sábado, 6 de julio de 2019

Encuentran la huella más antigua de un dinosaurio tireóforo en el hemisferio Sur

El hallazgo fue realizado por investigadores del CONICET en la Formación Lajas, que forma parte de la Cuenca Neuquina

Hulla del dinosaurio tireóforo hallada en la Fomación Lajas. 
Foto: gentileza investigador.
CONICET/DICYT Los tireóforos (Thyreophora) son un suborden de dinosaurios herbívoros que habitaron la Tierra desde principios del período Jurasico (hace aproximadamente 200 millones de años) hasta fines del Cretácico (hace alrededor de 65 millones de años). Si bien hay registros de su presencia en ambos hemisferios, los hallazgos, tanto fósiles como icnológicos conocidos hasta hace poco, permitían especular a los especialistas que este grupo de animales era de origen boreal y habían arribado al sur poco antes del comienzo del Cretácico. 

“En Sudamérica las huellas más antiguas que se conocían de tireóforos se habían hallado en Brasil y correspondían a una etapa límite entre el Jurásico Tardío y el Cretácico Temprano. Más al sur, los registros que había de la presencia de este clado correspondían al período Cretácico”, explica Pablo Pazos, investigador independiente del CONICET y director del Instituto de Estudios Andinos “Don Pablo Groeber” (IDEAN, CONICET-UBA). 

Recientemente, Pazos, junto a un grupo de colaboradores, encontró en la Formación Lajas, una unidad geológica del Jurásico que forma parte de la Cuenca Neuquina- más específicamente en la localidad de Covunco (Neuquén) ubicada al norte de la dorsal de Huincul- una huella correspondiente al pie de un tireóforo del Jurásico Medio. El hallazgo fue publicado en la revista Journal of South American Earth Sciences. 

De acuerdo a Pazos, especialista en sedimentología e icnología, al margen de la novedad paleobiológica, el hallazgo obliga también a replantear las interpretaciones existentes sobre la Formación Lajas (reservorio de gas y petróleo en subsuelo), cuyas localidades ubicadas al sur de la dorsal de Huincul fueron hasta el momento mucho más estudiadas que aquellas que se encuentran al norte de la misma. 

“Hasta ahora se consideraba que toda la unidad había conformado un mega sistema deltaico que avanzaba sobre el mar (el paleo-pacífico), por lo que no era esperable encontrar restos de dinosaurios ni mucho menos de huellas. Esto nos obliga a revisar la hipótesis geológica de que toda la zona se encontraba bajo el agua, más tomando en cuenta que la huella apareció en la sección basal dentro de un perfil de roca de alrededor de 500 metros. En caso de haberse tratado de un gran delta como ocurre al sur tendríamos que haber encontrado depósitos subacuáticos, marinos”, explica el investigador. 

La evidencia de que sobre la sección basal de la unidad geológica caminaban animales implicaría que se trataba de un área que no solo no era marina sino que estaba expuesta al aire, lo que lleva a los especialistas preguntarse si la Formación Lajas tiene la misma edad al norte y al sur de la dorsal de Huincul. 

“En este sentido, uno de nuestros colaboradores recordó un trabajo de L. R. Lambert de los años ´40 sobre el hallazgo de trigonias (un género ya extinto de bivalvos marinos) en la zona que sugieren una edad mas joven.Lo cual también era un claro indicio de que la localidades al norte de la unidad eran más nuevas que las que se encontraban al sur”, señala Pazos. 

De acuerdo al análisis de los investigadores, la huella es característica de los estegoaurios (un género de dinosaurios tiréoforos) y se trata sin duda de la más vieja de la Cuenca Neuquina y la más antigua de un tireóforo para el hemisferio Sur y para todo el territorio de lo que fue el supercontinente Gondwana, antes de que se produjera la separación en aguas profundas de Sudamérica, Antártida y Australia. 

Una característica particular de este hallazgo es que a diferencia de lo que ocurre generalmente se trata de una única huella aislada de un pie -lo más frecuentes es encontrarlas de a pares o componiendo una caminata- y que está sobre un plano inclinado y no en uno horizontal como suele suceder. 

“La marca del pie del dinosaurio está preservada en una estructura sedimentaria que se genera por corrientes fluviales y eso produce la formación del plano inclinado. Es posible que la superficie sobre la que pisó el dinosaurio estuviera sumergida, aunque no totalmente, y que la humedad y las matas microbianas hayan favorecido su preservación. Esto resulta consistente con la hipótesis que encontramos revisando la literatura de que los estegosaurios podían atravesar pequeños cuerpos de agua”, indica Pazos. 

Aunque aun no se puede determinar con exactitud la edad del sitio en el que fue realizado el descubrimiento, los investigadores deducen que debe tener más 163 millones de años y menos de 170 millones de años. 

“Lajas termina en una discontinuidad -es decir, en una discordancia temporal respecto a la unidad que se encuentra sobre ella- que indica que lo que viene arriba es necesariamente más nuevo. Sabemos que lo que viene arriba pertenece al Calloviano (entre 166,1 y 168,3 millones de años atrás), una edad temprana del Jurásico Medio. Por lo tanto, la huella como muy nueva podría ser de la primera parte del Calloviano, pero no se puede descartar sea incluso un poco más vieja. De lo que estamos seguros es que se trata hasta ahora de la más antigua de un tireóforo hallada en lo que fue el supercontinente Gondwana”, concluye el investigador.

lunes, 1 de julio de 2019

VIII Jornadas Internacionales sobre Paleontología sobre Dinosaurios y su entorno 2019

Desde el Comité organizador de las VIII Jornadas Internacionales sobre Paleontología de Dinosaurios y su entorno nos invitan a las Jornadas que tendrán lugar en Salas de los Infantes en el mes de septiembre y descargar las circulares y las normas para realizar los resúmenes. Nos recuerdan que en ella encontraréis, entre otras cosas, las fechas límite para la inscripción y para el envío de los resúmenes además de algunas novedades. Al final del archivo Word de las normas de los resúmenes, se encuentra una plantilla adjunta la cual nos recomiendan utilizar.

Cartel de las VIII Jornadas Internacionales sobre Paleontología 
de Dinosaurios y su Entorno. / C.A.S.
El Colectivo Arqueológico-Paleontológico de Salas pone en marcha las VIII Jornadas Paleontológicas, con los dinosaurios como sujeto principal, pero también con todo lo referido a su entorno biológico próximo. Con un aval de más de 500 congresistas que han participado en las ediciones anteriores, este Congreso de 2019 incluye también un aniversario especial, pues se cumplen 20 años de Jornadas. Las vivencias personales se mezclan con las cuestiones científicas a lo largo de esta historia que hemos podido construir no solo los organizadores, sino también los participantes que han aportado su calidad y su colaboración.

Queremos que las VIII Jornadas sean, de nuevo, motivo de satisfacción para todos los que nos embarquemos en ellas. En Salas de los Infantes todos seréis bienvenidos, no solo para que aportéis vuestros trabajos, sino también para disfrutar de unos días de convivencia y amistad.

Os esperamos a todos en septiembre: ¡adelante!

Masateru Shibata, Fidel Torcida, Paul C. Sereno, Oliver WM Rauhut, Adán Pérez 
García, Paul Barret y Josep Fortuny en Las Sereas, Quintanilla de las Viñas. 
VII Jornadas de Paleontología sobre Dinosaurios y su Entorno./ C.A.S.

















Primera circular: pincha aquí.

Segunda circular: pincha aquí.

Tercera circular: pincha aquí.

FORMULARIO DE INSCRIPCIÓN

INFORMACIÓN

Para cualquier información sobre las VIII Jornadas Sobre Paleontología de Dinosaurios y su Entorno, contacta con la organización en las siguientes direcciones electrónicas o teléfono.

Email del Colectivo Arqueológico-Paleontológico Salense:

Email para el envío de resúmenes:

Telefóno de contacto:Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes (0034) 947 39 70 01

sábado, 29 de junio de 2019

Gente Burgos: Especial Sampedros 2019

El Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes presente en las Fiestas de Burgos de San Pedro y San Pablo

Si eres de Burgos o estás disfrutando de las Fiestas Patronales de la capital burgalesa puedes conseguir una entrada gratuita al Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes (a 56 km de Burgos) trayendo el recorte publicitario original (al Museo de Dinosaurios) que aparece en la edición especial del periódico gratuito de Gente que podrás encontrar en cientos de establecimientos públicos y privados.




































Describen fósil de tortuga marina del Cretácico Tardío

Hace 83 millones de años, a principios del Campaniano (Cretácico Tardío), un mar somero dividía dos enormes masas continentales llamadas Appalachia y Laramidia. En ese Mar Interior de Norteamérica vivieron, entre otros animales marinos, tortugas de la familia Protostegidae.

En 2008, un ejemplar fósil de esa familia de quelonios fue descubierto en una cantera de la Formación Austin, cerca de Ciudad de Jiménez, al norte de Coahuila, y posteriormente resguardado en la colección del Museo de Paleontología de Múzquiz.

Del género Desmatochelys se han encontrado y descrito hasta la fecha siete ejemplares en lo que ahora es Canadá (uno), Colombia (uno), Estados Unidos (cuatro) y norte de México (uno).

Con base en el ejemplar colectado en Coahuila, y como parte de su investigación doctoral “Taxonomía y sistemática de las tortugas fósiles del Mesozoico de México”, el paleontólogo universitario Oliver Ariel López Conde ha llevado a cabo el primer registro de la tortuga marina fósil más grande descrita para México; pertenece a la familia Protostegidae y al género Desmatochelys.

“Hasta ahora no se había descrito formalmente nada sobre este género de tortugas en el país”, comenta el estudiante del Posgrado en Ciencias Biológicas del Instituto de Geología de la UNAM.

Además, el ejemplar mexicano es el registro más sureño del Cretácico Tardío, con lo cual se amplía la distribución geográfica de estas tortugas a lo largo del Mar Interior de Norteamérica.

El más grande de México

El fósil colectado en Coahuila es el ejemplar más grande que se conoce en México: mide un metro de largo por 80 centímetros de ancho, si bien de la familia Protostegidae hay otros géneros más grandes, como Archelon, con más de cuatro metros de longitud, y Protostega, con tres. Todos los ejemplares de estas tortugas extintas han sido colectados en Estados Unidos, principalmente en Dakota del Norte, Dakota del Sur y Texas.

“Pese a que no se puede realizar una descripción más completa del fósil coahuilense porque carece de cráneo (de seguro se perdió durante el trabajo de lajeado), hay elementos óseos conservados que permiten afirmar que es una tortuga marina del género Desmatochelys“, refiere López Conde.

A diferencia de otros ejemplares del mismo género colectados en Norteamérica, se describieron por primera vez las extremidades posteriores (ambas están bien conservadas y articuladas), lo que enriquece la descripción de este género de tortugas del Cretácico Tardío. “Antes sólo se habían descrito algunas falanges, pero no las extremidades posteriores, de menor tamaño pero también con forma de aleta.”

El fósil fue fotografiado para facilitar su análisis comparativo y su descripción taxonómica. Las imágenes obtenidas se pasaron por un filtro de luz, con lo cual fue posible elaborar un esquema de su estructura ósea que López Conde incluyó en un artículo que reportará por primera vez este género de tortuga para México.

Descripción

¿Cuáles son los elementos óseos que permiten saber que se trata de una tortuga del género Desmatochelys?

Se pudo identificar a nivel de familia y de género, debido a la forma del caparazón y su reducción en la osificación; a las placas periféricas largas y delgadas con contactos serrados; al hioplastrón y el hipoplastrón, que son dos placas óseas de la zona abdominal del caparazón, cuyos bordes presentan terminaciones ramificadas; y al entoplastrón, con su característica forma en “T”.

“Mediante el filtro de luz se aprecian mejor todos los elementos óseos de relevancia taxonómica: las vértebras caudales y el húmero, más grande y robusto que el fémur, porque este tipo de aleta es la que hacía la mayor fuerza para nadar”, apunta López Conde.

A pesar de que se encontraron diferencias para clasificarla como una especie diferente de las dos previamente descritas (Desmatochelys lowii y Desmatochelys padillai), el ejemplar de Múzquiz sería asignado a una especie ya descrita.

En la actualidad, hay tortugas marinas grandes que pueden medir hasta dos metros de longitud, como la tortuga laúd; pertenecen a la familia Dermochelyidae, que en su momento también tuvo representantes durante el Cretácico Tardío.

Los principales géneros colectados en lo que fue el Mar Interior de Norteamérica son Archelon, Protostega y Desmatochelys, los cuales se extinguieron a finales del Cretácico Tardío.

En una siguiente fase, López Conde trabajará en la taxonomía de otra tortuga cuya descripción rápida indica que pertenece a la misma familia Protostegidae, pero podría tratarse de un nuevo género-especie aún no descrito en el mundo.

El ejemplar está prácticamente completo, vivió hace 90 millones de años, en el Turoniano (Cretácico Tardío), y fue colectado en la cantera Venustiano Carranza, también en Coahuila.

“Mi proyecto doctoral aborda la descripción de tortugas fósiles del Mesozoico que vivieron en el territorio que hoy en día ocupa México, así como la obtención de sus relaciones filogenéticas, a fin de aportar conocimiento sobre un grupo de reptiles relativamente olvidados en los estudios paleontológicos del país”, finaliza López Conde.

El paleontólogo universitario contó con la colaboración de la doctora Juliana Sterli, del Museo Paleontológico Egidio Feruglio; del doctor Jesús Alvarado Ortega, del Instituto de Geología de la UNAM; de la maestra en ciencias María Luisa Chavarría Arellano, profesora de la Facultad de Ciencias de la UNAM; y de Héctor Porras Múzquiz, director del Museo de Paleontología de Múzquiz.

viernes, 28 de junio de 2019

Algunos cocodrilos del pasado eran herbívoros

Varios grupos antiguos de cocodriliformes (incluyendo parientes vivos y extintos de cocodrilos y caimanes) no eran carnívoros, como sí lo son en la actualidad, revela un estudio de dientes fósiles.   

De hecho, la evidencia sugiere, según la investigación publicada en 'Current Biology' por científicos de la Universidad de Utah, que una dieta vegetariana surgió en los primos lejanos de los cocodrilos modernos al menos tres veces.

Cocodrilos incluidos en el estudio. JORGE GONZÁLEZ
"Lo más interesante que descubrimos fue la frecuencia con que los cocodriliformes comían plantas --señala Keegan Melstrom, estudiante de doctorado de la Universidad de Utah--. Nuestro estudio indica que los dientes con formas complejas, que inferimos para indicar herbivoría, aparecen en los parientes extintos de los cocodrilos al menos tres veces y quizá hasta seis".

Todos los cocodrilianos vivos poseen una forma y ecología general del cuerpo similar para adaptarse a su estilo de vida como carnívoros semiacuáticos, que incluye dientes cónicos relativamente simples. Estaba claro desde el inicio del estudio que las especies extintas mostraban un patrón diferente, incluidas las especies con muchas especializaciones que no se veían en la actualidad. Una de esas especializaciones es una característica conocida como heterodoncia: diferencias regionalizadoras en el tamaño o forma de los dientes.

"Los carnívoros poseen dientes simples, mientras que los herbívoros tienen dientes mucho más complejos --explica Melstrom--. Los omnívoros se ubican en un punto intermedio. Parte de mi investigación anterior mostró que este patrón se mantiene en reptiles vivos que tienen dientes, como los cocodrilos y lagartos. Así que estos resultados nos dicen que el patrón básico entre la dieta y los dientes se encuentran tanto en mamíferos como en reptiles, a pesar de formas de dientes muy diferentes, y son aplicables a los reptiles extintos”.

Para inferir que los cocodriliformes extintos probablemente comieron plantas, Melstrom y su consejero graduado, el conservador jefe Randall Irmis, compararon su complejidad dental con la de los de animales vivos utilizando un método desarrollado originalmente para ser utilizado en mamíferos vivos. En general, midieron 146 dientes de 16 especies diferentes de cocodriliformes extintos.

Usando una combinación de medidas dentales cuantitativas y otras características morfológicas, los investigadores reconstruyeron las dietas de las especies extintas. Los resultados muestran que esos animales tenían una gama más amplia de complejidades dentales y supuestas ecologías dietéticas de lo que se había apreciado anteriormente.

Los cocodriliformes que se alimentaban de plantas aparecieron al principio de la historia evolutiva del grupo, concluyen los investigadores, poco después de la extinción masiva ocurrida en el Triásico final, y persistieron hasta la extinción masiva del Cretácico final que mató a todos los dinosaurios, excepto a las aves. Su análisis sugiere que la herbivoría surgió independientemente un mínimo de tres veces, y posiblemente seis veces, en cocodriliformes mesozoicos.

"Nuestro trabajo demuestra que los cocodriliformes extintos tenían una dieta increíblemente variada --dice Melstrom--. Algunos eran similares a los cocodrilianos vivos y eran principalmente carnívoros, otros eran omnívoros y otros probablemente se especializaban en plantas. Los herbívoros vivían en diferentes continentes en diferentes momentos, algunos junto con mamíferos y parientes mamíferos, y otros no. Esto sugiere que un herbívoro cocodriliforme tuvo éxito en una variedad de ambientes".

Pájaros gigantes convivieron con el Homo en Europa hace 2 millones de años

Un descubrimiento sorprendente en una cueva de Crimea (Rusia) sugiere que los primeros europeos vivían junto a algunas de las aves más grandes jamás conocidas.

Concepto artístico del pájaro gigante que habitó en Europa. ANDREY ATUCHIN
Anteriormente se pensaba que tal gigantismo en aves solo existía en las islas de Madagascar y Nueva Zelanda, así como en Australia. El espécimen recién descubierto, en la cueva Taurida en la costa norte del Mar Negro, sugiere que sería un ave tan gigante como el ave elefante de Madagascar o el moa de Nueva Zelanda y podría haber sido una fuente de carne, huesos, plumas y cáscara de huevo para los humanos primitivos.

"Cuando sentí por primera vez el peso del ave cuyo muslo tenía en la mano, pensé que debía de ser un fósil de ave de elefante malgache porque no se han reportado aves de este tamaño en Europa. Sin embargo, la estructura del hueso inesperadamente contó una historia diferente", explica la autora principal, la doctora Nikita Zelenkov, de la Academia de Ciencias de Rusia. El estudio se publicó en 'Journal of Vertebrate Paleontology'.

"Aún no tenemos datos suficientes para decir si estaba más estrechamente relacionado con avestruces u otras aves, pero estimamos que pesaba alrededor de 450 kilos --añade--. Este formidable peso es casi el doble del moa más grande, tres veces el ave viva más grande, el avestruz común, y casi tanto como un oso polar adulto".

Es la primera vez que se ha reportado un ave de tal tamaño desde cualquier lugar del hemisferio norte. Aunque la especie era conocida anteriormente, nadie intentó calcular el tamaño de este animal. El ave no voladora, atribuida a la especie 'Pachystruthio dmanisensis', probablemente tenía al menos 3,5 metros de altura puede que no volara pero también era rápida.

Mientras que las aves elefantes se vieron obstaculizadas por su gran tamaño, el fémur de la ave hallada era relativamente largo y delgado, lo que sugiere que era un mejor corredor. El fémur es comparable a los avestruces modernos, así como a las especies más pequeñas de aves moa. La velocidad puede haber sido esencial para la supervivencia del ave.

Junto a sus huesos, los paleontólogos encontraron fósiles de carnívoros masivos y altamente especializados de la Edad de Hielo. Incluían guepardos gigantes, hienas gigantes y gatos con dientes de sable, que podían cazar a los mamuts.

Otros fósiles descubiertos junto con el espécimen, como el bisonte, ayudan a fecharlo hace 1,5 a 2 millones de años. Se descubrió una variedad similar de fósiles en un yacimiento arqueológico en la ciudad de Dmanisi en Georgia, el yacimiento de homininos más antiguo fuera de África.

Aunque anteriormente fue descuidado por la ciencia, esto sugiere que el ave gigante puede haber sido típica de los animales encontrados en el momento en que los primeros homininos llegaron a Europa. Los autores sugieren que llegó a la región del Mar Negro a través del sur del Cáucaso y Turquía.

La masa corporal del ave se reconstruyó usando cálculos de varias fórmulas, basadas en mediciones del hueso del fémur. Aplicando estas fórmulas, la masa corporal del ave se estimó en alrededor de 450 kilos. Tal gigantismo pudo haber evolucionado originalmente en respuesta al entorno, que fue cada vez más árido a medida que se acercaba la época del Pleistoceno. Los animales con una masa corporal más grande tienen menores demandas metabólicas y, por lo tanto, pueden utilizar alimentos menos nutritivos que crecen en las estepas abiertas.

"La red de cuevas de Taurida se descubrió el verano pasado cuando se estaba construyendo una nueva autopista. Gracias a ello se descubrieron restos gigantescos y puede que haya mucho más que el sitio nos enseñará sobre el pasado lejano de Europa", concluye Zelenkov.

jueves, 27 de junio de 2019

Un descubrimiento que pisa fuerte

Un científico argentino localizó la huella más antigua de dinosaurios tireóforos de Gondwana

Para Pablo Pazos este sitio en Neuquén “tenía olor a dinosaurios”. El estudio geológico le permitió dar con el hallazgo: el estegosaurio habitó el planeta hace más de 163 millones de años y podía atravesar cursos de agua.

Pazos es geólogo (sedimentólogo) y en la actualidad dirige el Instituto de Estudios Andinos (UBA-Conicet). Su investigación, publicada en el Journal of South American Earth Sciences, patea el tablero porque quiebra varios presupuestos que indicaban los estudios previos en el área neuquina. Sin proponérselo, pero con buenas dosis de intuición y conocimiento, localizó la huella de dinosaurios tireóforos más antigua de Gondwana, bloque continental que, como todos saben, con el tiempo se desarmaría para dar origen a algunos continentes actuales, entre los que se destaca una parte del nuestro: Sudamérica. El descubrimiento se refiere al rastro dejado por un estegosaurio, popularmente conocido por sus distintivas espinas en la cola y sus famosas placas. Contra todos los pronósticos, la huella fue localizada en un plano inclinado, con lo cual el trabajo requirió necesariamente de un abordaje transdisciplinario. Aquí narra todos los detalles al respecto.

-¿Dónde halló la huella específicamente?

-En la Formación Lajas, una unidad geológica del período Jurásico (200-145 millones de años) que corresponde a la Cuenca Neuquina, en una localidad conocida como Arroyo Covunco (cerca de la ciudad de Zapala). Es una zona que había recorrido en muchas oportunidades con becarios e investigadores jóvenes con el simple propósito de contarles un poco cómo es la sedimentología. Me atraía este lugar porque su geología se encuentra muy a la vista y el subsuelo es reservorio de gas no convencional y petróleo. Desde la primera vez, había rasgos en las rocas que me hacían sospechar que había olor a huellas de dinosaurios. El problema era que todos los modelos paleoambientales –reconstrucciones de las escenografías pasadas– indicaban que estábamos en presencia de un sector marino.

-Es decir, toda la evidencia disponible señalaba que la zona había estado por debajo del nivel de agua…

-Exacto, es por eso que nadie pensaba que podría haber huellas de dinosaurios. Sin embargo, las irregularidades y las coloraciones que observábamos en las rocas me hacían recordar a situaciones similares en las que, contra todos los pronósticos, habíamos localizado huellas en lugares insospechados. Entonces, en una de las últimas visitas que realizamos apareció la huella y significó algo increíble, el corolario de algo que intuía, que lo veía venir pero que no fui a buscar específicamente.

-¿Cómo advirtió que se trataba de un tireóforo?

-En general, las huellas de dinosaurios son bastante fáciles de diferenciar entre sí. Cuando, además, se analiza desde una perspectiva geológica, el estudio adquiere más complejidad y se enriquece. Por ejemplo, no da lo mismo que el animal camine por arena o arcilla, con más o menos humedad, que haya matas microbianas o no las haya. Los rastros que dejan los tireóforos asumen algunas características concretas: tienen entre tres y cinco dedos bastante parecidos (dependiendo si son estegosaurios o anquilosaurios) con una morfología muy singular. Esta tiene tres dedos muy cortos y semejantes, con lo cual, correspondería a un estegosaurio, pero nos costaba asegurar eso ya que los registros óseos que se habían encontrado de posibles tireóforos eran mucho más jóvenes. El único hallazgo pertenecía al doctor Salgado y sus colaboradores sobre una unidad geológica un poco más antigua y ubicada bastante cerca.

-¿En base a qué criterio calculó la edad del hallazgo? ¿Por qué 163 millones de años?

-La Formación Lajas, en la que fue hallada, está delimitada por una discontinuidad geológica que funciona como frontera temporal. La edad más vieja está signada por la unidad que está por debajo, corresponde al Jurásico temprano y aproximadamente tiene una edad de 180 millones de años. Entonces, revisamos la literatura disponible, vimos qué edad tenían las huellas de los tireóforos en Gondwana y encontramos que todas las edades eran más jóvenes. Comparamos, entonces, con todo lo conocido y supimos que era la huella más antigua que alguna vez fue registrada en Gondwana.

-Lo curioso es que siempre se descubren muchas huellas que evidencian una caminata. Aquí, por el contrario, solo se halló una. ¿Por qué?

-Los registros de huellas habitualmente están en planos horizontales. En cambio, ésta fue localizada en la cara posterior de una duna, generada por movimientos de arena debajo del agua. De este modo, al ser un plano inclinado, encontrar otra huella se vuelve más difícil. ¿Cuáles eran nuestras hipótesis? O bien había disminuido el nivel de agua y la superficie quedó expuesta para cuando caminó el estegosaurio, o bien, el animal contaba con la capacidad de desplazarse cuando todavía había un poco de agua en la superficie. En este último caso, perfectamente, podíamos pensar en la posibilidad de una caminata mucho más errática que un trayecto común y corriente.

-¿Y entonces con cuál se quedaron?

-Con la segunda. Teníamos la referencia de una investigación de científicos ingleses que, en 2015, propusieron que los estegosaurios podían cruzar pequeños cuerpos de agua sin problemas. No eran nadadores pero tenían habilidad para atravesar barreras geográficas pequeñas. Estos colegas, además de encontrar las huellas, advirtieron el arrastre de los dedos que quedó "impreso" en las rocas. Es lo mismo que hacemos los humanos cuando nos metemos a una pileta y, poco a poco, avanzamos hacia lo profundo y vamos perdiendo estabilidad. Arrastramos nuestros dedos, vamos en puntitas de pies, hasta que finalmente intentamos flotar.

-Si la huella fue cubierta por agua, ¿por qué no se borró?

-Por las matas microbianas: estructuras presentes en ambientes sedimentarios desde tiempos primitivos Son las responsables de generar la estabilización de los sedimentos. Para decirlo fácil: si uno de nosotros camina sobre una mata observaremos cómo ésta se comporta como una esponja que permite el desplazamiento, pero no corre de lugar el sedimento. Soporta sin problemas la presión del peso ejercido por el cuerpo, como si fuera un colchón.

-Resulta increíble el modo en que el estudio sedimentológico contribuye a comprender un hallazgo paleontológico.

-Es que los geólogos, a lo largo de nuestras carreras, tomamos cursos de estructuras biogénicas como un campo dentro de la sedimentología. A través de la actividad orgánica somos capaces de entender aspectos del medioambiente que no son biológicos. En este marco, desde sus orígenes, la icnología –ciencia que explora el registro del comportamiento de los seres vivos en el lugar donde se produjeron– estuvo en medio del tironeo constante entre la paleontología y la geología. Hoy en día, como resultado, se ubica como nexo perfecto y puente entre ambas. En definitiva, cuanto mejor se lleven nuestras disciplinas mejores resultados de investigación alcanzaremos.