martes, 3 de junio de 2025

RECORDATORIO DE PLAZOS: X JORNADAS INTERNACIONALES SOBRE PALEONTOLOGÍA DE DINOSAURIOS Y SU ENTORNO

Queremos recordaros algunos plazos importantes de las X Jornadas Internacionales sobre Paleontología de Dinosaurios y su Entorno, Salas de los Infantes (Burgos) del 4 al 6 de septiembre de 2025:

- 15 de junio: límite de envío de resúmenes. Plantilla para elaborarlos: https://docs.google.com/document/d/14KRYb20lLAbhs8dJLi8Qnq7_w5zLzB4h/edit?pli=1&tab=t.0

- 1 de julio: límite para realizar la inscripción con cuota reducida.

Segunda circular con más información: https://drive.google.com/file/d/1agR2B0R_FfqoePmcXep8nFSostAH5cRB/view

De nuevo, deseamos reiterar nuestra invitación a que participéis en las Jornadas, así como al conjunto de los integrantes de vuestro equipo e institución a la que pertenecéis. Asimismo, os agradeceríamos que deis la máxima difusión posible de nuestra convocatoria  las Jornadas

Un cordial saludo.

Comité Organizador X Jornadas

dinosaurioscyl.blogspot.com

¿Puede un dinosaurio de 70 millones de años enseñarnos algo sobre el cáncer? Científicos hallan nuevas pistas en tejidos fósiles

Un estudio revela tejidos blandos y proteínas en fósiles de dinosaurios, lo que podría ofrecer claves sobre la evolución del cáncer y el desarrollo de futuras terapias. La investigación redefine cómo conservar fósiles y abre una nueva vía en la medicina paleobiológica.

Un dinosaurio fosilizado conserva proteínas que podrían cambiar la forma
en que entendemos el cáncer. Ilustración artística: Sora / Edgary R.
La paleontología ha dejado de ser solo huesos. Un equipo internacional de científicos ha demostrado que, incluso millones de años después de su extinción, los dinosaurios aún pueden revelar secretos sobre la salud y la enfermedad. Un nuevo estudio publicado en la revista Biology y liderado por investigadores de Anglia Ruskin University y el Imperial College London, ha identificado estructuras celulares similares a glóbulos rojos en los huesos fósiles de un Telmatosaurus transsylvanicus, un dinosaurio herbívoro que vivió hace unos 70 millones de años. ¿La novedad? Estas estructuras podrían contener proteínas clave para entender la evolución del cáncer.

El hallazgo no solo cambia nuestra visión sobre la conservación fósil. También sugiere que las proteínas, al ser más estables que el ADN, podrían ser una fuente confiable de información molecular en especies extintas. Esta nueva evidencia refuerza la idea de que enfermedades como el cáncer no son exclusivas de los humanos modernos, sino que tienen raíces profundas en la evolución de los vertebrados. De hecho, una investigación previa en el mismo dinosaurio ya había identificado señales compatibles con un tumor maligno.

Tejidos blandos en fósiles abren la puerta a una nueva medicina paleobiológica
 contra el cáncer. Ilustración artística: DALL-E / ERR.
Ahora, el enfoque cambia del esqueleto al tejido blando. Los autores del estudio instan a los museos y centros de conservación a valorar más los fósiles que preservan componentes celulares, ya que las técnicas moleculares emergentes permitirán extraer información antes inimaginable.

"Los dinosaurios, como organismos longevos y de gran tamaño, constituyen un caso convincente para investigar cómo las especies gestionaron la susceptibilidad y la resistencia al cáncer a lo largo de millones de años", dijo Justin Stebbing, catedrático de Ciencias Biomédicas de la Universidad Anglia Ruskin.

Cuando los glóbulos rojos fosilizados hablan

El estudio se centró en un espécimen notablemente bien conservado del Telmatosaurus transsylvanicus, un dinosaurio de hocico plano perteneciente al grupo de los hadrosaurios, cuyos restos fueron hallados en la Cuenca de Hateg, en Rumanía. Usando microscopía electrónica de barrido (SEM), los investigadores identificaron estructuras de baja densidad que se asemejan morfológicamente a eritrocitos humanos.

"Queríamos ver si este tumor en el dinosaurio podría darnos alguna información sobre cualquier paralelo con los cánceres humanos, porque el tumor que tenía este dinosaurio era un ameloblastoma, un tumor benigno en la mandíbula, que los humanos también tienen", dijo la Dra. Biancastella Cereser, especialista en cáncer en Imperial College London y autora del estudio.

Estas estructuras no son una ilusión óptica. Su forma, distribución y densidad coinciden con lo que se esperaría de glóbulos rojos, lo que sugiere que estas células no solo estaban presentes, sino que podrían haber sido parcialmente preservadas. Aunque no contienen ADN viable, sí podrían retener proteínas estables, ofreciendo así un retrato molecular del pasado.

La importancia de este descubrimiento radica en su repetibilidad. Análisis comparativos en otros fósiles también han detectado componentes similares, lo que plantea la posibilidad de que la conservación de tejidos blandos sea más común de lo que se pensaba.

Esto representa un cambio de paradigma en paleontología, donde tradicionalmente se ha privilegiado el estudio del esqueleto sobre el de las células.

Una ventana molecular a enfermedades prehistóricas

El cáncer es una enfermedad tan antigua como la vida compleja. Ya se han documentado tumores en fósiles de reptiles marinos y dinosaurios, pero hasta ahora, estos diagnósticos se basaban exclusivamente en malformaciones óseas. La posibilidad de estudiar proteínas implicadas en procesos celulares, como la división y la apoptosis, abre nuevas puertas para entender su origen.

Los científicos creen que estos datos podrían iluminar sobre por qué ciertos animales eran más resistentes al cáncer. Los dinosaurios, como organismos grandes y longevos, enfrentaban un alto riesgo de desarrollar tumores simplemente por tener más células y vivir más tiempo.

Si lograron sobrevivir con tasas relativamente bajas de cáncer, podría deberse a mecanismos biológicos aún desconocidos, pero identificables a través del estudio de sus proteínas.

"Las proteínas, sobre todo las que se encuentran en tejidos calcificados como los huesos, son más estables que el ADN y menos susceptibles a la degradación y la contaminación. Esto las convierte en candidatas ideales para estudiar enfermedades antiguas, incluido el cáncer, en especímenes paleontológicos", dijo Stebbing.

Imágenes representativas obtenidas por microscopía electrónica de barrido (SEM) que muestran
estructuras similares a eritrocitos en el hueso fosilizado de la mandíbula de un Telmatosaurus
transsylvanicus con patología. A la izquierda, imágenes en modo de electrones secundarios
resaltan la morfología superficial (flechas rojas). A la derecha, imágenes en modo
retrodispersado del mismo campo visual revelan variaciones de densidad internas.
 Fuente: Biology.
El estudio también destaca la estabilidad de las proteínas en huesos calcificados. A diferencia del ADN, que se degrada con rapidez, las proteínas pueden persistir durante millones de años, especialmente cuando quedan atrapadas en estructuras óseas compactas. Esto las convierte en candidatas ideales para estudios paleomoleculares, incluyendo el análisis de enfermedades como el cáncer, la artritis o infecciones crónicas.

Proteómica del pasado: una herramienta del futuro

La técnica utilizada en el estudio se conoce como paleoproteómica. Esta disciplina emergente permite extraer y analizar proteínas antiguas, revelando detalles moleculares que ni siquiera la morfología puede mostrar. Al aplicar estas técnicas a fósiles bien preservados, los investigadores pueden reconstruir funciones celulares, rutas metabólicas e incluso perfiles inmunitarios.

Hasta ahora, estas técnicas han sido poco utilizadas en paleontología. La mayoría de los estudios se ha centrado en el ADN antiguo, cuyo alcance temporal es mucho más limitado. La paleoproteómica, en cambio, permite explorar edades mucho más remotas, como el Cretácico, y estudiar a organismos extintos con una resolución sin precedentes.

El estudio de Telmatosaurus demuestra la viabilidad del enfoque. Al identificar patrones de conservación proteica en los huesos del dinosaurio, los autores sentaron las bases para futuras investigaciones que podrían comparar muestras de diferentes especies, regiones o periodos. Esta visión transversal permitirá comprender mejor la evolución de las enfermedades y cómo ciertos linajes lograron mecanismos de defensa más eficientes.

"Nuestra investigación, que utiliza métodos relativamente infrautilizados, invita a nuevas exploraciones que podrían ser la clave de futuros descubrimientos que podrían beneficiar a los seres humanos. Sin embargo, es crucial que se coordinen los esfuerzos de conservación de fósiles a largo plazo para garantizar que los futuros investigadores tengan acceso a especímenes adecuados para las investigaciones moleculares de vanguardia", dijo Stebbing.

Revalorizar los fósiles: mucho más que huesos

"A diferencia de las estructuras esqueléticas por sí solas, los tejidos blandos contienen proteínas que proporcionan información molecular que puede revelar los mecanismos biológicos subyacentes de las enfermedades", dijo Stebbing.

El nuevo enfoque implica un cambio de mentalidad en la conservación paleontológica. Hasta ahora, el valor de un fósil solía medirse por su completitud esquelética o rareza taxonómica. Sin embargo, el nuevo estudio aboga por dar prioridad a los restos que contienen tejidos blandos, por mínimos que parezcan.

Esto implica retos logísticos y éticos. Preservar proteínas requiere condiciones específicas, y no todos los museos están preparados para conservar fósiles en estas condiciones. Además, deben establecerse protocolos claros sobre el muestreo de fósiles para evitar su deterioro.

Científicos hallaron estructuras similares a glóbulos rojos en fósiles de un
Telmatosaurus, lo que permitió detectar proteínas preservadas que podrían revelar
 cómo estos dinosaurios enfrentaban enfermedades como el cáncer hace 70 millones
 de años. Ilustración artística: DALL-E / ERR.
Pero el potencial científico lo justifica. Como señalan los investigadores, entender cómo evolucionó la resistencia al cáncer en organismos como los dinosaurios podría tener aplicaciones biomédicas en humanos. Los descubrimientos del pasado podrían traducirse en terapias del futuro, siempre que los fósiles adecuados estén disponibles.

¿Qué sigue? El camino hacia la medicina evolutiva

Los autores del estudio insisten en que esto es solo el comienzo. Con técnicas más avanzadas y fósiles mejor conservados, la investigación futura podría identificar proteínas implicadas en enfermedades específicas, comparar mutaciones en diferentes linajes y hasta establecer cronologías evolutivas de ciertas patologías.

También planean ampliar el número de especies estudiadas. Analizar fósiles de otros dinosaurios, reptiles o incluso mamíferos antiguos permitiría comprobar si los patrones observados en Telmatosaurus se repiten en otros linajes. Esto validaría la hipótesis de que ciertos mecanismos celulares de protección contra el cáncer ya estaban presentes hace millones de años.

A largo plazo, se abre la puerta a una nueva disciplina: la medicina paleobiológica. Esta integraría conocimientos de biología molecular, evolución, oncología y paleontología para entender la historia natural de las enfermedades humanas. No como una simple curiosidad científica, sino como una vía real para mejorar la salud del presente.

"Parque Jurásico no está bien, porque lo que dijeron es que el ADN de los dinosaurios podría recuperarse y clonarse para resucitar a los dinosaurios, pero no podemos sacar ADN de esto porque se descompone por el clima y el tiempo", dijo el profesor Stebbing. "Pero lo que hemos descubierto es que en realidad hemos descubierto que las proteínas en los tejidos blandos pueden sobrevivir con el tiempo."

Referencias

Stebbing J, Chandrasinghe PC, Cereser B, Bertazzo S, Csiki-Sava Z. Preserving fossilized soft tissues: Advancing proteomics and unveiling the evolutionary history of cancer in dinosaurs. Biology. (2025). doi:10.3390/biology14060370

muyinteresante.com

Hace 73 millones de años, las aves y los dinosaurios anidaban juntos en el Ártico

Un nuevo estudio descubre los fósiles más antiguos de crías de aves en regiones polares, 25 millones de años antes de lo que se creía.

Aunque hoy millones de aves migran al Ártico para criar, este comportamiento no es nuevo: ya lo hacían hace 73 millones de años, según un nuevo estudio. El hallazgo se basa en fósiles de aves del periodo Cretácico encontrados en Alaska. En ciencia, el Cretácico fue la última etapa de la era de los dinosaurios, hace entre 145 y 66 millones de años. También se menciona el grupo Neornithes, que engloba a todas las aves modernas, y la formación Prince Creek, una zona rica en fósiles en el norte de Alaska. Este estudio desplaza en decenas de millones de años el origen de la cría de aves en los polos.

Las primaveras árticas de hoy, con su sinfonía de trinos y nidadas mullidas, no son tan distintas de las que sonaban hace 73 millones de años. Un nuevo estudio publicado en la revista Science y liderado por Lauren Wilson, doctoranda en Princeton y exalumna de la Universidad de Alaska Fairbanks, revela el caso más antiguo conocido de aves anidando en regiones polares.

“Las aves existen desde hace 150 millones de años”, explica Wilson. “Durante la mitad de ese tiempo, han estado criando en el Ártico”.

Este estudio, basado en su tesis de máster, se llevó a cabo con fósiles diminutos de huesos y dientes recolectados en un yacimiento del norte de Alaska, en la formación Prince Creek. Allí, Wilson y su equipo identificaron múltiples especies de aves que anidaban en pleno Cretácico: aves buceadoras parecidas a los colimbos actuales, aves similares a gaviotas, y otras afines a patos y gansos. Y todo ello, mientras los dinosaurios aún eran los amos del planeta.

Antes de este hallazgo, el registro más antiguo de aves reproduciéndose en regiones polares se remontaba a unos 47 millones de años, mucho después del impacto del asteroide que acabó con el 75 % de las especies terrestres. “Esto adelanta en 25 a 30 millones de años la evidencia de cría de aves en zonas polares”, afirma Pat Druckenmiller, director del Museo del Norte de la Universidad de Alaska y codirector del estudio. Los fósiles analizados forman parte de la colección de este museo.

“Hoy en día, el Ártico es una especie de guardería para aves modernas”, comenta Druckenmiller. “Y es fascinante pensar que ya llevaban haciéndolo desde hace 73 millones de años”.

El hallazgo en sí es notable por la extrema fragilidad de los huesos de ave, especialmente los de crías, que son porosos y se destruyen con facilidad. “Encontrar huesos de aves del Cretácico ya es raro”, señala Wilson. “Pero encontrar huesos de crías es casi milagroso. Por eso estos fósiles son tan importantes”.

Los restos fueron recuperados de la ribera del río Colville, en la vertiente norte de Alaska. Allí, los investigadores identificaron más de 50 huesos o fragmentos óseos. Gracias a una metodología inusual en la excavación, que prioriza tanto los grandes restos como los más diminutos, el equipo pudo recuperar materiales que suelen pasar desapercibidos. A diferencia de otros proyectos de paleontología vertebrada que se centran en huesos grandes, aquí se tamiza sedimento para luego analizarlo al microscopio, recuperando incluso fragmentos microscópicos.

Según Druckenmiller, este enfoque ha convertido a Alaska en “uno de los mejores lugares del país para fósiles de aves de la era de los dinosaurios”. Más aún, afirma, estos pequeños huesos y dientes aportan un nivel de detalle sorprendente sobre la fisiología y el comportamiento de los animales que habitaron el Ártico en el Cretácico.

El estudio también plantea una posible conexión con los Neornithes, el grupo que incluye a todas las aves modernas. Algunos huesos descubiertos muestran características típicas de este grupo, y varias de las aves analizadas carecían de dientes, como ocurre con las aves actuales. Si se confirmara que pertenecen a los Neornithes, serían los fósiles más antiguos jamás hallados de este linaje, superando en antigüedad a los actuales registros de hace 69 millones de años.

No obstante, los autores subrayan que para confirmar esta hipótesis se necesitaría encontrar un esqueleto parcial o completo. “Pero incluso sin eso”, concluye Druckenmiller, “el valor científico de estos pequeños huesos es enorme”.

Este descubrimiento no solo reescribe el mapa evolutivo de las aves, sino que también resalta la riqueza paleontológica del Ártico y la importancia de buscar respuestas no solo en los grandes fósiles, sino también en los más pequeños y frágiles fragmentos del pasado.

REFERENCIA

Arctic bird nesting traces back to the Cretaceous

Imagen: Ilustración de aves del Cretácico con otros dinosaurios de la misma época al fondo. Un artículo publicado en la revista Science documenta el primer ejemplo conocido de aves que anidaban en las regiones polares. Crédito: Ilustración de Gabriel Ugueto

quo.eldiario.es

Vida hace 346 millones de años: el descubrimiento que marca un antes y un después en el estudio de los fósiles

Un grupo de investigadores ha descubierto que la fecha de nacimiento de una especie es 14 millones de años más antigua de lo que se creía

Una recreación de la especie Westlothiana lizziae. / DE AGOSTINI
 PICTURE LIBRARY
De vivir bajo el agua a habitar en tierra firme y todo hace 346 millones de años. Un grupo de investigadores ha logrado determinar la edad exacta de la especie Westlothiana lizziae, un animal con aspecto de salamandra hallado en Escocia en 1984 con ancestros comunes de los anfibios, aves, reptiles y mamíferos actuales, entre ellos los humanos.

Los científicos, pertenecientes a la Universidad de Texas, en Estados Unidos, han experimentado con un fósil al que, finalmente, ya pueden poner fecha aproximada de nacimiento: hace 346 millones de años, o lo que es lo mismo, 14 millones de años más antiguas de lo que se creía hasta ahora.

El equipo ha estado liderado por el científico Héctor Garza y el estudio, que se ha publicado en la revista PLOS One, supone ya un hito ya que sitúa a esta especie en un misterioso agujero en el registro fósil llamada la Brecha de Romer.

Una técnica arriesgada

El hallazgo gana valor e importancia no solo por lo que supone para la comunidad científica, sino al mismo tiempo por la técnica empleada por Garza, quien se acaba de graduar con su doctorado del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias de la Escuela de Geociencias de la Universidad de Texas en Austin.

El método de trabajo utilizado por Garza y su equipo ha supuesto ir un paso más allá en lo hasta ahora establecido, ya que si bien los geocientíficos pueden usar cristales de circón, un mineral natural, para determinar la antigüedad de una roca, no todos los tipos de roca son susceptibles a este tipo de análisis.

En su lugar, el equipo de científicos ha empleado, de forma arriesgada, una técnica geoquímica llamada datación radiométrica, puesto que la zona en Escocia donde se descubrieron los fósiles de esta especie estaba cerca de antiguos volcanes con lava endurecida que formaba roca basáltica, donde no era posible que se formasen circones.

En declaraciones a Europa Press, Garza ha confesado creer que esta es, precisamente, una de las razones por las que "nadie intentó investigarlas antes". "Debido al tiempo y esfuerzo que requiere obtener circones y luego correr el riesgo de no encontrarlos", ha añadido el científico.

Un golpe de suerte

Sin embargo, el grupo de investigadores tuvo suerte. En su momento, el lodo fue cayendo en cascada desde los volcanes y, entonces, la lava y los escombros erosionaron aquellos sedimentos que contenían el mineral natural, de tal forma que estos fueron arrastrados hasta un lago donde se formaba caliza y sepultaron a estas criaturas.

Gracias a esto, los científicos han podido radiografiar 11 muestras de roca y extraer así circones de la roca que rodeaba seis de los fósiles. A continuación, y a través de la utilización de láser de uranio-plomo en estos minerales naturales, han podido determinar su edad más antigua.

La Brecha de Romer

Lo significativo del descubrimiento, más allá de la edad de estos fósiles, recae en que la especie se sitúa en un periodo de tiempo bautizado como la Brecha de Romer. En este periodo, que data de entre 360 y 345 millones de años, se han descubierto muy pocos fósiles, por motivos que la comunidad científica desconoce con certeza.

Lo que sí se sabe es que durante este tiempo de la historia los peces acuáticos dieron un salto evolutivo, desarrollando así pulmones y cuatro patas para convertirse así en animales terrestres, algo que le pasó a esta especie de Westlothiana lizziae.

cadenaser.com

jueves, 29 de mayo de 2025

GANADORES DEL XXII CONCURSO DE POSTALES DEL MUSEO DE DINOSAURIOS 2025

El 9 de mayo, se reunió el jurado para fallar los premios del XXII Concurso de Postales del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes, siendo premiados los siguientes trabajos:

PRIMER PREMIO CATEGORÍA A:

Victoria Veselinova (Salas de los Infantes).

ACCÉSIT CATEGORÍA A:

Zayra Nadiecca Romero (Salas de los Infantes).

PRIMER PREMIO CATEGORÍA B:

Isabel Valero Giménez (Cuevas del Almanzora, Almería).

PRIMER PREMIO CATEGORÍA C:

Ariadna Rey Mojarín (Colegio El Alba Autismo, Burgos).

ACCÉSIT CATEGORÍA C:

Iván Tobar Hervías (Colegio El Alba Autismo, Burgos).





El jurado estuvo compuesto por:

Rocío Camarero Cabezón – Licenciada en Bellas Artes –

Caterine Arias Riesgo - Licenciada en Bellas Artes – Conservadora-Restauradora Museo de Dinosaurios.

Diego Montero Huerta – Equipo científico del Museo de Dinosaurios-

Rosa María Vicario – profesora Colegio Público Fernán González de Salas de los Infantes.

¡Muchas gracias a todos los participantes y enhorabuena a los ganadores!

Y el domingo 25 de mayo tuvo lugar la entrega de premios del XXII Concurso de Postales del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes. En la entrega estuvieron Fidel Torcida, director del Museo y Ada Marcos, alcaldesa de Salas de los Infantes y presidenta de la Fundación Dinosaurios CyL, además de todos los premiados: Victoria Veselinova, Isabel Valero, Ariadna Rey, Zayra Nadiecca e Iván Tobar.

Con estas iniciativas, desde el Museo se busca fomentar la creatividad, la participación ciudadana y la conexión con el patrimonio paleontológico que atesora nuestra comarca.

Muchas gracias a todos los que han participado y hasta el año que viene.

Tejido blando desconocido identificado en dinosaurios

Investigadores han encontrado evidencia de una estructura de tejido blando previamente desconocida en la región de las mejillas de muchas especies de dinosaurios, a la que han denominado "exoparia".

Una visualización del tejido blando de un dinosaurio. - HENRY SHARPE
Este hallazgo profundiza nuestra comprensión de la anatomía de los dinosaurios y pone de relieve las limitaciones de los métodos actuales para reconstruir partes de la anatomía que no se pueden conservar correctamente.

Debido a que los músculos y los tejidos se degradan con el tiempo, existen muy pocos ejemplos de anatomía blanda como esta en dinosaurios, afirma Henry Sharpe, estudiante de maestría del Departamento de Ciencias Biológicas y primer autor del estudio que describe la exoparia, publicado en la revista Journal of Anatomy.

Aunque los huesos pueden desenterrarse y reensamblarse para formar esqueletos semicompletos, "durante mucho tiempo nadie contó con un método para determinar qué músculos y tejidos pudieron haber tenido los dinosaurios", explica Sharpe en un comunicado, quien se ha enfrentado a esta cuestión de primera mano como autodenominado "paleoartólogo", cuya cartera incluye representaciones realistas de dinosaurios para artículos de investigación.

Eso cambió en la década de 1990 con la creación del "Soporte Filogenético Existente", un método que utiliza a los parientes modernos más cercanos de los dinosaurios -cocodrilos y aves- para comprender mejor sus tejidos y músculos.

Este enfoque tiene un problema, señala Sharpe: "Cada músculo que se pudiera reconstruir en un dinosaurio solo sería uno presente en un cocodrilo o un ave. ¿Qué pasaría si los dinosaurios tuvieran músculos propios que no estaban presentes en los dinosaurios que dieron origen a las aves, o que las aves perdieron o adaptaron para formar algo diferente?".

Esta pregunta rondaba por la mente de Sharpe mientras examinaba el cráneo de un Edmontosaurio llamado Gary. Una peculiar estructura con reborde en el hueso cerca de la mejilla le llamó la atención. Cuando empezó a investigar qué podría ser, no encontró ninguna respuesta. "Había estas partes grandes y corrugadas del cráneo. Si estuviéramos observando el cráneo de un mamífero, diríamos que es el músculo de la mejilla. Pero se supone que los reptiles no tienen músculo de la mejilla", dice. "Esto nos hizo pensar: ¿Y si hay algo aquí que contradice el modelo actual de los músculos de los dinosaurios?".

En su afán por comprender mejor esta parte de la anatomía de los dinosaurios, Sharpe y sus colaboradores comenzaron a examinar la misma zona del cráneo en otras especies de dinosaurios y encontraron evidencia de la misma estructura en todas ellas.

"Siempre estaba en el mismo punto, lo que para nosotros era un buen indicio de que se trataba de un músculo o un ligamento".

Para confirmar su hipótesis de que esta zona del hueso albergaba antiguamente algún tipo de estructura de tejido blando, los investigadores cortaron finas secciones de hueso de dinosaurio. Como explica Sharpe, los tejidos blandos, como los músculos o los ligamentos, están anclados al hueso mediante fibras de colágeno.

AYUDA A ANCLAR UN LIGAMENTO

"Ayuda a anclar ese músculo o ligamento al hueso, para evitar que se separe y cause lesiones al animal".

Tras la descomposición del tejido blando y la pérdida del hueso, quedan fragmentos de estas fibras de colágeno que pueden analizarse al observar cortes finos de hueso mediante la proyección de luz polarizada.

"Parece como si alguien hubiera tomado el hueso justo debajo de la superficie y lo hubiera raspado con un bisturí", afirma Sharpe.

Los investigadores también emplearon una técnica llamada THLEEP para observar cortes óseos desde múltiples ángulos del pómulo y la mandíbula inferior, examinando la orientación tridimensional de las fibras. Esto se debió, como explica Sharpe, a que "estas fibras de colágeno no se insertan en cualquier ángulo irregular, sino que siguen el ángulo de inserción del músculo".

En todas las especies de dinosaurios analizadas, las fibras de colágeno mostraron una conexión entre la mejilla y la mandíbula inferior, lo que confirma que la estructura del tejido blando era similar a la de un músculo o ligamento de la mejilla.

Se observó una variación en los tamaños y ángulos de inserción entre las diferentes especies de dinosaurios, lo que, según Sharpe, indica que este nuevo tejido blando se utilizaba para algo especializado, como estabilizar la mandíbula o contribuir a la forma en que los dinosaurios consumían los alimentos.

"No sabemos exactamente para qué se utiliza, pero sabemos que es claramente importante para la forma diferente en que estos dinosaurios mastican, ya que lo modifican de distintas maneras".

europapress.es

martes, 27 de mayo de 2025

Nueva edición de Jornada de Puertas Abiertas en el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes

El pasado sábado 24 de mayo, en horario de mañana y tarde, se celebró una nueva edición de Jornada de Puertas Abiertas en el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes, para mostrar a los interesados las nuevas instalaciones del mismo. 

El Director del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes, Fidel Torcida, y la restauradora-conservadora, Caterine Arias, atendieron a los visitantes, mostrando y explicando el trabajo especializado y delicado de recuperación, restauración y conservación de los fósiles que forman parte de los fondos patrimoniales del museo salense (la única institución de Castilla y León donde se desarrolla este tipo de trabajos). Asimismo, se mostró el nuevo almacén, del que también se explicó su funcionamiento, organización e importancia en la custodia segura de los fósiles. 

Un “regalo sorpresa” aguardaba a los afortunados visitantes en una sala del edificio: varios fósiles de distintos dinosaurios que sobresalen por su buena conservación, su interés científico y su condición de inéditos para el público, pues la falta de espacio suficiente en las salas del museo impide que se expongan de forma permanente. De nuevo la participación e interés que ha despertado esta iniciativa fueron grandes; Destacó la asistencia de un grupo de jóvenes voluntarios que han participado en las excavaciones paleontológicas en la Sierra de la Demanda durante estos últimos años.