sábado, 2 de mayo de 2015

La Fundación Dinópolis colabora en la XLVII Feria Nacional del Sello

La Fundación Dinópolis vuelve a Madrid después de que la semana pasada y estuviera con una exposición sobre dinosaurios turolenses en el Museo Nacional de Ciencia Naturales


diariodeteruel.com






















La Fundación Dinópolis vuelve a Madrid después de que la semana pasada ya estuviera con una exposición sobre los dinosaurios turolenses en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Ahora lo hace para participar en la XLVII Feria Nacional del Sello que se celebrará del 7 al 10 de mayo. La institución científica turolense se ha convertido ya en un referente de todo lo que tenga que ver con los grandes reptiles que poblaron la Tierra durante el Mesozoico.

El paleontólogo turolense Luis Alcalá, director gerente de la Fundación Dinópolis, será uno de los encargados de presentar cuatro nuevos sellos que con motivo de la feria se han dedicado a los dinosaurios. De hecho, el cartel de esta importante cita para los filatélicos está protagonizado por estos grandes reptiles del pasado.

Correos y la Sepi informaron ayer de que el subsecretario de Fomento, Mario Garcés San Agustín, y el presidente de Correos, Javier Cuesta Nuin, junto al director gerente de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis, el doctor Luis Alcalá presentarán, a las 10,30 horas del día 7, los sellos dedicados a los dinosaurios.

Se trata de una serie de cuatro estampillas dedicadas a los dinosaurios con novedosas técnicas de impresión, como fosforescencia en los sellos, textura de escamas y 3D.

Todos los sellos tienen Realidad Aumentada (RA) lo que permite mediante la utilización de móvil ver una animación y un vídeo sobre el mundo de los dinosaurios.

Posteriormente, a las 11,00 horas de ese día, será inaugurada la Feria Nacional del Sello por el presidente de Correos, Javier Cuesta Nuin, el director de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, Jaime Sánchez Revenga, y el presidente de ANFIL (Asociación Nacional de Empresarios de Filatelia y Numismática de España), Mario Mirman Castillo.

Plaza Mayor

En esta edición la temática principal de la Feria está relacionada con el mundo de los dinosaurios, con la intención de atraer a la plaza Mayor de la capital de España a un público infantil y juvenil además de a los interesados en la filatelia, y por supuesto a todo el público que tiene interés por conocer más sobre la historia de la vida en nuestro planeta.

No hay que olvidar que frente a la imagen de los dinosaurios como seres torpes y antediluvianos, dominaron los ecosistemas terrestres del planeta durante más de 150 millones de años. Teruel es uno de los territorios más ricos del mundo en fósiles de dinosaurios, de ahí la presencia que va a tener la Fundación Dinópolis durante estos días en la tradicional feria del sello.

Correos desarrollará distintas actividades para los más jóvenes en un complejo interactivo que reproduce el entorno de los dinosaurios.

Se podrá estampar en el mismo un matasellos gigante sobre un póster, fotografiarse en ese ambiente con esculturas de dinosaurios o a través de una webcam colocar tu rostro dentro de una imagen de Don Quijote o de un dinosaurio, quedando impresa en un ficticio sello.

Dinosaurios y filatelia

También será posible construir un puzzle gigante con los sellos de este año y algún boceto de los del año 2016; o ver el efecto de un holograma filatélico de uno de los sellos de dinosaurios.

Y además, según informó ayer Correos se podrá disfrutar de las colecciones filatélicas sobre este tema. También se podrán ver en la feria los fósiles con materiales cedidos por las diferentes organizaciones que colaboran con este importantísimo encuentro filatélico.

Los mejores embajadores

Una vez más con la presencia de la Fundación Dinópolis en la Feria Nacional del Sello que se celebrará la próxima semana en Madrid, se pone de manifiesto que los dinosaurios se han convertido en los mayores embajadores de la provincia de Teruel en el exterior. Los dinosaurios turolenses a través de la institución científica que está realizando importantes hallazgos paleontológicos en la provincia, volverá a mostrar a los madrileños la riqueza de estas tierras, convirtiéndose así también en un importante reclamo turístico, en uno de los puntos de mayor procedencia de visitantes que tiene el parque paleontológico. Más allá de la importante labor científica que desarrolla, la Fundación se ha convertido ya de forma incuestionable en un vehículo para atraer turistas a la provincia.

viernes, 1 de mayo de 2015

Patagonia: tierra de gigantes

Descubren el fósil de dinosaurios más imponente que habitó la tierra


Román García Mora
















Por: Federico Kukso


Ring, ring, ring! El ruido escala como quien trepa una montaña con descaro. Al rato, descansa y vuelve a embestir.

Ni bien se despereza el día, en aquel instante aún sin nombre en el que la luz repentinamente se extingue y se transforma en otra cosa, o durante los tramos más profundos de la noche, un estallido sonoro irrumpe en el silencio solemne que inunda cada rincón del Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF). En cualquier momento y empujado por la irreverencia con la que emerge un antojo, un teléfono suena aquí, en la ciudad de Trelew, en el corazón de la Patagonia argentina, y con su insistencia altera la calma que reina en las salas y los pasillos de este mausoleo científico donde pasado y presente se funden en un tiempo nuevo.

Hasta el esqueleto del carnívoro Tyrannotitan chubutensis, que domina el salón central del edificio con sus dientes aún afilados, o las reconstrucciones de un Eoraptor, un Piatnitzkysaurus floresi y demás dinosaurios, erguidos con elegancia y orgullo, quieren saber de qué se trata. A qué se debe tanto alboroto extinguido abruptamente en cada ocasión por un hombre que, luego de atender con un movimiento automático, robótico, vuelca en un cuaderno unas palabras que solo él entiende y, con el mismo desparpajo con el que alzó el auricular, lo despega de su oreja y de pronto cuelga.

Los investigadores del lugar —aquellos que entran y salen de los laboratorios que anidan también en el museo, entre maquetas, carteles y la infaltable tienda de regalos— las conocen bien. Se refieren a ellas como “denuncias”. Llamadas furtivas que provienen de cada esquina de la región: de estancias y campos desparramados a lo largo y ancho del extremo más austral del continente americano, un territorio hostil de 787,800 kilómetros cuadrados que abarca las provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego, la Antártida y las islas del Atlántico Sur.

Desde allí, toda clase de personas —niños, adultos, ancianos— levantan el teléfono, marcan el número del museo y cuentan lo que sus ojos ven: una astilla, un pedazo de hueso que sobresale con desdén de la tierra yerma, baldía, interminable y feroz que conforma el  desierto patagónico.

En 2011 un peón rural llamado Aurelio Hernández, que paseaba a caballo por la estancia La Flecha —ubicada a 260 kilómetros de Trelew y a más de 1,300 kilómetros de Buenos Aires—, vio que emergía del suelo algo extraño, algo que no debía estar allí pero aun así estaba, desafiante: un hueso solitario, con forma de caracú, distinto de los que dejan los animales que habitan la zona luego de despedirse de este mundo. De inmediato, se lo mostró a Óscar Mayo, uno de los dueños de la estancia conocido por tener un ojo entrenado en los asuntos paleontológicos y quien no tardó en alertar a los investigadores.

—Esta tierra tiene magia —repite como un mantra su hermana Alba desde hace décadas—. Aquí hay más fósiles que ovejas. No se equivoca. En el patio trasero de su casa dormía uno de los dinosaurios más grandes del mundo.

Un regalo de Navidad

Excepto por la península Valdés —un trozo de tierra con forma de riñón proclamado Patrimonio Natural de la Humanidad en 1999 y que de septiembre a enero se llena de españoles, italianos y ballenas en celo—, la provincia de Chubut no figura entre los principales destinos de la Patagonia. José Luis Carballido lo sabe y lo agradece. Al momento de planificar una nueva campaña científica al campo, este paleontólogo de 36 años no tiene que pensar cómo y dónde esquivar avalanchas de turistas cargados con un arsenal de cámaras fotográficas y la gula de querer retratar absolutamente todo. Cada verano (es decir, cada diciembre, en el hemisferio sur), este joven investigador del MEF simplemente pone sobre la mesa las opciones: examina cada denuncia con cuidado. Y decide.

Así ocurrió a fines de diciembre de 2012. Luego de estudiar cuatro opciones tentadoras, se inclinó por el enigmático dato proveniente de la estancia La Flecha.
—Vamos a ver de qué se trata —le dijo Carballido la mañana de un 24 de diciembre a su colega Pablo Puerta, jefe del Departamento Técnico del museo, quien, sin pensarlo dos veces, trepó a su camioneta y con su hijo de 10 años y un pequeño amigo emprendieron el viaje.

Tras un largo recorrido, los cuatro —bañados en sudor y adormecidos por el calor sofocante— arribaron al lugar. Empezaron a caminar en medio de esa inmensa nada, a rastrillar con la mirada —y con cinceles, cepillos y martillos— los detalles minúsculos, las inflexiones microscópicas, los gestos imperceptibles de la tierra. Hasta que la paciencia dio frutos. A las cinco de la tarde recibieron su primer regalo de Navidad: un pedacito de hueso asomaba en el suelo. Como si los estuviera esperando. No se imaginaron en ese momento que se trataba de la punta de un fémur de 2.40 metros de largo.

A los pocos minutos, otro hallazgo: un trozo de lo que parecía una vértebra, una que, saben bien los paleontólogos, solo poseían los miembros de una especie particular —y monumental— de dinosaurios. Entonces, en ese preciso instante, José Luis Carballido, invadido por la emoción, lo supo: ahí, debajo de sus pies, cubierto por un manto delgado de tierra y de silencio, yacía un titanosaurio.

Sin embargo, no había mucho más que hacer. Así que taparon todo con un nailon y prometieron volver para reencontrarse con los restos escondidos en las rocas de aquel dinosaurio cuadrúpedo de cuello largo, cabeza pequeña, ancha y alargada, uno de los animales terrestres más grandes que han existido. Había que esperar y tener paciencia. Durante los festejos de fin de año y los primeros días de 2013, este científico no dejó de pensar y soñar con los tesoros que allí habría. Era su revancha: durante una campaña realizada varios meses antes, a 40 kilómetros de aquel sitio, había encontrado —junto a un grupo de colegas— solamente dos huesos sucios, astillados, inservibles.

Pasado el mediodía del 8 de enero de 2013, José Luis Carballido estaba ahí de nuevo. En esta ocasión acompañado por una caballería científica formada por los paleontólogos Diego Pol, Leonardo Salgado, Ignacio Cerda, Alejandro Otero y Alberto Garrido, cada uno aprovisionado de cantimploras, picos, palas, martillos neumáticos, tiendas de dormir, protector solar, gorras y, por supuesto, papel higiénico. Y entonces, bajo unos ardientes 40 grados, se pusieron a excavar, a limpiar, y a reír. Cada vez que extraían rocas con las palas y descendían un centímetro en esa tierra estéril parecía como si dieran un paso más allá de un mundo ajeno al suyo.

La alegría flotaba en el aire como un perfume. Solo ellos sabían todo lo que encerraba lo que estaban haciendo. Nadie había visto lo que los ojos bien abiertos de estos paleontólogos veían.

En solo un día, dieron con el hueso de una cadera, tres vértebras de una cola y de la espalda y un fémur de unos 600 kilos. A la hora de medir, la cinta métrica les quedó chica: aquel hueso fosilizado que tenían frente a sus ojos era demasiado grande. No se trataba de un titanosaurio más, como el Argentinosaurus —descubierto en 1987 en la provincia de Neuquén—, como el Puertasaurus, hallado en Santa Cruz, o como el Andesaurus, descrito en 1991 por el prócer de la paleontología argentina: José Bonaparte. Era una bestia prehistórica distinta, el dinosaurio más grande que se había conocido hasta entonces. Y como tal fue recibido: con champán. Nadie recuerda quién llevó la botella ni de dónde apareció. Cuando estos paleontólogos —y amigos— se dieron cuenta de lo que habían encontrado, se abrazaron bajo el manto festivo de un brindis.

Las joyas de la tierra

Hasta el momento, los paleontólogos del MEF han realizado ocho agotadoras campañas en las que científicos, estudiantes y voluntarios se alternaron para, además de trabajar, cocinar guisos, asados, pizzas, ñoquis y pan casero con la ayuda de hornos portátiles, en un ambiente en el que durante el día el sol quema y durante la noche los vientos helados cruzan los campos a gran velocidad, sin compasión. En total, llegaron a ser unos 30 curiosos empeñados —en una lenta pero sostenida coreografía de movimientos— en extraer de las profundidades de la tierra y del olvido los restos de un animal de una belleza extraordinaria, condenado a no volver nunca a recorrer por sus propios medios la superficie.

Cuando pensaban que la sorpresa ya se extinguía, aparecían más fósiles. Y más, despojos indiferentes a todo lo que sucedía en el mundo, que se levantaba sobre ellos durante unos 90 millones de años. Cada vez que un trozo de roca dejaba al desnudo un resto de dinosaurio nuevo, la cara de los científicos se transformaba.

—Por ahora tenemos unos 200 fósiles de, al menos, siete bichos adultos que murieron en el lugar —revela Carballido quien, irónicamente, hace unos años viajó a Alemania a estudiar al saurópodo más pequeño conocido, el Europasaurus—. Los restos están prácticamente intactos, algo que no se ve con frecuencia. De hecho, los fósiles de titanosaurios son escasos y fragmentarios.

Según pudieron calcular los investigadores, estos descomunales animales, altos como un edificio de siete pisos, habrían alcanzado los 40 metros de largo desde la cabeza hasta la cola —tanto como dos camiones con acoplado, uno detrás de otro—, cinco centímetros más que el Argentinosaurus. Probablemente, llegaban a pesar unas 77 toneladas, algo así como 14 elefantes africanos juntos.

—Sus excrementos eran también monumentales —especula Carballido—. Un elefante pesa cinco toneladas y come 300 kilos de plantas por día. Es difícil, entonces, imaginar los desechos que dejaba un animal que también comía plantas incansablemente pero que pesaba 70,000 kilos. No quiero imaginar cómo copulaban. Evidentemente, se las ingeniaban porque de lo contrario nunca hubieran llegado a ser lo que fueron.

De sus montañas de excrementos y de su grandeza biológica nos separan no tanto las distancias sino el tiempo. Embajadores de una época remota, antiguos reyes de la Tierra, ciudadanos de un mundo joven y aún virgen de la plaga humana, habrían vivido durante el periodo Cretácico superior, cuando Sudamérica era una gran isla habitada por una fauna particular de dinosaurios, que evolucionaba de forma independiente a la del resto del mundo. En lo que hoy conocemos como la Patagonia imperaba un clima húmedo y una vegetación densa con frondosos bosques con árboles de unos 15 metros de alto de los que se alimentaban estos animales herbívoros.

Crecer para sobrevivir

Sus descomunales tallas no respondían a un capricho. Eran más bien consecuencia de una inteligente estrategia de supervivencia.

—Suponemos que cuanto más grandes eran estos animales para los depredadores resultaba energéticamente más costoso y riesgoso atacarlos —cuenta Carballido—. Lo que sabemos cuando uno mira un ecosistema actual es que a los animales más grandes, como los elefantes, cuando alcanzan un tamaño adulto no los mata nadie, se vuelven inmunes. A no ser que estén enfermos o casi muertos. Al ser más difíciles de depredar, los ejemplares enormes van dejando mayor descendencia.

A lo que sí no eran inmunes estos dinosaurios era, obviamente, a la muerte. Este linaje de gigantes fue incapaz de adaptarse a los abruptos cambios en el ambiente y se extinguió muchos millones de años antes de la llegada del famoso meteorito.

En el caso de los siete ejemplares de esta especie de dinosaurios, aún no bautizada científicamente, la muerte los sorprendió en el mismo lugar pero en distintos momentos. Eso se concluye al observar con atención el yacimiento: en él, hay un nivel inferior y otro superior, separado por un metro y medio. Lo que indica que los siete ejemplares no murieron justo en el mismo instante. Por alguna razón, en dos o tres momentos distintos del tiempo, quizá separados pocos años de diferencia, estos animales volvían al lugar y allí morían.

—Pensamos que durante los periodos de sequía concurrían en manada a pequeños charcos de agua a beber en una zona del valle con un río, y quizá algunos morían por deshidratación o porque pisaban el terreno fangoso y quedaban atrapados —cuenta el paleontólogo Alejandro Otero de la Universidad Nacional de La Plata y miembro del equipo—.  La acumulación de los cuerpos de estos animales pudo ser un festín para otros dinosaurios carroñeros de gran tamaño como el Tyrannotitan chubutensis, de los que también encontramos unos 60 dientes. Suponemos que se les rompían al morder la dura piel y carne de estos gigantes.

Los investigadores del MEF saben que en este sitio les queda mucho trabajo por delante, toda una caja de sorpresas: al menos tres años de trabajo de campo en los que esperan encontrar, con excavadoras y grúas hidráulicas, nuevos tesoros. En especial, una pieza que les falta: un cráneo. En unos seis o siete años tendrán los resultados finales con descripciones detalladas de la anatomía de esta curiosa especie. Para entonces, esperan haberle asignado un nombre.

—Aún no lo tenemos decidido —confiesa Carballido—. Queremos dedicárselo a los dueños del campo, la familia Mayo, que nos dieron aviso y nos dan la bienvenida todas las campañas. Y también hacer referencia a su magnificencia y a las características de la región.

Más que un cementerio de gigantes, todo un paraíso para los paleontólogos donde fueron encontrados los tres mayores dinosaurios del mundo y en el que, como no se cansa de señalar el paleontólogo Sebastián Apesteguía, confluyen tres factores que facilitan los hallazgos. Primero: el 70% del territorio argentino es un semidesierto, lo que hace que, al no haber cobertura vegetal, los fósiles sean muy fáciles de detectar en la superficie. Segundo: la ayuda de la cordillera de los Andes que con los años se levantó de tal modo que las rocas que estaban en las profundidades quedaron expuestas. Y tercero: 200 años de tradición de investigación paleontológica en vertebrados hecha por científicos locales.

Ni Lionel Messi ni el papa Francisco: los verdaderos embajadores de este rincón del mundo son los dinosaurios y el eco fosilizado de un mundo temporalmente distante. Una grandeza extinguida pero aún presente.

Si la Patagonia es un cofre y los dinosaurios son sus joyas, la nueva especie recientemente descubierta es su más majestuosa corona.


jueves, 30 de abril de 2015

HORARIO MUSEO DE DINOSAURIOS PUENTE FIESTA DEL TRABAJO

Coincidiendo con el XXI Concurso Nacional de Pintura "José María del Río Moreno" - Ciudad de Salas de los Infantes, el horario del Museo de Dinosaurios es el siguiente


Viernes, día 1 de mayo: de 10:30 a 14:30 horas, y de 18:00 a 20:00 horas.

Sábado, día 2 de mayo: de 10:30 a 14:30 horas, y de 17:00 a 20:00 horas.


Domingo, día 3 de mayo: de 10:30 a 14:30 horas.


Lunes, día 4 de mayo: Cerrado.



Bases Concurso



Encuentran fósiles de dinosaurio con alas de murciélago en China

Reconstrucción artística del dinosaurio Yi qi. / Dinostar Co. Ltd















En Pekín fue descubierto el fósil de una especie del Jurásico que eventualmente podría haber volado o planeado.

24horas.cl


Un descubrimiento que podría cambiar el origen que conocemos de las aves: un dinosaurio que tenía alas de murciélago.

Ese es al hallazgo que realizó un grupo de científicos en China, particularmente del Laboratorio de Referencia en Evolución de Vertebrados de la Academia China de Ciencias, en Pekín, quienes han publicado en Nature el cómo se vería este animal que vivió en el periodo Jurásico.

El ejemplar, catalogado por los estudiosos con el adjetivo de "Bizarro", por su aspecto y alas, más parecidas al murciélago según explicó Xing Yu, jefe del proyecto.

Yi qi (ala extraña) es el nombre del dinosaurio el que pertenecería al grupo de los scansoriopterígidos, viviendo en la región de Pekín hace 160 millones de años atrás.
















Según el estudio aún no está claro si el Yi qi pudo volar o solo planear.

Fotos: Reproducción / Nature

miércoles, 29 de abril de 2015

El CAS preparará el yacimiento de Las Sereas 8 para su escaneo en 3D

La campaña de excavaciones del Colectivo Arqueológico Salense, que se desarrollará del 14 al 28 de julio, se centrará en la limpieza y consolidación de las icnitas de Quintanilla de las Viñas.


En campañas anteriores ya se intervino en el yacimiento de Las Sereas 7,
que puede ser visitado, y Las Sereas 8. Patricia






















B.Antón. Salas de los Infantes.

diariodeburgos.es


El Colectivo Arqueológico Paleontológico (CAS), de Salas de los Infantes, ha convocado la que será XIII Campaña de Excavaciones de Dinosaurios en la comarca serrana, que está previsto se desarrolle entre los días 14 y 28 del mes de julio y se centrará en uno de los muchos yacimientos de icnitas que tiene localizados el colectivo.

Entre la actividades programadas por el CAS durante esos días por los participantes en esta campaña se encuentran las de excavación y consolidación del yacimiento de icnitas de dinosaurios Las Sereas 8, ubicado en Quintanilla de las Viñas y que perteneciente al tránsito Jurásico-Cretácico. También se llevará a cabo la limpieza y preparación de yacimientos paleoicnológicos para su escaneo en tres dimensiones (3D) y fotogrametría, trabajos que se consideran fundamentales para conocer en profundidad estos yacimientos.

Además del trabajo de campo, como señalan desde el CAS, tienen previsto llevar a cabo actividades complementarias, como por ejemplo la programación de conferencias formativas o la visita al Museo de los Dinosaurios de Salas de los Infantes, entre otras.

Las plazas disponibles para participar en la campaña de excavaciones son 14, con preferencia para estudiantes universitarios de Geología y Biología o titulados con experiencia previa en excavaciones paleontológicas, y la preinscripción se realizará enviando la ficha-modelo antes del día 15 del próximo mes de mayo.

El precio fijado por el CAS para los asistentes es de 50 euros e incluye alojamiento, manutención, seguro y diploma acreditativo. Los seleccionados recibirán la notificación de aceptación durante los días siguientes de cerrarse el plazo de preinscripción.

Las huellas de dinosaurios, en especial las de esta zona, despiertan un gran interés científico como quedó demostrado recientemente con la visita de una grupo de científicos de Corea del Sur, que en su visita a varios de los yacimiento de la comarca alabaron las actuaciones de conservación y protección aplicadas por su diseño y su bajo impacto en el medio natural, considerando los mismos como una referencia importante para los proyectos que están desarrollando en su país.


martes, 28 de abril de 2015

Descubierto un raro dinosaurio "ornitorrinco"

- PARECIDO AL T REX, SE ALIMENTABA DE PLANTAS-


FOTO: UNIVERSITY BIRMINGHAM










europapress.com

MADRID, 27 Abr. (EUROPA PRESS) -  
 
Aunque estrechamente relacionado con el famoso  'Tyrannosaurus rex', un nuevo linaje de dinosaurio descubierto en Chile muestra ser un rompecabezas evolutivo, ya que prefiere alimentarse de plantas. Los paleontólogos se están refiriendo a 'Chilesaurus diegosuarezi' como un dinosaurio "ornitorrinco" por su extremadamente extraña combinación de características que incluyen un proporcionalmente pequeño cráneo y pies más parecidos a los de los dinosaurios primitivos de cuello largo.

Chilesaurus diegosuarezi' está alojado dentro del grupo de los dinosaurios terópodos, que reúne a los famosos amantes de la carne 'Velociraptor', 'Carnotaurus' y 'Tyrannosaurus', y de la cual evolucionaron los pájaros de hoy en día. La presencia de los terópodos herbívoros era hasta ahora sólo conocida en parientes cercanos de las aves, pero 'Chilesaurus' muestra que adquirieron una dieta sin carne mucho antes de lo que se creía.
La nueva especie lleva el nombre del país en el que se recogió, además de honrar a Diego Suárez, el niño de siete años que descubrió los huesos. Este pequeño halló los restos fósiles de esta criatura en la Formación Toqui en Aysén, en el sur de la Patagonia chilena, en rocas depositadas al final del periodo Jurásico, hace aproximadamente 145 millones de años.

Diego estaba en la región con sus padres, los geólogos chilenos Manuel Suárez y Rita de la Cruz, que estaban estudiando las rocas en la Patagonia chilena, con el objetivo de comprender mejor la formación de la cordillera de los Andes. Entonces, el niño se tropezó con los fósiles, mientras que él y su hermana, Macarena, buscaban piedras decorativas.
Debido a la inusual combinación de características del 'Chilesaurus', en un principio se pensó que Diego había descubierto varias especies. Sin embargo, desde el hallazgo, se han encontrado más de una docena de ejemplares de 'Chilesaurus', incluyendo cuatro esqueletos completos --una primicia para el Periodo Jurásico en Chile-- y se ha demostrado que este dinosaurio ciertamente combina una variedad de rasgos anatómicos únicos.

La mayoría de los especímenes son del tamaño de un pavo, pero algunos huesos aislados revelan que el tamaño máximo de 'Chilesaurus' fue de alrededor de tres metros de largo. Paleontólogos chilenos y argentinos de instituciones como la Universidad de Birmingham, en Reino Unido, junto con los padres de Diego, han estado estudiando estos esqueletos, con los hallazgos publicados íntegramente en la edición de este lunes de 'Nature'.
Otras características presentes en grupos muy diferentes de dinosaurios 'Chilesaurus' eran extermidades anteriores robustas similares a los terópodos del Jurásico como 'Allosaurus', aunque sus manos estaban provistas de dos dedos rectos, a diferencia de las afiladas garras de su compañero tetrópodo el 'Velocirraptor'. La cintura pélvica del 'Chilesaurus' se parece a la de los dinosaurios ornitisquios, mientras que en realidad está clasificado en la otra división del dinosaurio básico, ‘Saurisquia’.

Las diferentes partes del cuerpo de 'Chilesaurus' se adaptaron a una dieta especial y modo de vida, que era similar a otros grupos de dinosaurios. Como resultado de estos hábitos similares, diferentes regiones del cuerpo de 'Chilesaurus' evolucionaron parecidas a las presentes en otros grupos no relacionados de dinosaurios, lo que es un fenómeno llamado convergencia evolutiva.

'Chilesaurus' representa uno de los casos más extremos del mosaico de la convergencia evolutiva registrado en la historia de la vida. Por ejemplo, los dientes de 'Chilesaurus' son muy similares a los de los dinosaurios primitivos de cuello largo porque fueron seleccionados a través de millones de años como resultado de una dieta similar entre estos dos linajes de dinosaurios.

  "Chilesaurus puede ser considerado un 'dinosaurio ornitorrinco' porque las diferentes partes de su cuerpo se asemejan a las de otros grupos de dinosaurios, debido al mosaico de la evolución convergente. En este proceso, una región o regiones de un organismo se asemejan a las de otras especies no relacionadas a causa de un modo similar de vida y presiones evolutivas", ha explicado Martín Ezcurra, investigador de la Facultad de Geografía de la Tierra y Ciencias Ambientales de la Universidad de Birmingham.

UN CASO 'INTERESANTE'

A su juicio, Chilesaurus ofrece un buen ejemplo de cómo funciona la evolución a lo largo del tiempo y es "uno de los casos más interesantes de la evolución convergente documentados en la historia de la vida".

"Chilesaurus muestra la cantidad de datos que siguen siendo totalmente desconocido por la diversificación temprana de los principales grupos de dinosaurios. Este estudio obligará a los paleontólogos a tener más cuidado en el futuro en la identificación de los huesos de dinosaurios incompletos o aislados", añade.

El director de la investigación, Fernando Novas, del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia (Argentina) señala que "Chilesaurus es el primer dinosaurio completo del períiodo Jurásico que se encuentra en Chile y representa uno de los dinosaurios terópodos documentados más completos y anatómicamente correctos del hemisferio sur".

"Aunque se han registrado terópodos herbívoros en América del Norte y Asia, ésta es la primera vez que se encuentra un terópodo con estas características en una masa de tierra del sur", ha apuntado. 'Chilesaurus' era un dinosaurio herbívoro extraño sólo encontrado en Chile, pero el descubrimiento recurrente en lechos de la Formación Toqui de sus huesos y esqueletos demuestra claramente que 'Chilesaurus' fue, con diferencia, el más abundante de los dinosaurios en el suroeste de la Patagonia hace 145 millones de años.

Fósiles de dinosaurios: ¿macho o hembra?

losandes.com

Sid Perkins - Nature News ©2015

Los investigadores piensan que han encontrado una forma de diferenciar los fósiles de dinosaurios machos y hembras, al menos entre algunas especies chicas emplumadas. Las diferencias claves entre sexos yacen en huesos cercanos a la base de la cola, informan científicos en Scientific Reports.

El equipo examinó un par de fósiles desenterrados en Mongolia a mediados de la década de 1990 y descritos por primera vez en 2001. Dado que los ovirraptorosaurios tamaño pavo (“lagartos roba huevos”) fueron encontrados a centímetros uno del otro en un lecho de piedra de 75 millones de años, algunos científicos han apodado al par “Romeo y Julieta”.

Las articulaciones en las vértebras de las criaturas estaban unidas, por lo que los investigadores piensan que los dinosaurios habían dejado de crecer, lo que significa que eran adultos, dice Scott Persons, paleontólogo de vertebrados de la Universidad de Alberta, en Canadá, y coautor del estudio.

Pero determinar si el par efectivamente era macho y hembra era complicado porque, como sucede con la mayoría de los fósiles, no queda rastro de tejido suave: solo se conservan los huesos.

Un fósil es un esqueleto completo, mientras que al otro le falta la mitad y el final de la cola. Pero eso bastó para revelar diferencias distintivas en la longitud y forma de huesos tipo cuchillas llamados chevrones, que sobresalen desde las vértebras cercanas a la base de la cola y proveen conexión para músculos y tendones. 

Muestra sexual

Varios chevrones en uno de los fósiles eran más grandes y tenían puntas más anchas que los del otro. Las diferencias no parecen deberse a lesiones o enfermedades, dice Persons. Tampoco parecen el resultado de cambios en los huesos durante la fosilización. En cambio sugieren que las variaciones son una señal de diferencias sexuales.

Los huesos podrían ser más cortos en las hembras para facilitar el proceso de poner huevos. En los machos, un conjunto de chevrones más largos y de puntas anchas podría haber ofrecido mejor ancla para un músculo de retracción del pene que, se presume, las criaturas tenían.

Pero la explicación más tentadora podría ser que los machos necesitaban chevrones más grandes para anclar los músculos que controlaban sus flexibles colas con punta emplumada; sospechan que los ovirraptorosaurios machos sacudían las plumas de la cola en complicadas exhibiciones para cortejar parejas potenciales.

Thomas Holtz, paleontólogo de la Universidad de Maryland, dice que la teoría es fascinante, pero aún no del todo convincente. Dado que los autores del estudio compararon únicamente dos especímenes de ovirraptorosaurios, no pueden descartar la posibilidad de que las diferencias en la forma de los chevrones sean simples variaciones de un espectro en lugar de señales de dimorfismo sexual.

La confirmación de los hallazgos podría permitir que los investigadores utilicen comparaciones de chevrones para determinar el sexo en otros dinosaurios chicos que pudieron haber utilizado plumas para exhibirse. Pero Holtz afirma que el método no sería ampliamente aplicable a dinosaurios de múltiples toneladas como el Tyrannosaurus rex y el Triceratops.

Si se demuestra, este método se sumaría a otra técnica para determinar si un dinosaurio es macho o hembra. En 2005, los investigadores señalaron que algunos fósiles de Tyrannosaurus rex contienen tejido óseo similar al hueso medular de aves modernas hembras, dado que provee una fuente de calcio a corto plazo para producir cáscara de huevo.

Este método funciona para otros dinosaurios grandes pero no es a prueba de fallas, ya que el hueso medular solo se encuentra en especímenes de hembras sexualmente maduras y listas para poner huevos.