martes, 31 de marzo de 2026

Nuevos datos sobre fósiles revelan que el T. rex no era el rey de los dinosaurios. O, al menos, no el único

Hasta ahora, se daba por hecho que este depredador era el gran dominador del Cretácico. Sin embargo, nuevos análisis han demostrado que no estaba solo

Un fósil de tiranosaurio encontrado en Hell Creek (EFE/Michael Buholzer)
Nuevos fósiles hallados en la formación Hell Creek han reabierto uno de los grandes debates de la paleontología: si el Tyrannosaurus rex compartió territorio con otros tiranosáuridos. Como cuentan en New Scientist, la revisión de varios ejemplares sugiere que el depredador más célebre del Cretácico quizá no dominó en solitario. 

Durante décadas, la imagen de T. rex como único gran cazador de su ecosistema pareció incuestionable. Su cráneo ancho, su enorme fuerza de mordida y su tamaño colosal alimentaron la idea de que había desplazado a casi cualquier otro carnívoro de gran entidad en el oeste de Norteamérica, entre hace 69 y 66 millones de años. Sin embargo, varios fósiles redescubiertos y reinterpretados están alterando ese relato clásico.

Uno de los casos más citados es el llamado cráneo de Cleveland, encontrado en 1942. Durante mucho tiempo se atribuyó a un ejemplar juvenil de T. rex, aunque presentaba rasgos difíciles de encajar en esa hipótesis, como un mayor número de dientes en la mandíbula superior y piezas dentales más finas y cortantes. Esas diferencias llevaron a algunos investigadores a plantear que pertenecía a Nanotyrannus lancensis, un depredador más pequeño que habría convivido con el famoso rey tirano.

El fósil que cambió el debate

La discusión parecía inclinada a favor de la teoría del joven T. rex tras un estudio publicado en 2020 sobre los esqueletos parciales conocidos como Jane y Petey. El análisis de los anillos de crecimiento de sus huesos indicó que ambos animales tenían entre 13 y 15 años y seguían creciendo con rapidez. Aquello reforzó la idea de que no eran adultos de una especie distinta, sino tiranosaurios inmaduros que todavía debían alcanzar un tamaño mucho mayor.

Pero la aparición del célebre fósil de los Dueling Dinosaurs volvió a agitar el tablero. El pequeño tiranosáurido apodado Manteo, conservado junto a un Triceratops, mostraba una combinación de rasgos difícil de explicar como la de un juvenil de T. rex. Pesaba unos 700 kg, tenía brazos ligeramente más largos que los de un adulto gigantesco de esa especie, más huesos en la cola y, sobre todo, los anillos de crecimiento de sus patas apuntaban a que era un individuo prácticamente maduro.

A partir de ese hallazgo, los investigadores Lindsay Zanno y James Napoli propusieron una lectura distinta: en Hell Creek no habría un solo gran tiranosaurio y sus formas juveniles, sino varias especies emparentadas que compartieron espacio. Según esa reinterpretación, Manteo y el cráneo de Cleveland encajarían en Nanotyrannus lancensis, mientras que Jane podría corresponder a otra especie distinta. El panorama pasaba así de un único cazador dominante a una comunidad de depredadores mucho más compleja.

Un ecosistema más diverso

La tesis ganó aún más fuerza cuando otro trabajo examinó un hueso hioides del ejemplar de Cleveland y encontró señales compatibles con un animal casi completamente desarrollado. Aunque algunos especialistas mantienen reservas y recuerdan que aún se sabe poco sobre el crecimiento de ese hueso, la tendencia general ha cambiado. Lo que antes se interpretaba como simple juventud ahora empieza a verse, cada vez con más frecuencia, como diversidad real dentro del grupo de los tiranosáuridos.

Las implicaciones van mucho más allá del prestigio simbólico de T. rex. Si varios grandes depredadores coexistieron en los últimos ecosistemas dominados por dinosaurios, también habría que revisar cómo se organizaban esas comunidades antes de la extinción masiva. La presencia de más de un cazador relevante apuntaría a un entorno más estable y variado de lo que se pensaba, justo antes del impacto del asteroide que puso fin al reinado de los dinosaurios.

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