viernes, 2 de octubre de 2026

Los dinosaurios y las aves adquirieron su habilidad para volar de manera independiente

Hasta ahora, existía el debate de que tanto las aves como estos grandes reptiles podrían haber evolucionado de la misma forma, pero un nuevo fósil descubierto en el noreste de china aporta evidencias de una separación evolutiva totalmente opuesta. 

Ilustración del nuevo dinosaurio con plumas, hallado en el noreste de China.
/ Zhao Chuang

El hallazgo de un nuevo dinosaurio con plumas en el noreste de China ha permitido demostrar que los dinosaurios y las aves no heredaron la capacidad de vuelo de un ancestro común, sino que desarrollaron las habilidades de manera independiente y convergente. 

El fósil –bautizado Norellraptor barsboldi– ha sido analizado por un equipo internacional de científicos de China e Italia. Descrito este martes en un artículo publicado en Nature Communications, ha cambiado lo que se sabía sobre cómo los dinosaurios conquistaron los cielos.

El ejemplar de microrraptorino (pequeños dinosaurios con plumas y alas), excepcionalmente bien conservado, fue descubierto en la formación geológica Jiufotang (China), un yacimiento del Cretácico Inferior con una antigüedad de entre 145 y 100 millones de años. 

Los microrraptorinos eran pequeños dinosaurios depredadores parecidos a las aves y parientes cercanos de estas. 

Adaptación al vuelo

Los fósiles descubiertos hasta ahora (la mayoría en China) mostraban que algunos microrraptorinos tenían plumas largas tanto en las extremidades anteriores como en las posteriores, lo que sugiere que podrían haber estado adaptados para el vuelo. 

Durante mucho tiempo, los paleontólogos han debatido si la capacidad de volar o planear surgió una sola vez en el ancestro común de los Paraves (el grupo que incluye a los microrraptorinos y las aves) o si las características necesarias para ello evolucionaron de forma independiente en múltiples ocasiones.

Los paleontólogos han debatido si la capacidad de volar o planear surgió una sola vez en el ancestro común de los Paraves

El estudio describe un fósil de 57 centímetros que conserva partes de su plumaje y que, según los análisis, tenía al menos tres años al morir. 

Al comparar las características de vuelo del nuevo fósil con las de otros microrraptorinos y con las del linaje de las aves primitivas (Avialae), descubrieron que estos pequeños carnívoros y las aves primitivas compartían 57 características morfológicas relacionadas con el vuelo, lo que representa aproximadamente el 30 % de sus rasgos físicos claves necesarios para volar.

Sin embargo, pese a compartir gran número de estructuras, los investigadores creen que aves y dinosaurios no heredaron un “mapa de diseño" único, sino que desarrollaron sus aparatos de vuelo de una manera completamente “independiente y convergente", en respuesta a necesidades similares y a distintas presiones evolutivas.

Evoluciones distintas

Para los autores, la prueba principal de esta separación está en el orden en que evolucionaron sus cuerpos, que fue completamente opuesto. En el linaje de las aves, la evolución transformó primero la cintura pectoral y las articulaciones del ala antes de modificar la mano. 

Las alas de los microrraptorinos se formaron bajo sus propias dinámicas biológicas

Sin embargo, en los microrraptorinos como Norellraptor, las primeras transformaciones consistieron en acortar los huesos de los dedos para reducir su función de agarre. Solo mucho tiempo después, surgieron el esternón alargado y las modificaciones en los hombros. 

Para los autores, esta divergencia en la secuencia temporal de cambios demuestra que no existía un modelo genético latente o compartido que guiara a ambos grupos.

Además, el análisis microscópico de los huesos del brazo de Norellraptor demostró que sus extremidades crecían a ritmos discontinuos y muy particulares.

Este patrón osteohistológico difiere de los mecanismos de desarrollo que se ven en las aves voladoras actuales, lo que confirma que las alas de los microrraptorinos se formaron bajo sus propias dinámicas biológicas. 

En definitiva, el estudio de Norellraptor desmonta el paradigma del origen único del vuelo y revela que la capacidad de volar no fue un invento único en la historia de los dinosaurios, sino un ‘experimento evolutivo' que la naturaleza repitió con éxito por caminos totalmente distintos, subraya el estudio.

Fuente: EFE

Derechos: Creative Commons.

agenciasinc.es

¿Cómo saben los científicos qué comían los dinosaurios? Estas son las pistas que buscan

La diversidad de hábitos alimenticios detectada entre distintas especies ofrece una explicación sobre la manera en que territorios con recursos limitados lograban sostener a varios animales de gran tamaño sin una competencia directa por el mismo alimento

Los dientes de dinosaurio revelan cómo varias especies compartían

 alimentos sin competir tanto (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los dinosaurios no dejaron una lista de alimentos, pero sus dientes conservaron señales capaces de contar parte de esa historia. Una investigación reciente examinó esas huellas en animales que vivieron en el mismo lugar hace unos 150 millones de años y encontró que no todos buscaban su comida de la misma manera.

La conclusión cambia una idea muy repetida sobre los grandes herbívoros. Durante años, se consideró que la altura de cada animal podía explicar qué plantas consumía. Los nuevos datos indican que la diferencia también estuvo en las partes de las plantas que elegía cada especie, desde hojas y brotes hasta ramas y tejidos más duros.

Según un estudio publicado en 2025 por investigadores de la Universidad de Texas en Austin en la revista científica Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, las señales conservadas en la capa exterior de los dientes permiten distinguir dietas diferentes entre animales que compartían territorio. El trabajo analizó restos hallados en el oeste de Estados Unidos y propuso que esa variedad de alimentos ayudó a que varias especies convivieran sin competir de la misma forma por cada recurso.

El valor del hallazgo está en que transforma una pregunta general en una escena concreta. No alcanza con observar el tamaño de un dinosaurio o la forma de sus dientes. La alimentación también dependía de qué parte de una planta podía aprovechar mejor cada animal, una diferencia que modifica la reconstrucción de los antiguos paisajes.

Los dientes conservan señales de la alimentación de cada animal

Las señales químicas conservadas en el esmalte muestran que
los herbívoros del Jurásico elegían hojas, brotes o ramas,
mientras los carnívoros analizados también se especializaban
en presas diferente (Imagen Ilustrativa Infobae)
Los dientes son una de las partes más resistentes del cuerpo y pueden mantenerse durante millones de años. En su capa exterior quedan rastros vinculados con los alimentos que un animal incorporaba. Al compararlos con las especies actuales, los investigadores pueden aproximarse a qué clase de comida predominaba en su dieta.

El estudio examinó dientes de varios animales que vivieron en el mismo entorno durante el período jurásico. Entre los herbívoros, los resultados mostraron diferencias claras. Unos parecían consumir con mayor frecuencia partes suaves de las plantas, como hojas y brotes. Otros obtenían más alimento de partes leñosas, como ramas.

La diferencia no estaba limitada a la altura desde la que cada dinosaurio podía comer. El tipo de alimento, su textura y su valor nutritivo también ayudaban a marcar una separación entre las especies. Esa conclusión ofrece una explicación más precisa sobre cómo grandes animales podían habitar el mismo espacio.

Los resultados también abarcaron animales que comían carne. Las señales halladas en sus dientes apuntan a dietas distintas dentro de ese grupo: uno —un reptil de aspecto similar al cocodrilo— habría consumido sobre todo peces, mientras el otro, un bípedo de gran tamaño, se alimentaba principalmente de otros dinosaurios. Esa separación reduce la idea de que todos los depredadores de un mismo lugar perseguían las mismas presas.

La variedad de alimentos ayudó a repartir el espacio

El estudio que cuestiona que la altura definiera por completo la
dieta de los dinosaurio (Imagen Ilustrativa Infobae)
La convivencia entre especies grandes exige recursos suficientes y una forma de distribuirlos. Si cada animal buscaba una parte diferente de las plantas o perseguía presas distintas, la competencia directa podía ser menor. Esa dinámica es habitual en ecosistemas complejos y ayuda a explicar cómo territorios con recursos limitados sostienen una gran diversidad de especies.

La investigación sugiere que los herbívoros no se diferenciaban únicamente por el tamaño del cuerpo. Algunos podían preferir alimentos más tiernos, mientras otros aprovechaban estructuras más resistentes. Así, un mismo paisaje ofrecía opciones diversas para animales con necesidades y formas de alimentarse diferentes.

Esa idea también permite revisar imágenes simplificadas de los dinosaurios. Los animales de cuello largo no necesariamente comían lo mismo por alcanzar plantas elevadas, y los más pequeños no quedaban limitados a los recursos cercanos al suelo. La elección de los alimentos fue más variada de lo que indicaba una explicación basada solo en la altura.

El análisis de dientes no reconstruye una comida puntual ni resuelve cada detalle de la vida de un animal. Aporta, en cambio, una pista sobre hábitos sostenidos en el tiempo. Al reunir esos rastros, el estudio describe un escenario en el que la diversidad de dietas ayudó a ordenar la vida de varias especies en un mismo territorio.