martes, 25 de junio de 2019

Recordatorio: IV Concurso de Fotografía Geológica "Tierra de Dinosaurios" 2019

Queda una semana para que termine el plazo y nos enviéis vuestras instantáneas por correo electrónico.

La Fundación para el Estudio de los Dinosaurios en Castilla y Léon convoca el cuarto concurso de fotografía geológica “Tierra de Dinosaurios”, 2019 con el fin de promover un mayor conocimiento social del valioso patrimonio geológico y paleontológico de la Sierra de la Demanda burgalesa.



PARTICIPANTES:

Podrán participar todas las personas españolas o de cualquier nacionalidad sin límite de edad. Cada autor podrá presentar un máximo de cinco fotografías.

TEMA:

El tema al que se dedica esta cuarta, como también en las anteriores, es el paisaje geológico del macizo de Cameros/Demanda burgalés. Las imágenes deben ser tomadas en el entorno natural del territorio indicado que se delimita en la imagen que se adjunta en archivo jpg.

A modo de ejemplos, se señala a continuación algunos lugares geológicos de relevancia en el territorio donde se desarrolla este concurso: pliegues sinclinales de Peña Carazo y Peña Gayubar, desfiladeros de Yecla, río Pedroso y río Mataviejas, valle del Arlanza, circos glaciares de Mencilla y Neila, paso de Las Calderas, el Castillejo o las cuevas kársticas de Arlanza.

Las fotografías se enviarán a cualquiera de los correos electrónicos de la Fundación Dinosaurios CyL: info@fundaciondinosaurioscyl.com o fundaciondinosaurioscyl@gmail.com

Bases: descárgatelas aquí.

Territorio indicado: Mapa (pinche aquí).

¿Cuántas especies de dinosaurios se han encontrado?

Dominaron la tierra durante los 165 millones de años y se diversificaron

Los dinosaurios, una especie en extinción, dominaron la tierra y durante los 165 millones de años que existieron, se diversificaron.

Sin embargo, es difícil de determinar cuántas especies de dinosaurios existieron realmente. Según los paleontólogos, se ha podido identificar alrededor de 1000 especies, pero lo cierto es que quedan muchos por descubrir.

¿Cuántas especies de dinosaurios quedan por descubrir?

Un reciente estudio científico señala que aún falta por descubrir un total de 700 a 900 especies de dinosaurios.

Pero cabe recordar que se conoció de la existencia de los mismos desde el año 1825.

Tipos de dinosaurios

Aunque hay varias especies de dinosaurios, se han dividido en dos grandes tipos: Saurischia y Ornithischia.

Los Saurischia aparecieron hace aproximadamente 228 millones de años y se diversificaron durante el período Jurásico y el Cretácico.

En tanto, los Ornithischia aparecieron hace aproximadamente entre 228 y 65 millones de años.

Además, dentro de los Saurischia y los Ornithischia hay siete tipos de dinosaurios principales: Terópodo (Tyrannosaurus en Jurassic Park), Saurópodos, Ceratópsidos, Ornitópodos, Stegosaurus, Ankylosaurus y Paquicefalosaurios.


Descubren que los huesos hallados en Colorado pertenecen a un gran tricerátops de hace 68 millones de años

Este reptil de tres cuernos vivió a finales del período Cretácico.

Esqueleto de un tricerátops del Museo de Historia Natural del Condado 
de Los Ángeles./ Wikimedia Commons / Allie_Caulfield
Paleontólogos del Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver (Colorado, EE.UU.) confirmaron este jueves que los restos fósiles de un dinosaurio, encontrados el mes pasado en una obra de construcción en el pueblo de Highlands Ranch, pertenecen a un tricerátops, informa la CBS.

Un comunicado emitido por el museo el 20 de mayo, solo indicó que un hueso de una extremidad y varias costillas eran de un dinosaurio con cuernos de hace 66 o 68 millones de años. Para establecer el género al que pertenecían, había que realizar un análisis más detallado, dijo al canal Natalie Toth, preparadora principal de fósiles de la entidad.

"Hace unas semanas, todo esto estaba bajo el agua, así que era casi imposible identificar qué era exactamente. Pero limpiando las cosas en el laboratorio, nos sentimos seguros de que es un tricerátops", señaló.

Además, agregó que se trata de un gran espécimen: "Es un tamaño adulto, los huesos en los que hemos trabajado son bastante masivos para este tipo de animal".

El sitio resultó ser rico en hallazgos, por lo que las excavaciones duraron más de las pocas semanas previstas y terminaron este viernes.

El tricerátops es un género de dinosaurios herbívoros que vivió en lo que ahora es Norteamérica a finales del período Cretácico. Son bien conocidos por su plataforma craneal posterior y tres cuernos, uno de los cuales se ubicaba sobre los orificios de la nariz, y otros dos, de alrededor de un metro, sobre las cuencas oculares.

viernes, 21 de junio de 2019

Animales ya se movían solos para comer hace 550 millones de años

Nuevos restos fósiles prueban que algunos de los primeros animales de la Tierra eran capaces de moverse deliberadamente, y la motivación no era otra que el hambre.   

SCOTT EVANS / UCR
"Esta es la primera vez en el registro fósil que vemos a un animal moviéndose para conseguir comida", dijo el autor principal de un nuevo estudio, Scott Evans, candidato a doctor en paleontología de la Universidad de California Riverside.

El equipo de Evans demostró que las criaturas del océano de 550 millones de años de edad se movían solas en lugar de ser empujadas por las olas o el clima. La investigación responde preguntas sobre cuándo, por qué y cómo los animales desarrollaron la movilidad por primera vez.

El equipo buscó evidencias de movimiento en más de 1.300 fósiles de Dickinsonia, criaturas con forma de plato de comida de hasta un metro de largo que vivían y se alimentaban de una capa de limo oceánico.

Los detalles del análisis del equipo se publicaron este mes en la revista Geobiology, encontraron que la Dickinsonia se mueve como gusanos, contrayendo y relajando sus músculos para ir tras su próxima comida de microorganismos.

La Dickinsonia se descubrió por primera vez en la década de 1940 y, desde entonces, los científicos han debatido si los fósiles mostraron evidencia de movimiento autodirigido. Para probar esto, fue crucial que Evans pudiera analizar cómo las múltiples criaturas que viven en la misma área se comportaban entre sí.

Evans y la coautora del estudio Mary Droser, profesora de paleontología, razonaron que si Dickinsonia estuviera montando olas o atrapada en tormentas, todos los individuos en la misma área se habrían movido en la misma dirección. Sin embargo, eso no es lo que muestra la evidencia.  

"Múltiples fósiles dentro de la misma comunidad mostraron movimientos aleatorios que no son en absoluto consistentes con las corrientes de agua", dijo Evans.

Críticamente, Evans pudo usar comunidades fósiles en el interior de Australia desenterrado por Droser y el coautor en papel James Gehling del South Australian Museum. El dúo excavó sistemáticamente grandes superficies de lecho que contenían hasta 200 fósiles de Dickinsonia, lo que le permitió a Evans probar si los grupos de animales se movían en la misma dirección o en direcciones diferentes, dijo Evans.

El equipo también analizó las direcciones recorridas por Dickinsonia individualmente. 

"Algo que transporta la corriente debería voltearse o moverse un tanto sin rumbo", dijo Evans. "Estos patrones de movimiento muestran claramente una direccionalidad basada en la biología de los animales, y que prefieren seguir adelante".

Los estudios futuros en la UCR intentarán determinar de qué están hechos los cuerpos de Dickinsonia. "Los tejidos de los animales no se conservan, por lo que no es posible analizar directamente la composición de su cuerpo", dijo. "Pero veremos otras pistas que dejaron atrás".

Comprender las capacidades de Dickinsonia ofrece una visión no solo de la evolución de la vida animal en la Tierra, sino también acerca de la Tierra misma y posiblemente sobre la vida en otros planetas.

"Si queremos buscar vida compleja en otros planetas, necesitamos saber cómo y por qué la vida compleja evolucionó aquí", dijo Evans. "Saber las condiciones que permitieron a los grandes organismos móviles moverse durante la era de Ediacaran, hace 550 millones de años, nos da una pista sobre la zona habitable en otra parte".

El hecho de que la Dickinsonia pudiera moverse ayuda a confirmar que había una gran cantidad de oxígeno disponible en los océanos de la Tierra durante ese período de tiempo, ya que habría sido necesario para alimentar su movimiento. En un estudio relacionado, Evans exploró un aumento en los niveles de oxígeno del océano durante el período Ediacaran. Más tarde, cuando los niveles de oxígeno bajaron, Evans dijo que la Dickinsonia, y cosas como ellas, se extinguieron.

sábado, 15 de junio de 2019

Los dinosaurios y el final de las cosas que parecen eternas

El paleontólogo Steve Brusatte repasa en un libro lo que se conoce sobre el auge y la caída de los dinosaurios y recuerda a los científicos que buscaron ese conocimiento

Reconstrucción de un titanosaurio que vivió hace unos 80 millones de años. 
ANDREW MCAFEE, CARNEGIE MUSEUM OF NATURAL HISTORY
Justo antes de los grandes cambios, lo que está a punto de desaparecer para siempre puede parecer eterno. Hace 65 millones de años, los dinosaurios dominaban el planeta con una infinidad de tamaños y formas, pero de repente, en poco tiempo, la llegada de un gigantesco objeto desde el espacio acabó con casi todos ellos para siempre. Aquel cataclismo acabó con los Tyrannosaurus rex, los mayores carnívoros que han caminado sobre la Tierra, o los saurópodos, unos animales tan grandes que cuando aparecieron sus primeros fósiles se pensaba que solo podían pertenecer a ballenas. Las dimensiones de estos seres despertaron desde el siglo XIX un interés intenso y su final trágico y abrupto, conocido desde los 80, ha inspirado analogías sobre la fragilidad de especies que aparentemente dominan el mundo. 

La historia de aquellas bestias asombrosas, que muchas veces se cuenta como algo conocido desde siempre, tiene detrás otro relato fascinante: el de su reconstrucción. Steve Brusatte, un paleontólogo estadounidense que trabaja en la Universidad de Edimburgo (Reino Unido), cuenta en su libro Auge y caída de los dinosaurios: La nueva historia de un mundo perdido, publicado recientemente en España, que durante mucho tiempo, las estimaciones sobre el peso de estos animales que se podían leer en libros o exposiciones museísticas (¡Brontosaurus pesaba cien toneladas y era mayor que un avión!) eran meras invenciones. Sin embargo, el ingenio científico ha permitido afinar en esos cálculos y en muchos otros que se refieren a estos seres. Aplicando el principio de que los animales más pesados requieren que unos huesos más fuertes para soportar su peso, se ha observado que existe una correlación estadística que se puede aplicar a casi todos los animales vivos entre el grosor del fémur o del fémur y el húmero y el peso de un animal. A partir de ahí, es posible establecer una estimación razonable a partir de los fósiles.  
Un Tyrannosaurus podían crecer más de dos kilos al día durante la adolescencia 
En el libro de Brusatte, que es una de las figuras relevantes en la reconstrucción del pasado de la Tierra, se entreveran los conocimientos acumulados sobre los dinosaurios y su tiempo con las historias de quienes los reunieron. Muchos de los dinosaurios más famosos, como el carnívoro Allosaurus, los Brontosaurus de cuellos alargados o los Stegosaurus, con sus placas sobre el lomo y espinas en la cola, se han encontrado en un gran depósito rocoso que se extiende por los estados occidentales de EE UU y se conoce como formación Morrison. La riqueza de esta región era tal que allí se vivieron enfrentamientos como el que protagonizaron entre 1877 y 1892 Edward Drinker Cope y Othniel Charles Marsh en lo que se conoce como la Guerra de los Huesos. Estos dos sofisticados académicos empleaban equipos de hombres armados y técnicas que incluían el soborno, el robo o la destrucción de huesos con el fin de desprestigiar a su rival. Los hallazgos, como el del Stegosaurus, fueron inmensos, pero Cope y Marsh acabaron arruinados.

El estudio de los dinosaurios nos ha revelado un pasado con dramas abundantes y en el que a veces las desgracias de unos son una bendición para otros. Brusatte habla de la cantera Howe, en Wyoming (EE UU), una de las excavaciones más productivas de la historia. Allí, en 1934, se encontraron más de veinte esqueletos y cuatro mil huesos en total. La posición en la que se encontraban, con sus cuerpos retorcidos, indicaban que aquellos animales murieron en un suceso dramático, probablemente una inundación que les ahogó en fango. La desgracia de los dinosaurios supuso, muchos millones de años después, la felicidad de los paleontólogos.

Pero los dinosaurios, conocidos por su final abrupto, también se han beneficiado de cataclismos que aniquilaron a otros grupos de animales. Hace 250 millones de años, al final del periodo Pérmico, una serie de gigantescas erupciones volcánicas provocó la mayor extinción que ha vivido la Tierra. Esta catástrofe, como el asteroide de Yucatán sirvió para abrir un espacio en el que los que los antepasados de los humanos pudieron prosperar, hizo hueco para el surgimiento de los dinosaurios. 
En el siglo XIX, dos académicos se enfrentaron en una guerra por encontrar fósiles que los acabó arruinando 
Los animales que aparecieron después han sido algunos de los más formidables que han existido. Según nos recuerda Brusatte, los Tyrannosaurus llegaban a ganar dos kilos al día durante la adolescencia y, asumiendo que, probablemente, tuviesen la sangre caliente, debían comer más de 110 kilos de carne al día. El paleontólogo compara lo inesperado de su final con lo que le sucedió a otro referente en la ciencia de los dinosaurios, el barón Ferenc Nopcsa, un noble nacido en 1877 en Transilvania, cuando aún era parte del imperio Austrohúngaro. Nopcsa, uno de los mejores buscadores de fósiles de la historia que combinó ese trabajo con el de espía, perdió todas sus posesiones cuando su imperio se desintegró tras la Primera Guerra Mundial. Su palacio, abandonado ahora, recuerda el poder de una familia que se había mantenido durante generaciones y quizá en algún momento pareció eterno.

Estas historias son para el autor de Auge y caída de los dinosaurios una especie de advertencia. “Los humanos llevamos ahora la corona que una vez perteneció a los dinosaurios. Estamos seguros de nuestro lugar en la naturaleza, incluso cuando nuestras acciones están cambiando rápidamente el planeta que nos rodea”, recuerda mientras observa en las rocas cómo los huesos de dinosaurios dejan paso de forma abrupta a los de mamíferos. Ni siquiera una especie tan dominante como la humana está condenada a la eternidad.

Un estudio genético sugiere que el Tiranosaurio rex tenía un sorprendente sentido del olfato

Un nuevo análisis de los genes modernos y antiguos cerebros respalda la idea de que el dinosaurio carnívoro tenía un olfato especialmente poderoso.

Un nuevo análisis de antiguos cerebros y genes modernos respalda la idea 
de que este dinosaurio carnívoro tenía una nariz especialmente poderosa.
FOTO POR ROGER HALL, ALAMY
El emblemático depredador Tyrannosaurus rex y sus parientes cercanos tenían uno de los sentidos del olfato más agudos de todos los dinosaurios extintos, según señala un reciente estudio. El trabajo, publicado ayer en Proceedings of the Royal Society B, trata de cuantificar aproximadamente cuántos genes habrían estado involucrados en las habilidades olfativas del Tiranosaurio rex, decenas de millones de años después de que cualquier rastro de ADN haya desaparecido.

La idea de que los tiranosaurios tenían buena nariz no es algo nuevo. En 2008, por ejemplo, los investigadores demostraron que T.rex y sus hermanos dedicaron gran parte de sus cerebros a procesar los olores. Pero este nuevo estudio añade novedades sobre el creciente movimiento que correlaciona el ADN de los animales vivos con sus capacidades sensoriales y corporales, con el objetivo de comprender así mejor las capacidades y comportamientos de sus parientes extintos desde hace mucho tiempo.

“No es Jurassic Park”, dice el autor principal del estudio, Graham Hughes, biólogo computacional del University College de Dublín, refiriéndose al famoso esfuerzo ficticio para reconstruir el ADN del dinosario. “Se trata de ver cómo la evolución sensorial es realmente un jugador importante [en el hecho de] si te conviertes en un depredador o no”.


“Acojo con satisfacción este trabajo; parece que esta es otra contribución al cuerpo de análisis donde las personas utilizan pistas de genes y morfología para inferir la función sensorial y los roles ecológicos de las especies extintas”, dice Deborah Bird, becaria postdoctoral en la Universidad de California, Los Ángeles, quien ha utilizado técnicas similares para reconstruir el repertorio del olfato de Smilodon, el “tigre dientes desable”.

Olfateando pistas

Hughes y su compañero, John Finarelli, paleobiólogo de la University College Dublin, habían estado siempre enamorados de la idea de observar los sentidos de los dinosaurios y finalmente habían centrado sus esfuerzos en el olfato.

“¿A qué olía el ambiente cretáceo? Todos hablan sobre cómo se ve, pero, ¿a qué huele?”, dice Hughes.

Para este estudio, los investigadores se centraron en la forma general de los cerebros de los dinosaurios, que pueden conservarse parcialmente como impresiones en las superficies internas de algunos cráneos bien conservados. Puede parecer una difícil tarea pero, afortunadamente, los investigadores tenían referencias vivas: las aves, los últimos dinosaurios vivos.

Por lo general, las aves vivas con más receptores olfativos (proteínas que se unen con moléculas de olor específicas) tienden a tener las regiones de sus cerebros que procesan los olores, los bulbos olfativos, desproporcionadamente grandes. Por ello, Hughes y Finarelli analizaron la literatura científica en busca de registros de tamaños de bulbos olfativos y medidas del tamaño de los cerebros de 42 aves vivas, dos aves extintas, el caimán americano y 28 dinosaurios no aviares extintos. También rastrearon el ADN de muchas aves vivas y, luego, combinaron todos los datos con un estudio publicado anteriormente, para así construir una nueva base de datos de los genes receptores olfativos de los animales vivos.

Cuando los investigadores proyectaron el modelo resultante de criaturas vivas en dinosaurios, encontraron que el Tiranosaurio rex probablemente tendría entre 620 y 645 genes que codifican sus receptores olfativos, un recuento de genes solo un poco más pequeño que el de las gallinas o los gatos domésticos. Otros dinosaurios carnívoros grandes, como el Albertosaurus, tenían también grandes recuentos de genes de receptores olfativos.

Pero el olfato no solo tiene el objetivo de encontrar comida. Los animales usan los olores para reconocer a sus parientes, marcar sus territorios, atraer parejas o detectar depredadores. Entre todos los vertebrados vivos, el mayor registro de genes receptores olfativos se encuentra en el elefante moderno, un herbívoro que cuenta aproximadamente con 2.500 genes de este tipo. Con este sentido del olfato tan exquisito, los elefantes pueden incluso “contar” la cantidad de comida tan solo con su olor.

Efectivamente, algunos dinosaurios herbívoros mostraron evidencias de una mayor dependencia del olor que algunos carnívoros. Uno de los herbívoros que Hughes y Finarelli examinaron, el terópodo Erlikosaurus, tenía genes de recpetores olgativos más proyectados que el Velociraptor y muchos de sus parientes. Aún así, el T.rex y Albertosaurus tenían incluso mayor capacidad para olfatear.

Una bocanada a lo desconocido

Futuros trabajos podrían examinar qué olfateaban exactamente el T.rex y sus parientes durante la época de los dinosaurios. Los datos existentes hasta el momento permiten a Hughes y Finarelli inferir ciertos olores en el repertorio de los dinosaurios, como la sangre y la vegetación genérica. Pero los grupos de genes de receptores olfativos aún no han sido rastreados hasta llegar a olores particulares.

“Es extraño que tenemos mucha información sobre cómo funciona el olfato, pero muy poca sobre qué olor une al receptor odorante”, dice Hughes. “Tal vez algunas compañías de fragancias tengan toda esta información patentada, pero en términos científicos, simplemente no lo sabemos, es uno de los grandes desafíos de la ciencia”.

Los investigadores dicen que los estudios futuros también podrían rastrear las compensaciones inherentes a la evolución sensorial a lo largo del tiempo, como el debilitamiento del sentido del olfato de algunos mamíferos acuáticos cuando sus antepasados se mudaron al agua. Hughes afirma que se podría realizar un trabajo similar en dinosaurios no aviares, un trabajo que cautivó su imaginación.

“Me encantan los dinosaurios desde que era un niño”, dice, “por lo que fue realmente genial poder contribuir a la base de su conocimiento general, aunque sea un poco”.

viernes, 14 de junio de 2019

'Redlichia rex': Hallan un nuevo 'rey' de fósiles y probable "terror de criaturas marinas" en el Cámbrico

Una especie gigante y probablemente caníbal de trilobites habitó aguas de Australia hace 500 millones de años.

La isla Canguro, Australia. Google Map
Un equipo de científicos australianos descubrió en la isla Canguro, en el sur del país, fósiles de una desconocida especie gigante del extinto grupo de criaturas marinas llamadas trilobites.

La nueva especie existió hace alrededor de 500 millones de años y es el trilobite cámbrico más grande descubierto en Australia: alcanzaba alrededor de 30 centímetros de longitud, casi el doble del tamaño de otros de estos artrópodos de los mismos tiempos.

Además, los científicos estiman que este antiguo 'monstruo' del mar pudo haber sido caníbal, es decir, alimentarse con otros de su propia especie. Una posible prueba de ello son los 'coprolitos' –excrementos fosilizados– encontrados en el mismo sitio, que contienen restos de trilobites triturados.

Debido a su tamaño "gigante", así como a sus "formidables patas con espinas, utilizadas para triturar alimentos y probablemente a otros trilobites", la nueva especie fue bautizada 'Redlichia rex', por analogía con el Tyrannosaurus rex ('rex' significa 'rey' en latín), según explicó James Holmes, estudiante de doctorado de la Universidad de Adelaida, quien dirigió la investigación.

La "carrera armamentista" evolutiva

El hallazgo, publicado en el Journal of Systematic Palaeontology, podría contribuir a un mayor conocimiento de la 'explosión cámbrica', un periodo de bulliciosa actividad evolutiva, que tuvo como consecuencia una gran diversificación de las especies animales.

Los investigadores explican que uno de los principales impulsores de tal 'explosión' fue probablemente una suerte de "carrera armamentista" evolutiva entre depredadores y presas, en la que cada uno de ellos desarrolló medidas más efectivas de defensa y ataque.

El tamaño y las patas "aplastantes" del Redlichia rex pueden ser "consecuencia de la carrera de armamentos que ocurrió en ese momento", indica Holmes, para concluir que "este trilobite gigante probablemente fue el terror de criaturas más pequeñas en el fondo marino del Cámbrico".