Unas marcas de mordeduras en la mandíbula de un joven Albertosaurus hallado en Alberta sugieren que un pequeño dromeosáurido se alimentó de su cadáver hace unos 70 millones de años. Los investigadores no descartan, sin embargo, un caso de canibalismo.
El estudio, publicado en Journal of Paleontology, sugiere que el responsable fue probablemente un dromeosáurido, el grupo de dinosaurios conocidos popularmente como raptores. Si la interpretación es correcta, sería la primera evidencia documentada de un dromeosáurido alimentándose de un tiranosáurido.
![]() |
| El lugar del hallazgo. Crédito: J.A. Doyon et al. 2026 |
La víctima: un Albertosaurus inmaduro
El fósil pertenece a un ejemplar inmaduro de Albertosaurus sarcophagus, una especie que vivió entre hace 73 y 67 millones de años en el Cretácico superior. Su nombre combina “Alberta”, la provincia canadiense donde se encontraron sus restos, y la palabra griega que significa “devorador de carne”.
Era un tiranosáurido, emparentado con el Tyrannosaurus rex, pero no era la misma especie. Los Albertosaurus podían alcanzar unos seis metros de longitud y una masa estimada de 533 kilogramos. El ejemplar estudiado no era adulto: había alcanzado un tamaño considerable, pero aún estaba en crecimiento. Los análisis de un fragmento de hueso de una extremidad revelaron al menos ocho años de edad, y probablemente diez u once. Es decir, era un animal inmaduro, no un gran adulto.
Los restos aparecieron en 2022 en las tierras baldías de Alberta. Un particular encontró los huesos y avisó a especialistas del Royal Tyrrell Museum of Palaeontology, que los recogieron y prepararon. Durante ese trabajo se detectaron unas marcas que parecían mordeduras. El material se envió después a la Universidad de Alberta para estudiarlo con más detalle. Incluye fragmentos de mandíbula y maxilar, dientes asociados y parte de un hueso de una extremidad. Es, de hecho, el cráneo asociado más pequeño de Albertosaurus descrito hasta la fecha.
Unas marcas difíciles de interpretar
Identificar qué animal dejó una marca en un hueso fósil no es sencillo. Una mordedura no conserva siempre la forma completa del diente. Su aspecto depende del ángulo, de la fuerza aplicada y del movimiento de la mandíbula mientras el animal se alimentaba. Además, en el Cretácico superior de Alberta convivieron varios carnívoros, y una misma marca pudo ser producida por especies distintas.
En este caso, los investigadores examinaron dos conjuntos de marcas en la mandíbula del Albertosaurus: uno en el surangular, un hueso de la parte posterior de la mandíbula inferior, y otro en el esplenial, en su cara interna. Las marcas indican que unos dientes se deslizaron sobre el hueso. En una de ellas se conservan pequeñas estrías producidas por las dentículas, las diminutas serraciones de los bordes de los dientes de muchos dinosaurios terópodos. Su separación y disposición ayudan a deducir cómo era la dentición del animal responsable.
![]() |
| Marcas de mordeduras en la mandíbula. Crédito: J.A. Doyon et al. 2026 |
Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es el método geométrico empleado. Cuando un diente se desplaza sobre un hueso en diagonal respecto a la hilera dental, la distancia aparente entre las marcas puede ser menor que la separación real entre los dientes. Si no se corrige ese ángulo, se puede calcular mal la dentición y atribuir las marcas al animal equivocado. Los autores desarrollaron un procedimiento para corregir esas mediciones. No elimina todas las incertidumbres, pero permite comparaciones más precisas.
Con esa corrección, las marcas con estrías dentales encajan bien con los dromeosáuridos y mal con los tiranosáuridos o troodóntidos analizados. Otras marcas son más ambiguas: según la orientación que se considere, podrían ser compatibles con más candidatos. Por eso los autores no afirman que la identificación sea absoluta. Su conclusión es que los dromeosáuridos son la explicación mejor respaldada, aunque no puede excluirse del todo la intervención de un tiranosáurido muy joven.
Un carroñero mucho más pequeño
A partir de las marcas, los investigadores estiman que el posible autor medía entre dos y 2,9 metros de longitud. Frente a los seis metros y 533 kilogramos del Albertosaurus, la diferencia de masa pudo alcanzar una proporción de 30 a 1. Es decir, un animal muchísimo menor que la víctima.
Eso no significa que el dromeosáurido matara al Albertosaurus. Las marcas no muestran señales de curación o remodelación del hueso, así que se produjeron alrededor del momento de la muerte o después. Eso permite interpretarlas como huellas de alimentación, pero no demuestra que el pequeño dinosaurio causara la muerte. Los investigadores consideran más probable que se tratara de carroñeo: el aprovechamiento de un cadáver ya disponible.
Los dromeosáuridos son los famosos “raptores” de la cultura popular, aunque las especies reales eran diversas y no exactamente como las de Jurassic Park. Tenían dientes serrados y una gran garra curvada en el segundo dedo del pie. En el Cretácico de Alberta vivió, por ejemplo, Atrociraptor marshalli, una de las especies consideradas como posible autora de las mordeduras.
Antes de este hallazgo ya se conocían marcas atribuidas a dromeosáuridos en restos de otros animales, como pterosaurios y dinosaurios herbívoros. Lo que faltaba era una prueba convincente de que también aprovecharan cadáveres de tiranosáuridos.
La alternativa: canibalismo
Si las mordeduras no las hizo un dromeosáurido, pudieron ser obra de un Albertosaurus juvenil. En ese caso, el fósil documentaría un episodio de canibalismo entre tiranosáuridos. El responsable habría sido mucho más pequeño que la víctima y podría haber tenido menos de dos años, con unos 2,9 metros de longitud.
El canibalismo no es desconocido entre tiranosáuridos. Ya existían evidencias publicadas de canibalismo en Albertosaurus y de marcas de alimentación sobre individuos de su propio grupo. Sin embargo, que un animal tan joven se alimentara de otro mucho mayor es, en este caso, solo una hipótesis. Algunas mediciones no permiten eliminar por completo esa posibilidad, pero la comparación de las marcas favorece al dromeosáurido.
También hay otra limitación: no se puede demostrar que todas las marcas se produjeran en un único episodio de alimentación. Pudieron intervenir uno o varios individuos, de la misma especie o incluso de especies diferentes. El fósil conserva señales de una interacción biológica, pero no una secuencia completa de lo ocurrido.
Qué significa este hallazgo
La principal conclusión del trabajo es que los dromeosáuridos probablemente participaron en el aprovechamiento de cadáveres de grandes tiranosáuridos. Si la interpretación es correcta, sería la primera evidencia documentada de alimentación o carroñeo de un dromeosáurido sobre un tiranosáurido.
Esto encaja con una idea importante: los ecosistemas no solo están formados por animales que cazan y animales que son cazados. Los cadáveres también son recursos. Un pequeño carnívoro que difícilmente podría enfrentarse a un adulto sano puede aprovechar sus restos. Así, el hallazgo ayuda a reconstruir redes alimentarias más complejas en el Cretácico.
Los autores señalan además que las relaciones entre dromeosáuridos y tiranosáuridos pudieron ser recíprocas. En un estudio anterior se describieron marcas atribuidas a un pequeño tiranosáurido sobre la mandíbula de un dromeosáurido. Junto con el nuevo hallazgo, eso sugiere que unos y otros podían alimentarse de los restos del otro grupo. Pero una cosa es documentar un episodio concreto y otra demostrar que fuera una conducta frecuente. Un fósil no establece por sí solo qué importancia tenía ese comportamiento en la dieta de una especie.
El yacimiento se encuentra en la formación Horseshoe Canyon, en el valle del río Red Deer, unos cinco kilómetros al norte del puente de Morrin. Es una zona de barrancos y afloramientos sedimentarios que ha proporcionado gran cantidad de fósiles del Cretácico. El estado fragmentario de los restos limita lo que puede reconstruirse, pero el estudio combinó anatomía comparada, histología y análisis geométrico de las mordeduras.
Una versión de este artículo también está disponible en inglés: Read this article in English
FUENTES
Doyon JA, Brown CM, Therrien F, Currie PJ. Evidence for dromaeosaurid scavenging on Albertosaurus (Dinosauria: Tyrannosauridae). Journal of Paleontology. Published online 2026:1-21. doi:10.1017/jpa.2026.10269



No hay comentarios:
Publicar un comentario