sábado, 9 de mayo de 2026

Hallan en Marruecos un “mini titán” de 70 millones de años emparentado con los mayores dinosaurios de la historia

Un hallazgo en los fosfatos marinos de Marruecos apunta a una conexión inesperada entre los últimos dinosaurios africanos y los gigantes de la Patagonia.

Un pequeño titanosaurio hallado en Marruecos revela una inesperada conexión
con los gigantes prehistóricos de Sudamérica. Recreación artística.
Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez
Las minas de fosfato de Khouribga, en el centro de Marruecos, llevan décadas devolviendo fragmentos de un mundo perdido: dientes de tiburón, vértebras de mosasaurios, restos de reptiles marinos y huesos dispersos de dinosaurios que acabaron arrastrados hasta un antiguo mar tropical. Sin embargo, entre todos esos fósiles mezclados por las corrientes del Cretácico final, había una pieza que los paleontólogos llevaban años esperando encontrar.

No era un gran esqueleto articulado ni un depredador espectacular. De hecho, a simple vista, los restos parecían poco más que vértebras aplastadas y fragmentos de pelvis incrustados en roca fosfatada. Pero escondían una historia mucho más importante: la de un dinosaurio africano emparentado con algunos de los animales terrestres más colosales de la historia.

El descubrimiento, descrito ahora en la revista Diversity por un equipo internacional liderado por el paleontólogo Nicholas Longrich, aporta una de las imágenes más precisas hasta la fecha sobre cómo era la fauna africana apenas unos millones de años antes de la extinción de los dinosaurios. Y, sobre todo, plantea una pregunta incómoda para los investigadores: ¿hasta qué punto sabemos realmente cómo eran los ecosistemas del hemisferio sur al final del Cretácico?

La mayoría de las teorías sobre la desaparición de los dinosaurios se han construido observando fósiles de Norteamérica, donde los registros son mucho más abundantes. Allí aparecen tiranosaurios, triceratops y hadrosaurios en enormes cantidades. África, en cambio, sigue siendo casi un vacío paleontológico para este periodo. Y eso resulta paradójico teniendo en cuenta el tamaño del continente.

Los fósiles marroquíes empiezan a llenar ese hueco. En los últimos años se habían identificado abelisáuridos —los grandes depredadores del sur— y extraños dinosaurios de pico de pato llegados desde Europa. Pero los saurópodos seguían siendo un misterio. Había huesos aislados, sí, aunque ninguno permitía saber exactamente qué tipo de gigantes habitaban el norte de África hace unos 70 millones de años.

Un fósil hallado en el fondo de un antiguo mar

Los restos aparecieron en Sidi Chennane, dentro de la cuenca de Oulad Abdoun, una región que durante el Maastrichtiense tardío estaba cubierta por un mar poco profundo y cálido. Allí se acumularon durante millones de años sedimentos ricos en fosfatos que hoy alimentan una de las mayores industrias mineras del planeta.

Columna estratigráfica sintética de la cuenca de Oulad Abdoun que muestra la
localización del espécimen MHNM.KHG.888. Fuente: Diversity (2026)
Lo sorprendente es que, entre peces y reptiles marinos, acabaran apareciendo también dinosaurios terrestres. Los investigadores creen que los cadáveres pudieron ser arrastrados desde zonas costeras cercanas antes de hundirse en el fondo marino.

El ejemplar encontrado conserva vértebras dorsales y caudales, parte del sacro y fragmentos de la pelvis. Suficiente, según el estudio, para identificar una especie completamente nueva.

Pero el detalle más inesperado no estaba en su antigüedad ni en el lugar del hallazgo, sino en sus parentescos.

El hallazgo sugiere que los dinosaurios africanos del final del Cretácico estaban mucho más aislados y especializados de lo que se creía hasta ahora.

El vínculo inesperado con los gigantes de la Patagonia

El dinosaurio ha sido bautizado como Phosphatotitan khouribgaensis y pertenece al grupo de los titanosaurios, los saurópodos de cuello largo que dominaron Gondwana durante el Cretácico. Lo desconcertante es que sus huesos muestran similitudes anatómicas muy concretas con los lognkosaurios sudamericanos, un linaje conocido por incluir gigantes como Patagotitan o Argentinosaurus.

Tal y como indica el estudio, varias características de las vértebras y de la pelvis coinciden con las de esos enormes dinosaurios de Patagonia: centros vertebrales muy cortos, espinas neurales ensanchadas y una pelvis extraordinariamente robusta.

Hasta ahora, ese grupo parecía prácticamente exclusivo de Sudamérica.

La conexión abre dos posibilidades. La primera es que estos dinosaurios descendieran de poblaciones distribuidas por Gondwana antes de que África y Sudamérica terminaran de separarse hace más de 100 millones de años. La segunda, mucho más debatida, es que algunos linajes lograran dispersarse entre continentes incluso cuando el Atlántico Sur ya comenzaba a abrirse.

Reconstrucción artística de Phosphatotitan khouribgaensis.
Ilustración: Connor Ashbridge
Sea cual sea la respuesta, el hallazgo sugiere que los dinosaurios africanos del final del Cretácico estaban mucho más aislados y especializados de lo que se pensaba.

Los paleontólogos creen que la subida del nivel del mar pudo convertir partes de Marruecos en grandes islas naturales, favoreciendo la evolución de especies más pequeñas.
Un “primo” pequeño de los mayores dinosaurios del planeta

A diferencia de sus colosales parientes argentinos, Phosphatotitan no era un gigante descomunal. Los investigadores calculan que pesaba entre 3,5 y 4 toneladas y medía alrededor de diez metros de largo. Grande para los estándares actuales, pero diminuto comparado con las más de 60 toneladas estimadas para Patagotitan.

Ese tamaño relativamente pequeño podría no ser casual. Tal y como ha revelado el equipo científico, el norte de África pudo quedar fragmentado en grandes islas por el aumento global del nivel del mar durante el final del Cretácico. En ecosistemas aislados y con recursos limitados, los animales de gran tamaño tienden a reducirse generación tras generación, un fenómeno conocido como enanismo insular.

La idea encaja con otros dinosaurios hallados en Marruecos y Egipto, también más pequeños de lo esperado.

El hallazgo refuerza además otra hipótesis cada vez más aceptada entre los paleontólogos: la diversidad de dinosaurios justo antes de la gran extinción está probablemente subestimada. Mientras Norteamérica ofrece una imagen relativamente detallada de aquel mundo perdido, África sigue revelando especies completamente inesperadas.

Y eso convierte a lugares como los fosfatos marroquíes en algo más que simples yacimientos fósiles. Son ventanas tardías a un continente del que aún conocemos muy poco, justo en el instante anterior al impacto que cambió la historia de la vida en la Tierra.

Referencias

Nicholas R. Longrich et al. 2026. A Titanosaurian Sauropod with South American Affinities (Lognkosauria: Argentinosauridae) from the Late Maastrichtian of Morocco and Evidence for Dinosaur Endemism in Africa. Diversity 18 (5): 241; doi: 10.3390/d18050241

muyinteresante.okdiario.com

Descubren cómo sobrevivieron las plantas al impacto del asteroide de los dinosaurios

La clave pudo tener que ver con una duplicación de sus genomas, no solo entonces, sino durante otras grandes crisis ecológicas

El bosque de secuoyas del Monte Cabezón (Cantabria)Turismo de Cantabria

La Tierra ha pasado por momentos… difíciles. El asteroide que puso fin al Mesozoico acabó con todos los dinosaurios no avianos y con un tercio de la vida en el planeta. Pero, si decidimos ver el vaso medio lleno, eso significa que dos tercios de las especies sobrevivieron de algún modo y uno de los grupos más exitosos fue ese en el que no solemos reparar. En tu caso, el titular del artículo te habrá destripado la respuesta, pero sé sincero: ¿habrías pensado en el reino de las plantas? Ahí donde las vemos, sésiles y aparentemente aburridas, las plantas son supervivientes natos.

De eso trata uno de los últimos papers publicados en la revista científica Cell en el que, las universidades de Ghent y de Bélgica, dicen haber encontrado uno de los mecanismos que han permitido a las plantas sobrevivir durante las mayores catástrofes naturales de la historia de la Tierra. El truco podría estar en sus genomas y en la costumbre que tienen muchas especies vegetales de, de repente, duplicarlo. Una estrategia que suele traer más problemas que ventajas en tiempos de bonanza, pero que en grandes crisis podría esconder la clave para la supervivencia.

Todo por duplicado

Todos los organismos vivos que conocemos contienen moléculas de ácidos nucleicos (como nuestro ADN o el ARN de algunos virus), que codifican “instrucciones” para construir moléculas y organizarlas formando estructuras con funciones más o menos complejas. A ese conjunto de ácidos nucleicos los llamamos “genoma” y, como todo documento importante, nosotros lo tenemos por duplicado. Tenemos una copia que viene de nuestro padre y otra de nuestra madre, no son exactamente idénticas, pero la amplia mayoría de su información es redundante, ambas te dicen cómo construir un ojo, un corazón o cómo metabolizar las grasas, pero pueden tener versiones ligeramente diferentes.

Los organismos y células que solo tiene una copia se llaman “haploides”, como algunos hongos o nuestros espermatozoides y óvulos. Nosotros, con nuestras dos copias, somos diploides y nos basta, porque hacer nuevas copias no es gratis. Los organismos con tres copias (triploides) o incluso más (poliploides), requieren más nutrientes para sobrevivir y, lógicamente, aumenta el riesgo de que sus células cometan errores al dividirse, cuando tengan que copiar su genoma. Podemos imaginarlas como un monje de la edad Media que, cuantas más páginas tuvieran los manuscritos que tenía que copiar, más probable es que se le colara una palabra, la repitiera o incluso la cambiara por otra. Sin embargo, esa es, precisamente, la estrategia que siguen algunas plantas, como el trigo, que tiene hasta seis copias de su genoma. Y, según revela este estudio, esa duplicación ha sido determinante para su supervivencia en los momentos más críticos.

Algunas ventajas

"La duplicación de todo el genoma a menudo se considera un callejón sin salida evolutivo en entornos estables", dice el autor Yves Van de Peer de la Universidad de Gante en Bélgica. "Pero en situaciones duras, puede proporcionar ventajas inesperadas". Ventajas como aumentar la variabilidad genética de la población. Que, dicho de otra forma, es la diversidad de genomas diferentes que tienen los individuos de un grupo. Por ejemplo, una familia tiene una variabilidad genética mucho menor que unos compañeros de oficina.

Por un lado, esto es el equivalente a repartir los huevos en varias cestas. Si tenemos más diversidad de genomas, aumentan las posibilidades de que alguno proporciones características que se adapten ligeramente mejor a las condiciones de una posible catástrofe natural. Por otro lado, al aumentar la probabilidad de que se cometan errores durante la división celular, también se acelera algo la aparición de nuevos rasgos, como podrían ser la tolerancia al calor, el estrés o la sequía.

La evidencia

Pero más allá de que sea teóricamente posible, lo que este artículo proporciona son pruebas. Tras analizar el genoma de 470 especies de plantas con flor y compararlo con el de 44 especies de plantas fósiles, los investigadores descubrieron indicios de antiguas duplicaciones del genoma. Al compararlo con el genoma de las especies extintas, pudieron fechar con más precisión cuándo habían tenido lugar la mayor parte de duplicaciones. Una mayoría se concentraban en unos pocos momentos que, en efecto, han sido especialmente dramáticos para la vida en la Tierra: la extinción masiva del asteroide que nos golpeó hace 66 millones de años y puso fin a los dinosaurios no avianos, varios periodos de enfriamiento global y el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno (PETM) hace unos 56 millones de años.

QUE NO TE LA CUELEN:

En palabras de Van de Peer, uno de los autores: "Aunque el clima actual se está calentando a un ritmo mucho más rápido, lo que vemos del pasado sugiere que la poliploidía puede ayudar a las plantas a hacer frente a estas condiciones estresantes". Y puede que tenga razón, pero el mejoramiento vegetal es una disciplina que está muy avanzada y, aunque puede aprender de la historia, es probable que sus estrategia no se vea demasiado afectada por este paper.

REFERENCIAS (MLA):

Van de Peer, Yves, et al. "The Rise of Polyploids During Environmental Upheaval." Cell, vol. 191, no. 4, 8 May 2026, doi:10.1016/j.cell.2026.04.008.

larazon.es

Descubren en Brasil un dinosaurio de 20 metros tan extraño que obliga a replantear cómo llegaron los gigantes europeos a Sudamérica

El nuevo saurópodo hallado en Maranhão revela una conexión inesperada entre Sudamérica y España hace 120 millones de años.

Elver Mayer prepara un fósil de fémur de aproximadamente 1,5 metros
de largo. Crédito: Elver Mayer/Univasf
Un equipo de científicos ha confirmado que un gigantesco dinosaurio de 20 metros de longitud descubierto en el noreste de Brasil estaba estrechamente emparentado con una especie europea, un hallazgo que reescribe parte de la historia evolutiva de los saurópodos en Gondwana. El animal, bautizado como Dasosaurus tocantinensis, vivió hace unos 120 millones de años y representa el dinosaurio más grande hallado hasta ahora en el estado brasileño de Maranhão.

La investigación, publicada en el Journal of Systematic Palaeontology, apunta a una migración prehistórica mucho más compleja de lo que se pensaba. Los ancestros de este coloso habrían viajado desde Europa hasta Sudamérica atravesando el norte de África, cuando los continentes aún formaban parte del antiguo supercontinente Gondwana. 

El descubrimiento no solo añade una nueva especie al árbol evolutivo de los dinosaurios gigantes: también abre una ventana fascinante hacia un mundo donde océanos y fronteras continentales todavía estaban naciendo.

Pero hay un detalle que desconcierta a los paleontólogos: el pariente más cercano conocido de este dinosaurio brasileño no apareció en América… sino en la actual España.

Un gigante oculto bajo ocho metros de tierra

El hallazgo comenzó de forma casi accidental durante las obras de una terminal ferroviaria y vial en la ciudad de Davinópolis, en Maranhão. Un grupo de arqueólogos que supervisaba el terreno —como exige la legislación ambiental brasileña— encontró enormes huesos enterrados a unos ocho metros de profundidad.

En un primer momento, pensaron que pertenecían a mamíferos gigantes relativamente recientes. Sin embargo, el paleontólogo Elver Luiz Mayer comprendió enseguida que aquello era mucho más antiguo. La profundidad del hallazgo y la edad geológica del estrato indicaban que los restos pertenecían al Cretácico temprano, una época en la que los dinosaurios dominaban todavía el planeta.

Lo que emergió después sorprendió incluso a los expertos. El fósil incluía vértebras caudales, costillas, huesos de las extremidades y un fémur de aproximadamente 1,5 metros de longitud. Para los investigadores, se trata de un espécimen excepcionalmente completo para la región.

“Es el dinosaurio más grande conocido en Maranhão”, explicó Mayer, profesor de la Universidad Federal del Valle del São Francisco. Hasta ahora, la región había proporcionado restos de dinosaurios mucho más pequeños, como Amazonsaurus maranhensis, que apenas alcanzaba unos diez metros.

Y aún podría haber más. Los científicos creen que parte del esqueleto continúa enterrada bajo el yacimiento original, lo que podría aportar información crucial sobre esta misteriosa especie.

El vínculo inesperado entre Brasil y la Europa de los dinosaurios
La verdadera sorpresa llegó durante el análisis evolutivo del fósil. Los investigadores descubrieron que Dasosaurus tocantinensis pertenecía a un grupo de saurópodos denominado Somphospondyli, relacionado con los futuros titanosaurios gigantes. Pero lo más llamativo fue su parentesco con especies halladas en la península ibérica.

Hace unos 120 millones de años, Europa no era todavía el continente que conocemos hoy. Era un mosaico de islas tropicales rodeadas por mares poco profundos. En ese escenario, algunos dinosaurios habrían logrado dispersarse hacia África y posteriormente alcanzar Sudamérica, aprovechando conexiones terrestres temporales.

La hipótesis refuerza una idea que gana cada vez más fuerza entre los paleontólogos: durante el Cretácico temprano existieron intercambios faunísticos entre Europa, África y América del Sur mucho más intensos de lo que se creía.

Pero hay otro aspecto fascinante. El nombre del dinosaurio también esconde una historia geográfica y cultural. “Daso” significa “bosque”, una referencia a la vegetación enmarañada que impresionó a los primeros colonizadores portugueses de Maranhão. “Tocantinensis”, por su parte, alude al río Tocantins, cerca del lugar donde aparecieron los restos. Es, en cierto modo, un dinosaurio que une selvas brasileñas y archipiélagos europeos en una misma historia evolutiva.

El secreto microscópico que explica cómo algunos dinosaurios se hicieron gigantes
Más allá de su tamaño colosal, Dasosaurus guarda pistas fundamentales sobre la biología de los dinosaurios gigantes. Los investigadores analizaron la microestructura de sus huesos y encontraron patrones de crecimiento sorprendentes.

El estudio histológico mostró características intermedias entre saurópodos más antiguos y los titanosaudios más avanzados. En otras palabras, este dinosaurio parece representar una fase evolutiva clave en la transición hacia los gigantes extremos del final del Cretácico.

Los huesos revelan que ciertos mecanismos de crecimiento y remodelación ósea aparecieron antes de lo que los científicos habían imaginado. Esto podría ayudar a explicar cómo algunos saurópodos lograron alcanzar tamaños descomunales sin colapsar bajo su propio peso.

Pero el descubrimiento también pone sobre la mesa un problema cada vez más urgente: muchas de las grandes revelaciones paleontológicas modernas dependen accidentalmente de obras humanas.

En países tropicales como Brasil, la vegetación y la erosión dificultan enormemente el acceso a las capas geológicas profundas. Carreteras, canteras y obras ferroviarias terminan actuando como gigantescas excavaciones involuntarias. Sin esos trabajos, muchos fósiles jamás verían la luz.

Sin embargo, esa misma actividad puede destruir restos irreemplazables si no existe una supervisión adecuada. Por eso, los autores del estudio insisten en la necesidad de fortalecer la cooperación entre constructoras, autoridades y paleontólogos.

Actualmente, el equipo negocia con la empresa responsable de las obras para continuar excavando el yacimiento original. Y hay razones para el optimismo: los científicos sospechan que bajo el suelo de Maranhão podrían seguir ocultos más fragmentos del gigantesco dinosaurio europeo-brasileño que acaba de cambiar la historia evolutiva de Sudamérica.

En el silencio mineral de esos huesos enterrados durante millones de años todavía late una pregunta inmensa. ¿Cuántos gigantes desconocidos siguen esperando bajo la tierra tropical, ocultos entre raíces, roca y tiempo? A veces, basta una excavadora para abrir una grieta inesperada hacia un mundo perdido.

Referencias

Mayer, Elver L., et al. “A new titanosauriform with European affinities in the Early Cretaceous of Brazil: insights on Somphospondyli phylogeny, histology and biogeography.” Journal of Systematic Palaeontology (2026). https://doi.org/10.1080/14772019.2025.2601579

viernes, 8 de mayo de 2026

Trabajo en el laboratorio del Museo de Dinosaurios sobre una vértebra de ornitópodo del yacimiento de Vallazamorra · Fundación Caja Rural Burgos

CONVENIO DE COLABORACIÓN ENTRE LA FUNDACIÓN PARA EL ESTUDIO DE LOS DINOSAURIOS EN CASTILLA Y LEÓN Y LA FUNDACIÓN CAJA RURAL BURGOS

Vídeo del proceso de restauración y consolidación de una de las vértebras del yacimiento de Vallazmorra (Hortezuelos, Burgos) dentro del convenio de colaboración entre la Fundación para el Estudio de los Dinosaurios en Castilla y León y la Fundación Caja Rural Burgos.

Cada fósil cuenta millones de años de historia… pero también necesita cuidados en el presente.

En este vídeo vemos el momento de adhesión de una vértebra fósil tras un complejo proceso de consolidación y estabilización previa. La fragilidad de la superficie hacía imprescindible reforzar primero la estructura antes de devolverle su unión y resistencia.

La conservación paleontológica no consiste solo en “pegar piezas”, sino en comprender los materiales, respetar el fósil y asegurar su preservación futura.

fundaciondinosaurioscyl.com

jueves, 7 de mayo de 2026

SUSPENDIDA: Conferencia: “El Patrimonio Paleontológico de Morella y la comarca Els Ports (Castelló)”

AVISO

Nuestro conferenciante del sábado, José Miguel Gasulla, no va a poder acudir a Salas de los Infantes por problemas de salud, así que lamentamos informar que la conferencia queda suspendida.


























Deseamos que se recupere cuanto antes y tenerle en Salas de los Infantes lo más pronto posible.

Disculpen las molestias.

martes, 5 de mayo de 2026

EL MUSEO DE DINOSAURIOS CELEBRA UN AÑO MÁS EL DÍA INTERNACIONAL DE LOS MUSEOS (DIM 2026)

Cada año desde 1977, el ICOM organiza el Día Internacional de los Museos, que representa un momento único para la comunidad museística internacional.

El objetivo del Día Internacional de los Museos (DIM) es concienciar sobre el hecho de que «los museos son un medio importante de intercambio cultural, enriquecimiento de las culturas y desarrollo del entendimiento mutuo, la cooperación y la paz entre los pueblos». Organizados el 18 de mayo de cada año o en torno a esta fecha, los eventos y actividades programados para celebrar el Día Internacional de los Museos pueden durar un día, un fin de semana o una semana entera. El DIM se celebró por primera vez hace 40 años. Cada vez son más los museos de todo el mundo que participan en el Día Internacional de los Museos. El año pasado, más de 37000 museos participaron en el evento en unos 158 países y territorios.

Día Internacional de los Museos 2026: Museos uniendo un mundo dividido

El 18 de mayo de 2026, los museos de todo el mundo celebrarán el Día Internacional de los Museos bajo el tema «Museos uniendo un mundo dividido». El tema destaca el potencial de los museos para actuar como puentes entre las divisiones culturales, sociales y geopolíticas, fomentando el diálogo, el entendimiento, la inclusión y la paz dentro y entre las comunidades de todo el mundo.

Tema del Día Internacional de los Museos 2026

Como lugares de aprendizaje, los museos contribuyen a la coexistencia pacífica y al respeto mutuo. Para el Día Internacional de los Museos 2026, que se celebrará en mayo, les invitamos a unirse a nosotros para dar visibilidad al tema Museos uniendo un mundo dividido. Este tema también guiará las celebraciones del 80.º aniversario del ICOM a lo largo del año.

Los museos son espacios públicos de confianza donde las personas se encuentran con historias, objetos y entre sí. En tiempos de fragmentación social, polarización y acceso desigual al conocimiento y la cultura, los museos ayudan a reconstruir la conexión entre generaciones, comunidades y fronteras, fomentando el diálogo, el entendimiento, la inclusión y la paz dentro y entre las comunidades de todo el mundo.

El tema «Museos uniendo un mundo dividido» destaca el potencial de los museos para actuar como puentes entre las divisiones culturales, sociales y geopolíticas, fomentando el diálogo, el entendimiento y la paz dentro y entre las comunidades de todo el mundo. Los museos no borran las diferencias, sino que crean las condiciones para que estas se comprendan y se traten con respeto: salvaguardando el patrimonio y la memoria, ofreciendo aprendizaje y reflexión, y proporcionando espacios acogedores donde se pueden escuchar voces diversas. Abiertos y accesibles, los museos fomentan la diversidad y la sostenibilidad.

A través del Día Internacional de los Museos, el ICOM lleva apoyando desde 2020 los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas y promueve anualmente un conjunto de objetivos. El tema de este año se alinea con los tres objetivos siguientes:

  • ODS 10: Reducir las desigualdades: Reducir la desigualdad dentro de los países y entre ellos
  • ODS 16: Paz, justicia e instituciones sólidas: Promover sociedades justas, pacíficas e inclusivas
  • ODS 17: Alianzas para lograr los objetivos: Revitalizar la alianza mundial para el desarrollo sostenible

El Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes celebra este evento junto a la Fundación Dinosaurios CyL y el Colectivo Arqueológico-Paleontológico de Salas (C.A.S.), dentro también del Ciclo Demanda Ciencia 2026 desarrollando la siguiente programación:

- Sábado, 9 de mayo. Conferencia: “El Patrimonio Paleontológico de Morella y la comarca Els Ports (Castelló)”. Dr.  José Miguel Gasulla. Paleontólogo, UNED. 19.30h., Teatro-Auditorio 'Gran Casino' de Salas de los Infantes (Burgos).

- Domingo, 10 de Mayo. Geolodía ´26 Burgos: “Carazo: un valle de cine con caballeros, cowboys y mucha geología”. SGE, FECYT, Colectivo Arqueológico y Paleontológico de Salas (C.A.S.). 10:00 horas, desde la pista de petanca de Carazo (Burgos).

- Sábado, 16 de mayo. Circonciencia: espectáculo donde se aúnan divulgación científica y circo. Entrada gratis Amigos Fundación CyL; entrada general: 3 euros. Teatro-Auditorio 'Gran Casino' de Salas de los Infantes (Burgos). 19.30 horas.

- Viernes, 22 de mayo. Conferencias: “Marchando una de eclipses” (historias , mitos, Ciencia y más cosas en torno a los eclipses). Javier Armentia, astrofísico, Ex-Director del Planetario de Pamplona. 

  • 12:35h.: IES Alfoz de Lara. 
  • 19.30h.: Teatro Auditorio de Salas.

- Domingo, 24 de mayo. Entrega de premios XXIII Concurso de postales del Museo de Dinosaurios y exposición de las obras presentadas. Este concurso genera anualmente la atención y participación de cientos de personas, niños y mayores, merced al impulso de la Fundación Aspanias Plena inclusión, de personas con discapacidad intelectual o del desarrollo. 12:30 horas. Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes (Burgos).

- Sábado, 30 de mayo. Conferencia: "Los últimos dinosaurios de Europa". Dr. Bernat Vila, Intitut Català de Paleontologia Miguel Crusafont, Sabadell. 19.30h.: Teatro-Auditorio 'Gran Casino' de Salas de los Infantes (Burgos).

- A lo largo de la semana del 19 al 24 de mayo de 2026, los visitantes del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes disfrutarán de entrada gratuita.

fundaciondinosaurioscyl.com

viernes, 1 de mayo de 2026

CONFERENCIA: GEOLODÍA · Geología y cine: escenarios de película en la cinematografía

Viernes 8 de mayo de 2026 · 20:15 h · Salón de actos · Museo de la Evolución Humana 

Cada año se realiza un Geolodía por cada provincia. Estos eventos tienen lugar en entornos de gran interés geológico y ofrecen una información sencilla pero rigurosa. Permiten ver esos lugares con “ojos geológicos” y entender cómo funciona la Tierra sobre la que vivimos. En colaboración con Colectivo Arqueológico-Paleontológico Salense; Asociación Cultural Sad Hill; Asociación Geocientífica de Burgos y Universidad de Salamanca.

Y el domingo 10 de mayo de 2026 en el Geolodía '26 Burgos nos trasladamos al pueblo de Carazo con Geolodía Burgos 26: Carazo: Un valle de cine con caballeros, cowboys y mucha geología:


























geolodia.com

Qué tienen en común las aves y los dinosaurios: la respuesta está en sus genes dormidos, según la ciencia

Steve Brusatte, de la Universidad de Edimburgo, detalla cómo más de un siglo de fósiles, análisis de ADN y experimentos embrionarios confirman un linaje evolutivo directo con los terópodos prehistóricos

El paleontólogo Steve Brusatte destaca en New Scientist que las aves actuales
descienden directamente de dinosaurios terópodos como el Velociraptor
 (Imagen Ilustrativa Infobae)
Los dinosaurios no desaparecieron del todo hace 66 millones de años: las aves son su único linaje sobreviviente, y así lo explicó el paleontólogo Steve Brusatte, de la Universidad de Edimburgo, en el pódcast de la revista New Scientist.

Según el experto, estas especies descienden directamente de los dinosaurios terópodos, parientes cercanos del Velociraptor, una filiación respaldada por fósiles, análisis genéticos y experimentos de desarrollo embrionario acumulados durante más de un siglo de investigación.

Brusatte también reveló una paradoja personal: de niño sentía temor hacia las aves, especialmente ante las gaviotas, por sus movimientos, alas abiertas y graznidos. Fue precisamente el conocimiento de su historia evolutiva lo que transformó ese recelo en fascinación. “Aprendí la historia de cómo evolucionaron las aves y eso me dio una nueva perspectiva, porque son animales”, afirmó el paleontólogo.

El linaje dinosaurio de las aves

Con más de diez mil especies vivas, las aves representan una diversidad sin par entre los vertebrados terrestres. Para Brusatte, reconocerlas como dinosaurios transforma la manera en que se las percibe: “Son animales que rompieron las ataduras de la Tierra y conquistaron el aire. Cuando las reconocemos como dinosaurios, las valoramos mucho más, pues conservan un linaje evolutivo”, señaló en el pódcast.

El linaje dinosauriano de las aves queda demostrado por fósiles transicionales
con plumas, garras y colas largas, descubiertos en varios continentes
 (Imagen Ilustrativa Infobae)


Su vínculo con los dinosaurios no es metafórico, sino genealógico. “Las aves son dinosaurios; es una cuestión genealógica. Son el único grupo de dinosaurios que logró sobrevivir”, explicó Brusatte, quien comparó esta relación con la de una familia cuyos miembros, aunque dispersos, siguen perteneciendo al mismo linaje.

Descienden de dinosaurios similares al velociraptor —distintos del Tyrannosaurus rex o el Triceratops— y fueron las únicas que supieron adaptarse tras el impacto del asteroide hace 66 millones de años: se hicieron pequeñas, desarrollaron alas y conquistaron el aire mientras sus parientes gigantes desaparecían.

Fósiles y genética que prueban la evolución de las aves

Las pruebas del parentesco entre aves y dinosaurios se remontan a la época de Charles Darwin, cuando el naturalista Thomas Henry Huxley identificó similitudes óseas entre reptiles, aves y fósiles antiguos. Brusatte señaló que en su laboratorio de Edimburgo trabaja con fósiles jurásicos y que en distintas partes del mundo existen fósiles transicionales de aves primitivas con rasgos mixtos: plumas, alas y hueso furcula, pero también dientes, garras y largas colas.

El ADN moderno y experimentos embrionarios prueban que las aves
comparten genes con reptiles y mantienen rasgos dinosaurianos inactivos
 (Imagen Ilustrativa Infobae)
El Archaeopteryx, el ave más antigua conocida con cerca de 150 millones de años, sintetiza esa dualidad: “Tenía plumas, alas, huesos huecos, pero también dientes y garras. Es el eslabón perfecto entre dinosaurio y ave”, puntualizó el paleontólogo.

La genética moderna reforzó esa conexión. El análisis del ADN de especies actuales demostró que las aves se ubican dentro del grupo de los reptiles, más cercanas a los cocodrilos que estos a las serpientes o tortugas. Los experimentos en embriones de aves fueron más lejos: al activar genes dormidos, algunos polluelos desarrollaron dientes, lo que indica, según Brusatte, que “los genes dinosaurianos siguen presentes, solo que inactivos".

Aves gigantes y adaptaciones tras la extinción de los dinosaurios

Tras la extinción masiva que eliminó al 75% de las especies, las aves aprovecharon los nichos ecológicos vacíos y se diversificaron con rapidez. Algunas abandonaron el vuelo y alcanzaron tamaños colosales; otras conquistaron los océanos.

Entre los ejemplos más llamativos que citó Brusatte figuran pingüinos del tamaño de gorilas que dominaron los mares de Australia, Nueva Zelanda y Sudamérica, con picos largos y afilados; las llamadas aves del terror sudamericanas, que superaban en altura al ser humano y fueron los grandes depredadores de ese continente-isla; y los “patos demonio” australianos, parientes gigantescos de patos y gallinas actuales que convivieron con los primeros humanos, como evidencian restos de cáscaras de huevo calcinadas en antiguos fogones.

El pelagornis representa otro extremo de esa diversificación: un ave extinta con una envergadura de más de seis metros que sobrevoló el planeta durante cerca de 60 millones de años antes de desaparecer con los enfriamientos del Pleistoceno. “Vivió como una especie de cometa gigante, volando por todo el mundo”, describió Brusatte en el pódcast de New Scientist.


Inteligencia y futuro evolutivo de las aves

Brusatte advierte sobre el riesgo de extinción de las aves por la crisis ambiental,
pero confía en su capacidad de adaptación evolutiva (Imagen Ilustrativa Infobae)
Lejos del insulto popular “cerebro de pájaro”, Brusatte defendió que muchas aves rivalizan con los mamíferos en capacidades cognitivas. Su equipo contó neuronas en cerebros de cuervos, loros y córvidos, y encontró cifras comparables a las de los primates.

Los experimentos respaldan esa conclusión: cuervos capaces de resolver acertijos complejos y planificar acciones a futuro demuestran, según el paleontólogo, que “si analizamos la inteligencia de los mamíferos, debemos aceptar que las aves están a esa altura”.

Ante la crisis ambiental actual y la pérdida acelerada de poblaciones de aves, especialmente en América del Norte, Brusatte apostó por la resiliencia del grupo. “Las aves sobrevivieron al asteroide gracias a su adaptabilidad y, aunque enfrentan serios desafíos hoy, seguirán adaptándose”, afirmó.

Para ilustrar ese asombro, recurrió a una imagen cotidiana: observar a un reyezuelo —el ave más diminuta de Europa, apenas mayor que una uva— le recuerda que esos pequeños animales encarnan la herencia de un linaje que lleva millones de años en la Tierra.

infobae.com

domingo, 26 de abril de 2026

Geolodía Burgos 26: Carazo: Un valle de cine con caballeros, cowboys y mucha geología

Lugar: Carazo.

Fecha: Domingo 10 de mayo de 2026.

Punto de encuentro: Pista de petanca de Carazo a las 10:00h.

Qué es Geolodía

Geolodía es una iniciativa de divulgación en la que se realizan excursiones geológicas de campo guiadas por geólog@s, gratuitas y abiertas a todos los públicos.

Cada año se realiza un Geolodía por cada provincia el primer o segundo fin de semana de mayo. Los Geolodías tienen lugar en entornos de gran interés geológico y ofrecen una información sencilla pero rigurosa. Permiten ver esos lugares con “ojos geológicos” y entender cómo funciona la Tierra sobre la que vivimos y de cuyos recursos naturales dependemos. Quienes participan comprenden también el valor de nuestro patrimonio geológico y la necesidad de protegerlo.


























Guía de campo: descargar aquí.

Ruta: cliquea aquí.

geolodia.es

sábado, 25 de abril de 2026

Descubren que Muttaburrasaurus, el popular dinosaurio australiano de hace 96 millones de años, escondía una habilidad inesperada en su enorme nariz

El análisis del cráneo de este coloso australiano revela cómo comía, cómo se movía y por qué fue mucho más singular de lo que se creía.

Muttaburrasaurus langdoni aparece a la izquierda en una recreación de hace unos
96 millones de años. La escena también muestra a un depredador megaraptórido,
pequeños ornitópodos y aves enantiornitas compartiendo aquel ecosistema
australiano. Ilustración: James Kuether

No todos los dinosaurios herbívoros fueron animales lentos y previsibles. Algunos desarrollaron soluciones anatómicas tan extrañas que aún hoy desconciertan a la ciencia. Eso es precisamente lo que acaba de ocurrir con Muttaburrasaurus langdoni, uno de los fósiles más emblemáticos de Australia.

Este gran ornitisquio vivió hace unos 96 millones de años en lo que hoy es Queensland, cuando buena parte del interior del continente estaba cubierto por el antiguo mar de Eromanga. Desde que su esqueleto fue hallado en 1963 cerca de la localidad de Muttaburra, su figura quedó asociada a una pregunta recurrente: ¿para qué servía aquella enorme protuberancia nasal?

Durante décadas se pensó que se trataba de una rareza evolutiva difícil de interpretar. También se asumía que, como otros grandes herbívoros de su tiempo, poseía un pico sin dientes en la parte frontal del hocico, útil para arrancar vegetación sin demasiada precisión.

Sin embargo, un nuevo trabajo publicado en PeerJ y liderado por Matthew C. Herne, tal y como indica el propio estudio, ha revisado el cráneo completo mediante tomografía computarizada, modelos tridimensionales y análisis internos imposibles de realizar hace solo unos años. El resultado cambia de forma profunda la imagen clásica del animal.

Un gigante mucho menos simple de lo que parecía

Los investigadores reconstruyeron regiones del cráneo que estaban incompletas o mal comprendidas. También localizaron fragmentos fósiles recuperados recientemente en el mismo yacimiento del ejemplar original. Esa combinación permitió reinterpretar la cara del dinosaurio con una precisión inédita.

Ilustración realizada por Matt Herne
Lo primero que sorprendió al equipo fue que su hocico no estaba diseñado para alimentarse de cualquier planta disponible. La forma estrecha de la parte delantera sugiere una selección cuidadosa del alimento, más propia de un consumidor especializado que de un gran ramoneador indiscriminado.

Además, el estudio del oído interno apunta a que este animal quizá alternaba posturas. Aunque era robusto, algunas proporciones recuerdan a dinosaurios capaces de desplazarse con agilidad sobre dos patas cuando la situación lo requería, mientras usaría las extremidades delanteras para alimentarse cerca del suelo.

La visión también encaja con un herbívoro vigilante. Sus ojos estaban colocados para ofrecer un amplio campo lateral, útil para detectar depredadores en espacios abiertos. El campo frontal, en cambio, habría sido más limitado.

El secreto estaba dentro de la nariz

La gran revelación llega al analizar la famosa joroba nasal. Tal y como ha revelado el equipo, esa estructura no era simplemente hueso macizo ni una ornamentación llamativa. En realidad estaba formada por elementos óseos poco comunes y por un complejo sistema de cavidades aéreas.

Esas cámaras se situaban por encima del conducto principal de respiración y probablemente ralentizaban el flujo del aire inhalado. ¿Por qué importa eso? Porque aumentar el tiempo de paso del aire puede mejorar la captación de olores.

El dato encaja con otro hallazgo decisivo: los bulbos olfativos del cerebro, responsables del procesamiento del olor, eran extraordinariamente grandes para un dinosaurio de este tipo. En otras palabras, Muttaburrasaurus parece haber tenido un olfato muy desarrollado.

Eso habría sido útil para encontrar plantas nutritivas en ambientes cambiantes, orientarse en paisajes costeros, detectar peligros a distancia o incluso reconocer a otros individuos.

Tal y como indica el estudio, las cavidades internas de la nariz podrían haber mejorado de forma notable el sentido del olfato, algo poco habitual en un gran dinosaurio herbívoro.

Y entonces aparecieron los dientes ocultos

Cuando el lector cree haber llegado al principal descubrimiento, aparece otro aún más llamativo. El supuesto pico sin dientes nunca existió tal como se imaginaba.

Los nuevos restos muestran que la parte frontal del hocico conservaba dientes bien desarrollados. Según el estudio, poseía cinco alveolos en la premaxila, una condición más primitiva que la de otros grandes ornitisquios posteriores.

El paleontólogo Matthew Herne en el yacimiento de Muttaburrasaurus (izquierda),
la coautora Vera Weisbecker en la Universidad de Flinders (centro) y Joseph Bevitt
preparando un fragmento de mandíbula de Muttaburrasaurus langdoni para su escaneo
 en la línea de luz médica y de imagen del Sincrotrón Australiano (derecha).
 Fotos: Chris Rohan/M Herne (UNE)
Esto sugiere que podía seleccionar hojas, semillas o brotes con mucha mayor precisión. Incluso los autores plantean que no puede descartarse el consumo ocasional de pequeños invertebrados, algo oportunista pero plausible en ecosistemas costeros ricos en recursos.

Sus dientes posteriores, además, no estaban preparados para cortar como cuchillas, sino para triturar y moler, de forma comparable a la masticación de grandes herbívoros actuales.

El estudio también sugiere que vivía en zonas próximas al antiguo mar interior de Eromanga, un entorno muy distinto de la Australia actual.

Un dinosaurio que obliga a revisar el árbol evolutivo

La combinación de hocico dentado, olfato avanzado y anatomía singular también afecta a su parentesco evolutivo. Muttaburrasaurus podría representar una rama más temprana y peculiar de los ornitópodos de lo que se creía.

Eso explica por qué siempre resultó tan difícil encajarlo entre especies famosas del hemisferio norte. No era una copia australiana de Iguanodon ni de los hadrosaurios: seguía su propio camino evolutivo.

Noventa y seis millones de años después, este dinosaurio de nariz imposible acaba de demostrar que aún quedan sorpresas escondidas dentro de los fósiles más conocidos. Y a veces basta mirar dentro del cráneo para descubrir que un viejo gigante nunca fue como pensábamos.

Referencias

M.C. Herne et al. 2026. Cranial anatomy, palaeoneurology, palaeobiology and stratigraphic age of the large-bodied ornithopod, Muttaburrasaurus langdoni Bartholomai and Molnar, 1981, from the mid-Cretaceous of Australia. PeerJ 14: e20794; doi: 10.7717/peerj.20794

muyinteresante.okdiario.com

B.I.B| MUSEO DE LOS DINOSAURIOS, SALAS DE LOS INFANTES 17-04-2026

cyltv.es / La 8 Burgos

Reportaje que grabó hace unos días La 8 Burgos de cyltv.es en el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes (Burgos) y sus nuevas instalaciones. 

Con Verónica González, Fidel Torcida, director del museo y parte del equipo del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes.


youtube.com

viernes, 24 de abril de 2026

Bicharracosaurus: El nuevo gigante jurásico de Chubut que homenajea al poblador rural que lo halló

La nueva especie, Bicharracosaurus dionidei, es un dinosaurio herbívoro de cuello largo que fue nombrada en honor a Dionide Mesa, el poblador rural que encontró sus restos y a su particular forma de referirse a ellos. El descubrimiento aporta claves sobre la diversidad de dinosaurios que habitaron la Patagonia hace unos 160 millones de años.

Alexandra Reutter junto a fósiles de Bicharracosaurus dionidei en el laboratorio
de preparación del MEF. Créditos: Amalia Villafañ
“Dionide vive solo y se mueve a caballo por el campo. Cada vez que encontraba fósiles nos avisaba y decía: ‘¡Encontré un bicharraco!’, y nos llevaba hasta el lugar. A veces hablaba de una ‘paleta’, y era una escápula; otras de un ‘costillar’, y terminábamos encontrando vértebras con costillas asociadas”, recuerda José Luis Carballido (CONICET–MEF), coautor del estudio. Los primeros restos que Dionide descubrió de Bicharracosaurus fueron los de un costillar, del que asomaban vértebras aún articuladas en el terreno.

El nombre del dinosaurio combina “bicharraco”, un término coloquial que Dionide utilizaba para referirse a sus hallazgos, con el término griego saurus (“lagarto”), mientras que dionidei hace referencia a su nombre. “El nombre no solo es un homenaje a él, sino también a todas las personas de campo que colaboran en estos descubrimientos”, agrega Carballido.

Vértebras de Bicharracosaurus en preparación en el laboratorio del MEF.
Los fósiles pertenecen a un solo individuo del que se preservaron parte de la columna vertebral, costillas dorsales y fragmentos de la cadera. “Sabemos que Bicharracosaurus es un dinosaurio adulto que pudo haber alcanzado unos 15 metros de largo y cerca de 20 toneladas de peso”, explica Carballido. “Lo más distintivo son sus espinas neurales —las proyecciones óseas sobre las vértebras—. Mientras que en la mayoría de los saurópodos son más anchas que largas, en este dinosaurio están comprimidas y alargadas de adelante hacia atrás”.

“Desde el punto de vista evolutivo, Bicharracosaurus pertenece a los Macronaria, un grupo de saurópodos con origen en el Jurásico y que luego dominaría los ecosistemas terrestres hasta el final del Cretácico. Entre sus representantes más conocidos se encuentran dinosaurios gigantes como Brachiosaurus y Patagotitan. Su hallazgo es especialmente importante porque los registros jurásicos en el hemisferio sur de este grupo son muy escasos”, detalla.

Inicio de la excavación.
El hallazgo proviene de yacimientos jurásicos al noroeste de la provincia del Chubut, en la Formación Cañadón Calcáreo de unos 160 millones de años. Esta unidad geológica, reconocida a nivel internacional, es una verdadera ventana al Jurásico en Gondwana. “Es una edad de la que tenemos muy pocos registros de dinosaurios en el hemisferio sur, por lo que cada descubrimiento nos aporta información clave”, señala Carballido.

Desde hace más de dos décadas, paleontólogos del CONICET y del Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF) realizan trabajos de campo en esta región junto a investigadores de otras instituciones, con el apoyo de la Fundación Alemana de Investigación (DFG). Gracias a estos trabajos se han descubierto varios dinosaurios, entre ellos el saurópodo Tehuelchesaurus benitezii, Brachytrachelopan mesai —con un cuello inusualmente corto— y restos que sugieren la presencia de otros grandes saurópodos e incluso de un estegosaurio. En ese contexto, Bicharracosaurus dionidei se suma a la lista de especies que permiten reconstruir la diversidad de dinosaurios que habitaron la Patagonia hace millones de años.

Dionide Mesa, descubridor de los fósiles de Bicharracosaurus.
Este nuevo dinosaurio no solo amplía el conocimiento sobre los herbívoros del Jurásico patagónico, sino que también aporta pistas sobre la evolución temprana de los saurópodos que, millones de años después, darían lugar a gigantes como el Patagotitan.

El trabajo publicado en la revista científica PeerJ fue realizado por: Alexandra Reutter (LMU München), José Luis Carballido (CONICET–MEF), Guillermo Windholz (CONICET–IIPG, UNRN), Diego Pol (CONICET–MACN) y Oliver W. M. Rauhut (LMU München; BSPG; GeoBioCenter LMU), con apoyo financiero de la Fundación Alemana de Investigación (DFG).

mef.org.ar

Un estudiante rescata un fósil olvidado y descubre una especie más antigua que el tiranosaurio rex

Un fragmento de cráneo hallado en 1982 en Nuevo México revela una nueva especie de dinosaurio carnívoro

Un estudiante rescata un fósil olvidado y descubre una nueva especie
de carnívoro. (Freepik)

Un fósil que llevaba décadas almacenado sin apenas atención en el Museo Carnegie de Historia Natural ha cambiado lo que se sabía sobre los primeros dinosaurios carnívoros. El hallazgo, protagonizado por Simba Srivastava, un estudiante de Virginia Tech, ha permitido identificar una nueva especie llamada Ptychotherates bucculentus, que vivió hace aproximadamente 210 millones de años, es decir, en el Triásico tardío, mucho antes de la aparición del Tiranosaurio rex.

El fósil, un fragmento de cráneo de apenas 22 centímetros procedente de Nuevo México, había sido recuperado en 1982 en el conocido yacimiento de Ghost Ranch. Sin embargo, tras su extracción, quedó archivado y olvidado durante décadas. No fue hasta hace unos años cuando Srivastava decidió revisarlo en detalle dentro de un proyecto académico, sin imaginar la relevancia del material que tenía delante.

Un fósil olvidado en un cajón

El cráneo, aplastado y parcialmente incrustado en roca, parecía a simple vista un fragmento poco prometedor. Sin embargo, el uso de tecnología de tomografía computarizada permitió a los investigadores reconstruirlo digitalmente sin dañarlo. Esta técnica, basada en rayos X, hizo posible observar la anatomía interna del fósil con un nivel de detalle imposible mediante métodos tradicionales.

Reconstrucción digital del cráneo de Ptychotherates bucculentus. 
(Simba Srivastava)

Durante dos años, Srivastava analizó cientos de fragmentos óseos en su ordenador hasta lograr una reconstrucción tridimensional completa. El resultado reveló algo inesperado: el fósil pertenecía a una especie desconocida de dinosaurio carnívoro primitivo, relacionada con los herrerasaurios, uno de los linajes más antiguos de dinosaurios depredadores.

El estudio, publicado en la revista Papers in Palaeontology, destaca que este ejemplar es único en el mundo, lo que lo convierte en una pieza clave para entender cómo eran los ecosistemas del Triásico, cuando los dinosaurios aún no dominaban la Tierra.

Un depredador del Triásico

El Ptychotherates bucculentus vivió en un mundo muy distinto al que se asocia con los dinosaurios más conocidos. En aquella época, los grandes depredadores no eran aún los tiranosaurios ni los velociraptores, sino formas más primitivas que compartían el entorno con antepasados de cocodrilos y los primeros mamíferos.

Según el estudio, este dinosaurio habitó lo que hoy es el suroeste de Estados Unidos y medía relativamente poco en comparación con otros depredadores posteriores. Su cráneo presentaba características muy singulares: una cara ancha y aplanada, con huesos de la mejilla extremadamente desarrollados. Esto llevó al equipo a apodarlo informalmente como el “murder muppet” o “títere asesino”.

El análisis detallado del hueso de la mejilla reveló una anatomía inusual. En particular, el jugal alcanzaba los 29 milímetros de altura, más del doble que el de especies cercanas como Tawa hallae o Daemonosaurus chauliodus. Además, su dentadura mostraba finas serraciones que habrían facilitado la caza de presas pequeñas.

Un ecosistema antes de la gran extinción

El hallazgo también aporta información clave sobre el contexto ambiental en el que vivió esta especie. Hace unos 210 millones de años, la Tierra se encontraba cerca del final del Triásico, justo antes de una de las grandes extinciones masivas que transformarían por completo la vida en el planeta.

El cráneo holotipo de Ptychotherates bucculentus.
(Simba Srivastava)
En ese momento, los dinosaurios todavía no eran los animales dominantes. Competían por recursos con otros grupos de reptiles y con los primeros mamíferos. Sin embargo, algunos ecosistemas, como el de Ghost Ranch, pudieron actuar como refugios donde linajes antiguos sobrevivieron más tiempo que en otras regiones del mundo.

Srivastava explicó la importancia del descubrimiento con una reflexión que resume el valor del fósil: “Todos esos miles de millones de individuos que existieron a lo largo del tiempo están representados por este único ejemplar”, según recoge Quo.

Un nuevo capítulo en la evolución

El estudio sugiere que Ptychotherates bucculentus pertenece a una línea evolutiva primitiva que habría desaparecido con la gran extinción del final del Triásico. Su identificación no solo amplía el conocimiento sobre los primeros dinosaurios carnívoros, sino que también ayuda a reconstruir cómo evolucionaron hasta dar lugar a los grandes depredadores del Jurásico y el Cretácico.

El fósil, actualmente conservado en el Museo Carnegie de Historia Natural, se ha convertido en una pieza fundamental para comprender un periodo clave de la historia de la vida en la Tierra. Lo que comenzó como un hallazgo olvidado en un cajón ha terminado por ofrecer una ventana única a un pasado remoto en el que los dinosaurios aún estaban lejos de convertirse en los reyes del planeta.

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