domingo, 11 de febrero de 2024

Descubren insectos que convivieron con los últimos dinosaurios

Especialistas del CONICET hallaron restos fósiles de artrópodos que habitaron el sur argentino hace 70 millones de años. Se trata de unos de los pocos hallazgos de esta antigüedad a nivel mundial y fue publicado en Nature Communications Biology.

Especialistas del CONICET descubrieron restos fósiles de insectos que
convivieron con los últimos dinosaurios, en rocas de la Formación
Chorrillo, Santa Cruz. Foto: gentileza investigadores.
Un equipo interdisciplinario de especialistas del CONICET, liderado por Fernando Novas, investigador del Consejo en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACNBR, CONICET), descubrió restos fósiles de insectos en rocas de la Formación Chorrillo. El hallazgo científico fue publicado en la revista Nature Communications Biology y podría completar la historia de un ecosistema perteneciente a la Patagonia argentina que data de aproximadamente 70 millones de años.

El sitio geográfico se encuentra ubicado unos 30 kilómetros de El Calafate, en la región sudoeste de la provincia de Santa Cruz. Se trata de un lugar de difícil acceso, donde la naturaleza toma protagonismo y plantea diversos desafíos. No obstante, para el equipo, la travesía dio sus frutos: “Valió la pena, no solo por estar frente a un paisaje imponente, sino también por la abundancia de fósiles que hallamos”, resalta Novas.

Allí, entre 2018 y 2019, el equipo de paleontólogos dio con los restos óseos del Nullotitan glaciaris, un dinosaurio saurópodo de gran tamaño descubierto originalmente por el geólogo argentino Francisco Nullo, en el año 1980.

Con el correr de las expediciones, además, lograron recolectar una gran cantidad de material, que incluye huesos de dinosaurios gigantes, tanto herbívoros como carnívoros, fósiles de otros animales, como ranas y peces, dientes de mamíferos, caracoles terrestres y acuáticos, y restos de plantas. “Nos dio un marco general de cómo era el ambiente, de cómo eran los distintos componentes de un antiguo ecosistema que existía en el sur argentino inmediatamente antes de la extinción de los dinosaurios”, destaca Federico Agnolín, investigador del CONICET en el MACNBR y coautor del trabajo.

Sin embargo, lo más sorprendente sucedió durante el análisis de las más de 60 muestras de rocas recolectadas en la formación Chorrillo: “Procesamos muestras para tratar de recuperar restos microscópicos de plantas, tales como granos de polen y esporas de helechos, y para nuestra sorpresa aparecieron restos microscópicos de esqueletos quitinosos en excelente estado de conservación”, resalta la experta en polen fósil Valeria Perez Loinaze, investigadora del CONICET en el MACNBR.

Izq: cabeza de una efímera (Ephemeroptera) encontrada en la Formación Chorrillo.
Der: Ojo de un insecto no identificado. Foto: gentileza investigadores.
Por esto, el estudio recientemente publicado advierte a los paleoentomólogos del mundo sobre la potencialidad de hallar restos de insectos siguiendo los mismos métodos. “No estamos hablando de insectos en ámbar-resina fósil-, sino de restos conservados, en tres dimensiones, en rocas de aspecto normal”, indica Novas. Y agrega: “Es muy probable que restos de este tipo se estén pasando por alto en la investigación de insectos fósiles, ya que aparecieron en preparaciones en donde lo común es buscar restos vegetales, y no insectos”.

Los insectos del Cretácico

Como explica el investigador del CONICET en el MACNBR Ezequiel Vera, las faunas de insectos de fines del Cretácico son poco conocidas en todo el mundo. “Particularmente, en el hemisferio sur existe una brecha con respecto a las faunas de insectos de la última parte del período Cretácico”, afirma.

Mediante la implementación de las metodologías palinológicas habituales el equipo de trabajo logró poner fin a este desconocimiento con la identificación de fósiles correspondientes a insectos acuáticos del período Cretácico. “Algo interesante de destacar es que esta fauna de insectos acuáticos se encontró en rocas en donde abundan fósiles de plantas que habitaban lagunas, y que muy posiblemente sirvieron como alimento y refugio de estos invertebrados”, comenta Vera.

Restos de un lepidóptero encontrado en la Formación Chorrillo.
Foto: gentileza investigadores.
Los restos de insectos fueron montados en plaquetas de vidrio para ser analizados bajo el microscopio. Se efectuaron exhaustivas comparaciones con otros insectos fósiles y vivientes, tarea en la que intervinieron los entomólogos Julieta Massaferro del Programa del Departamento Conservación y Educación Ambiental del Parque Nacional Nahuel Huapi (CENAC/APN) y Mateo Monferrán, Lara Sabater y Oscar Gallego, especialistas del CONICET en el Centro de Ecología Aplicada del Litoral (CECOAL, CONICET-UNNE), con el objetivo de determinar las relaciones de parentesco de los organismos hallados.

El conjunto fósil descubierto incluye fragmentos de cabezas, alas y escamas que permiten la determinación de las principales agrupaciones de insectos: los quironómidos (dípteros parecidos a mosquitos, pero que no se alimentan de sangre), lepidópteros (mariposas y polillas), y efemerópteros (efímeras, parientes lejanos de las libélulas). También se identificaron varios especímenes incompletos que no pudieron ser clasificados dentro de la gran diversidad de insectos.

Aparato bucal de la larva de un "falso mosquito". Foto: gentileza investigadores.
Los resultados del estudio mostraron que los quironómidos descubiertos en la formación Chorrillo presentan similitudes con animales que, en la actualidad, habitan la región de Australasia.  “Este hecho resulta significativo, porque consiste en una nueva evidencia sobre las relaciones entre las faunas de dicha región con las del extremo sur de Sudamérica”, puntualiza Novas.

Cabe destacar que, como prólogo a este descubrimiento, el equipo dirigido por Novas publicó en el año 2023 otro hallazgo realizado en el mismo sitio, donde el protagonista fue un pequeño molar de mamífero similar al ornitorrinco australiano. “Una de las fuentes de alimento que posee los ornitorrincos vivientes son los quironómidos”, explica Novas. Y continua: “Este nuevo aporte no sólo brinda información sobre el grupo de los insectos, sino que permite comprender el rol ecológico que cumplieron dichos organismos en ese ecosistema prehistórico del sur argentino”.

Hacia el futuro

Para Novas el inesperado descubrimiento de estos restos microscópicos en los yacimientos de El Chorrillo no solo ubica a la provincia de Santa Cruz en un potencial centro de investigaciones en materia paleontológica, sino que, además, “anima a los paleoentomólogos a una búsqueda exhaustiva de restos de insectos en unidades geológicas de diferentes edades”. Y agrega: “Esto podría proporcionar una forma única de ampliar nuestro conocimiento sobre la diversidad pasada de diferentes grupos de insectos”.

Para el paleontólogo del CONICET, la abundancia de restos quitinosos en los yacimientos de Chorrillo promete nuevos descubrimientos. Por este motivo, y de cara al futuro, se plantea profundizar el tema en posteriores investigaciones de campo: “Sin duda, estas rocas que asoman al sur de El Calafate pueden ofrecer pistas novedosas acerca de las causas que motivaron la extinción de los dinosaurios y de otros organismos a fines de la Era Mesozoica”, concluye Novas.

Referencia bibliográfica:

Vera, EI, Monferran, MD, Masssaferro, J. et al. Un conjunto de insectos del Maastrichtiano de la Patagonia arroja luz sobre la diversidad de artrópodos antes del evento K/Pg. Común Biol 6 , 1249 (2023). https://doi.org/10.1038/s42003-023-05596-2

conicet.gov.ar

sábado, 10 de febrero de 2024

"Camarones y medusas de hace 500 millones de años": dos paleontólogos aficionados descubren un lecho marino con 400 fósiles al sur de Francia

El nuevo depósito se ha llamado "Cabrières Biota" y ha servido para publicar un estudio sobre animales que se refugiaron en latitudes altas escapando de las temperaturas ecuatoriales extremas

Reconstrucción artística de la Biota de Cabrières.
Eric Monceret y Sylvie Monceret-Goujon, son dos amantes de la paleontología que hoy no pueden ocultar su alegría y su asombro. Desde que tenían 20 años han dedicado su tiempo libre a explorar la naturaleza y buscar fósiles en el sur de Francia. De hecho, su nombre aparece asociado en varios hallazgos que han servido para estudios paleontológicos en universidades como Cambridge o, en este caso, Laussana.

La diferencia es que ahora, el descubrimiento que han hecho en la zona de Montagne Noire, en el departamento francés de Hérault, es realmente enorme: Un lecho marino, al que han llamado "Cabrieres Biota" con cientos de pequeños fósiles que han movilizado a un gran grupo de investigadores de la Facultad de Geociencias y Medio Ambiente de la Universidad de Lausana y del Centro Nacional para la Investigación Científica, la institución de investigación más importante de Francia.

Sylvie Monceret es una de las personas que descubrió
la biota.
Dice Sylvie que muy rápidamente comprendieron la importancia del descubrimiento: "pasamos del asombro a la emoción". El estudio posterior se acaba de publicar en la revista Nature Ecology & Evolution porque lo que han descubierto tiene información sin precedentes sobre los ecosistemas del período Ordovícico y cómo se movieron los seres vivos de la época para evitar las altas temperaturas del agua del mar.

En todo caso, su hallazgo, sólo por las dimensiones, es sensacional: Cerca de 400 fósiles "excepcionalmente bien conservados" que datan de hace 470 millones de años. Sylvie y Eric han encontrado artrópodos (milpiés y camarones) y cnidarios (medusas y corales), además de numerosos tipos de algas y esponjas marinas. Ya se considera uno de los yacimientos fósiles más ricos y diversos del mundo para este período (el Ordovícico Inferior). El estado de conservación de los especímenes también ha llamado la atención de los investigadores

Sylvie y Eric Monceret.
Además de los componentes de cáscara de los fósiles, han podido encontrar "elementos blandos" que son "extremadamente raros en estos yacimientos". Con ellos, por ejemplo se puede entender el sistema digestivo y las cutículas de algunos de estos seres porque los restos están en "un notable estado de conservación".

El estudio que ha permitido este hallazgo nos habla del clima de la época. La alta biodiversidad de este sitio paleontológico, el hecho de que hubiera numerosas especies tan distintas concentradas en un punto tan pequeño "sugiere que esta área, hace 470 millones de años, sirvió como refugio para especies que habían escapado de las altas temperaturas" Al norte, en ese momento, podían sobrevivir. En las zonas más ecuatoriales, el agua se había vuelto inhabitable porque se estaba produciendo un calentamiento global.

Farid Saleh, investigador de la Universidad de Lausana y primer autor del estudio dice que en esta época de intenso calor , los seres vivos que podían moverse se marcharon "a refugios de latitudes altas". Lo hacían para "escapar de las temperaturas ecuatoriales extremas". Es una situación, la de las migraciones masivas por el calor que puede volver a producirse: "El pasado lejano nos da una idea de nuestro posible futuro cercano", añade Jonathan Antcliffe, investigador de la Universidad de Lausana y coautor del estudio.

cadenaser.com

viernes, 9 de febrero de 2024

Investigadores del MUJA documentan en Asturias la primera referencia mundial de restos fecales fósiles producidos por gusanos arenícolas

La directora de Universidad, Cristina González, destaca que el trabajo, publicado en una de las revistas del grupo Nature, sitúa al Principado en la vanguardia científica internacional

Investigadores del Museo del Jurásico de Asturias (MUJA) y de las Universidades de Granada, Saskatchewan (en Saskatoon, Canadá) y Stony Brook (en Nueva York) documentan en Asturias la primera referencia mundial de estructuras orgánicas fósiles producidas por gusanos de tipo arenícola. Con este hallazgo, el centro asturiano marca un nuevo hito en la investigación científica internacional.

Se trata de pequeños montones fecales, con un diámetro de 1 a 4 centímetros, conservados en la superficie de estratos de arenisca del Jurásico Superior, con una edad de 152 millones de años, procedentes de dos localizaciones de los acantilados de Villaviciosa, en el entorno de la playa de España y en la zona próxima a Tazones.

La directora general de Universidad, Cristina González, ha acompañado a los investigadores del centro José Carlos García-Ramos y Laura Piñuela, en la presentación de los resultados de la investigación, que fueron publicados en enero en un artículo en la revista Scientific Reports del grupo Nature, una de las más prestigiosas y de mayor impacto en el ámbito científico. En la presentación también han participado el alcalde de Colunga, José Ángel Toyos, y la concejala de Desarrollo Local de Villaviciosa, Rocío Vega.

La ausencia de referencias fósiles de este tipo de estructuras de origen orgánico ha permitido documentar en el artículo un icnogénero e icnoespecie nuevo para la ciencia, denominado Cumulusichnus asturiensis. Este gusano vive cabeza abajo en el interior del sedimento dentro de un tubo en forma de L o de J y se alimenta de bacterias, diversos microrganismos y otros gusanos que viven en el interior del sustrato arenoso. El ejemplar traga la arena, aprovecha los nutrientes que contiene y expulsa los desechos por el ano formando pequeños montones fecales arenosos en la superficie que recuerdan a una acumulación de espaguetis.

Junto a los investigadores asturianos, firman el artículo  M. Gabriela Mángano y Luis A. Buatois, de la Universidad canadiense de Saskatchewan, Nils Volkenborn, de la Universidad estadounidense de Stony Brook, y Francisco J. Rodríguez Tovar, de la Universidad de Granada.

Cristina González ha destacado la importancia de este artículo que, en poco más de un mes desde su publicación, ha recogido más de 300 consultas y recomendaciones de especialistas. González ha puesto de relieve el nivel científico del MUJA que, con trabajos como el actual, “sitúa a Asturias a la vanguardia de la investigación en este ámbito del conocimiento a nivel mundial”.

El artículo se puede leer en el siguiente enlace: https://acortar.link/0Rlkvv 

* En la imagen (de izqda. a dcha.): el investigador del MUJA, José Carlos García-Ramos;  la concejala de Desarrollo Local de Villaviciosa, Rocío Vega; el alcalde de Colunga, José Ángel Toyos; la investigadora del MUJA, Laura Piñuela, y la directora general de Universidad, Cristina González.

** Con audios de la directora general de Universidad, Cristina González.

Un dinosaurio escondido en una madriguera

Manuel Pérez-Pueyo nos trae una revisión de lo que sabemos de Oryctodromeus, el dinosaurio que excavaba madrigueras.

Reconstrucción de Oryctodromeus de Julio Lacerda
(https://eartharchives.org/articles/the-dinosaurs-that-dug-their-own-grave/)
Muchos vertebrados actuales excavan en el suelo galerías o madrigueras con distintas finalidades, ya sea para encontrar alimento, refugiarse temporalmente frente amenazas, hibernar o para dar a luz y cuidar a las crías durante su etapa más vulnerable. Esta estrategia está ampliamente extendida en muchos grupos de vertebrados incluidos algunos peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos y puede ser observada en una gran cantidad de ecosistemas del planeta.

¿Y qué hay de los dinosaurios? Uno tendería a pensar que, con su gran tamaño, lo de excavar madrigueras para esconderse no iría con estos animales…, pero hay que recordar que también existen muchos dinosaurios de pequeño tamaño, y que hoy en día existen animales grandes, cómo los osos polares, que excavan madrigueras. Si nos fijamos en los dinosaurios con los que convivimos, las aves, encontramos varios ejemplos de dinosaurios excavadores, como las pardelas, el martín pescador o los pingüinos de Magallanes, que excavan madrigueras para incubar sus huevos y cuidar a sus crías. Esto nos hace pensar que no es descartable que alguno de sus parientes mesozoicos pudiese tener el mismo comportamiento.

Martín pescador alimentando a sus polluelos en la madriguera. 
Fotografía: José Luis Rodríguez Sánchez.
A raíz del estudio de algunas especies de dinosaurios de pequeño tamaño, se ha sugerido que, en base a su anatomía, podrían ser excavadores, como es el caso de Heterodontosaurus, si bien nunca se ha podido demostrar este comportamiento con evidencias directas. Pero ¿cómo os quedáis si os digo que sí que se han encontrado madrigueras de dinosaurios fosilizadas? ¿Y si os digo que incluso se han encontrado dinosaurios dentro?

Hoy os vamos a presentar a Oryctodromeus cubicularis, un pequeño dinosaurio ornitópodo hipsilofodóntido de unos 2 metros de largo y unos 25-30 kg de peso, cuyos fósiles se han encontrado en afloramientos del Cretácico medio (hace unos 95 millones de años) de Estados Unidos (Varricchio et al., 2007). Su nombre literalmente significa “Corredor excavador de la madriguera”, y es muy apropiado, ya que sus restos se encontraron en una estructura de arenisca alargada y sinuosa que se ensanchaba en uno de sus extremos que estaba englobada en un depósito arcilloso. Los paleontólogos que lo excavaron pensaron al principio que se trataba de una concreción, pero al preparar los fósiles, se percataron de que todos los fósiles se concentraban en la zona expandida, y que lo que estaban viendo era el relleno de una madriguera.

Otra sorpresa que se llevaron es que en la madriguera había elementos de al menos 3 individuos, un adulto y dos juveniles. Este hecho indica que estos dinosaurios eran gregarios y cuidaban de sus crías dentro de sus madrigueras. Esto está corroborado por más hallazgos de madrigueras de Oryctodromeus en Montana y en Idaho, algunas de ellas con más esqueletos asociados en su interior (Krumenacker et al., 2019). La condición articulada que generalmente muestran estos esqueletos y el relleno arenoso de las madrigueras parece indicar que estos dinosaurios fueron enterrados dentro de sus “viviendas” por avenidas de agua procedentes de los ríos de la zona.

Fotografías de campo de la paleomadriguera (en color blanco) donde
se encontró los fósiles de Oryctodromeus y esquema con la
reconstrucción de la misma (tomado de Varricchio et al., 2007).
Ya veis, existían dinosaurios que excavaban madrigueras para poder criar a sus retoños. Y no solo estaban en América del Norte, puesto que se han encontrado estructuras similares en el Cretácico de Australia. Habrá que estar atentos cuando volvamos a ir al campo, porque además de madrigueras de conejos o de topos, puede que nos encontremos la madriguera de un dinosaurio…

Referencias:

Krumenacker, L. J., Varricchio, D. J., Wilson, J. P., Martin, A., Ferguson, A. 2019. Taphonomy of and new burrows from Oryctodromeus cubicularis, a burrowing neornithischian dinosaur, from the mid-Cretaceous (Albian-Cenomanian) of Idaho and Montana, U.S.A. Paleogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology 530, 300-3011. https://doi.org/10.1016/j.palaeo.2019.05.047

Martin, A. J., 2009, Dinosaur burrows in the Otway Group (Albian) of Victoria, Australia, and their relation to Cretaceous polar environments. Cretaceous Research, 30(5), 1223-1237. https://doi.org/10.1016/j.cretres.2009.06.003

Varricchio, D.J., Martin, A.J., Katsura, Y., 2007. First Trace and Body Fossil Evidence of a Burrowing, Denning Dinosaur: Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences 274: 1361–1368. https://doi.org/10.1098/rspb.2006.0443

aragosaurus.com

Hallan en Escocia una nueva especie de pterosaurio del Jurásico

Restos fósiles encontrados en la isla de Skye revelan que este animal extinto, bautizado como Ceoptera evansae, pertenece a un grupo más diverso de lo que se pensaba. Estos reptiles voladores persistieron durante más de 25 millones de años.

Reconstrucción de 'Ceoptera evansae'. | NHM/Witton 2021.
Científicos del Museo de Historia Natural (Reino Unido) y las universidades inglesas de Bristol, Leicester y Liverpool describen en la revista Journal of Vertebrate Paleontology los fósiles de un nuevo pterosaurio que forma parte del grupo o clado de los Darwinoptera. Se trata de un esqueleto parcial de un solo individuo, que incluye partes de los hombros, las alas, las patas y la columna vertebral del animal.

Su descubrimiento muestra que su clado era considerablemente más diverso de lo que se pensaba, y persistió durante más de 25 millones de años, desde finales del Jurásico Temprano hasta el Jurásico Tardío, junto con los avianos, los dinosaurios que finalmente evolucionaron hasta convertirse en las aves modernas. Durante este período, las diferentes especies se extendieron por todo el mundo.

Primer plano de parte del esqueleto de Ceoptera evansae mostrando la región
escapular, partes del ala y vertebras. / Trustees of Natural History Museum.
«Esto hace que el modelo de la evolución temprana de los pterosaurios sea más complejo de lo que se pensaba. Se ha descubierto que este grupo tiene formas denominadas de transición y que evolucionaron durante millones de años. Esto implica que existieron formas transicionales, al mismo tiempo que otras anteriores más basales, así como las posteriores más avanzadas. Este grupo transicional sería un grupo hermano de los pterodactiloideos más avanzados», apunta a SINC Liz Martin-Silverstone, coautora del estudio y paleobióloga de la Universidad de Bristol.

Fósiles raros e incompletos

La rareza de los fósiles de pterosaurios del Jurásico Medio y su carácter incompleto ha obstaculizado previamente los intentos de comprender la evolución temprana de estos reptiles alados. En este caso, muchos de los huesos permanecen completamente incrustados en la roca y solo han podido estudiarse mediante tomografía computarizada.

«El principal problema es que los fósiles eran muy frágiles y la roca en la que estaban incrustados era extremadamente densa, por lo que resultaba muy difícil prepararla para poder ver mejor los restos. Por eso decidimos escanear los especímenes. Sin embargo, esto también causó problemas porque era tal la densidad que los rayos X tenían dificultades para penetrar a través de la roca. Fueron necesarias muchas horas de preparación física y digital para reconocerla y poder ver lo que había», enfatiza la científica.

La han denominado Ceoptera evansae: Ceoptera de la palabra gaélica escocesa Cheò, que significa niebla (una referencia al nombre gaélico común de la isla de Skye o Isla de la niebla), y del latín ptera, que significa ala. Evansae honra a la profesora Susan E. Evans, por sus años de investigación anatómica y paleontológica, en particular en esta isla.

Paul Barrett, investigador emérito en el Museo de Historia Natural y autor principal del artículo, declara: «Ceoptera ayuda a reducir el tiempo de varios eventos importantes en la evolución de los reptiles voladores. Su aparición en el Jurásico Medio del Reino Unido fue una completa sorpresa, ya que la mayoría de sus parientes cercanos son de China. Esto demuestra que el grupo avanzado de reptiles voladores al que pertenece apareció antes de lo que pensábamos y rápidamente ganó una distribución casi mundial». Además de estos restos y los de China, existen otros dos fósiles hallados en Inglaterra (de un cráneo) y en Argentina.

Las aves persistieron, pero los pterosaurios no

La comunidad científica desconoce exactamente por qué los pterosaurios se extinguieron y las aves, que ya estaban vivas antes del final del Cretácico y convivían con ellos, no lo hicieron. Lo que sí se sabe, por estudios previos, es que los animales de gran tamaño lucharon al final del Cretácico, cuando se produjo el impacto del meteorito, y en ese momento vivían principalmente estos grandes reptiles.

«Debió de haber algo diferente en la fisiología de los dos tipos de animales voladores que hizo que mientras las aves pudieron sobrevivir al evento de extinción, los pterosaurios no», apunta Martin-Silverstone.

El Jurásico Medio es la época en la que los pterosaurios experimentan una transición de las formas anteriores de las especies de cola pequeña, como Rhamphorhynchus y Dimorphodon, a los de cola corta y cuerpo grande que dominaban los cielos, como Pteranodon y Quetzalcoatlus. Hasta ahora no se sabe cómo se produjo esta transición, por lo que cualquier espécimen de esta época ayuda a llenar ese vacío y a comprender la evolución de estos animales. 

«El período de tiempo del que proviene Ceoptera es uno de los más importantes de la evolución de los pterosaurios, y también del que tenemos algunos de los especímenes más pequeños. Descubrir que había más huesos incrustados dentro de la roca, algunos de los cuales fueron fundamentales para identificar qué tipo es Ceoptera, hizo que este fuera un hallazgo aún mejor de lo que se pensaba inicialmente. Nos acerca un paso más a la comprensión de dónde y cuándo evolucionaron los pterosaurios más avanzados», concluye la científica de la Universidad de Bristol. 

Referencia:

Barrett, Paul et al. “A new pterosaur from the Middle Jurassic of Skye, Scotland and the early diversification of flying reptiles”. Journal of Vertebrate Paleontology.

agenciasinc.es

martes, 6 de febrero de 2024

LOS GIGANTES DE LA DEMANDA SE REIVINDICAN

Diario de Castilla y León -El Correo de Burgos- / El Mundo
















































diariodecastillayleon.elmundo.es 

Identifican enfermedades en dinosaurios depredadores que vivieron en la Patagonia

El estudio fue protagonizado por paleontólogos del Conicet. Los investigadores notaron deformaciones en la superficie externa de algunos huesos a nivel macroscópico, especialmente en las vértebras caudales de ejemplares de "Elemgasem" y "Aucasaurus".

Reconstrucción de abelisáuridos. Ilustración: Alessio Ciaffi. Prensa Conicet
En el marco de una reciente investigación paleontológica, científicos del Conicet identificaron evidencias de enfermedades en tres especies de dinosaurios abelisáuridos que vivieron en la Patagonia a fines del periodo Cretácico, aproximadamente entre 90 y 70 millones de años atrás: Elemgasem nubilus, Aucasaurus garridoi y Quilmesaurus curriei. Los abelisáuridos fueron una familia de dinosaurios bípedos carnívoros, caracterizados por tener huesos del cráneo con ornamentaciones, extremidades anteriores muy reducidas y un esqueleto axial rígido debido a articulaciones peculiares en algunas vértebras.

El estudio, publicado en la revista BMC Ecology and Evolution, reveló nuevos detalles sobre las condiciones de salud de estos majestuosos reptiles extintos. En una primera fase de la investigación, los paleontólogos notaron deformaciones en la superficie externa de algunos huesos a nivel macroscópico, especialmente en las vértebras caudales de ejemplares de Elemgasem y Aucasaurus. Este hallazgo llevó a la hipótesis de posibles patologías, que condujo a los investigadores a analizar tanto la morfología externa como la estructura interna de estos especímenes.

En un ejemplar de "Aucasaurus garridoi" se encontró una enfermedad congénita de desarrollo, 

a pesar de la cual el animal pudo vivir muchos años sin afectaciones graves. Ilustración: Alessio Ciaffi

Se realizaron tres tipos de estudios. El primero consistió en el análisis macroscópico de la estructura externa de los huesos; el segundo, de tipo histológico, se centró en Quilmesaurus y Elemgasem, para examinar cambios a nivel microscópico, tanto en el exterior como en el interior de los huesos; y el tercero incluyó tomografías computadas en algunos elementos de Aucasaurus, para evaluar cómo una posible patología afectó el tejido óseo.

Los resultados revelaron tres tipos distintos de patologías. El ejemplar de Aucasaurus presentaba una enfermedad congénita de desarrollo, que indicaba que este individuo nació con una malformación, pero, a pesar de ello, pudo vivir muchos años sin afectaciones graves. En el caso del Elemgasem, se diagnosticó espondiloartropatía o espondiloartritis, una enfermedad también presente en humanos, que provoca la fusión de vértebras y la consiguiente inflamación. El ejemplar de Quilmesaurus, por su parte, mostró signos de alguna patología que no pudo ser determinada con precisión, pero pareciera diferente de las detectadas en los otros dos abelisáuridos.

La última fase del estudio consistió en la recopilación y el análisis estadístico de todas las enfermedades registradas en dinosaurios terópodos a nivel mundial, lo que permitió establecer la base de datos más completa hasta la fecha para este grupo de animales extintos. Uno de los resultados más importantes fue poder establecer, a partir del análisis estadístico, correlaciones entre algunas enfermedades y el estilo de vida de estos depredadores activos en el pasado. Entre otros resultados, se encontró que algunos grupos de dinosaurios terópodos, como los tiranosáuridos, presentaban marcas de mordiscos con infecciones, lo que hace suponer que estos depredadores poseían una conducta social intraespecífica muy agresiva. En otros casos, como en los alosáuridos, la elevada presencia de fracturas en los huesos de las extremidades posteriores indicaría un estilo de vida activo.

Mattia Baiano realiza trabajo de campo. Foto: gentileza investigadores
“Este trabajo no solo expande nuestro conocimiento sobre la salud de los dinosaurios, sino que también destaca la presencia de enfermedades que persisten en la actualidad, sugiriendo posibles conexiones entre el estudio de organismos extintos y la investigación de enfermedades contemporáneas”, comenta el primer autor del estudio, Mattia Antonio Baiano, investigador del Museo Municipal Ernesto Bachmann (Neuquén), que participó del estudio en el marco de una beca posdoctoral del Conicet. “Es un trabajo muy interesante, ya que reúne especialidades de diferentes investigadores e intenta descubrir un poco las marcas que dejan en el esqueleto los comportamientos de los dinosaurios”, agrega Diego Pol, investigador del Conicet del Museo Paleontológico Egidio Feruglio (Chubut) y otro de los autores del estudio. También participaron de la investigación Ignacio Cerda, investigador del Conicet en el Instituto de Investigación en Paleontología y Biología (IIPG), y Filippo Bertozzo, del Royal Belgian Institute of Natural Sciences (Bélgica).

Los investigadores destacan que estudiar las enfermedades de los dinosaurios podría arrojar luz sobre el origen de varias patologías actuales.

Fuente: Prensa Conicet

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