jueves, 19 de mayo de 2016

Desvinculan la desaparición de dinosaurios de problemas en la cáscara de los huevos

Una investigación internacional, de la que forma parte del museo de Salas de los Infantes (Burgos), apoya esa hipótesis

El director del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes, Fidel Torcida, ha explicado a través de un comunicado que buena parte de los estudios que se habían realizado hasta ahora concluían que los huevos fósiles tenían dos o tres capas de cristalización, lo que impedía salir al embrión.


Un equipo internacional, del que forma parte el Museo de los Dinosaurios de Salas de los Infantes (Burgos), ha desarrollado una investigación en la que se rechaza la hipótesis que relacionaba la desaparición de los dinosaurios por problemas que impedían a sus crías romper la cáscara de los huevos.

El director del Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes, Fidel Torcida, ha explicado que buena parte de los estudios que se habían realizado hasta ahora concluían que los huevos fósiles tenían dos o tres capas de cristalización, lo que impedía salir al embrión.

Esto se asociaba con la desaparición de los dinosaurios porque «curiosamente» la mayor parte de los huevos fósiles que se han encontrado son precisamente de épocas próximas al momento de la desaparición de estos animales, hace unos setenta millones de años.

Sin embargo, el nuevo estudio, recientemente publicado en la revista Plos One, establece que las cáscaras de los huevos no tenían ningún problema y que la cristalización añadida se debe a una reacción química en el proceso de fosilización.

La investigación ha sido realizada por un equipo internacional liderado por Miguel Moreno-Azanza, de la Universidade Nova de Lisboa (Portugal), en el que han colaborado, además del Museo de los Dinosaurios de Salas de los Infantes, investigadores de la Universidad de Zaragoza y del CONICET (Museo de Zapala, en Argentina), informa Efe.

Los huevos sobre los que se ha realizado el estudio fueron encontrados en la localidad burgalesa de Espinosa de Cervera y parecen corresponder a un Saurópodo, una gran dinosaurio herbívoro de cola y cuello largos. Cerca del lugar donde fueron encontrados han sido localizados otros fósiles que sí se han podido clasificar con certeza como Saurópodos.

Torcida ha anunciado que este año no se realizará una gran campaña de excavaciones en el entorno de Salas de los Infantes, rico sobre todo en icnitas o huellas de dinosaurios.

Descubren nueva especie de dinosaurio con cuatro cuernos en EEUU

Los científicos autores de la publicación señalan que es muy poco común hallar fósiles 
de esta familia de dinosaurios en esta región de Estados Unidos. Foto: PLOS One















Paleontólogos hallaron en Estados Unidos una nueva especie de dinosaurio, con cuatro cuernos, que vivía hace 77 millones de años. 

El descubrimiento, que se hizo en el parque nacional de Grand Staircase-Escalante National Monument en el estado de Utah, en el oeste del país, fue revelado este miércoles 18 de mayo de 2016 en la revista estadounidense PLOS One. 

Este herbívoro que mediría entre seis y ocho metros de altura y pesaría entre una y dos toneladas, fue bautizado Machairoceratops cronusi. 

Los científicos autores de la publicación señalan que es muy poco común hallar fósiles de esta familia de dinosaurios en esta región de Estados Unidos.En general se encuentran en los estados norteños como Alaska, Montana o en Canadá. 

Este dinosaurio, que data del período Cretácico (entre 145,5 millones y 65,5 millones de años) evolucionó en una parte del continente norteamericano llamado Laramidia, que entonces estaba separado del resto de lo que hoy es Norteamérica por el mar. 

El cráneo fosilizado hallado es diferente al de los otros dinosaurios de la misma familia que han sido hallados en el norte de esta región, lo cual sugiere que estos dinosaurios vivían en dos regiones separadas y constituyeron dos subgrupos que evolucionaron de manera distinta, explican los paleontólogos. 

Los dinosaurios de esta familia, llamados Centrosaurine ceratopsids, tenían cuernos, picos y caparazones para proteger su cuello. 

“El Machairoceratops es único entre los Centrosaurines porque tenían también dos grandes cuernos curvos detrás de la cabeza que apuntaban hacia abajo y formaban parte del caparazón oseo protector de su cuello”, indicó en un comunicado Erik Lund, científico de la Universidad de Ohio y principal autor del trabajo sobre este descubrimiento.

Tras el asesino de los dinosaurios

¿Asteroide o volcanes? Estudios recientes están ayudando a resolver una vieja polémica sobre cuál fue la causa principal de la gran extinción que marcó el final del Mesozoico.


Ilustración de la extinción de los dinosaurios por la actividad volcánica. National Science Foundation

Hasta los niños de primaria hoy saben que los dinosaurios, exceptuando las aves, se extinguieron por el impacto de un enorme asteroide o cometa hace 65 millones de años. Pero en este caso los niños de primaria "saben" más que los científicos, porque muchos de ellos no están del todo de acuerdo, o nada de acuerdo, con esta explicación.

Es decir, nadie niega que tal objeto cayó a la Tierra, si bien no fue hace 65 millones de años, sino hace exactamente 66.043.000 años con un error de más/menos 11.000 años y a menos de 32.000 años de la extinción en masa, según un preciso estudio de datación publicado en 2013. Pero otra cosa es creer que este suceso fuera el culpable directo y único de la muerte de los dinosaurios; aquí es donde surgen las discrepancias. Tan fuertes, que en algunos casos a los científicos sólo les ha faltado llegar a las manos.

En el siglo XIX, cuando el mundo comenzó a conocer los dinosaurios y a quedarse pasmado con estos "terribles reptiles" (literalmente, del griego deinos-sauros), nadie sabía por qué ya no los tenemos aquí con nosotros. Naturalmente, por entonces había una explicación sencilla: por el motivo que fuera, no consiguieron billete en el arca de Noé. Pero a medida que fue conociéndose la historia natural de la Tierra, se hizo evidente que se requería una razón más plausible.

A principios del siglo XX comenzaron a circular teorías tan imaginativas como equivocadas: los dinosaurios desaparecieron porque todos sus huevos fueron devorados por los depredadores, o bien se volvieron demasiado grandes e incluso estúpidos para sobrevivir. Curiosamente, de esta última idea nace la metáfora popular de "ser un dinosaurio", aunque hoy sabemos que es una imagen totalmente errónea.

LOS VOLCANES, ¿CULPABLES?

Las cosas comenzaron a tomar forma en los años 70. En 1972, el investigador de la Oficina Oceanográfica Naval de EEUU Peter R. Vogt propuso en la revista Nature que grandes episodios de vulcanismo en la historia de la Tierra podrían haber provocado extinciones masivas. En concreto, Vogt analizaba con detalle la transición entre el Cretácico (el útimo período del Mesozoico) y el Terciario o Paleógeno. Aquel evento, llamado extinción K-T o K-Pg, no sólo acabó con los dinosaurios, sino también con las tres cuartas partes de todas las especies. En su estudio, Vogt vinculaba este suceso con las erupciones gigantes que originaron las llamadas Traps del Decán, en la actual India, y que vomitaron tal cantidad de lava como para haber cubierto toda España con una capa de roca de un par de kilómetros.

Imagen de los Traps del Decán en la India. Nicholas (CC)

La hipótesis de Vogt encontraría continuidad en el trabajo del geólogo del Instituto Politécnico de Virginia Dewey McLean. En 1978, McLean publicaba un artículo en la revista Science en el que atribuía la extinción K-Pg a un calentamiento global por efecto invernadero, causado por una liberación masiva de dióxido de carbono (CO2) del mar a la atmósfera. Proféticamente, McLean advertía de un riesgo similar en la actualidad debido a la quema de combustibles fósiles y a la deforestación.

En su trabajo original McLean no mencionaba los volcanes; el geólogo incorporó las erupciones del Decán al año siguiente, y en 1981 presentaba por primera vez públicamente su hipótesis en dos reuniones científicas. Pero en la segunda de ellas, celebrada en mayo en Ottawa (Canadá), el geólogo iba a encontrarse con una dura oposición, nada menos que por parte de un premio Nobel: el físico de ascendencia española Luis Alvarez, de la Universidad de California en Berkeley, nieto de un médico asturiano emigrado a EEUU en el siglo XIX.

EL ASTEROIDE, ¿CULPABLE?

Regresemos unos años atrás. En 1973 el químico Harold Urey proponía en Nature que los impactos de cometas con la Tierra podían marcar los períodos geológicos. "Parece posible, e incluso probable, que la colisión de un cometa con la Tierra destruyera a los dinosaurios e iniciara la división Terciaria del tiempo geológico", escribía Urey.

La hipótesis encontraría fundamento pocos años después cuando Alvarez y su hijo Walter, geólogo, estudiaban una roca procedente de Italia que se había formado durante la extinción K-Pg. Aquella piedra tenía algo muy inusual: iridio, un metal raro en la corteza terrestre. En 1979, un artículo en la revista de Berkeley exponía por primera vez la conclusión de los Alvarez: aquel iridio podría ser de procedencia extraterrestre, lo que apuntaba al impacto de un asteroide como causa de la extinción. La hipótesis aparecería publicada en Science al año siguiente.

Recreación de un gran asteroide chocando contra la Tierra. Donald E. Davis JPL | NASA

Para McLean, en cambio, el iridio tendría su origen en la lava procedente del manto terrestre. La confrontación de ambas hipótesis en Ottawa no fue precisamente dulce. McLean denunciaría después que fue presionado y coaccionado por sus oponentes para que abandonara su propuesta, lo que a la larga tendría "un impacto devastador" en su carrera y su salud. Obviamente no renunció, pero la reunión se saldó con la hipótesis extraterrestre como clara vencedora. Hasta hoy. Pese a ello, el debate prosigue, y no siempre respetando las normas de cortesía y transparencia; hay quien ha llegado a denominarlo "tiroteo en la frontera K-Pg".

Naturalmente, el conocimiento ha avanzado notablemente en los últimos 35 años. En 1991 se identificó el lugar del impacto del asteroide propuesto por los Alvarez: el cráter de Chicxulub, en la península mexicana de Yucatán. El hallazgo prestó aún mayor apoyo a la hipótesis de la causa extraterrestre, que en 2010 recibió el respaldo de 41 investigadores en la revista Science. ¿Fin del debate? Ni mucho menos. El artículo fue de inmediato respondido por un número casi equivalente de investigadores que entrescartas alegaban la concurrencia de otras causas en la extinción, sobre todo el vulcanismo en el Decán.

EL ASTEROIDE, ¿INOCENTE?

Una de las firmantes de las respuestas fue la paleontóloga Gerta Keller, de la Universidad de Princeton. Keller es una defensora a capa y espada de la hipótesis del vulcanismo en el Decán y ha llegado a ironizar diciendo que el asteroide de Chicxulub pudo provocar "un dolor de cabeza" a los dinosaurios. La investigadora sostiene que la caída del asteroide fue 300.000 años anterior a la extinción, y que por tanto no pudo ser la causa principal. "Nunca ha habido buenas pruebas de ello, y hay multitud de pruebas de que el impacto fue anterior a la extinción en masa", opina Keller para EL ESPAÑOL; un juicio que otros expertos niegan categóricamente.

Keller fue coautora en enero de 2015 de un estudio en Science dirigido por Blair Schoene, también de Princeton, que dibujaba la extinción masiva K-Pg como un doble golpe: una datación fina sugería que las grandes erupciones en el Decán comenzaron hace 66.280.000 años, creando un escenario funesto que comenzó a aniquilar a algunas especies. Y por si fuera poca desgracia, unos 237.000 años más tarde cayó un asteroide.

¿Demasiada casualidad? Tal vez sólo hasta cierto punto: la colisión fue fortuita, pero el monstruoso seísmo que provocó en la capa superior del manto terrestre avivó las erupciones. Esta es la conclusión de otro estudio publicado en abril de 2015 con la participación de Walter Alvarez. Los resultados se corroboraban en otro estudio publicado el pasado octubre, aunque para otros expertos consultados esta hipótesis aún es una mera especulación sin fundamento. Según esta visión, 50.000 años después del impacto del asteroide el vulcanismo se intensificó. Del total de lava despedida durante los 750.000 años que duraron las erupciones, el 70% surgió después de la caída del asteroide.

Límite K-Pg, el estrato de roca que corresponde al momento geológico de la extinción. Scott (CC)

De ser cierta, esta hipótesis abrocharía ambos fenómenos, asteroide y volcanes, en una solución salomónica. Keller parece satisfecha con la idea de que se atribuya al impacto el papel desencadenante de la que en su opinión es la causa principal de la extinción, los volcanes.

Por su parte, McLean está "de acuerdo con Walter Alvarez en que tanto el impacto como el vulcanismo en el Decán probablemente causaran las extinciones", señala a EL ESPAÑOL; sin embargo, no suscribe la relación entre ambos fenómenos: "Se ha argumentado mucho a favor y en contra de si el impacto provocó el vulcanismo, pero me parece que sin mucha resolución".

LOS VOLCANES, ¿INOCENTES?

Y cuando por fin parecía reinar la paz en la frontera K-Pg, vuelve la tempestad. Un nuevo estudio dirigido por el investigador de la Universidad de Yale Michael Henehan asegura que los efectos del CO2 emitido por los volcanes del Decán, como el calentamiento global y la acidificación de los océanos, habían quedado neutralizados ya unos 150.000 años antes del impacto del asteroide. Es decir, que según Henehan y sus colaboradores, la herida del Decán en el clima terrestre había cicatrizado mucho tiempo antes de la extinción. En otras palabras: el vulcanismo no mató a los dinosaurios.

Como es lógico, el estudio ha erizado los ánimos de los defensores del vulcanismo. McLean considera que "no parece congruente con el vasto banco de datos sobre K-Pg acumulado durante décadas", y subraya que la cronología de la extinción no coincide con la caída del asteroide: "Esta idea, promovida por algunos científicos influyentes y por la prensa, queda refutada por el registro fósil real". "Los dinosaurios NO se extinguieron con el impacto de un asteroide; ya estaban extinguidos antes del impacto", zanja.

Keller es algo más contundente: "Este estudio es tan erróneo y anticuado en prácticamente todo que es difícil saber por dónde empezar". Tanto la investigadora como Blair Schoene, el director del estudio de datación de las lavas del Decán, objetan los datos de Henehan, que sugieren un comienzo de las erupciones demasiado temprano y concentrado en el período anterior a la extinción. "Las erupciones en el Decán continuaron bien entrado el Paleoceno [Terciario] y fueron responsables del largo retraso en la recuperación marina", argumenta Keller.

En respuesta a estas objeciones, Henehan expone a EL ESPAÑOL que todo tiene su explicación: la datación temprana del comienzo de las erupciones fue elegida simplemente para introducir en su modelo una fecha que encajara en las escalas de tiempo geológico empleadas hoy como estándares. Y en cuanto a la continuidad del vulcanismo después de la extinción, aclara: "Nunca dijimos que las erupciones se hubieran terminado antes de K-Pg". Pero añade: "El debate está en la proporción relativa de lava antes y después de K-Pg".

La capa intermedia contiene 1.000 veces más iridio que las otras. Eurico Zimbres (CC)

A este respecto, Henehan subraya que si el total del material expulsado por los volcanes se hubiera repartido gradualmente a lo largo de esos 750.000 años de erupciones, el efecto del CO2 en el clima y los océanos habría sido insignificante, ya que los mecanismos naturales de la Tierra lo habrían neutralizado.

"Es casi imposible obtener ninguna alteración climática o acidificación oceánica en un modelo de ciclo de carbono si asumimos la liberación de CO2 del Decán a lo largo de tanto tiempo". En su lugar, Henehan se basa en estudios previos para proponer un modelo en oleadas. Y en este caso, su resultado se sostiene: el CO2 expulsado antes de la frontera K-Pg se lo tragó la Tierra; en la recta final hacia la extinción masiva, concluye Henehan, no hay acidificación del mar ni subida de las temperaturas.

CASO ABIERTO

En resumen, ¿qué mató a los dinosaurios? La respuesta es que la investigación y el debate prosiguen, aunque Henehan estima que el tiroteo ha cesado. "Creo que estamos básicamente en la misma sintonía, sólo que nos acercamos al mismo problema desde ángulos diferentes", comenta.

El geólogo piensa que los científicos más jovenes están abandonando las trincheras de antaño; incluso McLean reconoce que en esta guerra histórica los dos bandos, incluido el suyo propio, han caído en interpretaciones sesgadas de los datos. Al igual que Henehan, Schoene confía en una paz duradera en la frontera K-Pg: "La sangre nueva y más datos han traído un enfoque menos divisivo", dice a EL ESPAÑOL.

Otra cosa es que se acabe llegando a una respuesta. Y McLean, veterano y ya retirado, no lo ve tan claro: "La ciencia es como una enorme cebolla con infinidad de capas que hay que ir quitando para llegar a la verdad", reflexiona. "Me pregunto si alguna vez llegaremos. Y lo digo basándome en 50 años de investigación de la extinción K-Pg, desde que yo era un estudiante de doctorado de geología en la Universidad de Stanford".

NOTA: XIII CONCURSO DE POSTALES DEL MUSEO DE DINOSAURIOS 2016

Informamos que el jurado se reunirá el próximo martes 24 de mayo , a las 16.30 h. para deliberar. Esa misma tarde nos pondremos en contacto con los premiados.


sábado, 14 de mayo de 2016

EL MUSEO DE DINOSAURIOS CELEBRA UN AÑO MÁS EL DÍA INTERNACIONAL DE LOS MUSEOS

Desde 1977 el Consejo Internacional de Museos (ICOM) celebra el Día Internacional de los Museos, el día 18 de mayo. Este evento internacional une a países de todos los continentes. A lo largo de estos últimos años, el Día internacional de los museos ha logrado la participación de unos 30.000 museos que organizaron actividades en más de 120 países.

El tema “Museos y Paisajes Culturales” pone de manifiesto la responsabilidad de los museos con el paisaje del que forman parte, al cual pueden contribuir aportando sus conocimientos y competencias propias, siendo protagonistas activos de su gestión y buen mantenimiento. La misión principal de los museos es velar sobre el patrimonio, ya esté dentro o fuera de sus muros. Su vocación natural es la de ampliar su misión y desplegar sus propias actividades en el campo abierto del patrimonio cultural y del paisaje del que forman parte, del cual pueden asumir distintos niveles de responsabilidad.

Resaltar el lazo existente entre los museos y el patrimonio cultural es hacer surgir la idea de que los museos también funcionan como centro territorial en una protección activa del paisaje cultural. 
Responsable del paisaje que lo rodea, el museo tiene igualmente la misión de proteger y conservar el patrimonio ambiental con el fin de promover un desarrollo respetuoso. Un museo responsable del paisaje asume, al mismo tiempo, su rol de centro de interpretación del patrimonio y del territorio, promoviendo así su conocimiento y sensibilizando a sus habitantes y a los que lo visitan en sus valores constitutivos, y solicitándoles de su intervención para la conservación y difusión.

El Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes se adhiere un año más a la celebración de este evento internacional con un programa dirigido a todos los públicos para lo cual ha elaborado un programa de actividades a desarrollar durante el mes de mayo.

viernes, 13 de mayo de 2016

PRESENTACIÓN Y FIRMA POR PARTE DEL AUTOR DEL CUENTO "EL SECRETO DE DINOSALAS"

RETRASAMOS MEDIA HORA EL ACTO

Mañana domingo 15 de mayo, tendremos la presentación del cuento EL SECRETO DE DINOSALAS a cargo su autor, Antonio de Benito. Será en el Palacio Municipal de Cultura de la localidad a las 13.30 horas. ¡Os esperamos!


jueves, 12 de mayo de 2016

Reconstruida la historia geológica de unas cáscaras fósiles de dinosaurio de Burgos

El Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes ha participado en un estudio sobre estructura interna de cáscaras de huevo de dinosaurio, con un equipo internacional y que ha sacado a la luz la vida de un huevo burgalés del cretácico, de unos 70 millones de años.


Imagen del estudio del huevo burgalés | PLOS - Museo de Dinosaurios de Salas















Un estudio en el que ha participado el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes reconstruye la historia geológica de unas cáscaras de unas cáscaras de un fósil del Cretácico encontrado en Espinosa de Cervera (Burgos).

Según ha informado el Museo de Dinosaurios de Salas de los Infantes (Burgos), la investigación, publicada en la revista especializada 'Plos One', corresponde a un equipo internacional liderado por Miguel Moreno-Azanza, de la Universidade Nova de Lisboa (Portugal), en la que han colaborado investigadores de la Universidad de Zaragoza, el Museo Provincial de Ciencias Naturales de Zapala (Argentina), y el de la localidad burgalesa.

En el estudio de la cáscara, se han usado tecnologías punteras de microscopía que han permitido reconstruir hasta el detalle de nanomicra la estructura de los cristales que forman la cáscara de huevo de dinosaurios de los huevos encontrados en Espinosa de Cervera.

Esta imagen ha permitido revelar la naturaleza de unos extraños crecimientos cristalinos que se observaban en estas cáscaras y que se interpretaban como una característica exclusiva de estos fósiles. Sin embargo, el estudio ha permitido deducir que estos crecimientos son el resultado de una alteración secundaria de su estructura cristalina producida cuando los fósiles estaban enterrados.

Este trabajo ha puesto de relevancia la importancia de un estudio tafonómico detallado de los restos fósiles que ayuda a comprender los mecanismos que han llevado a la preservación de los fósiles y hallazgo, antes de realizar interpretaciones de carácter biológico que puedan llevar a error. De hecho, hasta ahora muchas cáscaras de huevos fósiles se interpretaba que eran patológicas o anómalas porque presentaban más de una capa de cristales, lo que dificultaría la eclosión de la cría.

Las conclusiones de este trabajo obligan a replantearse estas explicaciones y a estudiar si una estructura extraña en las cáscaras se pueda deber a que sufrieron cambios durante su proceso de enterramiento y transformación en un fósil. Según esta investigación, la estructura de estas cáscaras fue alterada hasta tres veces durante su fosilización.

Como si se tratara de una grabadora, la huella de estos cambios ha quedado preservada en la cáscara que ha llegado hasta ahora desde el final del Cretácico, hace 70 millones de años, poco tiempo antes de la extinción de los dinosaurios.