jueves, 31 de marzo de 2022

Cuáles son las incógnitas de la Patagonia Norte que atrapan a científicos extranjeros

Vienen desde Europa y de otros países de América Latina. Desarrollan estudios con investigadores de la Universidad Nacional de Río Negro. Los volcanes, la fauna prehistórica y los ambientes acuáticos únicos de la región son algunas de las temáticas

El Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología en Río Negro
recibe becarios e investigadores extranjeros
Patagonia Norte guarda tesoros en restos fósiles de animales y plantas del pasado. Tiene volcanes, ríos, lagos y otros ambientes que asombran y mucho más. Por todo, hay investigadores científicos o estudiantes avanzados de Europa y otros países de América Latina que eligen instalarse en la región, perfeccionarse y colaborar con científicos de la Universidad Nacional de Río Negro.

Dentro de esa alta casa de estudios, funciona el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG), que también depende del Conicet. Allí confluyen becarios e investigadores extranjeros que son especialistas en las ciencias de la Tierra. Ha abierto sus puertas para expertos de lugares tan lejanos como Italia, Bélgica, España, Cuba y Francia.

“Hay algunos que vienen a visitar Argentina, se encantan por esta tierra y deciden radicarse en Roca. La ciudad les motiva porque brinda las comodidades de una población pequeña pero organizada, con un buen estándar de vida y con materiales de trabajo a mano”, comentó a RÍO NEGRO, Alberto Caselli, doctor en Ciencias Geológicas y director del Instituto IIPG.

Las explicaciones que atrapan a los extranjeros pueden ser múltiples y variadas, desde el suministro de recursos y la riqueza del territorio para expedicionar, hasta el enamoramiento de la magia que desprende la Patagonia. Aquí van las historias de cuatro expertos que cuentan qué están estudiando en la región.

Un físico llegó desde Bélgica con la mirada en volcanes y satélites. Encontró su lugar dentro del Laboratorio de Estudios y Seguimientos de Volcanes Activos dentro del IIPG, que realiza investigaciones multidisciplinarias para comprender y desarrollar modelos sobre sus comportamientos.

Es el físico Dominique Derauw, quien integra desde 2019 el equipo de investigadores. Llegó al país para contribuir con el estudio de imágenes satelitales, un campo en el que está especializado. Fue en el Centro Espacial de Lieja, en Bélgica, donde desarrolló sus conocimientos.

“Cuando veo el número de extranjeros pienso que Argentina brinda muchas oportunidades para los investigadores. Hay mucho para hacer acá”, mencionó Derauw en diálogo con RÍO NEGRO. Su principal motivación fue la necesidad internacionalizar su carrera y consideró que la Argentina era el lugar ideal.

Fue gracias al contacto con Alberto Caselli, a quien conoció en un congreso de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE).  A partir de ese momento, Derauw decidió presentar un proyecto al Conicet para radicarse como becario del Instituto en Patagonia Norte. Derauw, de 56 años, se encuentra radicado junto con su esposa. Anhela poder desarrollar proyectos de un lado y otro del océano.

Los enigmas de los dinosaurios

Mattia Antonio Baiano es italiano y becario CONICET.
Estudia dinosaurios carnívoros

El italiano Mattia Antonio Baiano es licenciado en Ciencias Naturales y becario posdoctoral del IIPG. Llegó a Roca, provincia de Río Negro, en marzo de 2015 por su interés en fósiles de dinosaurios.

Se doctoró gracias a una beca de Conicet. “Es un país que a nivel científico y tecnológico da muchas oportunidades para investigar, eso no pasa en muchos lugares del mundo. Le da mucha importancia a la paleontología”, dijo Baiano a RÍO NEGRO.

Nació en Nápoles, donde estudió su carrera de grado y luego se mudó a Barcelona para efectuar su maestría. “En Italia si querés doctorarte tienes que concursar, y es mucho más limitado porque la cantidad de becas son pocas. Es verdad que los investigadores tienen acceso a más dinero para los proyectos, pero acá (en Argentina) se dan muchas más posibilidades pese a que el dinero no es mucho”, sintetizó.

Actualmente reparte su tiempo entre Roca y el Museo Municipal Ernesto Bachmann de Villa El Chocón, la localidad donde se encuentra la mayor cantidad de restos con los cuales Baiano trabaja para realizar su postdoctorado.

“Hace 2 años me casé con una mujer de Roca, por ahora la idea es quedarme y aplicar como investigador. Me quiero quedar porque el país me ofrece la posibilidad de trabajar de lo que me gusta”, enfatizó Baiano.

Asombro por los ambientes acuáticos 

Desde Cuba, Yeny Labaut Betancourt vino a Patagonia
para estudiar comunidades de microbios en
ambientes acuáticos

La cubana Yeny Labaut Betancourt trabaja en Limnología, que hace referencia al estudio de los ecosistemas acuáticos a partir de las interacciones de los organismos que habitan esos lugares. Es becaria posdoctoral y se focaliza en cómo los microorganismos presentes en los sedimentos de los cursos hídricos habrían permitido la preservación de huellas fósiles. En su país natal trabajó en el Centro de Estudios Ambientales de la Habana hasta 2016, cuando por medio de una beca doctoral de Conicet llegó al país para seguir su especialización.

“Estaba buscando varias alternativas de posgrado luego de recibirme de Licenciada en Biología en la Universidad de la Habana. Allá hay varias posibilidades de maestrías y doctorados pero no se otorgan becas. Mi interés era centrarme exclusivamente en la investigación que iba a desarrollar, y eso lo logré en Argentina”, comentó a Labaut Betaoncourt a RÍO NEGRO. En Cuba el pobre acceso a financiamiento para formación obliga a los investigadores a realizar trabajos por fuera de los centros científicos. 

En mayo del año pasado comenzó con su beca posdoctoral y aspira a concursar durante 2022 para ser investigadora. Gracias a la buena acogida que recibió en el IIPG decidió tramitar la nacionalización para asegurar su estadía. 

En Patagonia Norte también hay “ardillas” prehistóricas 

Desde Francia, Paul-Emile dieudonné estudia restos fósiles de animales
parecidos a las ardillas de hoy.
“Los ornitópodos son una clasificación muy extensa. Fueron herbívoros, contaron con un sistema masticatorio muy desarrollado y eran totalmente inofensivos. Son equivalentes a las ardillas de hoy en día”, dijo Paul-Emile Dieudonné a RÍO NEGRO. 

Dieudonné es estudiante de doctorado. Es francés y desde mayo del año pasado se encuentra radicado en Roca. 

La posibilidad de realizar su especialización en el país surgió gracias al contacto con una investigadora española, quien es también miembro de la Universidad de Río Negro.

“Intenté con postulaciones en muchos lugares, como en Canadá y Bélgica, pero nada salió. Y en Francia las posibilidades son limitadas en cuanto número y la imposición de temas de tesis”, argumentó Dieudonné, quien investiga a los ornitópodos

El joven francés tiene previsto residir en el país por los próximos cinco años, en los que dure su estancia de Conicet. La adaptación con el IIPG fue buena y destaca la recepción y calidez de sus compañeros de trabajo.

Los expertos también enseñan

Cuando las universidades nacionales invitan a investigadores o becarios a formar parte de su órbita, también lo hacen extensivo para el ejercicio de la docencia. Bajo el principio de reciprocidad se busca que haya una retribución a la sociedad con la formación de futuros nuevos colegas, así como también se pretende promover el enriquecimiento personal e intelectual.

La docencia no se trata de un requisito ineludible, sino de una predisposición. Incluso como el caso de Yeni Labaut Betancourt, becaria especializada en invasiones biológicas, impartir clases en la carrera de Profesorado de Nivel Medio y Superior en Biología de la Universidad de Río Negro le permitió traer consigo a su hija menor de edad.

Las becas otorgadas por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas solo posibilitan la radicación en el país de la persona adjudicataria del beneficio y bajo la condición de estudiante. Por lo cual la posibilidad laboral que le brindó la UNRN fue un alivio para Betancourt. “La universidad fue un soporte muy importante para mí trámites legales como extranjera, gracias a ellos pude traer a mi hija. Es importante el ámbito personal y familiar para un investigador”, precisó.

En el caso de Domique Derauw, la docencia fue la materialización de un sueño postergado que su propia tierra, Bélgica, no le pudo brindar. “Es una experiencia que quería vivir porque en Europa no podía ejercer debido a que no había lugares vacantes para hacerlo. Acá lo pude concretar y me gusta”, expresó.

El físico imparte clases desde 2019 en primer y segundo año de la carrera de Geología de la Sede Alto Valle y Valle Medio de la Universidad Nacional de Río Negro.

Su vinculación con los estudiantes resultó fructífera, pese a las limitaciones que la educación sufre en estos últimos dos años producto de la pandemia. “Trato de dar un curso que sea didáctico y que esté vinculado a cosas del mundo real, porque la física es una manera de estudiar lo que nos rodea. Por lo tanto, debe ser simple de comprender”, enfatizó Derauw.

Mattia Antonio Baiano también es docente de la Universidad de Río Negro en las carreras de Geología y Paleontología, en materias que comparten los primeros años del programa curricular de ambas licenciaturas. Para el científico italiano especializado en restos fósiles de dinosaurios, es importante la transmisión de lo generado en las academias. “Cuando la información queda exclusivamente en el área científica, resulta estéril. Lo importante es que todo el mundo pueda acceder a ella”, explicó.

rionegro.com.ar

Así es ‘Horridus’, el triceratops más completo que se ha encontrado hasta ahora

Con al menos 67 millones de años de antigüedad, ‘Horridus’ es el triceratops más completo y mejor conservado del que se tiene registro.

Museums Victoria
El Museo de Melbourne, en Australia, lo describió como una de las «criaturas más impresionantes que jamás caminó sobre la Tierra». Según los científicos que analizaron sus restos, el triceratops murió hace 67 millones de años, durante el periodo Cretácico de la prehistoria. Lo nombraron ‘Horridus’, en honor al nombre científico de su especie, y es el ejemplar mejor conservado y más completo que ha llegado a nuestros días.

Perteneciente a la especie Triceratops horridus, se encontró el 85 % de todo su esqueleto. En total, el dinosaurio mide 7 metros de largo y 2 de alto. A partir de los huesos encontrados, los paleontólogos australianos piensan que pudo haber pesado más de 1 tonelada. A pesar de sus dimensiones considerables, estos dinosaurios eran completamente herbívoros.

Lo más notable de este ejemplar, según reporta Live Science, es que la estructura del cráneo está casi completa. Los científicos encontraron 98 % de toda la cabeza, lo que les dio una idea más o menos clara de cómo pudo haber lucido ‘Horridus’ en vida. Según los paleontólogos a cargo del triceratops, cuenta con «dos cuernos delgados en la frente y un cuerno rechoncho encima de la nariz».

La ‘Piedra Rosetta’ de los dinosaurios

Originalmente, fue encontrado en un rancho de Montana, al norte de Estados Unidos, y fue trasladado al Museo de Victoria. El hallazgo sucedió en 2014. No fue hasta 6 años más tarde, algunos meses antes de que la pandemia empezara, que el Museo de Melbourne lo adquirió.

En ese entonces, la institución comparó los restos de Horridus al tamaño de un coche promedio. Lo que es más: después de realizar modelos en 3D de cómo se pudo haber visto en vida, en 2020 lo describieron como la ‘Piedra Rosetta’ de los animales prehistóricos:

«ESTA ES LA PIEDRA DE ROSETTA PARA COMPRENDER A LOS TRICERATOPS», DIJO ERICH FITZGERALD CURADOR SENIOR DE PALEONTOLOGÍA DE VERTEBRADOS EN LOS MUSEOS VICTORIA EN AUSTRALIA. “[…] NOS AYUDARÁ A DESCIFRAR MISTERIOS SOBRE CÓMO VIVÍA ESTA ESPECIE”.

Fitzgerald aseguró esto porque tanto la cabeza como la columna vertebral de ‘Horridus’ están prácticamente intactas. En conjunto, las piezas del cráneo pesan más de 260 kilos. Hoy, el ejemplar está en exhibición en el Museo de Melbourne. Quienes no puedan asistir, pueden verlo en todo su esplendor con una buena conexión a Internet, ya que existe un modelo digital en la página oficial de la institución.

ngenespanol.com

martes, 29 de marzo de 2022

Erosión e incendios influyeron en la extinción que puso fin al Triásico

La erosión y los incendios contribuyeron a un evento de extinción masiva hace 201 millones de años que puso fin a la era Triásica y dio paso al surgimiento de los dinosaurios en el Jurásico.

Incendio forestal - Universidad de Curtin
Calum Peter Fox, del WA-Organic and Isotope Geochemistry Center (WA-OIGC) en la Universidad de Curtin, identificó en una nueva investigación los otros factores que contribuyeron a una combinación de tensiones que acabaron con la vida triásica y permitió la expansión ecológica de los dinosaurios.

"Este nuevo estudio agrega la erosión del suelo y la actividad de incendios forestales a la lista de factores que impulsaron esta extinción masiva para poner fin a la era Triásica, basándose en nuestra investigación anterior que encontró un aumento en los niveles de ácido y sulfuro de hidrógeno en el océano causado por rápidos aumentos en dióxido de carbono debido a un aumento en la actividad volcánica", dijo Fox.

"Al igual que los eventos de incendios modernos a gran escala que son impulsados por el cambio climático, los períodos de actividad de incendios forestales tienen impactos significativos para la fauna y la flora que habitan en la tierra y generan estrés ambiental y del ecosistema que puede conducir a extinciones masivas".

El doctor Fox dijo que el equipo investigó los incendios ocurridos hace 201 millones de años durante el evento de extinción masiva del final del Triásico, que presentó aumentos de dióxido de carbono similares a los observados en las condiciones actuales debido a las emisiones de gases de efecto invernadero.

"Al estudiar los hidrocarburos aromáticos policíclicos, que se pueden formar durante la combustión incompleta de la materia orgánica, descubrimos que la erosión del suelo fue un estrés ecológico terrestre más prominente que la intensa actividad de incendios forestales durante el evento de extinción masiva del final del Triásico en el Canal de Bristol del suroeste de Reino Unido.

"Esto nos dice que los ecosistemas terrestres y marinos y las tensiones ambientales ocurrieron al mismo tiempo y probablemente se vieron exacerbados por la erosión del suelo, y es probable que la actividad de los incendios esté más localizada en otras áreas en lugar de generalizarse en toda Europa".

El coautor profesor John Curtin dijo que la erosión del suelo de hoy en día es una de las principales causas de la degradación de la tierra, ya que elimina el suelo fertilizado y promueve la desoxigenación de las columnas de agua al igual que los eventos de extinción masiva del pasado.

"Estos procesos ciertamente tienen implicaciones en la actualidad debido a la introducción de contaminantes y pesticidas", dijo en un comunicado el profesor Grice.   

"Al observar que la erosión del suelo tuvo un impacto importante en nuestra historia y al comparar y contrastar un registro global del pasado, podemos anticipar la escala y la duración de los eventos de erosión del suelo que ocurren actualmente y en el futuro".

La investigación adicional tendrá como objetivo determinar el alcance global de la erosión del suelo para comprender mejor las tensiones del ecosistema terrestre en el pasado y ver si esta es una característica común en todos los eventos de extinción masiva.

europapress.es

China halla un nuevo tipo de dinosaurio que vivió hace 190 millones de años

  • Se ha llamado Yuxisaurus kopchicki en honor a la ciudad donde se ha descubierto.
  • Se trata del tireóforo (Jurásico Superior) más antiguo encontrado en Asia hasta la fecha.

Reconstrucción de cómo sería el nuevo dinosaurio descubierto en China llamado
 'Yuxisaurus kopchicki'.
Un grupo de científicos chinos hallaron en la región meridional de Yunnan un nuevo taxón de dinosaurio acorazado que vivió hace unos 190 millones de años, recoge la agencia oficial Xinhua.

La investigación, llevada a cabo por especialistas de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Yunnan y publicada en la revista eLife, se basó en partes de los fósiles de las calaveras, las extremidades, la armadura y el esqueleto axial de estos dinosaurios hallados en la provincia.

Los científicos identificaron el taxón, llamado Yuxisaurus kopchicki y perteneciente al suborden de los tireóforos, gracias a unas características distintivas halladas en la parte craneal y postcraneal del animal.

Los fósiles se encontraron en el término municipal de la ciudad de Yuxi, situada en el centro de la provincia y que da nombre al nuevo dinosaurio.

Los tireóforos habitaron la Tierra durante el Jurásico Superior, hace aproximadamente 150 millones de años, pero los fósiles del Yuxisaurus kopchicki datan de hace 190 millones de años (Jurásico Inferior), lo que convierte al nuevo taxón en el tireóforo más antiguo encontrado en Asia hasta la fecha, según el coautor de la investigación Bi Shundong.

La mayoría de dinosaurios tireóforos eran herbívoros y contaban con armaduras dérmicas en la parte dorsal y el lomo de su cuerpo.

20minutos.es

Un estudio trata de confirmar la causa por la que un dinosaurio cojeaba

Una tomografía computerizada practicada al fósil de una fíbula -equivalente al peroné humano- de un terópodo espinosáurido- recuperada en 2005 en Igea (La Rioja), trata de confirmar si este dinosaurio carnívoro se movía cojeando por una patología o por otro motivo e, incluso, si podría tratarse de una nueva especie.

Investigadores hacen una tomografía computerizada al fósil de una fíbula.
EFE/ Raquel Manzanares
Ello permitirá conocer mejor el modo de vida de esta especie, de la que hay muy pocos registros en el mundo, han informado a Efe dos miembros del equipo que desarrolla este estudio, el paleontólogo e investigador de la Universidad del País Vasco, Xabier Pereda; y el director honorífico del Centro Paleontológico de La Rioja en Igea, Francisco Sáez-Benito.

Esta técnica permite realizar un análisis minucioso de los restos fósiles y lograr detalles micrométricos del interior de la pieza sin necesidad de romperla.

Este hueso, que es la fíbula izquierda, ubicada entre la rodilla y el tobillo, muestra una deformación en forma de "s" y, por su apariencia exterior, da la impresión de que se fracturó y, posteriormente, se volvió a soldar en vida del animal, tras lo que se pudo formar un callo óseo, han indicado.

Si esta "interesante hipótesis de trabajo" se confirma con esta tomografía, se podrá hacer una publicación al respecto porque, según Pereda, proporcionará mucha información sobre el modo de vida de este dinosaurio en concreto e, incluso, corresponder a un nuevo individuo de una nueva especie aún por definir.

Esta tomografía permitirá conocer si el animal interaccionaba con otros ejemplares de la misma o de diferentes especies y lograr un mejor conocimiento del modo de vida del dinosaurio.

Fósil de una fíbula -equivalente al peroné humano- de un terópodo espinosáurido
recuperada en 2005 en Igea (La Rioja). EFE/ Raquel Manzanares.
Debido al gran tamaño de este hueso -55 centímetros de longitud por otros 2,5 de ancho-, la tomografía ha sido realizada este viernes en la empresa logroñesa Resonancia Magnética, S.A., que dispone de equipos que permiten escanear restos óseos grandes y cuenta con una amplia experiencia en la modelización de huesos.

Según Pereda, los animales y el ser humano pueden enfermar y lesionarse y, a día de hoy, se sabe que algunas de las enfermedades que padecen las personas ya las sufrieron los dinosaurios en la antigüedad y lo mismo sucede con las lesiones traumáticas, lo que explica esta investigación.

Esta nueva técnica y el registro fósil son, para Sáez-Benito, la única vía principal a partir de la cual se puede obtener información sobre la salud de los dinosaurios y, en este caso concreto, determinar si realmente este que se estudia se fracturó la fíbula y, si es el caso, puede pensarse que el individuo se movía cojeando a pesar de haber curado la lesión.

¿UNA NUEVA ESPECIE DE ESPINOSÁURIDO?

Una de las hipótesis que también mantienen es que el animal al que pertenece esta fíbula podría corresponderse con una nueva especie dentro de los espinosáuridos, algo totalmente desconocido hasta la fecha y que sería único para la ciencia.

Los espinosáuridos son un grupo muy particular de dinosaurios carnívoros porque tienen una apariencia muy singular, un cráneo bajo y alargado, que recuerda en algunos aspectos a los cocodrilos.

El equipo de investigación también se ha referido a que, actualmente, a nivel de registro fósil en la Península Ibérica, hay muy pocos casos registrados de patologías en dinosaurios carnívoros, por lo que esta información es "muy interesante".

Fósil de una fíbula -equivalente al peroné humano- de un terópodo espinosáurido
recuperada en 2005 en Igea (La Rioja). EFE/ Raquel Manzanares.
La tomografía computerizada ha sido un gran avance en los estudios paleontológicos debido a que permite analizar la morfología interna de los fósiles mediante una técnica no invasiva ni destructiva.

Esto es muy importante, ha añadido, porque los restos fósiles no son abundantes y cualquier destrucción o afectación de los mismos sería una pérdida irrecuperable, que debe ser valorada cuidadosamente.

En este contexto, el equipo incide en que esta tomografía computerizada podrá ayudar a conocer si se trata de una enfermedad padecida por el dinosaurio, una deformación congénita o una tafonómica generada por esfuerzos de cizalladura en materiales plásticos, como pueden ser arcillas.

La prueba se completa con un estudio anatómico de los dinosaurios terópodos de Igea y su comparación con otros restos fósiles de la Península Ibérica que actualmente realiza este equipo de investigación.

Se ha referido a que se conocen en diversos lugares del mundo y en la Península Ibérica varios yacimientos con restos de espinosáuridos, pero, en los últimos años, las excavaciones realizadas en Igea han proporcionado bastante material perteneciente a este grupo.

Los yacimientos de Igea, municipio ubicado a unos 80 kilómetros de Logroño, están proporcionando gran cantidad de material de espinosáuridos, por lo que, para estos investigadores, el resultado de esta tomografía y los estudios posteriores que se publiquen son de "un importante valor" científico.

efe.com

Investigadores de la Universidad de Chile descubren nuevos registros de dinosaurios en la Patagonia

Nuevos restos fósiles del anquilosaurio Stegouros, huesos de hadrosaurio (dinosaurio con pico de pato) y piezas de mamíferos por identificar entregó la undécima campaña paleontológica a Cerro Guido

En esta campaña se hallaron muchos restos fósiles de vertebrados, incluyendo
mamíferos y nuevos restos de anquilosaurio Stegouros.

UCHILE/DICYT El pasado 1 de marzo concluyó con éxito la undécima campaña paleontológica en el sector de Cerro Guido, liderada por científicos y científicas de la Universidad de Chile y del Instituto Antártico Chileno (INACH). Como detalla el investigador de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, Sergio Soto, se hallaron restos fósiles de una gran cantidad de vertebrados, incluyendo mamíferos y nuevos restos del anquilosaurio Stegouros, los que permitirán entender mejor su anatomía. Igualmente, encontraron huesos de hadrosaurio (dinosaurio con pico de pato) de los que no se tenía conocimiento.

Para el Dr. Alexander Vargas, director de la Red Paleontológica de la Universidad de Chile y del proyecto Anillo ACT 172099 'Registro fósil y evolución de vertebrados', esta fue una campaña redonda. “He visto cómo se ha ido perfeccionando la experiencia y capacidad técnica de nuestros investigadores e investigadoras para extraer los fósiles de una manera que aprovecha más todo tipo de información científica, el nuevo cuidado que estamos teniendo con microfósiles, un mayor nivel de atención y, en general, la rapidez y eficacia con la cual estamos sacando los huesos de dinosaurios”, confiesa con orgullo Vargas.

En el ámbito paleobotánico, la Dra. Cristine Trevisan (INACH) afirma que “siempre vamos avanzando y buscando más datos para contar la historia de la conexión Sudamérica-Antártica. En este lugar, tenemos también el límite K-Pg, de cuando se extinguen los dinosaurios (el final del Cretácico) y el inicio de una nueva era, el Cenozoico, donde surgen los mamíferos. En la paleontología, esto tiene una importancia internacional, porque se produce un cambio de flora y fauna, podemos hablar incluso de un cambio en la biodiversidad de ese instante en la Tierra”.

Tronco de árbol fósil.
En esta campaña, además, se encontraron hojas de tamaños más grandes, con bordes lisos, de 10 a 12 centímetros, que hablan de un ambiente más cálido. Por el momento, se puede decir que serían lauráceas y mirtáceas, todas plantas cuyas familias hoy encontramos en el Hemisferio Sur. Por otra parre, este año se sumó al grupo paleobotánico la investigadora de Brasil, Dra. Joseline Manfroi, quien se enfocó en intervalos que contienen carbón, para comprender mejor los paleoincendios, saber sus causas, su extensión y el efecto que tuvieron en los ecosistemas.

Alexander Vargas destaca especialmente la conexión con el Continente Blanco, “porque el mismo Stegouros se parece bastante a formas de Antártica y de Australia, y hay una historia de conectividad ahí que está emergiendo, de una cosa distinta a la que se conocía para el Cretácico tardío en el resto de Sudamérica, muy particular, con otra historia biogeográfica que creemos dará mucho que hablar a nivel mundial”.

Las plantas son como el termómetro climático del pasado, señala por su parte Cristine Trevisan. Una hoja fósil puede entregar mucha información del clima de un lugar, por el borde de la hoja, por el tamaño, que incluso sirva para el desarrollo de modelos de conservación de los bosques actuales. La flora fósil también es importante para comprender mejor el ambiente en el que vivieron los dinosaurios del Cretácico en el hemisferio sur.

Otra línea de trabajo fue la geológica, que estuvo a cargo de la especialista Leslie Manríquez, quien hizo un levantamiento estratigráfico de distintos sitios, incluyendo uno en Cerro Guido y otro donde se encuentran fósiles de hadrosaurios, cerca de la frontera con Argentina. En Guido, Manríquez ya había realizado la estratigrafía general, por lo que en esta ocasión hizo una prospección más minuciosa de cada sucesión geológica, lo que implicó mirar capa por capa, a veces centimétricamente, y hacer un muestreo para el análisis geoquímico posterior y así conocer, por ejemplo, la salinidad del ambiente, algunas características minerales, las concentraciones de hierro, etc.

El Dr. Marcelo Leppe, director del INACH y uno de los impulsores del auge de Cerro Guido como sitio paleontológico clave a nivel internacional, cree que la preparación técnica de este equipo humano altamente especializado puede ser un aporte al proyecto del Centro Antártico Internacional (CAI). “A nivel nacional, hay una falta importante de paleontólogos y paleontólogas, y de técnicos. Durante los últimos diez años hemos entrenado a profesionales que tienen una visión mucho más multidisciplinaria. Este lugar va a aportar con material único para ser exhibido junto con paleorreconstrucciones, las que además serán más fidedignas gracias a los datos aportados por estas investigaciones. El concepto de la conexión Sudamérica-Antártica, que es parte del guion central del CAI, tendrá una expresión totalmente aterrizada, con ejemplos concretos de biota, de animales y plantas que se desplazaron entre ambas masas continentales e incluso una tercera que es Australia”, argumenta Leppe.

En esta campaña también participó el ilustrador científico Mauricio Álvarez (responsable de la imagen de portada de la revista Nature que anunció al mundo el hallazgo del Stegouros elengassen) y el paleontólogo José Pérez, de la Oficina Técnica Regional de Magallanes y de la Antártica Chilena del Consejo de Monumentos Nacionales, quien destacó la forma en que se han ejecutado estas expediciones. “Es un trabajo impecable, muy arduo, no solo por las condiciones del terreno, sino también por la calidad de las publicaciones. Es uno de los sitios más activos de investigación científica dentro de la región y me atrevería decir a nivel nacional”, concluye Pérez.

dicyt.com

Nueva tortuga de caparazón blando que vivió con T. rex y Triceratops

Restos de una tortuga de caparazón blando que vivió hace 66,5 millones de años en Dakota del Norte, corresponden a una de las primeras especies conocidas del género, según un estudio en Cretaceous Research.

Una escena imaginaria del final del Período Cretácico, hace más de 66 millones
de años,  tiene a la tortuga de caparazón blando recién identificada Hutchemys
walkerorum habitando junto a especies icónicas de la Era de los Dinosaurios.
- SERGEY KRASOVSKIY
 
Hutchemys walkerorum vivió durante un período en el que grandes y conocidos dinosaurios también vagaban por la Tierra, incluidos Tyrannosaurus rex y Triceratops. El hallazgo agrega información importante a la comprensión de los científicos sobre las tortugas de caparazón blando de manera más amplia, incluidos los efectos potenciales de la extinción masiva del final del Cretácico, que tuvo lugar en este mismo período de tiempo, en su evolución.

Hutchemys walkerorum pertenece a un grupo particular de tortugas de caparazón blando de la familia Trionychidae llamadas plastomeninas. Estas tortugas son similares a las tortugas de caparazón blando que existen en la actualidad, aunque el plastrón de las tortugas plastomeninas --los huesos que cubren el estómago y el área abdominal-- están más fuertemente suturados y, a menudo, son más grandes y más robustos que en otras tortugas de caparazón blando.

Los plastomeninos vivieron durante los períodos Cretácico y Paleógeno, hace entre 80 y 50 millones de años. Los miembros de este grupo aparecen por primera vez en el registro fósil durante el Cretácico superior, y una sola especie continúa hasta la época del Eoceno, hace 50 millones de años, pero alcanzan su máxima diversidad antes y después del límite entre el Cretácico y el Paleógeno.

"Hasta hace poco no entendíamos muy bien a estas tortugas de caparazón blando", dice en un comunicado Steven E. Jasinski, del Departamento de Ciencias Ambientales y de la Tierra en la Universidad de Pennsylvania. "Sin embargo, estamos comenzando a obtener más información sobre este grupo extinto de tortugas y a comprender mejor su evolución, incluida la forma en que lidiaron con la extinción masiva".

El espécimen fósil de la nueva especie, un caparazón parcial, los huesos que cubren la espalda y lo que la gente considera el "caparazón" de una tortuga, fue descubierto en 1975 en el suroeste de Dakota del Norte. Un equipo de campo de la Universidad Estatal de los Apalaches dirigido por Frank K. McKinney y John E. Callahan recolectó el espécimen, junto con un espécimen de Triceratops, ese verano. El espécimen de tortuga fósil permaneció en Appalachian State hasta 2013, cuando Heckert trató sobre el asunto con Jasinski, un estudiante de maestría en la Universidad Estatal de East Tennessee en ese momento.  

La investigación comenzó en serio en esa época y continuó mientras Jasinski estaba en Penn State para sus estudios de doctorado. Basándose en la estructura del espécimen, él y sus colegas determinaron que este fósil pertenecía a un género de tortugas del oeste americano conocido como Hutchemys. Hutchemys walkerorum representa una de las raras apariciones de estas tortugas antes del evento de extinción masiva que puso fin a la era de los dinosaurios. También representa la aparición más oriental del género durante el Período Cretácico.   

"Con este estudio, obtenemos más información sobre los ganadores y los perdedores durante el cataclismo que puso fin a la Era de los dinosaurios", dice Dodson. "Los poderosos dinosaurios cayeron y la humilde tortuga sobrevivió".

Un análisis filogenético, comparando la nueva especie con otros trioníquidos conocidos, o tortugas de caparazón blando, les dio a los científicos una mejor comprensión de las relaciones evolutivas del grupo. Su análisis colocó a Hutchemys walkerorum con otras especies conocidas de Hutchemys y varias otras tortugas en un grupo distinto de plastomeninos derivados, al que llamaron Plastomenini. Además, los investigadores encontraron un grupo de trionychids tempranos, ubicándolos en una subfamilia recién establecida, Kuhnemydinae. Kuhnemydines son especies fósiles de Asia, y el análisis del equipo sugiere que la familia Trionychidae se originó en Asia antes de migrar a América del Norte en algún momento del Cretácico superior.

Las investigaciones también llevaron a otra nueva clasificación en la familia Trionychidae, una subfamilia a la que llamaron Chitrainae. Este grupo abarca las tortugas de caparazón blando modernas, incluidas las tortugas de caparazón blando gigantes y de cabeza estrecha que se encuentran en el sur de Asia.

europapress.es

Descubren nuevas y gigantescas pisadas de dinosaurio en Teruel

Un grupo de paleontólogos españoles ha descrito huellas de dinosaurio muy bien conservadas en la provincia de Teruel. Pertenecen a un grupo de dinosaurios herbívoros que habitó la Tierra hace 125 millones de años.

Una investigadora analizando las huellas fósiles. / ICP
Un equipo investigador ha descrito nuevas huellas fósiles de dinosaurio en la zona de Camarillas (Teruel), con una antigüedad de 125 millones de años y una longitud de más de 50 cm. El trabajo detalla que estas icnitas (huellas fosilizadas) fueron producidas por dinosaurios herbívoros del grupo de los ornitópodos, emparentados con el famoso Iguanodon, uno de los dinosaurios más grandes de este grupo que medía de 9 a 10 metros de longitud.

Estos dinosaurios fueron muy abundantes en los ecosistemas del Cretácico inferior (hace unos 125 millones de años) y restos de sus huesos se han encontrado en diferentes yacimientos a lo largo de toda la Cuenca del Maestrazgo.

En el estudio, que publica la revista Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, ha participado personal investigador del grupo Aragosaurus-IUCA de la Universidad de Zaragoza, del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (ICP) y del departamento de Geología de la Universidad de Salamanca.

Las icnitas están muy bien conservadas y se observan incluso las marcas de los dedos con gran detalle en algunas de ellas

Las icnitas están muy bien conservadas y se observan incluso las marcas de los dedos con gran detalle en algunas de ellas. “Se trata de huellas grandes y robustas, de más de 50 cm de longitud, y bastante diferentes de las que encontramos en yacimientos más antiguos, que son más pequeñas y gráciles”, comenta Diego Castanera, investigador de la Universidad de Zaragoza, y uno de los autores principales del trabajo.

Estas huellas suponen la evidencia más antigua de este tipo de rastros de ornitópodo encontrada en la Cuenca del Maestrazgo y reflejan el cambio de faunas que se produjo en este grupo de dinosaurios entre el final del Jurásico, con especies de pequeño y mediano tamaño, y el inicio del Cretácico, cuando algunas especies podían alcanzar los 9-10 metros de longitud.

Recreación de un ornitópodo. / ICP
Uno de los aspectos curiosos de las huellas es que no se trata de marcas profundas en el sedimento —como las que dejamos al pisar la arena de la playa—, sino que tienen relieve positivo, es decir, parece que estemos observando el pie fosilizado. Esto se debe a que las pisadas se rellenaron con sedimento que luego endureció y que da como resultado un molde del pie.

“Este tipo de conservación es más típico en otros tipos de rocas, como las areniscas, muchas veces relacionadas con un origen fluvial. Sin embargo, el nuevo yacimiento se encuentra en rocas que fueron sedimentos de un lago de poca profundidad, por donde pasearon los dinosaurios”, explica Beatriz Bádenas, investigadora de Aragosaurus-IUCA y coautora del estudio.

“Gracias a ellas hemos podido descubrir una compleja historia de sedimentación, formación y preservación de las huellas ligadas a las variaciones del nivel de agua en la orilla del lago”, añade Bádenas.

Las huellas fosilizadas tienen relieve positivo, como si fuera un molde del pie 

“Este es uno de los escasos ejemplos de este tipo de fosilización descritos hasta el momento en la península ibérica”, celebra José Ignacio Canudo, responsable del grupo Aragosaurus-IUCA.

Un hallazgo esperado

Desde principios de los años 90, se han descrito centenares de icnitas (huellas fosilizadas) en varios municipios de la provincia de Teruel, que atestiguan la presencia de una gran diversidad de especies de dinosaurios carnívoros y herbívoros en este territorio hace entre 150 y 125 millones de años.

Sin embargo, hasta fechas muy recientes no se había hallado ningún rastro de ellas en la formación geológica El Castellar, que sí que había proporcionado numerosos huesos fósiles de dinosaurios, mamíferos, tortugas y cocodrilos.

La ausencia de icnitas llamó la atención del personal investigador, que trabaja en la zona desde hace años, ya que se trata de una formación geológica de origen lacustre y en principio debería haber sido proclive a registrar las sendas de dinosaurios.

Referencia:

Castanera, D. Bádenas, B., et al. "New ornithopod tracks from the Lower Cretaceous El Castellar Formation (Spain): implications for track preservation and evolution of ornithopod footprints". Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, 2022.

agenciasinc.es

Un estudio desvela cómo caminaban los dinosaurios saurópodos

Analizando las pisadas de un dinosaurio saurópodo, los científicos han desvelado que estos enormes animales de cuello largo caminaban de forma similar a los castores, los erizos o los hipopótamos.

Un grupo de braquiosaurios. / Foto: iStock
Los saurópodos, conocidos popularmente como “dinosaurios de cuello largo”, son los animales más grandes y pesados que jamás han pisado la tierra. Con un peso de varias decenas de toneladas, una pregunta importante es cómo caminaban sin perder el equilibrio. Ahora, un estudio afirma haber dado con la respuesta analizando las pisadas de un saurópodo: caminaban moviendo simultáneamente la pierna delantera de un lado del cuerpo y la pierna trasera del lado opuesto, de forma similar a algunos animales modernos como los castores, los erizos o los hipopótamos.

Jens Lallensack y Peter Falkingham, de la Universidad John Moores de Liverpool, estudiaron tres caminos de pisadas hechas por el mismo saurópodo. Primero individuaron las pisadas correspondientes a cada una de las cuatro extremidades y midieron las distancias entre ellas; a partir de estos datos, calcularon las fases de movimiento de las extremidades, es decir, en qué posición estaría cada una en cada momento de la acción de andar. El resultado es que las piernas se movían en sincronía diagonal, es decir, que la pierna delantera derecha se movía al mismo tiempo que la pierna trasera izquierda y viceversa, tal y como se puede ver en el siguiente vídeo:

¿A qué animal actual se parecería su movimiento?

Anteriormente, los paleontólogos habían trabajado con otros dos modelos. En el primero, las patas de un mismo lado se movían sincronizadas, de la misma forma que hacen las jirafas; sin embargo, esta hipótesis resultaba inconsistente: debido al enorme peso de los saurópodos, habría sido muy fácil que perdieran el equilibrio y cayeran, algo que les podría haber causado lesiones fatales. El segundo modelo suponía que movían las patas una a una mientras las otras tres permanecían en el suelo, como hacen los elefantes; pero este modelo habría limitado su velocidad de desplazamiento.

La pregunta que aún permanece sin respuesta es si este modo de desplazarse era común a otros grupos de dinosaurios e incluso a todos los saurópodos. Puesto que estos variaban mucho en tamaño y proporciones – por ejemplo, en algunas especies el cuello podía suponer la mitad de la longitud total –, los paleontólogos creen que es lógico pensar que su manera de moverse también fuera distinta. Sin embargo, el hecho de que por primera vez se haya podido reconstruir el movimiento de un dinosaurio abre la puerta a hacer lo mismo con otras especies.

nationalgeographic.com.es

Hallado en Brasil el precursor de dinosaurio más antiguo de Sudamérica

El fósil de un ancestro de dinosaurio ha sido excavado en Brasil, en un yacimiento con una antigüedad aproximada de 237 millones de años, lo que le convierte en el más antiguo de América del Sur.

Recreación del nuevo ancestro de dinosaurio - MAURÍCIO SILVA GARCIA/
RODRIGO TEMP MÜLLER
Exhumado de la región central del estado de Rio Grande do Sul, reveló un conjunto de rasgos únicos del grupo que abarca a los dinosaurios y sus parientes cercanos. Llena un vacío en el registro brasileño y revela que los ancestros del dinosaurio vivieron en América del Sur un millón de años antes de lo esperado, según exponen en Science Direct paleontólogos de la Universidade Federal de Santa Maria.

El fósil comprende un fémur de 11 centímetros de largo, que se corresponde con una longitud total de un metro para el especimen, y presenta características diagnósticas que permiten la asignación al grupo denominado Dinosauromorpha. Este grupo incluye a los dinosaurios y sus ancestros cercanos.   

Fuera de América del Sur, hay precursores de dinosaurios de Tanzania y Zambia que son posiblemente más antiguos que el registro brasileño. Sin embargo, algunos estudios han cuestionado la antigüedad de estos lugares, indicando que estos depósitos son más jóvenes.   

Otro hecho interesante se basa en el contenido fosilífero del sitio que produjo el nuevo espécimen. El sitio fosilífero produjo numerosos esqueletos de grandes reptiles, como el Prestosuchus chiniquensis, pariente del cocodrilo, un depredador gigante de nivel superior con 7 metros de largo. Estas criaturas eran mucho más abundantes y grandes que los precursores de los dinosaurios, que medían aproximadamente un metro de largo. Por lo tanto, los ancestros de los dinosaurios enfrentaron innumerables desafíos antes de evolucionar a criaturas grandes y dominantes en los siguientes Períodos de la Era Mesozoica.

europapress.es 

domingo, 27 de marzo de 2022

¿Cómo era el cerebro de los cocodrilos antes de la extinción del final del Cretácico?

La revista Cretaceous Research ha publicado recientemente un artículo que revela cómo eran el cerebro y las capacidades neurosensoriales de los cocodrilos europeos justo antes de la gran extinción del Cretácico-Paleógeno (K/Pg) que acabó también con los dinosaurios, hace 66 millones de años.

El investigador principal del estudio, Eduardo Puértolas-Pascual, junto a los
holotipos  de Arenysuchus gascabadiolorum y Agaresuchus subjuniperus y
otros cráneos de cocodrilos actuales.
La publicación, realizada por miembros del Grupo Aragosaurus-IUCA de la Universidad de Zaragoza, en colaboración con la Universidade Nova de Lisboa, analiza las cavidades craneales de dos cocodrilos del Pirineo aragonés ribagorzano, Arenysuchus gascabadiolorum y Agaresuchus subjuniperus, y permite reconstruir como eran sus cerebros, nervios y órganos olfativos. El estudio ha permitido arrojar luz sobre la evolución neuroanatómica de los cocodrilos y confirma que los alodaposúquidos del Cretácico Superior ya poseían una vista, olfato, inteligencia y un estilo de vida anfibio similar a los observados en las especies actuales.

Para realizar este estudio, liderado por el paleontólogo Eduardo Puértolas, los dos cráneos fueron escaneados mediante TAC (Tomografía Axial Computarizada) en la Universidad de Burgos y el CENIEH (Centro Nacional de Investigación de la Evolución Humana, Burgos). La tecnología TAC, usada comúnmente en medicina, consiste en la obtención de fotografías seriadas mediante rayos X que permiten ver y reconstruir las regiones internas y no visibles de un fósil. Por lo tanto, se pueden reconstruir tridimensionalmente las cavidades de un cráneo que originalmente alojaban órganos, pero que han desaparecido en el proceso de fosilización, ya que los tejidos blandos se suelen descomponer durante este proceso. La reconstrucción de órganos como el cerebro es posible ya que la cavidad craneal conservada en el fósil suele preservar la forma y el volumen del órgano que contenía cuando el animal estaba vivo.

Reconstrucción tridimensional del cráneo (con transparencia) y cavidades
craneales (coloreadas) de los holotipos de Arenysuchus gascabadiolorum y
 Agaresuchus subjuniperus.
Este trabajo de reconstrucción 3D ha permitido comparar estos órganos con los de otros cocodrilos actuales y extintos para determinar cómo eran las capacidades neurosensoriales de estos dos cocodrilos del Pirineo aragonés. Arenysuchus y Agaresuchus son los últimos representantes de un linaje de cocodrilos (Allodaposuchidae) que vivió exclusivamente en Europa y que se extinguió a la vez que los dinosaurios al final del Cretácico (hace 66 millones de años), por lo que la comparación de este linaje, grupo hermano de los cocodrilos actuales, es de gran importancia para saber cómo evolucionó el cerebro y otros órganos sensoriales en los cocodrilos modernos.

Los resultados de los análisis neurosensoriales realizados muestran que el sentido del olfato, la vista y el cociente de encefalización (índice que relaciona el peso del cerebro en función del peso total del cuerpo y que a menudo se utiliza como una estimación aproximada de la inteligencia) se encuentran dentro del rango observado en los cocodrilos actuales.

Referencia del artículo: Puértolas-Pascual, E., Serrano-Martínez, A., Pérez-Pueyo, M., Bádenas, B., & Canudo, J. I. (2022). New data on the neuroanatomy of basal eusuchian crocodylomorphs (Allodaposuchidae) from the Upper Cretaceous of Spain. Cretaceous Research 135, 105170.

iuca.unizar.es

Así logró cazar bajo el agua el ‘Spinosaurus’, el dinosaurio carnívoro más grande del mundo

Los huesos densos del Spinosaurus ayudaron a controlar su flotabilidad y permitieron a este depredador sumergirse para atrapar a sus presas. Esta es la conclusión de un equipo internacional de paleontólogos que ha analizado y comparado las densidades de 380 huesos de una amplia gama de animales actuales y extintos.

Spinosaurus cazando bajo el agua un gran pez conocido como Onchopristis.
Reconstrucción del ecosistema norteafricano de hace más de 90 millones de años.
/ Davide Bonadonna
El escaso número de fósiles conocidos y las dificultades de inferir el comportamiento de un animal que se extinguió hace más de 90 millones de años no ayudaban mucho a resolver este enigma.

La evidencia muestra que el Spinosaurus y otros miembros de la familia de los espinosáuridos eran cazadores semiacuáticos

Para poner fin a la disputa, científicos de EE UU, España, Argentina, Italia, Inglaterra y Marruecos compararon la densidad de los restos óseos del dinosaurio carnívoro más grande hasta ahora descubierto con otros 380 huesos de 250 especies de animales extintos y no extintos. En una investigación publicada hoy en la revista Nature, despejan las dudas: la evidencia muestra que el Spinosaurus y otros miembros de la familia de los espinosáuridos eran cazadores semiacuáticos.

El paleontólogo Ernst Stromer imaginó al Spinosaurus aegyptiacus como un
animal parado sobre sus patas traseras, con un largo lomo erizado de espinas.
/ Biblioteca Linda Hall
“En todo el reino animal, la densidad ósea es un indicador de si un animal puede hundirse bajo la superficie y nadar”, cuenta a SINC el paleontólogo italiano Matteo Fabbri, del Museo Field de Historia Natural en Chicago, EE UU, y líder de la investigación en la que participaron 18 científicos de todo el mundo. “Los huesos densos funcionan como control de flotabilidad y permiten que un animal se sumerja. Nuestro estudio muestra que el Spinosaurus nadaba bajo el agua”.

La historia de los fósiles encontrados y destruidos

Más antiguo y grande que el Tyrannosaurus rex y más largo que un autobús escolar, el Spinosaurus es una de las criaturas más increíbles hasta ahora descubiertas. Su historia está marcada por guerras, bombardeos, olvidos, misterios y controversias.

El Spinosaurus es una de las criaturas más increíbles hasta ahora descubiertas. Su historia está marcada por guerras, bombardeos, olvidos, misterios y controversias

Entre 1910 y 1914, un paleontólogo y aristócrata bávaro llamado Ernst Freiherr Stromer von Reichenbach organizó una serie de expediciones en el Oasis de Bahariya, al oeste de Egipto, donde se hallaron docenas de fósiles. Entre ellos, apareció el esqueleto parcial de un enorme dinosaurio hasta entonces desconocido: un depredador de entre 15 y 18 metros de largo con mandíbulas largas y delgadas como las fauces de un cocodrilo; dientes cónicos y enormes espinas de hasta un metro de alto que se elevaban desde su espalda y sugería haber sido una joroba o una vela.

Aquel animal era más grande incluso que otro dinosaurio carnívoro que por aquella época acababa de ser descubierto en el oeste estadounidense y atraía toda la atención de la prensa: el Tyrannosaurus rex.

Stromer lo llamó Spinosaurus aegyptiacus. El alemán lo imaginó como un animal parado sobre sus patas traseras, con un largo lomo erizado de espinas.

Hasta que casi al final de la Segunda Guerra Mundial, los fósiles fueron destruidos la noche del 24 de abril de 1944 cuando aviones británicos bombardearon el museo de Munich en el que se encontraban. Solo quedaron notas, bocetos y registros fotográficos.

Durante el resto del siglo XX, este extraordinario animal adquirió un estatus casi legendario. En las últimas décadas comenzaron a emerger fósiles aislados de este animal que habría vivido hace entre 112 a 97 millones de años, es decir, cuando surgió el T. rex, el Spinosaurus llevaba casi 30 millones de años extinto.   

Los primeros restos del Spinosaurus hallados en Egipto en 1910 fueron destruidos
en un bombardeo en Munich en 1944. Solo quedaron anotaciones.
/ Biblioteca Linda Hall
 
Por el momento, se han descrito seis especímenes parciales, así como se han descubierto en todo el mundo fósiles de otros miembros de la familia de los espinosáuridos: entre ellos, terribles dinosaurios carnívoros como Baryonyx (hallado en Inglaterra), Camarillasaurus y Vallibonavenatrix (España), Suchomimus (Níger), Irritator y Oxalaia (Brasil), Ichthyovenator (Laos) y muchos otros.

¿Primer dinosaurio nadador?

Entre los grandes hallazgos que cambiaron y ampliaron recientemente la imagen que se tenía del Spinosaurus figuran los realizados por Nizar Ibrahim. Guiado por beduinos, este paleontólogo alemán-marroquí de la Universidad de Portsmouth dio en la última década con el esqueleto más completo de Spinosaurus en la frontera entre Marruecos y Argelia, un lugar llamado Kem Kem que hace 100 millones de años era un gran sistema fluvial. 

Con los restos del Spinosaurus más completo, un estudio llegó a la asombrosa conclusión de haber dado con el primer dinosaurio nadador, pero esto polarizó a la comunidad paleontológica 

El descubrimiento de dientes rectos y cónicos –en lugar de curvos y afilados como en otros dinosaurios carnívoros– adecuados para la captura de peces; pequeñas fosas nasales ubicadas en el medio del cráneo; huesos particularmente densos; una enorme ‘vela’ dorsal; extremidades traseras acortadas; pies fuertes de garras largas y planas; y una increíble cola en forma de aleta que habría ondulado de un lado a otro para impulsar al animal, condujeron a Ibrahim y a su colega Paul Sereno a la asombrosa conclusión de haber dado con el primer dinosaurio nadador. 

El estudio polarizó a la comunidad paleontológica, en especial porque desafiaba la antigua hipótesis de que los dinosaurios no aviarios, es decir, aquellos que no sobrevivieron la extinción hace 66 millones de años ni evolucionaron hasta convertirse en las aves modernas, estaban restringidos a entornos terrestres. 

Por ejemplo, paleontólogos como David W.E. Hone y Thomas R. Holtz defienden las hipótesis de que la cola del Spinosaurus habría sido más bien una estructura de exhibición para atraer a las hembras. Y sobre todo sostienen que este depredador acechaba a lo largo de la costa, es decir, vadeaba como una garza en aguas poco profundas para atrapar presas en lugar de nadar activamente en búsqueda de peces del tamaño de automóviles.

De una manera u otra, con la evidencia disponible, había que resolver la disputa. Al paleontólogo Matteo Fabbri se le ocurrió una ambiciosa manera de hacerlo.

El enigma de los dinosaurios acuáticos

Durante millones de años, algunos mamíferos han evolucionado hacia formas adaptadas al agua, como ballenas, focas y leones marinos. Nutrias, tapires e hipopótamos, por su parte, son semiacuáticos. Las aves tienen pingüinos y cormoranes; los reptiles tienen caimanes, cocodrilos, iguanas marinas y serpientes marinas.

Uno de los principales problemas a los que se enfrenta un animal al adaptarse al medio acuático es ser capaz de moverse en el agua sin esfuerzo. / Guillermo Navalón, Universidad de Cambridge

“Los dinosaurios no aviarios representan una notoria excepción a este patrón”, explica a SINC el paleontólogo español Guillermo Navalón. “Este hecho ha representado un enigma en la paleobiología de dinosaurios, ya que a priori, no parece haber ninguna razón por la que los dinosaurios no hayan ‘podido’ evolucionar formas acuáticas”.   

La dificultad que entraña establecer conexiones directas entre las características morfológicas de un animal extinto y su relación con la ecología de ese organismo llevó a los científicos a buscar otras pistas.          

“Todos los organismos en este planeta tienen que obedecer a una serie de leyes físicas”, agrega este investigador de la Universidad de Cambridge. “Uno de los principales problemas a los que se enfrenta un animal al adaptarse al medio acuático es ser capaz de moverse en el agua sin esfuerzo. El mecanismo más sencillo para conseguir esto es modificar la densidad media del cuerpo. La literatura está plagada de observaciones en las que se vincula una mayor densidad ósea con un estilo de vida acuático o semiacuático”.

El paleontólogo Nizar Ibrahim. / TED
Por ejemplo, los hipopótamos: pese a no tener una forma clara para un estilo de vida acuático, cuentan con huesos muy densos que les ayudan a flotar al sumergirse.

Un secreto escondido en los huesos

Sin embargo, hasta ahora nadie había cuantificado esta relación en detalle usando todos los vertebrados terrestres. “Así que nos pusimos a ello”, recuerda Navalón. 

Coordinados por Fabbri, 18 paleontólogos de 13 instituciones científicas en EE UU, España, Argentina, Marruecos, Italia e Inglaterra compararon los huesos de Spinosaurus y otros espinosáuridos con fémur y costillas de diversas especies de dinosaurios de diferentes tamaños, reptiles marinos extintos, como mosasaurios y plesiosaurios, focas, ballenas, elefantes, pingüinos, caimanes, hipopótamos, hasta ratones y colibríes.  

Los animales que se sumergen bajo el agua para encontrar comida tienen huesos que son casi completamente sólidos

Esta colección de animales reveló un vínculo claro entre la densidad ósea y el comportamiento de alimentación acuática: los animales que se sumergen bajo el agua para encontrar comida tienen huesos que son casi completamente sólidos.

Así, el equipo concluyó que hay evidencias sólidas para pensar que los huesos densos del Spinosaurus y de su pariente cercano Baryonyx probablemente les permitieron sumergirse durante mucho tiempo bajo el agua para cazar presas, como lo hacen los cocodrilos.

En cambio, los resultados apuntan a que otro espinosáurido más antiguo llamado Suchomimus –que vivió hace entre 125 y 112 millones de años en lo que ahora es Níger– tenía huesos más livianos que le habrían dificultado nadar, por lo que probablemente vadeaba o pasaba más tiempo en tierra como otros dinosaurios.

“Creo que estamos subestimando la diversidad ecológica en el registro fósil”, reconoce Fabbri. “Se creía que todos los espinosáuridos tenían ecologías similares en función de su anatomía esquelética similar. Ahora sabemos que incluso especies que a primera vista son similares, como Baryonyx y Suchomimus, en realidad son ecológicamente diferentes”.

La vida acuática del gran depredador

El paleontólogo Diego Pol contribuyó a la base de datos con el análisis de fósiles y huesos de animales vivientes de Argentina. “Este estudio es importante porque nos permite predecir con mucha certeza los hábitos de vida terrestres o acuáticos de un organismo que ha desaparecido hace millones de años”, indica el investigador argentino del Museo Paleontológico Egidio Feruglio.

Este trabajo colectivo proporciona un abrumador apoyo a la hipótesis de que el Spinosaurus desarrolló adaptaciones acuáticas durante los millones de años de su evolución

“Ahora contamos con un método estadístico que nos permite predecir si un animal era acuático o terrestre con más del 90 % de certeza y eso se podrá aplicar a cualquier especie que descubramos en el futuro”, continúa.

Para su colega Nizar Ibrahim, este trabajo colectivo proporciona un abrumador apoyo a la hipótesis de que el Spinosaurus desarrolló adaptaciones acuáticas durante los millones de años de su evolución. “Refuerza aún más la idea de que los dinosaurios invadieron el mundo acuático, contrariamente al dogma sostenido anteriormente”, señala. “El estudio nos recuerda que los dinosaurios eran más adaptables de lo que a menudo les damos crédito”, añade el experto.

Pero para los investigadores, la biología de estos animales sigue siendo misteriosa e intrigante. Este estudio les permitirá comprender más cabalmente la evolución de los vertebrados terrestres y entender cuándo, cómo y por qué han modificado sus cuerpos para adaptarse a la vida acuática. El Spinosaurus, presumen los científicos, no habría sido el único dinosaurio en transitar estos caminos evolutivos hacia el agua.

“Ahora que sabemos que algunas de estas especies nadaban bajo el agua, el siguiente paso obvio es averiguar cómo lo hacían. Solo los hallazgos y estudios futuros responderán a estas preguntas”, concluye Fabbri.

Referencia:

Matteo Fabbri et al. “Subaqueous foraging among carnivorous dinosaurs”. Nature. DOI: 10.1038/s41586-022-04528-0

agenciasinc.es