jueves, 1 de septiembre de 2016

Hallan los fósiles más antiguos conocidos hasta ahora

¿Cuándo emergió la vida en la Tierra? Múltiples estudios la sitúan hace 4.000 millones de años. Ahora, una nueva investigación apoya esta hipótesis con el hallazgo de los fósiles más antiguos jamás descubiertos hasta ahora que datan de hace 3.700 millones de años. Se trata de varios estromatolitos –estructuras formadas por la sedimentación de microorganismos– encontrados en Groenlandia que superan así la edad de los fósiles descubiertos anteriormente en Australia datados en 3.500 millones de años de antigüedad.

Vista transversal de un fragmento de roca en el que se pueden ver los estromatolitos de forma 
cónica de 3.700 millones de años de antigüedad. / Yuri Amelin













Un equipo de investigación ha descubierto en Groenlandia los fósiles más antiguos conocidos hasta ahora datados con una edad de 3.700 millones de años, tal y como se describe en un estudio publicado en la revista Nature. 
Se trata de estromatolitos fósiles de uno a cuatro centímetros encontrados en piedras metamórficas de Isua, al sur de Groenlandia
Estos ejemplares superan en 200 millones de años a la que era hasta ahora la evidencia fosil más antigua de la Tierra, unas estructuras estromatolíticas –formaciones sedimentarias creadas por microorganismos– de hace 3.500 millones de años encontradas en Warrawoona (Australia).

El hallazgo, liderado por la Universidad de Wollongong (Australia), se ha producido en Isua, al suroeste de Groenlandia, considerada la cuna de la vida. Esta región alberga las rocas más antiguas conocidas y con un buen estado de conservación. Varias líneas de investigación ya habían evidenciado entornos donde pudo surgir la vida, hace aproximadamente 4.000 millones de años.

Al igual que los fósiles encontrados en Australia, los nuevos fósiles son estromatolitos, estructuras formadas por la sedimentación de microorganismos de uno a cuatro centímetros conservados en rocas metafórficas.

“Los estromatolitos son un signo de vida que cualquiera puede observar y los fósiles son una evidencia de un entorno de vida temprano”, declara a Sinc Allen Nutman, investigador en la Universidad de Wollongong y autor del estudio.

Las rocas metamórficas –rocas ígneas o sedimentarias sometidas a grandes presiones y temperaturas y consideradas las más antiguas de la Tierra– no son los tipos de rocas que los paleontólogos considerarían ideales para encontrar señales de vida en el pasado, debido a que no son sedimentarias, como las que albergan la mayor parte de los fósiles de la Tierra.

“Encontrar pruebas de vida parecía imposible en estas rocas deformadas y alteradas”, declaran los autores del estudio. Sin embargo, los fósiles fueron hallados en estas rocas que habían salido a la luz tras el deshielo de una capa de nieve perenne que las cubría.

Los investigadores Allen Nutman (izquierda) y Vickie Bennet (derecha) con 
un ejemplar de un estromatolito de 3.700 años. / Yuri Amelin
Capa sobre capa

Los estromatolitos fósiles son estructuras familiares en la Paleobiología, la rama del conocimiento que estudia los organismos del pasado. Este tipo de fósiles existe en todas las eras geológicas y en una gran variedad de entornos, desde ambientes marinos poco profundos hasta fuentes hidrotermales o lagos cubiertos de hielo. Pero no es tan fácil detectarlos. Existen estructuras muy familiares a los estromatolitos que se forman sin la acción de los organismos vivos. 
“El entorno más común para los estromatolitos es un ambiente marina poco profundo, probablemente costero”, declara el autor
Además, la degradación de la textura y de los detalles químicos complicaba aún más identificar el origen biológico de las estructuras. “Es poco habitual encontrar restos orgánicos en los estromatolitos fósiles. Son en su mayoría carbonatos amontonados que han sido cimentados por la disposición de sedimentos y de organismos”, explica Nutman.

Pero existen múltiples evidencias, como los detalles del análisis químico, las estructuras sedimentarias y los minerales en las rocas, que confirman que se trata de estromatolitos formados hace millones de años por organismos vivos.

Estas rocas se forman capa sobre capa: al morir las células de una lámina depositan el carbonato cálcico y se forma sobre este otra capa de microorganismos vivos. Para que estas formaciones sucedan, debe darse un ambiente adecuado y similar al actual que permitiera la vida. “El entorno más común para los estromatolitos es un ambiente marino poco profundo, probablemente costero”, afirma el investigador en la Universidad de Wollongong. Estos hallazgos consolidan las anteriores dataciones del nacimiento de la vida en la Tierra, fechado en 4.000 años.

Referencia bibliográfica:

Allen Nutman et al.: “Rapid emergence of life shown by discovery of 3,700-million-year-old microbial structures”. Nature.  doi:10.1038/nature19355

agenciasinc.es

Una joya histórica en plena Demanda

Salas de los Infantes destaca, no sólo por estar enclavada en un paraje de gran belleza natural, sino por sus vestigios históricos / Cuna de los Siete Infantes de Lara, Tierra de Dinosaurios y escenario cinematográfico de ‘El bueno, el feo y el malo’

Vista general de Salas de los Infantes, al abrigo de la Sierra de la Demanda. Por encima de las 
viviendas se erige majestuosa la iglesia de Santa Cecilia. - ECB

Sala de paleontología del Museo de Dinosaurios.
Al abrigo de la Sierra de la Demanda y regada por las aguas del río Arlanza, se sitúa la localidad de Salas de los Infantes. Una villa con cientos de años de historia, famosa entre otras cosas por ser tierra de dinosaurios, del que es testigo el yacimiento de huesos e icnitas que han perdurado grabadas en la roca de su entorno natural a lo largo de los siglos. Una realidad que cada año atrae a cientos de curiosos y a amantes de la prehistoria y que se ha convertido en uno de los reclamos turísticos de la zona, con cientos de visitantes a lo largo del año. Muchos han sido los hallazgos y buena parte de ellos pueden contemplarse en una visita al Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes. El lugar cuenta con una de las colecciones más completas de España tanto en géneros como en especies y a día de hoy es uno de los mejores de Europa.

Pero Salas de los Infantes va más allá de la prehistoria y cuenta entre sus calles con una vida cargada de memorias y de rincones que visitar. En el año 974 García Fernández fundó la ciudad de Salas, que luego tomaría el nombre de ‘de los Infantes’ en recuerdo a los Siete infantes de Lara, famosos por un cantar de gesta y también por los romances populares. La leyenda de Los Siete Infantes de Lara tiene, como todas, parte de ficción y retazos de historia. Sus versos de amores, venganzas y traición han llegado hasta nuestros días como un reflejo de épocas pasadas. La importancia histórica de la villa le viene, eso sí, desde la época prerromana, con restos que se conservan desde aquel momento en diferentes yacimientos, pero que tuvo en la Edad Media su momento de máximo esplendor.

Por sus calles, los visitantes podrán observar grandes piezas como la iglesia de Santa María, enclavada en el barrio del mismo nombre, está construida en estilo gótico isabelino, con añadidos posteriores como la portada, la airosa torre o el baptisterio y en la que destaca el retablo plateresco de Diego Guillén. A ella se suma la iglesia de Santa Cecilia, un perfecto ejemplo de la arquitectura gótica burgalesa y levantada sobre una fábrica del XII de la que aún quedan algún restos visibles.

Para los amantes del senderismo, la localidad cuenta con varias rutas para disfrutar del entorno y de los tesoros que esconde. Entre ellas, la Ruta del Bueno, el Feo y el Malo, ideada por el Colectivo Arqueológico y Paleontológico de Salas; la ruta del convento de Alveinte; o las rutas del Castillo de Castrovido y de Las Calderas.

Aunque a lo largo del año la localidad celebra diversas fiestas como la matanza o de Acción de Gracias, el momento álgido llega entre el 14 y el 17 de agosto, con las fiestas patronales de Nuestra Señora y San Roque. Verbenas, fuegos artificiales o el toro de fuego componen parte de la lista de actividades.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Descubren en la Patagonia argentina una nueva especie de reptil volador

  • Se ha encontrado un cráneo bien conservado de un ejemplar de pterosaurio, un grupo ya extinguido que vivió en el Jurásico Inferior

Reconstrucción artística de un pterosaurio. GABRIEL LÍO
















Unos restos craneales en excelente estado de preservación encontrados en la región de la Patagonia, en América del Sur, han permitido a los científicos descubrir una nueva especie de pterosaurio del Jurásico Inferior -hace entre 176 y 200 millones de años-. La presentan en un artículo que acaba de publicar la revista PeerJ y la han bautizado como Allkauren koi, que en la lengua nativa tehuelche significa 'cerebro antiguo'.

El fósil de Allkaruen koi se encontró en Chubut, en la Patagonia argentina. Los restos incluyen una caja craneana magníficamente conservada y sin triturar. Para estudiar la anatomía neurocraneal, los investigadores usaron tomografía computerizada para observar su interior y el oído interno en tres dimensiones. Con estos datos craneales y otras características anatómicas, se realizó después un análisis filogenético del grupo al que pertenece.

Así se sabe que "Allkaruen muestra un estado intermedio en la evolución del cerebro de los pterosaurios y sus adaptaciones al entorno aéreo", dice Diego Pol, que forma parte del equipo de investigación. Nunca antes se había tenido información de esos estados intermedios. Por eso, "esta investigación es una contribución importante para entender la evolución de todos los pterosaurios", añade.

Los pterosaurios son un grupo extinto de reptiles voladores que vivieron durante la mayor parte de la era del Mesozoico -hace entre 66 y 250 millones de años-. Su cuerpo se había adaptado al vuelo gracias a unos huesos más ligeros y un dígito más largo que el resto y sobre el que descansaba una membrana. Sin embargo, la neuroanatomía de estos ejemplares sólo se conoce gracias los pocos restos que se han conservado en tres dimensiones. Este estudio proporciona nueva información sobre el origen, la cronología y la evolución de este grupo de reptiles voladores.

sábado, 27 de agosto de 2016

La Tierra de Dinosaurios retratada en fotos

Las huellas de los dinosaurios en fotografías. El I Concurso de Fotografía 'Tierra de Dinosaurios' retrata la zona de Salas de los Infantes y los hallazgos paleontológicos. José Ramón Miguel, ganador de la primera edición.

José Ramón Miguel, ganador del Concurso. / Museo de Dinosaurios - FD
Con el fin de promover un mayor conocimiento del valioso patrimonio geológico y paleontológico de la Sierra de la Demanda burgalesa, la Fundación para el Estudio de los Dinosaurios en Castilla y León, convocó el I Concurso de fotografía "Tierra de Dinosaurios", 2016.

La comarca burgalesa de Sierra de la Demanda ofrece un conjunto singular de paisajes geológicos que suponen un atractivo natural muy apreciado por los visitantes de ese territorio. La abundancia en restos de dinosaurios supone otro valor añadido a ese patrimonio natural que conforma un espacio amplio y diverso identificado desde hace años como "Tierra de dinosaurios".

"Tierras de Costalomo", de José Ramón Miguel se alzó con el primer premio de este concurso recién creado de fotografía. Según su autor, la imagen fue tomada en los terreros de las Tenadas de Costalomo de Salas de los Infantes en una tarde nublada. Se puede apreciar una gama de estratos arcillosos oscuros en el entorno de las areniscas a cielo abierto del yacimiento de huellas de dinosaurio.

El segundo premio fue para Guillermo Carmelo García con "Dinosaurios de piedra". Las masas pétreas del paraje "El Castillejo", en la ladera sur de la Sierra de Trasomo, primer tramo de la Sierra de Neila, en el término municipal de Monasterio de la Sierra, ofrecen diferentes sensaciones según la perspectiva que se tenga.

"Nieblas mesozoicas", de Aquilino Molinero obtuvo el tercer premio. Obra realizada desde Monasterio de la Sierra en la que se pueden observar las densas nieblas que descansan bajo la Peña Carazo. Los premios para los ganadores fueron de 300, 200 y 100 €, respectivamente más diploma del I Concurso de fotografía "Tierra de Dinosaurios", 2016. El tema al que se dedicó esta primera edición fue el paisaje geológico del macizo de Cameros/Demanda burgalés.

A esta primera edición del I Concurso de fotografía "Tierra de Dinosaurios", 2016 se presentaron un total de 20 instantáneas. Desde mediados del mes de agosto se pueden ver todas las obras presentadas al Concurso en la Exposición que se inauguró en el Pub El Pozo de Salas de los Infantes (Burgos), colaborador del evento, y que permanecerá abierta hasta principios de septiembre en la sala interior de dicho local.

Posteriormente, la exposición será trasladada al Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes, pudiéndose ver hasta finales de 2016 en su horario habitual de apertura.

"Tierras de Costalomo", de José Ramón Miguel./ Fundación Dinosaurios CyL

México: cuna de las especies















México.- Paleontólogos alemanes y mexicanos investigan desde hace tres décadas, la importancia del país azteca como uno de los principales puntos calientes de biodiversidad universal, tanto hace 200 millones de años como hoy.

Desde hace aproximadamente 30 años, el alemán Wolfgang Stinnesbeck, paleontólogo de la Universidad de Heidelberg, colabora con científicos mexicanos y trabaja en proyectos en el país latinoamericano. En líneas generales, las experiencias del académico, quien vivió y trabajó una década en el estado de Monterrey, han resultado positivas. “Hemos tenido algunos problemas, en algunas ocasiones para que nos autoricen proyectos en México”, agregó. Al mismo tiempo, lamentó que a los científicos mexicanos no siempre sean tomados en serio tanto como a sus colegas extranjeros.

Stinnesbeck hizó hincapié en la “gran importancia” del país para el desarrollo de la flora y fauna. Aseguró que en los periodos del Jurásico y Cretácico, cuando el Pangea se fracturó y se formaron los continentes actuales, México se convirtió en una especie de puente para los animales marinos. Hace aproximadamente 200 millones de años, el sur del continente norteamericano llegaba hasta los estados mexicanos de Coahuila y Nuevo León. Mientras que el centro y el sur, en cambio, estaban sumergidos bajo el agua convirtiéndose en una especie de crucero de las vías marítimas de los diferentes océanos, lo cual permitió a los animales marinos avanzar del Océano Atlántico al Pacífico.

Posteriormente, hace cuatro millones de años, en el momento que se unieron los continentes de América del Norte y del Sur, México se convirtió en un canal migratorio para los animales terrestres. Es por ello que en el país latinoamericano se encuentran fósiles de dinosaurios y animales tanto del sur como del norte del continente, lo que también explica la enorme biodiversidad del país en la actualidad, apuntó Stinnesbeck.

“Una increíble densidad de fósiles”

Haciendo una comparación con hallazgos de otros restos fósiles, como por ejemplo en Estados Unidos, los dinosaurios que se encontraron en el noreste de México son menos conocidos. El científico alemán aseguró que esto se debe principalmente a la menor densidad de paleontólogos en México.

“En Alemania existen unos 20 institutos geológicos en las universidades que cuentan todos al menos con un paleontólogo. En cambio, en México solo cuentan con la Universidad Nacional Autónoma de México, hay un paleontólogo en la Universidad Autónoma de Nuevo León y otro en el Museo del Desierto en Saltillo”, indicó. Es por ello, el equipo de Stinnesbeck también trabaja en fomentar a la nueva generación de científicos.

Descubren en Oaxaca fósiles de tortugas del Jurásico Tardío

Uno de ellos es un caparazón conferido al género ‘Notoemys’; se trata del más antiguo de México. De esta manera se incrementa, a nivel mundial, la diversidad de la familia ‘Platychelyidae’

Oaxaca, Oaxaca.- En México, el material fósil de tortugas usualmente resulta ser fragmentario y estar mal conservado. No obstante, con este rompecabezas al que le faltan piezas, parece que los paleontólogos hacen magia.

En 2009, bajo la supervisión del doctor Jesús Alvarado Ortega, investigador del Instituto de Geología de la UNAM, se iniciaron los trabajos paleontológicos en el área de Tlaxiaco, Oaxaca, donde se han recolectado fósiles de peces y reptiles marinos, principalmente. Entre 2011 y 2013 se obtuvieron, además, fósiles de tortugas que corresponden a elementos óseos de tres ejemplares, uno de ellos con 80% de su caparazón conservado.

Con ese material fósil, el biólogo Oliver Ariel López Conde realizó, en el Posgrado de Ciencias Biológicas de la UNAM, su tesis de maestría, que lleva por título “Determinación taxonómica de las tortugas fósiles del Kimmeridgiano de la formación Sabinal, Tlaxiaco, Oaxaca, México”.

“Estas tortugas habitaron dicha área de México durante el Jurásico Tardío (Kimmeridgiano), que se ubica dentro de la era Mesozoica. Esta era se divide en tres periodos: Triásico, Jurásico y Cretácico”, señala López Conde.

Ahora, esos fósiles de tortugas son los más antiguos de México; antes lo eran los que se obtuvieron en las canteras de Tlayúa, Puebla, y que corresponden al Cretácico Temprano (Albiano)

“Sí, los fósiles de tortugas descubiertos en Tlaxiaco, Oaxaca, datan de unos 155 millones de años, mientras que los hallados en las canteras de Tlayúa, Puebla, datan de unos 110 millones de años.”

JBL 46

Para este estudio taxonómico primero se evaluaron los diferentes grupos de fósiles de tortugas correspondientes al Jurásico Tardío, entre los cuales destacan las familias Pleurosternidae, con ejemplares recolectados en Norteamérica y Europa; Plesiochelyidae, con ejemplares únicamente de origen europeo; y Platychelyidae.

Con base en el análisis de caracteres resultó que los ejemplares de México eran más afines y compartían caracteres con la familia Platychelyidae, por lo que López Conde los asignó a ésta.

La familia Platychelyidae tiene representantes en América del Norte (Cuba), América del Sur (Argentina y Colombia) y Europa (Alemania y Suiza, principalmente).

El fósil de tortuga designado JBL 46 (forma parte de la Colección Nacional de Paleontología, bajo resguardo de la UNAM) es el ejemplar de mayor dimensión de los encontrados en Oaxaca. Es un caparazón de entre 30 y 35 centímetros de largo, por 25 y 30 centímetros de ancho. Los ejemplares de Argentina y Europa son más pequeños.

“El mayor tamaño de la tortuga mexicana pudo haberse debido a que durante el Jurásico Tardío hubo un cambio climático. La Tierra se dividía entonces en varías franjas climáticas y el área donde se distribuían los ejemplares de México estaba ubicada en la parte más cálida, dentro del Corredor Hispánico, lo cual favorecía la abundancia de alimento. Cabe decir que este corredor, además, era importante para el intercambio faunístico entre el Mar de Tethis y el Proto-Pacífico”, indica.

Las tortugas de la familia Platychelyidae tenían el caparazón aplanado y sin ornamentaciones, para facilitar su desplazamiento por el agua; pero carecían de aletas, por lo que no eran totalmente marinas: se desplazaban en mares poco profundos, bordeando principalmente la zona de litorales. Así fue como se pudieron distribuir a lo largo del Corredor Hispánico y en los litorales de Laurasia y Gondwana.

“El caparazón de una tortuga está formado por escudos córneos y placas óseas. Cada uno de estos elementos córneos y óseos puede presentar diferentes formas, tamaños y contactos entre sí que son de mucha ayuda para hacer el estudio taxonómico correspondiente”.

Autapomorfías

El ejemplar mexicano posee una serie de caracteres que lo hacen afín al género Notoemys, como un caparazón liso (ausencia de protuberancias), forma cordiforme, placas neurales anchas (que son de origen dérmico y van por arriba de cada vértebra dorsal) y suprapigial 1 largo.

En su estudio, López Conde propone ciertas autapomorfías (rasgos evolutivamente novedosos) que hacen diferente a este ejemplar de los demás miembros de la familia Platychelyidae. Entre ellas se pueden mencionar una cresta en los escudos cervicales, una diferente forma de las placas neurales, una serie de contactos entre distintos elementos óseos y córneos, y un mesoplastrón de proporciones diferentes de las observadas en los otros representantes de la citada familia.

“Por ejemplo, en el ejemplar mexicano, la neural 4 es pentagonal y redondeada en la parte anterior. En las demás tortugas de la familia Platychelyidae es rectangular o hexagonal”, dice.

Distintas teorías proponían que las tortugas de esta familia tuvieron su origen en la parte europea de Laurasia y se distribuyeron por el Corredor Hispánico hacia América. Esta postura se fundamentaba en el hecho de que hasta ese momento el registro fósil más antiguo para este grupo de tortugas era originario de Europa.

“Sin embargo, ahora el ejemplar más antiguo es Notoemys oxfordensis, descubierto en Cuba; después seguiría el mexicano, junto con los ejemplares europeos; y posteriormente vendrían los fósiles de Argentina y Colombia”.

Además de incluir una biogeografía o distribución de los fósiles de esta familia durante el Jurásico Tardío, López Conde propone en su tesis que la familia Platychelyidae se originó en América durante el Jurásico Medio.

“No sé si fue en la parte de Laurasia o Gondwana, pero todo parece indicar que esta familia tuvo su origen aquí, al menos que el registro fósil nos diga otra cosa más adelante”.

Artículo científico

López Conde prepara un artículo científico sobre el tema, con la doctora Juliana Sterli, del Museo Paleontológico Egidio Feruglio, de Argentina, y el doctor Alvarado Ortega. En el manuscrito se incluye un análisis filogenético mediante el cual se corroboró que el ejemplar mexicano es un taxón que pertenece a la familia Platychelyidae.

La versión en inglés ya está terminada. Luego de hacer las ilustraciones y ultimar detalles filogenéticos, López Conde espera publicarlo en la revista Paleontology o en el Journal of Vertebrate Paleontology.

En su doctorado continuará trabajando con los fósiles de tortugas para complementar su trabajo taxonómico por medio de un estudio de relaciones entre los diferentes grupos, basado en caracteres que pueden o no compartir.

“En México nadie se dedica exclusivamente a la paleontología de tortugas. La mayoría de los paleontólogos mexicanos trabaja con otros grupos, como dinosaurios, otros reptiles marinos y megafauna, principalmente. El material fósil de tortugas puede llegar a ser escaso y fragmentario. De ahí la relevancia de los trabajos efectuados con materiales de este grupo. Se puede pensar que uno hace magia, pero en realidad los resultados se obtienen después de un arduo trabajo”, finaliza López Conde.

viernes, 26 de agosto de 2016

Paul Sereno lidera el plantel de expertos en Jornadas sobre Dinosaurios

Burgos, (EFE).- El estadounidense Paul Sereno, uno de los máximos expertos en dinosaurios, encabeza un "potente" plantel de expertos en las VII Jornadas Internacionales sobre Paleontología de Dinosaurios y su Entorno, que tendrán lugar en la localidad burgalesa de Salas de los Infantes del 8 al 10 de septiembre.


El coordinador del Comité Científico, Fidel Torcida, ha explicado esta mañana que el programa de conferenciantes, ya cerrado, cuenta con ocho figuras "de prestigio" internacional.

Se trata de expertos "potentes", muy buenos en su campo, entre los que destaca Sereno, quien participará por primera vez en España en un congreso científico.

Torcida ha sostenido que el científico estadounidense es una especie de "Indiana Jones de la paleontología moderna", ha liderado docenas de expediciones en los cinco continentes y ha realizado "extraordinarios" hallazgos.

A sus espaldas cuenta con los descubrimientos de los dinosaurios Herrerasaurus y Eoraptor, los más antiguos, o del Nigersaurus, que está emparentado con el burgalés Demandasauros.

Su conferencia versará sobre un depredador gigante adaptado a la vida acuática, el Spinosaurus, ha explicado Torcida.

Y aunque Sereno es la "estrella" de las jornadas, su coordinador no quiere desmerecer a ninguno de los otros expertos internacionales que participarán como conferenciantes.

Se trata de Miguel Moreno-Azanza, Nathalie Bardet, Adán Pérez García, Masateru Shibata, Paul M. Barret, Josep Fortuny y Oliver WM Rauhut, que llegarán de Argentina, Japón, Alemania, Canadá o Italia.

Fidel Torcida ha recordado que estas jornadas paleontológicas son el único congreso monográfico sobre dinosaurios que se realiza en España, y contarán en esta edición con medio centenar de ponencias.

Las comunicaciones abordarán temas variados relacionados con la Era Mesozoica, como las icnitas, los huevos y resto óseos, la fauna marina o la puesta en valor del patrimonio paleontológico.

El Colectivo Arqueológico-Paleontológico Salense, organizador del encuentro, aportará cinco ponencias sobre las excavaciones llevadas a cabo en la Sierra de la Demanda (Burgos).

Torcida ha señalado que los entornos de Salas de los Infantes, localidad en la que se realizarán las jornadas, albergan yacimientos de restos de dinosaurios del Jurásico y el Cretácico.

Los investigadores han obtenido importantes hallazgos, como las icnitas de un saurópodo de 17 metros, únicas en el mundo, y de las que se hablará en las jornadas.

También se presentará un estudio sobre los dientes de carnívoros encontrados junto al cadáver de un enorme saurópodo de 25 toneladas, o las investigaciones sobre unos dinosaurios vegetarianos enanos.

El coordinador del Comité Científico espera congregar a más de un centenar de expertos e investigadores en las jornadas, que se vienen celebrando desde 1999 cada tres años. EFE