sábado, 14 de diciembre de 2019

Bienvenidos a la Patagonia, la fábrica mundial de dinosaurios

La provincia argentina de Neuquén cuenta con la colección paleontológica más importante de Sudamérica y experimenta un auge de museos sobre la temática

El hervíboro 'Futalognkosaurus Dukei' medía unos 34 metros de largo. 
PROYECTO DINO
Un paisaje marciano. Un desierto rojizo de sierras y mesetas junto a un lago que se esfuma en el horizonte. Dinosaurios. Restos de ellos por todas partes. Fósiles de todos los tipos de vida que existieron en la Tierra hace millones de años. Un ecosistema completo petrificado.

En el camino hacia ese pasado se cruzan, veloces, zorros y ñandúes. Velan por los viajeros los santos paganos en improvisados altares de palos y piedras repletos de ofrendas y escupen fuego en el medio de la nada las imponentes instalaciones de extracción de gas y petróleo. Por momentos parece el paisaje de la película Mad Max. Este es el aspecto de la zona del lago Los Barreales, en Neuquén, en la Patagonia argentina, una provincia en el límite con Chile, a más de 980 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires. El símil cinematográfico tiene sentido al considerar que hace 100 millones de años Argentina y Namibia (escenario del film) eran parte de un mismo continente.

Las huellas del pasado aparecen a cada paso en la región que guarda la mayor colección paleontológica de Sudamérica. Allí existe una ventana al pasado cretácico que puede visitarse todo el año, aunque se recomienda hacerlo durante el verano argentino, en enero y febrero, cuando el clima cálido del sur propicia el turismo al aire libre. Esa ventana se llama Proyecto Dino, a 90 kilómetros de la capital homónima de Neuquén. Un campamento científico abierto al público con el apoyo de fondos públicos y privados (Universidad Nacional del Comahue y petroleras) que acaba de levantar sus persianas luego de cinco años de cierre por conflictos con la comunidad indígena y de financiación. Aquí se han hallado más de treinta tipos nuevos de dinosaurios, con 1.500 piezas de fósiles de vertebrados y más de 400 restos de vegetales de entre 90 y 100 millones de años de antigüedad. Y siguen encontrándose. “Esta es una fábrica de dinosaurios”, ironiza su histriónico director, el geólogo y paleontólogo Jorge Calvo. 
Aquí se han hallado más de treinta tipos nuevos de dinosaurios, con 1.500 piezas de fósiles de vertebrados y más de 400 restos de vegetales de entre 90 y 100 millones de años de antigüedad. Y siguen encontrándose 
Las condiciones geológicas y geográficas de la Patagonia facilitan los innumerables hallazgos, entre los que destacan dos de las especies más grandes en la historia del planeta: el carnívoro cazador Giganotosaurus carolinii (de entre doce y trece metros de largo y casi siete toneladas) y el herbívoro Futalognkosaurus dukei (de unos treinta y cuatro metros y de hasta cincuenta toneladas). El primero vivió hace 97 millones de años y supera en tamaño al popular Tyrannosaurus rex. Fue hallado en 1993 en un pueblo a pocos kilómetros, llamado El Chocón, por Rubén Carolini, un mecánico aficionado a la paleontología que como todos los lugareños trabajaba en la hidroeléctrica estatal. Una vez privatizada (en 1992) empujó al paro a cientos de trabajadores obligando a la comunidad a reinventarse. Pasó de tener 5.000 habitantes en los años setenta a menos de cincuenta el año que cerró la empresa, según el censo oficial.

El año siguiente se estrenó Parque jurásico y, aunque todavía hoy no alcanza los 1.000 residentes, la sensación de los locales es que los dinosaurios salvaron al pueblo. “Ahí creció de nuevo la población. Los huesos estaban en un salón de un club hasta que se empezó a reformar el museode El Chocón, el antiguo taller mecánico de Hidronor donde trabajaba Carolini. Esa es la historia del comienzo de la paleontología en esta zona. Ahí resurgió el pueblo”, resume Calvo, radicado en la provincia desde 1987 y testigo de la metamorfosis. Desde entonces, todos los pueblos de la región anhelan su museo paleontológico. Ya hay cinco con muestras importantes y tres en surgimiento. Dentro de poco tiempo habrá 1 por cada 28.000 habitantes. Todos sobre dinosaurios. “Está lleno”, resume el científico.

El paleontólogo Jorge Calvo junto a la cadera más grande descubierta. 
PROYECTO DINO
Quien en realidad encontró el Giganoto fue una campesina, pero quien se quedó con el nombre y la estatua a lo Indiana Jones fue el mecánico. “Ella encontró el fósil custodiando a una chiva que se le escapó, fue a buscarla caminando y lo encontró”. A partir de ahí se inició la cadena de alertas que acabó en el protagonismo de Carolini por haber sido quien informó a la Universidad Nacional del Comahue. Gracias a ellos se supo que el carnívoro más grande encontrado hasta el momento mundo era un superpredador capaz de comerse a inmensos herbívoros que lo triplicaban en tamaño. Eso se debía no tanto a su ferocidad como a su oportunismo: los saurópodos (herbívoros de cuello largo) eran muy lentos. El Giganoto, con un cráneo de casi dos metros de largo y con el fémur más largo que la tibia, tampoco conseguía mucha velocidad. De modo que por más amenazante que pareciera, un pequeño y audaz reptil podía evadirlo sin problemas.

Más temible era el Megaraptor, un pariente más feroz aunque menos conocido que el protagonista de Parque Jurásico. La diferencia fundamental radica en el modo de conseguir sus presas. Según Calvo, el primero era cazador y el segundo carroñero, aunque esto último es aún motivo de controversia. Lo seguro es que ambos eran tiranos. Deberían compartir prefijo, pero la hipótesis inicial acerca de la ubicación de la primera garra encontrada asignó al Giganoto a una familia que no le correspondía. “El paleontólogo que lo encontró vio que era parecida a la del Velociraptor de Parque Jurásico y la ubicó en el pie. Dijo 'este es Mega-raptor' porque era más grande, pero acá en la excavación del Futalognkosaurus encontramos la misma garra asociada a la mano. Completa, articulada. Entonces descubrimos que el Megaraptor no tenía la garra en el pie sino en la mano, así que ya no podía ser un raptor. Después se descubrió un cráneo y supimos que fue un pariente del Tyrannosaurus rex, que usaba los brazos porque era el arma más mortal que tenía. El nombre no se puede cambiar, ya quedó, pero la realidad es que no es un raptor sino una especie nueva de tiranosaurio”, aclara Calvo. El hallazgo del esqueleto casi completo con el cráneo incluido, en 2003, fue un hecho inédito en el estudio de esa especie. “Megaraptor era porque tenía una garra grande y filosa, que llegaba hasta los 50 centímetros sumando los huesos y el estuche”, explica el paleontólogo, convencido de que este animal, de hasta ocho metros de largo, mataba a sus presas desgarrándolas.

La segunda joya del campamento es el Futalognkosaurus dukei, hallado en 2007. Es uno de los herbívoros más grandes del planeta y vivió hace unos 90 millones de años. Medía entre 34 y 36 metros de largo, pesaba cerca de 80 toneladas (el equivalente a la suma de 40 elefantes) y tenía la cadera más grande hasta ahora conocida, de 2,55 metros de ancho. Su colosal esqueleto es, además, uno de los más completos encontrados, con el 70% de las piezas rescatadas. Calvo relata su hallazgo como si fuese Sherlock Holmes. “Es como el trabajo de un perito forense, la pregunta es quién lo mató y por qué”. Esas son las intrigas con las que el paleontólogo sostiene la atención en el recorrido. Con ese anzuelo invita a los turistas a poner manos a la obra en una cuadrícula fértil en la que, asegura, algunos visitantes han encontrado fósiles. Si esa es la experiencia que se busca, los turistas pueden alojarse en una de las casillas rodantes del campamento de Proyecto Dino por entre 100 y 300 dólares por persona (unos 90 a 270 euros) y sentirse paleontólogos por unos días. Guiados por profesionales, recorren las zonas de los hallazgos, participan de excavaciones, se les permite preparar fósiles y visitar el laboratorio. Duermen, trabajan y comen como los jóvenes científicos que allí residen, lejos de cualquier comodidad hotelera.

Huellas, huevos y 'dragones'

Las excavaciones de Futalognko abrieron el portal al Cretácico. El geólogo y paleontólogo que trabaja allí desde hace 20 años todavía se asombra. “Cuando empezamos a sacar el dinosaurio vimos las plantas, los peces, los cocodrilos, las tortugas, las cáscaras de huevo. Se trataba de un ecosistema. Es único en el mundo. Encontrar un ecosistema fósil es rarísimo”. Todo parece extraordinario en la geología neuquina. “El año pasado le dimos nombre a un reptil volador. Argentinadraco se llama, que significa dragón argentino. Todo el tiempo descubrís cosas. Especies nuevas permanentemente porque está todo ahí. Están las plantas, las hojas preservadas, geodas. Tenemos una familia de 5 cocodrilitos juntos. Probablemente hayan muerto sepultados en una crecida de agua, tipo Pompeya o en un alud. Son casos excepcionales de muertes en grupo”.
DINOSAURIOS HASTA EN EL VINO
Por donde se excava aparecen fósiles en Neuquén. Es lo que le ocurrió en 2001 a la Bodega Familia Schroeder cuando comenzaron a preparar los cimientos para sus cavas en San Patricio del Chañar, a 44 kilómetros de la ciudad de Neuquén. El Panamericansaurus schroederi vivió hace 75 millones de años. Era herbívoro, pesaba unas 16 toneladas, tenía cerca de 6 metros de alto y entre 10 y 12 de largo. Sus restos están expuestos en el sótano de la empresa que se puede conocer en la visita guiada, antes de culminar con la degustación de los vinos. La zona de los viñedos se ubica entre el lago Los Barreales y la ciudad de Neuquén, por lo que se puede incluir sin problemas en el itinerario. Infinidad de álamos adornan los límites laterales de la ruta que conecta ambos puntos y sobre la que florecen cientos de plantaciones de peras y manzanas típicas de esa parte del Alto Valle. Es el paisaje prepetrolero, que dominaba casi toda la región antes del furor del fracking del que se quejan los campesinos. Por ahora, también abundan los viñedos tanto orgánicos y experimentales como de prestigio como las bodegas Del Fin del Mundo, Secreto Patagónico o Malma.

En el Museo de Villa El Chocón se exhibe una escultura del mecánico 
Rubén Carolini, que halló el giganotosaurus que lleva su apellido, junto a las 
piezas originales del esqueleto. M.V.E.
Más frecuentes, según los expertos, son las huellas. Verlas desde cerca, sin embargo, provoca una fascinación atípica. Parecen frescas, como si el animal hubiera huido minutos antes. Se ven tan nítidas que los turistas tienden a creer que son falsas. Calvo despeja por qué no lo son. “Esto era una zona de lagunas donde el animal iba a tomar agua y dejaba la marca en el barro arcilloso. La huella se seca con el sol y se endurece. Cuando hay inundación, el agua no la rompe, la tapa con sedimento y se preserva. Si es una inundación lenta, no la erosiona. Arriba de las huellas había 1.000 metros de roca tapándolas. Esos 1.000 metros desaparecieron, se erosionaron y quedaron a la vista”. Las que están en la zona del lago Los Barreales fueron descubiertas en 1991 y datan de hace unos 100 millones de años. Por los característicos 3 dedos y su gran tamaño, se cree que son de megaraptor. “La huella habla de la vida que tenía el animal. Cómo caminaba, cómo se movía, si era una persecución, si fue al agua. El hueso te dice qué especie de dinosaurio era. Nada más. Cómo vivía, qué hacía ahí, lo dicen las huellas”, explica el científico. También hay pisadas de herbívoros que pueden verse 'en negativo', sobresaliendo por debajo del corte rocoso. El paleontólogo se para debajo de ellas para entender lo que se está viendo. “Ves la silueta de la huella en la roca. Son de herbívoros. Ellos no dejan pisadas en detalle como los carnívoros. Dejan pozos, como un elefante”.

El paisaje rojizo y árido de Proyecto Dino parece marciano. PROYECTO DINO
A pocos pasos, se muestran restos originales de cáscaras de huevos (de 5 milímetros de espesor) que pertenecieron a un pterosaurio, un antepasado de las aves. En la zona se practicaba una suerte de crianza solidaria. “La primera madre ponía el nido y después iban todas al mismo lugar. Se creaban centros de nidificación y entre todas cuidaban los huevos porque si estaban aislados, no los podían ver y ellas mismas los podían pisar. Eran animales que tenían la cabeza a 10 metros de altura. Además supuestamente no tenían razonamiento, no sabemos”, duda Calvo dispuesto a dejarse sorprender por el avance científico.

El gas de Vaca Muerta

A 22 kilómetros de Proyecto Dino está Añelo, la capital latinoamericana del fracking (fracturación hidráulica). El circuito de Proyecto Dino también incluye a la gallina argentina de los huevos de oro. Un furor de origen prehistórico. “Todos hablan de Vaca Muerta, pero nadie sabe qué es”, sentencia Calvo parado junto a una escala geológica. A 7.000 metros bajo sus pies está Vaca Muerta; el segundo yacimiento de gas más importante del mundo y el cuarto en petróleo. Como geólogo, también instruye sobre el origen de ese combustible fósil. “El mar entraba a la cuenca neuquina, depositaba el sedimento, las algas y los microorganismos y se transformaba todo en protopetróleo. Se llama roca madre y es el origen del petróleo”. Debido a la presión sale por los poros y las grietas y sube a formaciones superiores, a 2000 metros, de donde lo extraen las petroleras. Calvo recoge una pequeña botella de vidrio con un líquido ocre. Lo destapa y lo acerca a los turistas para que puedan sentir el inconfundible olor a combustible. “Este petróleo es de acá”, presenta. El 'oro negro' no siempre es negro. “Puede ser de distinto color, hasta transparente. Cuanto más oscuro, más rico es porque más subproductos derivados tenés. Cuanto más claro, más destilado, menos cosas se pueden hacer”, distingue.

El petróleo de las capas superiores se acabó. Con el fracking intentan exprimir la roca madre. “Ponen líneas donde destruyen la roca y la bombardean con agua y arena a mucha presión. Así, el petróleo empieza inyectarse en los otros pozos para sacarlo a superficie”, detalla Calvo, quien desestima el daño medioambiental. “Está a 2.600 metros. No hay agua potable ahí. La que se usa para extraer el petróleo es mínima, las ciudades usan más. Este agua se vuelve a usar en otros pozos y cuando ya no funciona más, queda adentro y se sella”. Pero el esplendor energético todavía no se palpa en las ciudades ni los pueblos de Neuquén. Con la angustiosa experiencia de la hidroeléctrica, la comunidad desconfía de las industrias extractivas. Temen que los dinosaurios no puedan salvarlos siempre. Calvo lo reconoce a pesar de haber contado desde el inicio con el aporte de las petroleras para sus proyectos paleontológicos. “Neuquén debería ser como Abu Dabi, Arabia Saudita o Emiratos Árabes, pero acá el petróleo no deja nada. Pareciera que todo se va a Buenos Aires. A la ciencia no llega nada. Cuando se acabe todo el petróleo y el gas se van a acordar de los dinosaurios y va a ser tarde”.

QUÉ VER EN LOS 8 MUSEOS DE DINOSAURIOS DE NEUQUÉN
  • Museo Municipal Ernesto Bachmann de El Chocón. El carnívoro más grande conocido y la historia de su descubridor, el mecánico Rubén Carolini.
  • Museo Municipal Carmen Funes en Plaza Huincul. Piezas originales del gigante herbívoro Argentinosaurus huinculensis y la historia local de la explotación del petróleo.
  • Museo Provincial de Ciencias Naturales Profesor Juan A.Olsacher, en Zapala. El dinosaurio más antiguo de Neuquén. Un ave en la que se conservaron semillas que comió poco antes de morir. El museo también cuenta con la colección mineralógica más importante del país.
  • Museo Paleontológico Municipal Argentino Urquiza, en Rincón de los Sauces. Tienen el fósil de titanosaurio más completo encontrado hasta el momento y más de 400 piezas de otros dinosaurios.
  • Museo Municipal de Ciencias Naturales de Senillosa. Fósiles de pequeños lagartos, tortugas, cocodrilos y hallazgos arqueológicos. Dirección: Olascoaga y Avenida San Martín 320 Senillosa
  • Museo Municipal Picún Leufú. Huellas pertenecientes a ornitisquios, saurisquios, saurópodos y terópodos. Algunas, únicas en el mundo.
  • Museo Municipal de Las Lajas. Fue inaugurado en marzo de 2019. Se especializa en espelología, el estudio de las cavernas, dado que en esa zona hay muchas que se pueden visitar. Además repatriarán fósiles de dinosaurios que hasta ahora se encuentran en el Museo de Plaza Huincul. Dirección: Saavedra 474, Las Lajas.
  • Museo de Geología y Paleontología de la Universidad Nacional del Comahue - Proyecto Dino en Lago Los Barreales. Es el yacimiento más grande de Sudamérica. Tienen al carnívoro más grande que se conoce y a uno de los herbívoros de mayor tamaño. Una de las pocas ventanas al pasado que permiten conocer el ecosistema completo del Cretácico. El recorrido dura cerca de tres horas. Recomendaciones: Contactar antes de ir para comprobar los horarios de apertura, alquilar un vehículo, llevar algunas provisiones y GPS. Algunos están muy lejos, con pocos locales para conseguir provisiones.

Hallan el rastro de una misteriosa piedra reptante que se movía sola entre los dinosaurios

  • El fenómeno de las rocas deslizantes del Valle de la Muerte pudo ocurrir en otro lugar hace 200 millones de años 

Dominio público.
El Valle de la Muerte, en el desierto de Mojave, en California, es famoso por estar solo a unos cuantos cientos de kilómetros de la famosa Área 51 y por algunas características infernales que hacen honor a su nombre: en verano es uno de los lugares más calurosos del mundo y es también el punto más bajo de toda América del Norte. Por si fuera poco, este valle alberga un peculiar lugar: el Racetrack Playa. Se trata de un lago estacional en cuya superficie reseca se pueden ver piedras pequeñas y grandes, de hasta 320 kilogramos, en mitad de la nada. Detrás de ellas hay un rastro inconfundible que indica que se han deslizado hasta allí, sin que, a simple vista, se pueda entender por qué. ¿Qué lleva a que en el Valle de la Muerte las piedras se muevan por una superficie nivelada?

Una de las rocas deslizantes de Racetrack Playa - 
Dominio público
En 2014 se concluyó que estas rocas se mueven de vez en cuando después de que se produzcan las escasas lluvias estacionales. Parece ser que a veces se forma una película de agua sobre el lago reseco, en la que sobresalen algunas piedras y que, por la noche, este agua puede congelarse. Al día siguiente, esta capa de hielo se funde en parte y permite que se formen paneles helados que flotan libremente. Estos paneles son impulsados por el viento y, a veces, resulta que empujan a las piedras, apoyadas sobre el fango de la superficie del lago. Como resultado, las piedras se deslizan y dejan un rastro sobre el barro. Por último, cuando el lago se vuelve a secar, el barro se endurece y los rastros quedan grabados hasta las próximas lluvias. Como el viento es el mismo para todas las piedras, muchas de las rocas siguen trayectorias paralelas, para desconcierto de los viajeros no prevenidos.

Pero, ¿se mueven o se han movido de esta manera las piedras de otros lugares? El paleontólogo Paul Olsen, investigador en la Universidad de Columbia (EEUU), ha sugerido que es así, pero que hay que remontarse a un pasado lejano. Según unos resultados que ha presentado en el encuentro de otoño de la American Geophysical Union, Olsen ha encontrado el rastro de una piedra deslizante en un fósil de 200 millones de años de antigüedad que conserva unas huellas de dinosaurio en un estado magnífico. Este rastro fosilizado es, según este investigador, una prueba de un drástico enfriamiento que ocurrió en los trópicos durante la transición del Triásico al Jurásico, coincidiendo con un evento de extinción masiva que acabó con el 76 por ciento de toda la vida en la Tierra.

Fósil donde se aprecian varias huellas de un prosaurópodo y 
un misterioso rastro alargado - Lull, R.S., 1915
El supuesto rastro de la antigua piedra deslizante, detectado por Olsen en 2017, está en un fósil hallado en 1896 en Portland, Connecticut (EEUU), en el que se aprecian varias huellas e incluso la textura de la piel de un prosaurópodo, un saurópodo temprano.

¿Es posible que esas huellas sean la marca dejada por una piedra deslizante? Para averiguarlo, hay que remontarse al pasado. Tal como ha comentado Olsen, hace 200 millones de años la región donde se formó el fósil estaba más cerca del ecuador, en el trópico, y se caracterizaba por su baja altitud. Ambas cosas concuerdan con un escenario en el que el clima fuera más o menos moderado y permitiese la presencia de animales y plantas poco adaptados a las bajas temperaturas. «No hay ninguna razón para creer que la congelación era común ahí», ha dicho Olsen en un comunicado.

Escaneado del rastro y una huella fosilizadas (derecha), junto a una piedra 
deslizante actual (izquierda) - Olsen et al./Columbia University/LDEO
Esto va contra la hipótesis de que el rastro del fósil del prosaurópodo sea, efectivamente, una piedra deslizante, capaz de «moverse» gracias a la congelación de un lago muy somero. A no ser que hace 200 millones de años los trópicos se hubieran enfriado.

En este sentido, Olsen ha sugerido que el origen de este enfriamiento de los trópicos podría estar en un invierno volcánico, un acusado enfriamiento climático asociado con los residuos emitidos por un número elevado de erupciones volcánicas.

Estos eventos son capaces de liberar al aire enormes cantidades de cenizas y aerosoles que aumentan el albedo de la atmósfera y que disminuyen el calentamiento ejercido por la radiación solar. Así, por ejemplo, la erupción del volcán Pinatubo, en Filipinas, en el año 1991, enfrío las temperatuas globales del planeta en una media de 0,6ºC durante un periodo de 15 meses.

Según la hipótesis de Olsen, es posible que la actividad volcánica que sacudió el planeta en la transición del Triásico al Jurásico llevase a un enfriamiento suficiente en los trópicos como para crear una capa de hielo capaz de impulsar a las piedras deslizantes, similares a las de California. Para confirmarlo, habría que encontrar más fósiles o indicios independientes.


Descubren nuevas especies de dinosaurios en un yacimiento de Santa Cruz

Al sudoeste de la provincia de Santa Cruz (Argentina), más precisamente en una montaña desde la que se puede observar el glaciar Perito Moreno, no solo se encontraron fósiles de animales, también se descubrieron hojas, madera petrificada y abundante polen de plantas prehistóricas durante las campañas realizadas en enero y marzo de 2019.

Isasicursor y Nullotitan. (Foto: Sebastián Rozadilla)
En relación a la gran cantidad y diversidad de fauna y flora hallada, el doctor Fernando Novas, investigador del Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN) y del CONICET, destacó: “Pocas veces, un yacimiento ofrece tanta información como éste; tenemos una gran cantidad de información de naturaleza ecológica”.

“Debido a que el yacimiento queda en lo alto de una montaña de muy difícil acceso, representó un desafío enorme para nosotros, los paleontólogos, realizar dichas campañas”, mencionó el experto.

Estos fósiles ayudarán a describir el ecosistema que precedió a la extinción masiva de los dinosaurios. El doctor Novas afirmó que “es poco lo que se sabe en América del Sur y en todo el hemisferio sur acerca de cómo se extinguieron los dinosaurios; la mayor cantidad de información proviene de Norteamérica y de Europa, en tanto que las rocas de este yacimiento van desde los 75 a los 65 millones de años de antigüedad aproximadamente, por lo que nos permitirán ver la secuencia de cómo fueron cambiando las faunas hasta la extinción final de ese grupo”.

“Seguramente, en los próximos años, podremos comprender cómo fue esa secuencia y, quizás, las causas que aquí, en el extremo sur de Sudamérica, provocaron la extinción de los dinosaurios y otros reptiles que convivían con ellos”, añadió.

El doctor Federico Agnolin, también investigador del MACN y del CONICET, relató que el geólogo Francisco Nullo, en 1980, fue el primero en divisar fósiles de un dinosaurio cuando recorría estos estratos de rocas. 

“En aquel entonces, hace ya casi 40 años, Nullo dio aviso a José Bonaparte, un gran paleontólogo argentino, pero como ese lugar es inaccesible con vehículos, encontraron fósiles pero no pudieron extraerlos”, contó. 

Durante el verano de 2019, un equipo liderado por Fernando Novas organizó una campaña a este sitio para ver si lograba redescubrir los restos, pero lo que encontraron fue aun mayor a lo esperado. 

Agnolin destacó que “encontramos una infinidad de fósiles de dinosaurios, pero también tuvimos la suerte de hallar granos de polen y animales pequeños, lo cuales vienen a ser figuritas difíciles en cualquier descubrimiento, entre los que hay mamíferos, aves, lagartijas, reptiles e incluso caracoles terrestres, que son hallazgos rarísimos”. 

Para estudiar todos estos hallazgos, se reunió un equipo numeroso de paleontólogos especializados en plantas, en invertebrados, en caracoles, como así también de geólogos.

“Armamos un trabajo extensísimo en el que le pusimos nombre a varias especies de dinosaurios argentinos: uno de ellos es un animal herbívoro enorme que superaba los 20 metros de longitud, Nullotitan glaciaris, en alusión al geólogo Francisco Nullo y a que desde el yacimiento se puede observar el glaciar Perito Moreno”, observó Agnolín.

También, el grupo liderado por Novas presentó otra nueva especie de dinosaurio herbívoro, llamado Isasicursor santacrucensis, en referencia a Marcelo Isasi, un explorador y preparador de fósiles del MACN. La ilustración de ambas nuevas especies (ver galería de imágenes) fue realizada por el investigador Sebastián Rozadilla.

En marzo del año de próximo, el equipo liderado por Novas regresará a este yacimiento extraordinario que permitirá, acaso, describir con claridad lo que sucedió en los últimos millones de años de la edad de oro de los dinosaurios en el hemisferio sur. (Fuente: Agencia CTyS-UNLaM)


viernes, 13 de diciembre de 2019

Conferencia: Antes de las fake news: pseudohistoria y bulos

Hoy sábado sábado 14 de diciembre, en el Teatro-Auditorio de Salas de los Infantes (Burgos), Antonia de Oñate, historiadora y directora ejecutiva de 'ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico', impartirá una conferencia titulada: 'Antes de las fakes news: pseudohistoria y bulos'.


ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico (ARP-SAPC) impulsa el desarrollo de la ciencia, el pensamiento crítico, la educación científica, el uso de la razón y el laicismo; promueve la investigación crítica de las afirmaciones paranormales y pseudocientíficas desde un punto de vista científico y racional, y divulga la información sobre los resultados de estas investigaciones entre la comunidad científica y el público en general.

Será a las 20 horas y organiza el Colectivo Arqueológico-Paleontológico de Salas (C.A.S.).

jueves, 12 de diciembre de 2019

Dinosaurios de Salas de los Infantes

El Pakozoico

En este vídeo, grabado en el área de Salas de los Infantes, conocemos su rico patrimonio paleontológico de la mano del Dr. Fidel Torcida, del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes.


El Museo de Dinosaurios incrementa sus visitantes

El museo de Salas de los Infantes superará este año los 14.500, un 40% más que en 2010

© Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes.
El Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes sigue ganando público visitante desde los duros años de la crisis económica. El peor año en ese sentido -coincidiendo con el descenso registrado en otros centros museísticos del país- fue en 2010, cuando se recibió a 10.300 visitantes. Desde entonces, la recuperación de público ha sido constante, de tal modo que antes de que acabe este año ya se ha alcanzado un máximo de visitas anuales: más de 14.500, lo que supone un 40% más respecto a los resultados de 2010. En conjunto el museo salense alcanza los 220.000 visitantes acumulados desde su inauguración en 2001.

Si utilizamos estimaciones estándar sobre el impacto económico que tiene en un territorio el turismo, se calcula que únicamente los visitantes del Museo han generado una aportación de más de 10 millones de euros en Salas y su comarca, una cantidad que supera en varias veces la inversión efectuada por las administraciones públicas en los 18 años que lleva funcionando.

De hecho es digno de subrayar la relación entre la baja inversión que reaplica al Museo y el retorno económico que produce en Salas de los Infantes y la comarca: estas cifras de visitantes son muy favorables, en especial si las comparamos con las de gran parte de los museos provinciales de Castilla y León, que disfrutan de unos presupuestos mucho más elevados por visitante y año. 

Estas buenas cifras subrayan algo que se repite en museos dedicados a los dinosaurios en España y en otros países: los dinosaurios siguen en la primera línea de las inquietudes populares en ocio y cultura, emocionan y atraen a público de diferentes edades y con motivaciones diversas. Además el Museo salense ha ido cambiando y ampliando su oferta expositiva, mantiene una serie de eventos y actividades en torno a la Ciencia y la paleontología que se realizan durante todo el año; esto asegura la llegada de visitantes a Salas y su comarca durante los 12 meses del año, pero también que haya una oferta cultural de calidad para los habitantes de la localidad serrana.

Entre los elementos que han reforzado el atractivo del Museo de Dinosaurios destaca una instalación de realidad virtual, en el que se recrea el ambiente en el que vivían los dinosaurios serranos, y tiene a Demandasaurus darwini  como protagonista principal. Esa instalación es un ejemplo de colaboración entre dos instituciones, como son La Fundación Dinosaurios en Castilla y León y la Fundación Caja de Burgos, que apuestan por la paleontología de dinosaurios como recurso turístico y cultural en el mundo rural.

Otro factor que refuerza el papel del Museo salense como foco de atracción es la investigación que se realiza de manera constante, y que ha proporcionado hitos significativos de alcance internacional, como la descripción de dos nuevas especies de dinosaurios (Demandasaurus y Europatitan). Asimismo, las excavaciones que se realizan año tras año desde 2002, y estos tres últimos años en Torrelara, muestran la enorme riqueza en fósiles de dinosaurios que atesora la comarca y sirve como reclamo para que muchas personas se animen a visitar el Museo donde se exponen gran parte de los hallazgos.

El impacto turístico asociado a los dinosaurios serranos en realidad es mayor, pues se acompaña de la celebración de una serie de actividades de didáctica y divulgación dirigidas a todo tipo de público, que convoca a la participación de visitantes nacionales e internacionales. Otro punto de atracción de este patrimonio comarcal se promociona con una ruta desarrollada entre Tierra Lara y Pinares, denominada Tierra de Dinosaurios, que atrae anualmente a miles de visitantes. Asimismo, exposiciones temporales, talleres para escolares y niños, conferencias, espectáculos, eventos deportivos como La Demandasaurus (exitosa competición de montaña en varias especialidades), rutas en yacimientos y visitas a excavaciones, etc. aumenta el número de turistas estimulados por la paleontología de dinosaurios, superando la cifra de 30.000 personas al año. Por último, gracias a la organización y participación en distintas exposiciones temporales realizadas en varios puntos del país en años recientes (Madrid, Granada, Burgos, Valladolid, San Sebastián, Logroño, Zaragoza), más de 650.000 personas de distintos países han podido disfrutar de los fósiles de los dinosaurios serranos.

El Museo salense es un recurso turístico que genera riqueza económica y produce ciencia, conocimiento y cultura. Constituye, en definitiva, un instrumento que contribuye al  asentamiento de población, con generación de trabajos especializados, y, en definitiva, una herramienta importante para la lucha contra el vaciamiento progresivo de población en esa comarca plenamente rural.

Varias instituciones apoyan, promueven, financian y colaboran  en los proyectos y actividades generadas en torno al Museo de Dinosaurios. En ese sentido hay que citar al Ayuntamiento de Salas de los Infantes, la Fundación Dinosaurios de Castilla y León, el Colectivo Arqueológico y Paleontológico de Salas (C.A.S.) y la Diputación de Burgos.


Asimismo algunos ayuntamientos de la comarca, los amigos y protectores de la Fundación, los voluntarios y diferentes empresas comparten una convicción clara del valor de este patrimonio y de la necesidad de recuperarlo, conservarlo y de ponerlo en valor.

Hallan uno de los más antiguos y completos dinosaurios carnívoros del Jurásico

El Asfaltovenator vialidadi vivió hace 170 millones de años en la Patagonia argentina. Medía ocho metros de largo y, según los científicos, representa un momento de explosión evolutiva en el que se diversificaron los dinosaurios.

Reconstrucción artística del Asfaltovenator vialidadi. / Gabriel Lío
Hace 170 millones de años, un feroz cazador acechaba en lo que hoy es la Patagonia argentina. Sigilosamente, perseguía a sus presas en un ambiente muy distinto de lo que es hoy. Por entonces, frecuentes erupciones volcánicas causaban lluvias de cenizas en una región del mundo cálida y húmeda, dominada por bosques de coníferas como las araucarias que se extendían alrededor de grandes lagos. 
“Todo indica que era el depredador más grande de aquella época en la región”, cuenta el investigador argentino Diego Pol 
Aquel fue el reino del Asfaltovenator vialidadi, un dinosaurio carnívoro hasta ahora desconocido dado a conocer hoy por paleontólogos de Argentina y Alemania en la revista Scientific Reports (grupo Nature).

“Todo indica que era el depredador más grande de aquella época en la región”, cuenta a Sinc el argentino Diego Pol, investigador de Conicet y del Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF). "La longitud corporal estimada es de ocho metros. Es uno de los más antiguos y completos dinosaurios carnívoros del Jurásico descubiertos hasta el momento”.

Cráneo del Asfaltovenator. / MEF
Su menú era diverso. Este depredador convivió con grandes herbívoros de cuello largo como el Patagosaurus (de 18 m de largo) o el Volkheimeria, saurópodos cuyos restos fueron hallados en la misma zona, la Formación Cañadón Asfalto, en el centro de la Provincia del Chubut.

“En el sitio donde se encontraron partes fosilizadas del Asfaltovenator había un hueso que no pertenece a este animal”, revela a Sinc el paleontólogo alemán Oliver Rauhut de Universidad de Múnich, quien participó en la investigación. “Se trata de una tibia de un saurópodo. Estaba entre la columna vertebral y los brazos del Asfaltovenator por lo que podría haber sido su última cena. No sabemos en realidad la causa de muerte de este depredador. Quizás aquel hueso, con marcas de dientes, fue demasiado grande”.

Fósiles ocultos en un lugar inaccesible
Los restos estaban en rocas sedimentarias extremadamente duras por lo que su preparación tardó cinco años 
Si bien esta nueva especie ha sido dada a conocer hoy, los fósiles de este espécimen fueron hallados hace casi dos décadas. Ahí estuvieron, ocultos del mundo, hasta que el técnico Leandro Canessa del MEF los encontró durante una campaña en 2002.

“El fósil estaba en un lugar muy inaccesible”, explica Pol, conocido por haber hallado los restos del dinosaurio más grande del mundo, el Patagotitan mayorum también en Chubut. “La excavación comenzó en 2005 pero hasta 2007 no se logró extraer, gracias a que la Administración de Vialidad Provincial hizo un camino para poder llegar al sitio donde estaba el fósil, a 1500 metros de la ruta. Por allí pudo acceder una grúa que hizo posible el rescate de los restos”.

Esqueleto del dinosaurio. / MEF
Los restos estaban en rocas sedimentarias extremadamente duras por lo que su preparación tardó cinco años. “Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que este animal tenía una combinación de caracteres única en terópodos o dinosaurios carnívoros, lo cual hizo que tuviéramos que revisar la anatomía de muchos otros grupos de especies emparentadas”, recuerda Rauhut. "Así, entre 2013 y 2015 viajé a colecciones en todo el mundo para compararlo con nuestro bicho".

Un mosaico de características

La paciente investigación tuvo sus frutos. Los científicos pudieron recuperar aproximadamente el 50 % del esqueleto del animal. “Pero en especial, tenemos el cráneo y mandíbulas completos, algo muy inusual en carnívoros”, destaca Pol. “En la parte superior del hocico y adelante de las órbitas tiene una serie de crestas y depresiones que son únicas. Es el representante más antiguo conocido de uno de los principales linajes, los alosauroideos, una familia de dinosaurios carnívoros”.

Lo que más intrigó a los investigadores desde un principio fue la mezcla de características únicas que tenía este ejemplar. “Nos habla del momento de explosión evolutiva en el que aparecieron la mayoría de las familias de dinosaurios carnívoros”, detalla el investigador argentino. “Durante estos períodos, la evolución se acelera rápidamente y se vuelve más caótica. Son usualmente seguidos de etapas de evolución más lenta en las que no surgen muchas novedades. Esto se conoce como 'equilibrio puntuado' en la teoría evolutiva y está presente en la historia de los dinosaurios. Este dinosaurio pertenece a uno de estos momentos de evolución acelerada y es una pieza clave para entender este período tan especial”. 
Los científicos pudieron recuperar el 50 % del esqueleto del dinosaurio, con el cráneo y mandíbulas completos 
Una nueva pieza del rompecabezas

Esta nueva especie vivió durante una época convulsionada del planeta. Por entonces, el supercontinente Pangea comenzó a desmembrarse en Laurasia y Gondwana y se formó el Océano Atlántico. Fue durante el Jurásico Medio en el que los dinosaurios y mamíferos se diversificaron.

El Asfaltovenator carga en su nombre con la historia y lugar de hallazgo: “Asfalto” por la Formación Cañadón Asfalto –que se formó hace alrededor de 171 millones de años–, “venator” (cazador en griego) y “vialidadi” en honor al trabajo de la Administración de Vialidad Provincial de Chubut que ayudó en la extracción.

Extracción de los fósiles de Asfaltovenator, en la provincia de Chubut 
(Argentina). / MEF
Con un cráneo de 80 cm de largo y filosas garras, Asfaltovenator no fue el único depredador de su época pero sí el más grande en comparación con el Condorraptor, Eoabelisaurus y Piatnitzkysaurus, con los que convivió. Pero, como indica Rauhut, “esta especie es bien distinta de todos los otros terópodos que conocemos”.

E nuevo integrante de la familia de dinosaurios hallados en Argentina –un paraíso paleontológico solo comparable con Estados Unidos, China y Mongolia– pone de manifiesto la incertidumbre que aún rodea las relaciones de los principales linajes de dinosaurios carnívoros. 
Con un cráneo de 80 cm de largo y filosas garras, no fue el único depredador de su época pero sí el más grande 
Su árbol genealógico es aun brumoso: “Estas etapas de 'revolución evolutiva' son sumamente difíciles de reconstruir –explica Diego Pol– porque precisamente la evolución se acelera y los linajes comienzan a diferenciarse tan rápidamente que es difícil trazar la historia de cómo ocurrieron los cambios y por lo tanto las relaciones entre las familias y las especies”.

Los fósiles del Asfaltovenator exhiben la diversidad biológica que hubo a lo largo de la historia de la vida. Como detectives del pasado profundos, Pol y Rauhut intentan descubrimiento tras descubrimiento armar el rompecabezas, reconstruir procesos y patrones, analizar las relaciones entre todas esas formas de vida.

Cuarenta especies de dinosaurios terópodos sudamericanos

Los primeros hallazgos de dinosaurios carnívoros en lo que hoy es Sudamérica ocurrieron a principios del siglo XX. En 1901, el paleontólogo inglés Arthur Smith-Woodward describió una especie encontrada en Cañadón Grande, Chubut, en la Patagonia,  a la que denominó Genyodectes serus. De nueve  metros de largo, habría vivido hace 116 millones de años.

Los descubrimientos escasearon hasta mediados de la década de 1960 cuando investigadores locales como el prócer de la paleontología argentina, José Bonaparte, dio con los restos de especies como Piatnitzkysaurus floresi, Carnotaurus sastrei y el Abelisaurus.

Aún así, el dinosaurio carnívoro más representativo de la región es el Giganotosaurus. Vivió hace 99 millones de años y era más grande que el famoso y mediático Tyrannosaurus rex.

En la actualidad hay descriptas alrededor de cuarenta especies de dinosaurios terópodos sudamericanos. Una lista en continua expansión, como lo demuestra el hallazgo del antiguo y misterioso Asfaltovenator.

Referencia bibliográfica: