miércoles, 23 de julio de 2025

Encuentran el hueso de un dinosaurio de la manera más sorprendente: en el parking de un museo

Un hallazgo inesperado ha sacudido al Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver, revelando un secreto milenario bajo su propio aparcamiento

Reconstrucción de un paleoambiente del Maastrichtiense tardío (~66 millones de
años atrás) en Norteamérica, donde una llanura aluvial es recorrida por dinosaurios
como Tyrannosaurus rex, Edmontosaurus annectens y Triceratops prorsus.
Davide Bonadonna Eurekalert
El Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver, ya poseedor de una colección considerable de restos de dinosaurios, ha sumado recientemente una pieza más a su fondo. La particularidad de esta adición radica en que no procede de un donante o de una excavación programada, sino de las profundidades de su propio aparcamiento.

El sorprendente descubrimiento tuvo lugar el pasado enero, cuando la institución inició un proyecto de perforación. El objetivo principal era evaluar la viabilidad de cambiar el sistema de energía de gas natural a geotérmica, buscando una alternativa más sostenible para sus instalaciones.

Paralelamente, esta iniciativa ofreció a los investigadores una oportunidad para llevar a cabo un estudio científico de las capas geológicas de la Cuenca de Denver. Para ello, dos plataformas de perforación realizaron sendos pozos de aproximadamente 0,3 metros de ancho, extrayendo muestras del subsuelo.

Un hallazgo inesperado bajo el asfalto

Fue a una profundidad de cerca de 232,5 metros bajo el asfalto donde los geólogos dieron con algo más que sedimentos del río South Platte. Encontraron dos fragmentos óseos. Este descubrimiento se ha producido en el marco de una evaluación energética, según Popsci.

Los huesos encontrados en el garajeRick Wicker Wicker; Richard M.Denver
Museum of Nature & Science, courtesy of History Colorado, Office of the
 State Archaeologist
El fragmento óseo de mayor tamaño, lamentablemente, no resistió intacto el proceso de perforación. Antes de fracturarse, este hueso medía aproximadamente 4,8 centímetros de largo, 5,8 centímetros de ancho y otros 5,8 centímetros de alto.

Un análisis posterior, cuyas conclusiones se publicaron en la revista Rocky Mountain Geology, identificó el hueso como una vértebra. Pertenecía a un herbívoro similar a un Thescelosaurus o un Edmontosaurus.

James Hagadorn, conservador de Geología del DMNS, comentó que la posibilidad de encontrar un hueso de dinosaurio en ese punto exacto era tan remota como "ganar la lotería" y ser alcanzado por un rayo el mismo día, un escenario improbable.

Una Ventana al Cretácico de Colorado

Con una edad estimada de 67,5 millones de años, este fósil se convierte en el más antiguo y profundo hallado hasta la fecha en la ciudad de Denver. Este dato ofrece una ventana de calado al período inmediatamente anterior a la gran extinción masiva del Cretácico-Terciario.

Según explican desde el propio museo en el perfil que acompaña al descubrimiento, el paisaje de Denver durante el Cretácico era radicalmente diferente al actual. En lugar de cumbres nevadas, la región estaba cubierta por selvas tropicales y extensas llanuras pantanosas, donde campaban a sus anchas dinosaurios como el Tyrannosaurus rex.

Patrick O'Connor, director de Ciencias de la Tierra y el Espacio del DMNS, afirmó que este podría ser el descubrimiento más inusual de dinosaurios en el que ha participado a lo largo de su carrera.

Bob Raynolds, asociado de investigación en Ciencias de la Tierra del DMNS, destacó que, en sus 35 años en el museo, nunca habían tenido una oportunidad tan precisa para estudiar las capas geológicas profundas bajo sus pies.

Por el momento, el museo sigue evaluando si realizará la transición a la energía geotérmica. Mientras tanto, los visitantes ya pueden contemplar esta inesperada pieza en una exposición temporal dispuesta para la ocasión.

larazon.es

lunes, 21 de julio de 2025

Un estudiante descubre por casualidad en la playa un mamífero prehistórico de 145 millones de años

Descubre cómo un estudiante universitario encontró en la costa inglesa una nueva especie de mamífero prehistórico de hace 145 millones de años, revelando datos clave sobre la evolución de los primeros mamíferos que coexistieron con los dinosaurios.

Una simple caminata por la playa puede convertirse en un momento decisivo para la ciencia. En una de las zonas más visitadas por aficionados a los fósiles en el sur de Inglaterra, un joven estudiante universitario tropezó —literalmente— con un pequeño hueso que cambiaría lo que se sabía sobre los mamíferos en tiempos de los dinosaurios. El hallazgo no ocurrió en un laboratorio ni tras años de trabajo, sino entre las piedras de una cala ventosa en la costa de Dorset, al sur del Reino Unido. Allí, en Durlston Bay, Benjamin Weston, estudiante de paleontología de 22 años, encontró la diminuta mandíbula de un mamífero que vivió hace 145 millones de años.

El descubrimiento ha sido descrito en un artículo científico publicado en la revista Proceedings of the Geologists’ Association. La pieza recuperada no solo representa una nueva especie dentro del grupo extinto de los multituberculados, sino que también marca la primera mandíbula de este tipo encontrada en Swanage desde la época victoriana. Además, se trata del tercer hallazgo de un mamífero nuevo realizado por estudiantes de la Universidad de Portsmouth en menos de una década, lo que ha generado una auténtica corriente de entusiasmo en el ámbito académico.

Un fósil diminuto, pero lleno de información

La mandíbula fósil mide apenas 16,5 mm de largo, es decir, poco más que la de un ratón, y contiene una serie de dientes con una morfología muy particular: un incisivo alargado, un espacio sin dientes (diastema) y cuatro premolares afilados. Estos elementos, aunque puedan recordar a un roedor moderno, corresponden claramente al grupo de los multituberculados, una antigua rama de mamíferos extintos que coexistieron con los dinosaurios.

Así es como pudo haber sido Novaculadon mirabilis. Fuente: Hamzah Imran
El nombre de la nueva especie es Novaculadon mirabilis. La palabra “Novaculadon” hace referencia al aspecto cortante de sus premolares —similares a cuchillas— y “mirabilis” alude a la asombrosa conservación del fósil, lo que permitió un análisis anatómico muy detallado. “Este es un descubrimiento notable, comparable al que hicimos con los dientes de mamíferos euterios en 2017”, afirmó el paleontólogo Steve Sweetman, quien participó también en la investigación.

El hallazgo destaca por su rareza temporal y geográfica. Aunque los multituberculados fueron muy abundantes y diversos en el Mesozoico, encontrar restos bien conservados de este grupo en Europa occidental no es frecuente. De hecho, esta es la primera vez en más de cien años que se documenta uno en esta parte específica de Inglaterra.

Tecnología punta para una mandíbula milimétrica

El fósil no se encontró en perfectas condiciones visibles. Parte de la mandíbula estaba cubierta por roca, y observar sus detalles con claridad era imposible. Para resolver este problema, el equipo utilizó tomografía computarizada (CT) de alta resolución, un método que permite visualizar el interior del fósil sin dañarlo.

Mandíbula izquierda del holotipo de Novaculadon mirabilis. A: vista bucal;
B: vista lingual. Escala: 5 mm. Fuente: Proceedings of the
Geologists’ Association
La reconstrucción digital fue clave para avanzar en el estudio: Jake Keane, exalumno del mismo grado en paleontología, procesó los datos desde Abu Dabi y aplicó lo que el equipo bautizó como “cirugía dental digital”. Con este procedimiento, se eliminaron virtualmente los restos de roca y se aislaron los dientes individualmente. Posteriormente, los técnicos de la Universidad de Portsmouth imprimieron réplicas 3D a escala aumentada para examinar cada pieza sin riesgo de deterioro.

Gracias a esta combinación de tecnología y colaboración entre antiguos y actuales estudiantes, el fósil pudo estudiarse con precisión y seguridad. Esto permitió confirmar que se trataba de una especie nunca antes descrita.

¿Cómo vivía Novaculadon mirabilis?

Este pequeño mamífero vivió durante el Berriasiense, hace 145 millones de años, en plena era de los dinosaurios.Pese a su tamaño modesto, estaba bien adaptado a su entorno. Según el estudio, era probablemente omnívoro y se alimentaba de pequeños invertebrados como gusanos e insectos.

Modelo 3D de la mandíbula izquierda del holotipo de Novaculadon
mirabilis. A–F: vistas bucal, lingual, oclusal, ventral, anterior y
posterior. Escala: 5 mm. Fuente: Proceedings of the
Geologists’ Association
Los dientes son una pista importante: los incisivos afilados y los premolares en forma de cuchilla sugieren que el animal tenía una estrategia alimentaria distinta a la de los roedores actuales, como las ardillas o ratas. Se ha propuesto que, más allá de triturar semillas, sus dientes estaban preparados para cortar y rasgar materiales más duros, como quitina o tejidos animales blandos.

En la ilustración artística realizada por Hamzah Imran, también estudiante de paleontología, se muestra un animal pequeño, cubierto de pelo, con manchas y rayas especulativas. Aunque estas características son reconstrucciones hipotéticas, basadas en animales modernos y en su entorno ecológico, ayudan a imaginar cómo pudo haber sido en vida.

Los multituberculados: una historia de éxito evolutivo

Los multituberculados constituyen el orden más diverso de mamíferos mesozoicos, con más de 200 especies documentadas hasta la fecha. Su nombre hace referencia a los numerosos cúspides o “tubérculos” que presentan sus dientes posteriores. Estas estructuras les permitían triturar alimentos con eficacia y ocupar nichos ecológicos muy variados.

A lo largo de sus 130 millones de años de evolución, se adaptaron a ambientes terrestres y arborícolas, con especies del tamaño de un ratón hasta otras del tamaño de un castor. Su diversidad y persistencia hicieron que sobrevivieran a la extinción masiva del Cretácico —que acabó con los dinosaurios no avianos—, aunque terminaron por extinguirse durante el Oligoceno, hace unos 33 millones de años.

El hallazgo de Novaculadon mirabilis añade una pieza más a este extenso y complejo puzle evolutivo, y refuerza la idea de que los primeros mamíferos no eran simples criaturas marginales, sino protagonistas discretos de los ecosistemas del Mesozoico.

La importancia de la investigación universitaria de campo

Este descubrimiento no solo enriquece la paleontología europea, sino que subraya el valor formativo del trabajo de campo universitario. El grado en Paleontología de la Universidad de Portsmouth, situado cerca de la isla de Wight —conocida como “Isla de los Dinosaurios”—, ofrece una enseñanza especialmente práctica. Los estudiantes participan en excursiones frecuentes a zonas con registros fósiles excepcionales, como la Costa Jurásica y el propio Swanage.

Dibujo lineal de la mandíbula izquierda del holotipo de Novaculadon
mirabilis. A: vista bucal; B: vista lingual. Escala: 5 mm. Fuente:
Proceedings of the Geologists’ Association
En los últimos diez años, tres nuevas especies de mamíferos fósiles han sido descubiertas por estudiantes de grado de esta universidad, lo que sugiere que su modelo docente favorece no solo la educación, sino también el avance real del conocimiento científico.

“Estoy muy agradecido al equipo y a la universidad por ayudarme a dar mis primeros pasos en la paleontología académica”, declaró Weston. Su entusiasmo y dedicación son prueba de que la ciencia sigue creciendo gracias a quienes se animan a observar con detalle lo que otros pasarían por alto.

Una mandíbula que abre nuevas preguntas

El hallazgo de Novaculadon mirabilis plantea nuevas cuestiones sobre la diversidad de los mamíferos del Jurásico tardío y el Cretácico temprano en Europa. ¿Qué otros linajes aún no identificados podrían estar representados en estos yacimientos? ¿Qué papel jugaban estos pequeños mamíferos en los ecosistemas dominados por los dinosaurios? ¿Qué los hizo tan exitosos durante tanto tiempo?

Referencias

Weston, B. T., Sweetman, S. C., Kean, J., Wood, C., Martill, D. M., & Smith, R. E. (2025). A new multituberculate (Mammalia, Allotheria) from the Lulworth Formation (Cretaceous, Berriasian) of Dorset, England. Proceedings of the Geologists’ Association, https://doi.org/10.1016/j.pgeola.2025.101128.

muyinteresante.com

Analizan cientos de fósiles del Jurásico y descubren que todos murieron de la misma (extraña) manera

Los ejemplares fueron encontrados en el sur de Alemania con una característica que llamó la atención de los investigadores. Calificaron lo ocurrido como "un error letal"

Uno de los fósiles estudiados con un belemnite en la garganta (M. Ebert)
Una investigación reciente ha revelado que numerosos ejemplares fósiles del pez Tharsis, un género extinto que vivió durante el Jurásico tardío, fallecieron por culpa del mismo error letal. El estudio, publicado en la revista Nature Scientific Reports, se basa en ejemplares hallados en la formación calcárea de Solnhofen, al sur de Alemania. 

Estos fósiles, con una antigüedad de 152 millones de años, muestran un patrón repetido: los peces murieron al quedar atrapados con un belemnite alojado en la cavidad bucal y atravesando el sistema branquial, sin posibilidad de expulsarlo ni tragarlo. La investigación ha sido llevada a cabo por los paleontólogos Martin Ebert y Martina Kölbl-Ebert, de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich.

El análisis ha determinado que los Tharsis eran microcarnívoros que se alimentaban por succión de pequeñas presas como zooplancton o larvas. Sin embargo, su método de captura pudo haberles llevado a confundir los cadáveres flotantes de belemnites con una posible fuente de alimento. Estas estructuras estaban cubiertas de algas, bacterias o incluso moluscos, lo que las hacía atractivas para los peces.

"Aparentemente, estos peces microcarnívoros solían succionar restos de tejidos en descomposición o sobrecrecimientos biológicos en objetos flotantes", explican los autores del estudio. "Pero cuando un rostrum de belemnite era absorbido accidentalmente, quedaba atascado de tal manera que no podían deshacerse de él, lo que acababa provocando la muerte por asfixia".

Una trampa letal en los mares jurásicos

Los restos analizados muestran cómo el rostrum de los belemnites, de forma rígida y afilada, penetraba en la boca del pez y atravesaba el sistema branquial. La otra parte, el fragmocono, permanecía encajada en la cavidad oral. Esta combinación provocaba una obstrucción total del flujo de agua, impidiendo que el animal respirase. 

Otro ejemplar con un belemnite atravesado (M. Ebert)
Según los investigadores, los peces no eran depredadores activos de belemnites, ya que estos eran demasiado grandes y poco accesibles. Todo indica que se trataba de encuentros accidentales con cuerpos sin vida suspendidos en la columna de agua, mantenidos a flote gracias al gas atrapado en sus conchas internas.

El hecho de que este tipo de muerte aparezca en numerosos ejemplares sugiere que se trató de un fenómeno frecuente. "Este patrón de fósiles con belemnites atascados no es aislado", subrayan los paleontólogos. Las condiciones de conservación en la formación de Solnhofen han permitido preservar incluso detalles anatómicos finos, lo que hace posible reconstruir el desenlace con notable precisión. 

El entorno de Solnhofen, célebre por otros hallazgos emblemáticos como el Archaeopteryx, vuelve a demostrar su relevancia como yacimiento de referencia mundial en paleontología. Gracias a la excepcional calidad de sus fósiles, los científicos pueden reconstruir comportamientos y riesgos biológicos que resultan invisibles en otros contextos.

Los dinosaurios atravesaron continentes por una Antártida libre de hielo

Hace 100 millones de años, los dinosaurios usaron una Antártida cálida y boscosa como puente terrestre para viajar entre Oceanía y América del Sur

Cabeza de dinosaurio de la especie Diamantinasaurus matildae. /
Crédito: Elena Marian / Museo Australiano de Historia Natural
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El descubrimiento del primer cráneo de dinosaurio saurópodo casi completo hallado recientemente en Australia y sus notables semejanzas con otro representantes de esta especie, identificado previamente en la Patagonia Argentina, sugieren que entre 90 y 100 millones de años atrás, a mediados del Cretácico, los saurópodos viajaban entre Australia y América del Sur a través de la Antártida, que en ese momento no estaba cubierta por hielo y gozaba de un clima cálido.

Investigadores de la Universidad de Curtin y del Museo de Historia Natural de la Era de los Dinosaurios, en Australia, han publicado un nuevo estudio en la revista Royal Society Open Science en el que concluyen que los dinosaurios saurópodos, una variedad caracterizada por tener cabezas pequeñas, cuello y cola largos, cuerpos en forma de barril y cuatro patas columnares, atravesaron de forma habitual la Antártida cuando promediaba el Cretácico, hace entre 95 y 100 millones de años, uniendo los actuales territorios de Oceanía y América del Sur. 

La Antártida, un oasis boscoso

En ese momento, la Tierra vivía una de las épocas más cálidas de su historia geológica reciente: de esta forma, la Antártida era un territorio cálido y cubierto de bosques, sin la presencia del hielo que actualmente la cubre por completo. Según el Museo Australiano, en ese período Australia, Nueva Zelanda, la Antártida (que se ubicaba más o menos en la misma posición que en la actualidad) y América del Sur estaban unidos y formaban el último remanente del supercontinente denominado Gondwana. 

Bajo esas condiciones, la Antártida ofrecía un hábitat o camino atractivo para los saurópodos errantes, que la usaron como puente terrestre para cruzar de una punta a la otra del planeta en su extremo sur. Sin embargo, aunque esta teoría es sostenida por diversos especialistas desde hace mucho tiempo, aún no existían pruebas suficientes que la avalen. Ahora, el hallazgo del primer cráneo de dinosaurio saurópodo prácticamente completo en Queensland, Australia, hace un aporte trascendente para sustentar esta hipótesis.

El cráneo, perteneciente a un dinosaurio apodado “Ann”, era de la especie Diamantinasaurus matildae, un miembro del grupo de dinosaurios Sauropoda, más conocido como saurópodos. “Al analizar los restos, encontramos similitudes entre el cráneo de “Ann” y el cráneo de un titanosaurio llamado Sarmientosaurus musacchioi, que vivió en América del Sur aproximadamente al mismo tiempo que Diamantinasaurus vivía en Australia”, indicó en una nota de prensa el Dr. Stephen Poropat, autor principal del nuevo estudio.

Referencia

A nearly complete skull of the sauropod dinosaur Diamantinasaurus matildae from the Upper Cretaceous Winton Formation of Australia and implications for the early evolution of titanosaurs. Stephen F. Poropat et al. Royal Society Open Science (2023). DOI:https://doi.org/10.1098/rsos.221618

Grandes semejanzas

Además, el científico agregó que “ciertos detalles de la caja craneana, los huesos que forman el extremo posterior del cráneo cerca de la articulación de la mandíbula y la forma de los dientes, que son cónicos y curvos, marcan notables semejanzas entre ambos dinosaurios”. El dinosaurio sudamericano, denominado Sarmientosaurus musacchioi, cuyo cráneo se descubrió en la provincia de Chubut, en el sur de Argentina, se describió en un estudio de 2016 publicado en la revista PLOS One.

Estos datos indicarían, según un artículo publicado en The Conversation, que Diamantinasaurus fue uno de los primeros titanosaurios, un grupo de saurópodos que incluyen a los animales terrestres más grandes que jamás hayan existido, como Patagotitan y Argentinosaurus, que superaban los 30 metros de longitud. Los titanosaurios fueron los únicos saurópodos que vivieron hasta el final del Período Cretácico, hace 66 millones de años, cuando la era de los dinosaurios no aviares llegó a su fin.

En conclusión, el dinosaurio hallado en Australia sería un pariente lejano de los titanosaurios de mayor volumen y habría existido en la misma época que Sarmientosaurus habitaba América del Sur, marcando una prueba contundente sobre el puente que conectó a ambos territorios a través de la Antártida y que sirvió para que los saurópodos se extendieran por la totalidad de la franja sur del planeta. 

Según los científicos, obtener una mejor comprensión de estas especies podría explicar por qué los titanosaurios tuvieron tanto éxito en gran parte del mundo, justo hasta el final de la era de los dinosaurios. (Una primera versión de este artículo se publicó el 18 de abril de 2023)

levante-emv.com

Hallazgo a las puertas del Jurásico: hace 201 millones de años, el océano colapsó… y las ostras fósiles nos cuentan por qué

Un estudio pionero reconstruye el pH del océano hace 201 millones de años y revela que una acidificación rápida, causada por CO₂ volcánico, estuvo detrás de una gran extinción. Las ostras fósiles fueron la clave.

Fuente: ChatGPT / E. F.
Pocas veces un fósil tan humilde como una ostra logra cambiar nuestra comprensión del pasado. Pero eso es justo lo que ocurrió cuando un equipo de investigadores analizó con precisión milimétrica los caparazones mineralizados de Liostrea hisingeri, una especie extinta que vivió en los mares del límite Triásico-Jurásico. Esos restos, olvidados durante millones de años en los sedimentos de lo que hoy es Gales, guardaban información química capaz de reconstruir uno de los episodios más turbulentos en la historia de la Tierra: una acidificación oceánica masiva que coincidió con una de las grandes extinciones del planeta.

Por primera vez, los científicos han podido reconstruir directamente el pH del océano en esa época, demostrando que, al menos en ese lugar y momento, el agua marina se volvió mucho más ácida en un intervalo muy breve. El estudio, publicado en Nature Communications por un equipo de las universidades de St Andrews y Birmingham, vincula esta acidificación a un gran aumento del dióxido de carbono (CO2) atmosférico, provocado por intensa actividad volcánica. El hallazgo aporta pruebas sólidas de que los desequilibrios en el ciclo del carbono pueden tener efectos devastadores, tanto en el pasado como —potencialmente— en el futuro.

El evento que redefinió la vida marina

Hace unos 201 millones de años, al final del período Triásico, la Tierra atravesaba una transformación tectónica colosal. La ruptura inicial del supercontinente Pangea provocó un aumento de la actividad volcánica a escala continental. Esta etapa, conocida como la Provincia Magmática del Atlántico Central (CAMP), liberó enormes cantidades de gases volcánicos, entre ellos dióxido de carbono, a la atmósfera. Según el estudio, el carbono emitido durante este periodo tuvo un origen principalmente mantélico, lo que indica una conexión directa con el vulcanismo profundo de esa era.

Los volcanes liberaron grandes cantidades de CO₂ a la atmósfera, lo que provocó
 una rápida acidificación del océano. Lo sabemos porque las ostras fósiles del género
 Liostrea conservaron en su caparazón señales químicas que permiten reconstruir
cómo cayó el pH marino durante ese evento de hace 201 millones de años.
Fuente: ChatGPT / E. F.
La consecuencia inmediata fue una alteración global del ciclo del carbono. El océano, al absorber ese exceso de CO₂, se volvió más ácido. Lo novedoso del nuevo trabajo es que los investigadores pudieron medir esta caída en el pH usando isótopos de boro (δ¹¹B) conservados en las conchas de ostras fosilizadas. Este indicador permite estimar con bastante precisión la acidez del agua marina en el momento en que se formó el caparazón. En palabras del estudio: "Nuestros datos proporcionan una evidencia robusta de acidificación oceánica asociada a la liberación de carbono en el límite Triásico–Jurásico".

Cómo las ostras revelaron el pH del pasado

El método empleado en esta investigación consistió en analizar los isótopos de boro de ostras fosilizadas en la localidad de Lavernock Point (Gales). Este lugar conserva una secuencia geológica muy bien preservada de esa época, con alternancia de calizas, margas y lutitas marinas. Las ostras del género Liostrea, ya extintas, son especialmente útiles porque su caparazón está formado por calcita de baja concentración en magnesio, que retiene bien las señales geoquímicas originales.

Los resultados mostraron una caída mínima del pH oceánico de 0,29 unidades, de un valor inicial estimado de 8,24 hasta un mínimo de 7,93. "Calculamos un cambio mínimo de pH de −0,29 unidades con un 95 % de confianza, desde un pH inicial de 8,24 hasta un mínimo de 7,93", indica el artículo. Pero esta es solo la estimación más conservadora. Según los modelos empleados, el descenso pudo ser incluso mayor: en el 95 % de los escenarios, la caída de pH superó las 0,41 unidades.

Este cambio no fue solo profundo, sino también rápido. Las simulaciones estiman que ocurrió en menos de 50.000 años, un abrir y cerrar de ojos en términos geológicos. Esto sugiere que los ecosistemas marinos apenas tuvieron tiempo de adaptarse a las nuevas condiciones.

Simulación de la relación entre la fuente de carbono y el cambio de pH en el océano. La posición del punto azul, basado en datos de ostras fósiles, indica que el carbono responsable de la acidificación tuvo un origen mayoritariamente mantélico, coincidiendo con las emisiones volcánicas de la Provincia Magmática del Atlántico Central. Fuente: Nature Communications

Un océano ácido es un océano letal

La acidificación del océano tiene efectos devastadores en organismos marinos que dependen del calcio para formar sus estructuras, como corales, moluscos, equinodermos y muchos tipos de plancton. El estudio muestra que, durante este episodio, la saturación de calcita cayó significativamente, acercándose a niveles que dificultan o imposibilitan la calcificación biológica. El impacto fue tan amplio que los arrecifes de coral desaparecieron de los registros fósiles durante cientos de miles de años, dando lugar a lo que se conoce como un “gap de arrecifes”.

Datos estratigráficos y geoquímicos del perfil de Lavernock Point, Gales. Los
gráficos muestran cómo los isótopos de boro (δ¹¹B), carbono (δ¹³C) y oxígeno (δ¹⁸O),
junto con otros indicadores como el isorenieratano, reflejan una fuerte perturbación
ambiental coincidente con el evento de extinción masiva al final del Triásico.
Fuente: Nature Communications
Esta acidificación coincidió con una de las grandes extinciones del Fanerozoico. Según el estudio, "la acidificación oceánica aparece asociada a tres de los cinco mayores eventos de extinción en la historia de la Tierra". Esto refuerza la idea de que estos fenómenos no solo alteran las condiciones químicas del mar, sino que pueden desencadenar crisis ecológicas globales.

¿Qué provocó el cambio? Las huellas del CO₂

El análisis isotópico del carbono permitió al equipo identificar la fuente probable del CO₂ que alteró el sistema marino. A través de simulaciones del sistema terrestre con el modelo cGENIE, se estimó que el carbono liberado tenía una firma isotópica más pesada que −12 ‰, lo cual descarta que el metano o la materia orgánica hayan sido las fuentes principales. Esto significa que el carbono provenía principalmente del manto terrestre, liberado por el vulcanismo de CAMP.

Este tipo de carbono, al disolverse en el océano, no solo altera el pH sino también la saturación de minerales como la calcita y la aragonita. Estos cambios generan un efecto en cascada que afecta a toda la cadena alimentaria marina.

Además, el estudio sugiere que durante este proceso también se produjo una fuerte desoxigenación del océano, un fenómeno conocido como anoxia. En palabras del artículo: "La acidificación, junto con la anoxia oceánica, probablemente explica la prolongada perturbación ecológica".

¿Puede repetirse este escenario?

Aunque los niveles de CO2 actuales no han alcanzado aún los valores estimados para el Triásico-Jurásico, la velocidad a la que estamos emitiendo carbono es mucho mayor. El estudio subraya este punto de forma clara: "Este registro proporciona una base sólida para vincular los cambios catastróficos en los ecosistemas con las perturbaciones mayores del ciclo del carbono".

La investigadora Sarah Greene advierte que, aunque la extinción de hace 201 millones de años ocurrió en un periodo más largo, la acidificación actual avanza a un ritmo sin precedentes. Esto podría hacer que los ecosistemas modernos, que evolucionaron en condiciones más estables, no logren adaptarse a tiempo.

El mensaje es claro: lo que ocurrió en el pasado puede servir como advertencia para el presente. Si no se reduce de manera urgente la emisión de gases de efecto invernadero, el océano del futuro podría parecerse peligrosamente al que acabó con tantas formas de vida al final del Triásico.

Referencias

Molly Trudgill et al. Pulses of ocean acidification at the Triassic–Jurassic boundary. Nature Communications (2025). https://doi.org/10.1038/s41467-025-61344-6.

muyinteresante.com

domingo, 13 de julio de 2025

"En La Rioja se movían grandes manadas de dinosaurios herbívoros"

El investigador de la Universidad de La Rioja, Adrián Páramo, analiza los últimos hallazgos del equipo 'Garras' en las excavaciones en Igea

Las nuevas excavaciones del equipo 'Garras' en Igea han vuelto a dar resultado. No en vano, el equipo de paleontólogos que lideran los investigadores de la Universidad del País Vasco, Erik Isasmendi y Xabier Pereda-Suberbiola; junto al director del Centro de Interpretación Paleontología de La Rioja, Patxi Sáez-Benito, y el paleontólogo de la Universidad de La Rioja, Adrián Páramo, han encontrado un húmero fosilizado de casi un metro de longitud que corresponde a un dinosaurio herbívoro de grandes dimensiones.

https://cadenaser.com/rioja/2025/07/12/en-la-rioja-se-movian-grandes-manadas-de-dinosaurios-herbivoros-radio-rioja/ (audio)

No es el único hallazgo. "También se han localizado dos concentraciones de fósiles, aunque queda saber si el mismo ejemplar o dos diferentes, y además, también hemos encontrado restos de un dinosaurio carnívoro, un diente, en concreto", explica Páramo.

El resto fosilizado pertenece a la extremidad superior y sería el mayor ornitópodo hallado hasta ahora en La Rioja. Un dinosaurio de cerca de 10 metros de longitud, entre 1,5 y 2 metros de altura y 3 toneladas de peso, además de capacidad de desplazarse con dos o cuatro patas. "Serían grandes manadas de dinosaurios herbívoros los que se moverían por aquí", sostiene, en la ápoca del Cretácico Inferior hace más de 120 millones de años.

Análisis

Ahora el trabajo del equipo 'Garras' se traslada al laboratorio para confirmar la relevancia de los hallazgos encontrados en el terreno. No obstante, se esperan novedades. De hecho, el director del Centro de Interpretación Paleontológica de La Rioja, Patxi Sáez Benito, ya ha anticipado en Radio Rioja Cadena SER, que "La Rioja podría tener una nueva especie", que se sume a Riojavenatrix Lacrustis -la cazadora del lago-.

"Si este hallazgo da suficientes huesos podemos empezar a dibujar la especie que andaría por aquí: una especie exclusiva riojana, una subespecie de algún género conocido en la Península Ibérica o algún otro herbívoro que habitaba por la península", añade Páramo.

En Igea se iniciaron hace 40 años las primeras excavaciones paleontológicas en el yacimiento del 'Monte Quemado', donde se extrajeron los restos óseos de un dinosaurio ornitópodo Hypsilophodon. Un ejemplar que marcó el comienzo de una historia, que todavía continúa.

cadenaser.com

viernes, 11 de julio de 2025

Permanezcan atentos a sus pantallas

Falta poco tiempo para que se produzca una noticia de impacto internacional sobre los dinosaurios de la Sierra de la Demanda. Pondremos luz a esas criaturas de las que ahora solamente percibimos sus sombras... 

Permanezcan atentos a sus pantallas.

dinosaurioscyl.blogspot.com