martes, 7 de febrero de 2023

Así fue el tsunami provocado por el asteroide que extinguió a los dinosaurios

Una simulación muestra olas de hasta 4,5 km de altura que inundaron las costas de todo el planeta

A los tres minutos, el tsunami había llegado a las costas de Sudamérica.
 / NOAA / NOAA
Unos 66 millones de años atrás un asteroide cayó en el Golfo de México y alteró por completo la evolución de la vida en nuestro planeta al extinguir a los dinosaurios y abrir la puerta para la evolución de los primates. El impacto fue de tal magnitud que se calcula acabó con casi tres cuartas partes de las especies de plantas y animales del planeta. Pero también provocó un megatsunami con olas que llegaron a los 4,5 kilómetros de altura. Ahora, gracias a una simulación, podemos seguir el recorrido de este tsunami.

La animación muestra la amplitud de la ola del tsunami desde 10 minutos después del impacto hasta 48 horas después, cuando ya se había reducido su poder destructivo. Los colores de la simulación están asociados con amplitudes de onda tanto positivas (rojo) como negativas (azul), lo que evidencia cómo el océano se ondula con niveles de agua más altos y más bajos en las cuencas oceánicas. Aquí también puedes ver el vídeo.

Dos minutos y medio después del impacto del asteroide, una cortina de material expulsado empujó una pared de agua hacia afuera del lugar del impacto, formando brevemente una ola de 4,5 kilómetros de altura que se calmó cuando la eyección de material volvió a caer a la Tierra. Diez minutos después y a 220 kilómetros del punto de impacto, la ola era de 1,5 kilómetros de altura y se propagaba hacia el exterior en todas direcciones.

Para llevar a cabo esta simulación, un equipo internacional de científicos e instituciones, incluido el Laboratorio Ambiental Marino del Pacífico y el Laboratorio de Dinámica de Fluidos Geofísicos de la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica), combinaron modelos numéricos y análisis de registros geológicos para recrear el impacto global del tsunami generado por el asteroide. Este conjunto de datos presenta la primera simulación global del tsunami del impacto del asteroide Chicxulub.

El análisis numérico del evento utilizó tres modelos diferentes para reproducir la generación y propagación del tsunami. Un programa de ordenador que modela detalles de fluidos complejos, llamado hidrocódigo, simuló los primeros 10 minutos de la generación del tsunami, y luego se usaron dos modelos desarrollados por la NOAA para simular la propagación del tsunami alrededor del planeta. Además, el equipo de investigación revisó el registro geológico en más de 100 sitios en todo el mundo y encontró evidencia que respalda las predicciones de los modelos sobre la trayectoria y la potencia del tsunami. El próximo estudio realizado por el mismo equipo analizará el alcance de las inundaciones costeras causadas por este tsunami.

larazon.es

viernes, 3 de febrero de 2023

Un fósil erróneo cambia dos veces la historia del subcontinente indio

La sorprendente reinterpretación de un supuesto fósil ancestral que se encontró en 2020 en la India ha reescrito por segunda vez la historia geológica del subcontinente.   

Lo que al principio parecía un fósil de Dickinsonia era de una colmena. / 
GREGORY RETALLACK/JOE MEERT

Lo que al principio parecía un fósil de Dickinsonia (a la izquierda en la imagen) se había descompuesto y había empezado a desprenderse de la roca en pocos años (a la derecha), señal de que se trataba de algo mucho más moderno.

El hallazgo se produjo en los refugios rocosos de Bhimbetka, una serie de cuevas con arte rupestre antiguo cerca de Bhopal (India). Allí descubrieron el fósil de Dickinsonia, un animal plano, alargado y primitivo anterior a la evolución de los animales complejos. Era el primer descubrimiento de Dickinsonia en la India.

El animal vivió hace 550 millones de años, y el hallazgo parecía zanjar de una vez por todas la sorprendentemente controvertida antigüedad de las rocas que conforman gran parte del subcontinente indio. El hallazgo atrajo la atención de The New York Times, The Weather Channel y la revista Nature, así como de muchos periódicos indios.

Pero resulta que el "fósil" era un caso de identidad equivocada.   

Investigadores de la Universidad de Florida visitaron el lugar el año pasado y descubrieron que el objeto se había descompuesto considerablemente, algo poco habitual en un fósil. Es más, el lugar está poblado de nidos de abejas gigantes, y la marca descubierta por los científicos en 2020 se parecía mucho a los restos de estas grandes colmenas.

"En cuanto lo miré, pensé que algo no iba bien aquí", dijo Joseph Meert, profesor de geología de la UF y experto en la geología de la zona, en un comunicado. "El fósil se estaba despegando de la roca".   

El antiguo fósil también yacía casi vertical a lo largo de las paredes de las cuevas, lo que no tenía sentido. En cambio, según Meert, los fósiles de esta zona sólo deberían verse planos en el suelo o el techo de las estructuras de las cuevas.

Meert colaboró en la investigación con sus estudiantes de posgrado Samuel Kwafo y Ananya Singha y con el profesor de la Universidad de Rajastán Manoj Pandit. Documentaron la rápida descomposición del objeto y fotografiaron restos similares de colmenas cercanas. El equipo publicó sus conclusiones sobre la identidad errónea el 19 de enero en la revista Gondwana Research, que ya había publicado el informe sobre el hallazgo serendípico del fósil Dickinsonia.

Gregory Retallack, profesor emérito de la Universidad de Oregón y autor principal del artículo original, afirma que él y sus coautores están de acuerdo con las conclusiones de Meert de que el objeto es en realidad una colmena.   

Este tipo de autocorrección es un principio básico del método científico. Pero la realidad es que a los científicos les cuesta admitir sus errores y no lo hacen a menudo.

La corrección del registro fósil vuelve a poner en entredicho la edad de las rocas. Dado que la formación rocosa no contiene fósiles de un periodo de tiempo conocido, su datación puede resultar difícil.   

Meert afirma que las pruebas siguen apuntando a una antigüedad cercana a los mil millones de años. Su equipo ha utilizado la desintegración radiactiva de unos diminutos cristales llamados circones para datar las rocas en ese periodo de tiempo. Y la firma magnética de las rocas, que capta información sobre el campo magnético de la Tierra cuando se formaron, coincide estrechamente con las firmas de formaciones datadas con seguridad hace mil millones de años.   

Otros científicos han publicado hallazgos que apoyan una edad más temprana. Es esencial comprender este periodo por sus implicaciones para la evolución de la vida en la zona y la formación del subcontinente indio.

europapress.es

NÍGER: MI EXPERIENCIA EN UNA EXPEDICIÓN CON PAUL SERENO

El Pakozoico


Youtube

jueves, 2 de febrero de 2023

Nuevos fósiles en Teruel evidencian la locomoción cuadrúpeda de grandes dinosaurios ornitópodos

Un equipo de paleontólogos de la Fundación Dinópolis ha estudiado nuevas huellas y huesos de ornitópodos de varios yacimientos turolenses. Los resultados muestran que estos grandes dinosaurios, que vivieron en el este peninsular hace unos 130 millones de años, caminaban a cuatro patas.

Vértebras de grandes ornitópodos de El Castellar. / Fundación Dinópolis.
Investigadores de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis han estudiado y clasificado en detalle nuevas huellas y huesos de dinosaurios ornitópodos procedentes de varios yacimientos de la provincia de Teruel.

La investigación, publicada en la revista Cretaceous Research describe los huesos encontrados en la Formaciones Areniscas de Camarillas y El Castellar. Tienen de 130 a 127 millones de años de antigüedad, por lo que pertenecen a las edades del Hauteriviense o el Barremiense, durante el período del Cretácico Inferior.

Los hallazgos de El Castellar también incluyen huellas fosilizadas, denominadas icnitas, de unos 44 centímetros de longitud localizadas en Mora de Rubielos. En la Formación Areniscas de Camarillas, donde los restos pertenecen a una edad geológica más moderna, alcanzan los 52 centímetros.

Gracias a su preservación, los científicos han deducido el movimiento de la pisada del dinosaurio

Huellas de la Formación El Castellar. / Fundación Dinópolis.
“Hasta ahora han sido muy pocas las huellas de dinosaurios descritas en dicha unidad geológica”, señala Josué García-Cobeña, de la Fundación Dinópolis y coautor del estudio. El paleontólogo también destaca dos icnitas de mano y pie encontradas en Camarillas de El Castellar, ya que muestran “un grado de detalle anatómico singular”. Estas huellas exhiben la morfología de los dedos exteriores y centrales de la mano y reflejan que su productor ornitópodo, de unos 10 metros de longitud, tenía una locomoción cuadrúpeda. Gracias a su preservación, los científicos han deducido el movimiento de la pisada del dinosaurio.

Según Alberto Cobos, director gerente de la Fundación Dinópolis y coautor del trabajo, “el estudio de estas icnitas, asignadas al icnogénero Caririchnium, determina que fueron producidas por grandes ornitópodos estiracosternos”, unos dinosaurios herbívoros. Los icnogéneros y las icnoespecies son las clasificaciones de huellas fosilizadas análogas a la taxonomía biológica.

El estudio de estas icnitas determina que fueron producidas por grandes ornitópodos estiracosternos

Alberto Cobos, coautor del estudio

“Los fósiles evidencian una semejanza morfológica entre las icnitas de gran tamaño (tres dedos, más anchas que largas, dedos robustos sin marcas de uñas y talones redondeados…) con los pies de algunos ornitópodos como, por ejemplo, iguanodon. De hecho, de esa misma edad geológica procede Iguanodon galvensis, lo que permite inferir a los especímenes de gran tamaño de esta especie, definida en el año 2015 por paleontólogos de la Fundación Dinópolis, como potenciales productores”, añade Cobos.

El artículo también desarrolla una detallada descripción de huesos fósiles hallados en materiales de la Formación El Castellar, entre los que se encuentran nuevos restos procedentes del municipio homónimo, El Castellar, así como otros ya conocidos de Miravete de la Sierra.

La investigación concluye que los grandes ornitópodos, algunos de ellos relacionados con Iguanodon galvensis, compartieron el hábitat con otros grupos de ornitópodos más basales, dinosaurios terópodos espinosáuridos, grandes saurópodos y escasos anquilosaurios, entre otros.

Referencia:

García-Cobeña, J. et al. Ornithopod tracks and bones: Paleoecology and an unusual evidence of quadrupedal locomotion in the Lower Cretaceous of eastern Iberia (Teruel, Spain). Cretaceous Research (2023).

agenciasinc.es

¿Cuántos años podían vivir los dinosaurios?

¿Cuál era la edad que podía llegar a alcanzar un dinosaurio, suponiendo que no fuese cazado antes? Aunque depende de muchas variables, los científicos calculan que la esperanza de vida de la mayoría de los dinosaurios estaba entre los 25 y los 50 años.

FOTO: ISTOCK / ORLA
Una de las preguntas más comunes que nos hacemos sobre los dinosaurios es cuántos años vivían, o más bien cuántos podían llegar a vivir. A veces se asume, erróneamente, que tenían vidas muy largas, pero la realidad es que la mayoría tenía una esperanza de vida media que oscilaba entre los 25 y los 50 años, de manera más o menos proporcional a su tamaño, y que los más longevos podrían acercarse a los 100 años de vida.

Determinar la edad únicamente a partir de fósiles puede ser complicado, pero es posible hacer estimaciones. Observando el grado de formación de los huesos de diversos ejemplares es posible establecer a qué edad alcanzaban la madurez sexual y, por lo tanto, hacer un cálculo aproximado de su ciclo de vida.

PARECIDOS A LOS PÁJAROS

La esperanza de vida de un animal es proporcional a su metabolismo, es decir, a la rapidez con la que su cuerpo consume energía. Esto se debe a que la rápida división de las células hace envejecer al organismo. Los animales con un metabolismo muy rápido, como los insectos, suelen tener esperanzas de vida muy cortas, que van desde un día hasta un año; aunque hay especies que pueden llegar a vivir hasta 50, como las termitas. En cambio, los animales de metabolismo lento, como muchos reptiles, pueden vivir varias decenas de años si no son cazados antes.

FOTO: ISTOCK / ELENARTS108
Por sus semejanzas con las aves – que de hecho descienden de un linaje particular de dinosaurios, llamados manirraptores –, los expertos creen que los dinosaurios tenían un metabolismo similar al de los pájaros. Basándose en las evidencias de los huesos y en los ciclos de vida de las aves actuales, se han hecho estimaciones de cuántos años podían llegar a vivir los dinosaurios en función de su tamaño.

Según estos cálculos, su esperanza de vida era menor que la de las aves de su mismo tamaño: por ejemplo, mientras que un avestruz en libertad vive una media de 30 a 40 años, los dinosaurios de ese mismo tamaño solían vivir alrededor de 20. Hay que tener en cuenta, por supuesto, que los depredadores de los avestruces son relativamente pocos en comparación con los que tenían los dinosaurios de este tamaño.

DINOSAURIOS MÁS GRANDES, DINOSAURIOS MÁS LONGEVOS

La mayoría de dinosaurios podía vivir entre 20 y 30 años, aunque otros vivían bastante menos y unos pocos, los de gran tamaño, podían alcanzar los 50 años o incluso superarlos. Igual que con muchos animales actuales, su longevidad era proporcional al tamaño. Dinosaurios que pesaban alrededor de diez toneladas, como el Triceratops o el T-Rex, vivían alrededor de 25 años. Otros más pequeños, de un tamaño similar a los humanos, entre 10 y 20. El récord de longevidad lo ostentan los saurópodos, que podían llegar a los 50 o 60 años, aunque algunos científicos extienden su esperanza de vida máxima hasta casi los 100 años. 

Que los dinosaurios más grandes vivieran por más tiempo se debe en parte a su metabolismo, pero también al tamaño en sí: con sus enormes cuerpos los saurópodos eran fortalezas andantes y seguramente no tenían depredadores naturales, por lo que podían llegar al máximo de su esperanza de vida, mientras que los más pequeños tenían muchas más posibilidades de morir antes de alcanzar la vejez. Muchos dinosaurios de gran tamaño como el T-Rex o los propios saurópodos crecían a un ritmo acelerado durante los primeros años de vida, por lo que si lograban superar la juventud tenían buenas opciones de vivir una larga vida.

nationalgeographic.com.es

martes, 31 de enero de 2023

¿Cuál fue el primer fósil de dinosaurio encontrado en España?

Juan Vilanova fue el primero en describir un fósil de dinosaurio. Sin embargo, nadie respalda hoy su asignación de los restos a Iguanodon.

Juan Vilanova y Piera. / Ilustre Colegio Oficial de Geólogos.
No sabemos quién descubrió el primer fósil. Es decir, se han encontrado fósiles incluso en cuevas paleolíticas. Está claro que las formas extrañas, las huellas o los huesos de gran tamaño pudieron fascinar a nuestros antepasados. Otra cosa es que supieran qué eran aquellas rocas de formas singulares. Plinio el Viejo ya escribió el término “fósil” en sus textos del siglo I. Pero se considera que la paleontología nació sobre el año 1812, cuando Georges Cuvier empezó a describir fósiles como restos de animales que habían muerto hace mucho. Desde aquellos tiempos iniciales en los que algunos hablaban de gigantes y huesos de dragón, se ha avanzado hasta la especialización que ha dado forma a la paleontología, una disciplina que vivió un gran auge gracias al éxito de “Parque Jurásico” y otras ficciones con dinosaurios como protagonistas. Richard Owen acuñó el término Dinosauria en 1842. Por entonces ya se habían publicado restos fósiles de dinosaurios en Inglaterra (1820), en Alemania (1832), Francia (1838) e incluso en Rusia (1834). ¿Qué hay de España? Pues:

“El estudio de los dinosaurios recibió poca atención en España durante el siglo XIX y los primeros descubrimientos relevantes no se realizaron hasta finales de la década de 1910”.

Pioneros de la paleontología española

Con todo, contamos con algunos pioneros. Habría que colocar el título de primer fósil de dinosaurio encontrado en España a un diente de terópodo del Jurásico Superior en Asturias. Sin embargo, Guillermo Schulz, un ingeniero de minas alemán, describió el fósil como un diente de tiburón en 1858. No fue hasta 1873 cuando el geólogo navarro Justo Egozcue asignó el fósil a Megalosaurus. Por desgracia, desconocemos el paradero de este diente fosilizado, por lo que el supuesto primer fósil de dinosaurio hallado en España nos deja una sensación un tanto insulsa.

“Para concluir, debo mencionar el hallazgo hecho tres años há por D. Nicolás Ferrer, y confirmado más tarde por mí, de varios restos de un reptil colosal al pié de la colina llamada Benigania, junto á los muros mismos de Morella. Tambien poseo dos huesos largos, que probablemente pertenecen al Ignanodon [sic] Mantelli que, procedentes de Utrillas, me mandó hace poco el distinguido médico de Montalban D. Jerónimo Balduque. Quizás sean estos los únicos huesos de reptiles cretáceos hasta el presente encontrados en la Península, razon que me ha movido á dar estas noticias”.

Juan Vilanova: el primer paleontólogo español

Recreación de Iguanodon. / Istock
Efectivamente, sabemos que a principios de la década de 1870, Jerónimo Balduque envió a Madrid un par de huesos extraídos de una mina de carbón cerca de Utrillas, en la provincia de Teruel. Algún avispado minero se percató de lo singular que resultaba una roca durante su duro trabajo en la mina de la que sacaban carbón. Su curiosidad pudo ser clave para los inicios de la Paleontología en España. El hallazgo llegó a oídos (o directamente a las manos) del médico de Montalbán, una localidad situada unos seis kilómetros al norte de Utrillas. Jerónimo Balduque continuó la sucesión de personas interesadas en descubrir qué era aquella roca. Para averiguarlo solicitó la ayuda de Juan Vilanova, el investigador que tiene el honor de ser el primer Catedrático de Geología y Paleontología de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid y miembro fundador de la Sociedad Española de Historia Natural. Este fue el germen del estudio de los dinosaurios en España.

A este fósil se unieron otros restos hallados en Morella (Castellón). La colección de Vilanova, o al menos parte de ella, recaló en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Allí los restos fueron etiquetados como fragmentos de huesos de dinosaurio y, alguno en concreto, como fósiles de Iguanodon. Se trata de fósiles entre los que el de mayor tamaño no supera los 15 centímetros de largo y son piezas de difícil reconocimiento. Los especialistas apuntan a fragmentos de espina neural y dos restos que podrían ser de costillas. Ni siquiera sabemos dónde fueron extraídos los fósiles de manera concreta, pero por su color rojizo podrían venir de la Capas rojas de Morella, unas formaciones arcillosas. Sin embargo, aunque Iguanodon tuvo presencia en la región de la actual Morella, ningún investigador atribuye los restos de Vilanova a este género de dinosaurios en la actualidad.

“Los primeros estudios sistemáticos de dinosaurios ibéricos no se realizaron hasta finales de 1910 y durante la década de 1920, teniendo como protagonista al naturalista valenciano José Royo Gómez, quien recogió y describió restos fósiles de dinosaurios y otros vertebrados en las facies Weald del Levante, publicando una veintena de notas y artículos sobre sus descubrimientos”.

Referencias:

Canudo, J. I. et al. 2009. Los dinosaurios de las cuencas mineras de Teruel. Aragón Vivo.

Pereda Suberbiola, X. y Ruiz-Omeñaca, J. I. 2005. Los primeros descubrimientos de dinosaurios en España. Revista Española de Paleontología, N. E. X, 15-28. ISSN 0213-6937.

muyinteresante.es

Nueva especie fósil de un antiguo ancestro del cocodrilo

Una nueva especie fósil de talatosuquio, antiguo pariente de los antepasados de los cocodrilos actuales, ha sido excavada en la denominada costa jurásica de Dorset (Reino Unido).   

Turnersuchus hingleyae. - JÚLIA D'OLIVEIRA
Entre los restos de la nueva especie, denominada Turnersuchus hingleyae, incluían parte de la cabeza, la columna vertebral y las extremidades.   

De hecho, el hallazgo en la formación de fangolitas de Charmouth fue tan exitoso que Turnersuchus es el único talattosuchio suficientemente completo de su edad -que se remonta al Jurásico Temprano, periodo Pliensbachiano, hace unos 185 millones de años- al que se ha dado nombre hasta la fecha.   

Publicado en la revista Journal of Vertebrate Paleontology, los expertos afirman que el descubrimiento de este nuevo depredador ayuda a llenar un vacío en el registro fósil y sugiere que los talattosuchianos, junto con otros cocodriliformes, debieron originarse hacia finales del período Triásico, unos 15 millones de años más atrás en el tiempo que cuando vivió Turnersuchus.

"Ahora deberíamos esperar encontrar más talattosuchianos de la misma edad que Turnersuchus, así como más antiguos", afirma el coautor, el doctor Eric Wilberg, profesor adjunto del Departamento de Ciencias Anatómicas de la Universidad Stony Brook.

"De hecho, durante la publicación de nuestro trabajo, se publicó otro en el que se describía un cráneo de talattosuco descubierto en el techo de una cueva de Marruecos del Hettangiense/Sinemuriense (los periodos de tiempo anteriores al Pliensbachiense en el que se encontró Turnersuchus), que corrobora esta idea. Espero que sigamos encontrando más talattosuchianos antiguos y sus parientes. Nuestros análisis sugieren que los talattosuchianos probablemente aparecieron por primera vez en el Triásico y sobrevivieron a la extinción masiva de finales del Triásico".   

Sin embargo, ninguna excavación ha encontrado aún talattosuchianos en rocas del Triásico, lo que significa que existe un linaje fantasma (un periodo durante el cual sabemos que un grupo debió existir, pero del que aún no hemos recuperado pruebas fósiles). Hasta el descubrimiento de Turnersuchus, este linaje fantasma se extendía desde finales del Triásico hasta el Toarciano, en el Jurásico, "pero ahora podemos reducir el linaje fantasma en unos pocos millones de años", afirma el equipo de expertos.   

Los talattosuchianos se conocen coloquialmente como "cocodrilos marinos" o "cocodrilos de mar", a pesar de que no son miembros de Crocodylia, sino que están emparentados de forma más lejana. Algunos talattosuchios se adaptaron muy bien a la vida en los océanos, con extremidades cortas modificadas en aletas, una aleta caudal parecida a la de un tiburón, glándulas salinas y, potencialmente, la capacidad de dar a luz vivos (en lugar de poner huevos).    Turnersuchus es interesante porque muchas de estas características reconocidas de los talattosuchios aún no habían evolucionado completamente.   

Vivía en el Jurásico y se alimentaba de fauna marina. Y, debido a su hocico relativamente largo y delgado, su aspecto habría sido similar al de los actuales cocodrilos gharial, que se encuentran en los principales sistemas fluviales del norte del subcontinente indio.

europapress.es