viernes, 26 de septiembre de 2014

No hubo un único eslabón perdido entre dinosaurios y aves

Las características anatómicas típicas de las aves, como plumas, alas y brazos transversales, evolucionaron poco a poco en sus antepasados dinosaurios a lo largo de decenas de millones de años.
Sin embargo, una vez que la forma del cuerpo de un ave en pleno funcionamiento estaba completa, comenzó una explosión evolutiva, causando un rápido aumento en la tasa a la que las aves evolucionaron, lo que finalmente llevó a las miles de especies de aves que conocemos hoy en día.
Así lo revela el árbol más completo de la familia de los dinosaurios carnívoros, que está permitiendo a los científicos descubrir detalles clave de cómo las aves evolucionaron a partir de ellos.

Un equipo de investigadores, liderado por la Universidad de Edimburgo, en Reino Unido, ha examinado los vínculos evolutivos entre las aves antiguas y sus parientes más cercanos de dinosaurios mediante el análisis de más de 850 funciones corporales en 150 especies extintas y con técnicas estadísticas para estudiar sus resultados y construir un árbol familiar detallado, como detalla 'Current Biology'.
Con base en sus hallazgos de restos fósiles, los investigadores dicen que la aparición de las aves hace unos 150 millones de años fue un proceso gradual, de forma que algunos dinosaurios se convirtieron cada vez más en aves con en el tiempo, lo que hace que sea muy difícil trazar una línea divisoria en el árbol de genalógico entre los dinosaurios y las aves. Estos resultados apoyan una teoría controvertida de la década de 1940 de que la aparición de nuevas formas corporales en grupos de especies pudo provocar un aumento de su evolución.
El doctor Steve Brusatte, de la Escuela de Geociencias de la Universidad de Edimburgo, quien dirigió el estudio, señala: "No hubo un momento en el tiempo en el que un dinosaurio se convirtió en un pájaro y no hay un único eslabón perdido entre ellos. Lo que creemos que es el esqueleto clásico del pájaro fue construido gradualmente a lo largo de decenas de millones de años. Una vez que las piezas se reunieron por completo, se abrió un gran potencial evolutivo que permitió a las aves evolucionar a una gran velocidad".

"Nuestro estudio se suma a un creciente número de trabajos que abordan este problema desde diferentes ángulos, pero todo parece confirmar que el origen de las aves fue un evento realmente especial en la historia de la Tierra. Lo novedoso es que la evidencia del registro fósil muestra cómo una rama de una de un bicho raro descendiente de los dinosaurios allanó el camino para la espectacular variedad de especies de aves que vemos hoy", concluye Graeme Lloyd, de la Universidad de Oxford, en Reino Unido.

Fuente: Europa Press

martes, 23 de septiembre de 2014

150.000 razones para un museo de dinosaurios en Castilla y León

Artículo de opinión de Fidel Torcida, Director del Museo de Dinosaurios, del día 22 de septiembre aparecido en El Norte de Castilla de Valladolid.




viernes, 19 de septiembre de 2014

Científicos se inspiran en Avatar para nombrar a pterosaurio

Una de las ventajas de descubrir una nueva especie es que se le puede nombrar como se desee, incluso si el nombre es una referencia a una película. Este es el caso de una nueva especie de pterosaurio descubierto por un grupo de paleontólogos de la Academia de Ciencias de China, quienes pusieron dicha regla a prueba cuando decidieron nombrar su último hallazgo como “Ikrandraci avatar”, que literalmente quiere decir “el dragón Ikran de Avatar.”
La criatura, que parece compartir algunas cualidades con el pelícano moderno –en particular por su característico pico en forma de bolsa– fue descubierto recientemente. Sin embargo, en lugar de que sus descubridores optaran por hacer una referencia lógica, mostraron su predilección por la ciencia ficción.
Si el nombre Ikrandraco avatar suena familiar, es porque la criatura fue nombrada a partir de la película “Avatar”. Los descubridores del pterosaurio pensaron que el nuevo espécimen se parecía mucho a las especies voladoras “Ikran” en la famosa película, por lo que decidieron llamarlo en homenaje al trabajo imaginativo de James Cameron, publicó el sitio web Tech Times.
El pterosaurio es una especie de lagarto antiguo, no un dinosaurio. Por otra parte, aunque esta nueva especie de pterosaurios comparte algunos rasgos con el pelícano, es muy probable que no se trate de un antepasado de estos, ya que los pelícanos descienden de los dinosaurios, al igual que otras aves.
El autor principal del estudio, Xiaolin Wang, sugirió que el pelícano y el Ikrandraco probable desarrollaron las bolsas y el método de captura de presas (cayendo en picada en el agua) por separado, en un proceso que conoce como “evolución convergente”.
El Ikrandraco era un animal que vivió en la Tierra hace 120 millones de años y compartía su hábitat cálido con dinosaurios plumíferos, ranas mamíferas, aves y otros animales.
Este pterosaurio medía unos 30 centímetros de largo y tenía un cráneo de unos 11 centímetros de largo, incluyendo el pico. Este último tenía 40 pares de dientes, cada uno de aproximadamente 2.5 centímetros de largo. Así mismo, el Ikrandraco tenía una cresta distintiva de alrededor de 12 centímetros de largo ubicada en su mandíbula inferior, más grande que cualquier otro reptil volador descubierto hasta ahora.
De acuerdo con el estudio publicado en la revista Scientific Reports, los científicos chinos detectaron un parecido entre su nuevo hallazgo y la criatura sobre la que cabalgaban los habitantes de Pandora, la luna imaginaria del filme Avatar.
Por otra parte, Wang afirma que el Ikrandraco avatar y el animal de la película tienen una estructura de cabeza similar, en particular una cresta en la mandíbula inferior, inusual en este tipo de reptiles, dijo.

Los científicos señalan que el pterosaurio no sólo comparte similitudes con los reptiles imaginarios de la pantalla, sino también con otros animales de la Tierra. Mientras tanto, en la particular bolsa parecida a la de los pelícanos que presenta este nuevo reptil, los científicos sostienen que probablemente servía para almacenar los peces que cazaba en lagos de agua dulce. Por otra parte, la mandíbula inferior del reptil servía como una especie de cucharón para recoger las presas.

Fuente: pulsoslp.com.mx
http://pulsoslp.com.mx/2014/09/17/cientificos-se-inspiran-en-avatar-para-nombrar-a-dinosaurio/

jueves, 18 de septiembre de 2014

Debemos nuestros bosques al meteorito que acabó con los dinosaurios

Hace unos 65 millones de años, una enorme roca de diez km. de diámetro cayó del cielo y golpeó duramente la península del Yucatán, cerca de lo que hoy es la ciudad de Chicxulub, con una fuerza equivalente a 100 teratones de TNT (o lo que es lo mismo, un millón de megatones). El impacto dejó un cráter de más de 150 km. de diámetro y provocó un "megatsunami", gigantescos incendios, terremotos y erupciones volcánicas globales. La Ciencia está de acuerdo en que ese enorme meteorito fue el responsable de la desaparición de los dinosaurios, dueños absolutos hasta entonces de tierra, mar y aire, dejando libre el terreno para que los mamíferos pudieran prosperar. ¿Pero qué sucedió con las plantas?

Un nuevo estudio liderado por investigadores de la Universidad de Arizona ha revelado que el mismo impacto que llevó al desastre a los dinosaurios también terminó con la inmensa mayor parte de las flores y plantas de hoja perenne, de las que muchos de ellos se alimentaban, pero no sucedió lo mismo con las plantas de hoja caduca, las que pierden sus hojas cada año. La investigación acaba de aparecer en PLOS Biology.

Para los investigadores, esto se debe a que las propiedades de las plantas caducifolias les permitieron responder mucho mejor a lo que debieron ser unas condiciones climáticas treméndamente caóticas después del impacto.

Aplicando fórmulas biomecánicas a un auténtico tesoro de miles de hojas fósiles de angiospermas (plantas con flores, excepto las coníferas), el equipo de científicos fue capaz de reconstruir la ecología de una comunidad muy diversa de plantas que crecía sin problemas apenas 2,2 millones de años después del cataclismo, y ello a pesar de la extinción de más de la mitad de todas las plantas que vivían en aquella época.

Las hojas estudiadas cubren un periodo que va desde el último millon y medio de años del Cretácico a los primeros 800.000 del Paleogeno.

Los investigadores hallaron pruebas de que tras la colisión del gigantesco meteorito, las angiospermas de hoja caduca y rápido crecimiento reemplazaron casi por completo a sus "primas" de hoja perenne, de crecimiento mucho más lento.

"Cuando miras a los bosques y selvas de hoy en día -afirma Benjamin Blonder, autor principal del estudio- no ves muchos que estén dominados por plantas de hoja perenne. En su lugar, sí que hay una mayoría de especies de hoja caduca, plantas que pierden de forma natural todas sus hojas en algún momento del año".

Blonder y sus colegas estudiaron en total más de mil hojas fosilizadas, recogidas en Hell Creek Formation, en Dakota del Norte, que a finales del Cretácico era una gran extensión de terreno que se inundaba periódicamente debido al desbordamiento de los varios canales fluviales que lo cruzaban. La colección está formada por más de diez mil fósiles de plantas y descansa, en su mayor parte, en el Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver.

"Cuando sujetas en tus manos una de estas hojas tan exquisitamente preservadas, y sabes que tiene más de 65 millones de años, te sientes muy pequeño", afirma Blonder. "Y si piensas en la extinción masiva causada por un evento tan catastrófico como es el impacto de un meteorito contra la Tierra, tiendes a pensar que todas las especies vivas tenían la misma posibilidad de morir. En estos casos extremos, la supervivencia del más fuerte no se aplica, y el impacto es como un botón de reinicio. La hipótesis alternativa, sin embargo, es que algunas especies tenían una serie de propiedades que les permitieron sobrevivir".

Para el investigador, "nuestro estudio proporciona pruebas de una transición dramática de las plantas de crecimiento lento a las especies de crecimiento más rápido. Y eso nos dice que la extinción no se produjo de forma aleatoria, y que la forma en que las plantas adquieren los recursos que necesitan determina y predice cómo será su respuesta en la condiciones más desfavorables. Y nos dice también la razón por la que los bosques y selvas actuales están generalmente formados por plandas de hoja caduca y no de hoja perenne".

Un clima muy variable
Antes de este trabajo, otros investigadores hallaron evidencias de un dramático descenso de las temperaturas causado por la nube de polvo y escombros levantada por el impacto, que oscureció la luz del Sol durante años. "Nuestra hipótesis es que el invierno provocado por el impacto introdujo un clima muy variable -afirma Blonder-. Lo cual habría favorecido a las plantas de hoja caduca, que crecen más rápidamente y que pudieron sacar ventaja de esas condiciones cambiantes".

"Calculamos la masa de cada hoja concreta en relación a su área -explica el investigador-, lo cual nos dijo si esa hoja era grande, imponente y muy cara para la planta, o si por el contrario era más pequeña y endeble, es decir, más barata de producir. En otras palabras, los cálculos nos dijeron cuánto carbono había tenido que invertir la planta en cada hoja".

Además, los investigadores midieron la densidad de la red de venas de las hojas, lo que reveló la cantidad de agua que la planta podía transpirar y la velocidad a la que podía adquirir sus nutrientes.

"Hallamos muchas diferencias entre las plantas de crecimiento rápido y lento -afirma Bolder-. Entre las primeras había una estrategia del tipo švive rápido, muere jovenš, mientras que entre las segundas imperaba la estrategia del šlento, pero constanteš. Se podría comparar a las diferentes estrategias financieras que optan por invertir en acciones y no en bonos, o viceversa".


Los análisis revelaron que, en gran parte, debemos nuestras masas forestales de la actualidad a aquél impacto catastrófico: las plantas de crecimiento más lento y hoja perenne dominaban bosques y selvas antes del evento de extinción, y las de hoja caduca y crecimiento rápido tomaron el relevo después del impacto.

Fuente: ABC

Descubren un nuevo dinosaurio del Jurásico ibérico

Un equipo hispano-luso de investigadores, en el que participa la UNED, ha anunciado el hallazgo de una nueva especie de dinosaurio en la localidad portuguesa de Porto das Barcas. Se trata de un ornitópodo driosaurio que habitó la Península ibérica hace 152 millones de años. Pequeño y buen corredor, una de sus características más llamativas es que poseía un diminuto pulgar, un paso intermedio en la evolución a los pies con tres dedos de estos animales.

En 1999 Jose Joaquim dos Santos, un coleccionista aficionado local, se topó con restos fósiles a los pies de un acantilado en la costa de Portugal. Inmediatamente, informó de su descubrimiento al equipo de investigación con el que venía colaborando. Ahora, los científicos han confirmado que se trata de una nueva especie de dinosaurio, al que han bautizado como Eousdryosaurus nanohallucis, que significa el driosaurio de oriente con el pulgar diminuto.

El estudio fue llevado a cabo conjuntamente por investigadores españoles y portugueses pertenecientes al Grupo de Biología Evolutiva de la UNED y la Sociedade de História Natural de Torres Vedras. El equipo, que lleva más de veinte años colaborando, acaba de publicar el descubrimiento en el último número de la revista Journal of Vertebrate Paleontology.

El conjunto de fósiles se encuentra en buen estado de preservación. Destaca la presencia de un pie completo que consta de cuatro dedos entre los que se conserva un diminuto pulgar, lo que ha permitido conocer mejor la evolución del grupo. Los ornitópodos, familia a la que pertenece el Eousdryosaurus, al evolucionar hacia formas derivadas fueron progresivamente perdiendo un dedo del pie: «en el caso de Eousdryosaurus existen tres dedos funcionales y un pulgar diminuto, mostrando un estadio intermedio en la secuencia de transformación hacia la adquisición de pies con tres dedos que es tan característica en ornitópodos derivados», afirma en un comunicado Francisco Ortega, investigador de la UNED y coautor de la publicación.

El registro de dinosaurios en España y Portugal ha facilitado algo más de una treintena de especies nuevas. Entre ellos, Eousdryosaurus es la primera especie de un ornitópodo driosaurio hallado en la península. Tal y como explica Fernando Escaso, también de la UNED y primer autor de la publicación, «los driosaurios tienen un fémur muy característico sobre todo por la zona de inserción de la musculatura implicada en la carrera. Eousdryosaurus comparte ese tipo de fémur, que nadie más tiene, con los driosaurios».

Un enano en tiempos de gigante
El Eousdryosaurus era un enano en tiempo de gigantes, el Jurásico Superior: el individuo encontrado tenía una longitud de 1,60 metros y una altura cercana al medio metro. Sin embargo, su agilidad probablemente le permitía escapar velozmente de sus depredadores. Se alimentaba de vegetales, como el resto de driosaurios, y se movía sobre sus dos extremidades posteriores.


La abundancia de yacimientos en esta región del centro-oeste de Portugal ha permitido ir ampliando el conocimiento sobre los ecosistemas que constituían la Península ibérica hace millones de años: «existe un magnífico registro de rocas del Jurásico Superior que se depositaron en entornos habitados por dinosaurios y que, en la zona de acantilados, gracias a la acción erosiva del mar, exponen los restos fósiles con relativa frecuencia», concluye Fernando Escaso.

Fuente: ABC

viernes, 12 de septiembre de 2014

Plantas entre dinosaurios

La prestigiosa revista científica Cretaceous Research publica este mes un artículo sobre helechos semi-acuáticos del Cretácico inicial (130 millones de años aprox.), procedentes del yacimiento Horcajuelos cercano a Salas de los Infantes, y excavado en el año 2010.
Estas plantas crecieron en un medio de llanuras fluviales atravesadas por ríos que formaban varios ramales y canales entrecruzados. De yacimientos  próximos y de la misma edad proceden dinosaurios conservados en el Museo de Salas tales como terópodos (carnívoros), iguanodontoideos e hipsilofodóntidos (herbívoros) y ankilosaurios (con placas y espinas óseas defensivas), así como cocodrilos, peces, tortugas, peces, etc. Los helechos semiacuáticos formaron parte del paisaje vegetal de los dinosaurios de la comarca de Salas de los Infantes. En el propio yacimiento de Horcajuelos aparecen otros grupos vegetales que amplían la información sobre los ecosistemas cretácicos que ocuparon los dinosaurios.
La excavación de Horcjuelos proporcionó 35 fósiles de estos helechos que se han clasificado dentro de la familia Marsilácea y en el género Regnellites. Sus hojas están formadas por dos foliolos elípticos o en forma de abanico unidos a un pecíolo.
Los ejemplares de Horcajuelos constituyen los fósiles más antiguos de helechos del grupo de marsiláceas que se conocen en el conjunto de Eurasia. Este hallazgo añade información importante sobre la colonización de medios acuáticos de agua dulce por las plantas del Cretácico inicial, cuando las algas carofitas dominaban esos medios. Los helechos semiacuáticos se diversificaron de forma importante durante ese período, tal como muestra el hallazgo de Salas. Fue un momento decisivo en la evolución de las plantas, pues posteriormente las Angiospermas (plantas con flores y semillas) ocuparon esos medios cuando empezaron a extenderse por todo el planeta.
Esta  investigación se enmarca en el proyecto “Paleoflora de los ecosistemas cretácicos en la provincia de Burgos” que ha promovido la Junta de Castilla y León y la Fundación Dinosaurios de Castilla y León. El proyecto implica a  un equipo internacional de investigadores del Colectivo Arqueológico y Paleontológico de Salas (C.A.S.), el Museo Paleontológico de Trelew (Argentina) y las universidades de Vigo, Zaragoza, y Nacional de México. El artículo publicado ahora es uno más de los que el grupo de investigadores agrupados en torno al Museo de Dinosaurios de Salas ha elaborado desde 2009 en diversas revistas científicas, así como en congresos internacionales celebrados en varios países.

La comarca serrana atesora un patrimonio en flora fósil contemporánea a los dinosaurios de las más ricas de Europa, y que ha merecido la atención e interés de expertos en paleobotánica europeos y asiáticos que han visitado los yacimientos serranos. Lo más resaltable es la gran diversidad de plantas que están permitiendo reconstruir los ecosistemas y los climas del Cretácico en la Sierra de la Demanda. El objetivo fundamental del proyecto es la reconstrucción global de los ecosistemas que formaron el paisaje de los dinosaurios serranos, y las posibles interacciones entre las plantas y los dinosaurios del Cretácico; este planteamiento lo ha convertido en un proyecto paleontológico pionero en España.

Más referencias:

El primer dinosaurio nadador

Carnívoro, predador, más grande que un Tiranosaurio Rex, y con características peculiares que desconcertaron a los científicos durante mucho tiempo, el Spinosaurus aegyptiacus era un formidable nadador, toda una novedad entre los dinosaurios que, tradicionalmente, se habían considerado animales terrestres. Es el primer dinosaurio capaz de nadar que se conoce, afirman los científicos. Medía más de 15 metros desde la cabeza a la punta de la cola (más largo que un autobús urbano), superaba las 20 toneladas y pasaba la mayor parte del tiempo en el agua, alimentándose de grandes peces en ríos y lagos. En tierra firme tendría que caminar inevitablemente a cuatro patas dada la morfología de sus extremidades. El espinosaurio, con su hocico como el de un cocodrilo, su largo cuello y su cuerpo... “parecería un pato con la cola de un aligátor pegada”, dice el paleontólogo Paul Sereno, de la Universidad de Chicago. Él es uno de los líderes de la más reciente y ambiciosa investigación sobre este animal, de hace 97 millones de años.

El S. aegyptiacus, como especie, se conocía desde hace más de un siglo, cuando el alemán Ernst Freiherr Stromer von Reichenbach describió (en 1915) unos fósiles que había encontrado en el Sáhara egipcio. Pero aquellos restos resultaron destruidos en el bombardeo aliado de Múnich de 1944. Ahora un equipo internacional de paleontólogos ha dado con un nuevo esqueleto parcial de este dinosaurio gigante en el Sáhara marroquí (en la zona de Kem Kem); ha rastreado fósiles dispersos depositados en museos de todo el mundo; ha revisado las notas, esquemas y fotos de Von Reichenbach conservadas en el castillo de la familia (en Baviera) y ha aplicado escáneres y tecnologías avanzadas de imagen por ordenador para reconstruir el animal. El resultado da un giro radical no solo al conocimiento que se tenía del espinosaurio, sino de los dinosaurios en general.

El espinosaurio estaba claramente adaptado a la vida acuática. “Trabajar sobre este animal ha sido como estudiar un alienígena venido del espacio: es diferente de cualquier otro dinosaurio que haya visto jamás”, dice Nizar Ibrahim, líder del equipo, que presenta a bombo y platillo su remoto gigante nadador en la revista Science.

“Cabe decir que la criatura que describimos es el dinosaurio más enigmático que hay, es el único que muestra esas adaptaciones”, sostiene Ibrahim. Y “es el primer dinosaurio reconstruido digitalmente en detalle a partir de múltiples individuos”, apunta Simone Maganuco. En la aventura científica y detectivesca de este equipo de paleontólogos de Marruecos, Italia, Reino Unido y Estados Unidos no faltan la tenacidad y la suerte. El nuevo esqueleto parcial del espinosaurio originario de Kem Kem fue descubierto por un aficionado marroquí a los fósiles, que lo vendió a un geólogo italiano y, finalmente, acabó en las manos de Cristiano Dal Sasso y Maganuco (ambos del Museo de Historia Natural de Milán). Pero, ¿de dónde habían salido exactamente esos huesos? Ibrahim, siguiendo todas las pistas y rastreando el territorio, logró localizar al hombre que los halló y verificar su ubicación original. “Fue como encontrar una aguja en el desierto”, dice este investigador germano-marroquí que trabaja en la Universidad de Chicago.

El espinosaurio pasaría la mayor parte del día en el agua, capturando peces y otras presas acuáticas, con las largas mandíbulas equipadas con dientes gigantescos que se encajaban en el morro”, explica Maganuco. “Lo que más nos ha sorprendido, más aún que la dimensión de ese dinosaurio, son las proporciones inusuales de las extremidades, que son similares a las de los antepasados de las ballenas, pero no a las de los dinosaurios predadores”, añade Sereno.

Aunque no es el dinosaurio más grande que se conoce (son mayores los herbívoros descubiertos, por ejemplo, en Argentina), el espinosaurio es el de mayor tamaño entre los predadores. Pero lo que resulta de él deslumbrante para los científicos son sus adaptaciones para la vida acuática. Tenía pequeños orificios nasales retrasados en el cráneo, lo que le permitiría respirar aunque tuviera buena parte del hocico sumergido. Las perforaciones neurovasculares en el extremo del hocico recuerdan a las de los aligátores y cocodrilos, que tienen receptores de presión para percibir el movimiento en el agua, lo que facilita la detección de las presas incluso en aguas oscuras o fangosas. Los enormes dientes cónicos encajan de manera que las presas quedarían atrapadas sin remedio en su boca. El centro de gravedad desplazado hacia delante (por el cuello y el tronco alargados) facilitaría sus movimientos en el agua, aunque no en tierra, donde sería cuadrúpedo. La alta densidad de los huesos facilita la inmersión y es una adaptación conocida en otros animales acuáticos. Las garras grandes y planas le ayudarían a nadar, y la cola articulada, a propulsarse.

Y una característica muy peculiar del espinosaurio: tiene unas grandes espinas en las vértebras dorsales que estarían cubiertas de piel, formando una gigantesca vela en la espalda. Los científicos se inclinan a pensar que era un rasgo de exhibición sexual, una gran cresta visible fuera del agua cuando el animal estuviera sumergido.


“En las últimas dos décadas, numerosos descubrimientos han demostrado que algunos dinosaurios habían aprendido a volar, dando origen a las aves”, explica Dal Sasso. “El espinosaurio representa un proceso evolutivo igualmente extraño: revela que los dinosaurios predadores habían aprendido a vivir también en los ambientes acuáticos, colonizando los sistemas fluviales del norte de África en el Cretácico”.

Fuente: El País