sábado, 10 de marzo de 2018

Captan la imagen de una galaxia de la 'época de los dinosaurios'

El observatorio espacial Hubble captó las imágenes de la galaxia NGC 3972, en la constelación de la Osa Mayor. Las instantáneas muestran cuál era el estado de la galaxia cuando la Tierra todavía estaba habitada por dinosaurios, según ha informado el sitio web del telescopio.

© NASA/ESA/Hubble
A la mayoría de los objetos que son visibles desde la Tierra los vemos en su estado reciente o en el estado en el que se encontraban en un pasado remoto.

Por ejemplo, la luz solar tarda cerca de ocho minutos en llegar a la Tierra, el resplandor de las galaxias lejanas, por su parte, puede tardar decenas o centenares de millones de años en alcanzarnos. Por la misma razón los habitantes de la Tierra pueden ver objetos espaciales que en realidad dejaron de existir hace mucho tiempo.

Uno de los ejemplos de este fenómeno es la galaxia NGC 3972, vecina de la Vía Láctea. Esta se encuentra en la constelación de la Osa Mayor, a una distancia de 65 millones de años luz de la nuestra.

Esta es una distancia relativamente pequeña en la escala espacial. Sin embargo, desde la perspectiva de los habitantes de la Tierra, dicha distancia es enorme. La luz de la NGC 3972 que actualmente llega hasta nuestro planeta fue irradiada por esta galaxia en la época en la que la Tierra todavía estaba habitada por dinosaurios.

Los científicos lograron descubrir la distancia que separa a la NGC 3972 de la Vía Láctea en 2011, a raíz del estallido de una supernova en sus cercanías.

En la actualidad esta constelación es un componente importante de la 'escalera de distancias cósmicas' usada por los cosmólogos para resolver el mayor enigma del universo: la velocidad a la que se expande.

lunes, 5 de marzo de 2018

EL POLLUELO DE 127 MILLONES DE AÑOS QUE DA CLAVES SOBRE LA EVOLUCIÓN

Se trata de un fósil casi completo y uno de los más pequeños descubiertos hasta la fecha.

Imagen artística del enantiornita. En el gráfico superior (en blanco y negro)
 se compara su tamaño con el de un insecto). Crédito: Raúl Martín.
Mide apenas cinco centímetros y pesa menos de 90 gramos. Así es el pequeño fósil de un pájaro bebé prehistórico que está ayudando a los científicos a entender cómo las primeras aves llegaron al mundo durante el reinado de los dinosaurios.
El fósil, que data de la Era Mesozoica (hace 250-65 millones de años), es una hembra de un grupo de aves prehistóricas llamadas enantiornitas (un grupo extinto de aves voladoras). Compuesto por un esqueleto casi completo, el espécimen se encuentra entre los fósiles aviares mesozoicos más pequeños jamás descubiertos. El estudio ha sido publicado en la revista Nature.
Lo que hace que el fósil sea tan importante y único es el hecho de que murió poco después de su nacimiento. Esta es una etapa crítica en la formación del esqueleto de un pájaro. Eso significa que la vida extremadamente corta de esta ave ha dado a los investigadores una rara oportunidad de analizar la estructura y el desarrollo óseo de la especie.

Estudiar y analizar la osificación (el proceso de desarrollo de los huesos) puede explicar mucho sobre la vida de un ave, ya que permite comprendes si puede volar, si necesita quedarse con sus padres después de la eclosión o puede sobrevivir por sí mismo.
“La diversificación evolutiva de las aves – explica Fabien Knoll, autor principal del estudio, en un comunicado – ha dado lugar a una amplia gama de estrategias de desarrollo de crías y diferencias importantes en sus tasas de crecimiento. Al analizar el desarrollo óseo, podemos observar toda una serie de rasgos evolutivos. Las nuevas tecnologías están ofreciendo a los paleontólogos capacidades sin precedentes para investigar fósiles provocadores. Aquí aprovechamos las instalaciones más modernas de todo el mundo, incluidos tres sincrotrones diferentes en Francia, el Reino Unido y los Estados Unidos para obtener imágenes detalladas del fósil”.

Los investigadores descubrieron que el esternón del ave todavía estaba compuesto principalmente de cartílago y aún no se había convertido en hueso sólido cuando murió, lo que significa que no habría podido volar.
“Este nuevo descubrimiento –  añade Luis Chiappe, coautor del estudio –, junto con otros de todo el mundo, nos permite echar un vistazo al mundo de las aves antiguas que vivieron durante la era de los dinosaurios. Es sorprendente darse cuenta de cuántas de las características que vemos entre las aves vivientes ya se habían desarrollado hace más de 100 millones de años”.


Plaza San Martín: hay marcas de un molusco que existió con los dinosaurios

Lo asegura un paleontólogo local. La especie se llamó ammonites, un molusco con forma de caracol que existió en la era Mesozoica (hace unos 240 millones de años). Las marcas de estos fósiles están sobre algunas lajas, que fueron formaciones sedimentarias traídas de otra zona: allí quedaron impresas estas huellas de un pasado remoto.

Mal estado. Falta cuidado en las veredas que rodean todo el espacio 
público. Hay lajas rotas o levantadas. Y sin embargo, algunas guardan 
un tesoro patrimonial de valor incalculable. Foto: Flavio Raina
Hoy son casi imperceptibles por la erosión de la piedra y la falta de cuidado. Pero ahí están, aunque vinieron de otro lugar: son rastros que guardan la memoria de un tiempo tan remoto que es inimaginable a los ojos de la modernidad. En algunas lajas de la plaza San Martín hay algunas marcas, “improntas” —así se llaman técnicamente— de fósiles de una especie de molusco que se llamó ammonites, que tienen una forma identificable a la de un caracol. Esa especie existió en la era Mesozoica.

Las ammonites tuvieron sus primeros registros durante el período Jurásico, unos 240 millones de años atrás, e incluso antes. Entonces, estos animales marinos vivieron previo y durante la etapa de los dinosaurios. Son parientes lejanos de los pulpos actuales, pero se diferencian de éstos por presentar una carcaza acaracolada, que es lo que se evidencia en las lajas de la plaza.

Pero, ¿cómo llegaron aquí esas huellas, a ese espacio público? Las lajas son formaciones sedimentarias principalmente marinas; estos “bichos” vivían en el agua, morían y al morir quedaban las formas, las improntas de sus fósiles impresas en esos sedimentos que luego fueron rocas. “Esas improntas están registrados en los registros fósiles de la Cordillera de los Andes del lado argentino. Hay afloramientos donde se encontraron restos de ammonites, por eso se supone que esas lajas de la plaza San Martín vinieron de una cantera de San Juan”, explica a El Litoral Raúl Vezzosi, paleontólogo.

La impronta de un fósil de ammonites en una laja de la plaza San Martín. Puede 
verse su forma acaracolada. Esa especie existió hace al menos 240 millones 
de años, estima el científico. No se conoce la procedencia de las lajas.
Foto: Gentileza R. Vezzosi
Vezzosi es doctor en Ciencias Naturales con orientación en Paleontología (UNLP), y licenciado en Biodiversidad con la misma orientación (UNL). Esa rama de la ciencia, que estudia el pasado de la vida sobre la Tierra a través de los fósiles, es su pasión. Integra el Laboratorio de Paleontología de Vertebrados del Centro de Investigaciones Científicas de Diamante, Entre Ríos (en vinculación con el Laboratorio de Geología), en dependencia del CCT Conicet Santa Fe. Los laboratorios trabajan en esta región: Entre Ríos, Santa Fe y hay vinculaciones con científicos de Córdoba y Stgo. del Estero.

La explicación

En la era Mesozoica (que incluye al Jurásico), gran parte de América del Sur estaba toda cubierta de agua. Con el paso millones de años, “el suelo viejo fue aflorando por movimientos tectónicos, los ‘bichitos’ se murieron, quedaron en el fondo, y mucho después, cuando se levantaron los continentes, las improntas empezaban a registrarse expuestas en superficie, más precisamente en formaciones sedimentarias marinas”, dice el experto.

Las lajas tienen todos los indicios de que fueron depósitos marinos sedimentados. “Y los animalitos vivían en el mar. Luego morían, se depositaban ahí y quedaban impresas sus formas. Se formó el positivo (el fósil) y el negativo (la huella), y así queda la marca del caparazón, lo que llamamos su ‘impronta’”, explica didácticamente Vezzosi.

Esas formaciones rocosas finalmente se convirtieron en lajas, que se vendieron. Así llegaron a la ciudad, probablemente de una vieja cantera de la provincia de San Juan. Antes, las lajas se comercializaban hasta para ornamentación y decoración de casas.

No hay marcas de fósiles de ammonites ni de dinosaurios en la ciudad, que se entienda bien, subraya Vezzosi. “Si se quisieran encontrar ammonites en Santa Fe, habría que excavar por los menos 5 km. debajo de la Tierra. Esta zona continental fue siempre mucho más baja que el área cordillerana; cuando se levantó la Cordillera todo el suelo viejo afloró con los movimientos tectónicos del suelo a lo largo de miles de millones de años”, amplía el paleontólogo. Por eso, allí sí se encontraron fósiles prehistóricos.

El científico refuerza su aseveración: “Hay estudios paleontológicos del país y del extranjero coincidentes, que estudiaron los ammonites de otros ambientes y concluyeron que existieron en depósitos marinos. Hubo ammonites de diámetros de tres metros (muy grandes) a cinco centímetros, muy pequeños, cuyas improntas son las que pueden verse en algunas lajas de la plaza San Martín”.

En rigor, hay un estudio científico de un geólogo del Conicet, Alberto Riccardi (UNLP, la Revista de la Asociación Geológica Argentina, 2008, titulado “El Jurásico de la Argentina y sus amonites”), donde explica las etapas históricas y las zonas geológicas donde vivieron estas especies de moluscos, entre ellas la zona cordillerana de Argentina y Chile.

Necesidad de preservar

Así eran. En la era Mesozoica, las ammonites tenían una caparazón con forma 
de caracol. Pero el molusco es muy parecido a los pulpos que se conocen 
en la actualidad. Foto: Internet
Las marcas que pueden verse (con mucha dificultad, sólo agachándose) en algunas lajas de la plaza están muy erosionadas por las pisadas, y la falta de cuidado. “Sería bueno que se pudieran preservar. Se podrían limpiar, acondicionar. Con una limpieza diaria de la plaza y con una cartelería sencilla indicatoria alcanzaría”, subraya Vezzosi.

“Tenemos marcas de fósiles y esto convierte a este espacio público tan lindo en un lugar que es parte del patrimonio cultural, histórico, hasta paleontológico de la ciudad”, resalta el científico. A este tesoro hay que cuidarlo, porque está aquí y es nuestro, insiste. “No sólo hay fósiles en los museos: también los hay en los espacios públicos de la ciudad. Y eso es lo que debemos tener en cuenta y preservar”.

El mapa interactivo que muestra cómo cambió la Tierra en los últimos 600 millones de años

La iniciativa Dinosaur Pictures Databas creó un globo terráqueo interactivo que muestra la manera en que pudo haber sido la transformación del planeta en las diferentes etapas de la evolución.

Pxhere
Cualquier persona que haya vivido en una zona sísmica puede dar fe que las placas tectónicas están en constante movimiento. Algunas se separan dando espacio para la formación de océanos y otras van chocando entre sí, creando cadenas montañosas enteras. Esa actividad geológica es la que, en gran parte, ha ayudado a la creación y luego evolución de la vida en la Tierra.

Aunque los científicos no están totalmente seguros, se calcula que la vida se originó hace 3.700 millones de años en alguna fumarola submarina; y luego de un periodo bastante largo, comenzó a volverse cada vez más compleja. Esta complejidad comenzó hace solamente 600 millones de años en un periodo que se conoce como la Explosión Cámbrica donde la vida pasó a volverse multicelular.

Pero, ¿cómo se veía el planeta en ese entonces? Eso mismo quisieron saber los creadores de la página web Dinosaur Pictures Database y crearon un globo terráqueo interactivo donde, regresando el movimiento de las placas tectónicas, pudieron recrear cómo se podría haber visto el planeta en los distintos estadios de la evolución de la vida desde la Explosión del Cámbrico.

El globo comienza mostrando el supercontinente Pannotia hace aproximadamente 540 millones de años cuando la Tierra comenzó a llenarse de vida multicelular. Luego pasa a mostrar el supercontinente Pangea hace 280 millones de años, el cual se ubicó en el hemisferio sur y estuvo rodeado de un superoceano. En este periodo los primeros anfibios y reptiles ya existían y tan solo uno pocos millones después aparecerían los dinosaurios.

De acuerdo a lo que uno vaya escogiendo puede ver cómo se veía el Triásico, luego el Jurásico (periodo donde ya se distinguen los continentes como se ven actualmente) y el Cretácico, el cual tuvo extensiones de tierra perfectamente reconocibles y cuyo final marca la extinción de los dinosaurios.

El mapa interactivo también permite ver como se veía el planeta cuando aparecieron los primeros arrecifes de coral, vertebrados, plantas terrestres, insectos, flores, primates, y finalmente nosotros, los homínidos. Para apreciar el globo y jugar con las distintas eras, se puede ingresar al siguiente enlace.

Cabe aclarar que estos mapas son una ventana que, utilizando los datos como base, nos muestran como pudo haber sido la evolución tanto de la vida como de la Tierra. Los periodos más cercanos a nuestra era están bastante estudiados y la certeza es mayor, pero lo que sabemos de los periodos más antiguos podría cambiar en el futuro. Hace poco se supo que las plantas terrestres pudieron haber aparecido 100 millones de años antes de lo que se creía.

* Este artículo fue publicado originalmente en N+1, ciencia que suma.

sábado, 3 de marzo de 2018

La cera de hojas de plantas fósiles, nuevo archivo del clima antiguo

Una nueva investigación, publicada en 'Scientific Reports', ha delineado una nueva metodología para estimar el contenido de agua atmosférico antigua basado en ceras de las hojas de plantas fósiles.

JAMES ST. JOHN/WIKIMEDIA COMMONS
A medida que la superficie de la Tierra y la atmósfera se calienten, la cantidad de humedad (vapor de agua) en la atmósfera aumentará y entender el tamaño de este aumento es importante para predecir los climas futuros, ya que el vapor de agua es un gas de efecto invernadero significativo. El contenido de la humedad atmosférica también influye en los patrones y la intensidad de los eventos de lluvia.

La relación entre la temperatura y el contenido de humedad puede explorarse mediante el estudio de intervalos en la historia de la Tierra cuando los climas son significativamente más cálidos que los observados en los tiempos modernos, lo que requiere un método para estimar el contenido de humedad atmosférica antiguo.

La doctora Yvette Eley, de la Universidad de Birmingham, explica: "Si queremos comprender cómo funcionaría la Tierra con un clima sustancialmente más cálido que el actual, tenemos que estudiar intervalos de millones de años en el pasado, lo que es difícil porque estos climas cálidos son mucho más antiguos que nuestros registros climáticos más antiguos de núcleos de hielo antártico (menos de un millón de años)".

Intentar comprender las propiedades climáticas relacionadas con la atmósfera, como la lluvia y el contenido de humedad atmosférica, en tiempos tan antiguos es muy desafiante. Los métodos existentes, que usan concreciones de carbonato de calcio que se forman en los suelos, o la química de los dientes de mamíferos fosilizados, se ven obstaculizados por su relativa rareza en los sedimentos antiguos.

"Nuestro nuevo enfoque para cuantificar el contenido antiguo de humedad atmosférica depende de las propiedades fundamentales de las hojas de las plantas y de cómo se alteran sus cubiertas cerosas protectoras en respuesta al estrés hídrico. Estas ceras de las hojas son resistentes y se encuentran regularmente como lo que llamamos compuestos biomarcadores en antiguos ríos, lagos e incluso sedimentos marinos", agrega Eley en un comunicado. 

Un método para estimar el contenido de humedad antiguo basado en estos compuestos de cera vegetal supera las limitaciones de otros métodos porque las ceras de las plantas se encuentran comúnmente en suelos y sedimentos que se mantienen decenas o incluso cientos de millones de años y en muchos entornos.

La validez de esta nueva herramienta --descrita enScientific Reports-- fue probada en estudios de suelos modernos en Estados Unidos y América Central, llevada a cabo por el equipo de investigación del profesor asociado Michael Hren, en el Centro de Geociencias Integrativas de la Universidad de Connecticut, Estados Unidos. Estos estudios mostraron una clara relación entre la química de estos compuestos cerosos y la cantidad de humedad en la atmósfera.

ENFRIAMIENTO ATMOSFÉRICO, COMBINADO CON MENOR HUMEDAD  

"Lo que vemos es que la distribución de compuestos orgánicos preservados en los suelos parece estar fuertemente relacionada con la diferencia entre la cantidad de agua en una masa de aire y cuánto puede contener la masa de aire, o lo que se conoce como déficit de presión de vapor", dice Hren, quien junto a Eley reconstruyó luego el contenido de humedad atmosférica en el centro de España durante un intervalo de 15 a 17 millones de años.

Aunque consistentemente mucho más cálido que las condiciones preindustriales, este intervalo marca uno de los pasos de enfriamiento que llevaron al desarrollo del mundo moderno. Los nuevos datos confirman las expectativas de los modelos climáticos, que el enfriamiento atmosférico se combina con una menor humedad atmosférica. Los cambios reconstruidos en la humedad atmosférica también se alinean con los resultados de otros agentes independientes utilizados para analizar los cambios en la temperatura y las precipitaciones en la región.

"Esto nos da la confianza de que nuestro agente funciona, y tenemos todos los motivos para creer que lo hará para futuras exploraciones en el pasado aún más profundo. Esperamos que los resultados de esta exploración proporcionen datos directos para probar nuestro entendimiento de la relación entre el calentamiento global, el contenido de humedad atmosférica y los sistemas de precipitación", concluye Eley.

Las primeras plantas terrestres llevaron a la aparición del barro

Los registros geológicos revelan que un tipo de rocas sedimentarias, las lutitas, aparecieron más o menos al mismo tiempo que las plantas, hace 500 millones de años.   

MATT AFFOLTER/WIKIMEDIA
Este resultado de una nueva investigación contiene ideas importantes para comprender los procesos de la Tierra, como la erosión, e incluso pueden proporcionar nuevos conocimientos sobre la química del océano antiguo.

Dentro del registro geológico, los depósitos de arcilla, limolita, arena y grava que dejan las corrientes que fluyen en un valle o delta de un río crean una línea de tiempo de los procesos en la Tierra. Se cree que la evidencia de lutitas dentro del registro geológico es rara antes del surgimiento de las plantas terrestres hace aproximadamente 500 millones de años, pero esta noción aún no se ha confirmado.

En este trabajo, publicado en Science, William McMahon y Neil Davies, de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, analizaron datos de sedimentos de casi 1.200 informes publicados, así como de 125 investigaciones de campo originales. Sus resultados muestran que las lutitas apenas está presente en los sedimentos depositados durante los primeros aproximadamente 3.000 millones de años del registro de rocas sedimentarias de la Tierra, sin embargo, es común o incluso dominante después de la era del Paleozóico medio.

La presencia de estas rocas sedimentarias aumenta constantemente con el tiempo, dicen los autores, lo que descarta la posibilidad de que sean el resultado de fenómenos cíclicos o episódicos, como controles tectónicos o climáticos. El incremento constante de lutitas coincidente con la aparición de las plantas sugiere fuertemente una relación entre los dos eventos.

El científico Woodward Fischer proporciona más contexto en una perspectiva relacionada publicada en 'Secience', señalando que, "si el momento del aumento inicial de lutitas es correcto, sugiere que las primeras plantas causaron una impresión sustancial en el paisaje".


Investigadores encuentran nuevas huellas de dinosaurio en Esqueda

Hermosillo.- Investigadores de la Universidad de Sonora y de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) encontraron el 1 de marzo dos nuevas huellas de dinosaurio en la región de Esqueda, en el noreste de la entidad.

Las dos huellas pertenecen a un hadrosaurio de 12 metros, y cada pisada mide 55 centímetros de talón a punta. Este ejemplar habitó la región hace 72 millones de años, en el periodo final del cretácico, indicó Rafael Pacheco, geólogo del Alma Mater.

“Estamos de fiesta los sonorenses, porque cada vez aumenta el patrimonio paleontológico, el patrimonio natural de Sonora, esto se une a ese patrimonio de nuestro Estado y hay que celebrarlo”, contó.

Es el quinto sendero que se encuentra en los cañones de la comunidad de Esqueda y se han encontrado 40 huellas en la ruta.

“El sendero de la ruta de las huellas está muy acabado, tiene muy buenos datos, mucha información técnica, educativa y cultural de toda la región”, dijo.

El grupo de trabajo de búsqueda de dinosaurios de la Unison y la UNAM, continúan con la exploración de la zona, que era antiguamente un terreno de ríos, lagunas y deltas.