martes, 14 de junio de 2022

Nuevos datos para comprender la relación entre clima y diversidad biológica al comienzo de la era de los dinosaurios

Un equipo científico llegó a nuevas conclusiones luego de reevaluar con metodología más precisa los afloramientos de la Formación Ischigualasto

Representación de un ecosistema de hace 230 millones de años en el noroeste
de Argentina. Ilustración: Jorge Gonzales.

CONICET/DICYT Un grupo de investigadoras e investigadores del CONICET y de la Universidad de Utah (Estados Unidos) analizó numerosos indicadores paleoclimáticos y las variaciones de riqueza y diversidad de la flora y la fauna, con el fin de comprender mejor la relación entre el clima y la diversidad biológica a fines del Triásico (251-201 Ma), un momento de gran relevancia para la comprensión de los ecosistemas terrestres del Mesozoico. El estudio se centra en el registro geológico y paleontológico de la Formación Ischigualasto, cuyas rocas se encuentran expuestas en diversas localidades de La Rioja y San Juan. Los resultados de la investigación fueron publicados en Frontiers in Earth Science.

El equipo de investigación realizó un estudio multi-proxy, que incluyó varias líneas independientes de evidencia -sedimentología, mineralogía de arcillas, geoquímica, cálculos de precipitación media anual y temperatura media anual-, para mejorar las interpretaciones de las condiciones climáticas y su evolución dentro de la Cuenca Ischigualasto-Villa Unión. En conjunto con el análisis detallado de la biota registrada, que contiene plantas y vertebrados, los científicos evaluaron hipótesis previas y propusieron otras nuevas sobre cómo las variaciones climáticas a gran escala afectaron la diversidad biológica.

Los resultados obtenidos muestran que en general no hay una respuesta biótica asociada a cambios en el clima. Sin embargo, sí se observa una relación entre las variaciones climáticas y el desarrollo de dos grupos de reptiles, principalmente rincosaurios -reptiles herbívoros cercanamente relacionados a los arcosaurios- y pseudosuquios -un grupo de arcosaurios del linaje de los cocodrilos-. “Encontramos que la diversidad y abundancia de ciertos grupos reflejan algún patrón en relación con el clima, una pequeña extinción de arcosaurios de la línea de los cocodrilos y una disminución en la abundancia de rincosaurios”, comenta Adriana Mancuso, investigadora del CONICET en el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA, CONICET-UNCUYO-Gob. Mza).

Además, el análisis de los cambios climáticos en la Formación Ischigualasto mostró un claro cambio en dichas condiciones, aproximadamente a la mitad de la Formación, que no se ve reflejado en los eventos bióticos. “Lo que nosotros observamos es que las variaciones en la abundancia, en los cambios de diversidad reflejados por las primeras y las últimas apariciones de ciertos taxones se encuentran mejor explicados por los sesgos tafonómicos y de colección que por los cambios en el clima”, dice Mancuso.

Según el estudio, los cambios previamente registrados, y que pudieron ser considerados asociados a alteraciones climáticas, mostraron una dependencia con las condiciones de preservación y con un sesgo de muestreo probablemente vinculado a las condiciones de exposición de los afloramientos.

“Lo que muestran los datos es que en realidad el muestreo, cuánto se colectó de material a lo largo de toda la secuencia, y las características que permiten mayor o menor preservación de los restos de animales y plantas fueron factores significativos. Estos dos factores, el de colecta y el de preservación, tienen más fuerza en ese aumento o disminución de diversidad o apariciones y desapariciones de los distintos taxones que los eventos climáticos registrados”, explica la investigadora.

Los investigadores destacan que si bien reconocieron algunos cambios que no estarían ligados a problemas de muestreo o preservación, es llamativa la ausencia de una correlación más fuerte entre los cambios climáticos y los bióticos. En este sentido, podría haber varios factores involucrados que permitirían explicar tales observaciones como que los cambios climáticos registrados no fueran suficientemente importantes para dar lugar a grandes modificaciones en los ecosistemas o que el grado de conocimiento actual sobre los ecosistemas del Triásico no es suficiente para detectar interrelaciones entre el clima y la biota.

Este es uno de los primeros trabajos enfocado al estudio de ecosistemas muy antiguos que aplica metodologías de mayor resolución para la evaluación de hipótesis sobre el vínculo entre los cambios climáticos y eventos bióticos. “Además del aporte sobre la relación de los eventos bióticos y climáticos en la Formación Ischigualasto, nuestro trabajo aporta una metodología para evaluar la respuesta biótica a los cambios climáticos en asociaciones muy antiguas y destaca dónde deberían concentrarse los esfuerzos de exploración y muestreo para contar con datos suficientes que permitan poner a prueba hipótesis de relación biota-clima. Al mismo tiempo, propone nuevas predicciones que pueden ser evaluadas en trabajos futuros”, concluye la investigadora.

dicyt.com

Cómo era en la vida real el giganotosaurio, el nuevo ‘villano’ de ‘Jurassic World: Dominion’

Este dinosaurio vivió hace 97 millones de años en Sudamérica; solo hay dos ejemplares fósiles y uno es apenas un fragmento de mandíbula. Hablamos con su descubridor sobre su protagonismo en la película

Una recreación del hallazgo de 1993 se encuentra exhibida en el Museo Ernesto
Bachmann, en Villa El Chocón, en la provincia argentina de Neuquén, donde fue
descubierta la especie. M. V. E.
Del mayor predador del Cretácico Superior se tienen pocas certezas. Sus dientes eran grandes, afilados y curvos como espadas turcas. Sus 13 metros de largo y sus siete toneladas se desplazaban con aplomo —a no más de 40 kilómetros por hora— por Sudamérica hace más de 97 millones de años. Así era el Giganotosaurus carolinii, el mayor carnívoro conocido hasta ahora y el nuevo villano de Jurassic World: Dominion, la última película de la saga de Parque Jurásico, que se acaba de estrenar en España.

En esta especie, la historia fantástica y la real están enlazadas. Para la humanidad, nacieron juntas. Los fósiles fueron hallados en 1993 en la provincia patagónica de Neuquén (Argentina), el mismo año en el que se estrenó el éxito cinematográfico de Steven Spielberg. Los descubrió un mecánico aficionado a la paleontología, a quien se debe el apellido del dinosaurio: Rubén Carolini. A sus 78 años y con problemas de salud, celebra desde Neuquén la fama internacional de su hijo. “Es algo que no se puede explicar. Me siento feliz, es algo muy importante a nivel científico y único en el mundo”, admite, aunque lamenta que no se trate de una producción fílmica argentina. Es que su otra pasión es el cine, de modo que es un deseo pendiente participar activamente en un proyecto semejante. “Estamos a tiempo todavía”, señala con esperanza.

La suerte de esta especie es también la del pueblo. La villa en la que se halló estaba atravesando una emigración a causa de la privatización de la hidroeléctrica estatal, principal fuente de trabajo de los habitantes en la década de los noventa. El hallazgo del Giganotosaurus carolinii trajo el impulso turístico y científico necesario para la reconversión y frenó el éxodo. El villano de la película es el héroe del pueblo.

“Es más grande, ¿por qué siempre tienen que ser más grandes?”, se pregunta 29 años después en la película el locuaz personaje del doctor Ian Malcom al ver por primera vez al Giganotosaurus carolinii. En realidad, no era mucho más grande que el Tyrannosaurus rex, el anterior gran villano. El fémur del patagónico es apenas dos centímetros más largo que el del norteamericano. En lo que sí tienen diferencias notables es en la dentadura. Uno de los paleontólogos que lo describió en 1995 en Nature, Leonardo Salgado, recuerda el impacto que le produjo comparar por primera vez y en directo ambas especies. “En 1994 fuimos con el hallazgo a un congreso internacional en Estados Unidos y cuando vimos el cráneo original del Tyrannosaurus rex quedamos impresionados por los dientes, por su robustez. Parecían plátanos. Muy diferentes a los del Giganotosaurus carolinii, que son muy largos, con una leve curvatura y bastante planos. A mí me llamó mucho la atención la robustez y el tamaño”. Salgado es investigador en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina y trabaja en la Universidad de Río Negro, desde donde arroja luz sobre las escenas imposibles de la ficción.

La pelea entre el T-Rex y el giganotosaurio que aparece en la recreación del Cretácico del prólogo es científicamente inimaginable. No compartieron geografía ni época. El primero vivió hace 70 millones de años en el norte de América y el segundo hace 100 millones en el sur del continente. “Tienen 30 millones de años de diferencia. Nunca pudieron haberse encontrado”, sentencia Salgado. Tampoco un mosquito habría picado luego al T-Rex que fallece tras ese enfrentamiento. El investigador de Conicet Rodolfo Coria, primer autor del artículo junto a Salgado, asegura que es raro que los mosquitos parasiten animales de sangre fría, como podrían haber sido los dinosaurios. “La sangre que chupa el mosquito al picar no es para alimentarse, sino para calentarse e incubar sus huevos. Por eso pica la hembra. Esa sangre sufre modificaciones en el cuerpo del mosquito que impedirían que se conservara el cromosoma necesario para clonar. Así que ya la idea de clonar a partir de la sangre chupada por un mosquito, hace agua. Es un error biológico”. Sugiere, en cambio, una narrativa más verosímil. “Hubiera sido más fácil usar proyectos actuales basados en materia orgánica no fosilizada, como los de Montana, Estados Unidos, donde hay células de colágeno preservadas en tiranosaurios”.

Casi todo lo que se sabe del Giganotosaurus carolinii se conoce por su holotipo, el primer ejemplar hallado, con base en el que se determina la especie. A excepción de un fragmento de la mandíbula inferior hallada en la misma zona, no hay más. Así que muchas de las conclusiones se completan con los estudios de otras especies de la misma familia: la de los carcarodontosáuridos. El paleontólogo del Conicet Juan Canale es experto en ella y trabaja precisamente en el museo Ernesto Bachmann, en Villa El Chocón (Neuquén), donde está exhibido el holotipo del giganotosaurio. Para él, la estética general que luce el animal en la película es aceptable. “Las cejas, las protuberancias por encima de los ojos tienen un correlato con los huesos. En general, todos los carcarodontosáuridos tienen huesos faciales bastante ornamentados con crestas, surcos y protuberancias. Lo que hace pensar que el cuero habría estado bastante pegado a los huesos en esa zona. Sin embargo, la cresta no se encontró. Es una licencia artística”.

La exageración de los rasgos en el largometraje permite distinguir a simple vista al giganotosaurio del T-Rex, dos terópodos de familias distintas. Las dentaduras, en cambio, se muestran prácticamente idénticas a pesar de que es en lo que más se diferencian. “Los dientes del giganotosaurus son más parecidos a cuchillos y los del tiranosaurio a plátanos”, explica Coria. Unos eran perfectos para cortar. Los otros, para moler. Coria los compara con cimitarras, unos sables tradicionales de Medio Oriente, “como el de Simbad el Marino”, según Salgado. Para él, “lo más llamativo del giganoto, como arsenal, son sus dientes. Muy comprimidos lateromedialmente y muy afilados. Ciertamente, son cuchillos muy filosos”. Y largos. De unos 20 centímetros, aunque una parte estaba inserta en la mandíbula. “Son piezas adaptadas para cortar carne y eventualmente matar, pero no para romper huesos, como podría ser el caso del T-Rex que podría haber quebrado uno de un mordisco”, asegura.

Además de la geografía y la edad geológica, el enfrentamiento contiene otra falacia. Uno de los científicos de la película al presenciar el último duelo bestial hace una afirmación dudosa: “Pon a dos depredadores juntos y al cabo de un tiempo quedará solo uno”. No hay evidencias científicas de disputas territoriales entre dinosaurios. A Salgado no le cuadra. “Lo que no me cierra de la película es que peleen dos carnívoros entre sí, sin ningún motivo aparente”. Sobre todo, porque no habría tenido con quién luchar. “En su época, el T-Rex no tenía quien le hiciera sombra”, asegura Salgado. Está claro que la conducta asesina es pura imaginación. “Ningún animal mata todo el tiempo. Los predadores cazan cuando tienen que cazar. Si se les cruza un animal en un momento en el que no tienen necesidad de cazar, no lo cazan”, aclara el paleontólogo rionegrino. Para él, es importante abordar ese enfoque en la educación zoológica. “En la niñez todavía está esa idea de que los que comen carne son los malos y los que comen plantas son los buenos. Son todos igualmente buenos y malos. No son atributos que uno pueda endilgarles. Las disputas territoriales entre animales —a diferencia de las humanas— no suelen terminan en muerte. “Pierden por puntos”, bromea Salgado. “Porque si no, no sobreviviría nadie. Tal vez si se hubieran sentido amenazados, sí, pero no por el fin de matar. Entendemos perfectamente que es una película y que el bicho tiene que dar miedo, pero eso no significa que haya sido así”.

Tampoco habría sido así el hábitat de los carnívoros gigantes. Desplazarse en una selva tupida habría sido muy inconveniente. El giganotosaurio, al menos, vivía en una especie de sabana, con bosques en galería sobre ríos y estaciones muy contrastadas entre sequías y lluvias intensas. Es que entre los pesados pasos y la vegetación como obstáculo a derribar, hubiese sido imposible pasar inadvertidos al momento de cazar o alcanzar presas más pequeñas y veloces. Los investigadores creen que ninguno era exclusivamente cazador, sino que alternaban con la carroña de acuerdo a la disponibilidad del alimento.

Con un 70% del total de un ejemplar y apenas un pedazo de otro, el giganotosaurio es todavía un enigma.

“Para nosotros está buenísimo que hayan metido bichos nuestros. Demuestra el interés que producen los hallazgos de esta zona, pero tiene que venir más gente, más investigadores y que aparezcan más restos completos o que se preserven partes nuevas para saber más”, anhela Salgado.

La inclusión de esta especie en uno de los mayores éxitos de Hollywood puede ser una nueva oportunidad, como ocurrió en 1993, cuando todo comenzó.

elpais.com

domingo, 12 de junio de 2022

En qué se equivoca la nueva película de Jurassic Park

'Jurassic World Dominion' nos sitúa cuatro años después de la destrucción de la isla Nublar, en la que los dinosaurios conviven con los seres humanos. Analizamos sus errores.

Universal Pictures.
La película 'Jurassic World Dominion' regresa tras la cinta de la saga de ciencia ficción y aventuras que se estrenó en 2018 ('El reino caído'). Esta sexta entrega está protagonizada por Chris Pratt y Bryce Dallas Howard, así como por los actores de la película de 1993 “Jurassic Park”, incluidos Sam Neill, Laura Dern y Jeff Goldblum. Ya solo por el mero hecho de ver a estos actores, muchos han opinado que “merece la pena el precio de la entrada” solo por verlos de nuevo en el mundo de los dinosaurios dirigido por Steven Spielberg y basado en el libro homónimo del autor estadounidense Michael Crichton.

Una nueva aventura

En esta nueva entrega los dinosaurios son más grandes, hay más acción y más momentos 'espeluznantes', a la par que más criaturas mezcladas con humanos. Pero una investigación ha sacado a la luz un error científico importante que ha cometido la nueva película de Jurassic World Dominion. ¿El fallo?

La aerodinámica de las criaturas

Uno de los momentos más emocionantes de Jurassic World Dominion, es precisamente cuando Quetzalcoatlus, un género extinto de pterosaurios pterodactiloideos del Cretácico superior y uno de los mayores animales voladores conocidos de todos los tiempos, desciende del cielo y ataca el avión de nuestros queridos protagonistas. Es una de las imágenes que aparece en el tráiler de la película.

Con sus gigantescas alas que alcanzan los 10 metros de largo extendidas de punta a punta, Quetzalcoatlus tuvo que ser un espectáculo aterrador. Pero, ¿en qué se equivoca la cinta? Un análisis aerodinámico dirigido por investigadores de la Universidad de Nagoya en Japón sugiere que la película ha errado en la forma de hacer ver volar a este pterosaurio. Según el trabajo, estas criaturas gigantes no habrían podido volar más que una corta distancia y ni mucho menos volar a tanta altura y precipitarse sobre una presa como si de un halcón se tratara.

¿Cómo vuelan los pterosaurios?

Chihiro Kinoshita.
Este fue el punto de partida del estudio. Los investigadores, integrados por Yusuke Goto y Ken Yoda de la Escuela de Graduados de Estudios Ambientales de la Universidad de Nagoya, en colaboración con la Universidad de Tokio y el CEBC en Francia, calcularon y compararon la capacidad para volar del gigante extinto y de pájaros modernos utilizando el viento y las corrientes de aire de una manera eficiente en cuanto a energía se refiere.

Las aves emplean dos tipos de vuelo a gran altura: el vuelo térmico, que utiliza corrientes ascendentes para ascender y planear, como las águilas, y vuelo dinámico, que emplea gradientes de viento sobre el océano, como en el caso de los albatros. Utilizando un modelo, calcularon el rendimiento del vuelo térmico y dinámico de cuatro especies de criaturas gigantes voladoras extintas y lo compararon con el rendimiento de las aves actuales.

No podría volar así

Descubrieron que el cuerpo de Quetzalcoatlus no era adecuado para el vuelo elevado, incluso cuando modificaron los parámetros de densidad atmosférica.

“El bajo rendimiento térmico y de vuelo en pendiente de Quetzalcoatlus se debió a la gran carga alar asociada con su gran tamaño corporal”, dicen los investigadores. “Esto sugiere que las condiciones de viento bajo las que este pterosaurio podría realizar un vuelo térmico sostenible eran limitadas. Aunque previamente se había pensado que Quetzalcoatlus era un volador térmico competente capaz de cubrir unos 16 000 kilómetros sin tocar el suelo, nuestros estudios muestran que sus habilidades de vuelo térmico estaban por debajo de las de las aves modernas. Suponemos que los estilos de vuelo de Quetzalcoatlus y otros pterosaurios de tamaño similar eran similares a los de la avutarda kori (Ardeotis kori), que es un volador de corto alcance y pasa la mayor parte de su tiempo en tierra”.

Aunque este estudio llega demasiado tarde para Jurassic World Dominion, sus conclusiones sí que ayudarán a la forma en la que las próximas secuelas, que probablemente habrá, sean retratados estos gigantes alados.

Referencia: “How did extinct giant birds and pterosaurs fly? A comprehensive modeling approach to evaluate soaring performance” by Yusuke Goto, Ken Yoda, Henri Weimerskirch and Katsufumi Sato, 10 March 2022, PNAS Nexus.

DOI: 10.1093/pnasnexus/pgac023

muyinteresante.es

sábado, 11 de junio de 2022

Nueva especie en un aterrador oasis de dinosaurios del Cretácico

Un nuevo tipo de dinosaurio carnívoro de cuerpo grande, o terópodo, ha sido descubierto en un célebre yacimiento repleto de fósiles de especies depredadoras en el desierto del Sahara en Egipto.

Reconstrucción del ecosistema del Oasis de Bahariya en el Desierto del Sahara
de Egipto hace aproximadamente 98 millones de años.
 - ANDREW MCAFEE, CARNEGIE MUSEUM OF NATURAL HISTORY
 
El fósil de esta especie aún sin nombre proporciona el primer registro conocido del grupo de terópodos abelisáuridos de una unidad rocosa del Cretácico medio (aproximadamente 98 millones de años) conocida como la Formación Bahariya, que está expuesta en el Oasis de Bahariya del desierto occidental de Egipto.   

A principios del siglo XX, este yacimiento produjo los especímenes originales de una gran cantidad de dinosaurios notables, incluido un colosal Spinosaurus, un comedor de peces con lomo de vela, que luego fue destruido en la Segunda Guerra Mundial. Anteriormente se habían encontrado fósiles de abelisáuridos en Europa y en muchos de los continentes del hemisferio sur actual, pero nunca antes en la Formación Bahariya. El equipo describe el descubrimiento del abelisáurido de Bahariya en un artículo publicado en Royal Society Open Science.

El estudio fue dirigido por el estudiante graduado de la Universidad de Ohio Belal Salem, basado en el trabajo que inició mientras era miembro del Centro de Paleontología de Vertebrados de la Universidad de Mansoura (MUVP) en Mansoura, Egipto.

El fósil en cuestión, una vértebra bien conservada de la base del cuello, fue recuperado por una expedición MUVP de 2016 al Oasis de Bahariya. La vértebra pertenece a un abelisáurido, una especie de terópodo con cara de bulldog, dientes pequeños y brazos diminutos que se estima que tenía aproximadamente seis metros de longitud corporal.

Los abelisáuridos, más notablemente representados por la forma patagónica con cuernos y aspecto demoníaco Carnotaurus de la fama de "Jurassic World" y "Prehistoric Planet", se encontraban entre los grandes dinosaurios depredadores más diversos y geográficamente extendidos en las masas terrestres del sur durante el Período Cretácico, último de la era de los dinosaurios. Junto con Spinosaurus y otros dos terópodos gigantes (Carcharodontosaurus y Bahariasaurus), el nuevo fósil de abelisáurido agrega otra especie al grupo de grandes dinosaurios depredadores que vagaban por lo que ahora es el Sahara egipcio hace aproximadamente 98 millones de años.

UNO DE LOS LUGARES MÁS ATERRADORES DEL PLANETA DURANTE EL CRETÁCICO   

"A mediados del Cretácico, el Oasis de Bahariya habría sido uno de los lugares más aterradores del planeta", dice en un comunicado Salem, un nuevo estudiante en el programa de posgrado en ciencias biológicas de la Universidad de Ohio. "Cómo todos estos enormes depredadores lograron coexistir sigue siendo un misterio, aunque probablemente esté relacionado con que comieron cosas diferentes, se adaptaron para cazar presas diferentes".

La nueva vértebra tiene implicaciones para la biodiversidad de los dinosaurios del Cretácico en Egipto y toda la región norte de África. Es el fósil más antiguo conocido de Abelisauridae del noreste de África y muestra que, a mediados del Cretácico, estos dinosaurios carnívoros se extendieron por gran parte de la parte norte del continente, de este a oeste desde el actual Egipto hasta Marruecos, hasta el sur como Níger y potencialmente más allá.

Spinosaurus y Carcharodontosaurus también se conocen en Níger y Marruecos, y también se ha encontrado un pariente cercano de Bahariasaurus en esta última nación, lo que sugiere que esta fauna de terópodos grandes a gigantescos coexistió en gran parte del norte de África en este momento.

europapress.es

Los huesos encontrados en la Isla de Wight pueden ser del dinosaurio depredador más grande de Europa

La criatura medía más de 10 metros desde el hocico hasta la cola y todavía no se sabe si perteneció a una nueva especie de dinosaurio

Se cree que los huesos pertenecen a un espinosaurio, enorme criatura que vivía
cerca del mar.
Los cazadores de fósiles en la Isla de Wight han desenterrado los restos de lo que podría ser el dinosaurio depredador más grande jamás encontrado en Europa.

Trozos de hueso pertenecientes a un enorme espinosaurio, una bestia de dos patas con cara de cocodrilo que vivió hace 125 millones de años, sugieren que el cazador terrestre medía más de 10 metros desde el hocico hasta la cola.

Los investigadores descubrieron vértebras y partes de la pelvis y un hueso de una extremidad en la roca erosionada de un acantilado que se había derrumbado en la playa de Compton Bay, en el suroeste de la Isla de Wight, la isla más grande de Inglaterra.

“Por los huesos que tenemos, este animal puede ser el dinosaurio depredador más grande que se haya encontrado en Europa”, dijo el doctor Neil Gostling, paleobiólogo de la Universidad de Southampton a The Guardian.

Si bien los dinosaurios eran criaturas terrestres, se sabe que los espinosaurios pasaban mucho tiempo en el agua o cerca de ella, y los peces constituían una proporción sustancial de su dieta. No está claro si capturaron peces o se alimentaron de ellos después de que llegaron a las costas.

Chris Barker, un estudiante de doctorado que dirigió el estudio, dijo que el animal era “enorme”, aunque aún se ha recuperado muy poco del dinosaurio para determinar si se trata o no de una nueva especie de espinosaurio.

“Es una pena que solo se conozca a partir de una pequeña cantidad de material, pero estos son suficientes para demostrar que era una criatura inmensa”, dijo.

El descubrimiento sigue al trabajo previo sobre espinosaurios realizado por el equipo de la Universidad de Southampton, que informó el descubrimiento de dos nuevas especies en 2021.

Fragmentos de hueso de espinosáurido de White Rock.
Fotografía: PeerJ Life & Environment

La familia de dinosaurios que contiene a los espinosaurios puede haber surgido en Europa hace unos 150 millones de años y desde ese momento se extendió más ampliamente. Los detalles de los restos, que se exhiben en el museo Dinosaur Isle en Sandown, se publican en la revista PeerJ Life and Environment.

Los científicos han llamado al último hallazgo el espinosáurido White Rock por la capa geológica en la que se encontraron los huesos. La mayoría de los restos fueron descubiertos por Nick Chase, un cazador de dinosaurios británico que murió poco antes de la pandemia de Covid.

Darren Naish, paleontólogo y coautor del estudio, dijo que los nuevos restos reforzaron la creencia del equipo de que los dinosaurios espinosáuridos se originaron y diversificaron en Europa occidental antes de generalizarse.

“Esperamos que aparezcan restos adicionales a tiempo”, dijo. “Debido a que solo se conoce a partir de fragmentos en este momento, no le hemos dado un nombre científico formal”.

Las marcas encontradas en los huesos, incluidos los túneles perforados en el trozo de hueso pélvico, sugieren que la criatura se convirtió en alimento para los carroñeros después de morir. Otro coautor, Jeremy Lockwood, estudiante de doctorado en la Universidad de Portsmouth y el Museo de Historia Natural, dijo que los agujeros en la pieza de hueso pélvico eran del tamaño de un dedo y podrían haber sido causados por las larvas comedoras de huesos de un escarabajo carroñero.

El equipo ahora espera preparar secciones delgadas de los huesos que puedan examinarse bajo un microscopio para obtener más información sobre la tasa de crecimiento y la edad potencial del dinosaurio.

infobae.com

La realidad detrás de la ficción de 'Jurassic World': "Es lo mejor que le ha pasado a la paleontología en los últimos 50 años"

Con motivo del estreno de la última película de la saga invitamos a La Ventana al profesor emérito de Paleontología José Luis Sanz García para conocer cómo de realista es la historia de dinosaurios más famosa del cine

Llega a las carteleras: 'Jurassic World: dominion'. Esta nueva entrega transcurre cuatro años después de la destrucción de Isla Nublar vista en 'Jurassic World: El reino caído' que fue la anterior película de la saga. Ahora los dinosaurios conviven con los seres humanos en el mundo, una convivencia que cambiará el futuro. Con el éxito de la saga y la expectación que han creado sus fans, en La Ventana hemos querido hablar sobre dinosaurios, desde el lado científico y no de ficción, con el profesor emérito de Paleontología José Luis Sanz García. Y también nos ha acompañado nuestro crítico de cine, Carlos Boyero.

Ambos han visto ya la película, y Boyero asegura que se queda con la primera película, la del 93, y aunque él nunca fue gran fan de los dinosaurios cree que tienen que tener "algo maravilloso deben de tener cuando la mente de un niño puede enamorarse". El paleontólogo, por su parte, destaca que le parece una de las cuestiones más importantes de la película: "Ese planteamiento de si los seres humanos podríamos convivir con los dinosaurios o si incluso estamos ya conviviendo como con dinosaurios, como es así". Sin embargo, piensa que es "imposible", y ha bromeado con la idea de enocntrarse en la Plaza de Callao a un brontosaurio de 25 metros.

Gracias a la saga se ha avanzado en la paleontología

Aun así, ha elogiado al cine, ya que piensa que en lo relacionado con los dinosaurios son cada vez más creíbles. Y no solo eso, Sanz ha lanzado una dura crítica contra las instituciones: "Hay una cosa que sí, que considero que es bastante evidente, y es que la franquicia, sobre todo la primera película, hizo más por el desarrollo de la ciencia paleontológica de lo que muchas instituciones públicas y privadas habían hecho durante mucho tiempo".

Como ha explicado, a comienzos de los años 70, se creía que los dinosaurios eran monstruos y que no había manera de explicar determinadas estructuras: "Yo creo que el principal logro fue del tándem Creighton-Spielberg (escritor y director). Nos hacen hacer una renovación absoluta de la figura de los dinosaurios". Incluso la productora fundó hace unos años a dos instituciones que financiaban proyectos de investigación, ha revelado el profesor emérito.

"Yo llevaba muchos años dando la asignatura de paleontología de vertebrabos y se notó", ha destacado. Sin duda, Sanz lo tiene claro: "La franquicia es de las mejores cosas que le ha pasado a la paleontología en los últimos 50 años".

cadenaser.com

“Si los dinosaurios se extinguieron durante un período de cambio climático, lo mismo nos puede suceder a nosotros”

Steve Brusatte, asesor científico de 'Jurassic World Dominion'

Como muchos de sus colegas, el estadounidense Steve Brusatte forma parte de
la primera generación de paleontólogos influenciados desde chicos por la saga
de Jurassic Park. / Universidad de Edimburgo.
Forma parte de la primera generación de paleontólogos inspirada por Jurassic Park y ha cumplido el sueño de formar parte de la última entrega de la franquicia. Este investigador estadounidense de la Universidad de Edimburgo analiza el efecto cultural que ha tenido la saga y revela qué es lo que podemos aprender como especie de los antiguos reyes de la Tierra.

Como miles de niños y niñas alrededor del mundo, a los nueve años Steve Brusatte quedó fascinado ante una película llamada Jurassic Park. “Recuerdo haber ido al cine con mi padre y mis hermanos a las afueras de Chicago”, cuenta. “Los dinosaurios me hipnotizaron. Eran tan diferentes a los que aparecían en los libros escolares o en cualquier programa que había visto en TV. Eran tan realistas y los efectos especiales eran asombrosos. Amé la película”.

Sin embargo, el film de Steven Spielberg de 1993, basado en la novela de Michael Crichton, no tuvo un efecto inmediato en él: “Mi hermano Chris fue el que por entonces se obsesionó con los dinosaurios. No yo”, revela a SINC. “Convirtió su habitación en un museo de paleontológico. Tenía muchos libros y juguetes y sabía los nombres de todas las especies. Pero pasaron los años y terminó por contagiarme su pasión. A los 14 años, cuando comencé la secundaria, yo me volví adicto a los dinosaurios. Y poco después lo sabía: quería ser científico”.

Y así lo hizo. Este investigador estadounidense de la Universidad de Edimburgo forma parte de la primera generación de paleontólogos inspirada por Jurassic Park. Ha descubierto 16 especies de fósiles de vertebrados, como el de un pterosaurio de hace 170 millones de años en la isla de Skye (Escocia); publicó más de 110 papers; escribió seis libros (uno de ellos bestseller) y recientemente ha cumplido el sueño de formar parte de la última entrega de la franquicia: Steve Brusatte es el asesor de paleontología de la nueva Jurassic World: Dominion.

¿Cómo se involucró con la película? El anterior consultor de la saga fue el famoso paleontólogo estadounidense Jack Horner.

Todo fue gracias a mi libro, Auge y caída de los dinosaurios: La nueva historia de un mundo perdido, que se publicó en 2018, para la misma época en la que llegó a los cines la anterior Jurassic World (Fallen Kingdom). Pocos meses después, recibí un email algo extraño de un hombre que decía ser Colin Trevorrow. De inmediato reconocí el nombre del director y productor de la saga. Era un mail corto que decía: “Hola, mi nombre es Colin. Hago films científicamente inexactos, leí tu libro y me gustaría conversar”. Al principio, pensé que era una broma de un colega o de uno de mis estudiantes. Luego le pregunté a mi editor y me confirmó que era verdaderamente la dirección de email de Trevorrow. Conversamos por teléfono y nos encontramos cuando vino a Edimburgo, donde vivo. Hablamos durante varias horas sobre dinosaurios. Me dijo que estaba empezando a pensar sobre la próxima película. “Quiero que haya nuevos dinosaurios”, me dijo. “Y en especial que haya por primera vez algunos dinosaurios con plumas”. Es lo que los paleontólogos queríamos ver desde hacía mucho tiempo. “¿Me ayudarías a hacerlos?”, me respondió. No lo podía creer.

Estuve ahí para asegurarme que conocieran lo que sabe la ciencia hasta el momento. Me sentí como aquel que les susurraba la ciencia al oído. Fue un gran privilegio

¿En qué consistió su trabajo como asesor científico de la película?

Básicamente, ser un consultor y estar disponible cada vez que me necesitaran. Trabajé con Colin y su equipo en el proceso de decisión de qué dinosaurios incluir en la película. Aunque yo no terminé eligiéndolos; eso correspondió a Emily Carmichael y Colin Trevorrow, quienes escribieron el guion. Mi trabajo fue responder a preguntas como “¿Qué comía tal especie?”, “¿Dónde vivía?”, “¿Cuáles eran sus características distinguibles?”. O “¿Crees que podría haber hecho tal cosa?”, “¿Crees que podría haber sido de este color o tenido este tipo de tejido?”. Me podían llamar a cualquier hora para consultarme lo que quisieran. Estuve ahí para asegurarme que conocieran lo que sabe la ciencia hasta el momento. Me sentí como aquel que les susurraba la ciencia al oído. Fue un gran privilegio. Aun no vi la versión final de la película ni estuve al tanto de cada guion. Solo visité el set de filmación un día.

¿Percibió un interés por parte de los productores y guionistas para retratar correctamente a los dinosaurios?

Sí. Lo que sí vi es que Colin Trevorrow, el diseñador de producción Kevin Jenkins y otros artistas estaban genuinamente interesados en conocer la ciencia. Ya sabían mucho de cada especie, habían investigado, conocían los últimos hallazgos e investigaciones. Me hicieron muchas preguntas. Me sentí respetado y validado. Igualmente, hay que tener en cuenta que estas son películas, films con enormes presupuestos. No son documentales científicos. No hay que pensarlos ni concebirlos como tales. Además, en estas producciones las representaciones de los dinosaurios nunca van a ser completamente correctas, de la misma manera que las películas de ciencia ficción no muestran al espacio como realmente es. Aun así los dinosaurios de Jurassic World Dominion son muy realistas. Además, hay mucho que no sabemos de estos animales. Hay especies que conocemos solo por unos pocos huesos. Así que, ¿qué significa que los dinosaurios en la película sean o no “correctos”? Creo que debemos ser honestos. Estas son películas, ficciones. Su objetivo es entretener. Todavía hay mucho que desconocemos. Por lo que creo que hay lugar para licencias artísticas.

Las representaciones de los dinosaurios nunca van a ser completamente correctas, de la misma manera que las películas de ciencia ficción no muestran el espacio como realmente es

Es decir, los dinosaurios siempre estarán en intersección de la ciencia y la imaginación. ¿Fue muy distinto trabajar junto al zoólogo Darren Naish como consultor también de la serie documental de Apple TV+ Prehistoric planet narrada por David Attenborough, producida por la Unidad de Historia Natural de BBC Studios y estrenada recientemente?

Los dinosaurios, en la intersección de la ciencia y la imaginación.
/ Universal Pictures.
Fui consultor, pero principalmente durante las primeras etapas de planificación de esta docuserie de cinco episodios entre 2013 a 2019. Cuando nació mi hijo en octubre de 2019, necesitaba alejarme de muchos compromisos, por lo que mi papel durante los últimos años fue mínimo. Fue genial trabajar con el equipo de la BBC y el equipo del productor ejecutivo Mike Gunton, los mejores cineastas de vida silvestre del mundo. Querían realismo, precisión e historias emotivas e identificables. Debido a que este es un documental sobre la naturaleza y no una película de gran presupuesto se ciñeron mucho más a la ciencia y a los últimos conocimientos de paleontología.

La huella cultural de los dinosaurios

En Jurassic World Dominion aparecen 33 especies de animales prehistóricos, siete nuevas especies de dinosaurios nunca antes vistas en la franquicia. ¿Cómo fue la elección del Giganotosaurus, un dinosaurio carnívoro descubierto en 1993 en Argentina, como el gran “villano” del film?

Cuando comencé a hablar con Colin él ya sabía mucho de este depredador. Ya decía que quería que apareciera en el film. En entrevistas dijo que ve al Giganotosaurus como un gran rival para el Tyrannosaurus rex. Incluso lo comparó con el Joker. “Solo quiere ver arder el mundo”, bromeó. Me causó mucha gracia. Recuerdo haber leído en la escuela cuando el paleontólogo argentino Rodolfo Coria identificó los restos del Giganotosaurus carolinii, uno de los mayores dinosaurios carnívoros conocidos. Teníamos un diario escolar y ahí fue donde lo leí. Luego conocí a estos colegas y visité el Museo Paleontológico Ernesto Bachmann en Villa El Chocón, en Argentina, donde se conservan los fósiles de este terrible animal que vivió hace 96 millones de años, es decir, casi 30 millones de años antes que el T. rex.

Lo más importante que hizo la película Jurassic Park fue cambiar la imagen de los dinosaurios para siempre entre el gran público. Hizo que los dinosaurios volvieran a ser geniales

¿Cómo cree que Jurassic Park y sus secuelas han moldeado la concepción pública de los dinosaurios? ¿Se puede hablar de un antes y un después en la “dinomanía”?

Jurassic Park y sus secuelas difundieron grandes ideas que se estaban debatiendo
 desde los 70s y 80s, la llamada era del renacimiento de los dinosaurios.
/ Universal Pictures.
Lo más importante que hizo la película fue cambiar la imagen de los dinosaurios para siempre entre el gran público. Hizo que los dinosaurios volvieran a ser geniales. La saga difundió grandes ideas que se estaban debatiendo desde los 70s y 80s, la llamada era del renacimiento de los dinosaurios. Durante ese tiempo, paleontólogos como Jack Horner y Bob Bakker realizaron grandes descubrimientos y propusieron nuevas teorías: los dinosaurios no eran grandes lagartos escamosos, ni animales tontos de sangre fría como se los retrataba en libros y películas. Eran, en cambio, más activos, dinámicos, inteligentes; algunos tenían plumas. Todas estas ideas llegaron a la gran pantalla y se inyectaron a la cultura en 1993 con Jurassic Park: la película hablaba ya de la conexión de los dinosaurios con las aves. Además, hizo que muchos de mis colegas de mi generación quisieran ser científicos. Muchos museos y universidades empezaron a contratar paleontólogos justo después del estreno de la película impulsados por el renovado interés público en los dinosaurios.

En relación con eso, ¿por qué cree que los dinosaurios cautivan tanto la imaginación de niños y adultos? Incluso más que otro tipo de animales prehistóricos como los rauisuquios -enormes animales lejanamente emparentados con los actuales cocodrilos-; los fororrácidos -una familia extinta de aves conocidas también como “aves del terror”- y demás integrantes de la megafauna. 

Primero, los dinosaurios son fascinantes por mérito propio. Fueron animales increíbles, totalmente fuera de escala si los comparamos con especies vivas en la actualidad. Ningún animal actual se compara con un T. rex o un saurópodo. Los animales de la megafauna son fascinantes también pero estamos más familiarizados con ellos y cercanos en el tiempo. Un mamut habrá sido impresionante pero podemos ver algo parecido como un elefante en un zoológico. Personalmente creo que los dinosaurios son más fantásticos que dragones, serpientes gigantes o monstruos de mitos y leyendas creadas por humanos. Los dinosaurios existieron, fueron reales: ya son una marca registrada, como Coca-Cola. 

Por qué los dinosaurios importan

Como dice en su libro, en promedio se descubre un nuevo dinosaurio cada semana. Es decir, por año se suman unas 50 especies nuevas que nadie sabía que existían. Y, sin embargo, conocemos un pequeño porcentaje de la existencia de estos antiguos reyes de la Tierra. ¿Cómo es trabajar sabiendo que quizás nunca tendremos la imagen completa, que nunca conoceremos todo lo que hay que saber sobe los dinosaurios?

Significa que cada cosa que encontramos tiene el potencial de ser importante y realmente interesante para nuestro conocimiento. Actualmente estamos viviendo una edad dorada de descubrimiento: la paleontología aún es un campo en el que realizamos continuamente nuevos hallazgos. Nunca puedes predecir lo que vas a encontrar. Puedes salir al campo y hallar una especie completamente nueva. Eso significa que debemos ser un poco más humildes frente al registro fósil. Es muy imperfecto. Solo una pequeña fracción de los organismos que alguna vez vivieron se preserva como fósil. Para mí es muy excitante. Sería muy aburrido si supiéramos todo lo que hay que saber sobre los dinosaurios. Hay aun grandes preguntas sin resolver. Conocemos entre 1500 y 2000 especies válidas de dinosaurios, es decir, que han sido nombras y descritas. Pero si piensas en las aves, que son dinosaurios, hay alrededor de 14 mil especies solo en la actualidad. Por eso si lo comparas con los dinosaurios, que reinaron durante 150 millones de años, y lo multiplicas debe haber habido cientos de miles o millones de especies. Y nosotros solo conocemos una ínfima fracción.

Cada cosa que encontramos tiene el potencial de ser importante y realmente interesante para nuestro conocimiento. Actualmente estamos viviendo una edad dorada de descubrimiento

En los últimos 170 años la imagen de los dinosaurios ha cambiado mucho. ¿Cree que nuestra percepción de los estos animales seguirá evolucionando en las próximas décadas?

Por primera vez en la saga, en Jurassic World Dominion aparecen dinosaurios
con plumas. / Universal Pictures
La imagen que tenemos de los dinosaurios cambia con cada descubrimiento. Recién hace solo 200 años fueron analizados y estudiados los primeros fósiles de dinosaurios. Sí, mucha gente ha encontrado huesos durante miles de años antes de la consolidación de la paleontología como el estudio formal de plantas y animales prehistóricos. Pero solo fue en la era victoriana con naturalistas como Richard Owen y William Buckland cuando nuestro conocimiento de estos fósiles comenzó a tomar forma. En este tiempo hemos aprendido mucho; nuestro conocimiento continúa evolucionando y lo seguirá haciendo en las próximas décadas. Hay tanto que no sabemos. Recién hace una década alguien se dio cuenta de que podíamos conocer el color de las plumas de ciertas especies.

En su libro dice que los dinosaurios son una de las más grandes narrativas en la historia de nuestro planeta. ¿Qué podemos aprender los humanos de los dinosaurios como especie? 

Lo seres humanos existimos desde hace unos cientos de miles de años. Construimos ciudades y formamos civilizaciones. Pero somos tan nuevos, tan recién llegados a este planeta. Los dinosaurios, en cambio, reinaron la Tierra durante 150 millones de años. Los dinosaurios nos dan perspectiva. Un baño de humildad. Implica que no se trata solo de nosotros. Otras especies dominaron el planeta antes que el Homo sapiens. Además, a excepción de las aves, los dinosaurios desaparecieron. Si estos animales magníficos se extinguieron durante un período de cambio climático, lo mismo nos puede suceder a nosotros. Suena pesimista pero es, a fin de cuenta, lo que los dinosaurios nos cuentan.

Si no se hubieran extinguido los dinosaurios, quizás no estaríamos hoy aquí. La historia de los mamíferos es nuestra historia, la de nuestros ancestros más profundos

Su nuevo libro, aun no traducido al castellano, se llama The Rise and Reign of the Mammals: A New History, from the Shadow of the Dinosaurs to Us. ¿Qué parte de la biografía de los mamíferos explora?

Toda. Cuento una historia que se extiende a lo largo de 325 millones de años, desde la aparición de los primeros mamíferos hasta el presente. Sigo a los ancestros de los mamíferos, la evolución del pelo y el cerebro en nuestros ancestros lejanos que vivían bajo la sombra de los dinosaurios. Cuando estos animales desaparecieron, los mamíferos prosperaron, aumentaron de tamaño y proliferaron hasta llegar a lo que somos en la actualidad. Si no se hubieran extinguido los dinosaurios, quizás no estaríamos hoy aquí. La historia de los mamíferos es nuestra historia, la de nuestros ancestros más profundos.

Y nosotros, los mamíferos somos los que terminamos recordando y contando la historia de los dinosaurios. Una última pregunta: ¿qué dijo su hermano cuando se enteró que estaba trabajando en Jurassic World?

Al principio no me creyó. Jurassic Park desempeñó un papel tan importante en nuestra infancia, especialmente en la suya... Y ahora formar parte del film y poder aportar mi granito de arena es surrealista. Creo que en el fondo mi hermano está bastante orgulloso de mí.

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