martes, 25 de junio de 2019

Recordatorio: IV Concurso de Fotografía Geológica "Tierra de Dinosaurios" 2019

Queda una semana para que termine el plazo y nos enviéis vuestras instantáneas por correo electrónico.

La Fundación para el Estudio de los Dinosaurios en Castilla y Léon convoca el cuarto concurso de fotografía geológica “Tierra de Dinosaurios”, 2019 con el fin de promover un mayor conocimiento social del valioso patrimonio geológico y paleontológico de la Sierra de la Demanda burgalesa.



PARTICIPANTES:

Podrán participar todas las personas españolas o de cualquier nacionalidad sin límite de edad. Cada autor podrá presentar un máximo de cinco fotografías.

TEMA:

El tema al que se dedica esta cuarta, como también en las anteriores, es el paisaje geológico del macizo de Cameros/Demanda burgalés. Las imágenes deben ser tomadas en el entorno natural del territorio indicado que se delimita en la imagen que se adjunta en archivo jpg.

A modo de ejemplos, se señala a continuación algunos lugares geológicos de relevancia en el territorio donde se desarrolla este concurso: pliegues sinclinales de Peña Carazo y Peña Gayubar, desfiladeros de Yecla, río Pedroso y río Mataviejas, valle del Arlanza, circos glaciares de Mencilla y Neila, paso de Las Calderas, el Castillejo o las cuevas kársticas de Arlanza.

Las fotografías se enviarán a cualquiera de los correos electrónicos de la Fundación Dinosaurios CyL: info@fundaciondinosaurioscyl.com o fundaciondinosaurioscyl@gmail.com

Bases: descárgatelas aquí.

Territorio indicado: Mapa (pinche aquí).

¿Cuántas especies de dinosaurios se han encontrado?

Dominaron la tierra durante los 165 millones de años y se diversificaron

Los dinosaurios, una especie en extinción, dominaron la tierra y durante los 165 millones de años que existieron, se diversificaron.

Sin embargo, es difícil de determinar cuántas especies de dinosaurios existieron realmente. Según los paleontólogos, se ha podido identificar alrededor de 1000 especies, pero lo cierto es que quedan muchos por descubrir.

¿Cuántas especies de dinosaurios quedan por descubrir?

Un reciente estudio científico señala que aún falta por descubrir un total de 700 a 900 especies de dinosaurios.

Pero cabe recordar que se conoció de la existencia de los mismos desde el año 1825.

Tipos de dinosaurios

Aunque hay varias especies de dinosaurios, se han dividido en dos grandes tipos: Saurischia y Ornithischia.

Los Saurischia aparecieron hace aproximadamente 228 millones de años y se diversificaron durante el período Jurásico y el Cretácico.

En tanto, los Ornithischia aparecieron hace aproximadamente entre 228 y 65 millones de años.

Además, dentro de los Saurischia y los Ornithischia hay siete tipos de dinosaurios principales: Terópodo (Tyrannosaurus en Jurassic Park), Saurópodos, Ceratópsidos, Ornitópodos, Stegosaurus, Ankylosaurus y Paquicefalosaurios.


Descubren que los huesos hallados en Colorado pertenecen a un gran tricerátops de hace 68 millones de años

Este reptil de tres cuernos vivió a finales del período Cretácico.

Esqueleto de un tricerátops del Museo de Historia Natural del Condado 
de Los Ángeles./ Wikimedia Commons / Allie_Caulfield
Paleontólogos del Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver (Colorado, EE.UU.) confirmaron este jueves que los restos fósiles de un dinosaurio, encontrados el mes pasado en una obra de construcción en el pueblo de Highlands Ranch, pertenecen a un tricerátops, informa la CBS.

Un comunicado emitido por el museo el 20 de mayo, solo indicó que un hueso de una extremidad y varias costillas eran de un dinosaurio con cuernos de hace 66 o 68 millones de años. Para establecer el género al que pertenecían, había que realizar un análisis más detallado, dijo al canal Natalie Toth, preparadora principal de fósiles de la entidad.

"Hace unas semanas, todo esto estaba bajo el agua, así que era casi imposible identificar qué era exactamente. Pero limpiando las cosas en el laboratorio, nos sentimos seguros de que es un tricerátops", señaló.

Además, agregó que se trata de un gran espécimen: "Es un tamaño adulto, los huesos en los que hemos trabajado son bastante masivos para este tipo de animal".

El sitio resultó ser rico en hallazgos, por lo que las excavaciones duraron más de las pocas semanas previstas y terminaron este viernes.

El tricerátops es un género de dinosaurios herbívoros que vivió en lo que ahora es Norteamérica a finales del período Cretácico. Son bien conocidos por su plataforma craneal posterior y tres cuernos, uno de los cuales se ubicaba sobre los orificios de la nariz, y otros dos, de alrededor de un metro, sobre las cuencas oculares.

viernes, 21 de junio de 2019

Animales ya se movían solos para comer hace 550 millones de años

Nuevos restos fósiles prueban que algunos de los primeros animales de la Tierra eran capaces de moverse deliberadamente, y la motivación no era otra que el hambre.   

SCOTT EVANS / UCR
"Esta es la primera vez en el registro fósil que vemos a un animal moviéndose para conseguir comida", dijo el autor principal de un nuevo estudio, Scott Evans, candidato a doctor en paleontología de la Universidad de California Riverside.

El equipo de Evans demostró que las criaturas del océano de 550 millones de años de edad se movían solas en lugar de ser empujadas por las olas o el clima. La investigación responde preguntas sobre cuándo, por qué y cómo los animales desarrollaron la movilidad por primera vez.

El equipo buscó evidencias de movimiento en más de 1.300 fósiles de Dickinsonia, criaturas con forma de plato de comida de hasta un metro de largo que vivían y se alimentaban de una capa de limo oceánico.

Los detalles del análisis del equipo se publicaron este mes en la revista Geobiology, encontraron que la Dickinsonia se mueve como gusanos, contrayendo y relajando sus músculos para ir tras su próxima comida de microorganismos.

La Dickinsonia se descubrió por primera vez en la década de 1940 y, desde entonces, los científicos han debatido si los fósiles mostraron evidencia de movimiento autodirigido. Para probar esto, fue crucial que Evans pudiera analizar cómo las múltiples criaturas que viven en la misma área se comportaban entre sí.

Evans y la coautora del estudio Mary Droser, profesora de paleontología, razonaron que si Dickinsonia estuviera montando olas o atrapada en tormentas, todos los individuos en la misma área se habrían movido en la misma dirección. Sin embargo, eso no es lo que muestra la evidencia.  

"Múltiples fósiles dentro de la misma comunidad mostraron movimientos aleatorios que no son en absoluto consistentes con las corrientes de agua", dijo Evans.

Críticamente, Evans pudo usar comunidades fósiles en el interior de Australia desenterrado por Droser y el coautor en papel James Gehling del South Australian Museum. El dúo excavó sistemáticamente grandes superficies de lecho que contenían hasta 200 fósiles de Dickinsonia, lo que le permitió a Evans probar si los grupos de animales se movían en la misma dirección o en direcciones diferentes, dijo Evans.

El equipo también analizó las direcciones recorridas por Dickinsonia individualmente. 

"Algo que transporta la corriente debería voltearse o moverse un tanto sin rumbo", dijo Evans. "Estos patrones de movimiento muestran claramente una direccionalidad basada en la biología de los animales, y que prefieren seguir adelante".

Los estudios futuros en la UCR intentarán determinar de qué están hechos los cuerpos de Dickinsonia. "Los tejidos de los animales no se conservan, por lo que no es posible analizar directamente la composición de su cuerpo", dijo. "Pero veremos otras pistas que dejaron atrás".

Comprender las capacidades de Dickinsonia ofrece una visión no solo de la evolución de la vida animal en la Tierra, sino también acerca de la Tierra misma y posiblemente sobre la vida en otros planetas.

"Si queremos buscar vida compleja en otros planetas, necesitamos saber cómo y por qué la vida compleja evolucionó aquí", dijo Evans. "Saber las condiciones que permitieron a los grandes organismos móviles moverse durante la era de Ediacaran, hace 550 millones de años, nos da una pista sobre la zona habitable en otra parte".

El hecho de que la Dickinsonia pudiera moverse ayuda a confirmar que había una gran cantidad de oxígeno disponible en los océanos de la Tierra durante ese período de tiempo, ya que habría sido necesario para alimentar su movimiento. En un estudio relacionado, Evans exploró un aumento en los niveles de oxígeno del océano durante el período Ediacaran. Más tarde, cuando los niveles de oxígeno bajaron, Evans dijo que la Dickinsonia, y cosas como ellas, se extinguieron.

sábado, 15 de junio de 2019

Los dinosaurios y el final de las cosas que parecen eternas

El paleontólogo Steve Brusatte repasa en un libro lo que se conoce sobre el auge y la caída de los dinosaurios y recuerda a los científicos que buscaron ese conocimiento

Reconstrucción de un titanosaurio que vivió hace unos 80 millones de años. 
ANDREW MCAFEE, CARNEGIE MUSEUM OF NATURAL HISTORY
Justo antes de los grandes cambios, lo que está a punto de desaparecer para siempre puede parecer eterno. Hace 65 millones de años, los dinosaurios dominaban el planeta con una infinidad de tamaños y formas, pero de repente, en poco tiempo, la llegada de un gigantesco objeto desde el espacio acabó con casi todos ellos para siempre. Aquel cataclismo acabó con los Tyrannosaurus rex, los mayores carnívoros que han caminado sobre la Tierra, o los saurópodos, unos animales tan grandes que cuando aparecieron sus primeros fósiles se pensaba que solo podían pertenecer a ballenas. Las dimensiones de estos seres despertaron desde el siglo XIX un interés intenso y su final trágico y abrupto, conocido desde los 80, ha inspirado analogías sobre la fragilidad de especies que aparentemente dominan el mundo. 

La historia de aquellas bestias asombrosas, que muchas veces se cuenta como algo conocido desde siempre, tiene detrás otro relato fascinante: el de su reconstrucción. Steve Brusatte, un paleontólogo estadounidense que trabaja en la Universidad de Edimburgo (Reino Unido), cuenta en su libro Auge y caída de los dinosaurios: La nueva historia de un mundo perdido, publicado recientemente en España, que durante mucho tiempo, las estimaciones sobre el peso de estos animales que se podían leer en libros o exposiciones museísticas (¡Brontosaurus pesaba cien toneladas y era mayor que un avión!) eran meras invenciones. Sin embargo, el ingenio científico ha permitido afinar en esos cálculos y en muchos otros que se refieren a estos seres. Aplicando el principio de que los animales más pesados requieren que unos huesos más fuertes para soportar su peso, se ha observado que existe una correlación estadística que se puede aplicar a casi todos los animales vivos entre el grosor del fémur o del fémur y el húmero y el peso de un animal. A partir de ahí, es posible establecer una estimación razonable a partir de los fósiles.  
Un Tyrannosaurus podían crecer más de dos kilos al día durante la adolescencia 
En el libro de Brusatte, que es una de las figuras relevantes en la reconstrucción del pasado de la Tierra, se entreveran los conocimientos acumulados sobre los dinosaurios y su tiempo con las historias de quienes los reunieron. Muchos de los dinosaurios más famosos, como el carnívoro Allosaurus, los Brontosaurus de cuellos alargados o los Stegosaurus, con sus placas sobre el lomo y espinas en la cola, se han encontrado en un gran depósito rocoso que se extiende por los estados occidentales de EE UU y se conoce como formación Morrison. La riqueza de esta región era tal que allí se vivieron enfrentamientos como el que protagonizaron entre 1877 y 1892 Edward Drinker Cope y Othniel Charles Marsh en lo que se conoce como la Guerra de los Huesos. Estos dos sofisticados académicos empleaban equipos de hombres armados y técnicas que incluían el soborno, el robo o la destrucción de huesos con el fin de desprestigiar a su rival. Los hallazgos, como el del Stegosaurus, fueron inmensos, pero Cope y Marsh acabaron arruinados.

El estudio de los dinosaurios nos ha revelado un pasado con dramas abundantes y en el que a veces las desgracias de unos son una bendición para otros. Brusatte habla de la cantera Howe, en Wyoming (EE UU), una de las excavaciones más productivas de la historia. Allí, en 1934, se encontraron más de veinte esqueletos y cuatro mil huesos en total. La posición en la que se encontraban, con sus cuerpos retorcidos, indicaban que aquellos animales murieron en un suceso dramático, probablemente una inundación que les ahogó en fango. La desgracia de los dinosaurios supuso, muchos millones de años después, la felicidad de los paleontólogos.

Pero los dinosaurios, conocidos por su final abrupto, también se han beneficiado de cataclismos que aniquilaron a otros grupos de animales. Hace 250 millones de años, al final del periodo Pérmico, una serie de gigantescas erupciones volcánicas provocó la mayor extinción que ha vivido la Tierra. Esta catástrofe, como el asteroide de Yucatán sirvió para abrir un espacio en el que los que los antepasados de los humanos pudieron prosperar, hizo hueco para el surgimiento de los dinosaurios. 
En el siglo XIX, dos académicos se enfrentaron en una guerra por encontrar fósiles que los acabó arruinando 
Los animales que aparecieron después han sido algunos de los más formidables que han existido. Según nos recuerda Brusatte, los Tyrannosaurus llegaban a ganar dos kilos al día durante la adolescencia y, asumiendo que, probablemente, tuviesen la sangre caliente, debían comer más de 110 kilos de carne al día. El paleontólogo compara lo inesperado de su final con lo que le sucedió a otro referente en la ciencia de los dinosaurios, el barón Ferenc Nopcsa, un noble nacido en 1877 en Transilvania, cuando aún era parte del imperio Austrohúngaro. Nopcsa, uno de los mejores buscadores de fósiles de la historia que combinó ese trabajo con el de espía, perdió todas sus posesiones cuando su imperio se desintegró tras la Primera Guerra Mundial. Su palacio, abandonado ahora, recuerda el poder de una familia que se había mantenido durante generaciones y quizá en algún momento pareció eterno.

Estas historias son para el autor de Auge y caída de los dinosaurios una especie de advertencia. “Los humanos llevamos ahora la corona que una vez perteneció a los dinosaurios. Estamos seguros de nuestro lugar en la naturaleza, incluso cuando nuestras acciones están cambiando rápidamente el planeta que nos rodea”, recuerda mientras observa en las rocas cómo los huesos de dinosaurios dejan paso de forma abrupta a los de mamíferos. Ni siquiera una especie tan dominante como la humana está condenada a la eternidad.

Un estudio genético sugiere que el Tiranosaurio rex tenía un sorprendente sentido del olfato

Un nuevo análisis de los genes modernos y antiguos cerebros respalda la idea de que el dinosaurio carnívoro tenía un olfato especialmente poderoso.

Un nuevo análisis de antiguos cerebros y genes modernos respalda la idea 
de que este dinosaurio carnívoro tenía una nariz especialmente poderosa.
FOTO POR ROGER HALL, ALAMY
El emblemático depredador Tyrannosaurus rex y sus parientes cercanos tenían uno de los sentidos del olfato más agudos de todos los dinosaurios extintos, según señala un reciente estudio. El trabajo, publicado ayer en Proceedings of the Royal Society B, trata de cuantificar aproximadamente cuántos genes habrían estado involucrados en las habilidades olfativas del Tiranosaurio rex, decenas de millones de años después de que cualquier rastro de ADN haya desaparecido.

La idea de que los tiranosaurios tenían buena nariz no es algo nuevo. En 2008, por ejemplo, los investigadores demostraron que T.rex y sus hermanos dedicaron gran parte de sus cerebros a procesar los olores. Pero este nuevo estudio añade novedades sobre el creciente movimiento que correlaciona el ADN de los animales vivos con sus capacidades sensoriales y corporales, con el objetivo de comprender así mejor las capacidades y comportamientos de sus parientes extintos desde hace mucho tiempo.

“No es Jurassic Park”, dice el autor principal del estudio, Graham Hughes, biólogo computacional del University College de Dublín, refiriéndose al famoso esfuerzo ficticio para reconstruir el ADN del dinosario. “Se trata de ver cómo la evolución sensorial es realmente un jugador importante [en el hecho de] si te conviertes en un depredador o no”.


“Acojo con satisfacción este trabajo; parece que esta es otra contribución al cuerpo de análisis donde las personas utilizan pistas de genes y morfología para inferir la función sensorial y los roles ecológicos de las especies extintas”, dice Deborah Bird, becaria postdoctoral en la Universidad de California, Los Ángeles, quien ha utilizado técnicas similares para reconstruir el repertorio del olfato de Smilodon, el “tigre dientes desable”.

Olfateando pistas

Hughes y su compañero, John Finarelli, paleobiólogo de la University College Dublin, habían estado siempre enamorados de la idea de observar los sentidos de los dinosaurios y finalmente habían centrado sus esfuerzos en el olfato.

“¿A qué olía el ambiente cretáceo? Todos hablan sobre cómo se ve, pero, ¿a qué huele?”, dice Hughes.

Para este estudio, los investigadores se centraron en la forma general de los cerebros de los dinosaurios, que pueden conservarse parcialmente como impresiones en las superficies internas de algunos cráneos bien conservados. Puede parecer una difícil tarea pero, afortunadamente, los investigadores tenían referencias vivas: las aves, los últimos dinosaurios vivos.

Por lo general, las aves vivas con más receptores olfativos (proteínas que se unen con moléculas de olor específicas) tienden a tener las regiones de sus cerebros que procesan los olores, los bulbos olfativos, desproporcionadamente grandes. Por ello, Hughes y Finarelli analizaron la literatura científica en busca de registros de tamaños de bulbos olfativos y medidas del tamaño de los cerebros de 42 aves vivas, dos aves extintas, el caimán americano y 28 dinosaurios no aviares extintos. También rastrearon el ADN de muchas aves vivas y, luego, combinaron todos los datos con un estudio publicado anteriormente, para así construir una nueva base de datos de los genes receptores olfativos de los animales vivos.

Cuando los investigadores proyectaron el modelo resultante de criaturas vivas en dinosaurios, encontraron que el Tiranosaurio rex probablemente tendría entre 620 y 645 genes que codifican sus receptores olfativos, un recuento de genes solo un poco más pequeño que el de las gallinas o los gatos domésticos. Otros dinosaurios carnívoros grandes, como el Albertosaurus, tenían también grandes recuentos de genes de receptores olfativos.

Pero el olfato no solo tiene el objetivo de encontrar comida. Los animales usan los olores para reconocer a sus parientes, marcar sus territorios, atraer parejas o detectar depredadores. Entre todos los vertebrados vivos, el mayor registro de genes receptores olfativos se encuentra en el elefante moderno, un herbívoro que cuenta aproximadamente con 2.500 genes de este tipo. Con este sentido del olfato tan exquisito, los elefantes pueden incluso “contar” la cantidad de comida tan solo con su olor.

Efectivamente, algunos dinosaurios herbívoros mostraron evidencias de una mayor dependencia del olor que algunos carnívoros. Uno de los herbívoros que Hughes y Finarelli examinaron, el terópodo Erlikosaurus, tenía genes de recpetores olgativos más proyectados que el Velociraptor y muchos de sus parientes. Aún así, el T.rex y Albertosaurus tenían incluso mayor capacidad para olfatear.

Una bocanada a lo desconocido

Futuros trabajos podrían examinar qué olfateaban exactamente el T.rex y sus parientes durante la época de los dinosaurios. Los datos existentes hasta el momento permiten a Hughes y Finarelli inferir ciertos olores en el repertorio de los dinosaurios, como la sangre y la vegetación genérica. Pero los grupos de genes de receptores olfativos aún no han sido rastreados hasta llegar a olores particulares.

“Es extraño que tenemos mucha información sobre cómo funciona el olfato, pero muy poca sobre qué olor une al receptor odorante”, dice Hughes. “Tal vez algunas compañías de fragancias tengan toda esta información patentada, pero en términos científicos, simplemente no lo sabemos, es uno de los grandes desafíos de la ciencia”.

Los investigadores dicen que los estudios futuros también podrían rastrear las compensaciones inherentes a la evolución sensorial a lo largo del tiempo, como el debilitamiento del sentido del olfato de algunos mamíferos acuáticos cuando sus antepasados se mudaron al agua. Hughes afirma que se podría realizar un trabajo similar en dinosaurios no aviares, un trabajo que cautivó su imaginación.

“Me encantan los dinosaurios desde que era un niño”, dice, “por lo que fue realmente genial poder contribuir a la base de su conocimiento general, aunque sea un poco”.

viernes, 14 de junio de 2019

'Redlichia rex': Hallan un nuevo 'rey' de fósiles y probable "terror de criaturas marinas" en el Cámbrico

Una especie gigante y probablemente caníbal de trilobites habitó aguas de Australia hace 500 millones de años.

La isla Canguro, Australia. Google Map
Un equipo de científicos australianos descubrió en la isla Canguro, en el sur del país, fósiles de una desconocida especie gigante del extinto grupo de criaturas marinas llamadas trilobites.

La nueva especie existió hace alrededor de 500 millones de años y es el trilobite cámbrico más grande descubierto en Australia: alcanzaba alrededor de 30 centímetros de longitud, casi el doble del tamaño de otros de estos artrópodos de los mismos tiempos.

Además, los científicos estiman que este antiguo 'monstruo' del mar pudo haber sido caníbal, es decir, alimentarse con otros de su propia especie. Una posible prueba de ello son los 'coprolitos' –excrementos fosilizados– encontrados en el mismo sitio, que contienen restos de trilobites triturados.

Debido a su tamaño "gigante", así como a sus "formidables patas con espinas, utilizadas para triturar alimentos y probablemente a otros trilobites", la nueva especie fue bautizada 'Redlichia rex', por analogía con el Tyrannosaurus rex ('rex' significa 'rey' en latín), según explicó James Holmes, estudiante de doctorado de la Universidad de Adelaida, quien dirigió la investigación.

La "carrera armamentista" evolutiva

El hallazgo, publicado en el Journal of Systematic Palaeontology, podría contribuir a un mayor conocimiento de la 'explosión cámbrica', un periodo de bulliciosa actividad evolutiva, que tuvo como consecuencia una gran diversificación de las especies animales.

Los investigadores explican que uno de los principales impulsores de tal 'explosión' fue probablemente una suerte de "carrera armamentista" evolutiva entre depredadores y presas, en la que cada uno de ellos desarrolló medidas más efectivas de defensa y ataque.

El tamaño y las patas "aplastantes" del Redlichia rex pueden ser "consecuencia de la carrera de armamentos que ocurrió en ese momento", indica Holmes, para concluir que "este trilobite gigante probablemente fue el terror de criaturas más pequeñas en el fondo marino del Cámbrico".


Apareció un dinosaurio en el centro de Neuquén

Los restos fósiles fueron hallados en el predio de la Universidad Nacional del Comahue, entre el Parque Norte, el corredor vial Leloir-Doctor Ramón, el río Neuquén y el barrio privado Rincón Club de Campo.

Los restos fósiles de un dinosaurio fueron hallados en cercanías al gimnasio 
"Roberto Monteros", conocido como "El Escondido". (Gentileza).-
Los dinosaurios son parte de la vida cotidiana de cualquier neuquino, incluso aunque no lo sepan. Es que aunque los vecinos sepan que la provincia se destaca por los restos fósiles hallados era difícil sospechar sobre el último hallazgo porque se realizó en el centro de Neuquén, en el predio de la Universidad Nacional del Comahue (UNC).

El punto de referencia más próximo es el gimnasio Roberto Monteros, más conocido como “El Escondido”, que se encuentra detrás del Poder Judicial y de la Legislatura. El terreno se ubica entre el Parque Norte, el corredor vial Leloir-Doctor Ramón, el río Neuquén y el barrio privado Rincón Club de Campo.

Los fósiles pertenecen a un dinosaurio saurópodo, sin embargo, aún se desconoce la magnitud que podría el hallazgo porque se encuentra en un área que ha sido erosionada por el viento y la lluvia.

Paleontológos y estudiantes se encargaron de rescatar los restos fósiles. (Gentileza)
El descubrimiento ocurrió hace una semana y media, durante una salida de campo de estudiantes de la carrera de geología, de la Facultad de Ingeniería. Del recorrido participaba el paleontólogo del museo de Ciencias Naturales de la Universidad, Juan Porfiri, quien comunicó del hallazgo a la dirección provincial de Patrimonio y gestionó los permisos necesarios para realizar el rescate.

Como los restos se encuentran en un sector en el que circulan deportistas, se decidió comenzar el rescate de los fósiles rápidamente y esta mañana inició el trabajo el equipo de paleontología, coordinado por Porfiri y Domenica Dos Santos, junto a un grupo de estudiantes.

Desde la UNC destacaron que el campus está emplazado sobre rocas sedimentarias de la era Mesozoica, donde ya se han realizado numerosos hallazgos fósiles de un grupo compuesto por dinosaurios, cocodrilos, serpientes, aves y huevos de aves.

La novedad se dio a conocer en forma paralela a que se informara que la justicia federal falló a favor de la Universidad -y en contra del municipio- por la avenida de los Ríos y la obra seguirá frenada. La jueza Carolina Pandolfi hizo lugar al recurso de amparo, presentado por la Casa de Altos Estudios aduciendo que se había avanzado sobre terrenos de su propiedad y que son parte de un área natural protegida.

El parque de los dinosaurios que está en medio de la ciudad

La ciudad cuenta con un área natural protegida llamada Parque de los Dinosaurios, creada por ordenanza en el 2002, con el objetivo de resguardar uno de los únicos yacimientos de fósiles ubicado en una zona urbana del mundo.

La norma delimitó el sector protegido en su lado sur por el límite norte del conjunto habitacional FOETRA, el límite norte y este de la cooperativa de viviendas Técnico Profesional y la calle Novella. En su lado sureste con calle Huilen. En su lado norte con un camino sin nombre y en su límite oeste con los  terrenos de la peña ciclística San Juan y el club Maronese.

El año pasado, el concejal Francisco Baggio presentó un proyecto para que se reactive el cuidado de la zona y se promueva su desarrollo. “El interés es emular lo que han hecho otros municipios de la zona como El Chocón o Plaza Huincul que pusieron en valor su recurso paleontológico en sus aspectos científico y cultural, además del turístico” explicó.


Descubren que los pterodáctilos eran capaces de volar nada más nacer

A partir del hallazgo de embriones en avanzado estado de gestación en Argentina y China, los investigadores han podido comprobar esta habilidad única

DICYT - Los pterodáctilos, unos conocidos reptiles voladores extintos, tenían una gran habilidad: eran capaces de volar desde el momento de su nacimiento. Así lo ha revelado una investigación conducida por la Universidad de Leicester (Reino Unido), a partir del reciente hallazgo de embriones en avanzado estado de gestación en Argentina y China. 

El descubrimiento cobra especial relevancia ya que no se conoce ningún otro vertebrado actual o extinto con esta capacidad. Según los investigadores, esto tiene un importante impacto en la comprensión de cómo vivían los pterodáctilos, lo que es fundamental para entender mejor cómo funcionaba el mundo de los dinosaurios en su conjunto. 

Hasta el momento, se pensaba que los pterodáctilos solo podían volar una vez habían crecido casi al máximo, al igual que las aves o los murciélagos. Esta suposición se fundamentó en embriones fosilizados encontrados en China que tenían alas poco desarrolladas. Sin embargo, David Unwin, de la Universidad de Leicester y especialista en el estudio de los pterodáctilos, y Charles Deeming, zoólogo de la Universidad de Lincoln que investiga la reproducción de aves y reptiles, pudieron refutar esta hipótesis. 

Compararon estos embriones con datos sobre el crecimiento prenatal de aves y cocodrilos y descubrieron que aún se encontraban en una etapa temprana de desarrollo, muy lejos de la eclosión. El descubrimiento de embriones más avanzados en China y Argentina -que murieron justo antes de su nacimiento- les ha proporcionado evidencia de que los pterodáctilos tenían la capacidad de volar desde el nacimiento. 

Sin ayuda parental 

Otra diferencia fundamental entre las crías de pterodáctilos y las aves y murciélagos es que no tenían cuidado parental, de modo que debían alimentarse y cuidarse a sí mismos desde el nacimiento. Su capacidad para volar les dio un mecanismo de supervivencia que les permitió evadir dinosaurios carnívoros. Pero también demostró ser uno de sus mayores peligros, ya que el exigente y peligroso proceso de vuelo llevó a muchos de ellos a morir a una edad muy temprana. 

La investigación también desafía la teoría de que los pterodáctilos se comportaban de manera similar a los pájaros y a los murciélagos y ha proporcionado posibles respuestas a algunas preguntas clave que rodean a estos animales. El hecho de que fueran capaces de volar desde el nacimiento proporcionaría una posible explicación a por qué pudieron alcanzar enormes alas, mucho más grandes que cualquier especie de ave o murciélago extinto o actual. La forma en que pudieron llevar a cabo este proceso requerirá más investigación, pero es una pregunta que no se habría planteado sin estos nuevos resultados, según la información de la Universidad de Leicester recogida por DiCYT.

Referencia

Unwin, D. M., Deeming, D.C. 2019. Prenatal development in pterosaurs and its implications for their postnatal locomotory ability. Proc. R. Soc. B 286: 20190409. https://royalsocietypublishing.org/doi/10.1098/rspb.2019.0409

jueves, 13 de junio de 2019

Argentinos encuentran un antepasado antiguo de los mamíferos con características modernas

Un equipo internacional de paleontólogos encontró una especie de cinodonte que genera nuevos interrogantes. El antiguo animal vivió hace más de 251 millones de años durante el Pérmico Tardío, en la cuenca sudafricana del Karoo y fue bautizado con el nombre de Vetusodon elikhulu por los investigadores del CONICET Fernando Abdala y Leandro Gaetano y sus colegas de Sudáfrica, Roger Smith y Bruce Rubidge. El hallazgo fue publicado en Zoological Journal of the Linnean Society.

Reconstrucción en vida del Vetusodon elikhulu. Créditos: Gabriel Lio.
Vetus proviene del latín y significa “viejo, antiguo”, odontos significa “diente” en griego y elikhulu, “grande” en Zulú, el idioma principal de la región africana en donde fueron encontrados los especímenes. Entonces, Vetusodon elikhulu significa “diente antiguo grande”, en alusión a su antigüedad y tamaño, atributos que le son muy significativos.

Fernando Abdala cuenta al CONICET que sus estudios científicos lo llevaron a vivir 14 años en Sudáfrica y que en el transcurso de trabajos de campo y de visitas a colecciones, comenzó a encontrar –junto con sus colegas locales– materiales que no encajaban en absoluto con el formato de cráneo de especies ya conocidas. Sin embargo, los hallazgos estaban incompletos.

Finalmente, para 2017, el equipo de paleontólogos contaba con cuatro ejemplares iguales, lo que les permitió cerrar el trabajo. “De uno se había preservado solamente el hocico; de otro, la parte de atrás. Los otros dos estaban completos: uno con la mandíbula entera, pero no nos permitía ver el paladar y, el último, sin la mandíbula, aunque con el paladar muy visible, ¡un paladar espectacular!”, precisa Leandro Gaetano, que se sumó al grupo en 2011. Cada uno de los ejemplares aportaba datos distintos como, por ejemplo, información sobre los huesos que cubren el cerebro, el paladar y la mandíbula.

De los cinodontes a los mamíferos actuales

Los cinodontes constituyen un grupo grande y diverso de animales primitivos que poseían una postura cuadrúpeda y una curiosa similitud con los mamíferos actuales. Los más antiguos son del Pérmico y se registraron en el gran desierto del Karoo, que ocupa dos tercios de la superficie de Sudáfrica, y son también conocidos al este de África y en Eurasia. ¿Cómo surgieron?

“Una vez que los vertebrados salen del agua, muy tempranamente, se separan dos grandes grupos: uno va a resultar en los mamíferos actuales y el otro en las aves, los dinosaurios, cocodrilos, serpientes…”, explica Gaetano. “A los que pertenecen al grupo de mamíferos se los llama sinápsidos, porque tienen una sola abertura en la cabeza en la región temporal, y al último de los linajes en aparecer se lo llama cinodonte”.

“Este grupo, el de los cinodontes, nos incluye a los humanos y, además, todas estas formas basales, o primitivas, nos permiten entender cómo evolucionaron ciertas características específicas que hicieron a los mamíferos ser lo que hoy son. Por ejemplo, en este animal vemos que se cierra primero la parte de atrás del paladar óseo antes que la de adelante. La presencia de este paladar tiene que ver con la capacidad de succión para amamantar”.

Los científicos explican que en este linaje de cinodontes antiguos o basales se pueden observar cambios paulatinos hasta que, finalmente, al final del Triásico –el primer período de la era de los dinosaurios– aparecen los primeros mamíferos con todas las características típicas de un mamífero actual. “Hay convivencia de mamíferos y dinosaurios desde el Mesozoico, a partir del Triásico Superior –clarifica Fernando–. En algún momento, los dinosaurios empiezan a tener preeminencia y se diversifican y los mamíferos se reducen. Y cuando los dinosaurios masivos desaparecen, los mamíferos comienzan a ocupar espacios. Existe evidencia de representantes de dos linajes compartiendo hábitat, ya que están interconectados históricamente. Si bien evolucionan de forma independiente, conviven y se influyen mutuamente”.

Vetusodon elikhulu, un cinodonte muy particular

Lo primero que llama la atención de Vetusodon es su gran tamaño en comparación a otras especies de cinodontes que vivieron en la misma época al final del Pérmico. Con 18 cm de cráneo –por lo que se calcula que podía medir hasta un metro–, es incluso más grande que otras formas que se encontraron al inicio del Triásico. Además, tiene un hocico muy grande.

La segunda característica significativa es que, en general, incluso los primeros cinodontes poseen dientes molares (o poscaninos) complejos, es decir que no tienen la forma de un cono pequeño, sino que los dientes tienen varias cúspides. Sin embargo, los molares de los ejemplares encontrados tienen forma de cono, lo cual significa que, en cuanto a la dentición, eran bastante primitivos semejantes a formas mucho más basales.

“Es increíble encontrar un animal tan grande, pero sin la estructura dental apropiada como para tratar el alimento. Sus poscaninos son mucho más pequeños que los dientes anteriores (incisivos y caninos), lo que da la idea de que seguramente los dientes delanteros eran los más importantes. Es el único cinodonte cuyos dientes posteriores parecen pequeños y simples conitos”, expresa Fernando.

“Nosotros siempre pensábamos que, desde el comienzo de los cinodontes, todo llevaba a una especialización hacia la masticación, como algo que va progresivamente mejorando, –señala Leandro– y cuando se llega a la masticación óptima, recién comienza la desviación hacia casos más particulares. Pero, Vetusodon nos advierte: ‘¡No, no fue tan progresivo!’”.

Vistas del cráneo del Vetusodon elikhulu: lateral izquierdo (A), 
lateral derecho (B), occipital (C), dorsal (D) y ventral (E).
Foto: Gentileza investigadores.
Este animal, muy primitivo, ya tenía una dieta muy especializada: “yo me lo imagino carnívoro; capaz de arrancar un pedazo de carne con su fuerte mordida, o de comerse animales más pequeños sin masticarlos demasiado”, ilustra el científico. Al mismo tiempo, la musculatura masticatoria y la forma de la mandíbula también aportan a la teoría de que Vetusodon mordía muy fuerte con los dientes de adelante y no tanto con los dientes poscaninos o molares.

Asociado con la mandíbula, está la cuestión del oído. En la evolución de los cinodontes, se observa que, al principio, el hueso dentario –que lleva los dientes– es relativamente pequeño y se encuentra adelante y atrás hay un montón de huesos que se van reduciendo. Evolutivamente, entonces, se reducen los huesos posteriores y se agranda el hueso de adelante. “Los huesos de la parte de atrás se reducen cada vez más hasta que se terminan metiendo dentro del oído y se transforman en los huesos del oído que tienen los humanos”, explica Gaetano.

“Ahora bien, en el estadio evolutivo que tiene Vetusodon, el dentario es mucho más grande y los huesos que están atrás mucho más chicos que los de los animales que están inmediatamente más avanzados que él. Entonces, tenemos una cosa muy vieja, primitiva, que tiene la estructura mandibular y los huesecillos que se van a transformar más de adelante en el oído muy de avanzada, comparada con faunas del Triásico Medio-Superior”.

“Esto demuestra que la evolución no fue tan lineal o progresiva como creíamos, a pesar de que teníamos mucha evidencia como para pensar que era un proceso progresivo”, confiesan los científicos. Como existe una gran cantidad de especies de cinodontes, se los suele utilizar para comparar modelos evolutivos, pues permiten mostrar toda la progresión en el registro fósil. Sin embargo, este taxón rompe el esquema.

Fernando Abdala y Leandro Gaetano observando una especie de cinodonte del 
Valle de la Luna, San Juan. Foto: CONICET Fotografía / Verónica Tello.
La última característica morfológica trae aún más interrogantes: ¿cómo se formó el paladar?, ¿de adelante para atrás o de atrás para adelante? Los paleontólogos explican que los cinodontes más basales, o antiguos, no tenían un paladar secundario y, a medida que fueron evolucionando, los más derivados tenían la parte de adelante un poquito más cerrada, cada vez más, hasta que se la parte de atrás se cerró. No obstante, Vetusodon tiene la parte de atrás casi cerrada y la parte de adelante abierta.

El cinodonte del cambio de era

Finalmente, Vetusodon elikhulu presenta una peculiaridad que no se relaciona con la especie sino con el registro. “Vetusodon tiene 251 millones de años, esto es el Pérmico, el período anterior al de los dinosaurios. Los primeros dinosaurios tienen unos 230 millones de años”, ilustra Gaetano.

El hecho de que haya existido al final del período Pérmico de la era Paleozoica le otorga al hallazgo una singularidad especial: el Vetusodon vivió apenas antes de la extinción masiva del Pérmico-Triásico, conocida popularmente como la Gran Mortandad, porque en ella murió el 95 % de la fauna acuática y el 70 % de la terrestre.

La transición Permo-triásica, marcada por esta gran extinción, separa la era Paleozoica (o antigua) de la era Mesozoica, la de los dinosaurios. Por lo tanto, “este animal representa el único cinodonte que fue hallado en niveles muy cercanos previos a esta extinción descomunal. Hubo al menos otras cuatro especies de cinodontes dando vueltas en aquel entonces, pero a ninguna se la encontró tan próxima a la extinción”, afirma Fernando.

“Una vez más, Vetusodon muestra características muy novedosas a pesar de ser tan antiguo, y nos hace un llamado de atención diciendo: ‘¡cuidado! Esto no está resuelto’. Los nuevos descubrimientos nos traen más preguntas que confirmaciones”, admiten los científicos. Habrá que seguir trabajando en colaboración con colegas de todo el mundo “para armar juntos el rompecabezas, ya que en todas las ramas de la paleontología no se puede trabajar aislado, porque en ella no funcionan las fronteras geográficas ni políticas que tenemos en nuestro mundo”. 

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma.


miércoles, 12 de junio de 2019

Descubren a las afueras de Texas los fósiles de un extraño pariente de los cocodrilos

La criatura tiene una mandíbula inusual que evidencia la diversidad de los crocodiliformes del Cretácico.

Hace unos 96 millones de años en un vasto delta fluvial de la actual Arlington, 
Texas,  vivía un pequeño pariente de los cocodrilos modernos denominado 
Scolomastax sahlsteini. En esta reconstrucción artística, el reptil prehistórico 
se alimenta de los restos de un pez pulmonado. 
FOTO POR BRENTON ADRIAN (ILUSTRACIÓN)
Hace unos 96 millones de años, las afueras de Dallas, Texas, formaban parte de un exuberante delta fluvial que albergaba tortugas, dinosaurios, peces y a una extraña criatura que se parecía a un cocodrilo pero que habría comido como una zarigüeya.

El animal, Scolomastax sahlsteini, es un crocodiliforme descubierto recientemente, un pariente lejano y extinto de los cocodrilos y aligátores actuales. Medían entre 0,9 y 1,8 metros y su mandíbula inferior derecha revela que tenían menos dientes que otros cocodrilos con los que están emparentados. Sus dientes también parecen tener formas diferentes.

Estos rasgos concuerdan con animales vivos que devoran alimentos duros o tienen una dieta variada, lo que sugiere que los Scolomastax podrían haber sido omnívoros. A modo comparativo, los cocodrilos modernos son carnívoros y suelen especializarse en emboscar presas cerca de la orilla del agua.


LOS COCODRILOS DEL RÍO MARA
Para los animales que emprenden las grandes migraciones, los abundantes cocodrilos del río Mara suelen ser su reto final, y el más peligroso.

«Parecían llenar un nicho que no se observa que ocupan cocodrilos y aligátores modernos», afirma el autor principal del estudio, Christopher Noto, paleontólogo de la Universidad de Wisconsin-Parkside. «Los cocodrilos y aligátores vivos no son “fósiles vivos”. Solo son supervivientes y representan exclusivamente una pequeña fracción de los estilos de vida de sus parientes primitivos».

¿Fauna urbana?

El extraño reptil, descrito la semana pasada en TheAnatomical Record, es la criatura primitiva más reciente hallada en el Arlington Archosaur Site, en Texas. Este yacimiento, de unos 96 millones de años, data del Cretácico, un periodo en el que existía una vasta ruta marítima entre el oeste de Canadá y el golfo de México. Esta ruta dividía Norteamérica en dos continentes: Laramidia al oeste y Appalachia al este.

Muchos de los yacimientos fósiles del Cretácico en Norteamérica, como los lugares de Utah donde se han hallado dinosaurios con cuernos, registran lo que sucedió en Laramidia. Pero el yacimiento de Arlington documenta un delta fluvial en Appalachia, un hallazgo mucho más inusual. Es más, el Scolomastax es un paraligatórido, un grupo más conocido gracias a fósiles de Asia. Como primer paraligatórido descubierto en depósitos de Appalachia, el Scolomastax respalda la idea de que los animales que vivían en Asia y Norteamérica se mezclaron durante el Cretácico Inferior, antes de que las aguas dividieran Norteamérica en dos.

«Lo mejor del yacimiento de Arlington es que en realidad data de un periodo [y un lugar] del que no hemos encontrado muchos fósiles», afirma Stephanie Drumheller-Horton, coautora del estudio y paleontóloga de la Universidad de Tennessee. «Aún hay muchos misterios sobre Appalachia, así que todo lo que encontremos en este yacimiento llenará vacíos importantes».

El yacimiento de Arlington fue descubierto en 2003 por un grupo en el que figuraba Derek Main, entonces alumno de posgrado de la Universidad de Texas-Arlington. Main supervisó el estudio del yacimiento hasta 2013, cuando falleció repentinamente. Noto se hizo cargo del proyecto ese mismo año y ha dirigido su estudio desde entonces, con la financiación parcial de la National Geographic Society.

Si imaginas páramos barridos por el viento como las escenas de las excavaciones de Parque Jurásico, el yacimiento de Arlington no es así: se encuentra dentro de Viridian, una gran comunidad planificada en Arlington, Texas, a las afueras del área de Dallas-Forth Worth.

«Lo gracioso [del yacimiento] es que si estás de pie de cara a la pared, verás fósiles que sobresalen, pero si te das la vuelta, en la distancia puedes ver el estadio de fútbol americano de los Cowboys de Dallas», afirma Drumheller-Horton.

Un botín antiguo

Aunque parezca extraño, la proximidad a un gran núcleo urbano ha ayudado a los paleontólogos a proteger y estudiar el yacimiento. La mayoría de los excavadores han sido voluntarios, muchos de ellos pertenecientes a la Sociedad Paleontológica de Dallas. Entre ellos figura el paleontólogo aficionado Art Sahlstein, uno de los codescubridores del yacimiento y descubridor del Scolomastax. Los investigadores pusieron al reptil sahlsteini como nombre de la especie en honor a su contribución.

«[Esta] colaboración académica y pública ha unido a los paleontólogos académicos y a los aficionados a los fósiles y ha forjado algo que es único y diferente», afirma Noto. «Creo que aquí hay un modelo de este tipo de relaciones con las que queremos aumentar el conocimiento y el aprecio del público por lo que es la paleontología y lo que obtenemos del estudio del registro fósil».

El Museo Perot de Naturaleza y Ciencia, en Dallas, ha acogido la colección de fósiles del yacimiento, que ya llega a miles de especímenes. Este botín incluye restos de dinosaurios, plantas y peces primitivos; un enorme crocodiliforme denominado Deltasuchus; hasta nueve especies de tortugas extintas; y posiblemente los restos de una serpiente pequeña. Drumheller-Horton añade que el yacimiento preservó cientos de coprolitos, o heces fosilizadas.

Por ahora, se han suspendido las excavaciones en el yacimiento mientras los investigadores revisan el enorme tesoro que han descubierto. Pero Soto afirma que el futuro nos depara muchas sorpresas y más oportunidades de conectar a las personas con un pasado lejano.

«Una de las cosas que nos dicen constantemente las personas que visitan el yacimiento o participan como voluntarias es que no tenían ni idea de que existía algo así bajo sus pies, que había algo así a su alrededor», cuenta Noto.  «Resulta muy gratificante».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.