domingo, 22 de febrero de 2026

Así era el “cocodrilo galgo”, el reptil que corría en tierra firme hace 215 millones de años

Un grupo de paleontólogos identificó en Inglaterra los restos de un animal prehistórico que habitaba zonas secas y cazaba desplazándose con rapidez

Nuevo hallazgo paleontológico describe un reptil terrestre del Triásico en el
suroeste de Inglaterra (The Anatomical Record)
Hace más de doscientos millones de años, en lo que hoy es el suroeste de Inglaterra, un pequeño depredador recorría con agilidad las tierras secas, lejos de los pantanos y ríos donde hoy asociamos a los cocodrilos. El hallazgo y estudio de sus restos han permitido a la ciencia identificar una nueva especie de reptil terrestre del Triásico, Galahadosuchus jonesi, que desafía la imagen tradicional de los cocodrilos. Así lo informaron investigadores británicos en un trabajo publicado en The Anatomical Record.

El fósil de Galahadosuchus jonesi fue recuperado en 1969 en la cantera de Cromhall, condado de Gloucestershire, pero permaneció décadas sin ser correctamente clasificado. Este animal ha sido apodado el “cocodrilo galgo” por su constitución ligera, sus patas largas y su capacidad para correr en tierra firme. Su identificación como una especie diferente se logró tras un análisis anatómico minucioso y el uso de nuevas tecnologías, como escaneos por tomografía computarizada.

El nombre del género, Galahadosuchus, hace referencia al caballero de la leyenda artúrica, en alusión a la postura erguida del animal, mientras que el epíteto jonesi rinde homenaje a David Rhys Jones, un profesor galés que inspiró a uno de los autores del estudio. “El primer capítulo de mi tesis es nombrar una nueva especie de cocodrilo fósil, y la estoy nombrando por usted”, contó Ewan Bodenham, paleontólogo principal.

La vida en las fisuras del Triásico

El Triásico tardío fue un periodo de intensos cambios, cercano a una de las mayores extinciones masivas de la historia de la Tierra. En esa época, el área del canal de Bristol era un paisaje árido y elevado, muy diferente del actual. Los depósitos fósiles se formaron en grietas de piedra caliza, conocidas como “fissure deposits”, que atraparon restos de una fauna diversa. “Las fisuras del Triásico tardío–Jurásico temprano del área del canal de Bristol (suroeste de Inglaterra y sur de Gales) son reconocidas por sus diversas faunas de vertebrados”, resumió el artículo científico.

En estos yacimientos han aparecido dinosaurios primitivos, reptiles planeadores, pequeños mamíferos y otros arcosaurios. Galahadosuchus convivió con especies como Thecodontosaurus y su pariente cercano Terrestrisuchus, pero presentaba diferencias clave que justifican su estatus de género y especie propia.

Anatomía de un corredor terrestre

El fósil fue descubierto en 1969 en Gloucestershire pero permaneció
 sin clasificar durante décadas (The Anatomical Record).
El esqueleto analizado incluye vértebras, costillas, partes de las extremidades y placas óseas llamadas osteodermos. La comparación con otros fósiles y un análisis evolutivo de casi 40 especies permitieron identificar 13 características anatómicas únicas. Entre ellas destacan las proporciones de los huesos del antebrazo, la forma del fémur y la estructura de la muñeca y el tobillo.

“Mi proyecto de doctorado consiste en estudiar las relaciones evolutivas de estos primeros cocodrilos”, explicó el paleontólogo. Los resultados muestran que Galahadosuchus poseía una postura erguida y una locomoción eficiente sobre tierra firme.

Varias características anatómicas indican que Galahadosuchus era un cuadrúpedo terrestre altamente esbelto y cursorial, con postura erguida. La robustez y longitud de sus huesos, junto a la disposición de las extremidades bajo el cuerpo, confirman que este animal estaba adaptado para desplazarse rápidamente en busca de presas pequeñas.

Diversidad y experimentación evolutiva

Galahadosuchus pertenece al grupo de los Saltoposuchidae, un clado de cocodrilomorfos primitivos que ya mostraba una diversidad ecológica considerable. Hasta ahora, se pensaba que estos reptiles eran bastante homogéneos, pero la diferencia en la estructura de las extremidades y los carpos sugiere que incluso entre especies cercanas existían especializaciones distintas para la locomoción.

Galahadosuchus jonesi ha sido apodado "cocodrilo galgo" por su cuerpo
ligero y patas largas (Imagen ilustrativa Infobae)
La presencia de este “reptil galgo” junto a otros depredadores terrestres muestra que, antes de la gran extinción que marcó el final del Triásico, los antepasados de los cocodrilos modernos ya experimentaban con formas y estilos de vida muy variados. Estos animales eran altamente gráciles, pequeños y construidos para el sprint, más cerca del tamaño de un gato que de un cocodrilo actual.

A diferencia de los actuales cocodrilos, adaptados al acecho acuático, sus ancestros incluían depredadores ágiles que recorrían paisajes áridos. El descubrimiento de Galahadosuchus jonesi amplía la imagen de los cocodrilos como grupo y recuerda la importancia de revisar fósiles olvidados en colecciones. El espécimen permaneció en una colección durante décadas antes de que un reanálisis cuidadoso y técnicas modernas de imagen revelaran que era algo completamente nuevo.

Las investigaciones en yacimientos como el de Cromhall continúan aportando pistas sobre la evolución de los grandes grupos de reptiles y sobre la vida en la Tierra antes de que los dinosaurios dominaran el planeta.

infobae.com

sábado, 21 de febrero de 2026

Descubierto un dinosaurio con espinas en la piel

Una cría de iguanodonte del Cretácico temprano tenía espinas huecas por toda la piel, una anatomía jamás vista antes en un dinosaurio

Las pieles y plumas fosilizadas han cambiado nuestra idea de cómo eran los dinosaurios, que en las películas siempre aparecen cubiertos de escamas como los reptiles modernos. Sabíamos de filamentos tipo pluma en terópodos y de osteodermos (placas de hueso) en anquilosaurios. En los ornitópodos e iguanodontes, en cambio, las evidencias de estructuras externas complejas eran escasas.

El Iguanodon fue un género de ornitópodo herbívoro grande que vivió en Europa durante el Cretácico inferior, hace unos 130-120 millones de años. Medía hasta 12-13 metros de largo y pesaba cerca de 3 toneladas. Destacaba por su uña cónica en el pulgar para defensa y sus dientes similares a los de una iguana.

El hallazgo de un ejemplar juvenil con piel excepcionalmente conservada en China añade una pieza llamativa al puzle: un recubrimiento de espinas cutáneas huecas, con posible función defensiva, térmica o sensorial, que obliga a repensar todo el grupo al que pertenece.

Un dinosaurio bebé espinoso como un erizo

The authors of the study examining the fossil of Haolong dongi at the
 Anhui Geological Museum in Hefei, China. Credit: Thierry Hubin
El protagonista del trabajo es Haolong dongi, un nuevo iguanodonte descrito a partir de restos de piel fosilizada de hace 125 millones de años. El equipo observó, con escáneres de rayos X y cortes histológicos de alta resolución, células y tejidos blandos preservados a nivel celular. Esa resolución permitió identificar la arquitectura de unas “espinas cutáneas” huecas distribuidas por buena parte del cuerpo. Se trataría de apéndices epidérmicos, no huesos, y no se parecen a nada documentado hasta ahora en dinosaurios. Los autores comparan su papel disuasorio con el de los puercoespines, aunque no descartan que también ayudasen a disipar calor o a detectar estímulos del entorno.

La muestra pertenece a un individuo juvenil, así que aún no se sabe si los adultos mantenían las espinas o si cambiaban con la edad. Esa incertidumbre abre preguntas sobre crecimiento y comportamiento. Si servían sobre todo para defensa, quizá las crías, más vulnerables a pequeños terópodos, las necesitaban más que los adultos. Si facilitaban la termorregulación, podrían indicar hábitos de actividad o microhábitats concretos. Y si actuaban como sensores, hablaríamos de un “sexto sentido” táctil en un herbívoro que vivía rodeado de depredadores. Todas estas hipótesis, explican los investigadores, exigen nuevos hallazgos que cubran otras fases de desarrollo.

El nombre de la especie rinde homenaje al paleontólogo chino Dong Zhiming, figura clave en el estudio de los dinosaurios del país. En las imágenes del equipo se ve el fósil examinado en el Anhui Geological Museum, en Hefei. Allí, los autores documentaron la distribución de espinas a lo largo del tegumento y tomaron las muestras que, tras preparación cuidadosa, revelaron su naturaleza hueca en el microscopio. Que la preservación alcance el nivel celular en tejidos blandos tan delicados es raro, y suele deberse a un enterramiento rápido y a condiciones geoquímicas que frenan la descomposición. Este yacimiento, por su estado de conservación, promete más sorpresas.

El artículo, publicado  en Nature Ecology & Evolution, está firmado por Jiandong Huang y un consorcio internacional que incluye a investigadores del CNRS y centros chinos. El título lo dice todo: “Cellular-level preservation of cutaneous spikes in an Early Cretaceous iguanodontian dinosaur”. La combinación de tomografía de rayos X y secciones histológicas valida el diagnóstico de espinas epidérmicas, y no de estructuras óseas, algo crucial para interpretar su función y su evolución dentro de Iguanodontia, un clado con 200 años de historia que todavía reserva giros inesperados.

Más allá del asombro, el hallazgo recuerda que los dinosaurios exploraron soluciones anatómicas muy variadas. Un herbívoro con espinas huecas, quizá erizables, suena extravagante, pero encaja con un mundo en el que la selección natural probó combinaciones que apenas estamos empezando a ver. Aquí, la piel habla con voz propia.

REFERENCIA

Cellular-level preservation of cutaneous spikes in an Early Cretaceous iguanodontian dinosaur (Nature)

quo.eldiario.es

Huellas de dinosaurios aparecen en la costa de Sudáfrica y obligan a reimaginar cómo era el sur de Gondwana hace 132 millones de años

Un conjunto de pisadas fósiles halladas junto al litoral sudafricano está revelando cómo se movían y convivían distintos dinosaurios en un paisaje muy diferente al actual. No son huesos, pero cuentan una historia sorprendentemente detallada del Cretácico temprano.

© David Stapleton / Wikimedia.
No hacen falta esqueletos gigantes para asomarse al mundo de los dinosaurios. A veces basta con una serie de pasos grabados en la roca para reconstruir un paisaje perdido. En la costa de Sudáfrica, un grupo de paleontólogos ha identificado huellas fósiles de unos 132 millones de años de antigüedad que ofrecen una ventana directa a cómo se movían estos animales en el Cretácico temprano, cuando la región formaba parte del supercontinente Gondwana y el entorno era muy distinto al actual.

El hallazgo no se produjo en un desierto remoto ni en una cantera aislada, sino junto al litoral. La erosión marina dejó al descubierto una superficie rocosa con impresiones sorprendentemente bien conservadas. Donde hoy rompen las olas, hace más de cien millones de años transitaban dinosaurios de diferentes tamaños y modos de vida.

Lo que cuentan las huellas cuando no hay huesos

© South African Journal of Science.
Las huellas fosilizadas —conocidas como icnofósiles— tienen una ventaja frente a los restos óseos: capturan momentos concretos de la vida cotidiana de animales extinguidos. No hablan de cómo era un dinosaurio por dentro, sino de cómo se movía, a qué ritmo caminaba, si iba solo o acompañado y qué tipo de terreno pisaba.

En este caso, algunas impresiones muestran tres dedos bien definidos, una firma clásica de los terópodos, dinosaurios carnívoros bípedos. Otras huellas, más anchas y redondeadas, sugieren la presencia de herbívoros de mayor tamaño o de individuos juveniles de especies más corpulentas. El conjunto apunta a un ecosistema compartido, con distintos tipos de dinosaurios utilizando el mismo espacio en momentos cercanos en el tiempo.

Un Gondwana húmedo, no el paisaje árido actual

© South African Journal of Science.
Uno de los aspectos más interesantes del descubrimiento es el contexto ambiental, según el estudio publicado en South African Journal of Science. La Sudáfrica del Cretácico temprano no se parecía al paisaje costero actual. Formaba parte de Gondwana, un supercontinente que reunía a Sudamérica, África, la Antártida, Australia y la India. Las condiciones climáticas eran más húmedas y los sistemas fluviales y costeros generaban entornos fértiles.

Que los dinosaurios caminaran por zonas cercanas al agua sugiere que estos ambientes eran corredores naturales de desplazamiento y posiblemente áreas ricas en recursos. No eran solo puntos de paso ocasional, sino partes integradas del territorio que estos animales exploraban de forma habitual.

Por qué las huellas costeras son tan valiosas

© South African Journal of Science.
Sudáfrica es conocida por su riqueza fósil en regiones interiores, pero los registros de huellas en entornos costeros son menos frecuentes. El movimiento constante del mar, la erosión y los cambios geológicos hacen que este tipo de evidencias se pierdan con facilidad. Encontrar icnofósiles bien conservados junto al litoral es casi una anomalía geológica.

Para los investigadores, esto amplía el mapa de distribución de los dinosaurios en el hemisferio sur y aporta datos sobre cómo interactuaban con ambientes dinámicos, no solo con llanuras interiores o zonas boscosas. Es una pieza más para entender la complejidad de los ecosistemas del Cretácico temprano en Gondwana.

Pasos que vuelven a poblar el paisaje

Las huellas no tienen dientes ni colas, pero tienen algo que los huesos no siempre ofrecen: movimiento. Permiten imaginar a esos animales caminando por la orilla de antiguos cursos de agua, cruzándose con otros individuos y dejando atrás marcas que, millones de años después, vuelven a salir a la luz.

En un tiempo en el que gran parte del registro fósil ya parece conocido, descubrimientos como este recuerdan que la historia de los dinosaurios no está cerrada. A veces, el pasado no aparece en forma de esqueleto completo, sino como una serie de pasos silenciosos que nos obligan a reimaginar cómo era el mundo cuando esos gigantes todavía caminaban por lo que hoy es una costa oceánica.

Los dinosaurios eran 'ingenieros' y su extinción provocó una metamorfosis radical de la Tierra. Y no fue culpa del meteorito

La desaparición masiva de los grandes herbívoros provocó cambios profundos en el paisaje. La Tierra era muy diferente antes del meteorito

SERPEBLU
Hace 66 millones de años, el impacto de un meteorito en lo que actualmente es la península de Yucatán, México, provocó la extinción de los dinosaurios. Un impacto colosal de un objeto que, según las teorías más afianzadas, medía entre 10 y 15 kilómetros de diámetro y que generó el cráter de Chicxulub, de entre 180 y 200 kilómetros y cuyo centro se ubica bajo el mar. Sin embargo, según un estudio publicado en la revista Nature Communications Earth & Environment, ese cuerpo celeste no estuvo relacionado directamente con ciertos cambios que la Tierra experimentó en los años posteriores, los cuales llegaron a modificar su superficie casi por completo.

El trabajo ha sido liderado por Luke Weaver junto a su equipo de investigadores de la Universidad de Michigan y se centró en las formaciones rocosas de la cuenca de Bighorn y en Williston, Estados Unidos. Los datos que obtuvieron parecen demostrar que, tras la colisión del asteroide, los sistemas fluviales pasaron de ser llanuras de inundación inestables a convertirse en cauces profundos con meandros definidos y estables gracias al auge de la vegetación.

Tradicionalmente, se pensaba que estos cambios en los sedimentos de la formación Hell Creek eran consecuencia directa de variaciones climáticas o un aumento de las lluvias tras el cataclismo. Sin embargo, el equipo de Weaver sostiene que el factor determinante fue la eliminación de los dinosaurios, quienes actuaban como auténticos ingenieros dentro de los ecosistemas al pisotear y consumir de forma masiva los brotes de árboles jóvenes.

El impacto en los ecosistemas

Por ejemplo, los grandes ejemplares como el Triceratops, que llegaba a pesar más de 10 toneladas, ejercían una presión constante sobre la flora, lo que impedía la consolidación de bosques densos. “Estos seres eran verdaderos monstruos si se comparan con los grandes herbívoros que tenemos hoy”, indicó Weaver al respecto. Para hacernos una idea, el mamífero terrestre más grande del mundo actual, que es el elefante africano de sabana, alcanza un máximo de 7.500 kg.

En cualquier caso, la estabilidad derivada de la extinción de los dinosaurios permitió que el agua se concentrara en canales fijos, formando depósitos de barras de arena que en algunos puntos superan los diez metros de espesor. El investigador explica que mientras los dinosaurios vagaban derribando la vegetación, los ríos se desbordaban con regularidad. Pero una vez extintos, las raíces atraparon el sedimento y dirigieron el flujo hacia grandes meandros que transformaron el relieve.

Transformación de la superficie

Christopher Doughty, experto de la Universidad del Norte de Arizona, respalda esta visión al observar que en la actualidad ocurre algo similar cuando se retiran grandes animales de un entorno: “Hemos visto grandes aumentos en la cobertura arbórea en estudios modernos donde los animales grandes son eliminados de los ecosistemas”, afirmó al respecto. Y es que, sin herbívoros de gran tamaño, los árboles florecen y dominan el paisaje.

La investigación también hace hincapié en que la geología no es simplemente un escenario pasivo donde ocurre la vida, sino un elemento moldeado activamente por la biología. La transición hacia la era de los mamíferos trajo consigo una mayor presencia de lignito, un tipo de carbón mineral formado por materia vegetal acumulada. Este cambio químico en el suelo es una prueba de cómo la flora ganó la batalla por el territorio tras la extinción masiva.

A pesar del entusiasmo de los autores, especialistas como Kat Schroeder, de la Universidad de Nuevo México, llaman a la cautela antes de establecer una causalidad total. No obstante, la evidencia de los isótopos en hojas fósiles podría confirmar pronto si la estructura forestal cambió radicalmente por la ausencia de los gigantes, dejando un mundo de ríos sinuosos y bosques cerrados para las generaciones futuras.

nationalgeographic.com.es

El DINOSAURIO MÁS PEQUEÑO del mundo... ¿sigue vivo? | El descubrimiento que cambia todo

Blu Radio

Cuando pensamos en dinosaurios imaginamos gigantes como el Tyrannosaurus o el enorme Argentinosaurus. Pero un nuevo hallazgo está obligando a replantear todo lo que creíamos saber.

¿Podría el dinosaurio más pequeño del mundo seguir vivo?

El descubrimiento de FOSKEIA pelendonum abre nuevas preguntas sobre la evolución, el tamaño real de los dinosaurios y la conexión directa entre estos reptiles prehistóricos y las aves actuales.

¿Cómo se determina el tamaño cuando solo se encuentran fragmentos fósiles?

¿Dónde está el límite entre dinosaurio y ave?

¿Desaparecieron realmente… o simplemente cambiaron de forma?

La paleontología no solo excava el pasado: redefine el presente.

Déjenos su teoría en los comentarios.

youtube.com

SPINOSAURUS MIRABILIS, un nuevo espinosaurio de Niger ¡con cresta!

Quién nos iba a decir a nosotros que al embarcarnos a la #NigerEXP2022 íbamos a participar en el descubrimiento de un nuevo #Spinosaurus.


Referencia:

P. C. Sereno et al. (2026). Scimitar-crested Spinosaurus species from the Sahara caps stepwise spinosaurid radiation. Science 391, eadx5486 (2026). DOI: 10.1126/science.adx5486

Paleoarte de Dani Navarro   / playerdng  

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viernes, 20 de febrero de 2026

Hallado en el desierto del Sáhara un “maravilloso” dinosaurio de 13 metros con cresta de colores

Es la segunda especie de espinosaurio descubierta en más de un siglo

Recreación de un 'Spinosaurus mirabilis' que se alza sobre un cadáver en
la orilla de un río de hace unos 95 millones de años, en lo que hoy es el 
desierto del Sáhara en Níger. / Dani Navarro.
“No puedo creerlo”, exclama el reconocido paleontólogo estadounidense, Paul Sereno, ante el español Daniel Vidal, cuando este le muestra in situ el mayor descubrimiento de la campaña. “Es la primera vez que se encuentra material del cráneo de un Spinosaurus en más de un siglo. Es lo más frágil e imposible de hallar. Es el premio gordo”, concluye.

La escena figura en un vídeo difundido a la prensa como parte de un dossier que anuncia el descubrimiento de una nueva especie: Spinosaurus mirabilis. Es la segunda tras el hallazgo, en 1915, en Egipto, del holotipo que definió al grupo, la única hasta ayer. Este nuevo dinosaurio de espinas “maravilloso” —lo que significa mirabilis en latín— fue descubierto en 2022 en el desierto de Sahara, en Níger, y que se publica este jueves en la revista Science con un artículo firmado por 29 científicos de cinco países.

Paul Sereno posa con el cráneo reconstruido de Spinosaurus mirabilis.
 / Keith Ladzinski
Este carnívoro extinto habitó el norte de África hace unos 95 millones de años, medía unos 13 metros de largo y pesaba entre 6 y 7 toneladas. Tenía una dentadura entrelazada que funcionaba como una perfecta trampa para peces y una gran cresta sobre el cráneo en forma de cimitarra —un tradicional sable persa— que, según estiman los investigadores, habría sido de colores brillantes. Esta singularidad, junto a la típica vela dorsal que distingue a todo el grupo, confirma que era un ornamento de exhibición visual, no una estructura funcional para la caza.

La investigación comparó la morfología del cráneo del animal, las proporciones del cuello y sus extremidades posteriores, con 43 depredadores actuales y extintos. Los autores concluyen que los espinosáuridos —incluida la nueva especie— eran piscívoros que cazaban vadeando en aguas bajas, al estilo de las garzas actuales, y no depredadores acuáticos que buceaban como los cocodrilos. La lejanía de la costa, además, refuta esa teoría de que estos terópodos podrían haber sido completamente acuáticos.

Una expedición anhelada y extrema

El equipo de científicos y científicas liderados por el paleontólogo estadounidense Paul Sereno pasó tres meses en un paisaje extremo y hostil con el financiamiento principal de un donante anónimo y pequeños aportes particulares.

Casi nadie quería invertir en la arriesgada hazaña paleontológica de Sereno. La más ambiciosa de su carrera, según él mismo. Buscar fósiles de dinosaurios en uno de los sitios más inhóspitos del mundo, con 50 grados de calor bajo el sol desértico en agosto, era una inversión arriesgada para algunas instituciones científicas. Sin embargo, el legendario paleontólogo de 68 años lo tenía claro. En 2019, había recogido de allí varios fósiles y restos de una mandíbula de espinosaurio. Este científico de la Universidad de Chicago necesitaba profundizar esos descubrimientos, así que pasó los dos años de pandemia y aislamiento planificando el regreso y buscando fondos para ello. En 2022 los consiguió.

Recreación de dos 'Spinosaurus mirabilis' disputándose
un pez. / Dani Navarro.
La urbanización más próxima, Agadez, está a 300 kilómetros (unas seis horas si no se presenta ningún inconveniente imprevisto) a través de la arena sin caminos. El acceso al agua potable se limita a la capacidad del camión que pueda llegar. Los peligros incluyen mordidas de serpientes y escorpiones, tormentas de arena, intoxicaciones alimentarias, malaria, averías de todo tipo, robos y hasta golpes de Estado (como el que interrumpió el traslado de fósiles en 2023). Para ahuyentar a los cazadores de tesoros, las autoridades locales les dotaron de una guardia armada de 64 hombres que los escoltaron durante toda la excavación. Como mano derecha para esta odisea, Sereno confió en el español Daniel Vidal.

En 2019, cerca de 100 personas, entre científicos, técnicos, guardias y realizadores audiovisuales, se instalaron en el desierto para explorar, en principio, dos áreas durante tres meses. Inesperadamente, a dos semanas del final de la campaña, un tuareg se les acercó en moto para revelarles la existencia de una zona que no aparecía en los mapas y que ningún científico había visitado antes. Con esa pista llegaron, en 2022, al tercer yacimiento (Jenguebi).

Para la joven paleontóloga española Ana Lázaro esta expedición la pilló en el mejor momento posible. “Tenía la posibilidad de aceptarlo sin miramientos porque era agosto, estaba de vacaciones y acababa de terminar el máster. Tenía la vida por delante y era una oportunidad única. No lo medité mucho. A posteriori sí que pensé en los peligros, en que es una locura realmente. A lo mejor una persona en sus cabales no lo hubiera hecho, pero yo sí”.

El también español Álvaro Simarro recuerda que con solo dos años de edad ya había decidido dedicar su vida a los dinosaurios, que el espinosaurio era su favorito y que creció viendo los documentales de Sereno. “Recuerdo cuando me llegó el correo de Paul invitándome a la expedición. Fue de los momentos más felices de mi vida”. Todavía no termina de creer que, además, halló a su favorito.

María Ciudad Real fue la encargada de estudiar al detalle la peculiar cresta mediante tomografías computerizadas y creando, luego, imágenes en tres dimensiones. “Aunque no estuve exactamente allí cuando hallaron al Spinosaurus, viví con mucha emoción ese descubrimiento y tantos otros que se produjeron”, recuerda.

A Noelia Sánchez Fontela la reclutaron por su conocimiento en geología y su experiencia como excavadora. “Me uní sin ninguna universidad que me respaldase. Fue totalmente voluntario e independiente”. Su aporte fue crucial para reconstruir el ecosistema extinto de todos los animales encontrados. En el caso del espinosaurio, se supo que, si bien estaba alejado de la costa marítima, vivía rodeado de grandes ríos serpenteantes, sin conexión directa con el océano, donde abundaban los peces de agua dulce. El hallazgo, además, de grandes herbívoros da cuenta de un entorno con mucha vegetación, suficiente para alimentarlos.

Paul Sereno trabaja para abrir en Níger dos museos que exhiban los fósiles hallados luego de que terminen de estudiarlos en Chicago y sean repatriados al país africano. El plan incluye la creación de un instituto para formar museólogos, arqueólogos y paleontólogos nigerianos bajo la supervisión de su fundación, Niger Heritage.

El Spinosaurus mirabilis será uno de los dinosaurios más destacados en una serie que incluirá otros carnívoros grandes como el Carcharodontosaurus, una docena de nuevos saurópodos, un pequeño carnívoro excavador, un cocodrilo sin armadura, un pez gigante y otras nuevas especies.

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