Scotty, el T-rex más grande conocido, conserva en una costilla fracturada una excepcional red de vasos mineralizados que revela cómo intentó recuperarse antes de morir hace 66 millones de años
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| Scotty se encontró en Saskatchewan, Canadá (Wikimedia Commons/Muhsatteb/CC BY-SA 4.0) |
La pieza conserva algo excepcional dentro del registro fósil: una extensa red de vasos sanguíneos mineralizados asociada a la zona dañada. El descubrimiento permite observar cómo respondió el organismo del T-rex después de sufrir la fractura, posiblemente durante un enfrentamiento con otro dinosaurio. La sangre rica en hierro habría llegado hasta la lesión mientras se desarrollaban pequeños vasos destinados a favorecer su recuperación, pero el proceso quedó interrumpido antes de que el hueso pudiera repararse por completo.
Los investigadores consideran que esa costilla rota ofrece una posible explicación sobre las circunstancias que precedieron a la muerte de Scotty. El animal habría fallecido antes de completar la curación y sus restos terminaron depositados en un entorno pantanoso salino, unas condiciones que ralentizaron la descomposición y favorecieron la conservación de estructuras extremadamente delicadas. Mauricio Barbi, profesor de física de la Universidad de Regina, destacó la singularidad del hallazgo: "Es como ganar la lotería", afirmó sobre la presencia de los vasos mineralizados.
Una radiografía del T-rex
Para investigar el interior de la costilla sin destruir un fósil irreemplazable, el equipo recurrió a imágenes mediante neutrones, rayos X, radiación sincrotrón y técnicas microscópicas. Los neutrones son especialmente útiles para detectar elementos ligeros y regiones relacionadas con tejidos blandos, mientras que los rayos X permiten estudiar con mayor precisión materiales más densos. La combinación de ambas aproximaciones permitió construir imágenes tridimensionales y analizar las señales dejadas por la lesión a escala celular.
El trabajo sobre la costilla comenzó años antes de las últimas pruebas realizadas en Oak Ridge. En 2020, Jerit Mitchell, entonces estudiante de la Universidad de Regina, detectó evidencias de vasos sanguíneos mediante microtomografía computarizada en el Canadian Light Source. Posteriormente, el equipo amplió el estudio con radiación sincrotrón y, ya en abril de 2026, utilizó los instrumentos MARS y VENUS del ORNL para comprobar los resultados anteriores y penetrar en el interior de muestras de mayor tamaño sin alterarlas.
El caso de Scotty muestra hasta qué punto las nuevas tecnologías pueden convertir los fósiles en una especie de historial médico de animales extintos. Marcella Berg, profesora asistente de física de la Universidad de Regina, explicó: "Los neutrones no solo corroboraron lo que encontramos con técnicas de radiación sincrotrón que condujeron al descubrimiento de vasos sanguíneos en la costilla de Scotty, sino que también demostraron ser una incorporación muy valiosa a nuestros estudios actuales en busca de conservación de tejidos blandos en fósiles". Ahora, los científicos pretenden aplicar estos métodos a otros huesos, escamas y restos fósiles para comparar lesiones y patrones de curación entre distintas especies de dinosaurios.

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