viernes, 22 de enero de 2016

Una técnica láser desvela el fin de la lactancia de un niño de Atapuerca

  • Una novedosa técnica láser ha revelado un cambio brusco en la dieta de un 'Homo heidelbergensis', entre los dos y cuatro años, que podría haberse producido por el destete.
  • La Universidad Complutense de Madrid ha utilizado la desconocida ablación láser mediante la cual irradian las muestras dentales con rayos de alta precisión.
La campaña de Atapuerca confirma la presencia de homínidos hace 1,3 millones de años.

















Una novedosa técnica láser ha revelado un cambio significativo y brusco en la dieta de un 'Homo heidelbergensis' entre los dos y los cuatro años, y los científicos de la Universidad Complutense de Madrid han interpretado que la explicación más plausible es que se produjo por el destete.

Un equipo internacional de científicos de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) utilizó una nueva técnica llamada la ablación láser mediante la cual irradian las muestras dentales con rayos láser de alta precisión proporcionando datos que antes se desconocían.

Nuria García García, investigadora del departamento de Paleontología de la UCM, explicó que de los dos dientes humanos que se analizaron, un canino y un incisivo, el primero reveló “un cambio significativo y brusco en la dieta del individuo. "Aunque debemos tomar con cautela la interpretación, esta alteración se produjo en la sección del diente que se forma cuando se produce el destete en los niños, algo que nos parece muy relevante"”, precisó.

"Las moléculas que ingerimos cuando comemos se incorporan a todos los tejidos de nuestro cuerpo, incluyendo el pelo, la piel, los dientes y los huesos", agregó García García. "Dado que los dientes crecen a lo largo del tiempo, podemos analizar las moléculas para averiguar si ha habido cambios en la dieta", apostilló.

El incisivo, en cambio, no mostró alteraciones en la proporción isotópica del carbono, lo cual no descarta que no hubiera cambios en su dieta porque de acuerdo a los investigadores, al ser un incisivo central, el crecimiento del diente podría haber finalizado antes de producirse el destete.

Por lo tanto, desconocen si con el diente ya formado ocurrió algo que pudo cambiar las pautas alimenticias y que el incisivo no lo refleja.

Juan Luis Arsuaga, codirector de las excavaciones y catedrático de Paleontología de la UCM, explicó que la técnica consiste en irradiar las muestras con rayos láser y analizar la proporción entre los isótopos de carbono 13 y el carbono 12 para saber los cambios relacionados con la dieta.

jueves, 21 de enero de 2016

Un nuevo dinosaurio del Jurásico en Gales

BOB NICHOLLS
Este es el dinosaurio más antiguo de Reino Unido. Sus restos los descubrieron dos hermanos Nick and Rob Hanigan en 2014 en una playa cerca de Penarth, en Gales. Se trata de un terópodo juvenil carnívoro al que han denominado Dracoraptor hanigani, según un estudio publicado en la revista PLoS ONE. El trabajo, liderado por David Martill de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido), describe el cráneo y los huesos fósiles del nuevo dinosaurio.

El animal, pariente lejano del Tyrannosaurus rex, era ágil y pequeño, solo medía unos 200 cm de largo y 70 cm de altura. Su cola era larga, probablemente para ayudarle a mantener el equilibrio. Dracoraptor hace referencia al dragón, que es el símbolo nacional de Gales. Además, el nombre de la especie honra a los hermanos Hanigan.

Dracoraptor hanigani vivió a principios del período Jurásico –hace 201 millones de años–, cuando el sur de Gales era una región costera (como hoy). Sin embargo, entonces el clima era mucho más cálido, y los dinosaurios estaban empezando a diversificarse.

La comunidad neolítica del Alto del Reinoso siguió unida en la muerte

-ARQUEOLOGÍA-

Las excavaciones fueron desarrolladas por un equipo de la Universidad de Valladolid
liderado por Manuel Rojo. Universidad de Valladolid.
En el Puerto de la Brújula, situado en la provincia de Burgos en la carretera N-1, se asentó una comunidad humana alrededor del año 3700 a.C. Entre Monasterio de Rodilla y Fresno de Rodilla, en línea recta, se encuentra el Alto del Reinoso donde se ha estado trabajando, entre 2006 y 2007, en un yacimiento funerario neolítico. Los resultados de este estudio internacional se conocen ahora y se publican en la revista científica PLOS ONE.
Parentesco. Las excavaciones, enmarcadas en un estudio internacional, han mostrado que 47 individuos emparentados fueron enterrados juntos en el 3700 a.C.
Este yacimiento funerario del Alto del Reinoso contiene los restos de una comunidad local con estrechos vínculos de parentesco que permaneció unida tanto en la vida como en la muerte, ya que los estudios e investigaciones realizados con los restos óseos han demostrado que la mayoría de ellos estaban emparentados. Aquí reside parte de la importancia de este estudio, según Manuel Rojo, de la Universidad de Valladolid y director del equipo arqueológico, «es una de las primeras veces que en España se realiza un estudio tan completo de los restos a nivel genético, de isótopos o estroncio sobre una tumba concreta. La importancia son las relaciones familiares que se han extraído de estos análisis», explica Rojo. El estudio ha sido liderado por Kurt W. Alt, de la Universidad Privada del Danubio (Austria), director del equipo de Antropología Física y Genética; Manuel Rojo Guerra, de la Universidad de Valladolid y director del equipo arqueológico; y Rafael Garrido-Pena, de la Universidad Autónoma de Madrid.

Sepulcro comunal
A través de este estudio, los investigadores examinaron la tumba megalítica del Alto del Reinoso y han proporcionado una interpretación general sobre la comunidad que la usó como sepulcro comunal. Para ello han empleado diversas técnicas arqueológicas y genéticas así como análisis de isótopos, entre otros estudios. Los investigadores han identificado al menos 47 individuos, tanto adultos como adolescentes, que fueron enterrados en esta tumba durante un periodo de, al menos, 100 años. A partir de los datos genéticos y de isótopos, los autores sugieren que la sepultura contuvo los restos de una comunidad con estrechos vínculos familiares. Como apunta el docente e investigador Rojo, la tumba consta de dos niveles diferentes, «en el primer nivel encontramos unos 10 individuos casi completos y depositados en conexión anatómica, por el ADN mitocondrial sabemos que estos tenían relaciones de parentesco por vía materna. En la parte inferior estaban más estrechamente relacionados entre sí, hasta el punto de haberse documentado algunos que se entierran juntos», explica el investigador. Incluso algunos de los inhumados aparecen abrazados y muestran fuertes lazos de parentesco entre ellos.
Además, por los análisis de estroncio realizados, concluyeron que esta comunidad debió de vivir cerca de la tumba y bastante aislada de otros asentamientos. «De los 47 individuos que hemos identificado solo dos debieron de desarrollar su vida más alejados de allí, por lo que indican los niveles de estroncio», reflexiona Rojo.
Este docente también explica que los esqueletos de la parte superior mostraban signos de manipulación, como partes del esqueleto que faltaban, «se han encontrado más cráneos en relación con el resto de huesos», lo que sugiere que se extrajeron restos óseos para entrar a más individuos.
Entre los individuos hay una escasa presencia de infantiles. El estudio de isótopos apunta hacia la presencia de una dieta muy homogénea y se ha concluido que presentaban un número moderado de patologías como artrosis, fracturas curadas, traumas craneales y una baja frecuencia de caries. Dado que no se han documentado restos de cimentación o zócalo, los investigadores creen que la estructura que rodeaba o señalaba el enterramiento sería una especie de choza vegetal, similar a las frágiles cabañas que tendrían sus asentamientos.

Los investigadores afirman que este puede ser el primer estudio que proporcione una imagen tan a fondo de esta comunidad en la vida y en la muerte.

El Museo de Ciencias Naturales de la UZ digitaliza en 3D algunas de sus piezas más significativas

Algunas de las piezas más significativas del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza (UZ) están siendo digitalizadas en 3D estos días, en el marco de un proyecto subvencionado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte con el objetivo de facilitar a través de Internet el acceso a estas piezas, tanto a investigadores como a cualquier persona interesada que no puede desplazarse al Museo y que de ninguna otra manera podría observarlas con todo detalle.

Los fósiles seleccionados incluyen al cocodrilo de Ricla; un ejemplar de la rana terciaria de Libros (Teruel); una pista fósil de invertebrados; un cubil de hienas y el pez devónico, ejemplares destacados y algunos de ellos únicos en el mundo que, gracias a esta iniciativa podrán ser divulgados a nivel global, ha informado la institución académica en una nota de prensa. 

El proyecto, realizado en colaboración con el Museo Jurásico de Asturias, incluye la realización de nuevos modelos tridimensionales hiperrealistas en alta calidad de estos fósiles, que se integrarán en un innovador visor 3D accesible desde Internet, dispositivos móviles o pantallas interactivas a través del cual se podrán visualizar las imágenes de estas piezas desde todos sus ángulos y perspectivas. 

La resolución de las imágenes permitirá incluso hacer un zoom con un aumento "nunca antes logrado", de manera que se observarán detalles con total definición, incluso particularidades de sus estructuras o materiales que no se aprecian a simple vista, han apuntado las mismas fuentes. 

Primera fase 

La empresa zaragozana Paleoymas y la asturiana Fundación ITMA son las encargadas de la digitalización de estos fósiles. El proceso está ahora en su primera fase, la de obtención de los datos 3D. Para ello, un equipo técnico estará hasta este miércoles fotografiando y escaneando las piezas seleccionadas en los tramos horarios en los que el Museo de Ciencias Naturales está cerrado.

Los datos obtenidos estos días se procesarán después mediante el uso de software y hardware especializados para este tipo de tecnologías para construir modelos digitales tridimensionales fieles a la realidad. 

Finalmente, estos modelos digitales se tratarán con programas específicos para adecuarlos a la ventana virtual expositiva, donde van a ser mostrados junto a la información sobre cada fósil. 

Las imágenes se pondrán a disposición del público a través de los portales oficiales de los museos presentes en el proyecto y se cederán también a los órganos competentes de ambas Comunidades autónomas y al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para su promoción internacional a través de la web 'www.españaescultura.es'.

Un crustáceo del Jurásico con ojos que matan

















París, Francia | AFP | Tenía dos enormes ojos globulosos que cubrían casi la cuarta parte de su cuerpo: el Dollocaris, una especie de crustáceo primitivo del Jurásico, fue probablemente un temible depredador para los camarones de su época, reveló un estudio.

Un equipo internacional acaba de reconstruir la estructura tridimensional de los ojos de este fósil de 160 millones de años. Fue descubierto en Ardèche (sudeste de Francia), en La Voulte-sur-Rhône, un yacimiento conocido por sus fósiles de organismos marinos.

“No se conocían ojos tan bien fosilizados de épocas tan antiguas”, explicó a la AFP Jean Vannier, director de investigaciones del laboratorio de geología de Lyon, sur de Francia, que dirigió el estudio publicado en la revista Nature Communications.

Dollocaris forma parte de un grupo de artrópodos marinos extinguidos. Medía entre 5 y 20 cm de largo y podía nadar. Protegido por una caparazón, un poco como un cangrejo, tenía tres pares de apéndices prensiles que le permitían atrapar a sus presas.

Pero su signo más particular eran unos ojos compuestos hipertrofiados, cada uno con unas 18.000 facetas, un récord exceptuando a las actuales libélulas que poseen aún más.

Gracias a su visión sofisticada y probablemente eficaz, Dollocaris podía detectar a sus presas, seguirlas y capturarlas mediante sus tres pares de apéndices. Dollocaris desapareció al final del período Cretácico, como los dinosaurios, hace unos 66 millones de años.

martes, 19 de enero de 2016

El esqueleto íntegro de un dinosaurio 'bebé' de 75 millones de años entusiasma a los científicos

Gracias a este descubrimiento, los paleontólogos podrán saber cómo la especie Chasmosaurus crece y madura, permitiéndoles, asimismo, llenar 'huecos evolutivos'.

Imagen reconstruida de una cría de Chasmosaurus / uofa.ualberta.ca / Michael Skrepnick















Una cría de dinosaurio descubierto hace seis años en tierras baldías de Alberta, Canadá, ha sido finalmente descrito por los científicos en un estudio que podría contribuir a dar respuestas a misterios evolutivos. El esqueleto, íntegro e increíblemente bien conservado, pertenece a un Chasmosaurus de tres años que murió hace 75 millones de años.

Los paleontólogos de la Universidad de Alberta, que publicaron los resultado en 'Journal of Vertebrae Paleontology' subrayan lo sorprendente del descubrimiento y de los rasgos físicos que presenta el fósil y que podrían cambiar comprensión de la historia de vida de los dinosaurios con cuernos.

Este Chasmosaurus mide 1,5 metros de longitud y pesaba unos 100 kilogramos cuando murió. Era tan joven que su vértebra no se había fusionado correctamente, sus miembros no estaban totalmente coordinados, y su hocico era particularmente corto. Su gola ornamental no solo era menor que la de un adulto, sino que también tenía forma diferente. La parte trasera no era amplia y cuadrada, algo típico para esta especie.

Con este descubrimiento los paleontólogos se encuentran ante la oportunidad única de entender cómo la especie crecía y maduraba hasta convertirse en adulto.

actualidad.rt.com

Un estudio científico eleva el balance de daños del meteorito que acabó con los dinosaurios

Dos investigadores zaragozanos hallan en Túnez indicios de que la hecatombe, que se llevó por delante al 70% de las especies animales terrestres, fue más severa de lo que se pensaba, tal y como atestigua la desaparición de un grupo de organismos microscópicos del plancton

El micropaleontólogo Ignacio Arenillas, durante los trabajos de investigación 
en la costa de Túnez./Unizar.es














EDUARDO BAYONA

ZARAGOZA .- Los efectos del impacto del meteorito que hace 66 millones de años exterminó a los dinosaurios fueron mayores de lo que hasta ahora se estimaba. Así lo apunta una investigación que los micropaleontólogos de la universidad de Zaragoza, Ignacio Arenillas y José Antonio Arz han desarrollado en Túnez, donde han hallado indicios de que la hecatombe, que se llevó por delante al 70% de las especies animales terrestres, prácticamente erradicó un grupo completo de microorganismos del plancton, claves para la vida marina.

Los investigadores, especializados en el estudio de unos fósiles microscópicos llamados foraminíferos planctónicos, centran su trabajo en el “evento de extinción” que provocó un meteorito en el llamado “límite KT”, en el tránsito de la era cretácica a la terciaria. Este tipo de protozoos, que llevan formando parte del plancton marino desde el Jurásico, hace 160 millones de años, resultan clave en la paleontología para estudiar los cambios climáticos y la evolución de los océanos en el pasado o los eventos de extinción.

De hecho, resultaron claves para determinar la edad exacta del impacto de un gran asteroide a finales del Cretácico. Las dataciones de Arenillas y Arz, miembros del Departamento de Ciencias de la Tierra y del Instituto de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón, publicados en 2010 en la revista Science, permitieron establecer la coincidencia temporal de la extinción del límite KT con el impacto del meteorito Chicxulub, una roca de diez kilómetros de diámetro, en la península mejicana de Yucatán.

Una extinción casi total de los protozoos del plancton

El hallazgo de una nueva especie –fosilizada- de estos protozoos echa por tierra las teorías que hasta ahora apuntaban a que las especies actuales de foraminíferos planctónicos procedían de unas pocas que hace 66 millones de años habrían sobrevivido a la extinción. Y, por el contrario, aporta indicios de que su extinción fue prácticamente total. El plancton, que agrupa a algas, protozoos y otros organismos que flotan en la superficie de las masas de agua oceánicas, resulta clave para mantener el equilibrio ecológico y las cadenas alimentarias de los mares, por lo que su desaparición afectó a toda la biota.

“Hasta ahora se pensaba que algunos foraminíferos planctónicos habían sobrevivido a la extinción y habían dado lugar a las especies actuales tras 66 millones de años de evolución. Vendrían a ser como las aves y mamíferos cretácicos que sobrevivieron y que, con el paso del tiempo, dieron lugar a las actuales especies”, explica Arenillas. Sin embargo, la especie que y Arz han hallado en Túnez “no tiene ninguna relación con los cretácicos”.

Según adelanta la revista Historical Biology, en realidad, el ancestro de los actuales foraminíferos de superficie no fue un superviviente planctónico del límite KT, sino una especie bentónica llamada Caucasina que durante el Cretácico habitaba el fondo de mares poco profundos y la morfología de cuya concha “indica que probablemente era capaz de sobrevivir y de reproducirse ocasionalmente formando parte del plancton”. Los investigadores zaragozanos han hallado en Túnez el “eslabón perdido” entre esta y las primeras especies planctónicas del Terciario, a la que han bautizado como Pseudocaucasina antecessor.

“Esto hace innecesario presuponer la supervivencia de las especies de los foraminíferos planctónicos cretácicos”, explica Arenillas, quien anota que el descubrimiento “avalaría la hipótesis de una extinción casi total de las especies de estos protozoos, prácticamente como les ocurrió a los dinosaurios y a otros grandes reptiles voladores y marinos”, al tiempo que apunta a que los efectos del meteorito en los mares –aumento de la contaminación, de la acidez y de la temperatura del agua – serían “mucho más severos de lo que se pensaba hasta ahora”.
"Afectó a toda la biota, incluido el plancton marino"
Según el micropaleontólogo, la extinción “afectó a toda la biota, incluido el plancton marino, que es prácticamente la base de la vida en la Tierra al suministrar nutrientes a los océanos y los peces. Eso afectó a la supervivencia de la mayoría de los animales marinos que existían”. La comunidad científica da por hecho que la extinción erradicó en torno al 70% de las especies que poblaban el planeta a finales del Cretácico.













“La extinción no fue total. Sí para los dinosaurios y casi para los foraminíferos planctónicos, que tuvieron que resurgir de nuevo y volver a colonizar las aguas superficiales de los océanos”, añade. El nuevo protozoo superficial apareció unos 3.000 años después del límite KT a partir de otro que habitaba los fondos marinos, de manera similar a lo que había ocurrido casi cien millones de años antes, en el Jurásico.

Los investigadores zaragozanos tienen previsto continuar con sus trabajos en esta materia. “Tenemos que demostrar si hubo realmente alguna especie que lograra sobrevivir a la crisis, hemos de acabar de concretar si nuestra tesis es realmente cierta”, anota.

“Aunque son necesarios más estudios, este descubrimiento sugiere que los efectos medioambientales del impacto de Chicxulub en las capas superficiales de los océanos fueron mucho más severos de lo que se pensaba”, informó la Universidad de Zaragoza.