viernes, 30 de noviembre de 2018

Exposición de las obras seleccionadas del X Concurso Internacional de Ilustraciones Científicas de Dinosaurios 2018

  • La nueva exposición cuenta con 38 obras que ilustran la visión de paleoilustradores de diferentes países sobre el mundo de los dinosaurios y que se puede visitar en el Museo de Dinosaurios.
  • Los trabajos seleccionados en la X Edición del Concurso Internacional de Ilustraciones Científicas de Dinosaurios 2018 en el que el valenciano Hugo Salais ha logrado el primer premio, y el italiano Franco Tempesta y el ucraniano Sergey Krasovskiy han obtenido el segundo y tercer premio, respectivamente.
  • Permanecerá abierta hasta el mes de abril de 2019. 

Hoy jueves se ha instalado la exposición que recoge las ilustraciones que se han seleccionado este año al X Concurso Internacional de Ilustraciones Científicas de Dinosaurios, organizada conjuntamente con la Fundación para el Estudio de los Dinosaurios en Castilla y León  y el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes. Éste es un certamen único en Europa que se convoca de manera regular; varios de sus participantes son profesionales de prestigio que colaboran con los paleontólogos que estudian dinosaurios. Las ilustraciones expuestas son de una gran calidad y reflejan aspectos diversos de la anatomía, comportamiento o los paleoambientes en los que vivían los dinosaurios.

Entre las obras hay diferentes estilos, desde piezas hiperrealistas, hasta obras con una visión más personal y artística. Los paleoilustradores desarrollan técnicas diversas y aplican distintos criterios estéticos para plasmar el conocimiento científico en imágenes no exentas de belleza. En algunas predomina el sentido descriptivo, mientras en otras se indaga en la conducta o en la biología de los dinosaurios. La calidad de estas obras está muy relacionada con el aumento de la información científica sobre los dinosaurios, de cómo eran y de los lugares donde vivían.

Varios de los paleoartistas representados en esta exposición tienen un amplio currículo de premios y trabajos con instituciones científicas o publicaciones internacionales. Podemos citar como ejemplos a Hugo Salais (España), Franco Tempesta (Italia), Sergey Krasovskiy (Ucrania), Mohamad Haghani (Irán), Marcus Burkhardt (Alemania) o Juan José Castellano (España).  

La exposición cuenta con 38 obras escogidas entre todas las que se han presentado, en tamaño A3 y fijadas en cartón pluma. Tanto sus autores como sus nacionalidades son variadas, (como en ediciones anteriores), y demuestran la calidad, variedad y el cuidado en los trabajos presentados.

El tema principal del concurso son las ilustraciones sobre dinosaurios, que pueden representar reconstrucciones de los animales en vida (locomoción, reproducción, alimentación, etc.), situaciones de conducta (caza, grupos familiares, manadas y otros), en su medio, de los fósiles originales y de los ecosistemas que ocuparon. Otros grupos de seres vivos ilustrados han sido tortugas, reptiles marinos y pterosaurios, además de documentarse la vegetación y los paisajes característicos del Mesozoico.

La exposición puede visitarse de martes a viernes 10:30 a 14:00 h. y de 16:30 a 19:30 h. Sábados de 10:30 a 14:30 h. y de 17:00 a 20:00 h. Domingos de 10:30 a 14:30 h.

Los miércoles la visita es gratuita.

Las algas fósiles revelan 500 millones de años de cambio climático

Los investigadores de la Tierra pueden viajar muy atrás en el tiempo para reconstruir el pasado geológico y el paleoclima para hacer mejores predicciones sobre las condiciones climáticas futuras. Ahora, científicos del Instituto Holandés para la Investigación del Mar (NIOZ, por sus siglas en inglés) y la Universidad de Utrecht, Países Bajos, han logrado desarrollar un nuevo indicador (proxy) de los antiguos niveles de CO2, utilizando la molécula orgánica fitano, un producto de la clorofila.

Imagen: Royal Netherlands Institute for Sea Research.
Este nuevo proxy orgánico no solo proporciona el registro más continuo de concentraciones de CO2, sino que también rompe un récord en su periodo de tiempo, que abarca 500 millones de años. Los datos muestran la idea actual de que el aumento en los niveles de CO2 que solía llevar millones de años, ahora está ocurriendo en un siglo, como se informa en un artículo sobre este trabajo publicado este miércoles en 'Science Advances'.

A medida que el CO2 aumenta hoy, es vital entender qué impacto tendrán estos cambios. Para predecir mejor el futuro, debemos comprender los cambios a largo plazo en el CO2 a lo largo de la historia geológica. En la actualidad, hay mediciones directas de CO2 en el pasado, por ejemplo, burbujas en núcleos de hielo que contienen gases antiguos. Sin embargo, los núcleos de hielo tienen una duración limitada de un millón de años.

Para ir más atrás en el tiempo, los científicos de la Tierra han desarrollado varias mediciones indirectas de CO2 a partir de proxies, por ejemplo, de algas, hojas, suelos antiguos y productos químicos almacenados en sedimentos antiguos para reconstruir las condiciones ambientales del pasado.

Niveles de CO2 desde el cámbrico

Un nuevo proxy, que utiliza un producto de degradación de la clorofila, permite a los geoquímicos inferir un registro continuo de niveles históricos de CO2 en el tiempo profundo. Los científicos de NIOZ han desarrollado recientemente el fitano como un prometedor nuevo proxy orgánico que revela medio millón de años de niveles de CO2 en los océanos, desde el Cámbrico hasta tiempos recientes.

Usando el nuevo proxy, pudieron hacer el registro más continuo de los antiguos niveles de dióxido de carbono. "Desarrollamos y validamos una nueva forma de viajar en el tiempo: retrocediendo en el tiempo y en más lugares --dice Caitlyn Witkowski, científica de NIOZ--. Con fitano, ahora tenemos el registro más largo de CO2 con un solo proxy marino. Estos nuevos datos son invaluables para los modeladores que ahora pueden hacer predicciones del futuro con mayor precisión".

Witkowski y sus colegas seleccionaron más de 300 muestras de sedimentos marinos de núcleos y aceites de aguas profundas de todo el mundo, lo que refleja la mayoría de los periodos geológicos en los últimos 500 millones de años. Las reacciones químicas pasadas pueden ser "almacenadas" en moléculas fósiles, por lo que pueden reflejar varias condiciones ambientales antiguas. Los geoquímicos pueden "leer" estas condiciones, como la temperatura del agua de mar, el pH, la salinidad y los niveles de CO2. La materia orgánica, como el fitano, refleja la presión del CO2 en el agua del océano o la atmósfera (pCO2).

Pequeños milagros verdes

Aunque toda la materia orgánica tiene el potencial de reflejar el CO2, el fitano es especial; es el pigmento responsable de nuestro mundo verde. Cualquier cosa que utilice la fotosíntesis para absorber la luz solar, incluidas las plantas, las algas y algunas especies de bacterias, tiene clorofila de la que proviene el fitano. Las plantas y las algas absorben el CO2 y producen oxígeno. Sin estos pequeños milagros verdes, nuestro mundo simplemente no sería el mismo.

Debido a que la clorofila se encuentra en todo el mundo, el fitano también está en todas partes y es un componente importante de la biomasa en descomposición y fosilizada. "El fitano no cambia químicamente a lo largo del tiempo, incluso si tiene millones de años", dice Witkowski.

El CO2 del pasado se calcula a partir de la materia orgánica, como el fitano, mediante el fenómeno del fraccionamiento de isótopos de carbono durante la fotosíntesis. Al tomar CO2, las plantas y las algas prefieren el isótopo de carbono ligero (12C) sobre el isótopo de carbono pesado (13C). Solo utilizan el isótopo de carbono pesado cuando los niveles de CO2 en el agua o la atmósfera circundantes son bajos. La proporción entre estos dos isótopos refleja, por lo tanto, el nivel de dióxido de carbono en el medio ambiente en el momento del crecimiento.

Esto también explica por qué Witkowski no usó plantas terrestres como una fuente para su investigación, usando exclusivamente fitanos de fuentes marinas (fosilizadas). El mundo de las plantas se divide en las llamadas plantas C3 y C4, cada una con su propia proporción única de carbono liviano a pesado. Todo el fitoplancton tiene proporciones muy similares en comparación con sus contrapartes de plantas. Witkowski: "Al elegir solo las fuentes marinas, podríamos limitar la incertidumbre sobre la fuente de fitano en el conjunto de datos".

"En nuestros datos, observamos niveles altos de dióxido de carbono, que alcanzan las 1.000 ppm en comparación con las 410 ppm actuales. A este respecto, los niveles actuales no son únicos, pero nunca se ha visto antes la velocidad de estos cambios. Cambios que normalmente llevan millones de años, ahora están sucediendo en siglo. Estos datos adicionales de CO2 pueden ayudarnos a comprender el futuro de nuestro planeta".

Un trabajo relaciona los cambios en la atmósfera con la evolución de las aves

I+D+I EN LA UMA
  • Un estudio conjunto de la UMA y el Museo de Historia Natural de Los Ángeles relaciona el incremento de oxígeno en la atmósfera hace millones de años con la evolución del vuelo
  • Los factores ambientales han afectado a la biología de los organismos de este grupo procedente de los dinosaurios 

El paleontólogo Francisco José Serrano en la Facultad de Ciencias de la UMA.
 / JAVIER ALBIÑANA
Hace 150 millones de años apareció la que se considera la primera ave. Procedente de los dinosaurios, estos animales eran completamente diferentes a los que existen en la actualidad y ofrecen, por tanto, un vasto campo de estudio en el que se ha especializado Francisco José Serrano, investigador del Museo de Historia Natural de Los Ángeles e investigador asociado de la Universidad de Málaga. Un estudio conjunto, coordinado por este doctor en Paleontología, se publicó el pasado mes de octubre en la revista Gondwana Research, una de las publicaciones más importantes dentro del campo de las geociencias. El trabajo pone de manifiesto una hipótesis novedosa. Los cambios ocurridos en la atmósfera hace millones de años habrían tenido un papel importante en la evolución de las aves y del vuelo.

“Estudio la evolución del vuelo, su modo de locomoción típico, mi propósito es ver cómo ha evolucionado en las más primitivas, incluso antes de ser aves, cómo de los dinosaurios se desarrollaron las aves basales y de éstas las modernas”, explica Serrano. Y su último trabajo publicado analiza el efecto que tuvieron sobre ellas los cambios atmosféricos en ese periodo de tiempo, una aproximación que la comunidad científica no había realizado hasta el momento. Utilizando tres modelos climáticos, han obtenido unas conclusiones reveladoras.

“Dos periodos muy importantes para la evolución de las aves están correlacionados con dos eventos, dos cambios, en la atmósfera muy significativos. Son dos incrementos en la concentración de oxígeno y aumento en la densidad del aire”, comenta el paleontólogo. De esta forma, la investigación refleja cómo los factores abióticos, es decir, ambientales, afectan a la biología de los organismos. “Estos cambios han dado lugar a extinciones, a propagaciones y, en este caso, lo que observamos es que tienen efectos en dos puntos muy importantes en el linaje de las aves”, agrega Serrano.

Hace 180 millones de años

El primer hecho se remonta a 180 millones de años atrás, antes de la aparición de las aves. Entre 180 y 160 millones de años se produce una miniaturización de estos dinosaurios. Se va reduciendo progresivamente su tamaño, algo clave a la hora de adquirir una capacidad metabólica que permita a posteriori alcanzar un vuelo, que es una forma de locomoción muy costosa y se requiere una capacidad energética mucho mayor. Estas condiciones más óptimas para el vuelo coinciden a su vez con una mayor concentración de oxígeno en la atmósfera. 
"EL EFECTO COMBINADO DE REDUCCIÓN DE TAMAÑO Y EL AUMENTO DE OXÍGENO ATMOSFÉRICO PRODUCE UN EFECTO MULTIPLICADOR EN SU CAPACIDAD METABÓLICA" 
Luis Chiappe, subdirector del Museo de los Ángeles, y Serrano estudian un fósil.
“No está claro el por qué se produce pero coincide con una radiación en las plantas angioespermas, el incremento de vegetales hace que aumente la fotosíntesis y, por tanto, el oxígeno”, comenta el investigador. Y añade que “el efecto combinado de reducir el tamaño, por lo que necesitan menos energía y aumentar el oxígeno atmosférico, disponen de más energía desde el medio ambiente, produce un efecto multiplicador de su capacidad metabólica y se da una condición preadaptativa”.

Cuando las aves se multiplicaron

Posteriormente, entre 131 y 120 millones de años, se produce lo que se conoce como la primera radiación adaptativa de las aves. En ese periodo se incrementa muchísimo la cantidad de estas especies sobre la tierra y coincide, igualmente, con un incremento entre el 27 y 44% en la concentración de oxígeno. “La diversificación, el aumento en el número global de especies estuvo vinculado a la cantidad de oxígeno en la atmósfera”, considera Serrano y subraya que “el hecho de tener unas condiciones atmosféricas beneficiosas produjo que pudieran diversificarse y colonizar muchísimos más hábitats y ambientes”. 
"LA DIVERSIFICACIÓN, EL AUMENTO GLOBAL DE ESPECIES ESTUVO VINCULADA A LA CANTIDAD DE OXÍGENO DE LA ATMÓSFERA" 
Dentro de los vertebrados terrestres, el grupo de las aves es el más diverso que existe con más de 10.000 especies. “Y el estudio ha determinado cómo el ambiente influye en la biología de los organismos, por lo que este cambio climático que estamos viviendo afectará a la biología de los organismos de una manera que aún no somos capaces de ver”. Serrano pone el ejemplo de las cotorras. “Estos pájaros viven muy bien en Málaga, en Barcelona, en Zaragoza, en muchas grandes ciudades y, sin embargo, son animales tropicales, pero se han adaptado porque el clima se ha vuelto más cálido. Al aclimatarse bien, crecer mucho y rápido, tiene beneficio en la competencia con las especies locales y de ahí su peligrosidad como especie invasora”, dice el paleontólogo.

En el estudio también ha participado un climatólogo de la Universidad australiana de Flinders y el prestigioso paleontólogo de la Universidad Autónoma de Madrid, José Luis Sanz. Los investigadores han estudiado 38 fósiles en muy buen estado de conservación, para hacer la reconstrucción más precisa posible. La mayoría de ellos proceden de yacimientos de China.


Descubren que gran parte de sur de China estuvo bajo el mar hace 400 millones de años

Investigadores chinos han descubierto mediante un estudio paleontológico de los estratos que gran parte del sur de China actual estuvo debajo del mar entre 410 y 350 millones de año atrás.

Un equipo de investigación del Instituto de Geología y Paleontología de Nanjing de la Academia de Ciencias de China dedicó tres años al estudio. Con base en la evidencia paleontológica más reciente, concluyeron que la mayor parte de la placa de sur de China estuvo bajo el mar hace 410 y 350 millones de años.

El estudio muestra que la placa sur de China abarca las provincias actuales de Yunnan, Guizhou, Sichuan, Hunan, Hubei, Zhejiang, Jiangxi, Fujian y Guangdong, la municipalidad de Chongqing, la región autónoma de la etnia zhuang de Guangxi y la parte sur de la provincia de Jiangsu, en el norte de Vietnam, así como el mar Amarillo y el Mar Oriental de China.

Los investigadores descubrieron en la provincia de Jiangxi, este de China, el fósil de una planta que data de hace 410 millones de años y que vivió en las aguas costeras. Esto significa que el área estuvo sumergida por aguas poco profundas en esa época.

Ellos continuaron estudiando los fósiles de plantas desenterrados en más de 50 lugares en la placa sur de China y descubrieron que la línea costera en la placa se movió gradualmente hacia el este hace entre 410 y 350 millones de años.

Hace unos 410 millones de años, la línea costera se encontraba en la parte central actual de Guangxi, el sur de Hunan y el norte de Vietnam. Se movió al este en la parte oriental actual de Jiangsu y Jiangxi, el centro de Guangdong y Hong Kong hace unos 350 millones de años y para entonces la mayor parte de la placa sur de China había estado cubierta por el mar.

Los hallazgos fueron publicados a principios de noviembre en la revista Paleogeografía, Paleoclimatología y Paleoecología.

"La Patagonia está brindando el conocimiento sobre lo que pasó en el hemisferio sur"

DINOSAURIOS EN LA PATAGONIA

Así lo indicó el paleontólogo del CONICET, quien se refirió al trabajo que viene realzando en la provincia hace trece años y sobre la jornada abierta sobre novedades paleontológicas de Santa Cruz.

La directora de Patrimonio Cultural de Santa Cruz, Carla García Almazán, explicó a Tiempo FM que son muchos los investigadores que vienen a la provincia a realizar estudios y campañas financiados por CONICET, UBA y Comahue.

"Al no tener un espacios de estudio nos vemos en la obligación de otorgar en prestado el permiso por dos años y renovables a dos años", expuso la funcionaria provincial, quien advirtió que se le pide a los investigadores un informe de la investigación, una adaptación con un guion para el museo Padre Molina y la devolución de las piezas.

Ari Iglesias y Paulina, son los paleontólogos de Rio Negro que trabajaron en la provincia, siendo Ari quien participó en una publicación sobre las flores de la Patagonia y Paulina estudia los dinosaurios.

"No contamos con paleontologías, ha crecido la arqueología pero la paleontología es materia pendiente en la provincia", afirmó García Almazán.

Por su parte, el paleontólogo del CONICET, Ari Iglesias, explicó que está trabajando hace trece años en Santa Cruz y conoce varias localidades fosilíferas. "Es una de las provincias que brinda más fósiles interesantes del país y seguimos haciendo investigaciones", remarcó el paleontólogo.

Sobre las jornadas de mañana en el Complejo Cultural, indicó que va a explicar la evolución de las flores de la Patagonia. "Vamos a hacer una recuento de las novedades paleontológicas", afirmó, para señalar que va a explicar el origen de las plantas con flores, pero "voy a venir más cerca y voy a explicar cómo fue la evolución de la vegetación a lo largo del tiempo hasta llegar a la actualidad". "Mostrar cómo era la Patagonia hace 90 millones de años", advirtió Iglesias.

Por otro lado, Paulina va a explicar la re construcción de los cráneos de dinosaurios en un periodo de tiempo en El Calafate y El Chaltén.

Construyendo Tarteso, I Premio Nacional de Arqueología de la Fundación Palarq

El proyecto Construyendo Tarteso ha sido galardonado con el I Premio Nacional de Arqueología y Paleontología de la Fundación Palarq, un galardón dotado de 80.000 euros que pretende "completar las subvenciones" administrativas a estas ramas científicas que no cuentan con un galardón "per se". Sebastián Celestino y Esther Rodríguez, directores de este proyecto que estudia las construcciones de la época tartésica (del siglo VIII al IV a.C) en excavaciones como el yacimiento

El proyecto Construyendo Tarteso ha sido galardonado con el I Premio Nacional de Arqueología y Paleontología de la Fundación Palarq, un galardón dotado de 80.000 euros que pretende "completar las subvenciones" administrativas a estas ramas científicas que no cuentan con un galardón "per se".

Sebastián Celestino y Esther Rodríguez, directores de este proyecto que estudia las construcciones de la época tartésica (del siglo VIII al IV a.C) en excavaciones como el yacimiento de Casas de Turuñuelo (Badajoz), recibirán esta tarde en el Museo Arqueológico Nacional este premio pionero en España.

El Premio Nacional de Arqueología y Paleontología Fundación Palarq, de carácter bienal, tiene por objetivo reconocer la excelencia y originalidad de los proyectos arqueológicos y paleontológicos dirigidos por equipos de investigación españoles y desarrollados tanto a nivel nacional como internacional.

"Este premio tiene bastante importancia, porque la arqueología es una ciencia un poco cara y, si no está apoyada por el sector privado, la verdad es que tiene difícil salida, difícil desarrollo", explica a Efe Celestino, y Rodríguez pone de relieve que trabajan sobre "una cultura enigmática, mítica".

A pesar de que tan solo se ha intervenido durante 4 años, el yacimiento ha tenido ya una enorme repercusión dadas las novedades técnicas constructivas utilizadas en la edificación de las Casas de Turuñuelo.

Entre ellas, destaca el empleo por primera vez en la Península del mortero de cal para la fabricación de los solares con los que se levantó la escalinata monumental que conecta el piso superior con el patio.

A todo ello se suma la identificación de un sacrificio de animales, entre los que destacan los 52 caballos hallados en posición anatómica, es decir, con las partes del cuerpo donde corresponde, siendo la primera documentación de este tipo de ritual en todo el Mediterráneo.

"Trabajamos sobre la tierra como una realidad histórica, no como un mito. El haber puesto esta cultura en el panel de la historia ha tenido su importancia. Y hemos trabajado con un equipo multidisciplinar muy grande, que ha hecho que la investigación sea bastante completa", apunta Rodríguez.

El director de la Fundación Aga Khan y portavoz del jurado que ha concedido el galardón por unanimidad, Luis Monreal, afirma que Construyendo Tarteso reunía todas las condiciones para la decisión de los expertos porque es un "tema que está saliendo de la nebulosa histórica" y porque "pone en el conocimiento público una fase de nuestra protohistoria".

Además, según el portavoz del jurado, "todavía en nuestro país el sector privado no ha llegado a ocupar el nivel de ayuda a la investigación" que corresponde al volumen económico de estos proyectos científicos, afirmación que comparte Andrew Selkirk, miembro del jurado, vicepresidente del Royal Archaelogical Institute y cofundador de los British Archaeological Awards, otra iniciativa privada para apoyar proyectos arqueológicos que se estableció en 1976.

Junto a ellos, han compuesto el jurado de este premio el profesor Yves Coppens, uno de los descubridores de la famosa Australopithecus Lucy; el director del Museu Nacional d'Art de Catalunya, Pepe Serra Villalba; el catedrático Josep Guitart Duran; y Jacinto Antón, galardonado en 2009 con el Premio Nacional de Periodismo Cultural.

"Muchas veces el arqueólogo pide 10, y el ministerio le da 3, y como no tienen suficiente, nosotros le damos 3 más para que puedan tirar adelante", explica el presidente y fundador de la Fundación, Antonio Gallardo Ballart, sobre esta forma privada de "completar las subvenciones".

La malaria surgió hace 100 millones de años en plena era de los dinosaurios

Los microorganismos que causan la malaria, la leishmaniosis y otras enfermedades actuales se remontan a al menos hace 100 millones de años, en plena época de los dinosaurios, según un estudio realizado por un entomólogo estadounidense sobre insectos y garrapatas que se conservan en ámbar de cinco regiones diferentes.

George Poinar, del Departamento de Biología Integrativa de la Universidad Estatal de Oregon (Estados Unidos), ha publicado un artículo en la revista 'Historical Biology' tras estudiar artrópodos incrustados en piezas procedentes de Canadá, México, Myanmar, República Dominicana y la región báltica.

El hallazgo de este investigador es notable porque organismos que chupan la sangre como mosquitos, pulgas, tábanos y garrapatas no se encuentran con frecuencia en ámbar, y porque se trata de artrópodos hematófagos portadores de patógenos y parásitos identificables y preservados.

"La alimentación con sangre de vertebrados evolucionó como una forma eficiente para que ciertos insectos y ácaros obtengan proteínas para el crecimiento y la reproducción", apunta Poinar, experto internacional en formas de vida animal y vegetal que se encuentran preservadas en ámbar.

Poinar considera "probable" que mosquitos primitivos y otros vectores artrópodos estuvieran presentes en el Jurásico e incluso estuvieran transmitiendo patógenos en ese periodo. "Esto habría dado como resultado enfermedades muy disperas, muchas de las cuales fueron fatales para los vertebrados cuando aparecieron por primera vez", agrega.

Este entomólogo observó insectos y garrapatas chupadores de sangre encerrados en ámbar dominicano, mexicano, báltico, canadiense y birmano que datan de 15 millones a 100 millones de años.

Entre los vectores había mosquitos, tábanos, moscas murciélago, pulgas y garrapatas, que llevaban una abundancia de microorganismos que en la actualidad causan enfermedades como la filariasis, la enfermedad del sueño, la ceguera de los ríos, el tifus, la enfermedad de Lyme y, quizá lo más importante, la malaria.

SALUD PÚBLICA

Actualmente, la malaria es una preocupación importante de salud pública, ya que varias naciones han notificado este año un aumento en las infecciones. Por ejemplo, Venezuela ha detectado más de 650.000 nuevos casos sólo en 2018.

"Numerosas especies de malaria parasitan a los vertebrados hoy y ahora sabemos que en los últimos 100 millones de años la malaria fue transmitida por mosquitos, moscas murciélago y garrapatas", apunta Poinar.

Este investigador subraya, sin embargo, que su investigación muestra qué parásitos y patógenos podrían haber transmitido esos artrópodos en determinados periodos y lugares del pasado, pero los ámbares no son lo suficientemente antiguos como para inferir "cuándo y cómo se originaron las asociaciones entre vectores, patógenos y vertebrados".

Poinar cree que los microorganismos primero infectaron a los artrópodos chupadores de sangre y, sólo después de que se alcanzaron los equilibrios entre ellos, los microorganismos se vectorizaron a los vertebrados. "Ese tema ha sido y seguirá siendo objeto de discusión en los próximos años", concluye.

martes, 27 de noviembre de 2018

El hallazgo del reptil herbívoro más antiguo da nuevos indicios sobre la evolución

El hallazgo en Nuevo México (EE.UU.) del fósil de un reptil herbívoro de unos 300 millones de años, y señalado como el fósil más antiguo de un reptil herbívoro, obliga a "reescribir" la evolución de esta clase de animales, según dijeron hoy a Efe investigadores del descubrimiento.

Fotografía cedida por The New Mexico Museum of Natural History & Science 
(NMMNHS) de un fósil del que sería el reptil herbívoro más antiguo. 
EFE/ NMMNHS
"Tendremos que reescribir los libros de Historia, llevando más atrás el periodo de la evolución de los animales herbívoros", dijo a Efe Spencer Lucas, curador de Paleontología del Museo de Historia Natural y Ciencia de Nuevo México, y quien calificó el hallazgo de Gordodon, nombre dado al reptil, como "uno de los descubrimientos más significativos".




ENRIQUE PEÑALVER: "EN MADAGASCAR NOS DIMOS CUENTA DE QUE EL ÁMBAR Y LA RESINA NOS ENGAÑAN"

Este geólogo está especializado en ámbar

HEARST.
Desde su puesto como Científico Titular del Instituto Geológico y Minero de España, en su Valencia natal, Enrique Peñalver (miembro de la Selección Española de Ciencia 2018) mira al pasado, al suelo y a lo que los demás llamamos bichos. Con una pasión de paleontólogo que no encendió un dinosaurio, sino el fósil de un caracol marino. El interés y el estudio le llevaron a especializarse en el ámbar, esa cárcel de resina sólida que él escudriña en busca de insectos extintos. En una pieza extraída de El Soplao (Cantabria) identificó una de las grandes joyas de su carrera: la garrapata más antigua que se conoce. Tras cerciorarse de que llevaba allí 105 millones de años, Peñalver quiere arrancarle toda la información posible sobre el entorno en el que vivió, mucho antes de que los humanos hubiésemos empezado a perfilarnos. Estos parásitos que cualquiera rehuiría le sirven incluso para seguirles la pista a los dinosaurios.

P: ¿De dónde viene el interés por la paleontología?
R: La pasión, más bien pasión. Desde muy pequeñito. Siempre me ha gustado mucho la naturaleza. Cuando era niño, mi tía Pilar estudiaba biológicas. La llevaron al campo y cogió un braquíopodo, un invertebrado marino fósil del mesozoico. Y yo recuerdo que estaba en casa de mi abuela cuando me lo puso en la mano y me dijo: “mira, esto tiene millones de años”. Entonces se produjo, no sé, como una tormenta mental y yo me quedé fascinado… Millones de años. Si lo piensas, da vértigo. Así empezó esto y, fíjate, que no fueron los dinosaurios, porque entonces tampoco se hablaba tanto de ellos. 
A las cucarachas no las puedo ni ver. Es algo cultural 
P: ¿Recuerdas contárselo a alguien?
P: Sí, seguro, a todo el mundo. Porque entonces yo quería buscar fósiles por todas partes. Veraneábamos en La Eliana, cerca de Valencia, donde hay unos estratos marinos del Mioceno y, cuando iba con mis amigos a coger lagartijas, yo me pasaba horas rascando la roca. De vez en cuando, me salía como una almejita en tres dimensiones y eso era… Tenía toda una caja de puros con sus compartimentos llenos de mis tesoros.

P: ¿Y después?
R: Ya en el bachillerato miraba todas las revistas de ciencia y de todo lo que hablaba de fósiles me hacía una fotocopia. Después hice biológicas y fue apasionante.

P: ¿Y cómo te fuiste escorando hacia la especialidad que tienes hoy?
R: Yo quería estudiar animales fósiles y me gustaban mucho los insectos. En Rubielos de Mora (Teruel), hay una roca laminada que hace 19 millones de años fue un lago. Cuando abres la roca con un cuchillo salen salamandras, hojas, insectos,… Encontré algunos perfectamente fosilizados sobre los que hice el doctorado.

HEARST.
P: Entonces llegaste a donde estás ahora a través de los insectos, ¿qué te interesa de ellos?
R: Su diversidad, su papel absolutamente capital en los ecosistemas terrestres y que están continuamente con nosotros, aunque no los veamos. Si ahora te vas a hacer un picnic al campo, estarán ahí las hormigas fastidiándote el picnic. Pues el ámbar de España que yo estudio se originó justo antes de que aparecieran las hormigas. Nunca vamos a encontrarlas ahí, porque nacieron unos pocos millones de años después. Los insectos que encuentro en ese ámbar –y son muchos– existieron antes de que apareciera un grupo tan importante.

P: ¿Hay alguno que no te guste?
R: Las cucarachas. Soy paleoentomólogo, pero no las puedo ni ver. Es una cosa cultural.

P: ¿Qué insectos te llamaron primero la atención?
R: Pues los dípteros, es decir, las moscas y los mosquitos. Porque en paleontología siempre los encuentras.

P: Pero esos con los que tú trabajas ¿siguen existiendo?
R: No, los que yo encuentro son especies nuevas y ya extinguidas.

P: Háblame de algún bicho que te haya sorprendido especialmente.
R: Me impactaron mucho unos insectos pequeños en ámbar de Álava que estaban cubiertos de polen. Tenían unos 105 millones de años, que es cuando las plantas con flores empezaban a estar presentes en los ecosistemas terrestres y los bosques. Esos insectos ya estaban polinizando árboles como pinos o araucarias, sin flores. Estábamos viendo una prefase de lo que iba a ocurrir luego, que iba ser una explosión en la evolución de la vida. La polinización de las plantas con flor se considera uno de los hitos de la evolución. Y nosotros veíamos el momento anterior, un primer paso a lo que vendría después, y nunca se había encontrado eso. 
Las garrapatas son fascinantes, pero lo mejor es su estrategia evolutiva de alimentarse de sangre 
P: ¿Cómo se pasa de ahí a las garrapatas?
R: Ocurrió lo siguiente: la pieza que he traído para mostraros, del yacimiento cántabro de El Soplao, está llena de insectos. Para identificarlos con la lupa, estaba yo en la Universidad Complutense y, de repente, digo: esto es una garrapata. Pequeñita, pero indiscutible. Tiene una forma muy determinada que no tiene ningún otro tipo de artrópodo. Y, aunque no tengo en la cabeza el registro fósil de los arácnidos, pensé: esta va a ser la garrapata más antigua que se conoce.

P: ¿Así, directamente?
R: Sí, Sí. Porque yo sabía que se habían encontrado garrapatas en ámbar de hacía 99 millones de años. Nosotros estábamos en 105. Es decir, 6 millones de años antes. Nos interesamos mucho por ella y fuimos a un congreso en Edimburgo, donde un norteamericano presentaba unas garrapatas muy raras en ámbar de Birmania de 99 millones de años. Accedió a colaborar con nosotros e hicimos la investigación.

P: ¿ Y tú me puedes hablar bien de las garrapatas?
R: Yo te puedo hablar bien. Te puedo decir que son fascinantes cuando las ves con todo detalle al microscopio electrónico. De estas fósiles hicimos un CT escáner y obtuvimos imágenes en tres dimensiones que podíamos rotar, abrir, etcétera. Pero el aspecto más interesante es el evolutivo. Piensa en su estrategia: para alimentarse, ellas tienen que acercarse a un vertebrado sin que este las detecte o se las pueda quitar. Tienen que chupar la mayor cantidad de sangre posible y luego desprenderse para reproducirse, ya cargadas de proteínas. ¿Por qué eligen la sangre? Porque así te alimentas de un animal sin matarlo y le estás quitando lo que más fácilmente vas a poder incorporar. Las garrapatas, como los mosquitos, afinan tanto que te perforan la piel sin que tu sistema nervioso lo acuse, porque te están inoculando saliva con analgésicos. Una garrapata puede estar así días y días.

(Ve mi expresión de asco-estupor...)

Sí, es un poco monstruoso. Tiene la fascinación del monstruo, del criminal. Pero el proceso es una coevolución, lo que llamamos una carrera armamentística. El animal se va refinando para no ser parasitado y los parásitos para parasitarlo, en una especie de danza evolutiva. 
Crear un dinosaurio de la sangre de un mosquito en ámbar, como en Jurassic Park, nunca sería posible 
P: Y al ámbar ¿Cómo llegas?
R: Yo estaba estudiando los insectos lacustres que te mencioné, aquí en Madrid. Un día, en el autobús a la Complutense, un colega me contó que había aparecido en Álava un yacimiento de ámbar con insectos dentro. Del Mesozoico, del Cretácico. Y yo le dije: “¿me estás tomando el pelo?”. Entonces, cuando hablábamos de ámbar, hablábamos del ámbar del Báltico, de la República Dominicana. Me junte con el grupo que empezó estudiar el de Álava y prácticamente abandoné lo demás.

P: ¿Qué tiene el ámbar?, ¿es lo que mejor conserva los fósiles?
R: Sí, se les llama yacimientos de conservación excepcional. Algunos de esos insectos de 105 millones de años parece que estaban volando ayer. Están perfectos, aunque huecos por dentro. A veces, tienen haces musculares momificados, con estructura celular y todo. Sobre todo los de República Dominicana se conservan muy bien.

Según Enrique Peñalver, crear un dinosaurio de la sangre de un mosquito 
en ámbar, como en Jurassic Park, nunca sería posible.
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P: ¿Qué diferencia hay entre un ámbar y otro?
R: Muchas. La edad –que puede ir de 20 a 105 millones de años, el contenido, porque los ecosistemas de entonces eran muy diferentes, o la conservación. En ámbares más recientes suele ser mucho mejor. El más antiguo tiene fracturas por compresión, o la profundidad puede haberlo sometido a un calentamiento que lo enrojece. Los más antiguos con insectos, de más de 200 millones de años, aparecieron en Italia. Pero el primero con muchos insectos y mucha información es del Líbano, de 120 millones de años. Y la planta que lo produce también es importante.

P: ¿Hay criterios para buscar un yacimiento?
R: Yo, por ejemplo, en España ya tengo el ojo entrenado y algunos yacimientos los he descubierto desde el coche, en los cortes de carretera. Lo que nosotros buscamos y excavamos son bolsadas. Se producen en un lugar donde un río baja cargado de ramitas, hojas, resina… y, por alguna razón, se acumulan en un sitio, como en una bolsa. En El Soplao y en San Just, en Teruel, hay una abundancia tremenda. Estás picando y aparece una pieza, otra, otra…

P: Eso supone trabajo ¿para cuánto tiempo?
R: Bueno… Yo sé que en El Soplao – el yacimiento del Cretácico más importante de Europa– tienen sacos de ámbar. Pero tiene que someterse a una preparación muy técnica, muy costosa. Lo hacen poco a poco y, según van preparando, vamos descubriendo y estudiando cosas nuevas.

P: Lo del Jurassic Park ¿sería posible alguna vez?
R: No.

P: ¿Por qué?
R: Por muchas razones. Primero porque se ha visto que los supuestos fragmentos de ADN hallados en ámbar de esa época son contaminación de material genético actual; las bacterias se meten por todas partes. Además, se ha comprobado que, en condiciones ideales, el ADN no podría sobrevivir más de un millón de años. Si en los mamuts, que están congelados, ya está muy dañado, imagínate en ámbar de 105 millones de años. Y no estamos hablando del Jurásico, que es más antiguo, sino del Cretácico. En realidad, la película se tenía que haber llamado Parque Cretácico, porque en el jurásico hay muy poco ámbar y nunca se han encontrado insectos en él. Eso es una licencia de Michael Clayton cuando escribió la novela, yo creo que también porque los dinosaurios del Jurásico eran más monos.

P: Y, ¿en el caso de que hubiera habido un insecto, un mosquito?
R: Nosotros tenemos mosquitos con el abdomen hinchado porque estuvo lleno de sangre. Los estamos investigando, pero vamos lentamente, porque hay que estar seguros de que los posibles residuos no vienen de contaminación externa, por ejemplo, hierro procedente de la misma roca que contiene el ámbar. De no ser así, tenemos a los insectos que picaron a los dinosaurios y a los mamíferos.

P: ¿Esos de dónde y de qué época son?
R: De aquí de España, del Cretácico. Ahora, no estamos para nada esperanzados de que pueda haber ahí ADN. El proceso para detectar ADN antiguo y luego hacer copias es una cosa tremenda. No sé si conoces las investigaciones de Pääbo. A no ser que él se interesara por esto, yo creo que es una investigación abocada al fracaso. Porque realmente el ADN es una macromolécula muy inestable. Claro, dentro de las células esta de maravilla, pero, una vez que los sacas de ahí, se viene abajo como un castillo de naipes. Querer hallar ADN en un mosquito de hace 105 millones de años en ámbar es como pretender que un castillo de naipes se haya mantenido sin derrumbarse durante tanto tiempo.

P: Vi que estuviste en Madagascar porque habías pensado que igual hay cosas en el ámbar que no son tan estupendas como se pensaba. Cuéntame algo de esto.
R: Lo que nosotros nos planteamos fue: de todos los actores e interacciones de un ecosistema ¿qué nos muestra el ámbar? ¿Nos da una muestra general o hay cosas que sobrerrepresenta y otras que obvia? Para averiguarlo fuimos a Madagascar y buscamos en árboles que producen mucha resina, los mismos que originaron el ámbar de República Dominicana. Pusimos trampas pegajosas en los árboles y comparamos lo que quedaba atrapado ahí, con lo que había en la resina. Tras un análisis muy laborioso nos dimos cuenta es de que el ámbar y la resina nos engañan.

P: ¿Cómo?
P: Imagina qué una cámara estuviera registrando la actuación del circo. Y, cuando ves la grabación, te das cuenta que sólo ha sacado al domador de leones y una pequeña muestra de la actuación de los payasos. Pues te has perdido a los equilibristas, los trapecistas, al que juega con el fuego de las antorchas… Aquí pasa igual, unas cosas me las muestra –a veces una y otra vez– y otras que deberían ser muy comunes no aparecen. Es muy importante saber esto cuando queremos interpretar el pasado tenemos que saber. Tenemos que conocer este tipo de huecos.

P:¿Es posible que en la expedición a Madagascar os hicieran un comic?
R: No, lo hicimos nosotros http://www.igme.es/ZonaInfantil/ComicVONGY/Vongy_ES_WEB.pdf . Cubrimos así la parte de divulgación que nos pedían en el proyecto de financiación de National Geographic. Pensé que podríamos repartirlo en los colegios de Madagascar para que los niños supieran lo que estábamos haciendo. El guión lo escribimos allí, en los ratos libres y por las noches en el hotel.

P: En Nueva York realizaste una investigación postdoctoral. ¿Cómo trabajaste? 
R: Allí trabaje en el Museo de Historia Natural, con el ámbar de la República Dominicana, del que tienen una colección muy potente. Estudié dos mariposas casi completas, mosquitos en piezas llenas de pelos del mamífero al que habían picado, que descubrimos que era una musaraña tropical. También unas avispas qué son las únicas que polinizan las higueras, conservadas con el polen pegado al cuerpo. Lo pasé muy bien allí.

P: ¿También fuera del museo?
R: Sí. Me junté con los postdoctorales argentinos y cubanos Y aquello era una fiesta continua. Eso sí, al día siguiente puntual a trabajar.

P: ¿Te llamó la atención el sistema de trabajo de allí?
R: Totalmente, para mi fue un shock. El museo tiene la biblioteca de ciencias naturales más importante de Estados Unidos. Encontrabas cualquier artículo, cualquier revista, cualquier libro, todo. Impresionante. Además, son muy expeditivos, sistemáticos y rápidos publicando e investigando. Hay unas facilidades increíbles. Al investigador no le molesta nadie, porque para toda la parte burocrática ya están los administrativos. Como además tienen financiación, vas a una velocidad de vértigo.

P: ¿Hubo algo que no te gustara?
R: Me impactó muchísimo ver que en el estamento de investigación eran todos blancos y en la limpieza y otros servicios, afroamericanos y latinos. Ves que hay una segregación no forzada, pero si socioeconómica. Es duro y me costó digerirlo.

P: ¿Te ha tentado alguna vez trabajar allí?
R: Yo quería volver a España y, al llegar, conseguí una beca Ramón y Cajal, me vine al IGME y decidí quedarme aquí. Que tampoco está mal. Aquí investigamos a buen ritmo y somos muy creativos, cosa que allí quizás no tanto.

Enrique Peñalver. HEARST
P: Volviendo a las garrapatas, además de la más antigua de El Soplao, investigaste otra en una pieza de ámbar birmano con una sorpresa. ¿Cuál fue?
R: Sí, había una que no correspondía a ninguna de las tres familias de garrapatas que se conocen. Y tenía pegadas al cuerpo unas estructuras que, al microscopio, eran como un hilos de macetitas imbricadas. Al principio creímos que era un plumón, pero luego nos dimos cuenta de que se trataba del pelo de unas larvas de escarabajo. Esos pelos son únicos en todos los artrópodos. Pero resulta que estas larvas viven en los nidos. Y luego vimos que las garrapatas entraron en contacto con ellas mientras parasitaban a los polluelos de dinosaurios (o a sus padres) en el nido.

P: En el mismo artículo hablábamos de otra garrapata –esta de una familia actual– que está enganchada a una pluma de dinosaurio. Y, de las cosas que tienes por delante para el futuro, ¿qué es lo que más te ilusiona?
R: Pues creo que vamos a encontrar interacciones con dinosaurios. Porque los dinosaurios debían de estar llenos de parásitos. Debía de picarles todo lo que pasaba por allí, piensa que, aunque muchos de ellos fueran muy feroces, ante un parásito no tienes nada que hacer.

En lo que confía Enrique Peñalver, es en que ese parásito se acercara después peligrosamente a un reguero de resina.

sábado, 24 de noviembre de 2018

Ganadores del X Concurso Internacional de Ilustraciones Científicas de Dinosaurios 2018

La Fundación para el Estudio de los Dinosaurios en Castilla y León junto con el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes organizaron conjuntamente el X Concurso Internacional de Ilustraciones Científicas de Dinosaurios 2018 en el mes de marzo.

El tema principal del concurso son las ilustraciones sobre dinosaurios, que pueden representar reconstrucciones de los animales en vida (locomoción, reproducción, alimentación, etc.), situaciones de conducta (caza, lucha, grupos familiares, manadas y otros), en su medio, de los fósiles originales y de los ecosistemas que ocuparon. Otros grupos de seres vivos ilustrados han sido tortugas, reptiles marinos y pterosaurios, además de documentarse la vegetación y los paisajes característicos del Mesozoico.

Es el único concurso de estas características que se celebra en España. Su calidad está basada en el jurado que valora las obras presentadas; en esta ocasión ha estado formado por un equipo de 6 especialistas de distintas nacionalidades:

- David Bonadonna (Italia), Carlos Papolio (Argentina), Robert Nicholls (Reino Unido), todos paleoilustradores.
- Xabier Pereda (Universidad del País Vasco UPV/EHU) y Alberto Cobos (Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis), paleontólogos especializados en dinosaurios.
- Diego Montero, miembro del Comité Científico del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes (España).

A esta décima edición se han presentado un total de 47 ilustraciones de 41 paleoilustradores (21 hombres y 20 mujeres –la primera edición con tanta concursante femenina-) de América del Sur (Argentina y Ecuador), Asia (Irán) y Europa (Alemania, España, Italia y Ucrania); El concurso está consolidado como referencia internacional para artistas de la paleontología.
Se pueden ver en el siguiente enlace:


Los premios están financiados por la Fundación Dinosaurios CyL y por la empresa salense Hernáiz Muelas Construcciones Hercam, S.L. Los premios otorgados han sido los siguientes:

PRIMER PREMIO:

"Amanecer en Las Hoyas". Autor. Hugo Salais López (España).

Esta escena está emplazada en el humedal de Las Hoyas. Se centra en dos especímenes del ornitomimosaurio Pelecanimimus polyodon, un macho y una hembra, destacando un posible dimorfismo sexual en la especie. Este dimorfismo quedaría patente no sólo en la coloración y en la disposición de la cobertura corporal (protoplumas filamentosas), sino también en el tamaño y coloración de la bolsa gular, una estructura que ha sido propuesta para Pelecanimimus en base a las impresiones tegumentarias halladas en el fósil del holotipo 1. Además de éstos, en la escena se representa a varios ejemplares de las aves enantiornítidas Eoalulavis hoyasi y Concornis lacustris y al anfibio albanerpetóntido Celtedens ibericus (capturado por uno de los Pelecanimimus)2. Respecto a la flora, aparece en primer plano a la conífera arbustiva Frenelopsis ugnaensis y de fondo el helecho arborescente Weichselia reticulata2.

SEGUNDO PREMIO:

"DEINOCHEIRUS MIRIFICUS FAMILY vs TARBOSAURUS BATAAR - Nemeqt Formation – Mongolia". Autor: Franco Tempesta (Italia).

Una hembra de Deinocheirus mirificus protege el escape de sus polluelos, del inminente ataque de un Tarbosaurus bataar.

TERCER PREMIO:

"Lythronax vs Diabloceratops". Autor: Sergey Krasovskiy (Ucrania).

La pintura representa a representantes de la formación Wahweap. Un par de Diabloceratops defiende contra el tiranosaurio Lythronax. En el fondo está el hadrosáurido Acristavus. En 2010 se descubrió un rastro fósil único de Wahweap que indica una relación depredador-presa entre los dinosaurios y los mamíferos primitivos. El rastro fósil incluye al menos dos complejos de guaridas de mamíferos fosilizados, así como los surcos de excavación asociados, presumiblemente causados por un dinosaurio manirrotés (representado en el borde frontal de la imagen).

Todas las ilustraciones presentadas se expondrán en el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes a partir de finales de noviembre o comienzos de diciembre. También se ofertará esta exposición a diferentes instituciones paleontológicas, Museos y salas de exposiciones, como se ha hecho en ocasiones anteriores para el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, la Casa de las Ciencias de Logroño, ayuntamiento de San Fernando de Henares o sedes de Interclub-Fundación Caja de Burgos, etc.

Por último, nos gustaría agradecer a todos los artistas que han participado en esta décima edición con sus maravillosas ilustraciones. ¡Os esperamos para el próximo año!
También a la empresa Hernáiz Construcciones Hercam, S.L por colaborar una edición más con el Concurso.

Hallan a un ancestro de los dinosaurios que vivió hace 220 millones de años

Paleontólogos argentinos hallaron los restos de una desconocida especie de 220 millones de años de antigüedad. Se trata de una época anterior a los dinosaurios. El descubrimiento corresponde a un ser pequeño: según los investigadores, el tamaño de su cráneo es de cuatro centímetros, mientras que el esqueleto indica que su cuerpo medía alrededor de medio metro. Los especialistas dicen que tenía semejanzas con las aves modernas, y que era ágil e inteligente.


Los dinosaurios no fueron los únicos gigantes que anduvieron sobre la Tierra

Se han descubierto en Polonia los fósiles de un ancestro de los mamíferos del tamaño de un elefante que era herbívoro y caminaba como los rinocerontes e hipopótamos actuales

Representación artística de Lisowicia bojani, que vivió hace entre 210 y 
205 millones de años (Karolina Suchan - Okulska)
Hace entre 210 y 205 millones de años, en pleno Triásico, un gigante vagaba por las tierras que hoy son Polonia. Y, al contrario de lo que cabría suponer, no era un dinosaurio. Se trataba de un reptil ancestro de los mamíferos, que caminaba de la misma manera que lo hacen hoy los rinocerontes y los hipopótamos.

Lo han descubierto en Polonia paleontólogos de la Academia de Ciencias Polaca, en Varsovia (Polonia), y de la Universidad de Uppsala (Suecia), que publican el hallazgo en la revista Science.

Lisowicia bojani perteneció al orden de los terápsidos, que fueron los ancestros 
de los mamíferos (Tomasz Sulej)
Lo han bautizado como Lisowicia bojani, en honor al pueblo polaco de Lisowice y al anatomista alemán Ludwig Heinrich Bojanus. Sus fósiles revelan que era un coloso de 4,5 metros de largo y 2,6 metros de alto, de un tamaño similar a un elefante actual, y que pesaba unas nueve toneladas. Pertenecía al grupo de los llamados dicinodontes, unos herbívoros del orden de los terápsidos, que fueron los ancestros de los mamíferos. 
El Lisowicia medía unos 2,6 metros de alto y 4,5 de largo 
El Lisowicia bojani era de un tamaño comparable al de un elefante actual 
(Grzegorz Niedzwiedzki / Tomasz Sulej and Grzegorz Niedzwiedzki)
Todos los dicinodontes hallados hasta ahora eran mucho más pequeños: el Lisowicia es un 40% más grande que cualquier otro dicinodonte hallado hasta la fecha. Por otra parte, caminaba erguido, como los rinocerontes y los hipopótamos actuales, y a diferencia de lo que ocurría en otros reptiles arcaicos, que se desplazaban moviendo las patas a los lados del torso.

El hallazgo demuestra que no todos los herbívoros gigantes que poblaron la Tierra en el Triásico fueron dinosaurios. El Lisowicia convivió con los enormes sauropodomorfos, el grupo de dinosaurios al que pertenecen los conocidos Diplodocus o Brachiosaurus, aunque estas dos especies aparecieron más tarde, en el Jurásico. El descubrimiento también da nuevas pistas sobre la evolución de los terápsidos, ya que es el primero dicinodonte hallado en Europa y demuestra que estas criaturas estaban mucho más extendidas de lo que se pensaba.

Excavación en Lisowice (Polonia), donde estudiantes extraen fósiles 
de dicinodontes (Tomasz Sulej)
“El descubrimiento del Lisowicia cambia nuestras ideas sobre la historia más reciente de los dicinodontes, parientes de los mamíferos en el Triásico. También genera muchas más preguntas sobre qué hacía a estos animales y a los dinosaurios tan grandes”, declara en un comunicado Tomasz Sulej, investigador de la Academia de Ciencias Polaca y coautor del hallazgo.

Los científicos especulan que el enorme tamaño del Lisowicia pudo evolucionar como una estrategia para protegerse de los depredadores o como una forma de ahorrar energía.