sábado, 13 de junio de 2026

DESCUBREN UNA TORTUGA GIGANTE DEL FIN DE LA ERA DE LOS DINOSAURIOS EN PATAGONIA

Un equipo de paleontólogos argentinos, del que formaron parte investigadores del Museo Argentino de Ciencias Naturales, anunció el descubrimiento de una nueva especie de tortuga fósil que vivió hace unos 70 millones de años en la Patagonia. El hallazgo fue realizado en cercanías de la localidad de Arroyo Ventana en la  provincia de Río Negro, y aporta nueva información sobre la diversidad de reptiles en los últimos momentos de la era de los dinosaurios

Reconstrucción en vida de Patagoniaemys aeschyli por el artista Nawel vazquez 
La nueva especie, denominada Patagoniaemys aeschyli, pertenece a un grupo de tortugas extintas conocidas como Meiolaniformes, famosas por incluir formas robustas e incluso con cuernos en el cráneo. Estos animales habitaron principalmente en los continentes del hemisferio sur, como Sudamérica y Australia, durante gran parte de la historia geológica.

El ejemplar recuperado incluye partes del cráneo, caparazón y esqueleto, lo que permitió a los investigadores identificar características únicas. Entre ellas se destacan unas crestas longitudinales en el caparazón, rasgo distintivo que no se observa en otras especies conocidas del mismo grupo.

El estudio fue encabezado por investigadores del Laboratorio de Anatomía Comparada
y Evolución de los Vertebrados del Museo Argentino de Ciencias Naturales, Fundación
 de Historia Natural “Félix de Azara” y Museo “Egidio Feruglio” de la provincia de
Chubut. La tortuga será custodiada por el Museo Provincial “María Inés Kopp”,
 de la localidad de Valcheta.
Se trataba de una tortuga de tamaño considerable: su caparazón podía alcanzar unos 80 centímetros de largo. Su anatomía revela una combinación de rasgos primitivos y derivados, lo que la ubica dentro de una rama primitiva del grupo, y además sugiere que era una especie de hábitos posiblemente anfibios, que pasaría su tiempo tanto en tierra firme como en ríos o lagunas, en un ambiente que alguna vez fue un ecosistema diverso, donde convivían peces, ranas, serpientes, dinosaurios y una sorprendente variedad de pequeños mamíferos.

El término aeschyli hace referencia al antiguo dramaturgo Esquilo (525 a.C. – ca. 456 a.C.), uno de los más prolíficos escritores de obras de teatro de la antigua Grecia. Según una antigua leyenda, mientras escribía en las afueras de la ciudad de Gela, habría muerto al recibir el impacto del caparazón de una tortuga arrojada por un Quebrantahuesos, ave que acostumbra dejar caer quelonios desde gran altura para romper sus caparazones y alimentarse de ellos. Se dice que el animal habría confundido la cabeza calva del dramaturgo con una roca.

¿Qué pasó con las tortugas tras la extinción de los dinosaurios?

El estudio fue encabezado por investigadores del Laboratorio de Anatomía Comparada
y Evolución de los Vertebrados del Museo Argentino de Ciencias Naturales,
Fundación de Historia Natural “Félix de Azara” y Museo “Egidio Feruglio” de la
 provincia de Chubut. La tortuga será custodiada por el Museo Provincial
“María Inés Kopp”, de la localidad de Valcheta.
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que indica que las tortugas de Patagonia no fueron severamente afectadas por la extinción masiva que marcó el final de los dinosaurios. Los datos indican que varias líneas diferentes de tortugas, incluyendo los Meiolaniformes, lograron sobrevivir el evento, mostrando una notable continuidad entre las faunas antes y después del evento de extinción.

Los investigadores aún desconocen por qué la gran extinción del meteorito no afectó a las tortugas. Una de las hipótesis indica que al ser animales de metabolismo muy bajo y que pueden tolerar épocas hostiles hibernando semienterrados en barro o en madrigueras, es posible que hayan sobrevivido de esta manera al impacto del meteorito.

macnconicet.gob.ar

Descubren un inmenso cementerio de ballenas con cientos de fósiles a miles de metros de profundidad

El hallazgo, hecho en el Índico, incluye restos de especies ya extintas. Según los investigadores, es el cementerio de cetáceos “más antiguo y a mayor profundidad” y sigue siendo fuente de vida

A 7.000 metros de profundidad se han encontrado centenares de fósiles de cetáceos.
En la imagen, caja torácica de una ballena Minke. Global TREnD, IDSSE

Investigadores chinos, italianos y un neozelandés han hecho un descubrimiento que podría ser uno de los del año. A una profundidad de 7.000 metros, han encontrado un enorme cementerio con restos de centenares de ballenas. Algunas cayeron allí hace tanto tiempo que su especie ya se ha extinguido, pero muchas siguen yendo a parar ahí en la actualidad. El hallazgo, cuyos detalles recoge Nature, la principal revista científica, va más allá: en estas profundidades del sureste del océano Índico, sin luz ni apenas sedimentos, los cetáceos muertos son fuente de vida, sustentando ecosistemas con infinidad de seres, muchos nuevos para la ciencia.

En tierra, los lugares donde los paleontólogos han encontrado las mayores concentraciones de fósiles suelen ser los lagos y meandros de los ríos del pasado. También en alguna cueva usada como refugio por humanos que llevaban hasta allí lo que cazaban. Pero en el mar la cosa se complica. O se trata de una zona emergida o el agua se lleva por delante todo rastro de los que mueren. Los peces, sus restos, no pueden con la química oceánica y es raro que les dé tiempo a fosilizar. En la historia natural, son pocos los animales marinos que, como algunos de los mamíferos, tienen la suficiente densidad ósea para que aguanten la erosión mientras se fosilizan. Por eso es tan extraordinaria la necrópolis de cetáceos hallada.

Ecosistema lleno de vida sobre los restos de una ballena que sirve de 
sustrato y fuente de alimento. IDESSE.
“La densidad de restos de ballenas alcanza los 759,5 individuos por kilómetro cuadrado”, dice Xiaotong Peng, investigador del Instituto de Ciencia e Ingeniería de Aguas Profundas de la Academia China de Ciencias (IDSSE, por sus siglas en inglés) y primer autor del estudio. Cuenta que han medido la superficie de la fosa, en la llamada fractura Diamantina, frente a las costas occidentales de Australia, estimando que tiene una extensión de 14.000 kilómetros cuadrados. “Esto significa que cerca de 10 millones de restos de ballenas podrían estar yaciendo en el lecho marino de esta fosa”, añade Peng.

Durante una serie de inmersiones de un equipo del IDSSE a bordo del buque de investigación Tansuoyihao, en 2023, un batiscafo inspeccionó el fondo de un tramo de unos 1.200 kilómetros de la Zona Diamantina. Buena parte del trayecto apareció salpicado de centenares de ballenas. Identificaron 485 de distintas especies. Encontraron incluso restos de cetáceos que habían muerto no hacía mucho a profundidades que oscilan entre los 4.616 y los 7.001 metros. Hasta ahora, el cementerio de ballenas más profundo conocido, en el Atlántico sur, apenas superaba los 4.200 metros.

“Sin duda, es el cementerio de ballenas más profundo jamás descubierto”, dice el investigador de la Universidad de Pisa (Italia) y coautor del estudio, Giovanni Bianucci. Y también es el más antiguo, “ya que ha estado activo durante cinco millones de años, como lo atestigua la datación isotópica de algunos restos fósiles”, detalla en un correo. De hecho, a una profundidad de 6.789 metros, encontraron el cadáver de un zifio, identificado como WF1, compuesto por tres vértebras alargadas. Se trata de la comunidad activa basada en una ballena más profunda registrada. Mientras, el esqueleto más grande encontrado, WF3, de unos cinco metros de longitud, es el de una ballena Minke antártica (Balaenoptera bonaerensis).

Los científicos creen que los distintos seres se mueven entre las carcasas de
ballenas. En la imagen, una especie emparentada con el 'Phyllodocida Nereis',
 un gusano marino. Global TREnD, IDSSE
La mayoría de los restos identificados son, por ahora, de zifios. Se trata de cetáceos odontocetos, es decir, con dientes, como las orcas o los delfines. En la actualidad hay unas 22 especies, aunque se conoce muy poco de estos animales y lo poco que se sabe procede de los varados en las playas. En el cementerio han encontrado varias especies de zifios, algunas ya extinguidas, pero otras siguen buceando los mares, como el zifio de Andrew y el de Layard, ambos presentes hoy en el sureste del océano Índico. Pero también hay grandes ballenas barbadas, como la de Minke o una extinguida y desconocida hasta ahora que han llamado Pterocetus diamantinae, lejanamente emparentada con la P. colossus, el mayor animal que ha habido en la Tierra.

“En cuanto a por qué mueren aquí, la razón es bastante compleja”, dice Xikun Song, investigador también del IDSSE y coautor del estudio. En realidad, apuntan varias razones. “La zona sirve de hábitat o corredor migratorio para los cetáceos”, recuerda Song. Por su forma, un enorme y largo cañón, el fondo serviría como sumidero de los animales que murieran arriba. Con el paso del tiempo, los restos orgánicos más pequeños se descompondrían, quedando solo los más grandes, los huesos de los cetáceos. La mayor densidad ósea entre los mamíferos marinos la tienen, precisamente, los zifios, que son también las especies más abundantes en el cementerio de ballenas. Además, estos animales incurren en prácticas de riesgo yendo en busca de su pieza preferida, los calamares, hasta el punto de jugarse la vida: “Los zifios que se sumergen a más de 3.000 metros de profundidad pueden alcanzar sus límites fisiológicos, lo que aumenta el riesgo de agotamiento mortal o por descompresión”, completa el investigador chino.

Hay otra cosa que han descubierto: estos cementerios de ballenas están llenos de vida. Una región tan profunda, sin luz y sin apenas sedimentos, debería ser un desierto orgánico. Pero las ballenas muertas son el sustrato de ecosistemas tan nuevos que apenas se conoce a sus integrantes. En las inmersiones han encontrado estrellas de mar, bivalvos, gusanos especializados en perforar huesos...

“No existe productividad primaria en los abismos marinos porque allí no penetra la luz, no hay fotosíntesis”, recuerda Natacha Aguilar de Soto, investigadora del Centro Oceanográfico de Canarias (IEO/CSIC) y gran experta en cetáceos, en particular en zifios. “Por ello las comunidades profundas viven del maná que llueve desde aguas más someras. La caída de una carcasa de cetáceo, de varias toneladas, es un regalo del cielo, una enorme fuente de alimento que dispara la productividad secundaria al alimentar a carroñeros y detritívoros, que a su vez atraen a especies carnívoras", explica Aguilar de Soto, que no ha participado en este trabajo. Para ella, este trabajo subraya el papel clave de los cetáceos: “En vida realizan transporte de nutrientes latitudinal y vertical en la columna de agua, fertilizando zonas de menor productividad natural desde áreas ricas. Una vez muertas, su labor de fertilización continúa en los fondos marinos desde las plataformas costeras hasta las fosas abisales”.

elpais.com

viernes, 12 de junio de 2026

Un fósil de hace 120 millones de años encontrado en China revela que un primo del velociraptor cazaba como una ardilla voladora

'Jian changmaensis'

El dinosaurio planeaba como las ardillas voladoras para atacar a sus presas. De hecho, el estudio ha identificado que no poseía dos, sino cuatro alas

Ilustración del nuevo velocirraptor documentado en China
(Lewis LaRosa/Jão Canola)
Un extraordinario descubrimiento paleontológico en el noreste de China ha revelado la identidad de un depredador que acechaba a las aves primitivas hace 120 millones de años. El hallazgo, difundido a través de un artículo científico en la revista norteamericana Annals of Carnegie Museum, describe a un pariente cercano del Velocirráptor que poseía la asombrosa capacidad de desplazarse por el aire de manera idéntica a las ardillas voladoras actuales (Pteromyini). Los investigadores consiguieron identificar este nuevo espécimen a partir de un fragmento óseo fosilizado correspondiente a la extremidad superior. Los restos se localizaron en la cuenca de Changma, un entorno geológico situado en la provincia de Gansu que destaca a nivel internacional por albergar cientos de restos pertenecientes a aves prehistóricas que convivieron con los grandes reptiles en el Cretácico.

El cazador de Changma

Durante décadas, los geólogos hallaron en este yacimiento acumulaciones de huesos aviares triturados muy similares a las egagrópilas que generan los búhos modernos. La comunidad científica sospechaba que algún tipo de carnívoro generaba estos restos compactados al alimentarse de las especies voladoras más pequeñas, pero carecía de una prueba biológica concluyente para demostrar la existencia de este esquivo depredador.

La nueva especie ha recibido el nombre oficial de Jian changmaensis en alusión a una criatura alada de la mitología tradicional china y al entorno geográfico del hallazgo. El animal pertenece a los microrraptores, un grupo de dinosaurios dromeosáuridos caracterizados por su agilidad, velocidad y por poseer un denso plumaje que cubría la totalidad de sus extremidades anteriores y posteriores.

 "Es el único dinosaurio encontrado en este sitio que no era un pájaro, era un carnívoro, y era mucho más grande que todo lo demás que hemos encontrado allí", declaró Jingmai O'Connor, paleontóloga del Field Museum de Chicago y autora principal del estudio, al valorar la enorme trascendencia ecológica que presenta este nuevo espécimen.

Un planeador en el Cretácico

A pesar de que el resto estudiado mide unos 10 cm, el análisis osteológico determinó que el ejemplar poseía una envergadura de 1,2 metros. El tamaño de este carnívoro resulta equiparable al de una lechuza común actual, una dimensión muy superior a la del resto de sus parientes evolutivos directos hallados en el continente asiático, que habitualmente presentaban un volumen similar al de un cuervo. La disposición de sus plumas generaba una estructura anatómica que simulaba tener cuatro alas independientes, óptimas para ejecutar desplazamientos aéreos. "Jian y los otros microrraptores probablemente no eran capaces de un vuelo verdadero y propulsado, pero probablemente podrían planear como una ardilla voladora", aclaró Jingmai O'Connor para detallar el método de locomoción empleado por este animal en los bosques prehistóricos.

El espécimen representa el primer dinosaurio no aviar detectado en la zona, aportando un contexto fundamental sobre el entorno donde surgieron los antepasados de las aves actuales. El doctor Matt Lamanna, paleontólogo del Museo de Historia Natural Carnegie, remarcó que gracias al descubrimiento de este depredador finalmente se conoce qué animal se alimentaba de las aves primitivas del yacimiento.

"El que no llora no mama", versión dinosaurios: descubren que el Spinosaurus necesitaba llorar para cazar a sus presas en el mar

Un reciente estudio indica que estos grandes carnívoros desarrollaron glándulas lagrimales específicas para excretar el exceso de sal del entorno marino.

Un Spinosaurus con cresta dorsal nadando en aguas pantanosas. Davide Bonadonna
“El que no llora no mama” es un refrán o dicho popular que significa que, para conseguir algo en la vida, es necesario pedirlo e insistir hasta hacerse notar, como lo hace un bebé que llora con el único objetivo de ser amamantado por su madre. Una conducta intrínsecamente ligada a los seres humanos y otros mamíferos, pero que podría aplicarse a algunos grandes dinosaurios, como el Spinosaurus. Al menos, así lo asegura un artículo recientemente publicado en la revista Historical Biology.

Empecemos por el principio para entenderlo mejor. A lo largo de los últimos años, los paleontólogos han debatido intensamente el verdadero estilo de vida del Spinosaurus y sus parientes más cercanos, como el Baryonyx walkeri o el Irritator challengeri. Sus característicos hocicos alargados, que guardan un gran parecido con la anatomía de los cocodrilos modernos, sugerían una existencia ligada al agua, aunque no se había determinado con precisión si eran nadadores activos o meros cazadores de ribera.

El descubrimiento del equipo de científicos liderado por Andrea Cau, experto adscrito al Museo Paleontológico OPHIS, se centra en una pequeña, pero crucial estructura anatómica en el cráneo. Tras examinar minuciosamente fragmentos óseos procedentes de Marruecos, Brasil y el Reino Unido mediante tomografías computarizadas, se identificó una notable depresión ósea situada justo encima de la órbita de los ojos.

Adaptación a entornos salinos

Esta particular cavidad albergaba una glándula de sal especializada, un órgano indispensable para que los animales que habitan o capturan presas en medios marinos filtren el sodio de su sangre. En la fauna actual, diversas familias de aves marinas recurren de manera habitual a un sistema idéntico para purificar el organismo, expulsando el cloruro de sodio sobrante mediante un fluido denso por los ojos.

"En ambientes de alta salinidad, estas glándulas ayudan a los animales a resolver el problema de la excreción de sal", afirmó Andrea Cau al respecto. Los datos geológicos de la investigación respaldan esta hipótesis evolutiva, puesto que los restos fósiles con esta cavidad proceden de antiguos litorales costeros, mientras que los ejemplares de agua dulce carecen de dicha fosa.

Esta flexibilidad fisiológica demuestra que los espinosáuridos expandieron su nicho ecológico hacia zonas salobres, superando las limitaciones biológicas de otros reptiles continentales de la época. No obstante, la revolucionaria propuesta científica sobre este llanto salino ha generado opiniones encontradas y ha reabierto las discusiones en los principales centros académicos internacionales.

Controversias paleontológicas

El investigador Paul Sereno, paleontólogo de la Universidad de Chicago, se muestra escéptico y advierte que la supuesta marca ósea no es una constante en todos los cráneos analizados. Para este experto, la ausencia del rasgo en piezas similares recuperadas en el norte de África sugiere que podría tratarse de una simple deformación del fósil debida al paso del tiempo.

Por otro lado, David Martill, científico de la Universidad de Portsmouth, argumenta que la presencia de la glándula apoya la teoría de una existencia acuática prolongada en el tiempo. Sea como nadadores experimentados o como depredadores que acechaban de pie en la orilla, este mecanismo biológico demuestra que la fisiología de estas criaturas era mucho más compleja de lo que se creía.

domingo, 7 de junio de 2026

La paleontología del noroeste peninsular se cita en PANOP 2026

El simposio tendrá lugar en octubre de 2026 en Bembibre (León) 

La comunidad paleontológica del noroeste peninsular tiene una nueva cita en el calendario. El III Simposio de Paleontología del Noroeste Peninsular (PANOP 2026) se celebrará del 15 al 17 de octubre de 2026 en el Museo del Alto Bierzo, en la localidad leonesa de Bembibre.

Tras el éxito de ediciones anteriores, PANOP 2026 se consolida como un punto de encuentro para investigadores, investigadoras y personas interesadas en la paleontología del noroeste de la Península Ibérica. El objetivo del simposio es fomentar el intercambio científico y dar a conocer los avances más recientes en el estudio del registro fósil de esta región, abarcando distintos periodos geológicos y enfoques metodológicos .

La elección de El Bierzo como sede no es casual. Se trata de una región de gran relevancia paleontológica, especialmente por sus yacimientos del Carbonífero, que han proporcionado abundantes restos de plantas, insectos y otros organismos, constituyendo un referente clásico para el estudio de los ecosistemas continentales paleozoicos.

Programa científico y actividades

El encuentro incluirá comunicaciones orales y pósteres, que podrán presentarse en español, portugués o inglés. Además, el programa contempla diversas actividades científicas y divulgativas:

  • Salidas de campo pre y post congreso a enclaves de interés paleontológico como Fabero y Santa Marina de Torre
  • Sesiones científicas en formato oral y póster
  • Una mesa redonda sobre patrimonio paleontológico en el noroeste peninsular
  • Actividades sociales, incluyendo la cena del congreso

Fechas clave

La organización ha establecido ya las principales fechas del simposio:

  • Preinscripción (no vinculante): hasta el 30 de abril de 2026
  • Envío de abstracts: hasta el 30 de junio de 2026
  • Inscripción definitiva: hasta el 31 de agosto de 2026
  • Celebración del congreso: del 15 al 17 de octubre de 2026

Las personas interesadas en asistir pueden realizar ya la preinscripción a través del siguiente formulario:

https://forms.gle/DNsVeSPg2gSsezbt6

Un foro para la colaboración científica

Con esta tercera edición, el comité organizador busca reforzar la colaboración entre grupos de investigación de diferentes regiones y contribuir a la puesta en valor del patrimonio paleontológico del noroeste peninsular. PANOP 2026 aspira así a consolidarse como un foro de referencia para la discusión científica y la difusión del conocimiento paleontológico en este ámbito geográfico

Descárgate la primera circular

👉 PANOP 2026 Primera circular

sepaleontologia.es

Libro de resúmenes Pala-dino: Las lenguas romances y los dinosaurios. Una revolución en la ciencia

Pala-dino. Las lenguas romances y los dinosaurios, una revolución en la ciencia

La Rioja, 12 y 16 de mayo de 2025. Libro de resúmenes / Guía de excursiones

Este evento singular reunió a destacados especialistas en paleontología de dinosaurios, lingüística, didáctica y comunicación científica procedentes de todo el mundo, bajo el lema “las lenguas romances y los dinosaurios: una revolución en la ciencia”. Entre los ponentes, participaron científicos internacionales de gran relevancia, como el italiano Giuseppe Leonardi, el argentino Leonardo Salgado, coautor de la descripción del Giganotosaurus (que apareció en la película “Jurassic World: Dominion”, 2022) y del primer dinosaurio descubierto en la Antártida: Antarctopelta; el brasileño Ismar de Sousa Carvalho, el rumano, Dan Grigorescu y los españoles, Félix Pérez Llorente y Fidel Torcida, así como investigadores españoles de Cataluña, Aragón, La Rioja y paleontólogos portugueses. En el Congreso se presentaron distintas comunicaciones de jóvenes investigadores sobre nuevos hallazgos y novedades en el ámbito de los dinosaurios y sus huellas en España, Portugal, Marruecos, Rumanía, Brasil y otros.

Organizado por el Gobierno de La Rioja y la Universidad de La Rioja, con el apoyo de la Fundación San Millán y la colaboración de diversas entidades científicas y culturales, como la Fundación de Dinosaurios de Castilla y León y el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes, Pala-Dino 2025 quiere convertirse en un referente y consolidarse como un congreso único en su enfoque interdisciplinar, para analizar el papel de las lenguas romances en la investigación, documentación y divulgación de los dinosaurios.

Descargar aquí.

dialnet.unirioja.es

sábado, 6 de junio de 2026

Paleontólogos U. de Chile confirman presencia de dinosaurios terrestres y aves del Cretácico en Algarrobo

Publicado en Cretaceous Research, el trabajo reinterpreta fósiles hallados en la costa de Chile central y confirma la presencia de dinosaurios terrestres y aves del Cretácico Superior en una zona conocida históricamente por sus especies marinas. La investigación destaca el valor de las colecciones científicas y advierte sobre la importancia de proteger un sitio clave para reconstruir la historia natural del país.

Costa de Algarrobo, zona donde se han registrado importantes hallazgos
paleontológicos del Cretácico Superior
.
Ubicado en la Región de Valparaíso, Algarrobo es uno de los balnearios más reconocidos del litoral central, valorado por sus atractivos turísticos, su biodiversidad y también por sus hallazgos paleontológicos. En sus rocas costeras se conserva una historia mucho más antigua: la de un ecosistema del final del Cretácico, hace cerca de 69 millones de años, donde el registro de reptiles marinos convive ahora con nuevas evidencias de dinosaurios terrestres y aves antiguas. 

Así lo plantea un estudio publicado en la revista Cretaceous Research titulado "Beyond marine reptiles: ornithopod and avian remains from the Upper Cretaceous of Algarrobo, central Chile". El trabajo fue desarrollado por los investigadores Sergio Soto Acuña, Rodrigo A. Otero, Raúl Ugalde, Héctor Ortiz y José Luis Brito, y forma parte de las investigaciones impulsadas desde la Red Paleontológica Universidad de Chile, en el marco del Núcleo Milenio Transiciones Evolutivas Tempranas de Mamíferos (EVOTEM) proyecto el cual reúne a distintas instituciones científicas del país.

Imagen referencial del material fósil analizado en el estudio,
 asociado a un dinosaurio herbívoro de gran tamaño.
A partir del reanálisis de fósiles hallados en los “Estratos de Quebrada Municipalidad”, el equipo confirmó la presencia de un dinosaurio herbívoro de gran tamaño y reclasificó restos de un ave fósil. Ambos registros fueron situados en el Cretácico Superior, lo que permite ampliar la comprensión de Algarrobo como una localidad que no solo conserva evidencia de antiguos ecosistemas marinos, sino también de animales continentales. 

Hasta ahora, la zona era reconocida principalmente por su registro marino, con hallazgos de plesiosaurios, mosasaurios, tortugas marinas y tiburones. Sin embargo, el trabajo con colecciones históricas y nuevas campañas de terreno dio paso a una lectura más amplia del sitio.

“Nos dimos cuenta de que este ecosistema era un poco más complejo. No solamente involucraba especies marinas, sino que también había alguna cercanía, alguna condición costera”, explica Sergio Soto Acuña, paleontólogo de vertebrados y autor principal del estudio.

Dinosaurios terrestres y aves del Cretácico en Chile central

La confirmación surgió a partir de una nueva revisión de materiales conservados en colecciones históricas, es decir, algunos restos que habían sido asociados a reptiles marinos fueron reinterpretados por el equipo como fósiles de dinosaurios. “Hay dos restos grandes de dinosaurios que encontramos en el museo y que estaban guardados desde hace ya mucho tiempo. Son colecciones históricas, que tienen ya bastantes décadas, y estaban identificados como plesiosaurios, o sea, como reptiles marinos”, señala el investigador Sergio Soto.

Uno de esos materiales permitió identificar con mayor claridad el tipo de animal al que pertenecía. “Estos corresponden, al menos uno de ellos, a la parte más proximal, o sea, más cerca del cuerpo, de un fémur, el hueso de la pata, de un dinosaurio herbívoro”, explica.

Sergio Soto Acuña, autor principal del estudio, durante trabajo
de campo en Algarrobo junto a parte del equipo investigador.
El estudio no describe una nueva especie, ya que el fósil se encuentra incompleto. Sin embargo, sus características permiten asociarlo al grupo de los ornitópodos, dinosaurios herbívoros que tuvieron una amplia diversidad de tamaños y formas. En Sudamérica, algunos de estos animales estuvieron relacionados con linajes conocidos popularmente como dinosaurios “pico de pato”, aunque los investigadores advierten que se requiere material más completo para precisar esta identificación.

El trabajo también reinterpreta restos de un ave fósil que anteriormente habían sido asignados a rocas más jóvenes, de alrededor de 40 millones de años. La nueva información sobre su procedencia permitió situarlos en niveles del Cretácico Superior, revelando que corresponde al fósil de ave más antiguo hallado hasta ahora en Chile y relevante para comprender la historia temprana. “Tenemos aves que probablemente corresponden a aves modernas, del grupo de las aves actuales, pero ya presentes en la época de los dinosaurios ahí en Chile central. Eso también es importante, porque existen muy pocos restos de aves fósiles modernas en ese lapso”, sostiene el paleontólogo.

Para el equipo, estos resultados muestran el valor de volver a mirar colecciones antiguas con nuevas preguntas científicas. Fósiles que durante décadas permanecieron guardados o clasificados bajo otra interpretación pueden entregar información inédita sobre la historia natural del país.

Algarrobo, una localidad clave para la paleontología nacional

La nueva evidencia no solo amplía lo que se sabía sobre Algarrobo, sino que también refuerza la urgencia de proteger una zona que sigue entregando información clave sobre la historia natural de la zona central del país. Para Rodrigo Otero, paleontólogo de vertebrados y miembro del equipo investigador, el hallazgo obliga a mirar nuevamente un sitio que durante años fue interpretado principalmente como un antiguo ambiente marino.

Rocas costeras de Algarrobo, parte del patrimonio paleontológico
 que los investigadores buscan estudiar y proteger.
“Algarrobo se volvió una localidad con un espectro de posibilidades mucho mayor para hallazgos de fauna fósil. Es muy importante volver a revisar las colecciones bajo esta nueva mirada, porque lo que alguna vez pudo ser interpretado como huesos de vertebrados marinos dudosos, podrían ser restos de dinosaurios que pasaron desapercibidos”, destaca el investigador.

Sin embargo, esta investigación no se encuentra exenta de dificultades, los afloramientos costeros donde aparecen estos fósiles están expuestos a la erosión natural, al crecimiento urbano y a eventuales obras de infraestructura que podrían afectar sectores todavía poco estudiados.

“Sabemos que es un yacimiento super valioso, del que está saliendo información en forma periódica y van a seguir apareciendo publicaciones científicas”, advierte. Para el investigador, el desafío es pensar cómo compatibilizar el desarrollo local con la protección de un patrimonio paleontológico que pertenece no solo a Algarrobo, sino a la historia profunda del país.

El autor principal de la investigación, Sergio Soto, coincide en que el sitio requiere mayor atención científica e institucional. “Nos estamos dando cuenta de que tenemos acá, al lado, un yacimiento paleontológico importantísimo, con mucho potencial, y que está a punto de desaparecer”, señala.

En ese sentido, el caso de Algarrobo muestra que la paleontología no depende solo de nuevos descubrimientos en terreno, sino también de la conservación de los sitios y de la revisión permanente de colecciones científicas. “Algarrobo nos está informando de algo que había pasado absolutamente desapercibido en el mapa ecológico o paleoecológico”, concluye el paleontólogo Rodrigo Otero.

uchile.cl