domingo, 29 de marzo de 2026

Descubren cientos de huevos de dinosaurio de varias especies tras 70 millones de años enterrados

Restos fósiles en Francia ofrecen información única sobre la fauna del Cretácico

Descubren cientos de huevos de dinosaurio de varias especies tras 70 millones
de años enterrados. / Matthew Irving / Fossil Lab
Un equipo de paleontólogos franceses ha realizado un descubrimiento que dejó sin palabras en la región de Mèze, entre Béziers y Montpellier.

Han sido hallados cientos de huevos de dinosaurio fosilizados que permanecieron enterrados durante aproximadamente 70 millones de años. Este yacimiento se considera uno de los más ricos de Europa en cuanto a sitios de anidación de dinosaurios.

Condiciones extremas para una excavación histórica

Durante meses, los investigadores trabajaron bajo condiciones difíciles, enfrentándose a lluvias invernales y un barro denso que complicaba la extracción de sedimentos.

A pesar de estos obstáculos, lograron exponer un estrato horizontal con un gran número de huevos preservados, muchos de ellos completos.

Diferentes especies

Ni trucos de cine ni magia la ingeniería confirma cómo estos dinosaurios gigantes
podían ponerse de pie. / Difoosion

El yacimiento ha revelado huevos de distintos tamaños y formas, lo que indica que varias especies utilizaron esta misma área para reproducirse.

Entre los más numerosos se encuentran los atribuibles a titanosaurios, los enormes herbívoros de cuello largo, mientras que otros huevos más pequeños podrían corresponder a anquilosaurios o terópodos.

Los fósiles muestran que las hembras enterraban sus huevos en depresiones cubiertas con vegetación o sedimentos, un método que aumentaba la incubación gracias al calor generado por la materia orgánica y protegía los nidos de depredadores.

Un paisaje ideal para la anidación

Hace más de 70 millones de años, la región era una llanura tropical con condiciones que favorecían la repetida elección de este lugar como sitio de anidación.

Las frecuentes inundaciones ayudaban a cubrir rápidamente los nidos, permitiendo que las cáscaras se preservaran y se transformaran en fósiles resistentes a lo largo de los milenios.

Para proteger este tesoro científico, se construyó un museo en el lugar de la excavación, permitiendo que el público observe los trabajos en curso y comprenda el proceso de investigación. Esto asegura que los hallazgos permanezcan en su contexto original y sean accesibles para la ciencia y la educación.

larazon.es

viernes, 27 de marzo de 2026

Descubiertos en León nuevos fósiles de arácnidos del Carbonífero superior

Estos precursores de las actuales arañas existieron en el noroeste de la península ibérica hace unos 300 millones de años

Las arañas han evolucionado de los extintos trigonotárbidos. / Alessandro Della Bella

El hallazgo de dos nuevos fósiles de trigonotárbidos (un orden extinto de arácnidos) en la provincia de León ha permitido avanzar en el conocimiento de los ecosistemas que existieron en el noroeste de la península ibérica hace unos 300 millones de años. Estos antiguos arácnidos, ya extinguidos, vivieron durante el Carbonífero superior y son considerados precursores de las actuales arañas, aunque presentaban importantes diferencias anatómicas.

Los fósiles han sido localizados en dos zonas distintas: la comarca de El Bierzo y el valle del río Valderrueda, en la cuenca de Sabero. El estudio, publicado en la revista científica PalZ, supone un hito relevante, ya que duplica el número de registros conocidos de este grupo en la península ibérica, donde hasta ahora solo se habían documentado dos ejemplares.

Ejemplares poco documentados en España

Según los investigadores, este incremento en el registro fósil sugiere que los trigonotárbidos no eran tan raros como se pensaba, sino que su escasa presencia en estudios anteriores podría deberse a la falta de una búsqueda específica de este tipo de organismos. Este nuevo trabajo permite así reconsiderar su abundancia en los ecosistemas del pasado.

Antigua mina a cielo abierto Boisán en Santa Marina de Torre. / ElDiario
Los dos ejemplares pertenecen al género extinto Aphantomartus, relativamente común en otras zonas de Europa como el Reino Unido o Europa central, pero poco documentado en la península ibérica. Uno de los fósiles, hallado en Santa Marina de Torre (El Bierzo), conserva parte de la cara ventral del animal, incluyendo restos de patas, pedipalpos y abdomen, aunque no ha sido posible identificar la especie con precisión.

El segundo fósil, procedente de la cuenca de Valderrueda, presenta un mejor estado de conservación y ha podido ser asignado a la especie Aphantomartus areolatus, descrita por primera vez en 1911 y ya documentada anteriormente en la provincia de León durante la década de 1980.

Los trigonotárbidos se asemejaban superficialmente a las arañas, pero carecían de glándulas productoras de seda y presentaban un abdomen segmentado cubierto por placas. Se extinguieron durante el Pérmico, lo que los convierte en un grupo clave para entender la evolución temprana de los arácnidos.

Uno de los aspectos más destacados del hallazgo es la presencia de una espina en la base de una de las patas posteriores de uno de los ejemplares, una estructura que no había sido descrita previamente en este grupo. Los investigadores consideran que podría haber tenido una función relacionada con la captura de presas o con el comportamiento reproductivo.

También se encontraron plantas fósiles

Los fósiles de estos arácnidos aparecieron asociados a restos de plantas fósiles excepcionalmente bien conservadas, lo que ha permitido reconstruir con detalle el entorno en el que vivían estos animales. Se trataba de bosques tropicales húmedos, dominados por helechos, pteridospermas y grandes licópsidas, en un paisaje caracterizado por pantanos, lagunas y llanuras de inundación.

Entre las especies vegetales identificadas se encuentran Neuropteris ovata, Nemejcopteris eminaeformis, Polymorphopteris polymorpha o Cyperites bicarinatus, todas ellas propias de ambientes húmedos y cálidos. La presencia de estos restos permite confirmar que el hábitat de estos arácnidos era muy diferente al actual en la región.

Además, la coexistencia con una fauna diversa de insectos, como protolibélulas, cucarachas primitivas y ortópteros ancestrales, sugiere que Aphantomartus desempeñaba un papel como pequeño depredador dentro de un ecosistema complejo y dinámico, influido por cambios climáticos y tectónicos al final de la era Paleozoica.

eldiario.es

viernes, 20 de marzo de 2026

Paleontólogos hallan en Corea un fósil aparentemente insignificante y descubren un diminuto dinosaurio totalmente desconocido para la ciencia

Un fósil aparentemente insignificante escondía un secreto de más de 100 millones de años que ahora está cambiando lo que sabemos sobre los dinosaurios en Asia.

Recreación artística de un ejemplar juvenil de Doolysaurus huhmini, representado
junto a aves y otros dinosaurios no avianos que habitaron la actual Corea del Sur
 durante el período Cretácico. Ilustración: Jun Seong Yi

Durante décadas, Corea del Sur ha sido un territorio enigmático para la paleontología: abundante en huellas, huevos y nidos de dinosaurio, pero sorprendentemente pobre en fósiles. Ahora, un descubrimiento inesperado ha cambiado ese panorama. Un pequeño fósil, aparentemente modesto y atrapado en roca dura, ha resultado ser uno de los hallazgos más importantes de los últimos años: un nuevo dinosaurio juvenil que ha permitido mirar, literalmente, dentro de la piedra.

El protagonista de esta historia es Doolysaurus huhmini, una nueva especie descrita en la revista científica Fossil Record, tal y como ha revelado el propio estudio . Su nombre, lejos de ser casual, conecta ciencia y cultura popular: rinde homenaje a “Dooly”, un icónico personaje animado surcoreano. Pero más allá de lo simpático del nombre, este pequeño dinosaurio está ofreciendo pistas cruciales sobre la evolución de los dinosaurios en Asia durante el Cretácico.

El hallazgo se produjo en la isla de Aphae, en el suroeste de Corea del Sur, una zona ya conocida por sus fósiles, aunque hasta ahora dominada por restos indirectos como huellas. El descubrimiento inicial parecía modesto: algunos huesos de las patas y vértebras. Sin embargo, lo que escondía el bloque de roca superaba cualquier expectativa.

Fue gracias a una técnica clave —la tomografía computarizada de rayos X— como los investigadores pudieron “ver” el interior del fósil sin destruirlo. Tal y como indica el paper, este análisis permitió identificar partes del cráneo, algo inédito hasta ahora en dinosaurios coreanos, y reconstruir un esqueleto parcial sorprendentemente completo.

Un dinosaurio pequeño, joven y con muchas sorpresas

Lo que más llamó la atención de los científicos no fue solo la especie en sí, sino su edad. El ejemplar analizado era un individuo juvenil, probablemente de entre cero y dos años. Esta conclusión no es una suposición: se basa en análisis histológicos del hueso del fémur, que revelaron patrones de crecimiento típicos de animales en desarrollo.

Los coautores del estudio, Minguk Kim (a la izquierda) y Hyemin Jo, durante las
primeras fases del hallazgo y los trabajos de excavación del fósil de Doolysaurus.
 Foto: Jongyun Jung
El tamaño del animal también resulta revelador. En vida, este dinosaurio apenas alcanzaba el tamaño de un pavo, aunque los investigadores estiman que un adulto podría haber duplicado esa longitud. Su cuerpo ligero y bípedo lo sitúa dentro de los llamados tescelosáuridos, un grupo de dinosaurios pequeños que habitaban tanto Asia como América del Norte durante el Cretácico.

Pero hay otro detalle fascinante: todo apunta a que podría haber tenido una cobertura de filamentos, una especie de “proto-plumaje” que recuerda a una capa de pelusa. Este rasgo, cada vez más documentado en dinosaurios pequeños, refuerza la idea de que las plumas o estructuras similares eran más comunes de lo que se pensaba.

La pista clave: piedras en el estómago

Uno de los elementos más intrigantes del fósil es la presencia de gastrolitos: pequeñas piedras que el animal ingería para facilitar la digestión. Este hallazgo no solo aporta información sobre su biología, sino también sobre su dieta.

Tal y como señala el estudio, la forma y proporción de estos gastrolitos sugieren que Doolysaurus no era estrictamente herbívoro, sino probablemente omnívoro . Es decir, combinaba plantas con insectos o pequeños animales. Este dato resulta especialmente interesante porque amplía lo que sabemos sobre la diversidad ecológica de los dinosaurios pequeños.

Además, los propios gastrolitos fueron clave para el descubrimiento. Su presencia, junto a la disposición de algunos huesos, hizo sospechar a los investigadores que el fósil podía estar más completo de lo que parecía. Esa intuición fue la que llevó a realizar el escaneo por rayos X que terminó revelando el resto del esqueleto oculto.

Uno de los aspectos más relevantes de este descubrimiento es el papel de la tecnología. Tradicionalmente, extraer fósiles de roca dura puede llevar años —incluso décadas— de trabajo manual. Sin embargo, en este caso, la tomografía permitió acelerar el proceso y obtener una visión completa en cuestión de meses.

Los propios investigadores subrayan la importancia de estas técnicas para estudiar fósiles delicados o inaccesibles, especialmente en contextos donde los restos están incrustados en matrices muy compactas. En el caso de Corea del Sur, esto podría suponer una auténtica revolución.

Durante años, la escasez de esqueletos completos en la región se ha atribuido a condiciones geológicas desfavorables para la conservación. Sin embargo, este hallazgo sugiere otra posibilidad: que muchos fósiles estén simplemente ocultos en la roca, esperando a ser descubiertos mediante tecnologías no invasivas.

Un rompecabezas evolutivo que empieza a encajar

Más allá del hallazgo en sí, Doolysaurus huhmini tiene implicaciones importantes para entender la evolución de los dinosaurios ornitisquios. Los análisis filogenéticos realizados en el estudio sitúan a esta especie dentro de los tescelosáuridos, un grupo considerado “primitivo” dentro de su linaje.

Representación de la anatomía esquelética de un ejemplar juvenil de Doolysaurus
huhmini, en la que se destacan los huesos fósiles recuperados junto al animal.
Fuente: Janet Cañamar
Esto refuerza la hipótesis de que Asia pudo haber sido un centro importante de diversificación temprana para este grupo de dinosaurios. De hecho, el hecho de que varios tescelosáuridos asiáticos aparezcan en posiciones basales del árbol evolutivo sugiere un origen regional más complejo de lo que se pensaba.

Además, el descubrimiento contribuye a equilibrar la imagen de la paleontología coreana. Hasta ahora, el registro fósil estaba dominado por rastros indirectos, pero este nuevo espécimen demuestra que la diversidad de dinosaurios en la región pudo ser mucho mayor.

Corea del Sur, un territorio por explorar

El caso de Doolysaurus abre una puerta a futuras investigaciones. Si un fósil aparentemente insignificante ha resultado ser una nueva especie con restos craneales —los primeros identificados en el país—, ¿qué más podría estar escondido bajo la superficie?

Los investigadores son optimistas. Tal y como ha adelantado el equipo en sus conclusiones, es probable que en lugares como la isla de Aphae existan más fósiles esperando ser descubiertos. Y no solo de dinosaurios: también huevos, nidos e incluso nuevas especies.

Este descubrimiento no solo añade un nuevo nombre al catálogo de dinosaurios, sino que cambia la forma en que los científicos miran el subsuelo coreano. Lo que antes parecía un registro incompleto, ahora se perfila como un archivo oculto de biodiversidad prehistórica.

En definitiva, Doolysaurus huhmini no es solo un dinosaurio “adorable” con nombre de dibujo animado. Es una pieza clave en un rompecabezas mucho mayor, uno que apenas empieza a resolverse gracias a la combinación de tecnología, intuición científica y, por qué no, un toque de cultura popular.

Referencias

Jung J, Kim M, Jo H, Clarke JA (2026) A new dinosaur species from Korea and its implications for early-diverging neornithischian diversity. Fossil Record 29(1): 87-113. DOI: 10.3897/fr.29.178152

muyinteresante.okdiario.com

Excavan un terreno en Brasil y encuentran restos biológicos de un gigante que vivió hace 130 millones de años

'Dasosaurus tocantinensis'

Se estima que el animal alcanzó los 20 metros de largo. Prueba de ello es que uno de sus fémures alcanza los 1,5 metros

Imagen aérea en la que se aprecian las dimensiones de 'Dasosaurus tocantinensis'
 (Reuters)
Un equipo de científicos ha desenterrado en Brasil los restos fósiles de un dinosaurio gigante que vivió hace unos 130 millones de años, según un estudio publicado en la revista Journal of Systematic Palaeontology, revelando nuevas claves sobre la evolución y expansión de estos colosos prehistóricos. 

El hallazgo se produjo durante unas excavaciones vinculadas a trabajos de infraestructura en la región de Maranhão, donde los investigadores comenzaron a identificar fragmentos óseos de gran tamaño que, con el paso de los días, confirmaron la presencia de un animal de dimensiones excepcionales. Los restos pertenecen a una nueva especie bautizada como Dasosaurus tocantinensis, considerada una de las más grandes descubiertas hasta la fecha en el país sudamericano.

Su identificación ha sido posible gracias al análisis detallado de varias piezas clave del esqueleto. Entre ellas destaca un fémur de aproximadamente 1,5 metros, una medida que permitió a los paleontólogos estimar que el dinosaurio alcanzaba cerca de 20 metros de longitud, situándolo entre los gigantes de su ecosistema.

Un descubrimiento clave para entender la prehistoria

"A medida que avanzaban las excavaciones, comenzamos a ver la evidencia de ese enorme hueso, que es el fémur", explicó a Reuters el paleontólogo Leonardo Kerber, quien participó en la investigación. Este indicio fue determinante para confirmar el tamaño colosal del animal.


"Esto indica que era un dinosaurio muy grande. Hoy sabemos que Dasosaurus está entre los mayores dinosaurios encontrados en Brasil", añadió el experto. El estudio, liderado por Elver Mayer de la Universidad Federal del Valle del São Francisco, también ha permitido establecer conexiones evolutivas entre esta especie y otros dinosaurios hallados en Europa, lo que abre nuevas líneas de investigación.

Conexiones entre continentes hace millones de años

Según el análisis científico, Dasosaurus tocantinensis sería el pariente más cercano conocido de Garumbatitan morellensis, una especie descrita en España, lo que refuerza la teoría de que existieron rutas terrestres entre continentes hoy separados. De hecho, los investigadores sostienen que este linaje podría haberse originado en Europa y desplazado hacia lo que hoy es Sudamérica hace unos 130 millones de años, probablemente a través del norte de África, antes de que el océano Atlántico se abriera por completo. El nombre de la especie hace referencia tanto a la región del hallazgo como al río Tocantins, una importante vía fluvial cercana al yacimiento. Este tipo de denominación refleja la conexión entre el entorno geográfico y la historia evolutiva del espécimen. Algo que no solo amplía el catálogo de dinosaurios conocidos, sino que también aporta nuevas evidencias sobre la distribución global de especies prehistóricas y los procesos geológicos que moldearon la Tierra tal y como se conoce hoy.

elconfidencial.com

jueves, 19 de marzo de 2026

Descubierto un tiranosaurio descomunal que reubica el origen de estos depredadores: “Fue el más grande de su época”

La tibia de dinosaurio pertenece a un ejemplar enorme de una especie aún indeterminada. Su tamaño y ubicación refuerza la idea de que surgieron en el sur del actual Estados Unidos

Recreación del Parasaurolophus, en el actual Nuevo México, durante el
Cretácico tardío, hace 74-75 millones de años. / Chase Stone
 
Casi un metro de pata puede decir mucho de un dinosaurio. Una tibia de 96 centímetros de largo –como una guitarra española estándar– con 12,8 de diámetro –como un plato de postre– revela que debió soportar unas cinco toneladas de peso. Su forma y estructura cuentan que perteneció a la gran familia del Tyrannosaurus rex; los tiranosáuridos. El sitio donde apareció, la formación Kirtland, en Nuevo México, Estados Unidos, confirma que hace 74 millones de años, mucho antes del primer rey tirano, ya había tiranosaurios gigantes en el sur de Norteamérica.

“Fue el más grande de su época”, destaca Lucas Spencer, investigador del Museo de Ciencias e Historia Natural de Nuevo México y uno de los autores del artículo que se publica en Scientific Reports. El individuo al que pudo pertenecer la tibia de Kirtland ya pesaba lo mismo que un T.rex promedio. Era casi tan grande como el mayor tiranosaurio conocido hasta ahora, hallado en 1990 en Dakota del Sur, con más de 12 metros de largo y entre 8 y 14 toneladas. En comparación, la nueva tibia era un 16% más corta y un 22% más delgada.

Recreación de estos nuevos tiranosaurios. / ALAINA WIWI,
 Museo de Historia Natural y Ciencias de Nuevo México
Mientras en el norte del actual Estados Unidos, sus colegas mantenían formas más ligeras y gráciles, en el sur, el ecosistema ya estaba produciendo reptiles colosales. El tamaño importa, en este caso, porque hasta ahora el enfoque paleontológico dominante situaba el culmen del gigantismo de los tiranosaurios cerca de su extinción, hace unos 66 a 68 millones de años, con el célebre T. rex. Este nuevo ejemplar demuestra, sin embargo, que el tamaño descomunal ya era una realidad ocho millones de años antes.

Además, “los dinosaurios grandes suelen ser los extremos de sus líneas evolutivas, por lo que los animales de gran tamaño nos revelan información importante sobre su historia”, resalta Spencer. La enormidad era el destino inevitable de los tiranos del norte. Este hallazgo “apoya la idea de que los tiranosaurios avanzados evolucionaron hacia grandes tamaños y este espécimen sugiere que esta tendencia ocurrió en una ventana de tiempo geológicamente más antigua de lo que se había apreciado”, advierte Fiorillo, coautor del estudio y director del Museo de Historia Natural y Ciencias de Nuevo México.

El origen de la tiranía

La comunidad científica debate si los tiranosaurios se originaron en Norteamérica o en Asia, desde donde cruzaron al otro lado cuando era posible hacerlo a pie (o, mejor, a pata). Los autores de este estudio se inclinan por la primera opción. No cierran la discusión, pero con este hallazgo en mano, exigen mejores explicaciones para el sustento de la hipótesis migratoria. “Este descubrimiento demuestra que los modelos de origen asiático deben explicar ahora la existencia de este gran tiranosaurio en Nuevo México”, advierte el estudio.

“Presumiblemente, tuvo ancestros más pequeños y la evolución de un tiranosaurio tan grande llevó algún tiempo. Por lo tanto, esto podría retrasar el origen de los tiranosaurios, y la ubicación del fósil en el sur de Norteamérica podría indicar que la evolución temprana de los tiranosaurios (y su origen) tuvo lugar en el sur de Norteamérica”, asegura Spencer.

La cuna de los tiranos estuvo, para ellos, en un continente perdido: Laramidia. Una isla separada por un mar occidental interior de Appalachia, la masa insular con la que finalmente se unió para formar la actual Norteamérica.

Aquel paisaje prehistórico húmedo y barroso que pisaron esos animales magnánimos es ahora un desierto de monumentales rocas surrealistas. En ese paisaje daliniano, en 1970, Lucas Spencer, entonces estudiante, encontró el fósil que hoy publica junto a Nicholas Longrich, Sebastian Dalman y Anthony R. Fiorillo.

“Existe una buena datación por cenizas, tanto por encima como por debajo de la localización. Por lo tanto, podemos estar seguros de que el espécimen es geológicamente más antiguo que otros miembros de los Tyrannosaurini”, reafirma Fiorillo.

La tibia, una pista caliente

Lo que este fósil calla, por ahora, es su historia familiar. “Con el único hueso que tenemos, adoptamos un enfoque conservador y no nombramos una nueva especie, aunque en nuestro artículo reconocimos que si se encuentran elementos esqueléticos adicionales, este espécimen podría terminar siendo una nueva especie”, anticipa Fiorillo. Sin embargo, ya hay algo claro. “Es un pariente cercano del T.rex”, asegura Spencer.

A Fiorillo, le entusiasman las dudas. “Hemos documentado dinosaurios realmente grandes en rocas más antiguas aquí en Nuevo México. Necesitamos comprender mejor el porqué. Esa es la parte divertida de la ciencia: generar nuevas preguntas con cada nuevo descubrimiento”.

Spencer espera que eso ocurra pronto. “Debe haber más fósiles de este tiranosaurio esperando ser descubiertos”.

elpais.com

Un estudio revela que los dinosaurios incubaban sus huevos de manera muy distinta a la de las aves modernas

  • Una investigación comprobó que los oviraptores se valían de un medio alternativo para calentar sus huevos.
  • Similitudes y diferencias con el método de incubación de las aves actuales.
Los oviraptores vivieron hace entre 70 y 66 millones de años.
Foto: captura video (Mostoc Documentales Cortos) Imagen: 1/3
Un grupo de expertos de Taiwán realizó una investigación sobre oviraptores, dinosaurios parecidos a las aves pero no voladores que vivieron hace entre 70 y 66 millones de años, para averiguar la transferencia de calor e inferir los patrones de eclosión de sus huevos, y luego compararon los resultados con el ciclo de reproducción de las aves modernas.

Para ello, simularon una parte de un tipo de dinosaurio de esta familia, y también sus huevos.

Las conclusiones alcanzadas demostraron la particular forma de incubar que tenían estos animales, bastante diferente a la de las aves que conocemos hoy día.

Un estudio revelador: así incubaban sus huevos los dinosaurios oviraptores

En una investigación reciente, cuyos resultados fueron publicados este 17 de marzo en la revista Frontiers in Ecology and Evolution, científicos de Taiwán examinaron el comportamiento de incubación y los patrones de eclosión de los oviraptores.

Para ello, elaboraron una incubadora que recreó el tronco de un oviraptor Heyuannia huangi, y también replicaron sus huevos.

Los expertos replicaron huevos de un oviraptor. Foto: Chun-Yu Su Imagen: 2/3
Se estima que este dinosaurio medía alrededor de 1,5 metros de largo y pesaba aproximadamente 20 kilogramos, y construía nidos semiabiertos formados por varios anillos de huevos.

El tronco del Heyuannia huangi en incubación se fabricó con espuma de poliestireno y madera para la estructura ósea, y algodón, papel de burbujas y tela para el tejido blando. Los huevos se moldearon con resina de fundición.

En las dos nidos utilizados en los experimentos, los huevos se dispusieron en anillos dobles, siguiendo la disposición de las nidadas reales de oviraptores.

“Parte de la dificultad reside en reconstruir la incubación de los oviraptores de forma realista”, dijo Chun-Yu Su, uno de los investigadores. “Por ejemplo, sus huevos son diferentes a los de cualquier especie viva, así que inventamos los huevos de resina para que se parecieran lo mejor posible a los reales de los oviraptores”, agregó.

Una vez elaborado el modelo de prueba, los científicos realizaron experimentos para determinar si la presencia de un adulto incubador o las diferentes circunstancias ambientales podían influir en los patrones de eclosión.

Así, descubrieron que, a temperaturas más frías, cuando un adulto incubador cuidaba el nido, las temperaturas de los huevos en el anillo exterior diferían hasta en 6 °C, lo que podría haber dado lugar a una eclosión asincrónica, un patrón en el que los huevos del mismo nido se rompen en momentos diferentes.

En condiciones más cálidas, la diferencia en las temperaturas de los huevos en el anillo exterior era de tan solo 0,6 °C, lo que sugiere que los oviraptores que vivieron en condiciones más calurosas podrían haber mostrado un patrón diferente de eclosión asincrónica, ya que podían utilizar el sol como una fuente de calor adicional y potente.

Por esto último, los investigadores concluyeron que es probable que los oviraptores se sentaran sobre su nidada, pero que no abarcaban todos los huevos y que, en consecuencia, los que quedaban por fuera de su cobijo dependían de la temperatura ambiental.

“Supuestamente, utilizaban el calor del sol o del suelo para incubar sus huevos, como las tortugas. Dado que las nidadas de los oviraptores estaban expuestas al aire, el calor del sol probablemente era mucho más importante que el calor del suelo”, explicó el Tzu-Ruei Yang, autor principal del estudio.

Oviraptores y aves modernas: una forma muy diferente de incubación

Tras los resultados, los expertos compararon la eficiencia de incubación de los oviraptores con la de las aves modernas.

La incubadora recreada por lo científicos. Foto: Crédito: Chun-Yu Su Imagen: 3/3

La mayoría de las aves utilizan la incubación por contacto termorregulador (TCI, por su sigla en inglés), donde los adultos se sientan directamente sobre los huevos para transferir calor.

La TCI requiere tres requisitos previos: el ave adulta debe estar en contacto con cada huevo, ser la principal fuente de calor y mantener todos los huevos dentro de un rango de temperatura limitado, lo cual los oviraptores no cumplían, ya que, por ejemplo, la disposición de sus huevos impedía que el adulto hiciera contacto completo con todos los huevos de la nidada.

"Es posible que los oviraptores no pudieran realizar la incubación controlada como las aves modernas", afirmó Chun-Yu Su. En cambio, estos dinosaurios y el sol podrían haber actuado como co-incubadores, un comportamiento de incubación menos eficiente que el de las aves modernas.

Sin embargo, de acuerdo con el estudio, la combinación de la incubación en adultos y una fuente de calor ambiental —quizás una adaptación conductual asociada a la evolución de nidos enterrados a semiabiertos— no es necesariamente peor.

“Las aves modernas no son ‘mejores’ incubando huevos. En cambio, las aves actuales y los oviraptores tienen una forma muy diferente de incubación o, más específicamente, de crianza”, Nada es mejor ni peor. Simplemente depende del entorno”, señaló Yang.

Por último, el equipo aclaró que sus hallazgos son específicos del nido reconstruido y están limitados por el hecho de que el clima actual no se asemeja al del Cretácico Superior, lo que pudo haber afectado los resultados.

jueves, 12 de marzo de 2026

¿Sabía nadar el Spinosaurus? La ciencia continúa buscando respuestas

Algunos lo veían como un depredador que cazaba desde la orilla. Otros lo describían como un auténtico “monstruo de río”.

Un nuevo fósil hallado en Níger ha reavivado la discusión. Se trata de una cresta ósea curvada, con forma de cimitarra, que pertenecía a una nueva especie llamada Spinosaurus mirabilis. Vivió hace unos 95 millones de años en un ecosistema fluvial del Sahara, cuando esa zona estaba llena de ríos.


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