lunes, 14 de septiembre de 2026

Encuentran en Dakota del Norte el primer rastro de huellas fosilizadas de un T. rex adulto que permite reconstruir su paso hace 66,5 millones de años

Un equipo de paleontólogos ha documentado en el suroeste de Dakota del Norte el primer rastro continuo de huellas atribuido a un ejemplar adulto de Tyrannosaurus rex, un hallazgo que aporta datos inéditos sobre la locomoción y el comportamiento de este depredador emblemático del Cretácico superior.

El rastro de huellas de T. rex descubierto. Crédito: Kent Hups
La investigación, publicada en el Journal of Vertebrate Paleontology, describe un recorrido de aproximadamente siete metros de longitud compuesto por cuatro impresiones tridáctilas, cada una de cerca de 90 centímetros de largo, preservadas en la Formación Hell Creek, una región conocida por su abundante registro fósil del último período de los dinosaurios no avianos.

El descubrimiento se produjo en terrenos federales gestionados por el Servicio Forestal de Estados Unidos, cerca de la localidad de Marmarth, y fue posible gracias a la labor de Kent M. Hups, un profesor del instituto Northglenn High School que, durante una prospección en 2025, identificó el sitio y posteriormente participó como coautor del estudio.

Como docente, siempre digo a mis estudiantes que la ciencia comienza con la curiosidad, la pasión y la observación cuidadosa. Nunca imaginé que eso me llevaría a un hallazgo de esta naturaleza, declaró Hups en el comunicado difundido por el Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver, institución que lideró los trabajos de campo junto con la Universidad John Moores de Liverpool.

La secuencia de pisadas, que incluye dos huellas izquierdas y dos derechas, muestra una zancada de unos cuatro metros entre cada impresión consecutiva. A partir de esa distancia y de las dimensiones de los pies, los investigadores han estimado que el animal se desplazaba a una velocidad de entre 5,6 y 7,2 kilómetros por hora, un ritmo comparable al de una caminata rápida de un ser humano actual.

No obstante, los autores advierten que este cálculo es aproximado debido al avanzado estado de meteorización que presentan las huellas, expuestas durante decenas de millones de años a la erosión y a los cambios geológicos de la región.

A, fotografía tomada con dron de la huella DMNH Loc. 21732, atribuida a un Tyrannosaurus rex adulto. B, vista en planta en falso color (mapa de altitud; arriba) y en color real (abajo) de la huella. Cuadros de la cuadrícula = 1 m. C, fotografía de R2 y TRL a escala. D, vista en perspectiva de los modelos en falso color (izquierda) y en color real (derecha) junto a un cubo de escala en falso color de 1 × 1 m. E, vista en planta ampliada de los modelos en color real (izquierda) y en falso color (derecha) de la huella R2, que conserva la mayor parte de la morfología. F, vista ampliada de la huella R2 que indica dónde se midieron la longitud (TL) y la anchura (TW) de la huella, así como los dedos II, III y IV. G, vista en planta del modelo con mapa de alturas que indica dónde se midieron la zancada y la angulación de la zancada (línea gruesa), la anchura externa de la huella (ETW) y la línea media de la huella (líneas finas). Crédito: P. L. Falkingham et al. 2026

El análisis de las marcas ha permitido a los científicos atribuir su origen al T.rex con un alto grado de confianza, basándose en dos criterios fundamentales: el tamaño excepcional de las impresiones, muy superior al de cualquier otro terópodo conocido en el mismo yacimiento, y la morfología estrecha y alargada de los dedos, característica que encaja con el esqueleto del pie de esta especie.

Además, la abundancia de restos óseos de tiranosaurio recuperados en los alrededores refuerza la hipótesis de que el rastro fue dejado por un individuo de esta especie, algo que hasta ahora solo se había sugerido para huellas aisladas, pero nunca para una serie completa que permitiera seguir la trayectoria del animal.

Tyler Lyson, conservador jefe de paleontología de vertebrados del Museo de Denver y director de la expedición, subrayó la relevancia del descubrimiento en términos de comportamiento animal: Los huesos nos brindan una cantidad enorme de información sobre estos animales, pero las huellas capturan un instante de su conducta. Con un rastro como este podemos seguir literalmente a un animal mientras se movía por el paisaje. Eso es increíblemente raro en el caso del T. rex.

Esta declaración pone de relieve la diferencia entre el registro fósil estático, compuesto por esqueletos que indican anatomía y parentesco, y los icnofósiles, que documentan acciones específicas y ofrecen una ventana a la ecología y los hábitos de los dinosaurios en vida.

La documentación del yacimiento se llevó a cabo mediante técnicas de escaneo tridimensional de alta resolución, que permitieron registrar cada huella y la totalidad del recorrido con un nivel de detalle milimétrico. Este proceso fue ejecutado por Evan Tamez-Galvan, investigador del museo, bajo la supervisión de Lyson y con la colaboración de Antoine Bercovici, también miembro del equipo.

Los modelos digitales resultantes no solo aseguran la preservación virtual del hallazgo, sino que han posibilitado que Peter Falkingham, profesor de paleobiología en Liverpool John Moores y experto mundial en huellas de dinosaurios, pudiera participar como autor principal del artículo sin haber visitado jamás el sitio físico.

Falkingham explicó que la tecnología que podemos aplicar en la era digital permite que mis colegas escaneen las huellas en el campo y me envíen la información tridimensional para visualizarla en mi ordenador y en realidad virtual, lo que me da la posibilidad de examinarlas con el mismo detalle que si estuviera allí en persona.

Este enfoque colaborativo a distancia ejemplifica los cambios metodológicos que están transformando la paleontología, donde la digitalización y el intercambio de datos agilizan las investigaciones y reducen las barreras geográficas sin menoscabar la precisión científica. Los modelos obtenidos han sido empleados para crear réplicas físicas impresas en 3D, lo que facilitará su estudio por parte de otros especialistas y su exhibición en contextos educativos.

El rastro se ha fechado en torno a los 66,5 millones de años, una cronología que sitúa el paseo del tiranosaurio en los últimos momentos del Mesozoico, poco antes del evento de extinción masiva que cerró el Cretácico.

La Formación Hell Creek, donde apareció, es una de las unidades geológicas más prolíficas para el estudio de esta transición, ya que contiene sedimentos que abarcan tanto el final de la era de los dinosaurios como el inicio del Paleógeno, con una rica fauna que incluye desde triceratops hasta edmontosaurios, además de múltiples ejemplares de T. rex.

Precisamente esa concentración de fósiles óseos facilitó la atribución de las huellas, aunque los investigadores advierten que, en ausencia de un esqueleto asociado directamente a las pisadas, siempre existe un margen de incertidumbre taxonómica, por pequeño que sea en este caso.

Tres de las cuatro huellas serán extraídas del yacimiento mediante helicóptero durante el próximo otoño boreal, una operación logística compleja que se realizará bajo la supervisión del Museo de Denver, donde serán trasladadas para su conservación y estudio.

El museo ha anunciado que irá compartiendo actualizaciones del proceso de recuperación con el público a lo largo del invierno, con el objetivo de acercar la ciencia a los visitantes y mostrar el trabajo de campo que precede a cualquier exposición museística. Esta iniciativa forma parte de una estrategia de divulgación que busca aprovechar el impacto mediático del hallazgo para fomentar el interés por la paleontología y la gestión del patrimonio fósil en tierras federales.

El descubrimiento pone de relieve la importancia de la colaboración ciudadana y la formación en ciencias naturales, como demuestra la participación de Hups, un profesor de secundaria que, sin ser paleontólogo de carrera, ha contribuido a uno de los avances más significativos en la icnología de grandes terópodos. Su experiencia, junto con la del equipo multidisciplinar que ha participado en el análisis, ilustra cómo la investigación contemporánea se nutre de sinergias entre instituciones académicas, museos y aficionados cualificados.


La publicación del estudio en el Journal of Vertebrate Paleontology ha sido recibida con expectación en la comunidad científica, ya que hasta la fecha la mayoría de los rastros atribuidos a Tyrannosaurus correspondían a ejemplares juveniles o a especies emparentadas, como Nanuqsaurus o Daspletosaurus.

La posibilidad de disponer de una secuencia de pisadas de un adulto abre la puerta a futuras comparaciones biomecánicas con otros terópodos y a una mejor comprensión de la marcha, el equilibrio y la capacidad de giro de este depredador de más de siete toneladas.

Los investigadores planean continuar el análisis de los modelos digitales para extraer información sobre la distribución del peso, la flexión de las extremidades y la posible velocidad de crucero en condiciones de terreno firme, datos que podrían matizar las reconstrucciones clásicas basadas exclusivamente en la anatomía ósea.

Por último, el hecho de que las huellas se hayan conservado en un estado que, pese a la meteorización, permite reconocer la morfología de los dedos y la profundidad de las impresiones, ha llevado a los autores a considerar que el sustrato original debió ser un sedimento blando, probablemente fangoso, capaz de retener el relieve con suficiente nitidez para que, tras la desecación y la posterior sedimentación, el rastro quedara fosilizado.

Este tipo de condiciones ambientales, habituales en llanuras aluviales, aporta pistas sobre el paisaje que habitaba el T.rex en sus últimos millones de años de existencia, complementando la información que ofrecen los huesos y los dientes con una dimensión dinámica y casi cinematográfica de su vida cotidiana.

Una versión de este artículo también está disponible en inglés: Read this article in english

FUENTES


Falkingham, P. L., Hups, K. M., Tamez-Galvan, E. M., Bercovici, A. D., & Lyson, T. R. (2026). A large tridactyl trackway from the Upper Cretaceous Hell Creek Formation of North Dakota, likely attributable to an adult Tyrannosaurus rex. Journal of Vertebrate Paleontology. doi.org/10.1080/02724634.2026.2706201

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