viernes, 19 de abril de 2024

La Rioja acogerá el primer congreso mundial sobre paleontología en español

La Rioja acogerá del 12 al 16 de mayo de 2025 el congreso mundial ‘Las lenguas romances y los dinosaurios. Una revolución en la ciencia’, en el que expertos de diferentes países reivindicarán el necesario rescate de las citas y publicaciones científicas sobre paleontología en lenguas romances y, en concreto, en español.

Así lo han anunciado este viernes, en una rueda informativa, el vicerrector de Investigación de la Universidad de La Rioja (UR), Eduardo Fonsea; el consejero de Cultura del Gobierno de La Rioja, José Luis Pérez Pastor; y los paleontólogos e investigadores Félix Pérez Lorente y Fidel Torcida Fernández-Baldor.


FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
El comité organizador ha decidido que este congreso, que es el primero de estas características que se celebra, se desarrolle en La Rioja porque es una de las zonas del mundo donde hay más icnitas -huellas de dinosaurio fosilizadas-, unas 10.000 catalogadas; y por ser el primer lugar de España donde se encontraron, en concreto, en 1971, en los yacimientos de Enciso, han precisado.

Otra de las razones que lo explica es que los monasterios riojanos de San Millán de la Cogolla, donde se celebrará esta reunión científica, son la cuna del español, por lo que, en 1997, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad.

El congreso se propone destacar la importancia de las lenguas romances en la investigación paleontológica y resaltar el uso de las lenguas hermanas al español de países que tienen yacimientos y publicaciones sobre dinosaurios, como Argentina, Francia, Italia, Brasil, Portugal y Rumanía, que son miembros del comité organizador, ha explicado Pérez Lorente.

En todos estos países, ha precisado, hay un problema de comunicación paleontológica en su lengua romance, ya que, “pese a ser unos de los mayores suministradores de material científico, casi todas las comunicaciones se elaboran en inglés”.

También ha informado de que las revistas sobre dinosaurios en lenguas romances comenzaron en el siglo XIX y fueron francesas, pero la primera sobre huellas de dinosaurios en la Península Ibérica data de 1936 y el problema está que aquellas citas y fuentes científicas no se citan en los trabajos modernos.

Investigación paleontológica

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
Este abandono de los trabajos primigenios, ha detallado, provoca que los nuevos investigadores dediquen sus esfuerzos, en exclusiva, a publicaciones de difusión más fácil, incluso pagando por su aportación científica.

Además, “el idioma no materno de un contenido científico -ha añadido- hace que las expresiones con las que se definen algunos aspectos no sean exactamente precisas” y también “existe el peligro de que revistas científicas en lenguas romances desaparezcan debido a la existencias a otras que monopolizan el mercado”.

Así, la temática de las comunicaciones y ponencias, que se publicarán en la Revista Zubía, del Instituto de Estudios Riojanos, no solo versarán sobre la relación de las lenguas con la investigación científica en materia paleontológica, sino que se incluirá cualquier trabajo escrito en lengua romance que se refiera a investigación en este campo.

Fidel Torcida, quien dirige el Museo de Dinosaurios en Salas de los Infantes (Burgos), ha subrayado que “España es una potencia en investigación paleontológica; se está haciendo un buen trabajo en este ámbito y este país aporta a la comunicad científica la publicación de especies únicas en el mundo”.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
Sin embargo, los trabajos se siguen publicando en inglés y es conveniente que puedan publicarse en lenguas romances, en este caso, el español.

Para conseguir una máxima difusión del congreso, las conferencias está previsto que se comuniquen de forma telemática, ha detallado Pérez Lorente, quien ha añadido que se admitirán trabajos relacionados con los objetivos de este foro mundial, evaluados previamente por el comité organizador.

Entre las actividades que podrán realizar los participantes en el congreso destaca la visita a los yacimientos de La Virgen den Campo, en Enciso, y La Era del Peladillo, en Igea, que son dos de los más de 170 que existen en La Rioja; y al de de Salas de los Infantes, en Burgos.

nuevecuatrouno.com

CONVOCATORIA DE EXCAVACIONES PALEONTOLÓGICAS (DINOSAURIOS) SALAS DE LOS INFANTES (BURGOS) · XXI CAMPAÑA · JULIO DE 2024

El Colectivo Arqueológico y Paleontológico de Salas de los Infantes (Burgos), convoca la XXI Campaña de Excavaciones Paleontológicas en yacimientos de restos fósiles de dinosaurios, en la Sierra de la Demanda.













Se realizarán las siguientes actividades:

- Excavaciones de los yacimientos de Vallazmorra y Las Huertas, en Hortezuelos (Santo Domingo de Silos, Burgos).

- Prospección en el  entorno de los yacimientos citados.

- Actividades complementarias: charlas formativas, visita al Museo de Dinosaurios de Salas, etc.

Las plazas disponibles son 3, con preferencia para estudiant@s universitari@s de Geología y Biología, Restauración o titulad@s con experiencia previa en excavaciones paleontológicas.

-Las fechas en las que se desarrollará serán entre el 5 y el 21 de julio de 2024, en horario de mañana y tarde, de lunes a sábado.

-El precio fijado para los asistentes es de 120 €.

-La participación en la excavación incluye alojamiento, manutención, participación en charlas, visitas y actividades complementarias, seguro y certificado/diploma acreditativo.

-La preinscripción se realizará enviando la ficha de Preinscripción hasta del 28 de abril de 2024 (sello de fecha de Correos en el caso de correo ordinario, con envío de copia de la inscripción, en este caso, a través del correo electrónico) a la siguiente dirección:

- Por correo: Colectivo Arqueológico-Paleontológico de Salas. Plaza Jesús Aparicio,

9. Salas de los Infantes, 09600 Burgos.

- Por correo electrónico: caspaleontologia@gmail.com Asunto: CAMPAÑA 2024 EXCAVACIÓN DINOSAURIOS.

Los seleccionados recibirán la notificación de aceptación durante los días siguientes al final del plazo de preinscripción.

Para más información:

http://www.fundaciondinosaurioscyl.com/es/c/excavaciones 

caspaleontologia@gmail.com   

museodesalas@salasdelosinfantes.net   

Tel. 947 397001 (Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes, Burgos)

Ficha de preinscripción: pincha aquí.

martes, 16 de abril de 2024

Ciclo Demanda Ciencia: Conferencia: Dr. Miguel Ángel Moreno Gallo

Continuamos con Demanda Ciencia que desde el Colectivo Arqueológico-Paleontológico de Salas, la Fundación para el Estudio de los Dinosaurios en Castilla y León y el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes organizan este ciclo de divulgación científica.

En esta ocasión el Doctor Miguel Ángel Moreno Gallo, de la Universidad de Burgos, impartirá una conferencia sobre megalitismo. Será el sábado 20 de abril a las 20 horas en el Teatro-Auditorio 'Gran Casino' de Salas de los Infantes.

Los organizadores del “Ciclo Demanda Ciencia” apuestan por reforzar la comarca de Sierra de la Demanda burgalesa como factoría tanto de Ciencia como de su difusión de calidad. Estas iniciativas suponen una buena oportunidad para acceder a la comunicación y divulgación científicas en un entorno rural como el de Castilla y León donde sus habitantes no tienen acceso fácil a centros de investigación, ni contacto directo con investigadores que, en el caso de los más jóvenes, puedan servir de referencia para fomentar una vocación científica. Es constatable que, en Castilla y León, comunidad autónoma especialmente ruralizada y con población muy dispersa, convocatorias como estas contribuyen a dinamizar social y económicamente los distintos territorios.

fundaciondinosaurioscyl.com

De Pepito al de Clint Eastwood, estos son los dinosaurios que habitaban en España

Los restos de todos ellos fueron hallados en este siglo en diferentes puntos de la península.

Imagen de un dinosaurio creado con IA. / EL HUFFPOST
Millones de años han pasado, pero sus huellas quedaron para la eternidad y a día de hoy se tiene constancia de numerosos restos arqueológicos de su presencia en lo que ahora es España, pero que en la época en la ellos (los dinosaurios) habitaban la Tierra, era simplemente una porción de terreno que seguramente poco tenga que ver con la imagen actual, debido a los movimientos continuos de los continentes.

Prueba de ello son las grandes huellas y yacimientos fósiles en nuestro país, como el de Atapuerca, en Burgos, considerado como uno de los mejores lugares para arqueológicos y paleontológicos del país, si hablamos de restos homínidos.

Pero si nos centramos en los restos de dinosaurios, se puede llegar a la conclusión de que por España pasaron fundamentalmente tres especies de dinosaurios, de los que a continuación les hablaremos.

'Tamarro insperatus'

Los restos de esta especie de dinosaurio, cuya traducción en castellano es "Tamarro inesperado", fueron encontrados en 2003 en el Pirineo catalán durante unas intervenciones paleontológicas.

El nombre con el que lo conocemos actualmente se debe a una criatura del folclore pirenaico, muy complicada de encontrar. Además, el hallazgo de esta especie supuso un hito en la historia de la arqueología, ya que fueron los primeros restos de troodóntido jinfengopterygine en toda Europa.

Según informaron los investigadores, se trata de un dinosaurio de pequeño tamaño (aproximadamente de un metro de alto y 20 kg), que habitó nuestro país hace unos 66 millones de años, un período bastante próximo a la desaparición definitiva de la mayoría de los dinosaurios. Físicamente, podría ser una especia de animal de entre 1,5 y 2 metros de largo, cubierto de plumas y con alas de tamaño medio respecto a su cuerpo y una cola igual de larga que su cuerpo.

En cuanto a sus habilidades hay discrepancias, aunque está bastante asumido que eran planeadores más que voladoras, algo parecido a las gallinas actuales. Al mismo tiempo, se destaca que entre su alimentación se incluyen pequeños animales y carroña, ya que gracias a su fortaleza bucal podían desgarrar a sus presas.

'Concavenator corcovatus'

Este segundo ejemplar, denominado "El cazador jorobado de Cuenca", se trata de la única especie de la que se tiene constancia de la especie Concavenator, que habrían habitado en nuestro país hace unos 130 o 125 millones de años, a principios del Cretácico. Entre las peculiaridades que rodean a esta especie, se encuentra su apodo o denominación popular, ya que se le conoce como comúnmente como "Pepito".

Sus restos fueron hallados en casi perfecto estado en Las Hoyas, un yacimiento ubicado en Cuenca que se cree que en aquel momento sería un humedal subtropical. Pero su nombre original se corresponde realmente con una característica muy peculiar: la joroba que ascendía desde la parte baja de la espalda hasta su cadera, y se cree que podría medir entre cuatro y seis meros de largo, siendo un terópodo (dinosaurio carnívoro bípedo), como el Tyrannosaurus rex y el Velociraptor.

'Europatitan eastwoodi'

Su nombre común, homenaje al cineasta estadounidense Clint Eastwood, se debe a la película "El bueno, el feo y el malo", rodada bajo la dirección del director norteamericano cerca de donde se ubicó el yacimiento.

Se trata de uno de "los saurópodos titanosauriformes más completos del Cretácico Inferior de Europa", de acuerdo con lo expuesto por el geólogo y biólogo del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes (Burgos) Fidel Torcida Fernández-Baldor.

Los restos de este dinosaurio fueron hallados entre 2003 y 2006, aunque no fue descrito hasta el año 2017. Se estima que habitó la Tierra hace unos 125 millones de años, y se trataría de un ejemplar de unas 35 toneladas que pudo llegar a los 27 metros de longitud, con un cuello considerablemente largo y con una altura de unos 16 metros, lo que ha valido para ser uno de los dinosaurios más altos que se han descubierto en nuestro continente.

huffingtonpost.es

domingo, 14 de abril de 2024

Cuando los dinosaurios señalan qué animales se extinguirán en el futuro

El análisis de sus huesos da claves sobre la adaptabilidad a cambios a nivel global.

Réplica del fósiles originales (Tucson Rock and Gem Show)
Cobalt 123 / Creative Commonsv
Pese a que nos separan 65 millones de años, los dinosaurios nos siguen dando claves sobre el presente: desde nuestra longevidad hasta nuestra propia evolución. En este sentido, uno de los últimos hallazgos aporta una predicción: el estudio de sus huesos daría claves de los animales que más peligro tienen de extinguirse.

El nuevo campo se conoce como paleobiología de la conservación y es muy útil en un momento en que los seres humanos podrían estar a punto de presenciar y hasta provocar una extinción masiva. Por ello, estudiar los registros fósiles, es particularmente útil para comprender cómo respondió la naturaleza al cambio climático y a las catástrofes naturales. En pocas palabras: cómo se adaptaron las especies.

Para analizar esto se han desarrollado nuevos métodos para recopilar información de huesos del pasado distante. Uno de ellos consiste en someter huesos de dinosaurios a un láser. Esto permite proyectar las muestras en un ordenador y aumentar su tamaño 50 veces para intentar encontrar materia orgánica fosilizada. Gracias a ello, los expertos han descubierto, por ejemplo, cuándo surgieron los animales de sangre caliente, un cambio que permitió que las especies tuvieran menos probabilidades de extinguirse, ya que podían regular su propia temperatura interna. Este cambio surgió en dos momentos de la historia, durante la extinción masiva del Pérmico-Triásico (la mayor de la historia) y a lo largo del Cretácico-Paleógeno (cuando se extinguieron los dinosaurios).

Muchos animales evolucionaron de forma independiente después de cada una de estas extinciones y el análisis de sus fósiles permite comprender cómo los animales se adaptan y encuentran resiliencia a medida que el planeta se calienta. Erin Saupe, profesora de paleobiología de la Universidad de Oxford, utiliza grandes conjuntos de datos para observar patrones de extinción en el registro fósil y ver qué rasgos hacen que las especies sean más vulnerables.

En un estudio publicado en Science, un equipo liderado por Saupe se preguntó si los rasgos intrínsecos, incluido el tamaño corporal y el área geográfica, eran más o menos importantes para predecir la extinción que los factores externos como el cambio climático. Uno de estos indicadores, el tamaño corporal, resulta ser importante como respuesta de adaptación. Por un lado, los animales más grandes suelen tener menos probabilidades de extinguirse en ambientes marinos, pero son más propensos a la extinción en tierra.

El tamaño corporal es un indicador clave de la capacidad de un animal para sobrevivir, ya que inmediatamente después de los eventos de extinción, los animales supervivientes tienden a volverse temporalmente mucho más pequeños. Pero de acuerdo con Saupe, el indicador más importante sería la distribución geográfica. Para llegar a esta conclusión analizaron 290.000 fósiles de invertebrados marinos de los últimos 485 millones de años y utilizaron modelos para reconstruir el clima durante ese período. Así, descubrieron que el tamaño del área de distribución geográfica sugiere que el animal también es bueno para moverse distancias mayores, y si una especie está ampliamente distribuida, un cambio climático regional en un área probablemente no afectaría a todas las poblaciones.

Cuando se trata de enfrentar una posible extinción futura de grado aún desconocido, el estudio señala que la Tierra tiene ventajas que no tenía antes. Por un lado, ya no vivimos en un supercontinente, lo que significa que el clima se regula mejor y evita que los interiores continentales se vuelvan tan cálidos y secos. Sin embargo, los recursos son limitados y los humanos tenemos un efecto desproporcionado sobre la biodiversidad.

“En el pasado, cuando se produjeron estos cambios climáticos importantes, aunque fueron devastadores para la biodiversidad... las especies tenían el tiempo y los recursos para recuperarse – concluye Saupe -. Hoy nos preocupa que esos cambios climáticos continúen, pero no hay espacio; hay recursos más limitados para que las especies puedan hacer frente a esos cambios”.

larazon.es

La dieta de los enormes dinosaurios de Morella: coníferas gigantes y helechos arborescentes

Una investigación desvela con muestra de esporas, polen y algas recogida en un yacimiento de la población castellonense lo que comían los dinosaurios herbívoros hace 125 millones de años

Reconstrucción del dinosaurio `Morelladon beltrani´ descubierto
en Morella (Castellón). 
CARLOS DE MIGUEL CHAVES
Sale a la luz la dieta de los dinosaurios herbívoros que habitaron los ecosistemas ibéricos hace 125 millones de años. Un equipo multidisciplinar e internacional de paleontólogos acaba de publicar un estudio -recogido por la revista científica Cretaceous Research- que pone fin al desequilibrio existente entre la gran cantidad de datos sobre los abundantes restos fósiles de dinosaurios que habitaron la comarca de Els Ports (Castellón) durante el Cretácico Inferior, y la escasa información sobre la vegetación que conformaba los ecosistemas en los que se movían y, por tanto, una parte importante de la dieta de ejemplares como Iguanodon o Morelladon.

Las coníferas y los helechos revestían los bosques costeros, próximos a un delta, que copaban esta región del norte de Castellón, constituyendo así la base de la alimentación de los dinosaurios herbívoros del entorno peninsular durante el Cretácico Inferior, según este estudio, que ha identificado en el municipio castellonense de Morella la flora de los ecosistemas continentales de hace 125 millones de años. Concretamente 27 géneros de esporas, pólenes, algas y dinoflagelados, que han podido ser documentados entre la muestra estudiada.

El trabajo se ha centrado en los restos palinológicos de uno de los últimos yacimientos localizados en la Concesión Minera Vega del Moll de Morella, el área de explotación extra ubicada junto a la fructífera cantera de arcilla del Mas de la Parreta, cuyas prospecciones han arrojado de la mano de sus 18 yacimientos 5.000 de los más de 7.000 restos fósiles que ha sacado a la luz en los últimos años el subsuelo de la capital de la comarca de Els Ports, que configura uno de los mejores registros del Cretácico Inferior de Europa.

Vega del Moll, que triplica la superficie de su área predecesora, garantizando a la paleontología morellana varios años de investigación, ha sacado además a la luz un nuevo, y aún por estudiar, ejemplar de dinosaurio relacionado con la especie Iguanodon bernissartensis. “Está en fase de preparación y estudio”, explica el paleontólogo José Miguel Gasulla, miembro del Grupo de Biología Evolutiva de la UNED y director del seguimiento paleontológico de la Concesión Minera Vega del Moll.

Dieta de los dinosaurios herbívoros.
De esta forma, los datos obtenidos permiten identificar que las comunidades de plantas que acompañaban a las poblaciones de este dinosaurio estaban dominadas por coníferas que podrían alcanzar grandes dimensiones, como el grupo de las extintas Cheirolepidiaceae. Estaban acompañadas de helechos arborescentes del grupo de las ciateáceas y otras coníferas que alcanzaron ingentes alturas pertenecientes al grupo de las podocarpáceas, actualmente restringidas al hemisferio sur. Toda esta vegetación estaría secundada por un denso sotobosque formado por helechos de pequeño tamaño y plantas hepáticas, entre las que se moverían las poblaciones de Iguanodon y otros dinosaurios de costumbres gregarias, señala el estudio.

La investigación ha puesto el foco también en el ambiente sobre el que se depositaron los materiales que dieron lugar al yacimiento y su relación con los ambientes sedimentarios de otras localidades europeas en las que también se han hallado restos fósiles del dinosaurio Iguanodon bernissartensis. En concreto, la evidencia fósil tanto florística como sedimentológica indica que el ecosistema en esta región peninsular se correspondía con un bosque costero muy cercano a una zona deltaica en la que las condiciones ambientales eran cálidas y húmedas.

Sobre los hábitos alimenticios de dinosaurios como Iguanodon o Morelladon, los resultados obtenidos en el estudio sugieren que tanto las frondes de estos dos grupos de helechos como las hojas de esas coníferas podrían estar entre las principales fuentes de alimento de las poblaciones europeas más meridionales de Iguanodon bernissartensis.

De este análisis comparativo se ha podido determinar que esta especie de dinosaurio herbívoro, ampliamente distribuido por la región más occidental de lo que es actualmente Europa, presentaba una amplia plasticidad en cuanto a la selección de ambientes, lo que le permitió ser uno de los dinosaurios con un mayor éxito ecológico dentro de las comunidades con dinosaurios del Cretácico Inferior europeo.

El estudio ha contado con la colaboración de investigadores y paleontólogos Universidade de Vigo, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad de Bonn y el Grupo de Biología Evolutiva de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

elpais.com

Resuelto un misterio paleontológico de 150 años en Europa

Se desconocía hasta ahora el grupo animal al que pertenecían restos similares de gran tamaño similares hallados en varias regiones de Europa occidental y central

Reconstrucción de un ictiosaurio - Marcello Perillo/Universidad de Bonn
Un estudio de la Universidad de Bonn ha encontrado explicación al misterio sobre el origen de varios fragmentos de grandes huesos fósiles que han desconcertado a los paleontólogos durante 150 años.

Desde el siglo XIX se han descubierto restos de gran tamaño similares en varias regiones de Europa occidental y central. El grupo animal al que pertenecían sigue siendo objeto de mucho debate hasta el día de hoy.

La nueva investigación concluye que la microestructura de los fósiles indica que provienen de la mandíbula inferior de ictiosaurios. Estos animales podían alcanzar entre 25 y 30 metros de longitud, un tamaño similar al de la ballena azul moderna. Los resultados ahora se han publicado en la revista PeerJ.

En 1850, el naturalista británico Samuel Stutchbury informó de un hallazgo misterioso en una revista científica: se había descubierto un gran fragmento de hueso cilíndrico en Aust Cliff, un depósito de fósiles cerca de Bristol. Desde entonces se han encontrado fragmentos de huesos similares en varios lugares diferentes de Europa, incluido Bonenburg, en Renania del Norte-Westfalia, y en la región francesa de Provenza. Hace más de 200 millones de años, estas áreas quedaron sumergidas bajo un enorme océano que cubría vastas franjas de Europa occidental y central. En el sedimento se conservan restos fósiles del mundo animal de aquella época, incluidos los habitantes marinos y costeros.

Hasta el día de hoy todavía existe cierto debate sobre el grupo animal al que pertenecían estos grandes huesos fosilizados. Stutchbury supuso al examinar los primeros hallazgos que procedían de un labyrinthodontia, una criatura terrestre extinta parecida a un cocodrilo. Sin embargo, esta hipótesis fue cuestionada por otros investigadores, que creían más bien que los fósiles procedían de dinosaurios de cuello largo (saurópodos), estegosaurios o un grupo de dinosaurios aún completamente desconocido.

«Ya a principios del siglo XX, otros investigadores habían teorizado que los fósiles podrían pertenecer a un ictiosaurio gigantesco», explica en un comunicado Marcello Perillo. El joven investigador ha estado investigando esta teoría como parte de su tesis de maestría en el grupo de investigación liderado por el profesor Martin Sander en el Instituto de Geociencias de la Universidad de Bonn. Como parte de su trabajo, examinó la microestructura del tejido óseo fosilizado. «Los huesos de especies similares generalmente tienen una estructura similar», dice. «De este modo, la osteohistología (el análisis del tejido óseo) permite sacar conclusiones sobre el grupo de animales del que procede el hallazgo».

Perillo primero tomó muestras de los huesos que hasta ahora no han sido clasificados. «Comparé especímenes del suroeste de Inglaterra, Francia y Bonenburg», dice. «Todos mostraban una combinación muy específica de propiedades. Este descubrimiento indicó que podrían provenir del mismo grupo animal». Luego demostró con un microscopio especial que la pared ósea tenía una estructura muy inusual: contenía largas hebras de colágeno mineralizado, una fibra proteica, que estaban entrelazadas de una manera característica que aún no se había encontrado en otros huesos.

Curiosamente, los fósiles de grandes ictiosaurios de Canadá también tienen una estructura de pared ósea muy similar. «Sin embargo, esta estructura no se encuentra en muestras fósiles de otros grupos de animales que he estudiado», enfatizó Perillo. «Por lo tanto, parece muy probable que los fragmentos en cuestión también pertenezcan a un ictiosaurio y que los hallazgos refuten la afirmación de que los huesos provienen de un dinosaurio terrestre».

Es probable que los fósiles procedan de la mandíbula inferior de una criatura marina. Comparando el tamaño de los fragmentos con las mandíbulas de otras especies de este grupo animal, se puede deducir la longitud de los animales: posiblemente podrían haber alcanzado una longitud de 25 a 30 metros, como habían propuesto originalmente los defensores de la teoría del ictiosaurio, especulada en un estudio anterior. «Sin embargo, esta cifra es sólo una estimación y está lejos de ser segura, hasta que encontremos restos fósiles más completos», dice Perillo. Sin embargo, ciertamente eran excepcionalmente grandes.

El primer ictiosaurio vivió en los océanos antiguos a principios del Triásico, hace unos 250 millones de años. Especies tan grandes como las ballenas existieron desde el principio, pero las criaturas más grandes sólo aparecieron hace unos 215 millones de años. Casi todas las especies de ictiosaurios se extinguieron al final del período Triásico, hace más de 200 millones de años.

La estructura inusual de sus paredes óseas, similar a los materiales reforzados con fibra de carbono, probablemente mantuvo el hueso muy estable y al mismo tiempo permitió un rápido crecimiento. «Estas enormes mandíbulas habrían estado expuestas a fuertes fuerzas de corte incluso cuando el animal comía normalmente», dice Perillo. «Es posible que estos animales también usaran sus hocicos para embestir a sus presas, similar a las orcas de hoy. Sin embargo, esto sigue siendo pura especulación en este momento».

eldebate.com

sábado, 13 de abril de 2024

Comienza la Escuela de Fútbol Municipal Fundación Dinosaurios CYL de Salas de los Infantes 2024

Desde el Viernes 12 al Martes 16 de abril del 2024 se abrirá el plazo de inscripción para la Escuela de Fútbol Municipal Fundación Dinosaurios CYL de Salas de los Infantes 2024 que vuelve en las categorías prebenjamín, benjamín, alevín e infantil masculino y alevín e infantil femenino.

Desde esta Escuela de Fútbol Municipal se pretende que tenga un carácter comarcal. Se desarrollará desde el 6 de mayo al 21 junio del 2024 y se quiere introducir a los niños en el apasionante mundo del fútbol y a la vez prepararnos para participar en el mayor número de torneos de fútbol 7 y fútbol que se organizan en los meses de mayo y junio por diferentes localidades de la provincia de Burgos.

La Escuela de fútbol Municipal Fundación Dinosaurios CYL de Salas de los Infantes va a ser organizada por el Excelentísimo Ayuntamiento de Salas de los Infantes y patrocinada nuevamente por la Fundación para el Estudio de los Dinosaurios en Castilla y León y tendrá la colaboración del Instituto Provincial para el Deporte y Juventud, Instalaciones Alonso , Kronospan, Café Bou, Covirán, Caja Viva Caja Rural de Burgos, Pinturas Decoración Oscar Camarero, Bar Restaurante El Pozo, Embutidos Llorente y Autobuses Crespo.

FORMULARIO DE INSCRIPCIÓN: 

https://forms.gle/cAzx3DKh3KAkxHrr8

HORARIOS INFORMACION:

https://drive.google.com/file/d/1CDrfWKXT5f4uuGwKxFU-l9RHecL71apP/view?usp=sharing

Más INFORMACIÓN e INSCRIPCIONES en la página web:

https://www.salasdelosinfantes.net/

Email: deportesalasdelosinfantes@gmail.com  

Teléfono: 616204140.

Plazo de inscripción: desde viernes 12 al martes 16 de abril.

tuvozenpinares.com

UN PASEO POR LA PROVINCIA | Torrelara

La 8 Burgos

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cyltv.es

martes, 9 de abril de 2024

GEOLODÍA 24 · BURGOS · 12 DE MAYO · DESFILADERO DE LA YECLA

EL DESFILADERO DE LA YECLA. CUANDO LOS RÍOS CORTAN LA ROCA

Lugar: Desfiladero de la Yecla (Santo Domingo de Silos).

El domingo 12 de mayo de 2024.

No es necesaria inscripción.

Punto de encuentro en parking de La Yecla. Recepción de 10-12h.

geolodia.es

Viaje al Jurásico ibérico: dinosaurios que vivieron en 'España'

Criaturas que caminaron hace millones de años por el suelo que hoy pisamos nosotros.

Recreación de Diplodocus. / Warpaintcobra / iStock
Imagina pasear por la actual España y tropezar con la sombra de un gigante perdido en el tiempo. En un país rico en historia y cultura, bajo los pies de sus habitantes y visitantes, yacen secretos de una era dominada por criaturas de proporciones míticas. No hace falta una máquina del tiempo para descubrir estas maravillas; solo necesitas saber dónde mirar. Desde los imponentes picos del Pirineo hasta las llanuras de Castilla, España esconde bajo su superficie una crónica épica de supervivencia, evolución y extinción. Este relato comienza hace millones de años, cuando la tierra estaba habitada por dinosaurios cuyas historias solo ahora estamos empezando a desentrañar. Un pequeño fragmento de hueso, una huella casi borrada por el tiempo, puede abrir la puerta a un pasado inimaginable donde la actual península ibérica era un escenario habitado por algunas de las criaturas más fascinantes que han pisado la tierra.

Pequeños y emplumados, feroces carnívoros que corrían sobre dos poderosas patas, y gigantes con cuellos tan largos que les tendríamos que colocar la comida en la azotea de nuestros edificios. Multitud de formas de vida de la era de los dinosaurios dejaron sus huellas en el territorio que ahora dominamos los humanos. Algunos de esos restos son raros de encontrar y otros destacan por su exquisita conservación. En este artículo os hablamos de tres dinosaurios descubiertos en España.

España cuenta con interesantes yacimientos fosilíferos. Por supuesto, destaca  Atapuerca, en Burgos, como uno de los mejores enclaves arqueológicos y paleontológicos para estudiar la evolución del ser humano. Pero no solo contamos con importantes restos de homínidos en nuestro territorio, sino que nos podemos remontar millones de años atrás para seguirle la pista a dinosaurios que caminaron por lo que hoy es la Península Ibérica.

Claro que decir Península Ibérica o España es caer en un ignorante presentismo. Cuando los dinosaurios dominaban la tierra, durante el Mesozoico, los continentes no tenían la distribución que le reconocemos hoy día. Al inicio de la era de los dinosaurios, toda la masa terrestre se agolpaba unida, conocida como Pangea. Hace unos 175 millones de años los continentes comenzaron a separarse hasta el día de hoy, en el que continúan sus movimientos. En aquella masa continental, lo que hoy es España ocupaba un lugar central, así que ni España, ni península que valga. Lo que está claro es que por esta porción de tierra pasaron dinosaurios y, para muestra, los fósiles que aparecen en los yacimientos (ahora sí) españoles. Y como tenemos un buen surtido donde escoger, en esta ocasión vamos a ver tres especies de dinosaurios de distintos tamaños, desde la más pequeña a un auténtico gigante del pasado.

'Tamarro insperatus'

Recreación de 'Tamarro insperatus'. / Óscar Sanisidro
Los restos de esta especie fueron encontrados en el Pirineo catalán en unas intervenciones paleontológicas que tuvieron lugar en 2003. Su nombre significa “tamarro inesperado”, basado en una criatura del folclore pirenaico que resulta difícil de encontrar. Y es que, efectivamente, este fósil supuso la primera y única muestra de troodóntido jinfengopterygine en Europa. Vaya, que es un fósil bastante exclusivo.

Fue un dinosaurio de poco tamaño y vivió hace unos 66 millones de años, no muy lejos en el tiempo de la extinción masiva que acabó con la mayoría de los dinosaurios. Lo podemos imaginar cubierto de plumas, con alas de tamaño medio en comparación con su cuerpo, ya que mediría entre 1,5 y 2 metros de largo, con una cola tan larga como su cuerpo que le ayudaría a dirigir el vuelo. Aunque los investigadores creen que más que volar, eran planeadores, como las actuales gallinas. Apenas superaba el metro de altura y los 20 kilos de peso. Entre su alimentación se incluyen pequeños animales o carroña, que podían desgarrar cómodamente por sus fuertes mandíbulas y las garras de sus dos potentes patas.

'Concavenator corcovatus'

Recreación de 'Concavenator corcovatus'. / Mario Lanzas / Wikimedia
“El cazador jorobado de Cuenca” es la única especie que conocemos de los extinguidos Concavenator, que vivieron hace unos 130 o 125 millones de años, a inicios del período Cretácico. Popularmente llamado “Pepito”, sus restos, excelentemente conservados, se hallaron en la actual meseta semiárida de Las Hoyas, un yacimiento de Cuenca que por entonces sería un humedal subtropical. Junto con el lugar donde se encontró, su nombre se explica por la característica joroba que subía desde la parte baja de la espalda de este dinosaurio hasta la cadera (lo que sería nuestra zona lumbar). Podía medir entre unos cuatro a seis metros de largo y era un terópodo, es decir, pertenecía al grupo de los famosos dinosaurios carnívoros que caminaban sobre dos patas, como el Tyrannosaurus rex y el  Velociraptor. Es un espécimen que ha generado un interesante estudio acerca del origen de las plumas en los terópodos. “Pepito” pudo haber lucido un plumaje primitivo, lo cual retrocedería en el tiempo las actuales cronologías que indicaban el inicio de los terópodos emplumados.

'Europatitan eastwoodi'

Recreación de 'Europatitan eastwoodi'. / Mario Lanzas /
Wikimedia
Nominado a uno de los nombres más molones de dinosaurios, “es uno de los saurópodos titanosauriformes más completos del Cretácico Inferior de Europa”, según podemos leer en la investigación encabezada por Fidel Torcida Fernández-Baldor, paleontólogo y director del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes, en Burgos. Su nombre es un homenaje al actor y director estadounidense Clint Eastwood, cuya famosa película, “El bueno, el feo y el malo” fue filmada cerca de donde se encontró el fósil. Sus restos se encontraron entre 2003 y 2006, pero no fue descrito hasta 2017. Vivió hace 125 millones de años y estamos ante un gigante que pesaría 35 toneladas y pudo alcanzar los 27 metros de longitud, y, con su larguísimo cuello, contaría con una altura que elevaría su cabeza a los 16 metros. Estamos ante uno de los dinosaurios más altos descubierto en Europa.

Referencias:

Ortega, F. et al. 2010. A bizarre, humped Carcharodontosauria (Theropoda) from the Lower Cretaceous of Spain. Nature 467, 203-206. DOI: 10.1038/nature09181.

Sellés, A. G. et al. 2021. A fast-growing basal troodontid (Dinosauria: Theropoda) from the latest Cretaceous of Europe. Scientific Reports 11, 4855. DOI: 10.1038/s41598-021-83745-5.

Torcida Fernández-Baldor, F. et al. 2017. Europatitan eastwoodi, a new sauropod from the lower Cretaceous of Iberia in the initial radiation of somphospondylans in Laurasia. PeerJ 5:e3409. DOI: 10.7717/peerj.3409.

muyinteresante.com

El descubrimiento de fósiles de mosquito fantasma sugiere un evento climático extremo en el pasado en Nueva Zelanda

En la actualidad, los mosquitos fantasma están presentes en todos los continentes del mundo excepto en la Antártida y Nueva Zelanda, donde hasta ahora se creía que nunca habían habitado

Mosquitos en registro fósil. / CSIC.
CSIC/DICYT Un equipo científico liderado por la Estación Biológica de Doñana – CSIC ha confirmado por primera vez la presencia de mosquitos fantasma en registros fósiles de Nueva Zelanda de 23 millones años de antigüedad. Estas especies, principales depredadoras de plancton e importantes ingenieras en los ecosistemas de agua dulce, están presentes en la actualidad en todos los continentes del mundo excepto en la Antártida y en Nueva Zelanda, donde su presencia no estaba confirmada hasta ahora. Este descubrimiento sugiere la existencia de un cambio radical en el clima de estas islas que habría llevado a estas especies a la extinción.

El equipo científico ha podido documentar 30 especímenes de individuos inmaduros de estos mosquitos en fósiles recolectados de Foulden Maar en Nueva Zelanda. Este lago fósil, en la actualidad seco, se originó en el cráter de un volcán inactivo y contaba con 2 km de diámetro y 350 metros de profundidad. Al morir, las abundantes algas microscópicas, llamadas diatomeas, fueron formando una capa en el fondo del lago que posibilitó la conservación única de fósiles durante millones de años.

“Este lago único es nuestra ventana a un hemisferio sur de hace 23 millones de años”, afirma Viktor Baranov, primer autor del estudio e investigador del CSIC en la Estación Biológica de Doñana. “El Foulden Maar conserva con inmenso detalle, fósiles de plantas y animales que perecieron en el lago, rodeado de un bosque húmedo tropical”. Debido a cambios geológicos y climáticos producidos durante millones de años, hoy el clima de la zona es más frío y el lago se encuentra totalmente seco, lo que lo convierte en un lugar único para el estudio de fósiles.

Los especímenes fueron fotografiados y almacenados en el Museo del Departamento de Geología de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda. Durante el estudio, se descubrieron al menos cinco morfotipos distintos, un término que se designa cuando la especie no puede ser determinada de forma precisa. “Es muy curioso que estuvieran presentes en Nueva Zelanda en el pasado, pero hoy no. Nueva Zelanda es la única gran masa continental en la que no existen, aparte de la Antártida”, explica Baranov.

Un evento climático extremo pudo haberlos llevado a la extinción

No hay indicios aún de qué pudo provocar la extinción de estos mosquitos en Nueva Zelanda. La extinción de ciertos grupos de animales en Nueva Zelanda suele explicarse por una hipótesis que afirma que las islas estuvieron sumergidas durante el Oligoceno, o por el enfriamiento de las masas continentales durante el Pleistoceno. Sin embargo, estos fósiles son más recientes y estos mosquitos no se extinguieron ni siquiera en regiones afectadas por las glaciaciones.

“La extinción de Chaoboridae en Nueva Zelanda puede ser indicativo de algún evento que afectara negativamente a la fauna acuática, como una sequía”, explica Baranov. “De hecho, existen algunos estudios con fósiles vegetales que sugieren una sequía sostenida en Nueva Zelanda, a partir del Mioceno, el periodo en el que están datados estos fósiles”. Otra posibilidad es que su extinción esté relacionada con una potencial inmersión de Nueva Zelanda en el Oligoceno, pero aún no hay estudios para comprender el vínculo concreto entre estos dos eventos.

Estos hallazgos demuestran el valor de preservar los yacimientos fósiles en el mundo como archivos de la Tierra que permiten realizar descubrimientos que ayuden a entender numerosos procesos naturales en el presente, como el impacto del cambio climático en ecosistemas acuáticos.

“Sólo tenemos 200 años de registros meteorológicos, lo que nos da información muy limitada de cómo el cambio climático afecta a la naturaleza y a los seres humanos. Pero los archivos geológicos de la Tierra contienen cantidades enormes de datos paleoclimáticos esperando a ser usados para predecir futuros impactos del actual cambio climático”, afirma Baranov. 

Los trabajos de los doctores Daphnee Lee, Uwe Kaulfuss y John Conran han permitido desenterrar numerosos fósiles, entre ellos docenas de insectos, que se cuentan entre los mejores del hemisferio sur. Estos descubrimientos, y el papel de Foulden Maar en la comprensión del pasado de la Tierra, han llevado a la UNESCO a designarlo «Patrimonio de la Humanidad». “Nuestro inesperado descubrimiento de los mosquitos fantasma de Foulden Maar pone aún más de relieve las muchas sorpresas que aún guarda este yacimiento”, concluye el investigador.

dicyt.com

domingo, 7 de abril de 2024

Identifican enfermedades en dinosaurios depredadores que vivieron en la Patagonia a fines del período Cretácico

El estudio fue protagonizado por paleontólogos del CONICET.

Reconstrucción de abelisaúridos. Ilustración: Alessio Ciaffi.
En el marco de una reciente investigación paleontológica, científicos del CONICET identificaron evidencias de enfermedades en tres especies de dinosaurios abelisáuridos que vivieron en la Patagonia a fines del periodo Cretácico, aproximadamente entre 90 y 70 millones de años atrás: Elemgasem nubilus, Aucasaurus garridoi y Quilmesaurus curriei.  Los abelisáuridos fueron una familia de dinosaurios bípedos carnívoros, caracterizados por tener huesos del cráneo con ornamentaciones, extremidades anteriores muy reducidas y un esqueleto axial rígido debido a articulaciones peculiares en algunas vértebras. El estudio, publicado en la revista BMC Ecology and Evolution, reveló nuevos detalles sobre las condiciones de salud de estos majestuosos reptiles extintos.

En un ejemplar de Aucasaurus garridoi se econntró una enfermedad congénita
de desarrollo, a pesar de la cual el animal pudo vivir muchos años sin
 afectaciones  graves. Ilustración: Alessio Ciaffi.
En una primera fase de la investigación, los paleontólogos notaron deformaciones en la superficie externa de algunos huesos a nivel macroscópico, especialmente en las vértebras caudales de ejemplares de Elemgasem y Aucasaurus. Este hallazgo llevó a la hipótesis de posibles patologías, que condujo a los investigadores a analizar tanto la morfología externa como la estructura interna de estos especímenes.

Mattia Baiano realiza trabajo de campo. Foto: gentileza investigadores.
Se realizaron tres tipos de estudios: el primero consistió en el análisis macroscópico de la estructura externa de los huesos; el segundo, de tipo histológico, se centró en Quilmesaurus y Elemgasem, para examinar cambios a nivel microscópico, tanto en el exterior como en el interior de los huesos; y el tercero incluyó tomografías computadas en algunos elementos de Aucasaurus, para evaluar cómo una posible patología afectó el tejido óseo.

Los resultados revelaron tres tipos distintos de patologías. El ejemplar de Aucasaurus presentaba una enfermedad congénita de desarrollo, que indicaba que este individuo nació con una malformación que, a pesar de ello, le permitió vivir muchos años sin afectaciones graves. En el caso del Elemgasem, se diagnosticó espondiloartropatía o espondiloartritis, una enfermedad también presente en humanos, que provoca la fusión de vértebras y la consiguiente inflamación. El ejemplar de Quilmesaurus, por su parte, mostró signos de alguna patología que no pudo ser determinada con precisión, pero pareciera diferente de las detectadas en los otros dos abelisáuridos.

El investigador del CONICET Diego Pol fue uno de los autores del estudio.
 Foto: gentileza investigadores.
La última fase del estudio consistió en la recopilación y el análisis estadístico de todas las enfermedades registradas en dinosaurios terópodos a nivel mundial, lo que permitió establecer la base de datos más completa hasta la fecha para este grupo de animales extintos. Uno de los resultados más importantes fue poder establecer, a partir del análisis estadístico, correlaciones entre algunas enfermedades y el estilo de vida de estos depredadores activos en el pasado. Entre otros resultados, se encontró que algunos grupos de dinosaurios terópodos, como los tiranosáuridos, presentaban marcas de mordiscos con infecciones, lo que hace suponer que estos depredadores poseían una conducta social intraespecífica muy agresiva. En otros casos, como en los alosáuridos, la elevada presencia de fracturas en los huesos de las extremidades posteriores indicaría un estilo de vida activo.

Ignacio Cerdá trabaja en el laboratorio. Foto: gentileza investigadores.
“Este trabajo no solo expande nuestro conocimiento sobre la salud de los dinosaurios, sino que también destaca la presencia de enfermedades que persisten en la actualidad, sugiriendo posibles conexiones entre el estudio de organismos extintos y la investigación de enfermedades contemporáneas”, comenta el primer autor del estudio, Mattia Antonio Baiano, investigador del Museo Municipal Ernesto Bachmann (Neuquén), quien participó del estudio en el marco de una beca posdoctoral del CONICET.

“Es un trabajo muy interesante ya que reúne especialidades de diferentes investigadores e intenta descubrir un poco las marcas que dejan en el esqueleto los comportamientos de los dinosaurios”, agrega Diego Pol, investigador del CONICET del Museo Paleontológico “Egidio Feruglio” (Chubut) y otro de los autores del estudio.

También participaron de la investigación: Ignacio Cerda, investigador del CONICET en el Instituto de Investigación en Paleontología y Biología (IIPG), y Filippo Bertozzo, del Royal Belgian Institute of Natural Sciences (Bélgica).

Los investigadores destacan que estudiar las enfermedades de los dinosaurios podría arrojar luz sobre el origen de varias patologías actuales.

Referencia bibliográfica:

Baiano, M.A., Cerda, I.A., Bertozzo, F. et al. New information on paleopathologies in non-avian theropod dinosaurs: a case study on South American abelisaurids. BMC Ecol Evo 24, 6 (2024). https://doi.org/10.1186/s12862-023-02187-x

conocet.gov.ar

sábado, 6 de abril de 2024

Tras los pasos de los dinosaurios en España

Si te apasionan los dinosaurios y has visto innumerables veces películas como Parque Jurásico, España es un destino perfecto para descubrir todo sobre estos magníficos seres que habitaron nuestro planeta. No son pocos los yacimientos y restos fósiles que se han encontrado en nuestro territorio.

En muchas localidades del país hallarás museos, yacimientos y rutas en las que estos animales de otra época son los protagonistas. Así que hoy nos ponemos tras los pasos de los dinosaurios en España y te descubrimos algunos de esos lugares para que los tengas en cuenta en tus próximas excursiones y escapadas. Además, si viajas en familia, cualquiera de estos planes entusiasmará a los más pequeños de la casa.

Museo Jurásico de Asturias (MUJA)

Fuente: Wikimedia/manuel m. v. (CC BY 2.0)
Una de las visitas imprescindibles si seguimos los pasos de los dinosaurios por la península ibérica se encuentra en Asturias. En esta comunidad autónoma, en Colunga, se localiza el MUJA (Museo Jurásico de Asturias, Rasa de San Telmo, s/n, 33328 Colunga, Asturias), un centro de interpretación para la denominada Costa de los Dinosaurios asturiana. Y es que entre Ribadesella y Gijón, en los numerosos yacimientos encontrados, se hallaron desde restos óseos hasta huellas de dinosaurios.

Como resultado, el MUJA, que atesora más de 8.000 fósiles, se encarga de exponerlos y de mostrar todo lo que tienes que saber sobre estos fascinantes seres. Además, en su exterior, se alzan espectaculares esculturas de dinosaurios a tamaño natural. Y entre sus actividades se ofrecen talleres educativos, exhibiciones interactivas y rutas guiadas por los yacimientos cercanos.

Museo de Dinosaurios (Salas de los Infantes, Burgos)

Allosaurus en el Museo de Dinosaurios. / Museo de Dinosaurios de Salas.
En la localidad de Salas de los Infantes, en la provincia de Burgos (Castilla y León), hallamos el Museo de Dinosaurios (Pl. Jesús Aparicio, 9, 09600 Salas de los Infantes, Burgos) que abrió sus puertas en el año 2001. En él se exponen desde réplicas y maquetas hasta los restos fósiles encontrados en los yacimientos que se abrieron en el entorno. De hecho, Salas de los Infantes fue el primer lugar de toda la comunidad autónoma en el que se iniciaron excavaciones paleontológicas. Otra de las paradas imprescindibles para encontrar las huellas de los dinosaurios en España.

Ruta de las icnitas (Soria)

Seguimos los pasos de los dinosaurios en Castilla y León, en las Tierras Altas de Soria. Aquí es posible seguir la Ruta de las Icnitas de Soria. Y es que en este entorno encontrarás el mayor número de huellas de dinosaurios (icinitas) de todo el país. El itinerario te conducirá por 16 yacimientos, además de tener la posibilidad de visitar el Parque Cretácico de Aventuras de San Pedro Manrique. Este museo al aire libre dedicado a los dinosaurios hará las delicias de los más pequeños y seguro que todos tomáis una buena cantidad de fotos.

Enciso (La Rioja)

Réplica de dinosaurio herbívoro en Enciso/Foto: Depositphotos
En La Rioja también hay abundantes restos de dinosaurios. Entre los mejores lugares a los que puedes acudir para seguir sus huellas se encuentra el municipio del Enciso. Aquí hallarás el Barranco Perdido (Carretera Navalsaz s/n, 26589 Enciso, La Rioja), un parque de paleoaventura que incluye un museo cretácico, esculturas de dinosaurios en tamaño natural, rocódromo, circuitos de aventura y géiseres.

Pero también puedes seguir la Senda de los Dinosaurios de Enciso, que parte del Centro Paleontológico de Enciso (C. el Portillo, 3, 26586 Enciso, La Rioja) y prosigue hasta Navalsaz a través de siete yacimientos. Recuerda en que en el Enciso se han hallado hasta 1.400 huellas de dinosaurios.

Territorio Dinópolis (Teruel)

Dinópolis Teruel/Foto: Depositphotos
No podemos hablar de dinosaurios en España sin tener en cuenta el Territorio Dinópolis, en la provincia de Teruel (Aragón). De hecho, es posible realizar una ruta solo por esta provincia descubriendo los yacimientos y museos distribuidos en la capital y en los centros de otras localidades. El más destacado es Dinópolis Teruel, con el museo paleontológico, el cine 3D, el recorrido por el Mar Jurásico y el Saurio Park, entre otros.

Pero junto a aquel también destacan Mar Nummus en Albarracín; Valcaria, en Ariño; el Bosque Pétreo en Castellote, dedicado a la Paleogeografía; Legendark en Galve, donde es posible admirar una familia de Aragosaurus a tamaño real; Inhóspitak en Peñarroya de Tastavins; Titania en Riodeva, especializado en gigantismo; y la Región Ambarina en Rubielos de Mora, cuyo centro está ideado sobre un lago fosilizado denominado Konservat-Lagerstätten. Todo el conjunto forma el parque de dinosaurios más importante del país.

Ruta de los Dinosaurios (Cuenca)

Descendemos ahora hasta la provincia de Cuenca (Castilla-La Mancha) para descubrir otro itinerario dedicado a los dinosaurios. Para ello, deberás recorrer la Serranía de Cuenca por la denominada Ruta de los Dinosaurios, que te permitirá conocer hasta una docena de localizaciones entre las que destacan el Museo Paleontológico de Castilla-La Mancha (C. del Río Gritos, 5, 16004 Cuenca) y el Centro de Interpretación de Fuentes (Pl. Constitución, 1, 16193 Fuentes, Cuenca).

Con todos estos lugares, podrás saber mucho más de los dinosaurios y descubrir un pasado de nuestro país que probablemente desconocías.

publico.es