta como una alternativa formidable. Esta zona posee todas las características asociadas al rifting activo, pero además cuenta con una ventaja estructural: las fábricas del basamento regional, es decir, las debilidades inherentes de la corteza en esa zona, están alineadas de manera favorable con las dorsales oceánicas circundantes y con la geomorfología continental.
Esta alineación, según Daly, podría ofrecer un umbral de resistencia mucho más bajo para la ruptura continental. Traducido al lenguaje llano: el continente africano podría romperse por Zambia antes que por Kenia, y este estudio es la primera señal de que ese proceso ya ha comenzado.
El propio Daly, consciente de la magnitud de sus afirmaciones, lanzó una nota de precaución obligada para cualquier geólogo que se precie: Este estudio se basa en análisis de helio de una sola área general en el Sistema de Rift del Suroeste de África, que tiene miles de kilómetros de longitud. Este estudio preliminar está siendo seguido por investigaciones más extensas, cuyo siguiente paso se completará este mismo año. Las muestras analizadas proceden de un sistema enorme y aún poco explorado, y los investigadores advierten que el patrón observado en Zambia podría no repetirse en toda la extensión del rift.
Mientras tanto, el equipo de Oxford ya ha puesto en marcha la siguiente fase de su investigación. Los nuevos estudios, más extensos, deberán confirmar si la conexión mantélica detectada en el Kafue es una anomalía local o, por el contrario, el primer indicio de un proceso que reescribirá los mapas geológicos del futuro. Porque lo que estos científicos han encontrado en las burbujas de unas termas zambianas no es solo una curiosidad académica: es el aliento de un continente que, con una lentitud imperturbable, está decidiendo dónde y cuándo va a romperse.
Karolytė R, Daly MC, Vivian-Neal P, Hillegonds D, Li L, Sherwood Lollar B and Ballentine CJ (2026) The Southwestern Rift of Africa: isotopic evidence of early-stage continental rifting. Front. Earth Sci. 14:1799564. doi: 10.3389/feart.2026.1799564
Dicen que es mejor tarde que nunca... así que aquí tenéis el resumen del Paleotour2024, una semana en la que visitamos yacimientos, museos y poblaciones importantes para la paleontología de dinosaurios de España. Y, para terminar, pasamos unos días estudiando la geología del área de Benagéber y haciendo fotogrametría a algunos de los fósiles de su museo.
Actividad enmarcada dentro de la celebración del Día Internacional de los Museos 2026
El Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes celebra este evento junto a la Fundación Dinosaurios CyL y el Colectivo Arqueológico-Paleontológico de Salas (C.A.S.), dentro también del Ciclo Demanda Ciencia 2026.
Sábado, 16 de mayo de 2026. Circonciencia: espectáculo donde se aúnan divulgación científica y circo. Entrada gratis para Amigos Fundacion Dinosaurios CyL; entrada general: 3 euros. Teatro-Auditorio 'Gran Casino' de Salas de los Infantes (Burgos), 19:30 horas.
Circonciencia es un proyecto en el que se aúnan divulgación científica y circo, ideado, creado e interpretado por los Hermanos Venafrente. Este formato de espectáculo tiene muchas posibilidades para educar y enseñar desde la curiosidad y la emoción, sin dejar de lado la precisión y el rigor científicos. De este modo, estaremos construyendo conocimiento significativo y actitudes necesarias para promover la cultura científica en la sociedad.
Vídeos de su canal youtube; el espectáculo de Salas de los Infantes será Redoxidables (en él hablan de un experimento con dinosaurios):
Un hallazgo en los fosfatos marinos de Marruecos apunta a una conexión inesperada entre los últimos dinosaurios africanos y los gigantes de la Patagonia.
Un pequeño titanosaurio hallado en Marruecos revela una inesperada conexión con los gigantes prehistóricos de Sudamérica. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez
Las minas de fosfato de Khouribga, en el centro de Marruecos, llevan décadas devolviendo fragmentos de un mundo perdido: dientes de tiburón, vértebras de mosasaurios, restos de reptiles marinos y huesos dispersos de dinosaurios que acabaron arrastrados hasta un antiguo mar tropical. Sin embargo, entre todos esos fósiles mezclados por las corrientes del Cretácico final, había una pieza que los paleontólogos llevaban años esperando encontrar.
No era un gran esqueleto articulado ni un depredador espectacular. De hecho, a simple vista, los restos parecían poco más que vértebras aplastadas y fragmentos de pelvis incrustados en roca fosfatada. Pero escondían una historia mucho más importante: la de un dinosaurio africano emparentado con algunos de los animales terrestres más colosales de la historia.
El descubrimiento, descrito ahora en la revista Diversity por un equipo internacional liderado por el paleontólogo Nicholas Longrich, aporta una de las imágenes más precisas hasta la fecha sobre cómo era la fauna africana apenas unos millones de años antes de la extinción de los dinosaurios. Y, sobre todo, plantea una pregunta incómoda para los investigadores: ¿hasta qué punto sabemos realmente cómo eran los ecosistemas del hemisferio sur al final del Cretácico?
La mayoría de las teorías sobre la desaparición de los dinosaurios se han construido observando fósiles de Norteamérica, donde los registros son mucho más abundantes. Allí aparecen tiranosaurios, triceratops y hadrosaurios en enormes cantidades. África, en cambio, sigue siendo casi un vacío paleontológico para este periodo. Y eso resulta paradójico teniendo en cuenta el tamaño del continente.
Los fósiles marroquíes empiezan a llenar ese hueco. En los últimos años se habían identificado abelisáuridos —los grandes depredadores del sur— y extraños dinosaurios de pico de pato llegados desde Europa. Pero los saurópodos seguían siendo un misterio. Había huesos aislados, sí, aunque ninguno permitía saber exactamente qué tipo de gigantes habitaban el norte de África hace unos 70 millones de años.
Un fósil hallado en el fondo de un antiguo mar
Los restos aparecieron en Sidi Chennane, dentro de la cuenca de Oulad Abdoun, una región que durante el Maastrichtiense tardío estaba cubierta por un mar poco profundo y cálido. Allí se acumularon durante millones de años sedimentos ricos en fosfatos que hoy alimentan una de las mayores industrias mineras del planeta.
Columna estratigráfica sintética de la cuenca de Oulad Abdoun que muestra la localización del espécimen MHNM.KHG.888. Fuente: Diversity (2026)
Lo sorprendente es que, entre peces y reptiles marinos, acabaran apareciendo también dinosaurios terrestres. Los investigadores creen que los cadáveres pudieron ser arrastrados desde zonas costeras cercanas antes de hundirse en el fondo marino.
El ejemplar encontrado conserva vértebras dorsales y caudales, parte del sacro y fragmentos de la pelvis. Suficiente, según el estudio, para identificar una especie completamente nueva.
Pero el detalle más inesperado no estaba en su antigüedad ni en el lugar del hallazgo, sino en sus parentescos.
El hallazgo sugiere que los dinosaurios africanos del final del Cretácico estaban mucho más aislados y especializados de lo que se creía hasta ahora.
El vínculo inesperado con los gigantes de la Patagonia
El dinosaurio ha sido bautizado como Phosphatotitan khouribgaensis y pertenece al grupo de los titanosaurios, los saurópodos de cuello largo que dominaron Gondwana durante el Cretácico. Lo desconcertante es que sus huesos muestran similitudes anatómicas muy concretas con los lognkosaurios sudamericanos, un linaje conocido por incluir gigantes como Patagotitan o Argentinosaurus.
Tal y como indica el estudio, varias características de las vértebras y de la pelvis coinciden con las de esos enormes dinosaurios de Patagonia: centros vertebrales muy cortos, espinas neurales ensanchadas y una pelvis extraordinariamente robusta.
Hasta ahora, ese grupo parecía prácticamente exclusivo de Sudamérica.
La conexión abre dos posibilidades. La primera es que estos dinosaurios descendieran de poblaciones distribuidas por Gondwana antes de que África y Sudamérica terminaran de separarse hace más de 100 millones de años. La segunda, mucho más debatida, es que algunos linajes lograran dispersarse entre continentes incluso cuando el Atlántico Sur ya comenzaba a abrirse.
Reconstrucción artística de Phosphatotitan khouribgaensis. Ilustración: Connor Ashbridge
Sea cual sea la respuesta, el hallazgo sugiere que los dinosaurios africanos del final del Cretácico estaban mucho más aislados y especializados de lo que se pensaba.
Los paleontólogos creen que la subida del nivel del mar pudo convertir partes de Marruecos en grandes islas naturales, favoreciendo la evolución de especies más pequeñas.
Un “primo” pequeño de los mayores dinosaurios del planeta
A diferencia de sus colosales parientes argentinos, Phosphatotitan no era un gigante descomunal. Los investigadores calculan que pesaba entre 3,5 y 4 toneladas y medía alrededor de diez metros de largo. Grande para los estándares actuales, pero diminuto comparado con las más de 60 toneladas estimadas para Patagotitan.
Ese tamaño relativamente pequeño podría no ser casual. Tal y como ha revelado el equipo científico, el norte de África pudo quedar fragmentado en grandes islas por el aumento global del nivel del mar durante el final del Cretácico. En ecosistemas aislados y con recursos limitados, los animales de gran tamaño tienden a reducirse generación tras generación, un fenómeno conocido como enanismo insular.
La idea encaja con otros dinosaurios hallados en Marruecos y Egipto, también más pequeños de lo esperado.
El hallazgo refuerza además otra hipótesis cada vez más aceptada entre los paleontólogos: la diversidad de dinosaurios justo antes de la gran extinción está probablemente subestimada. Mientras Norteamérica ofrece una imagen relativamente detallada de aquel mundo perdido, África sigue revelando especies completamente inesperadas.
Y eso convierte a lugares como los fosfatos marroquíes en algo más que simples yacimientos fósiles. Son ventanas tardías a un continente del que aún conocemos muy poco, justo en el instante anterior al impacto que cambió la historia de la vida en la Tierra.
Referencias
Nicholas R. Longrich et al. 2026. A Titanosaurian Sauropod with South American Affinities (Lognkosauria: Argentinosauridae) from the Late Maastrichtian of Morocco and Evidence for Dinosaur Endemism in Africa. Diversity 18 (5): 241; doi: 10.3390/d18050241
La clave pudo tener que ver con una duplicación de sus genomas, no solo entonces, sino durante otras grandes crisis ecológicas
El bosque de secuoyas del Monte Cabezón (Cantabria)Turismo de Cantabria
La Tierra ha pasado por momentos… difíciles. El asteroide que puso fin al Mesozoico acabó con todos los dinosaurios no avianos y con un tercio de la vida en el planeta. Pero, si decidimos ver el vaso medio lleno, eso significa que dos tercios de las especies sobrevivieron de algún modo y uno de los grupos más exitosos fue ese en el que no solemos reparar. En tu caso, el titular del artículo te habrá destripado la respuesta, pero sé sincero: ¿habrías pensado en el reino de las plantas? Ahí donde las vemos, sésiles y aparentemente aburridas, las plantas son supervivientes natos.
De eso trata uno de los últimos papers publicados en la revista científica Cell en el que, las universidades de Ghent y de Bélgica, dicen haber encontrado uno de los mecanismos que han permitido a las plantas sobrevivir durante las mayores catástrofes naturales de la historia de la Tierra. El truco podría estar en sus genomas y en la costumbre que tienen muchas especies vegetales de, de repente, duplicarlo. Una estrategia que suele traer más problemas que ventajas en tiempos de bonanza, pero que en grandes crisis podría esconder la clave para la supervivencia.
Todo por duplicado
Todos los organismos vivos que conocemos contienen moléculas de ácidos nucleicos (como nuestro ADN o el ARN de algunos virus), que codifican “instrucciones” para construir moléculas y organizarlas formando estructuras con funciones más o menos complejas. A ese conjunto de ácidos nucleicos los llamamos “genoma” y, como todo documento importante, nosotros lo tenemos por duplicado. Tenemos una copia que viene de nuestro padre y otra de nuestra madre, no son exactamente idénticas, pero la amplia mayoría de su información es redundante, ambas te dicen cómo construir un ojo, un corazón o cómo metabolizar las grasas, pero pueden tener versiones ligeramente diferentes.
Los organismos y células que solo tiene una copia se llaman “haploides”, como algunos hongos o nuestros espermatozoides y óvulos. Nosotros, con nuestras dos copias, somos diploides y nos basta, porque hacer nuevas copias no es gratis. Los organismos con tres copias (triploides) o incluso más (poliploides), requieren más nutrientes para sobrevivir y, lógicamente, aumenta el riesgo de que sus células cometan errores al dividirse, cuando tengan que copiar su genoma. Podemos imaginarlas como un monje de la edad Media que, cuantas más páginas tuvieran los manuscritos que tenía que copiar, más probable es que se le colara una palabra, la repitiera o incluso la cambiara por otra. Sin embargo, esa es, precisamente, la estrategia que siguen algunas plantas, como el trigo, que tiene hasta seis copias de su genoma. Y, según revela este estudio, esa duplicación ha sido determinante para su supervivencia en los momentos más críticos.
Algunas ventajas
"La duplicación de todo el genoma a menudo se considera un callejón sin salida evolutivo en entornos estables", dice el autor Yves Van de Peer de la Universidad de Gante en Bélgica. "Pero en situaciones duras, puede proporcionar ventajas inesperadas". Ventajas como aumentar la variabilidad genética de la población. Que, dicho de otra forma, es la diversidad de genomas diferentes que tienen los individuos de un grupo. Por ejemplo, una familia tiene una variabilidad genética mucho menor que unos compañeros de oficina.
Por un lado, esto es el equivalente a repartir los huevos en varias cestas. Si tenemos más diversidad de genomas, aumentan las posibilidades de que alguno proporciones características que se adapten ligeramente mejor a las condiciones de una posible catástrofe natural. Por otro lado, al aumentar la probabilidad de que se cometan errores durante la división celular, también se acelera algo la aparición de nuevos rasgos, como podrían ser la tolerancia al calor, el estrés o la sequía.
La evidencia
Pero más allá de que sea teóricamente posible, lo que este artículo proporciona son pruebas. Tras analizar el genoma de 470 especies de plantas con flor y compararlo con el de 44 especies de plantas fósiles, los investigadores descubrieron indicios de antiguas duplicaciones del genoma. Al compararlo con el genoma de las especies extintas, pudieron fechar con más precisión cuándo habían tenido lugar la mayor parte de duplicaciones. Una mayoría se concentraban en unos pocos momentos que, en efecto, han sido especialmente dramáticos para la vida en la Tierra: la extinción masiva del asteroide que nos golpeó hace 66 millones de años y puso fin a los dinosaurios no avianos, varios periodos de enfriamiento global y el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno (PETM) hace unos 56 millones de años.
QUE NO TE LA CUELEN:
En palabras de Van de Peer, uno de los autores: "Aunque el clima actual se está calentando a un ritmo mucho más rápido, lo que vemos del pasado sugiere que la poliploidía puede ayudar a las plantas a hacer frente a estas condiciones estresantes". Y puede que tenga razón, pero el mejoramiento vegetal es una disciplina que está muy avanzada y, aunque puede aprender de la historia, es probable que sus estrategia no se vea demasiado afectada por este paper.
REFERENCIAS (MLA):
Van de Peer, Yves, et al. "The Rise of Polyploids During Environmental Upheaval." Cell, vol. 191, no. 4, 8 May 2026, doi:10.1016/j.cell.2026.04.008.
El nuevo saurópodo hallado en Maranhão revela una conexión inesperada entre Sudamérica y España hace 120 millones de años.
Elver Mayer prepara un fósil de fémur de aproximadamente 1,5 metros de largo. Crédito: Elver Mayer/Univasf
Un equipo de científicos ha confirmado que un gigantesco dinosaurio de 20 metros de longitud descubierto en el noreste de Brasil estaba estrechamente emparentado con una especie europea, un hallazgo que reescribe parte de la historia evolutiva de los saurópodos en Gondwana. El animal, bautizado como Dasosaurus tocantinensis, vivió hace unos 120 millones de años y representa el dinosaurio más grande hallado hasta ahora en el estado brasileño de Maranhão.
La investigación, publicada en el Journal of Systematic Palaeontology, apunta a una migración prehistórica mucho más compleja de lo que se pensaba. Los ancestros de este coloso habrían viajado desde Europa hasta Sudamérica atravesando el norte de África, cuando los continentes aún formaban parte del antiguo supercontinente Gondwana.
El descubrimiento no solo añade una nueva especie al árbol evolutivo de los dinosaurios gigantes: también abre una ventana fascinante hacia un mundo donde océanos y fronteras continentales todavía estaban naciendo.
Pero hay un detalle que desconcierta a los paleontólogos: el pariente más cercano conocido de este dinosaurio brasileño no apareció en América… sino en la actual España.
Un gigante oculto bajo ocho metros de tierra
El hallazgo comenzó de forma casi accidental durante las obras de una terminal ferroviaria y vial en la ciudad de Davinópolis, en Maranhão. Un grupo de arqueólogos que supervisaba el terreno —como exige la legislación ambiental brasileña— encontró enormes huesos enterrados a unos ocho metros de profundidad.
En un primer momento, pensaron que pertenecían a mamíferos gigantes relativamente recientes. Sin embargo, el paleontólogo Elver Luiz Mayer comprendió enseguida que aquello era mucho más antiguo. La profundidad del hallazgo y la edad geológica del estrato indicaban que los restos pertenecían al Cretácico temprano, una época en la que los dinosaurios dominaban todavía el planeta.
Lo que emergió después sorprendió incluso a los expertos. El fósil incluía vértebras caudales, costillas, huesos de las extremidades y un fémur de aproximadamente 1,5 metros de longitud. Para los investigadores, se trata de un espécimen excepcionalmente completo para la región.
“Es el dinosaurio más grande conocido en Maranhão”, explicó Mayer, profesor de la Universidad Federal del Valle del São Francisco. Hasta ahora, la región había proporcionado restos de dinosaurios mucho más pequeños, como Amazonsaurus maranhensis, que apenas alcanzaba unos diez metros.
Y aún podría haber más. Los científicos creen que parte del esqueleto continúa enterrada bajo el yacimiento original, lo que podría aportar información crucial sobre esta misteriosa especie.
El vínculo inesperado entre Brasil y la Europa de los dinosaurios
La verdadera sorpresa llegó durante el análisis evolutivo del fósil. Los investigadores descubrieron que Dasosaurus tocantinensis pertenecía a un grupo de saurópodos denominado Somphospondyli, relacionado con los futuros titanosaurios gigantes. Pero lo más llamativo fue su parentesco con especies halladas en la península ibérica.
Hace unos 120 millones de años, Europa no era todavía el continente que conocemos hoy. Era un mosaico de islas tropicales rodeadas por mares poco profundos. En ese escenario, algunos dinosaurios habrían logrado dispersarse hacia África y posteriormente alcanzar Sudamérica, aprovechando conexiones terrestres temporales.
La hipótesis refuerza una idea que gana cada vez más fuerza entre los paleontólogos: durante el Cretácico temprano existieron intercambios faunísticos entre Europa, África y América del Sur mucho más intensos de lo que se creía.
Pero hay otro aspecto fascinante. El nombre del dinosaurio también esconde una historia geográfica y cultural. “Daso” significa “bosque”, una referencia a la vegetación enmarañada que impresionó a los primeros colonizadores portugueses de Maranhão. “Tocantinensis”, por su parte, alude al río Tocantins, cerca del lugar donde aparecieron los restos. Es, en cierto modo, un dinosaurio que une selvas brasileñas y archipiélagos europeos en una misma historia evolutiva.
El secreto microscópico que explica cómo algunos dinosaurios se hicieron gigantes
Más allá de su tamaño colosal, Dasosaurus guarda pistas fundamentales sobre la biología de los dinosaurios gigantes. Los investigadores analizaron la microestructura de sus huesos y encontraron patrones de crecimiento sorprendentes.
El estudio histológico mostró características intermedias entre saurópodos más antiguos y los titanosaudios más avanzados. En otras palabras, este dinosaurio parece representar una fase evolutiva clave en la transición hacia los gigantes extremos del final del Cretácico.
Los huesos revelan que ciertos mecanismos de crecimiento y remodelación ósea aparecieron antes de lo que los científicos habían imaginado. Esto podría ayudar a explicar cómo algunos saurópodos lograron alcanzar tamaños descomunales sin colapsar bajo su propio peso.
Pero el descubrimiento también pone sobre la mesa un problema cada vez más urgente: muchas de las grandes revelaciones paleontológicas modernas dependen accidentalmente de obras humanas.
En países tropicales como Brasil, la vegetación y la erosión dificultan enormemente el acceso a las capas geológicas profundas. Carreteras, canteras y obras ferroviarias terminan actuando como gigantescas excavaciones involuntarias. Sin esos trabajos, muchos fósiles jamás verían la luz.
Sin embargo, esa misma actividad puede destruir restos irreemplazables si no existe una supervisión adecuada. Por eso, los autores del estudio insisten en la necesidad de fortalecer la cooperación entre constructoras, autoridades y paleontólogos.
Actualmente, el equipo negocia con la empresa responsable de las obras para continuar excavando el yacimiento original. Y hay razones para el optimismo: los científicos sospechan que bajo el suelo de Maranhão podrían seguir ocultos más fragmentos del gigantesco dinosaurio europeo-brasileño que acaba de cambiar la historia evolutiva de Sudamérica.
En el silencio mineral de esos huesos enterrados durante millones de años todavía late una pregunta inmensa. ¿Cuántos gigantes desconocidos siguen esperando bajo la tierra tropical, ocultos entre raíces, roca y tiempo? A veces, basta una excavadora para abrir una grieta inesperada hacia un mundo perdido.
Referencias
Mayer, Elver L., et al. “A new titanosauriform with European affinities in the Early Cretaceous of Brazil: insights on Somphospondyli phylogeny, histology and biogeography.” Journal of Systematic Palaeontology (2026). https://doi.org/10.1080/14772019.2025.2601579