Lo encontrado en Mato Grosso do Sul cambia nuestra visión sobre los niveles de oxígeno y vida primitiva en la Tierra
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Uno de los restos analizados en los que encontraron bacterias y algas fosilizadas |
El cambio de identidad de estos microfósiles tiene implicaciones ecológicas y evolutivas, ya que nos transporta al período Ediacárico, hace aproximadamente 540 millones de años. Anteriormente, si estos fósiles hubieran sido rastros de pequeños invertebrados, conocidos como meiofuna, habrían representado una de las evidencias más antiguas de este tipo de animal. No obstante, al confirmarse que se trata de microorganismos, la investigación propone que los océanos de la Tierra en esa época aún no contenían los niveles de oxígeno necesarios para que pudieran sobrevivir los pequeños invertebrados. Hubo que esperar hasta la posterior llegada del Cámbrico para que el aumento de oxígeno impulsara la rápida diversificación de la fauna que hoy conocemos en los registros fósiles.
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| Tomografía publicada junto con el estudio |
El análisis detallado de estos microorganismos desveló un ecosistema antiguo de una sorprendente complejidad biológica. Algunos de los especímenes contenían pirita, un mineral compuesto de hierro y azufre, lo que da a entender que podrían ser bacterias oxidantes de azufre. Curiosamente, aunque solemos imaginar a las bacterias como seres invisibles a simple vista, algunas de las especies de este grupo pueden ser grandes, alcanzando diámetros superiores al de un cabello humano. Además, los científicos identificaron tres grupos de diferentes tamaños conviviendo en estas comunidades microbianas, abarcando desde posibles algas verdes y rojas más grandes, hasta cianobacterias diminutas. Todas estas formas de vida prosperaron en un entorno marino poco profundo, justo en las etapas finales de la formación del supercontinente Gondwana.
El mismo equipo de investigación, respaldado por instituciones como la Universidad de São Paulo y la FAPESP, ya había demostrado su pericia al identificar previamente en la misma zona el fósil de liquen más antiguo del que se tiene registro. Con esta nueva investigación y su respectivo resultado, los científicos disponen ahora de una imagen mucho más nítida sobre las condiciones ambientales de la Tierra antes de que la vida animal compleja lograra florecer en los mares prehistóricos.


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