martes, 11 de diciembre de 2018

Paleontólogos descubren que al menos dos especies de reptiles voladores vivieron en Chile

Contemporáneos de los dinosaurios, se extinguieron al mismo tiempo:

Restos de pterosaurios fueron encontrados en las cercanías de Calama y Copiapó. Uno habría sido un poco mayor a una gaviota y el otro, como un cóndor.

Encontrar restos fósiles conservados por millones de años no es fácil. Demanda tiempo y también un poco de suerte. Es lo que le ocurrió al investigador del Museo de Historia Natural de Atacama Osvaldo Rojas. Cuando en 2013 prospectaba con otros paleontólogos la zona de Cerritos Bayos, cerca de Calama, encontró un bloque de piedra que le llamó la atención.

Al darle un golpe seco con un martillo geológico el trozo se partió y aparecieron unos extraños huesos. "Parecen ser de un ala. Es lo que hemos podido determinar hasta ahora, pero todavía hay mucho más atrapado en la roca", cuenta el paleontólogo de la U. de Chile Jhonatan Alarcón. Él, junto a Rodrigo Otero y otros investigadores, han analizado los restos desde su hallazgo y este mes se encuentran realizando nuevas excavaciones en el área porque esperan encontrar más.

Según Alarcón, quien presentó sus avances en el Congreso Chileno de Paleontología realizado recientemente en Punta Arenas, el análisis revela que se trata de un pterosaurio, reptil volador contemporáneo a los dinosaurios que se extinguieron junto con ellos hace unos 66 millones de años.

En particular, estaría relacionado con los pterosaurios más tempranos, que vivieron en lo que se conoce como el período Oxfordiano del Jurásico Superior, esto es hace unos 150 millones de años. Tenían cola larga, cabeza relativamente pequeña y dientes, una característica que estos animales perderían posteriormente. "Son abundantes en Europa y Alemania, pero este es el primero que encontramos en Chile", dice Alarcón.

Cuesta determinar su tamaño, pero estima que debió haber sido un poco más grande que una gaviota. Es poco más lo que saben porque hasta ahora han recuperado el hueso de un ala y parte del cuarto dedo. "Estos animales tenían una membrana fijada al cuarto dedo y los demás los tenían libres. No sabemos todavía si sus rasgos corresponden a una especie nueva, pero muestra que estos animales desde hace bastante tiempo ya estaban acá". agrega el paleontólogo.

Mucho más grandes

El hallazgo en Cerritos Bayos complementa los realizados en cerro La Isla, al este de Copiapó, desde fines de los años 80. Alarcón retomó la investigación de este material y también tiene programado hacer una visita este mes al área. "Se han hecho publicaciones aisladas, pero no se había vuelto al lugar", indica.

Lo que ha revelado el análisis es que a diferencia de los pterosaurios basales, los de Copiapó corresponden a individuos de mayor tamaño -como el de un cóndor- de la familia Ctenochasmatidae, que vivieron en el Cretácico Superior, entre 145 millones y 100 millones antes del presente. Estos eran más grandes que los de Calama, semejantes a los pterodáctilos que se muestran en el cine. Su cola era corta, tenían hocicos largos y estrechos, con muchos y finos dientes, los que empleaban para filtrar su alimento, tal como hacen las ballenas de mayor envergadura con sus barbas.

En Argentina se han encontrado restos parecidos y se ha identificado una especie, el pterodaustro, que sería pariente del chileno. "Los primeros datos indican que sería una especie diferente".

Los restos de varios individuos están muy fragmentados por lo que su análisis no ha sido sencillo, reconoce el especialista. "En principio se pensó que era una colonia, pero también se pueden haber acumulado por alguna otra razón".

Tampoco saben si los individuos tienen una misma antigüedad o corresponden a épocas diferentes. Para complementar la información, este mes visitarán un sitio cercano, pero de la misma formación geológica, donde afloran rocas semejantes a las del cerro La Isla. "Veremos si tenemos suerte", dice. El trabajo se hace en el marco del proyecto Anillo de Ciencia y Tecnología (ACT) 172099, financiado por Conicyt.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Un gigante del Jurásico: descubren una nueva especie de dinosaurios en Rusia

Varias vértebras encontradas permiten reconstruir un eslabón perdido en la evolución de los titanosaurios en Asia.

Imagen ilustrativa. David Mercado / Reuters.
Dos científicos rusos presumen haber descubierto una especie hasta ahora desconocida de dinosaurios herbívoros que habitaba la región que hoy atraviesa el cauce medio del río Volga. De ahí proviene el nombre que Alexandr Averyánov (San Petersburgo) y Vladímir Yefímov (provincia de Ulyánovsk) ofrecieron para el gigantesco animal que han reconstruido: 'Volgatitan simbirskiensis', o simplemente volgatitano.

El desentierro de varias vértebras del dinosaurio se remonta a los años 1980. En total, Yefímov encontró siete en un sitio paleontológico situado a unos kilómetros de la ciudad de Ulyánovsk, exactamente en la orilla oeste del Volga. Aproximadamente tenían 130 millones de años (Cretácico temprano).

El artículo que los paleontólogos publicaron en la última edición de la revista Biological Communications detalló el 30 de noviembre que todos los huesos hallados pertenecen a la región caudal de la columna, o sea, formaban parte de la cola. Sin embargo, son suficientes para deducir que se trata de una especie nueva, que ocupa una posición evolutiva dentro de la familia de titanosaurios.

"Previamente se creía que la evolución de los titanosaurios había transcurrido primordialmente en Sudamérica y solo en el cretácico tardío algunos taxones penetraron en Norteamérica, Europa y Asia", explicó Averyánov. A su juicio, ya no se puede estar tan seguro de eso después de un reciente descubrimiento de un Tengrisaurus en el Oriente Lejano ruso (2010-2011), el cual demostró que los titanosaurios tuvieron una mayor presencia a principios del Cretácico.

Vértebras del Volga / Alexandr Averyánov / Vladímir Yefímov
La especie del Volga sería un eslabón más en esta evolución asiática y "un miembro fundamental del linaje que conduce a la Lognkosauria, la familia de lagartos gigantes que habitaba lo que hoy es Sudamérica hace aproximadamente 94-86 millones de años, en el Cretácico superior. Los científicos creían que este linaje solo tenía taxones sudamericanos con masas corporales de 60 a 70 toneladas.

El volgatitano pesaba en vida algo más de 17 toneladas. Era un dinosaurio herbívoro con un cuello largo y también larga cola, según los investigadores rusos.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Un hallazgo único: Encuentran huellas de bosques de grandes árboles en el Ártico

Investigadores rusos anunciaron el hallazgo de huellas de grandes árboles, dentro del círculo ártico, donde predomina el hielo, demostrando que hace millones de años el clima permitía el desarrollo de bosques de árboles que pierden las hojas en invierno.

Foto satelitál del Ártico. Es la primera vez que se encuentra huellas 
de árboles en el ártico.
Los fósiles se encontraron en la isla de Sardakh, en el delta del río Lena, incrustados en rocas del período neógeno, de entre 23 y 2.5 millones de años de antigüedad, informó el Instituto de Geofísica y Geología del Petróleo de la oficina local de la Academia de Ciencias de Rusia en la ciudad de Novosibirsk (INGG SO RAN, por sus siglas en ruso).

Irina Jázina, científica del instituto se refirió al descubrimiento diciendo que: “Nadie ha descubierto huellas de hojas de árboles de hoja caduca en esta región, es un hallazgo verdaderamente único”.

Se aprecia la huella de la hoja en la roca.
Las especies identificadas son las europeas plátano de sombra, haya, aliso, sauce y magnolio, por sus hojas e incluso un fruto de magnolio, árbol que nunca se había encontrado tan al norte, y que realmente impresionó a los exploradores.

“Las muestras únicas de flora de hoja caduca descubiertas por nuestros científicos cambiarán la percepción de los especialistas sobre el alcance de las variaciones climáticas en el pasado geológico. De hecho, el llamado calentamiento global de hoy es solo un episodio insignificante en la historia de la Tierra. Y el columpio climático se balanceó más en el pasado que hoy sin impacto tecnológico”, comentó Igor Yeltsov, director de la institución.

Huella del fruto de un fruto de magnolio.
Para los científicos la perfecta conservación de las muestras es de gran ayuda para la pronta identificación de las especies de árboles que las generaron.

Es posible a simple vista discernir la forma de la hoja, sus bordes y venas.

“Para que la hoja deje su huella tan bien, debe quedar inmediatamente en condiciones especiales después de caer de un árbol”, dijo Olga Borisovna Kuzmina, especialista de ciencias geológicas y mineralógicas, dando como ejemplo un estanque en calma sin acceso a oxígeno.

Los investigadores proyectar continuar con sus estudios, para lo cual organizan nuevas expediciones.


viernes, 7 de diciembre de 2018

La mayor extinción masiva de especies no fue la de los dinosaurios

Un estudio de las universidades estadounidenses de Washington y Stanford revela un gran descubrimiento ambiental

Hasta ahora se creía en el meteorito que acabó con los dinosaurios era el mayor 
cataclismo ambiental de la historia. / Mark Garlick / Science Source
La mayor extinción masiva de especies jamás registrada en la Tierra, ocurrida hace 252 millones de años y que eliminó al 96 % de la fauna marina, fue producto del calentamiento global y dejó a los animales de los océanos sin suficiente oxígeno para sobrevivir, según un estudio divulgado hoy.

Publicada en la revista Science y realizada por expertos de las universidades estadounidenses de Washington y Stanford, la investigación combina modelos climáticos y del metabolismo animal con datos de laboratorio y registros paleoceanográficos para desentrañar las causas de la extinción masiva que tuvo lugar a finales del Pérmico.

Fue la más grande de la historia de la Tierra, mayor y mucho anterior a la de los dinosaurios.

«Es la primera vez que hacemos una predicción mecanicista sobre qué provocó la extinción que se puede probar directamente con el registro fósil, lo que nos permite hacer predicciones sobre las causas de extinción en el futuro», indicó Justin Penn, autor del estudio y estudiante de doctorado en oceanografía en la Universidad de Washington.

El modelo climático creado por los investigadores reproduce la configuración de la Tierra durante el Pérmico, cuando los océanos tenían temperaturas y niveles de oxígeno similares a los de hoy.

10 grados más

Su experimentó consistió en elevar los gases de efecto invernadero al nivel requerido para hacer que las temperaturas en la superficie de los océanos subieran unos 10 grados centígrados.

De esa forma reprodujeron los cambios dramáticos ocurridos a finales del Pérmico en los océanos, que perdieron alrededor del 80 % de su oxígeno, fundamentalmente en sus áreas más profundas.

Para analizar los efectos de esos cambios en la fauna, los investigadores consideraron las diferentes sensibilidades al oxígeno y la temperatura de 61 especies marinas modernas, que han evolucionado en condiciones ambientales similares a las que habitaban en el Pérmico.

Así detectaron que «muy pocos organismos marinos permanecían en los mismos hábitats en los que estaban viviendo», ya que se trataba de «huir o perecer», de acuerdo con Curtis Deutsch, profesor asociado de Oceanografía de la Universidad de Washington.

El modelo utilizado reveló, además, que las especies que vivían más cerca de los polos fueron las más afectadas por la falta de oxígeno y desaparecieron casi por completo.

Si una especie se había adaptado «a un ambiente frío y rico en oxígeno, esas condiciones dejaron de existir en los océanos poco profundos», anotó Deutsch.

Para comprobar los hallazgos de los investigadores de la Universidad de Washington, los coautores Jonathan Payne y Erik Sperling, de la Universidad de Stanford, analizaron las distribuciones de fósiles del Pérmico tardío en la Base de Datos de Paleoceanografía, un archivo virtual.

Ese registro fósil muestra dónde se encontraban las especies antes de la extinción y cuáles fueron eliminadas por completo o restringidas a una fracción de su hábitat anterior.

La insuficiencia de oxígeno provocada por el calentamiento global explica más de la mitad de las pérdidas de diversidad marina en esa extinción masiva de finales del Pérmico y otros factores, como la acidificación o los cambios en la productividad de los organismos fotosintéticos, actuaron como causas adicionales, según estos autores.

La situación a finales del Pérmico, cuando el aumento de los gases de efecto invernadero en la atmósfera generó temperaturas más altas en la Tierra, es similar a la actual.

Por tanto, si continúan los niveles actuales de emisiones, «para el año 2100 el calentamiento en la parte superior del océano se habrá acercado al 20 % del de finales del Pérmico y para el año 2300 alcanzará entre el 35 y el 50 %», advirtió Penn.

Restos de hueso medular identificados en aves del Cretácico

Restos fósiles de hueso medular han sido identificados por primera vez en Enantiornithes, el clado dominante de las aves durante el Cretácico.  

JINGMAI O'CONNOR
El hueso medular es un tejido óseo exclusivo de las aves en la actualidad. Está presente solo en hembras a punto de poner huevos y se forma en los espacios vacíos dentro del esqueleto. Este tejido óseo sirve como reservorio del calcio necesario para formar la cáscara del huevo.

Antes, se había informado de hueso medular en una variedad de dinosaurios no aviares, entre ellos el Tyrannosaurus rex, dinosaurios ornitópodos como Tenontosaurus y varios saurópodos (enormes dinosaurios de cuello largo) como Mussasaurus. También se ha identificado en pterosaurios, que son reptiles voladores estrechamente relacionados con los dinosaurios.

Desde el primer reporte de hueso medular en un fósil mesozoico en 2005, este tejido ha atraído un gran interés porque vincula aves y dinosaurios. Sin embargo, la presencia de este tejido óseo en pterosaurios y dinosaurios no aviares es desconcertante. Los dinosaurios no avianos eran tan grandes y sus huevos tan pequeños que no deberían haber requerido hueso medular. Dado que los pterosaurios pusieron huevos de cáscara blanda, tampoco deberían haber requerido hueso medular.

Algunos casos reportados de hueso medular son probablemente patologías óseas que causan un crecimiento anormal. Sin embargo, en este nuevo estudio, los científicos de Instituto de Paleontología y Paleoantropología de Vertebrados (IVPP) de la Academia China de Ciencias, trabajando en conjunto con Mark Norell del Museo Americano de Historia Natural y Greg Erickson de la Universidad Estatal de Florida, argumentaron que ninguna descripción previa de hueso medular en un reptil mesozoico estaba bien respaldada.

El nuevo estudio es el mejor soporte para el hueso medular en el mesozoico hasta el momento en que se encontró en todo el esqueleto preservado, lo que sugiere que era parte de un proceso de todo el sistema en lugar de una patología local. Sin embargo, los autores admiten que los científicos aún saben muy poco acerca del hueso medular para confirmar, sin evidencia adicional (por ejemplo, asociación con un nido o huevos), que el individuo fosilizado con este tejido era reproductivamente activo.

A la luz de la evidencia actualmente disponible, el hueso medular podría haber sido una característica completamente aviar incluso en el mesozoico. Evolucionó como resultado de los huesos adelgazados y huecos de las aves, que aligeraron el esqueleto para el vuelo, así como su mayor tamaño de huevo.    

Los hallazgos fueron publicados en Nature Communications el 5 de diciembre.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Digitalización de fósiles originales del Museo de Dinosaurios


Digitalización in situ, mediante escaner y fotogrametría de fósiles
 originales del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes. 
Recientemente se han sometido a algunos fósiles de dinosaurios de nuestro Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes a procesos de escaneo y fotogrametría. Estas nuevas tecnologías nos permiten conservar copias digitales de los fósiles originales, conocer características anatómicas difíciles de detectar a simple vista, hacer estudios sobre la movilidad y anatomía funcional del esqueleto de los dinosaurios, etc.

El museo salense es la única instalación museística en nuestra comunidad autónoma en la que se prepara, estudia e investiga fósiles de dinosaurios. Este proyecto cuenta con el apoyo económico de la Diputación de Burgos.

Un ictiosaurio con sangre caliente y grasa aislante

Un antiguo reptil marino similar a un delfín probablemente era de sangre caliente, tenía grasa aislante y usaba su coloración como camuflaje de los depredadores.   

CC BY-SA 3.0
Es la conclusìón del análisis molecular y microestructural de un ictiososaurio 'Stenopterygius' por un equipo internacional de investigadores que incluye a científicos de la Universidad Estatal de Carolina del Norte y la Universidad Lund.

"Los ictiosaurios son interesantes porque tienen muchos rasgos en común con los delfines, pero no están relacionados en absoluto con esos mamíferos que habitan en el mar", explica la coautora de investigación Mary Schweitzer, profesora de Ciencias Biológicas en la Universidad Estatal de Carolina del Norte, y profesora visitante en la Universidad de Lund.

"Tampoco estamos muy seguros de su biología. Tienen muchas características en común con los reptiles marinos vivos como las tortugas marinas, pero sabemos por el registro fósil que dieron a luz, lo que se asocia con la sangre caliente. Este estudio revela algunos de esos misterios biológicos", añade.

El autor principal del artículo sobre este trabajo, Johan Lindgren, profesor asociado de la Universidad de Lund, reunió a un equipo internacional para analizar un fósil de 'Stenopterygius de aproximadamente 180 millones de años de la cantera Holzmaden en Alemania. "Tanto el contorno del cuerpo como los restos de órganos internos son claramente visibles -- dice Lindgren--. Sorprendentemente, el fósil está tan bien conservado que es posible observar capas celulares individuales dentro de su piel".

Los investigadores identificaron microestructuras de tipo celular que contenían orgánulos de pigmento dentro de la piel del fósil, así como rastros de un órgano interno que se cree que es el hígado. También observaron material químicamente compatible con la grasa de los vertebrados, que solo se encuentra en animales capaces de mantener la temperatura corporal independientemente de las condiciones ambientales.

Lindgren envió muestras del fósil a colegas internacionales, incluido Schweitzer. El equipo aplicó una variedad de técnicas analíticas de alta resolución, que incluyen espectrometría de masas de iones secundarios de tiempo de vuelo (ToF SIMS), espectrometría de masas de iones secundarios a nanoescala (NanoSIMS), cromatografía de gases de pirólisis/espectrometría de masas, así como análisis inmunohistológico y diversas técnicas microscópicas.

Schweitzer y el asistente de investigación de la Universidad de Carolina del Norte, Wenxia Zheng, extrajeron tejidos blandos de las muestras y realizaron múltiples análisis inmunohistoquímicos de alta resolución. "Desarrollamos un panel de anticuerpos que aplicamos a todas las muestras, y vimos una unión diferencial, es decir, los anticuerpos de una proteína en particular, como la queratina o la hemoglobina, solo se unieron a áreas particulares", dice Schweitzer.

"Esto demuestra la especificidad de estos anticuerpos y es una fuerte evidencia de que diferentes proteínas persisten en distintos tejidos. No esperaría encontrar queratina en el hígado, por ejemplo, pero esperaría hemoglobina. Y eso es lo que vimos en las respuestas de estas muestras a diferentes anticuerpos y otras herramientas químicas", detalla.

GRASA SUBCUTÁNEA   

El laboratorio de Lindgren también encontró evidencia química de grasa subcutánea. "Esta es la primera evidencia química directa de sangre caliente en un ictiosaurio, porque la grasa es una característica de los animales de sangre caliente", dice Schweitzer.

En conjunto, los hallazgos de los investigadores indican que el 'Stenopterygius' tenía una piel similar a la de una ballena y una coloración similar a la de muchos animales marinos vivos, oscuros en la parte superior y más claros en la parte inferior, lo que proporcionaría camuflaje frente a los depredadores, como 'pterosaurios' desde arriba, o 'pliosaurios' desde abajo.

"Tanto morfológicamente como químicamente, encontramos que, aunque los 'Stenopterygius' se consdieran como "reptiles", perdieron la piel escamosa asociada con estos animales, tal como lo ha hecho la moderna tortuga baula --dice Schweitzer--. Perder las escamas reduce la resistencia y aumenta la maniobrabilidad bajo el agua".