Un esqueleto casi completo descubierto en China revela un nuevo terizinosaurio de más de 3,6 metros, repleto de pequeños dientes y con unas extraordinarias garras.
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Hallan en China un insólito dinosaurio de más de 120 millones de años que revela una forma inesperada de sobrevivir. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o |
Ahora, un esqueleto casi completo recuperado en la Formación Yixian, en la provincia china de Liaoning, ha permitido identificar un género y una especie hasta ahora desconocidos. Los paleontólogos lo han bautizado Kayrasaurus changliensis, y no se trata precisamente de un ejemplar pequeño. Superaba los 3,6 metros de longitud y los investigadores calculan una masa corporal de entre 117 y 274 kilogramos. Es, además, el mayor terizinosaurio conocido hasta el momento en la célebre Biota de Jehol.
El descubrimiento ha sido presentado por Chun-Chi Liao, William J. Freimuth, Lindsay E. Zanno y Xing Xu en Journal of Systematic Palaeontology. El fósil conserva gran parte del cráneo y la mandíbula, buena parte de la columna vertebral y las extremidades anteriores. Faltan, sin embargo, las patas traseras. El estado de algunos huesos indica además que el animal todavía no había alcanzado completamente la madurez esquelética cuando murió.
Un dinosaurio que parece hecho con piezas de animales diferentes
Los Therizinosaurus llevan décadas desconcertando a los paleontólogos. Eran terópodos manirraptores —el gran linaje que también incluye a las aves—, pero algunos de sus representantes más evolucionados desarrollaron una anatomía que se alejaba mucho de la imagen habitual de un dinosaurio carnívoro. Tenían cabezas relativamente pequeñas, cuellos largos, cuerpos robustos, pelvis anchas y enormes uñas en las manos.
Su combinación de características fue tan extraña que la posición evolutiva del grupo permaneció durante años rodeada de controversia. Los primeros fósiles llegaron a interpretarse incluso como restos de tortugas gigantes y, posteriormente, se propusieron otras afinidades antes de que nuevos esqueletos permitieran situarlos entre los terópodos.
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Diagrama del esqueleto de Kayrasaurus changliensis (IVPP V 18957), representado en vista lateral. Foto: Journal of Systematic Palaeontology (2026) |
Su cráneo también esconde una de las mayores sorpresas. El maxilar alojaba más de 32 dientes y la mandíbula inferior más de 45. Eran extremadamente pequeños y estaban dispuestos muy juntos, con una densidad superior a 3,5-4 dientes por centímetro. La parte delantera de las mandíbulas, en cambio, carecía de dientes.
Los investigadores identificaron además una combinación de características que permite distinguir al animal de cualquier otro terizinosaurio conocido. Sus huesos nasales se prolongaban hacia atrás aproximadamente hasta la mitad de las órbitas y, al menos en uno de los lados conservados, el extremo anterior presentaba dos proyecciones. Una de las uñas de la mano tenía asimismo una peculiar prolongación dorsal descrita anatómicamente como un pequeño “labio”.
Cuatro terizinosaurios compartiendo el mismo ecosistema
El hallazgo adquiere especial interés por el lugar donde apareció. La Formación Yixian forma parte de la Biota de Jehol, uno de los conjuntos fósiles más importantes del Cretácico Inferior. De este ecosistema del noreste de China proceden numerosos fósiles extraordinariamente conservados, entre ellos diferentes dinosaurios emplumados.
Kayrasaurus no estaba solo. En Jehol ya se conocían otros tres terizinosaurios tempranos: Beipiaosaurus inexpectus, Jianchangosaurus yixianensis y Lingyuanosaurus sihedangensis. La convivencia de formas diferentes plantea una pregunta inevitable: ¿cómo podían animales relativamente próximos evolutivamente compartir un mismo ecosistema sin competir exactamente por los mismos recursos?
El nuevo estudio propone una respuesta provisional. Al combinar anatomía, estimaciones de masa corporal e información biomecánica, los investigadores encuentran indicios de al menos dos estrategias ecológicas diferentes entre estos dinosaurios.
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Fotografías de la mano izquierda del ejemplar IVPP V 18957, observada desde su cara medial. Foto: Journal of Systematic Palaeontology (2026) |
Las enormes garras no cuentan toda la historia
Esta interpretación resulta especialmente interesante porque desplaza la atención desde las espectaculares garras de los terizinosaurios hacia el resto de su anatomía. Animales que a primera vista podían parecer muy semejantes quizá explotaban recursos diferentes dentro de un mismo paisaje.
Sin embargo, todavía quedan importantes incógnitas. El cráneo de Kayrasaurus sufrió una fuerte compresión durante la fosilización y algunos elementos resultan difíciles de interpretar. Más importante aún, el esqueleto carece de las extremidades posteriores. Esa ausencia limita las reconstrucciones de su locomoción y también introduce incertidumbre en las estimaciones de masa corporal.
Los propios investigadores consideran que las diferencias ecológicas propuestas deberán ponerse a prueba con nuevos fósiles y análisis más completos. El hecho de que el ejemplar fuese probablemente un individuo inmaduro obliga igualmente a valorar qué características corresponden realmente a la especie y cuáles podrían haber cambiado durante su crecimiento.
Aun con esas cautelas, Kayrasaurus changliensis revela que la diversidad de los primeros terizinosaurios era mayor de lo que sugerían los fósiles conocidos hasta ahora. En un mismo ecosistema convivieron animales de tamaños y proporciones diferentes que aparentemente estaban experimentando con distintas formas de conseguir alimento. Y el mayor de todos ellos, al menos entre los encontrados hasta ahora en Jehol, todavía no había terminado de crecer cuando quedó enterrado hace más de 120 millones de años.
Referencias
Chun-Chi Liao et al, A new therizinosaur from the Early Cretaceous Jehol Biota and ecomorphological patterns among early therizinosaurians, Journal of Systematic Palaeontology (2026). DOI: 10.1080/14772019.2026.2710287



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