domingo, 9 de agosto de 2026

Se han encontrado muchos fósiles de dinosaurios con piedras en el estómago, ¿por qué las tragaban voluntariamente?

Un estudio demuestra que la forma de los gastrolitos, no su presencia, permite conocer la función digestiva de los dinosaurios y desvela que las aves heredaron un estómago musculoso de sus antepasados terópodos.

Gastrolitos en el espécimen BPV 085 de Caudipteryx zoui, hallado en Beipiao,
Liaoning (China). Crédito: Tiouraren (Y.-C. Tsai) / Wikimedia Commons
Durante décadas, los paleontólogos han utilizado la presencia de piedras en el interior del esqueleto de los dinosaurios como un indicador de que el animal era herbívoro. Estas piedras, conocidas como gastrolitos, se han encontrado en numerosas especies y se asumía que servían para moler material vegetal en el estómago, igual que hacen hoy muchas aves.

Sin embargo, esta relación siempre ha sido problemática: también se han hallado gastrolitos en carnívoros actuales y extintos, lo que dejaba la interpretación en el aire.

Un equipo internacional de investigadores, liderado por Ryuji Takasaki de la Universidad de Okayama de Ciencias (Japón), ha dado un giro a esta cuestión. En un artículo publicado en la revista Paleobiology, demuestran que lo importante no es si un dinosaurio tenía piedras en el vientre, sino qué forma tenían esas piedras.

El trabajo, que analiza más de un centenar de especies actuales y fósiles, establece que los gastrolitos redondeados son señal inequívoca de un estómago musculoso y potente, mientras que los angulosos indican un estómago débil y poca capacidad de molienda.

Esta diferencia ha permitido trazar por primera vez la evolución del sistema digestivo en los grandes grupos de dinosaurios y desvelar cuándo apareció la molleja que hoy caracteriza a las aves.

El problema de las piedras en el estómago

Imágenes en primer plano de los gastrolitos de los dinosaurios.
Crédito: R. Takasaki et al. 2026
Los gastrolitos son piedras que algunos animales tragan voluntariamente y que permanecen en el tracto digestivo. En las aves herbívoras actuales, como los gansos o las gallinas, estas piedras ayudan a triturar los alimentos en la molleja, un músculo estomacal muy desarrollado que ejerce de molino.

Durante años, encontrar un montón de piedras en la región abdominal de un dinosaurio se interpretó como prueba de que comía plantas. Pero esta idea chocaba con la realidad de que muchos animales carnívoros, como los cocodrilos o algunas aves rapaces, también tragan piedras sin que estas cumplan una función de molienda.

Los autores del estudio señalan que, en muchos casos, la presencia de piedras puede deberse a ingestión accidental, a necesidades de minerales o incluso a un mecanismo para ayudar a digerir presas sin necesidad de triturarlas. De hecho, el propio artículo cita ejemplos de dinosaurios carnívoros como Tarbosaurus que poseían abundantes gastrolitos. Por tanto, la simple presencia no era un indicador fiable.

El equipo propuso entonces un enfoque distinto: si la molleja muele las piedras, estas deberían volverse más redondeadas con el tiempo. Por el contrario, si el estómago no ejerce una fuerza abrasiva, las piedras conservarían su forma original, más angulosa. Para comprobarlo, analizaron la forma de los gastrolitos en 104 individuos de 46 especies actuales de aves y cocodrilos, abarcando dietas muy variadas: desde comedores de plantas y semillas hasta vertebrados, invertebrados y omnívoros.

Forma de las piedras y muscularidad estomacal

El análisis estadístico mostró que la forma de los gastrolitos está directamente relacionada con la muscularidad del estómago, medida como la masa del estómago en proporción al peso corporal. Cuanto más musculoso es el estómago, más redondeadas son las piedras. Esta correlación fue significativa en ambos tipos de análisis, cualitativo y cuantitativo.

Los autores explican la cadena causal: la dieta influye en la necesidad de tener un estómago potente; los animales que comen plantas fibrosas necesitan moler el alimento, por lo que desarrollan una molleja musculosa que, al moverse, pule las piedras hasta hacerlas redondas. En cambio, los carnívoros no requieren esa molienda, su estómago es menos musculoso, y las piedras, si las tragan, no se desgastan y permanecen angulosas.

Esta relación es clave, porque permite que la forma de las piedras sea un indicador no solo de la dieta, sino de la función mecánica del estómago. Como afirman los investigadores: observando la forma de la piedra, la inferencia más directa que se puede hacer es sobre la función mecánica del estómago.

Aplicación a los dinosaurios: dos estrategias digestivas

El siguiente paso fue aplicar este modelo a 29 especímenes fósiles de 16 especies de dinosaurios, incluyendo terópodos, saurópodos y ornitisquios. Dado que en muchos fósiles las piedras están incrustadas en la matriz y no pueden aislarse, los autores usaron exclusivamente el método cualitativo, observando directamente las piedras expuestas en los museos o en fotografías de alta resolución.

Los resultados revelaron una división profunda en la evolución de la digestión. Los dinosaurios ornitisquios herbívoros, como Psittacosaurus y Haya, así como los saurópodos de cuello largo, como Diplodocus y Cedrosaurus, presentaban gastrolitos mayoritariamente angulosos.

Esto indica que sus estómagos no eran lo suficientemente musculosos como para redondear las piedras. ¿Cómo digerían entonces las plantas? Los autores proponen que estos grupos compensaban la falta de un estómago moledor con otros mecanismos.

En el caso de los ornitisquios, disponían de una masticación oral muy eficaz, con dientes especializados y potentes músculos mandibulares que trituraban el alimento antes de tragarlo. En los saurópodos, que tenían una masticación muy limitada o nula, la digestión se basaba probablemente en largos tiempos de retención del alimento en el tracto digestivo y en la fermentación microbiana, similar a la de los grandes herbívoros actuales como los elefantes.

Por el contrario, los terópodos (el grupo de dinosaurios carnívoros que incluye a Tyrannosaurus y a las aves) mostraron un patrón muy diferente. Especies como Archaeorhynchus, Caudipteryx, Jeholornis o Limusaurus presentaban gastrolitos redondeados, señal de un estómago musculoso y activo.

Incluso el carnívoro Tarbosaurus, aunque clasificado como vertebrado (lo que concuerda con su dieta), mostraba piedras angulosas, indicando que, a pesar de tener un número elevado, su estómago no las molía, lo que encaja con la función no abrasiva de los gastrolitos en carnívoros.

El origen de la molleja en la línea de las aves

El estudio también realizó una reconstrucción del estado ancestral de la forma de los gastrolitos a lo largo del árbol evolutivo de los arcosaurios. Los resultados sitúan la aparición de un estómago musculoso (indicado por gastrolitos redondeados) en el grupo de los Maniraptoriformes, dentro de los terópodos, hace al menos unos 150 millones de años. Este grupo incluye a los oviraptorosaurios, los tericinosaurios, los ornitomimosaurios y las aves.

Los autores concluyen que la molleja muscular evolucionó tempranamente en el linaje de los terópodos y que esta innovación fue un requisito previo para que muchos de estos dinosaurios perdieran los dientes y adoptaran dietas herbívoras. Un ejemplo clave es Limusaurus, un ceratosaurio sin dientes en la edad adulta que poseía gastrolitos moderadamente redondeados. Según el artículo, esta especie muestra una transición ontogenética: al perder los dientes, su estómago se volvió más musculoso para compensar la falta de trituración oral.

Los investigadores señalan: la adquisición de un estómago musculoso fue probablemente una innovación evolutiva que permitió la reducción de dientes en muchos grupos maniraptoriformes, incluidos ornitomimosaurios, tericinosaurios, oviraptorosaurios y, en última instancia, las aves.

Implicaciones para la evolución de las aves

Este descubrimiento tiene implicaciones más allá de la digestión. Al trasladar la molienda del alimento de la boca al estómago, los terópodos pudieron reducir el tamaño de los músculos de la mandíbula y, con ello, liberar espacio en el cráneo.

Esto podría haber facilitado la expansión del cerebro y de los órganos sensoriales, un paso clave en la evolución hacia las aves modernas. Aunque los autores advierten que esta hipótesis no está probada directamente, abren una vía de investigación sobre cómo los cambios en la alimentación influyeron en la evolución del cráneo y el cerebro.

El estudio también aporta un método práctico para los paleontólogos: un protocolo para usar la forma de los gastrolitos como una herramienta más, junto con el análisis de la dentición, los isótopos estables y los contenidos estomacales, para reconstruir la dieta de los dinosaurios. Insisten en que la forma de las piedras no debe tomarse como un diagnóstico aislado, sino como una pieza más dentro de un enfoque múltiple.

Los propios autores reconocen que el método no es infalible. Existen factores que pueden falsear la forma de los gastrolitos: por ejemplo, si el animal selecciona piedras ya redondeadas del entorno, o si las piedras han sufrido un transporte previo que las haya alisado. Sin embargo, la alta correlación entre forma, dieta y muscularidad en el conjunto de especies actuales sugiere que estos efectos son secundarios frente a la abrasión interna.

También señalan que las predicciones sobre fósiles con menos de 35 piedras deben tomarse con cautela; de hecho, los dos especímenes con solo 6 piedras (ejemplares de Iteravis y Jeholornis) quedaron fuera del espacio morfométrico principal. Por eso, el artículo recomienda que los futuros estudios prioricen aquellos fósiles que conserven un número suficiente de gastrolitos.

Otro matiz importante es que la forma de las piedras refleja la función del estómago, no la dieta de forma directa. En grupos como los ornitisquios o saurópodos, que tenían otros mecanismos de procesamiento, unas piedras angulosas no significan que no fueran herbívoros; simplemente indican que su estómago no era el encargado de moler. Esta distinción es crucial para no malinterpretar los resultados.

El trabajo de Takasaki y colaboradores cambia nuestra forma de entender cómo los dinosaurios procesaban el alimento. Durante años, la presencia de gastrolitos se usó como una prueba simple de herbivoría; ahora sabemos que la forma de esas piedras es un archivo de la actividad mecánica del estómago. Los dinosaurios con estómagos musculosos, capaces de moler, dejaron piedras redondeadas; los que carecían de esa capacidad, las mantuvieron angulosas.

Esta distinción revela que los grandes grupos de dinosaurios siguieron estrategias digestivas divergentes. Los saurópodos y ornitisquios confiaron en la masticación oral, la fermentación o el tiempo de retención, mientras que los terópodos, especialmente los parientes de las aves, desarrollaron un estómago moledor que les permitió prescindir de los dientes y abrir nuevas posibilidades evolutivas.

Como concluye el artículo: el estómago musculoso, indicado por gastrolitos redondeados, evolucionó tempranamente dentro de Theropoda, apareciendo al menos en la base de Maniraptoriformes. Esta innovación fue probablemente un requisito previo crucial para las repetidas transiciones a la herbivoría en terópodos maniraptoriformes con dentición reducida.

FUENTES

Takasaki R, Kobayashi Y, Fiorillo AR, Chinzorig T, Funston GF. Gastrolith shape as an indicator of digestive function and its implications for dinosaurian digestive strategies. Paleobiology. Published online 2026:1-12. doi:10.1017/pab.2026.10112

labrujulaverde.com

sábado, 8 de agosto de 2026

Alemania encuentra madera fosilizada del supercontinente Pangea y al romperla descubre una cápsula del tiempo de hace 300M de años

Los árboles crecieron en el periodo Carbonífero, es decir, mucho tiempo antes de que los dinosaurios dominaran la Tierra. Su madera experimentó una increíble transformación química

El trozo de madera fosilizada (Steffen Trümper)
Unos troncos fosilizados hallados en Alemania, formados cuando el supercontinente Pangea dominaba la Tierra, han permitido a un equipo científico reconstruir una auténtica cápsula del tiempo geológica de hace unos 300 millones de años. El estudio, publicado en la revista Scientific Reports, revela que esta madera fosilizada conserva el rastro de los procesos que transformaron una región entera durante cientos de millones de años, ofreciendo una herramienta inédita para comprender la evolución de los continentes.

La investigación, liderada por el geólogo Steffen Trümper, de la Universidad de Münster, se centró en ejemplares de madera petrificada procedentes de las montañas de Kyffhäuser, en el norte de Alemania. Aquellos árboles crecieron durante el periodo Carbonífero, mucho antes de la aparición de los dinosaurios, en un paisaje tropical situado cerca del ecuador y atravesado por ríos que, durante las crecidas, enterraban los troncos bajo grandes cantidades de sedimentos.

Lejos de convertirse únicamente en un fósil, aquella madera experimentó una larga transformación química. Los investigadores comprobaron que el tejido vegetal fue reemplazado progresivamente por distintas variedades de cuarzo, generadas en momentos diferentes de la historia geológica. Cada una de esas fases quedó registrada en el interior del fósil, como si se tratara de páginas sucesivas de un mismo archivo natural que documentó los cambios sufridos por la cuenca durante millones de años.

Según explica el equipo científico, la primera mineralización comenzó hace entre 304 y 299 millones de años, cuando el ácido silícico penetró en la madera y preservó con enorme detalle la estructura de sus células. Posteriormente, el aumento de la presión y de la temperatura modificó esa primera silicificación hasta originar nuevas formas de cuarzo, cada una asociada a unas condiciones geológicas concretas.

Un archivo natural de la historia geológica

Para reconstruir esa secuencia, los investigadores recurrieron a una combinación de técnicas avanzadas, entre ellas el análisis de inclusiones fluidas, la luminiscencia catodoluminiscente del cuarzo, estudios isotópicos de oxígeno y silicio, microscopía electrónica y la datación mediante el sistema uranio-plomo. Gracias a estos métodos identificaron cinco generaciones sucesivas de mineralización, una secuencia nunca documentada hasta ahora en madera fosilizada.

El aspecto más llamativo fue comprobar que el denominado reloj geológico basado en la desintegración del uranio no quedó completamente reiniciado durante las posteriores transformaciones minerales. "En realidad, nos sorprendió mucho que el reloj de uranio-plomo, iniciado con la mineralización original en el Carbonífero tardío, no se reiniciara completamente durante los procesos posteriores", explicó Steffen Trümper. Ese detalle permitió fechar con precisión distintas etapas de la evolución de la cuenca sedimentaria.

Una herramienta para estudiar la evolución de los continentes

Los resultados también permitieron estimar la profundidad a la que permanecieron enterrados aquellos troncos. En una de las fases alcanzaron entre 3 y 5,5 kilómetros bajo la superficie, sometidos a temperaturas comprendidas entre aproximadamente 160 y 240 grados. Sin embargo, hoy esos fósiles aparecen al aire libre, lo que demuestra que la región experimentó un importante proceso de elevación geológica tras permanecer enterrada durante millones de años.

Para los autores, el hallazgo va mucho más allá del caso concreto de Alemania. "Es asombroso que un fósil, a menudo no mayor que la palma de una mano, encapsule la historia geológica de toda una región durante cientos de millones de años", afirmó Steffen Trümper. El investigador añade que la abundancia de madera fosilizada en numerosos lugares del mundo convierte este descubrimiento en una nueva herramienta para seguir la evolución de los continentes y reconstruir antiguos episodios tectónicos con un nivel de detalle que hasta ahora resultaba muy difícil de obtener.

elconfidencial.com

Hallan en la Sierra de la Demanda la huella de un dinosaurio gigante de hace 125 millones de años

Paleontólogos del Museo de Salas de los Infantes recuperan la icnita de un titanosauriforme que medía más de tres metros de pata y conservaba marcas de sus escamas

El patrimonio paleontológico de la provincia de Burgos suma un nuevo hito tras el descubrimiento de una huella fosilizada de dinosaurio gigante en las inmediaciones de la Sierra de la Demanda. La pieza, atribuida a un saurópodo del grupo de los titanosauriformes, cuenta con un tamaño de 78 centímetros de largo por 35 de grosor y posee una antigüedad aproximada de 125 millones de años.


Un registro fósil excepcional

El hallazgo no solo destaca por sus dimensiones —que permiten estimar que la pata del animal superaba los tres metros de altura—, sino por la extraordinaria conservación de sus detalles morfológicos. La marca en la roca refleja la estructura de la parte delantera del pie y surcos dejados por las propias escamas del animal al pisar el barro.

Asimismo, la datación de esta icnita aporta una valiosa información científica al rellenar un vacío en el registro fósil de la zona, confirmando la continuidad del ecosistema de dinosaurios gigantes entre los 146 y los 120 millones de años. La pieza será mostrada al público por primera vez a mediados de diciembre durante una exposición en el Fórum de la Evolución Humana de Burgos.

cyltv.es

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jueves, 6 de agosto de 2026

NOTICIAS 8 PRIMERA EDICIÓN | 06-08-2026 | LA 8 BURGOS

El descubrimiento de la nueva huella de dinosaurio saurópodo ya se conserva en el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes (Burgos).

Titulares: del minuto 1:59 al 2:39. 

Noticia completa: del minuto 10:15 al 12:30.

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Hallan en Burgos la huella de un dinosaurio gigante de más de 125 millones de años

Antena 3 Noticias

https://www.antena3.com/noticias/sociedad/hallan-burgos-huella-dinosaurio-gigante-mas-125-millones-anos_202608066a747478a5690f04736a580f.html?time=0 (vídeo)

Retirada de la icnita. Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes.
Un equipo formado por el Colectivo Arqueológico y Paleontológico Salense y el Museo de Dinosaurios ha descubierto en la sierra de la Demanda, en la provincia de Burgos, una huella fósil de grandes dimensiones que perteneció a un dinosaurio saurópodo hace más de 125 millones de años. Se trata de uno de los hallazgos más relevantes realizados en la cuenca sedimentaria de Cameros, que abarca territorios de Burgos, Soria y La Rioja.

La huella, localizada en las inmediaciones de Salas de los Infantes, mide 78 centímetros de longitud y 35 de profundidad. Aunque presenta algunos signos de desgaste por su exposición a la intemperie, los investigadores destacan que conserva un buen estado y detalles que han permitido identificar tanto el tipo de dinosaurio como algunos aspectos de su desplazamiento.

Una huella de un saurópodo gigante

El descubrimiento fue realizado por Luis Ángel Izquierdo, guía e informador del Museo de Dinosaurios. Los especialistas explican que la pieza es el relleno natural de una huella original, formado cuando sedimentos ocuparon el hueco dejado por el animal sobre el barro hace millones de años.

La icnita conserva la marca de cinco dedos y surcos provocados por el arrastre de las escamas del pie al caminar. Tras analizar sus características, los expertos consideran que corresponde al pie de un dinosaurio saurópodo, concretamente de un Titanosauriforme, grupo al que pertenecen especies como Brachiosaurus o el burgalés Europatitan.

Las dimensiones de la huella permiten estimar que la extremidad posterior del animal alcanzaría unos 3,1 metros de altura hasta la cadera, lo que confirma que se trataba de un ejemplar de gran tamaño.

Un nuevo impulso al patrimonio paleontológico

La pieza ya ha sido trasladada al Museo de Dinosaurios para su limpieza, consolidación y estudio. El hallazgo se produjo durante la XXII Campaña de Excavaciones Paleontológicas, centrada este año en la conservación de varios yacimientos del megayacimiento de Las Sereas.

Este enclave alberga algunas de las huellas fósiles más importantes de España, entre ellas las de Iniestapodus burgensis, una especie bautizada en homenaje al exfutbolista Andrés Iniesta por el gol que dio a España el Mundial de 2010. Precisamente, una réplica en 3D de estas icnitas forma parte actualmente de una exposición sobre saurópodos organizada por el Museo de Dinosaurios de la prefectura de Fukui, en Japón.

antena3.com

miércoles, 5 de agosto de 2026

Hallan una huella de un dinosaurio gigante de 125 millones de años de antigüedad en Burgos: calculan que la extremidad del animal alcanzaba los 3,1 metros de altura

La huella, una réplica natural en roca, conserva la marca de cinco dedos y el arrastre de las escamas

Extracción de la huella hallada. / Foto: Museo de Dinosaurios.
En las proximidades del municipio burgalés de Salas de los Infantes ha sido hallada una huella de un dinosaurio gigante de 125 millones de años de antigüedad, avanza el Museo de Dinosaurios y el Colectivo Arqueológico y Paleontológico de Salas de los Infantes (C.A.S.). La icnita ha sido hallada por el informador y guía del Museo, Luis Ángel Izquierdo, y se calcula que la extremidad posterior del animal alcanzaba los 3,1 metros de altura hasta la cadera, lo que le convierte en el primer dinosaurio gigante del Cretácico inferior registrado en la Sierra de la Demanda y en uno de los más grandes de la Cuenca sedimentaria de Cameros.

La huella se ha conservado como una réplica natural o relleno que quedó en forma de roca aislada tras erosionarse la capa original en la que pisó el animal. Debido a sus dimensiones, con unos 78 centímetros de longitud y 35 centímetros de grosor, los trabajos de recuperación han requerido el uso de maquinaria pesada.

El fósil hallado por Izquierdo presenta un gran estado de conservación, no obstante, debido a su dilatada exposición a la intemperie, muestra algunas marcas de deterioro, por lo que rápidamente ha sido trasladado al Museo de Dinosaurios salense para su limpieza, consolidación y estudio.

Particularidades de la huella de dinosaurio gigante

Según indican desde el Museo de Dinosaurios, la huella conserva la réplica de cinco dedos en su parte anterior, tiene una forma rectangular más ancha en su mitad anterior y presenta surcos del arrastre de las escamas del pie al penetrar en el barro.

Los investigadores del centro han identificado la huella como perteneciente a un dinosaurio saurópodo del grupo Titanosauriforme, caracterizado por ser un ejemplar herbívoro, cuadrúpedo, de cola y cuello largos y grandes dimensiones.

eleconomista.es

Hallan en Burgos una huella fósil de un dinosaurio gigante de 125 millones de años

Se trata del primer dinosaurio gigante de esa edad que se registra en la Sierra de la Demanda burgalesa

Recuperación de la icnita hallada. / C.A.S. y Museo de Dinosaurios de Salas.
El hallazgo y la recuperación de huesos fósiles en la sierra de la Demanda, en la provincia de Burgos, sigue ofreciendo resultados sorprendentes que atraen el interés nacional e internacional. El último de ellos una huella de dinosaurio saurópodo de 125 millones de antigüedad. El Museo de Dinosaurios y el Colectivo Arqueológico y Paleontológico de Salas de los Infantes (Burgos) ha recuperado una icnita de dinosaurio en las proximidades de esa la localidad, gracias al descubrimiento de Luis Ángel Izquierdo, informador y guía del Museo. 

Su estado de conservación es bueno, pero muestra marcas de un cierto deterioro por su exposición a la intemperie. El fósil ha sido trasladado al Museo de Dinosaurios salense para su limpieza, consolidación y estudio.

Posee un gran tamaño (unos 78 cm de longitud y 35 de grosor o profundidad), lo que ha dificultado su recuperación y ha obligado a utilizar maquinaria pesada. Conserva la réplica de cinco dedos en su parte anterior, y su forma general es aproximadamente rectangular, con su mitad anterior más ancha. Asimismo, presenta marcas en forma de surcos correspondientes al arrastre de las escamas del pie al penetrar en el barro.

Se ha identificado como la huella del pie de un dinosaurio saurópodo (herbívoros, cuadrúpedos, cola y cuello largos, grandes dimensiones). Los investigadores del Museo de Salas de los Infantes la han identificado como perteneciente a un Titanosauriforme, grupo en el que figuran Brachiosaurus o el burgalés Europatitan. Está datada en la primera mitad del Cretácico, hace más de 125 millones de años.

A partir de la longitud de la huella se puede calcular la longitud total de la extremidad posterior, hasta la cadera, alrededor de 3,1 metros, lo que le caracteriza como un dinosaurio gigante. Se trata del primer dinosaurio gigante de esa edad que se registra en la Sierra de la Demanda burgalesa, y sería uno de los más grandes del conjunto de la Cuenca sedimentaria de Cameros, que se extiende desde Burgos a Soria y La Rioja. Además, permite a los investigadores completar la información sobre la fauna de los ecosistemas cretácicos del sureste de Burgos.

Se trata de una réplica natural o relleno de una huella original, formada al depositarse sedimento dentro del hueco de la huella, y posteriormente la capa original en la que pisó el animal desapareció por erosión. De ese modo lo que se ha conservado es un molde fosilizado original de la huella, que quedó en forma de una roca aislada en el monte.

Un dinosaurio burgalés en Japón

Durante el mes de julio pasado, la XXII Campaña de excavaciones paleontológicas en la Sierra de la Demanda se ha centrado en la limpieza y conservación de dos yacimientos de icnitas de dinosaurios. Uno de ellos ha sido Las Sereas 7, próximo a Quintanilla de las Viñas, que atesora un conjunto de icnitas bien conservadas, entre las que destacan varias con unas características que, desde el momento de su descubrimiento, llamaron la atención de los paleontólogos.

Se identificaron como pertenecientes a dinosaurios saurópodos, pero la forma y disposición de los dedos del pie resultaban muy extrañas al compararlas con las existentes en otras partes del planeta. 

Imagen de Iniestapodus burgensis en Museo Fukui. C.A.S. y Museo de Dinosaurios.
Después de un estudio detallado, los investigadores concluyeron que se trataba de un tipo de huellas desconocido hasta ese momento, y publicaron su estudio en la revista científica Scientific Reports, del grupo editorial de la prestigiosa Nature. La nueva huella recibió un nombre para caracterizarla: Iniestapodus burgensis, procedente del inicio del Cretácico, hace unos 144 millones de años de antigüedad (de las más antiguas de Burgos). El nombre científico constituye un doble homenaje: a la provincia burgalesa y al futbolista Andrés Iniesta, que marcó el gol que dio a España la Copa del Mundo en 2010. Este hallazgo tuvo una alta repercusión mediática tras su publicación, y recientemente ha ampliado su impacto hasta Asia.

Yuta Tsukiji, del Museo de Dinosaurios de la Prefectura de Fukui (Japón), se puso en contacto hace unos meses con el Museo de Dinosaurios salense, para solicitarle una réplica de las huellas de Iniestapodus. Gracias a la elaboración de modelos 3D virtuales que se realizaron durante las excavaciones en Las Sereas 7, se hicieron llegar al museo japonés unos archivos informáticos que han permitido reproducir dichas huellas en una impresora 3D.

elcorreodeburgos.com