jueves, 2 de abril de 2026

Durante años creímos que estos fósiles mostraban los primeros embriones animales de la Tierra. Un nuevo estudio dice que quizá estábamos entendiendo mal una pieza clave de la evolución

Parecían una especie de fotografía microscópica de los primeros animales de la Tierra. Pero cuanto más se analizan, menos encajan con esa historia. Un nuevo estudio acaba de poner en duda una de las teorías más fascinantes sobre cómo empezó la vida compleja.

© ResearchGate.
Hay descubrimientos científicos que seducen tanto que cuesta soltarlos. Estos fósiles eran uno de ellos. Diminutos, casi perfectos, conservados con un nivel de detalle que parecía desafiar al tiempo, llevaban décadas ocupando un lugar casi mítico en la historia de la evolución. Para muchos investigadores, representaban algo extraordinario: embriones de animales de hace más de 600 millones de años, una prueba casi directa de que la vida compleja había comenzado mucho antes de la famosa explosión cámbrica.

Era una idea potentísima. También muy bonita. Y, como suele pasar en ciencia, precisamente por eso había que volver a ponerla a prueba.

Unos fósiles demasiado perfectos para no cambiar la historia

© John A. Cunningham / University of Bristol.

Todo gira en torno a la biota de Weng’an, un yacimiento del sur de China que desde hace años fascina a paleontólogos y biólogos evolutivos. Allí aparecieron unas pequeñas esferas fosilizadas con estructuras celulares extraordinariamente bien conservadas. Algunas tenían pocas células. Otras, cientos o incluso miles. La interpretación parecía casi natural: estábamos viendo distintas fases de desarrollo de organismos primitivos, algo parecido a una secuencia embrionaria congelada en piedra.

Si eso era correcto, el hallazgo tenía implicaciones enormes. Significaba que los animales podían haber aparecido mucho antes de lo que indicaba el registro fósil clásico. En otras palabras, estos fósiles no solo hablaban de un organismo extraño: podían estar moviendo la fecha de nacimiento de los animales en la Tierra.

Y ahí es donde entra el nuevo estudio, publicado en Biology Letters. Porque cuando los investigadores volvieron a mirar estos fósiles con herramientas más finas, la historia empezó a desajustarse.

El problema apareció cuando se observaron como lo que supuestamente eran: embriones

© John A. Cunningham, Kelly Vargas, Zongjun Yin, Stefan Bengtson and
Philip C. J. Donoghue.
El equipo analizó cientos de ejemplares usando tomografía avanzada y reconstrucciones tridimensionales. La idea era sencilla: si estos fósiles eran embriones animales, entonces debían mostrar ciertos patrones muy concretos. En las primeras etapas del desarrollo embrionario, las células suelen dividirse de forma bastante ordenada. Pasan de 2 a 4, de 4 a 8, de 8 a 16 y así sucesivamente, mientras el volumen total del organismo se mantiene casi igual. Pero eso no fue lo que apareció.

Lo que encontraron fue una organización mucho más caótica. Las células no seguían una secuencia clara de divisiones ordenadas y, lo más importante, no todas tenían el mismo tamaño dentro de un mismo fósil. Algunas parecían haber avanzado más rápido que otras. Eso no encaja bien con el comportamiento de un embrión animal temprano, donde la sincronía celular suele ser una parte esencial del proceso. Y había otro detalle todavía más incómodo.

Lo que realmente hizo tambalear la teoría fue el crecimiento

En un embrión animal, al menos en sus primeras fases, el organismo no crece como tal: se divide internamente, pero no aumenta mucho su tamaño total, porque todavía no se está alimentando del entorno. Es una reorganización interna, no una expansión. Aquí ocurría lo contrario.

Según el estudio, el volumen de estos fósiles puede variar hasta cinco veces a lo largo de lo que antes se interpretaba como su “desarrollo”. Eso es un problema enorme para la vieja hipótesis. Porque si crecen así, entonces no están comportándose como embriones. Están haciendo otra cosa.

Y aún hay más: incluso en ejemplares con más de 10.000 células, no aparecen señales claras de diferenciación. No hay tejidos, no hay estructuras organizadas, no hay rastro de procesos equivalentes a la gastrulación. Es decir, no hay señales convincentes de que estuvieran construyendo un cuerpo animal.

Entonces, ¿qué eran realmente?

© Flett et al. Biology Letters (2026).

Aquí es donde la historia se vuelve incluso más interesante que antes. Porque descartar que fueran embriones animales no los vuelve menos importantes. De hecho, puede que los vuelva más raros.

La hipótesis que ahora gana fuerza es que estos organismos podrían pertenecer a un grupo de parientes lejanos de los animales conocidos como holozoos. Algunos organismos modernos dentro de ese linaje pueden pasar por fases temporales de multicelularidad: forman agrupaciones celulares complejas, con aspecto casi embrionario, pero sin llegar a desarrollar tejidos animales como los que conocemos.

Eso cambia bastante el relato. En lugar de ser “los primeros animales”, estos fósiles podrían representar uno de los muchos experimentos evolutivos que ocurrieron antes de que la multicelularidad animal quedara fijada como la conocemos hoy. Y, sinceramente, eso casi los hace más fascinantes.

La gran pregunta no ha desaparecido. Solo se ha vuelto más difícil

Lo más potente de este hallazgo es que no destruye una historia: la vuelve más honesta. Durante años, estos fósiles fueron tratados como una de las piezas más espectaculares del rompecabezas evolutivo. Ahora seguimos teniendo la pieza, pero ya no sabemos si encaja donde pensábamos.

Eso obliga a revisar una idea muy seductora: que el origen animal estaba ya claramente visible en el Ediacárico temprano. Puede que sí. Puede que no. Lo que este estudio deja claro es que una de las pruebas más famosas de esa teoría acaba de perder bastante fuerza.

Y eso, lejos de ser una decepción, es exactamente lo que hace interesante a la ciencia de verdad. Porque a veces avanzar no consiste en confirmar una historia preciosa, sino en descubrir que la realidad fue todavía más rara, más torpe y más experimental de lo que imaginábamos.

Quizá estos fósiles no nos estén mostrando el primer capítulo de los animales. Quizá nos estén enseñando algo aún más extraño: todos los intentos fallidos, ambiguos o incompletos que ocurrieron antes de que la vida encontrara por fin una forma de convertirse en nosotros.

es.gizmodo.com

HORARIO DE SEMANA SANTA 2026 DEL MUSEO DE DINOSAURIOS

Horario de Semana Santa 2026 del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes (Burgos):

Jueves Santo, 2 de abril: de 10:00 a 10:00 h.

Viernes Santo, 3 de abril: de 10:00 a 14:00h.

Sábado Santo, 4 de abril: de 10:00 a 14:00 h. Y de 16:30 a 19:00 h.

Domingo de Resurrección, 5 de abril: de 10:00 a 14:00 h. 

Lunes de Pascua, 6 de abril: cerrado.

El resto de los días, anteriores y posteriores, horario habitual del Museo de Dinosaurios.













http://www.fundaciondinosaurioscyl.com/es/c/sobre-el-museo

martes, 31 de marzo de 2026

Nuevos datos sobre fósiles revelan que el T. rex no era el rey de los dinosaurios. O, al menos, no el único

Hasta ahora, se daba por hecho que este depredador era el gran dominador del Cretácico. Sin embargo, nuevos análisis han demostrado que no estaba solo

Un fósil de tiranosaurio encontrado en Hell Creek (EFE/Michael Buholzer)
Nuevos fósiles hallados en la formación Hell Creek han reabierto uno de los grandes debates de la paleontología: si el Tyrannosaurus rex compartió territorio con otros tiranosáuridos. Como cuentan en New Scientist, la revisión de varios ejemplares sugiere que el depredador más célebre del Cretácico quizá no dominó en solitario. 

Durante décadas, la imagen de T. rex como único gran cazador de su ecosistema pareció incuestionable. Su cráneo ancho, su enorme fuerza de mordida y su tamaño colosal alimentaron la idea de que había desplazado a casi cualquier otro carnívoro de gran entidad en el oeste de Norteamérica, entre hace 69 y 66 millones de años. Sin embargo, varios fósiles redescubiertos y reinterpretados están alterando ese relato clásico.

Uno de los casos más citados es el llamado cráneo de Cleveland, encontrado en 1942. Durante mucho tiempo se atribuyó a un ejemplar juvenil de T. rex, aunque presentaba rasgos difíciles de encajar en esa hipótesis, como un mayor número de dientes en la mandíbula superior y piezas dentales más finas y cortantes. Esas diferencias llevaron a algunos investigadores a plantear que pertenecía a Nanotyrannus lancensis, un depredador más pequeño que habría convivido con el famoso rey tirano.

El fósil que cambió el debate

La discusión parecía inclinada a favor de la teoría del joven T. rex tras un estudio publicado en 2020 sobre los esqueletos parciales conocidos como Jane y Petey. El análisis de los anillos de crecimiento de sus huesos indicó que ambos animales tenían entre 13 y 15 años y seguían creciendo con rapidez. Aquello reforzó la idea de que no eran adultos de una especie distinta, sino tiranosaurios inmaduros que todavía debían alcanzar un tamaño mucho mayor.

Pero la aparición del célebre fósil de los Dueling Dinosaurs volvió a agitar el tablero. El pequeño tiranosáurido apodado Manteo, conservado junto a un Triceratops, mostraba una combinación de rasgos difícil de explicar como la de un juvenil de T. rex. Pesaba unos 700 kg, tenía brazos ligeramente más largos que los de un adulto gigantesco de esa especie, más huesos en la cola y, sobre todo, los anillos de crecimiento de sus patas apuntaban a que era un individuo prácticamente maduro.

A partir de ese hallazgo, los investigadores Lindsay Zanno y James Napoli propusieron una lectura distinta: en Hell Creek no habría un solo gran tiranosaurio y sus formas juveniles, sino varias especies emparentadas que compartieron espacio. Según esa reinterpretación, Manteo y el cráneo de Cleveland encajarían en Nanotyrannus lancensis, mientras que Jane podría corresponder a otra especie distinta. El panorama pasaba así de un único cazador dominante a una comunidad de depredadores mucho más compleja.

Un ecosistema más diverso

La tesis ganó aún más fuerza cuando otro trabajo examinó un hueso hioides del ejemplar de Cleveland y encontró señales compatibles con un animal casi completamente desarrollado. Aunque algunos especialistas mantienen reservas y recuerdan que aún se sabe poco sobre el crecimiento de ese hueso, la tendencia general ha cambiado. Lo que antes se interpretaba como simple juventud ahora empieza a verse, cada vez con más frecuencia, como diversidad real dentro del grupo de los tiranosáuridos.

Las implicaciones van mucho más allá del prestigio simbólico de T. rex. Si varios grandes depredadores coexistieron en los últimos ecosistemas dominados por dinosaurios, también habría que revisar cómo se organizaban esas comunidades antes de la extinción masiva. La presencia de más de un cazador relevante apuntaría a un entorno más estable y variado de lo que se pensaba, justo antes del impacto del asteroide que puso fin al reinado de los dinosaurios.

domingo, 29 de marzo de 2026

Descubren cientos de huevos de dinosaurio de varias especies tras 70 millones de años enterrados

Restos fósiles en Francia ofrecen información única sobre la fauna del Cretácico

Descubren cientos de huevos de dinosaurio de varias especies tras 70 millones
de años enterrados. / Matthew Irving / Fossil Lab
Un equipo de paleontólogos franceses ha realizado un descubrimiento que dejó sin palabras en la región de Mèze, entre Béziers y Montpellier.

Han sido hallados cientos de huevos de dinosaurio fosilizados que permanecieron enterrados durante aproximadamente 70 millones de años. Este yacimiento se considera uno de los más ricos de Europa en cuanto a sitios de anidación de dinosaurios.

Condiciones extremas para una excavación histórica

Durante meses, los investigadores trabajaron bajo condiciones difíciles, enfrentándose a lluvias invernales y un barro denso que complicaba la extracción de sedimentos.

A pesar de estos obstáculos, lograron exponer un estrato horizontal con un gran número de huevos preservados, muchos de ellos completos.

Diferentes especies

Ni trucos de cine ni magia la ingeniería confirma cómo estos dinosaurios gigantes
podían ponerse de pie. / Difoosion

El yacimiento ha revelado huevos de distintos tamaños y formas, lo que indica que varias especies utilizaron esta misma área para reproducirse.

Entre los más numerosos se encuentran los atribuibles a titanosaurios, los enormes herbívoros de cuello largo, mientras que otros huevos más pequeños podrían corresponder a anquilosaurios o terópodos.

Los fósiles muestran que las hembras enterraban sus huevos en depresiones cubiertas con vegetación o sedimentos, un método que aumentaba la incubación gracias al calor generado por la materia orgánica y protegía los nidos de depredadores.

Un paisaje ideal para la anidación

Hace más de 70 millones de años, la región era una llanura tropical con condiciones que favorecían la repetida elección de este lugar como sitio de anidación.

Las frecuentes inundaciones ayudaban a cubrir rápidamente los nidos, permitiendo que las cáscaras se preservaran y se transformaran en fósiles resistentes a lo largo de los milenios.

Para proteger este tesoro científico, se construyó un museo en el lugar de la excavación, permitiendo que el público observe los trabajos en curso y comprenda el proceso de investigación. Esto asegura que los hallazgos permanezcan en su contexto original y sean accesibles para la ciencia y la educación.

larazon.es

viernes, 27 de marzo de 2026

Descubiertos en León nuevos fósiles de arácnidos del Carbonífero superior

Estos precursores de las actuales arañas existieron en el noroeste de la península ibérica hace unos 300 millones de años

Las arañas han evolucionado de los extintos trigonotárbidos. / Alessandro Della Bella

El hallazgo de dos nuevos fósiles de trigonotárbidos (un orden extinto de arácnidos) en la provincia de León ha permitido avanzar en el conocimiento de los ecosistemas que existieron en el noroeste de la península ibérica hace unos 300 millones de años. Estos antiguos arácnidos, ya extinguidos, vivieron durante el Carbonífero superior y son considerados precursores de las actuales arañas, aunque presentaban importantes diferencias anatómicas.

Los fósiles han sido localizados en dos zonas distintas: la comarca de El Bierzo y el valle del río Valderrueda, en la cuenca de Sabero. El estudio, publicado en la revista científica PalZ, supone un hito relevante, ya que duplica el número de registros conocidos de este grupo en la península ibérica, donde hasta ahora solo se habían documentado dos ejemplares.

Ejemplares poco documentados en España

Según los investigadores, este incremento en el registro fósil sugiere que los trigonotárbidos no eran tan raros como se pensaba, sino que su escasa presencia en estudios anteriores podría deberse a la falta de una búsqueda específica de este tipo de organismos. Este nuevo trabajo permite así reconsiderar su abundancia en los ecosistemas del pasado.

Antigua mina a cielo abierto Boisán en Santa Marina de Torre. / ElDiario
Los dos ejemplares pertenecen al género extinto Aphantomartus, relativamente común en otras zonas de Europa como el Reino Unido o Europa central, pero poco documentado en la península ibérica. Uno de los fósiles, hallado en Santa Marina de Torre (El Bierzo), conserva parte de la cara ventral del animal, incluyendo restos de patas, pedipalpos y abdomen, aunque no ha sido posible identificar la especie con precisión.

El segundo fósil, procedente de la cuenca de Valderrueda, presenta un mejor estado de conservación y ha podido ser asignado a la especie Aphantomartus areolatus, descrita por primera vez en 1911 y ya documentada anteriormente en la provincia de León durante la década de 1980.

Los trigonotárbidos se asemejaban superficialmente a las arañas, pero carecían de glándulas productoras de seda y presentaban un abdomen segmentado cubierto por placas. Se extinguieron durante el Pérmico, lo que los convierte en un grupo clave para entender la evolución temprana de los arácnidos.

Uno de los aspectos más destacados del hallazgo es la presencia de una espina en la base de una de las patas posteriores de uno de los ejemplares, una estructura que no había sido descrita previamente en este grupo. Los investigadores consideran que podría haber tenido una función relacionada con la captura de presas o con el comportamiento reproductivo.

También se encontraron plantas fósiles

Los fósiles de estos arácnidos aparecieron asociados a restos de plantas fósiles excepcionalmente bien conservadas, lo que ha permitido reconstruir con detalle el entorno en el que vivían estos animales. Se trataba de bosques tropicales húmedos, dominados por helechos, pteridospermas y grandes licópsidas, en un paisaje caracterizado por pantanos, lagunas y llanuras de inundación.

Entre las especies vegetales identificadas se encuentran Neuropteris ovata, Nemejcopteris eminaeformis, Polymorphopteris polymorpha o Cyperites bicarinatus, todas ellas propias de ambientes húmedos y cálidos. La presencia de estos restos permite confirmar que el hábitat de estos arácnidos era muy diferente al actual en la región.

Además, la coexistencia con una fauna diversa de insectos, como protolibélulas, cucarachas primitivas y ortópteros ancestrales, sugiere que Aphantomartus desempeñaba un papel como pequeño depredador dentro de un ecosistema complejo y dinámico, influido por cambios climáticos y tectónicos al final de la era Paleozoica.

eldiario.es

viernes, 20 de marzo de 2026

Paleontólogos hallan en Corea un fósil aparentemente insignificante y descubren un diminuto dinosaurio totalmente desconocido para la ciencia

Un fósil aparentemente insignificante escondía un secreto de más de 100 millones de años que ahora está cambiando lo que sabemos sobre los dinosaurios en Asia.

Recreación artística de un ejemplar juvenil de Doolysaurus huhmini, representado
junto a aves y otros dinosaurios no avianos que habitaron la actual Corea del Sur
 durante el período Cretácico. Ilustración: Jun Seong Yi

Durante décadas, Corea del Sur ha sido un territorio enigmático para la paleontología: abundante en huellas, huevos y nidos de dinosaurio, pero sorprendentemente pobre en fósiles. Ahora, un descubrimiento inesperado ha cambiado ese panorama. Un pequeño fósil, aparentemente modesto y atrapado en roca dura, ha resultado ser uno de los hallazgos más importantes de los últimos años: un nuevo dinosaurio juvenil que ha permitido mirar, literalmente, dentro de la piedra.

El protagonista de esta historia es Doolysaurus huhmini, una nueva especie descrita en la revista científica Fossil Record, tal y como ha revelado el propio estudio . Su nombre, lejos de ser casual, conecta ciencia y cultura popular: rinde homenaje a “Dooly”, un icónico personaje animado surcoreano. Pero más allá de lo simpático del nombre, este pequeño dinosaurio está ofreciendo pistas cruciales sobre la evolución de los dinosaurios en Asia durante el Cretácico.

El hallazgo se produjo en la isla de Aphae, en el suroeste de Corea del Sur, una zona ya conocida por sus fósiles, aunque hasta ahora dominada por restos indirectos como huellas. El descubrimiento inicial parecía modesto: algunos huesos de las patas y vértebras. Sin embargo, lo que escondía el bloque de roca superaba cualquier expectativa.

Fue gracias a una técnica clave —la tomografía computarizada de rayos X— como los investigadores pudieron “ver” el interior del fósil sin destruirlo. Tal y como indica el paper, este análisis permitió identificar partes del cráneo, algo inédito hasta ahora en dinosaurios coreanos, y reconstruir un esqueleto parcial sorprendentemente completo.

Un dinosaurio pequeño, joven y con muchas sorpresas

Lo que más llamó la atención de los científicos no fue solo la especie en sí, sino su edad. El ejemplar analizado era un individuo juvenil, probablemente de entre cero y dos años. Esta conclusión no es una suposición: se basa en análisis histológicos del hueso del fémur, que revelaron patrones de crecimiento típicos de animales en desarrollo.

Los coautores del estudio, Minguk Kim (a la izquierda) y Hyemin Jo, durante las
primeras fases del hallazgo y los trabajos de excavación del fósil de Doolysaurus.
 Foto: Jongyun Jung
El tamaño del animal también resulta revelador. En vida, este dinosaurio apenas alcanzaba el tamaño de un pavo, aunque los investigadores estiman que un adulto podría haber duplicado esa longitud. Su cuerpo ligero y bípedo lo sitúa dentro de los llamados tescelosáuridos, un grupo de dinosaurios pequeños que habitaban tanto Asia como América del Norte durante el Cretácico.

Pero hay otro detalle fascinante: todo apunta a que podría haber tenido una cobertura de filamentos, una especie de “proto-plumaje” que recuerda a una capa de pelusa. Este rasgo, cada vez más documentado en dinosaurios pequeños, refuerza la idea de que las plumas o estructuras similares eran más comunes de lo que se pensaba.

La pista clave: piedras en el estómago

Uno de los elementos más intrigantes del fósil es la presencia de gastrolitos: pequeñas piedras que el animal ingería para facilitar la digestión. Este hallazgo no solo aporta información sobre su biología, sino también sobre su dieta.

Tal y como señala el estudio, la forma y proporción de estos gastrolitos sugieren que Doolysaurus no era estrictamente herbívoro, sino probablemente omnívoro . Es decir, combinaba plantas con insectos o pequeños animales. Este dato resulta especialmente interesante porque amplía lo que sabemos sobre la diversidad ecológica de los dinosaurios pequeños.

Además, los propios gastrolitos fueron clave para el descubrimiento. Su presencia, junto a la disposición de algunos huesos, hizo sospechar a los investigadores que el fósil podía estar más completo de lo que parecía. Esa intuición fue la que llevó a realizar el escaneo por rayos X que terminó revelando el resto del esqueleto oculto.

Uno de los aspectos más relevantes de este descubrimiento es el papel de la tecnología. Tradicionalmente, extraer fósiles de roca dura puede llevar años —incluso décadas— de trabajo manual. Sin embargo, en este caso, la tomografía permitió acelerar el proceso y obtener una visión completa en cuestión de meses.

Los propios investigadores subrayan la importancia de estas técnicas para estudiar fósiles delicados o inaccesibles, especialmente en contextos donde los restos están incrustados en matrices muy compactas. En el caso de Corea del Sur, esto podría suponer una auténtica revolución.

Durante años, la escasez de esqueletos completos en la región se ha atribuido a condiciones geológicas desfavorables para la conservación. Sin embargo, este hallazgo sugiere otra posibilidad: que muchos fósiles estén simplemente ocultos en la roca, esperando a ser descubiertos mediante tecnologías no invasivas.

Un rompecabezas evolutivo que empieza a encajar

Más allá del hallazgo en sí, Doolysaurus huhmini tiene implicaciones importantes para entender la evolución de los dinosaurios ornitisquios. Los análisis filogenéticos realizados en el estudio sitúan a esta especie dentro de los tescelosáuridos, un grupo considerado “primitivo” dentro de su linaje.

Representación de la anatomía esquelética de un ejemplar juvenil de Doolysaurus
huhmini, en la que se destacan los huesos fósiles recuperados junto al animal.
Fuente: Janet Cañamar
Esto refuerza la hipótesis de que Asia pudo haber sido un centro importante de diversificación temprana para este grupo de dinosaurios. De hecho, el hecho de que varios tescelosáuridos asiáticos aparezcan en posiciones basales del árbol evolutivo sugiere un origen regional más complejo de lo que se pensaba.

Además, el descubrimiento contribuye a equilibrar la imagen de la paleontología coreana. Hasta ahora, el registro fósil estaba dominado por rastros indirectos, pero este nuevo espécimen demuestra que la diversidad de dinosaurios en la región pudo ser mucho mayor.

Corea del Sur, un territorio por explorar

El caso de Doolysaurus abre una puerta a futuras investigaciones. Si un fósil aparentemente insignificante ha resultado ser una nueva especie con restos craneales —los primeros identificados en el país—, ¿qué más podría estar escondido bajo la superficie?

Los investigadores son optimistas. Tal y como ha adelantado el equipo en sus conclusiones, es probable que en lugares como la isla de Aphae existan más fósiles esperando ser descubiertos. Y no solo de dinosaurios: también huevos, nidos e incluso nuevas especies.

Este descubrimiento no solo añade un nuevo nombre al catálogo de dinosaurios, sino que cambia la forma en que los científicos miran el subsuelo coreano. Lo que antes parecía un registro incompleto, ahora se perfila como un archivo oculto de biodiversidad prehistórica.

En definitiva, Doolysaurus huhmini no es solo un dinosaurio “adorable” con nombre de dibujo animado. Es una pieza clave en un rompecabezas mucho mayor, uno que apenas empieza a resolverse gracias a la combinación de tecnología, intuición científica y, por qué no, un toque de cultura popular.

Referencias

Jung J, Kim M, Jo H, Clarke JA (2026) A new dinosaur species from Korea and its implications for early-diverging neornithischian diversity. Fossil Record 29(1): 87-113. DOI: 10.3897/fr.29.178152

muyinteresante.okdiario.com

Excavan un terreno en Brasil y encuentran restos biológicos de un gigante que vivió hace 130 millones de años

'Dasosaurus tocantinensis'

Se estima que el animal alcanzó los 20 metros de largo. Prueba de ello es que uno de sus fémures alcanza los 1,5 metros

Imagen aérea en la que se aprecian las dimensiones de 'Dasosaurus tocantinensis'
 (Reuters)
Un equipo de científicos ha desenterrado en Brasil los restos fósiles de un dinosaurio gigante que vivió hace unos 130 millones de años, según un estudio publicado en la revista Journal of Systematic Palaeontology, revelando nuevas claves sobre la evolución y expansión de estos colosos prehistóricos. 

El hallazgo se produjo durante unas excavaciones vinculadas a trabajos de infraestructura en la región de Maranhão, donde los investigadores comenzaron a identificar fragmentos óseos de gran tamaño que, con el paso de los días, confirmaron la presencia de un animal de dimensiones excepcionales. Los restos pertenecen a una nueva especie bautizada como Dasosaurus tocantinensis, considerada una de las más grandes descubiertas hasta la fecha en el país sudamericano.

Su identificación ha sido posible gracias al análisis detallado de varias piezas clave del esqueleto. Entre ellas destaca un fémur de aproximadamente 1,5 metros, una medida que permitió a los paleontólogos estimar que el dinosaurio alcanzaba cerca de 20 metros de longitud, situándolo entre los gigantes de su ecosistema.

Un descubrimiento clave para entender la prehistoria

"A medida que avanzaban las excavaciones, comenzamos a ver la evidencia de ese enorme hueso, que es el fémur", explicó a Reuters el paleontólogo Leonardo Kerber, quien participó en la investigación. Este indicio fue determinante para confirmar el tamaño colosal del animal.


"Esto indica que era un dinosaurio muy grande. Hoy sabemos que Dasosaurus está entre los mayores dinosaurios encontrados en Brasil", añadió el experto. El estudio, liderado por Elver Mayer de la Universidad Federal del Valle del São Francisco, también ha permitido establecer conexiones evolutivas entre esta especie y otros dinosaurios hallados en Europa, lo que abre nuevas líneas de investigación.

Conexiones entre continentes hace millones de años

Según el análisis científico, Dasosaurus tocantinensis sería el pariente más cercano conocido de Garumbatitan morellensis, una especie descrita en España, lo que refuerza la teoría de que existieron rutas terrestres entre continentes hoy separados. De hecho, los investigadores sostienen que este linaje podría haberse originado en Europa y desplazado hacia lo que hoy es Sudamérica hace unos 130 millones de años, probablemente a través del norte de África, antes de que el océano Atlántico se abriera por completo. El nombre de la especie hace referencia tanto a la región del hallazgo como al río Tocantins, una importante vía fluvial cercana al yacimiento. Este tipo de denominación refleja la conexión entre el entorno geográfico y la historia evolutiva del espécimen. Algo que no solo amplía el catálogo de dinosaurios conocidos, sino que también aporta nuevas evidencias sobre la distribución global de especies prehistóricas y los procesos geológicos que moldearon la Tierra tal y como se conoce hoy.

elconfidencial.com