sábado, 28 de febrero de 2026

El campeonato de Mushing Tierra de Dinosaurios 2026 llega a Burgos

Las competiciones se desarrollarán en la Dehesa de Santa María en Salas de los Infantes, los días 7 y 8 de marzo

Foto: Aquilino Molinero
Salas de los Infantes acogerá los días 7 y 8 de marzo la décima edición del Campeonato de Castilla y León de Mushing Tierra, organizado por el Club Canicross Burgos, el Ayuntamiento de Salas y el Instituto Provincial para el Deporte y la Juventud junto con la Federación de Deportes de Invierno de Castilla y León.

La prueba se celebrará en todas sus modalidades: Canicross, Scooter, Bikejoring y Tiros Largos de 4, 6 y 8 perros. El inicio de la competición está programado para el sábado 7 de marzo a partir de las 08:30 horas en el paraje Dehesa de Santa María. Un circuito muy rápido para hacer las delicias de todos los Mushers que se acerquen a la ciudad milenaria de Salas de los Infantes para correr en 'Tierra de Dinosaurios'. Carrera donde pasarán junto a las huellas de dinosaurios del yacimiento de 'Costalomo'.

La entrega de dorsales se realizará desde el viernes día 6 de marzo de 16:00 a 19:00 horas en el polideportivo junto al Skate Out. La competición será entre los días 7 y 8 de marzo para todos aquellos mushers federados y no federados que se acerquen a Salas de los Infantes. Esta edición está abierta a deportistas sin licencia federativa que competirán junto con los deportistas federados, optando junto con ellos a los trofeos de la prueba, aunque solo los federados estarán en la clasificación del Campeonato de Castilla y León.

La organización ha preparado cómo todos los años una invitación al Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes para todos aquellos participantes que quieran disfrutar de unas piezas únicas en el mundo. Junto con todos los productos de los patrocinadores en la bolsa del corredor.

Javier Marina

La cita también contempla un concurso fotográfico (X Edición) para todos los amantes de la fotografía que quieran captar el momento. Las inscripciones se pueden hacen efectivas en: https://idjinscripciones.burgos.es/inscripcion/x-mushing-tierra-de-dinosaurios-campeonato-de-castilla-y-leon/

burgosconecta.es

Hallan en la Patagonia a «patas flacas», uno de los dinosaurios más pequeños del mundo

Similar al correcaminos y del tamaño de un pollo, corría por las dunas hace 95 millones de años en busca de lagartos o mamíferos para alimentarse

En la imagen, recreación de un ejemplar de 'Alnashetri' con una
 presa en la boca. (Gabriel Díaz Yantén)
La Patagonia argentina es famosa por sus dinosaurios colosales, como Patagotitan mayorum, considerado el más grande del mundo con 40 metros de largo y el peso equivalente a catorce elefantes africanos. Pero en La Buitrera, una franja de 30 kilómetros de rocas areniscas anaranjadas que conserva los restos del Kokorkom, un desierto de mediados del período Cretácico, hace 100 millones de años, el mundo parece haberse reducido. Allí, entre las finas arenas y el sílice dejado por las erupciones volcánicas que dieron origen a la cordillera de los Andes, se conservan de forma excepcional los restos óseos de otros habitantes mucho más diminutos, pero no menos fabulosos.

El último en ser descrito es Alnashetri cerropoliciensis, un pequeño y liviano dinosaurio de 70 cm de longitud similar al correcaminos -la mayor parte del cuerpo era cola-, que corría por las dunas hace 95 millones de años. Con un peso de alrededor de un kilo, inferior al de un pollo para consumo humano, y la altura de un cuervo, era el dinosaurio más diminuto de Sudamérica y uno de los más pequeños del mundo. Muy pocas otras especies, como Anchiornis (hallado en China) o Archaeopteryx (Alemania), habrían tenido un tamaño similar o apenas un poco menor. Su nombre en la lengua indígena Tehuelche significa «patas flacas» de Cerro Policía, el pueblo más cercano en la provincia de Río Negro.

Los paleontólogos desenterraron en 2004 un primer fósil, unas patas incompletas que daban muy poca información, pero diez años más tarde dieron con un nuevo ejemplar que tenía todo el cuerpo preservado y perfectamente articulado, incluido el cráneo, las falanges de los dedos y algunas vértebras de la cola. Pertenecía a una hembra adulta de 4 años y permitió conocer a fondo la especie, que ahora se presenta en la revista 'Nature'.

Dientes y brazos fuertes

'Alna', como llaman cariñosamente al ejemplar, es un miembro de la familia de los alvarezsaúridos, dinosaurios terópodos de pequeño a mediano tamaño distribuidos en Asia y Sudamérica. Aunque en algún momento se pensó que estaban relacionados cercanamente con las aves (e incluso que podían ser aves), en realidad son un grupo emparentado con otros pequeños carnívoros como los compsognátidos (los famosos 'Compis» de 'Jurassic Park').

Pero, a diferencia de sus parientes tanto en Argentina como en otras partes del mundo, 'patas flacas' tenía las extremidades delanteras "sorprendentemente largas" con tres dedos muy desarrollados. Sin embargo, no podía volar. «En principio, podríamos decir que sus 'medias alas' diminutas no les servían para nada. No es necesario darles una función porque no todo la tiene en la naturaleza. Pero también es posible que les dieran estabilidad o los ayudaran a prolongar un salto demasiado largo», explica a este periódico Sebastián Apesteguía, director del área de Paleontología de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara e investigador del Concejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Argentina (Conicet).

El fósil, excepcionalmente articulado y conservado, pertenecía a una hembra adulta de 4 años



Alnashetri fue rápidamente cubierto por una duna de arena que avanzaba y lo preservó casi intacto durante 90 millones de años. Abajo, la silueta del animal. (Peter Makovicky, U. de Minnesota / G. D. Yantén)

Los dientes de 'Alna' también eran más fuertes y grandes que los de sus parientes, asemejándose a los de un pequeño velociraptor. Se alimentaba de animales pequeños, probablemente lagartos, serpientes y mamíferos, en vez de especializarse en insectos. «Hasta hace poco, se creía que todos los alvarezsaurios verdaderamente diminutos tenían extremidades anteriores muy cortas y robustas, con un pulgar grande pero dedos laterales encogidos, y dientes diminutos, y que estas características anatómicas evolucionaron junto con la reducción de su tamaño corporal en respuesta a la evolución de una ecología de alimentación de hormigas y termitas. Pero Alnashetri no encaja en ese molde«, aclara a ABC Peter Makovicky, investigador de la Universidad de Minnesota Twin Cities (EE.UU.).

Aunque tenía alas, no volaba. Es posible que sus plumas fueran coloridas y usara su larga cola para exhibirse

Esto significa que su pequeño tamaño corporal surgió independientemente cada vez y que el grupo evolucionó y se dispersó desde Argentina hasta Asia cuando las conexiones globales del antiguo supercontinente Pangea aun no se habían interrumpido.

Aunque no hay evidencias de partes blandas ni plumas, los investigadores creen que 'Alna' era un dinosaurio emplumado, como otros alvarezsáuridos. Es posible que su plumaje fuera «vistoso» y utilizara su larga cola para exhibirse, «llevándola alta como los coatíes». «Aunque no sabemos los colores exactos de los dinosaurios extintos, sí los de los vivientes, las aves, y también sabemos que los dinosaurios tenían buena vista y elementos corporales estrafalarios como crestas y velas, que nos permiten inferir que, como a las aves, les gustaba exhibirse. Creo que habría muchos colores en el mundo dinosauriano», dice Apesteguía.

La era de los gigantes

«Cuando pensamos en paisajes con dinosaurios o a través de la ficción de las películas, pensamos en sitios amplios con grandes bestias moviéndose, pero ese paisaje esta desprovisto casi siempre de un enorme componente del sistema que son los animales medianos y pequeños», apunta el investigador.

"Los dinosaurios del tamaño de Alnashetri eran mucho mas abundantes y se movían a veces en grupo y otras veces en forma solitaria -continúa-. En el mismo lugar encontramos también dientes sueltos y algunos huesos aislados de enormes carcarodontosáuridos como Giganotosaurus o grandes titanosaurios como Andesaurus o Argentinosaurus. El momento en que vivió Alnashetri, uno de los dinosaurios mas pequeños, es también el mismo momento que solemos llamar 'la era de los gigantes del sur'. Alnashetri nos muestra que no era un tiempo de gigantes, sino un tiempo de enorme diversidad".

abc.es

domingo, 22 de febrero de 2026

Así era el “cocodrilo galgo”, el reptil que corría en tierra firme hace 215 millones de años

Un grupo de paleontólogos identificó en Inglaterra los restos de un animal prehistórico que habitaba zonas secas y cazaba desplazándose con rapidez

Nuevo hallazgo paleontológico describe un reptil terrestre del Triásico en el
suroeste de Inglaterra (The Anatomical Record)
Hace más de doscientos millones de años, en lo que hoy es el suroeste de Inglaterra, un pequeño depredador recorría con agilidad las tierras secas, lejos de los pantanos y ríos donde hoy asociamos a los cocodrilos. El hallazgo y estudio de sus restos han permitido a la ciencia identificar una nueva especie de reptil terrestre del Triásico, Galahadosuchus jonesi, que desafía la imagen tradicional de los cocodrilos. Así lo informaron investigadores británicos en un trabajo publicado en The Anatomical Record.

El fósil de Galahadosuchus jonesi fue recuperado en 1969 en la cantera de Cromhall, condado de Gloucestershire, pero permaneció décadas sin ser correctamente clasificado. Este animal ha sido apodado el “cocodrilo galgo” por su constitución ligera, sus patas largas y su capacidad para correr en tierra firme. Su identificación como una especie diferente se logró tras un análisis anatómico minucioso y el uso de nuevas tecnologías, como escaneos por tomografía computarizada.

El nombre del género, Galahadosuchus, hace referencia al caballero de la leyenda artúrica, en alusión a la postura erguida del animal, mientras que el epíteto jonesi rinde homenaje a David Rhys Jones, un profesor galés que inspiró a uno de los autores del estudio. “El primer capítulo de mi tesis es nombrar una nueva especie de cocodrilo fósil, y la estoy nombrando por usted”, contó Ewan Bodenham, paleontólogo principal.

La vida en las fisuras del Triásico

El Triásico tardío fue un periodo de intensos cambios, cercano a una de las mayores extinciones masivas de la historia de la Tierra. En esa época, el área del canal de Bristol era un paisaje árido y elevado, muy diferente del actual. Los depósitos fósiles se formaron en grietas de piedra caliza, conocidas como “fissure deposits”, que atraparon restos de una fauna diversa. “Las fisuras del Triásico tardío–Jurásico temprano del área del canal de Bristol (suroeste de Inglaterra y sur de Gales) son reconocidas por sus diversas faunas de vertebrados”, resumió el artículo científico.

En estos yacimientos han aparecido dinosaurios primitivos, reptiles planeadores, pequeños mamíferos y otros arcosaurios. Galahadosuchus convivió con especies como Thecodontosaurus y su pariente cercano Terrestrisuchus, pero presentaba diferencias clave que justifican su estatus de género y especie propia.

Anatomía de un corredor terrestre

El fósil fue descubierto en 1969 en Gloucestershire pero permaneció
 sin clasificar durante décadas (The Anatomical Record).
El esqueleto analizado incluye vértebras, costillas, partes de las extremidades y placas óseas llamadas osteodermos. La comparación con otros fósiles y un análisis evolutivo de casi 40 especies permitieron identificar 13 características anatómicas únicas. Entre ellas destacan las proporciones de los huesos del antebrazo, la forma del fémur y la estructura de la muñeca y el tobillo.

“Mi proyecto de doctorado consiste en estudiar las relaciones evolutivas de estos primeros cocodrilos”, explicó el paleontólogo. Los resultados muestran que Galahadosuchus poseía una postura erguida y una locomoción eficiente sobre tierra firme.

Varias características anatómicas indican que Galahadosuchus era un cuadrúpedo terrestre altamente esbelto y cursorial, con postura erguida. La robustez y longitud de sus huesos, junto a la disposición de las extremidades bajo el cuerpo, confirman que este animal estaba adaptado para desplazarse rápidamente en busca de presas pequeñas.

Diversidad y experimentación evolutiva

Galahadosuchus pertenece al grupo de los Saltoposuchidae, un clado de cocodrilomorfos primitivos que ya mostraba una diversidad ecológica considerable. Hasta ahora, se pensaba que estos reptiles eran bastante homogéneos, pero la diferencia en la estructura de las extremidades y los carpos sugiere que incluso entre especies cercanas existían especializaciones distintas para la locomoción.

Galahadosuchus jonesi ha sido apodado "cocodrilo galgo" por su cuerpo
ligero y patas largas (Imagen ilustrativa Infobae)
La presencia de este “reptil galgo” junto a otros depredadores terrestres muestra que, antes de la gran extinción que marcó el final del Triásico, los antepasados de los cocodrilos modernos ya experimentaban con formas y estilos de vida muy variados. Estos animales eran altamente gráciles, pequeños y construidos para el sprint, más cerca del tamaño de un gato que de un cocodrilo actual.

A diferencia de los actuales cocodrilos, adaptados al acecho acuático, sus ancestros incluían depredadores ágiles que recorrían paisajes áridos. El descubrimiento de Galahadosuchus jonesi amplía la imagen de los cocodrilos como grupo y recuerda la importancia de revisar fósiles olvidados en colecciones. El espécimen permaneció en una colección durante décadas antes de que un reanálisis cuidadoso y técnicas modernas de imagen revelaran que era algo completamente nuevo.

Las investigaciones en yacimientos como el de Cromhall continúan aportando pistas sobre la evolución de los grandes grupos de reptiles y sobre la vida en la Tierra antes de que los dinosaurios dominaran el planeta.

infobae.com

sábado, 21 de febrero de 2026

Descubierto un dinosaurio con espinas en la piel

Una cría de iguanodonte del Cretácico temprano tenía espinas huecas por toda la piel, una anatomía jamás vista antes en un dinosaurio

Las pieles y plumas fosilizadas han cambiado nuestra idea de cómo eran los dinosaurios, que en las películas siempre aparecen cubiertos de escamas como los reptiles modernos. Sabíamos de filamentos tipo pluma en terópodos y de osteodermos (placas de hueso) en anquilosaurios. En los ornitópodos e iguanodontes, en cambio, las evidencias de estructuras externas complejas eran escasas.

El Iguanodon fue un género de ornitópodo herbívoro grande que vivió en Europa durante el Cretácico inferior, hace unos 130-120 millones de años. Medía hasta 12-13 metros de largo y pesaba cerca de 3 toneladas. Destacaba por su uña cónica en el pulgar para defensa y sus dientes similares a los de una iguana.

El hallazgo de un ejemplar juvenil con piel excepcionalmente conservada en China añade una pieza llamativa al puzle: un recubrimiento de espinas cutáneas huecas, con posible función defensiva, térmica o sensorial, que obliga a repensar todo el grupo al que pertenece.

Un dinosaurio bebé espinoso como un erizo

The authors of the study examining the fossil of Haolong dongi at the
 Anhui Geological Museum in Hefei, China. Credit: Thierry Hubin
El protagonista del trabajo es Haolong dongi, un nuevo iguanodonte descrito a partir de restos de piel fosilizada de hace 125 millones de años. El equipo observó, con escáneres de rayos X y cortes histológicos de alta resolución, células y tejidos blandos preservados a nivel celular. Esa resolución permitió identificar la arquitectura de unas “espinas cutáneas” huecas distribuidas por buena parte del cuerpo. Se trataría de apéndices epidérmicos, no huesos, y no se parecen a nada documentado hasta ahora en dinosaurios. Los autores comparan su papel disuasorio con el de los puercoespines, aunque no descartan que también ayudasen a disipar calor o a detectar estímulos del entorno.

La muestra pertenece a un individuo juvenil, así que aún no se sabe si los adultos mantenían las espinas o si cambiaban con la edad. Esa incertidumbre abre preguntas sobre crecimiento y comportamiento. Si servían sobre todo para defensa, quizá las crías, más vulnerables a pequeños terópodos, las necesitaban más que los adultos. Si facilitaban la termorregulación, podrían indicar hábitos de actividad o microhábitats concretos. Y si actuaban como sensores, hablaríamos de un “sexto sentido” táctil en un herbívoro que vivía rodeado de depredadores. Todas estas hipótesis, explican los investigadores, exigen nuevos hallazgos que cubran otras fases de desarrollo.

El nombre de la especie rinde homenaje al paleontólogo chino Dong Zhiming, figura clave en el estudio de los dinosaurios del país. En las imágenes del equipo se ve el fósil examinado en el Anhui Geological Museum, en Hefei. Allí, los autores documentaron la distribución de espinas a lo largo del tegumento y tomaron las muestras que, tras preparación cuidadosa, revelaron su naturaleza hueca en el microscopio. Que la preservación alcance el nivel celular en tejidos blandos tan delicados es raro, y suele deberse a un enterramiento rápido y a condiciones geoquímicas que frenan la descomposición. Este yacimiento, por su estado de conservación, promete más sorpresas.

El artículo, publicado  en Nature Ecology & Evolution, está firmado por Jiandong Huang y un consorcio internacional que incluye a investigadores del CNRS y centros chinos. El título lo dice todo: “Cellular-level preservation of cutaneous spikes in an Early Cretaceous iguanodontian dinosaur”. La combinación de tomografía de rayos X y secciones histológicas valida el diagnóstico de espinas epidérmicas, y no de estructuras óseas, algo crucial para interpretar su función y su evolución dentro de Iguanodontia, un clado con 200 años de historia que todavía reserva giros inesperados.

Más allá del asombro, el hallazgo recuerda que los dinosaurios exploraron soluciones anatómicas muy variadas. Un herbívoro con espinas huecas, quizá erizables, suena extravagante, pero encaja con un mundo en el que la selección natural probó combinaciones que apenas estamos empezando a ver. Aquí, la piel habla con voz propia.

REFERENCIA

Cellular-level preservation of cutaneous spikes in an Early Cretaceous iguanodontian dinosaur (Nature)

quo.eldiario.es

Huellas de dinosaurios aparecen en la costa de Sudáfrica y obligan a reimaginar cómo era el sur de Gondwana hace 132 millones de años

Un conjunto de pisadas fósiles halladas junto al litoral sudafricano está revelando cómo se movían y convivían distintos dinosaurios en un paisaje muy diferente al actual. No son huesos, pero cuentan una historia sorprendentemente detallada del Cretácico temprano.

© David Stapleton / Wikimedia.
No hacen falta esqueletos gigantes para asomarse al mundo de los dinosaurios. A veces basta con una serie de pasos grabados en la roca para reconstruir un paisaje perdido. En la costa de Sudáfrica, un grupo de paleontólogos ha identificado huellas fósiles de unos 132 millones de años de antigüedad que ofrecen una ventana directa a cómo se movían estos animales en el Cretácico temprano, cuando la región formaba parte del supercontinente Gondwana y el entorno era muy distinto al actual.

El hallazgo no se produjo en un desierto remoto ni en una cantera aislada, sino junto al litoral. La erosión marina dejó al descubierto una superficie rocosa con impresiones sorprendentemente bien conservadas. Donde hoy rompen las olas, hace más de cien millones de años transitaban dinosaurios de diferentes tamaños y modos de vida.

Lo que cuentan las huellas cuando no hay huesos

© South African Journal of Science.
Las huellas fosilizadas —conocidas como icnofósiles— tienen una ventaja frente a los restos óseos: capturan momentos concretos de la vida cotidiana de animales extinguidos. No hablan de cómo era un dinosaurio por dentro, sino de cómo se movía, a qué ritmo caminaba, si iba solo o acompañado y qué tipo de terreno pisaba.

En este caso, algunas impresiones muestran tres dedos bien definidos, una firma clásica de los terópodos, dinosaurios carnívoros bípedos. Otras huellas, más anchas y redondeadas, sugieren la presencia de herbívoros de mayor tamaño o de individuos juveniles de especies más corpulentas. El conjunto apunta a un ecosistema compartido, con distintos tipos de dinosaurios utilizando el mismo espacio en momentos cercanos en el tiempo.

Un Gondwana húmedo, no el paisaje árido actual

© South African Journal of Science.
Uno de los aspectos más interesantes del descubrimiento es el contexto ambiental, según el estudio publicado en South African Journal of Science. La Sudáfrica del Cretácico temprano no se parecía al paisaje costero actual. Formaba parte de Gondwana, un supercontinente que reunía a Sudamérica, África, la Antártida, Australia y la India. Las condiciones climáticas eran más húmedas y los sistemas fluviales y costeros generaban entornos fértiles.

Que los dinosaurios caminaran por zonas cercanas al agua sugiere que estos ambientes eran corredores naturales de desplazamiento y posiblemente áreas ricas en recursos. No eran solo puntos de paso ocasional, sino partes integradas del territorio que estos animales exploraban de forma habitual.

Por qué las huellas costeras son tan valiosas

© South African Journal of Science.
Sudáfrica es conocida por su riqueza fósil en regiones interiores, pero los registros de huellas en entornos costeros son menos frecuentes. El movimiento constante del mar, la erosión y los cambios geológicos hacen que este tipo de evidencias se pierdan con facilidad. Encontrar icnofósiles bien conservados junto al litoral es casi una anomalía geológica.

Para los investigadores, esto amplía el mapa de distribución de los dinosaurios en el hemisferio sur y aporta datos sobre cómo interactuaban con ambientes dinámicos, no solo con llanuras interiores o zonas boscosas. Es una pieza más para entender la complejidad de los ecosistemas del Cretácico temprano en Gondwana.

Pasos que vuelven a poblar el paisaje

Las huellas no tienen dientes ni colas, pero tienen algo que los huesos no siempre ofrecen: movimiento. Permiten imaginar a esos animales caminando por la orilla de antiguos cursos de agua, cruzándose con otros individuos y dejando atrás marcas que, millones de años después, vuelven a salir a la luz.

En un tiempo en el que gran parte del registro fósil ya parece conocido, descubrimientos como este recuerdan que la historia de los dinosaurios no está cerrada. A veces, el pasado no aparece en forma de esqueleto completo, sino como una serie de pasos silenciosos que nos obligan a reimaginar cómo era el mundo cuando esos gigantes todavía caminaban por lo que hoy es una costa oceánica.

Los dinosaurios eran 'ingenieros' y su extinción provocó una metamorfosis radical de la Tierra. Y no fue culpa del meteorito

La desaparición masiva de los grandes herbívoros provocó cambios profundos en el paisaje. La Tierra era muy diferente antes del meteorito

SERPEBLU
Hace 66 millones de años, el impacto de un meteorito en lo que actualmente es la península de Yucatán, México, provocó la extinción de los dinosaurios. Un impacto colosal de un objeto que, según las teorías más afianzadas, medía entre 10 y 15 kilómetros de diámetro y que generó el cráter de Chicxulub, de entre 180 y 200 kilómetros y cuyo centro se ubica bajo el mar. Sin embargo, según un estudio publicado en la revista Nature Communications Earth & Environment, ese cuerpo celeste no estuvo relacionado directamente con ciertos cambios que la Tierra experimentó en los años posteriores, los cuales llegaron a modificar su superficie casi por completo.

El trabajo ha sido liderado por Luke Weaver junto a su equipo de investigadores de la Universidad de Michigan y se centró en las formaciones rocosas de la cuenca de Bighorn y en Williston, Estados Unidos. Los datos que obtuvieron parecen demostrar que, tras la colisión del asteroide, los sistemas fluviales pasaron de ser llanuras de inundación inestables a convertirse en cauces profundos con meandros definidos y estables gracias al auge de la vegetación.

Tradicionalmente, se pensaba que estos cambios en los sedimentos de la formación Hell Creek eran consecuencia directa de variaciones climáticas o un aumento de las lluvias tras el cataclismo. Sin embargo, el equipo de Weaver sostiene que el factor determinante fue la eliminación de los dinosaurios, quienes actuaban como auténticos ingenieros dentro de los ecosistemas al pisotear y consumir de forma masiva los brotes de árboles jóvenes.

El impacto en los ecosistemas

Por ejemplo, los grandes ejemplares como el Triceratops, que llegaba a pesar más de 10 toneladas, ejercían una presión constante sobre la flora, lo que impedía la consolidación de bosques densos. “Estos seres eran verdaderos monstruos si se comparan con los grandes herbívoros que tenemos hoy”, indicó Weaver al respecto. Para hacernos una idea, el mamífero terrestre más grande del mundo actual, que es el elefante africano de sabana, alcanza un máximo de 7.500 kg.

En cualquier caso, la estabilidad derivada de la extinción de los dinosaurios permitió que el agua se concentrara en canales fijos, formando depósitos de barras de arena que en algunos puntos superan los diez metros de espesor. El investigador explica que mientras los dinosaurios vagaban derribando la vegetación, los ríos se desbordaban con regularidad. Pero una vez extintos, las raíces atraparon el sedimento y dirigieron el flujo hacia grandes meandros que transformaron el relieve.

Transformación de la superficie

Christopher Doughty, experto de la Universidad del Norte de Arizona, respalda esta visión al observar que en la actualidad ocurre algo similar cuando se retiran grandes animales de un entorno: “Hemos visto grandes aumentos en la cobertura arbórea en estudios modernos donde los animales grandes son eliminados de los ecosistemas”, afirmó al respecto. Y es que, sin herbívoros de gran tamaño, los árboles florecen y dominan el paisaje.

La investigación también hace hincapié en que la geología no es simplemente un escenario pasivo donde ocurre la vida, sino un elemento moldeado activamente por la biología. La transición hacia la era de los mamíferos trajo consigo una mayor presencia de lignito, un tipo de carbón mineral formado por materia vegetal acumulada. Este cambio químico en el suelo es una prueba de cómo la flora ganó la batalla por el territorio tras la extinción masiva.

A pesar del entusiasmo de los autores, especialistas como Kat Schroeder, de la Universidad de Nuevo México, llaman a la cautela antes de establecer una causalidad total. No obstante, la evidencia de los isótopos en hojas fósiles podría confirmar pronto si la estructura forestal cambió radicalmente por la ausencia de los gigantes, dejando un mundo de ríos sinuosos y bosques cerrados para las generaciones futuras.

nationalgeographic.com.es

El DINOSAURIO MÁS PEQUEÑO del mundo... ¿sigue vivo? | El descubrimiento que cambia todo

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Cuando pensamos en dinosaurios imaginamos gigantes como el Tyrannosaurus o el enorme Argentinosaurus. Pero un nuevo hallazgo está obligando a replantear todo lo que creíamos saber.

¿Podría el dinosaurio más pequeño del mundo seguir vivo?

El descubrimiento de FOSKEIA pelendonum abre nuevas preguntas sobre la evolución, el tamaño real de los dinosaurios y la conexión directa entre estos reptiles prehistóricos y las aves actuales.

¿Cómo se determina el tamaño cuando solo se encuentran fragmentos fósiles?

¿Dónde está el límite entre dinosaurio y ave?

¿Desaparecieron realmente… o simplemente cambiaron de forma?

La paleontología no solo excava el pasado: redefine el presente.

Déjenos su teoría en los comentarios.

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