sábado, 19 de septiembre de 2026

Los fósiles de dinosaurios, el último fetiche de los ricos: “Hay quien disfruta sabiendo que solo lo puede admirar él”

Piezas paleontológicas se venden por sumas millonarias junto a obras de arte, una tendencia que preocupa a los expertos por su impacto en el avance de la ciencia

Un empleado de Sotheby's inspecciona la figura de 'Apex' el Stegosaurus, un fósil
de 150 millones de años de antigüedad, el espécimen de Stegosaurus más completo
 y mejor conservado. Nancy Kaszerman ( Zuma Press / Contacto)
“Mira, con esto yo resuelvo el origen de las víboras”, espetó hace unos años un coleccionista europeo al paleontólogo argentino Federico Agnolín. Cerró el cajón y condenó al fósil a la oscuridad. “Era como una viborita ciega, un bicho que nunca vio la luz de la ciencia. Es muy complicado el tema. No puedo contar mucho más”, reconoce hoy el científico. Este verano, el diario The Guardian reveló que una de las colecciones más fantásticas de fósiles del Jurásico del Reino Unido había sido vendida a un museo en Abu Dabi, lo que los expertos británicos describían como una pérdida irreparable para una nación acostumbrada a que los tesoros de vitrina hagan el viaje opuesto. Los 318 especímenes reunidos por un coleccionista privado de fósiles alcanzaron una “suma de ocho cifras”.

Las subastas públicas de fósiles, como las que organiza habitualmente la firma Sotheby’s, son cada vez más frecuentes y lucrativas. Desde los más de 7 millones de euros que se pagaron por el tiranosaurio Sue en 1997 hasta los más de 43 millones desembolsados este año por Gus, otro ejemplar de esa especie, en una puja que apenas duró 10 minutos. Actores de renombre han comprado sus dinosaurios, como Leonardo DiCaprio, Russell Crowe y Nicolas Cage. Este último tuvo que devolver una cabeza de un tarbosaurio por la que había pagado 246.000 euros al descubrirse que se había robado en Mongolia. Porque la fiebre del fósil puede llevar a adquisiciones irregulares, aunque en principio todo parezca legal.

“Un fósil es invaluable porque es una pieza única que da la naturaleza. El valor es científico, exclusivamente”, defiende Agnolín. “Hay coleccionistas, gente que tiene mucha plata, que no sabe qué hacer con el dinero y se dedica a coleccionar fósiles. No podemos permitir que, simplemente porque a una persona le gusta y lo quiere tener sobre la ventana, la humanidad se pierda del conocimiento. Y eso pasa mucho”, cuestiona el paleontólogo argentino.

Una "rara garra" de dinosaurio se ofrece en Sotheby’s por un
 precio de entre 5.000 y 8.000 dólares (unos 4.300-6.900 euros).
  
Sotheby’s
Agnolín se ha topado muchas veces con escenas como la de la víbora ciega y está convencido de que el fenómeno es el nuevo fetiche de los ricos. “El coleccionista busca lo raro. Conozco mucho ese mundo. Está el que tiene el Tiranosaurus rex, que se lo quiere mostrar a los amigos, y está el que tiene una especie nueva, sin clasificar por la ciencia, que disfruta sabiendo que solo la puede admirar él, aunque esa pieza pueda resolver un problema científico importante”.

Ahí radica el centro de la polémica. Mientras los multimillonarios invierten en fósiles, la comunidad científica se preocupa por cómo esa tendencia puede bloquear el avance de la investigación.

Regulaciones irregulares

En muchos lugares donde el comercio de fósiles es legal, los propietarios no están obligados a comunicar a las instituciones científicas la existencia de las piezas que adquieren, aunque su valor científico sea precisamente lo que le otorga importancia. Sin la información técnica, cualquier fósil sería un simple hueso o una mera roca extraña.

En Estados Unidos y en algunos países europeos existe un mercado legal de fósiles, aunque las normas varían considerablemente según la jurisdicción y el tipo de terreno en el que hayan sido hallados. En España y América Latina, en general, está prohibida cualquier transacción de ese tipo y los hallazgos son patrimonio de cada nación. No hay un ordenamiento internacional que unifique reglas mínimas para regular este mercado, por lo que los coleccionistas aprovechan las zonas grises de cada región y los traficantes consiguen sacar ventaja de la disparidad legal.

“Muchas veces se aprovechan esos grises legales para hacer lo que se conoce como huaquerismo, que es la extracción de restos arqueológicos o paleontológicos para llevarlos fuera del país”, advierte el paleontólogo Horacio Padula, subgerente en la Dirección General Patrimonio de la Ciudad de Buenos Aires y gestor de la ley argentina de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico, modificada en 2003. “Yo lo he visto, como lo ha visto mucha gente; en la puerta del Museo de Ciencias Naturales funcionaba una feria donde vendían fósiles”, recuerda Padula.

Vender un fósil argentino en el exterior es ilegal, pero uno estadounidense, no. “Estos países —donde el comercio de fósiles es lícito— tienen otra política. Aquello que el Estado no pueda o no le interese proteger, sería apropiable”, sintetiza María Luz Endere, doctora en arqueología e investigadora experta en legislación y gestión del patrimonio cultural. “Ahí aparece la especulación porque es una manera de invertir, como quien compra arte. Podés comprar un dinosaurio para mantener una inversión”, compara.

“¿Cómo legislar para decidir que se pueden comprar fósiles, pero solo aquellos irrelevantes para la ciencia? ¿Cómo saber cuál es el que no resolverá un enigma científico?”, cuestiona Agnolín. “Una vez fuimos a estudiar un material a Alemania, que es el gran concentrador de fósiles del resto del mundo, y había un dinosaurio emplumado de China que tenía el esternón como si fuera el de un pollo. Es el hueso que permite a las aves abrir las alas para volar. Era la transición perfecta entre un dinosaurio y un ave. Había sido comprado de manera ilegal”, recuerda todavía indignado.

La tradición de comerciar con la prehistoria

En países anglosajones, la compra y venta de piezas prehistóricas es, además de legal, una antigua tradición. La feria de minerales de Tucson, en Arizona, Estados Unidos, tiene más de 70 años y es la más importante del mundo. Miles de expositores ofrecen minerales, gemas y fósiles.

En Reino Unido el comercio de fósiles siempre estuvo permitido. En ese contexto surgieron figuras pioneras como Mary Anning, que logró ganarse la vida y su fama vendiendo los fósiles que encontraba en la costa de Lyme Regis. Hoy abundan tiendas de fósiles y talleres de preparación, donde los pulen con precisión. En sitios como la Costa Jurásica, en Dorset, se rigen por un código de conducta general que, entre otros puntos, distingue dos tipos de fósiles: los de alta importancia científica y los de importancia relativa. Solo es obligatorio registrar los primeros, que refieren a especies potencialmente nuevas, raras o de preservación excepcional.

Pero el imperio se resiente: los fósiles que acabaron en Abu Dabi hicieron ese viaje porque ningún museo británico pudo comprarlos. Cientos de criaturas marinas como el ictiosaurio y especies que podrían ser nuevas emigraron a otro continente.

La tendencia de los ricos a invertir en fósiles es, para el paleontólogo Sebastián Apesteguía, el resurgimiento de la desigualdad imperial: “Es como un regreso al mundo romano, cuando la diferencia de poder entre una persona rica y la plebe era tanta que se podían dar el lujo de tener objetos imposibles”. El imperio inca también lo hizo. “Túpac Yupanqui cuando navegó hacia la Polinesia trajo restos de ballenas para tener en el palacio, una silla de latón y esclavos de piel muy oscura. Los trajo como trofeo para ostentar esos objetos imposibles de otros lugares del mundo”, relata Apesteguía que es también un estudioso de los pueblos originarios de América.

Las leyes laxas son, para Agnolín, perfectas para naciones saqueadoras. “Están hechas para ellos, porque necesitan permitir el ingreso de fósiles de otros países”, asevera. Lo que impera en esta tendencia es, para el científico argentino, una idea horrible, que es que con dinero puedes hacer cualquier cosa y cumplir todos tus caprichos. “Cada vez más los villanos del mundo real se parecen más a los de las historietas, que creen que pueden acceder a la vida eterna. Esta locura que está pasando con los fósiles es parte de eso. De villanos que parecen sacados de Batman. Los Estados tendrían que poner un freno ahí. Esto se trata de comprender la historia de la vida en la Tierra y eso le pertenece a la humanidad”, expresa.

El precio de la historia

  • Gus. T. rex. Vendido en julio de este año por la casa de subastas Sotheby’s, en Nueva York, por 50,1 millones de dólares (43 millones de euros, aproximadamente) en 10 minutos. Es uno de los esqueletos de Tyrannosaurus rex más completos.
  • Ceratosaurus nasicornis. Vendido en 2025 por 30,5 millones de dólares (cerca de 26,2 millones de euros) por Sotheby’s. Tiene una antigüedad 150 millones de años. Solo hay cuatro en el mundo. El que se vendió es el único juvenil. Pertenecía al Museo de la Vida Antigua, de Utah, Estados Unidos. El comprador anónimo prometió cederlo a otra institución para que siga expuesto, pero hasta hoy su localización es privada. En la misma subasta, se vendió un meteorito.
  • Stegosaurio Apex. Vendido en 2024 por 44,6 millones de dólares (unos 38,4 millones de euros) al financista Ken Griffin. El magnate lo prestó al museo Museo Americano de Historia Natural donde se lo puede ver hasta 2028. Fue hallado en 2022 y hay 80 ejemplares en el mundo. Apex es uno de los esqueletos más completos. Griffin se comprometió a financiar la investigación que pueda aportar más detalles sobre su especie, crecimiento, metabolismo y desarrollo esquelético.
  • T. rex Stan. Vendido en 2020 por 31.847.500 dólares (equivalentes a unos 27,4 millones de euros) a un anónimo en una subasta virtual, entre obras de arte, en EEUU. Estuvo desaparecido durante dos años hasta que el Museo de Historia Natural de Abu Dabi, inaugurado a finales del año pasado en la capital de Emiratos Árabes, anunció su exhibición. Tiene 67 millones de años, fue hallado en 1987 en la Formación Hell Greek y es uno de los esqueletos más completos. Es el más caro de la historia, hasta ahora.
  • Esqueletos de Allosaurus y un Diplodocus. Vendidos en 2018 por la casa Binoche et Giquello en París, por 1.150.000 y 1.180.000 de euros, respectivamente.
  • Cráneo de Triceratops, vendido en 2017 (también en París), por 177.800 de euros a un multimillonario chino, propietario de una cadena de hoteles.
  • Allosaurus y mamut siberiano. Vendidos en 2016 y 2017 por la casa de subastas Aguttes a más de 1,1 millón de euros el primero y 548.000 el segundo.
  • Cráneo de Tarbosaurus (del linaje de los T. rex). De 67 millones de años. Vendido en 2007 a Nicolas Cage por 246.000 euros. Tuvo que devolverlo cuando se descubrió había sido robado de Mongolia.
  • T. rex “Sue”. Vendido en 1997 por 8,3 millones de dólares (7,1 millones de euros, aproximadamente) al Museo Field de Chicago.

elpais.com

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