La desaparición masiva de los grandes herbívoros provocó cambios profundos en el paisaje. La Tierra era muy diferente antes del meteorito
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El trabajo ha sido liderado por Luke Weaver junto a su equipo de investigadores de la Universidad de Michigan y se centró en las formaciones rocosas de la cuenca de Bighorn y en Williston, Estados Unidos. Los datos que obtuvieron parecen demostrar que, tras la colisión del asteroide, los sistemas fluviales pasaron de ser llanuras de inundación inestables a convertirse en cauces profundos con meandros definidos y estables gracias al auge de la vegetación.
Tradicionalmente, se pensaba que estos cambios en los sedimentos de la formación Hell Creek eran consecuencia directa de variaciones climáticas o un aumento de las lluvias tras el cataclismo. Sin embargo, el equipo de Weaver sostiene que el factor determinante fue la eliminación de los dinosaurios, quienes actuaban como auténticos ingenieros dentro de los ecosistemas al pisotear y consumir de forma masiva los brotes de árboles jóvenes.
El impacto en los ecosistemas
Por ejemplo, los grandes ejemplares como el Triceratops, que llegaba a pesar más de 10 toneladas, ejercían una presión constante sobre la flora, lo que impedía la consolidación de bosques densos. “Estos seres eran verdaderos monstruos si se comparan con los grandes herbívoros que tenemos hoy”, indicó Weaver al respecto. Para hacernos una idea, el mamífero terrestre más grande del mundo actual, que es el elefante africano de sabana, alcanza un máximo de 7.500 kg.
En cualquier caso, la estabilidad derivada de la extinción de los dinosaurios permitió que el agua se concentrara en canales fijos, formando depósitos de barras de arena que en algunos puntos superan los diez metros de espesor. El investigador explica que mientras los dinosaurios vagaban derribando la vegetación, los ríos se desbordaban con regularidad. Pero una vez extintos, las raíces atraparon el sedimento y dirigieron el flujo hacia grandes meandros que transformaron el relieve.
Transformación de la superficie
Christopher Doughty, experto de la Universidad del Norte de Arizona, respalda esta visión al observar que en la actualidad ocurre algo similar cuando se retiran grandes animales de un entorno: “Hemos visto grandes aumentos en la cobertura arbórea en estudios modernos donde los animales grandes son eliminados de los ecosistemas”, afirmó al respecto. Y es que, sin herbívoros de gran tamaño, los árboles florecen y dominan el paisaje.
La investigación también hace hincapié en que la geología no es simplemente un escenario pasivo donde ocurre la vida, sino un elemento moldeado activamente por la biología. La transición hacia la era de los mamíferos trajo consigo una mayor presencia de lignito, un tipo de carbón mineral formado por materia vegetal acumulada. Este cambio químico en el suelo es una prueba de cómo la flora ganó la batalla por el territorio tras la extinción masiva.
A pesar del entusiasmo de los autores, especialistas como Kat Schroeder, de la Universidad de Nuevo México, llaman a la cautela antes de establecer una causalidad total. No obstante, la evidencia de los isótopos en hojas fósiles podría confirmar pronto si la estructura forestal cambió radicalmente por la ausencia de los gigantes, dejando un mundo de ríos sinuosos y bosques cerrados para las generaciones futuras.

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