domingo, 27 de septiembre de 2026

Hallan en el Ártico noruego un gran yacimiento de fósiles de las extrañas formas de vida anteriores a la explosión cámbrica, no son ni plantas ni animales

Un equipo de la Universidad de Cambridge describe en Finnmark, en el Ártico noruego, los primeros fósiles de Charnia de Escandinavia. Uno de ellos, un organismo con forma de helecho de hace unos 560 millones de años, se conserva en tres dimensiones.

Dos ejemplares diferentes de Charnia hallados durante la expedición en Finnmark.
El conservado en 3D se muestra a la derecha. Crédito: Veenma et al. 2026
Buscar fósiles suele significar meses de trabajo de campo, martillo y paciencia. En Finnmark, la región más septentrional de Noruega, esta vez no hizo falta tanto. Según la Universidad de Cambridge, varias rocas se habían desprendido de un acantilado en un prado de ovejas y, al partirse en la caída, dejaron a la vista un fósil de Charnia, un organismo marino de hace unos 560 millones de años. Es el primer ejemplar de este género confirmado en Escandinavia.

No hay que excavar en absoluto. Es una pared de roca natural y ahí aparecieron los fósiles, explicó el geólogo Yorick Veenma, de Cambridge, a la web Science Norway. Su equipo trabajaba en la zona en un gran estudio geológico y sabía que aquellas rocas podían guardar restos del periodo Ediacárico.

Cerca había un afloramiento donde ya se habían visto indicios de vida de esa época, como las estructuras de anclaje que ciertos organismos dejaron al fijarse al antiguo lecho marino, pero nunca se habían encontrado los organismos en sí. Veenma recuerda que ahí no se había hallado nada parecido a Charnia, y que cuando los fósiles salieron a la luz fue una sorpresa enorme.

Los resultados se publican en la revista Palaeontology. Lo firma Veenma junto a varios coautores, entre ellos Neil Davies, también de Cambridge. Además de Charnia, el equipo identificó otros elementos de aquel ecosistema fósil.

Rocas de antes de la explosión cámbrica

El Ediacárico es el periodo geológico que empezó hace unos 635 millones de años y terminó hace 538 millones. Después llegó la llamada explosión cámbrica, un aumento enorme del número de especies y de la diversidad biológica, pero fue en el Ediacárico cuando apareció en la Tierra la primera vida compleja. Los primeros dinosaurios tardarían todavía más de 300 millones de años en hacer su aparición.

Contexto estratigráfico del ejemplar de Kommagnes Charnia. A, fotografía (orientada al norte) de la parte oriental del acantilado, con la ubicación del bloque flotante marcada con una estrella. B, perfil estratigráfico del lado izquierdo de la imagen A, en el que se indica el intervalo estratigráfico del que podría proceder el bloque flotante. Crédito: Veenma et al. 2026

Las rocas de aquella época afloran en muy pocos lugares del mundo. Veenma señala que el periodo no cuenta con un registro rocoso extenso: para encontrarse, los fósiles tienen que estar dentro de rocas sedimentarias, y si esas rocas escasean, los fósiles resultan aún más difíciles de hallar. De ahí que la mayoría de los fósiles ediacáricos procedan de un puñado de yacimientos. Además de Finnmark, se han encontrado en partes de Gran Bretaña, Australia, Siberia y Canadá.

En el caso noruego, lo que hoy se ve en superficie es un fondo marino ediacárico que los procesos de formación de montañas empujaron hacia arriba, con los organismos que quedaron enterrados y fosilizados en él. A esto se suma la naturaleza de los propios seres vivos. Como explica Davies, casi todos tenían el cuerpo blando y aún no habían evolucionado los esqueletos, de modo que muchos fósiles del periodo son impresiones aplastadas bajo capas de roca.

El estudio lo compara con una flor prensada entre las páginas de un libro, y considera el hallazgo noruego como el primer yacimiento nuevo de importancia de este tipo que se descubre en Europa en décadas.

Un fósil con historia

El nombre del género tiene su propia historia. Charnia toma su nombre de Charnwood Forest, en Leicestershire (Inglaterra), donde se encontró el primer ejemplar. En 1957, Roger Mason, un escolar de 15 años, salió a escalar por la zona con dos compañeros y descubrió en la roca una marca con forma de fronda.

Su padre lo puso en contacto con el geólogo Trevor Ford, que describió el fósil en 1958 en la revista Proceedings of the Yorkshire Geological Society y lo bautizó como Charnia masoni. Ford pensó entonces que se trataba de un alga, una interpretación que hoy se considera errónea.

Décadas después se supo que una colegiala, Tina Negus, había visto el mismo fósil un año antes, pero su profesor descartó que pudiera haber fósiles en rocas precámbricas, es decir, anteriores al Cámbrico, que en aquel momento se consideraban demasiado antiguas para contener vida. A Charnia se la cita a menudo como el primer fósil reconocido como precámbrico, y el género sigue siendo hoy un emblema del Ediacárico.

Características sedimentarias del Miembro Indreelva en Blåberget y Kommagnes. Las facies predominantes oscilan entre arcillas rojas y grises con filones discontinuos de limo (A, B) y paquetes heterolíticos de capas delgadas formados por arcillas, limolitas y areniscas finas intercaladas (C, D). E, marcas de ondulación asimétricas en epirelieve. F, marcas de suela en hiporrelieve, que muestran estrías que cortan marcas de surco. G, estructuras redondeadas rellenas de arena (señaladas con flechas) de múltiples orígenes posibles, comunes en las superficies de estratificación del corte de Kommagnes. Crédito: Veenma et al. 2026

Ni planta ni, quizá, animal

Aunque recuerde a un helecho, Charnia no es una planta. Los ejemplares descritos por Veenma y sus colegas miden entre unos pocos centímetros y algo más de diez, mientras que los mayores que se conocen del género rondan el metro. Eran blandos, con estructuras en forma de ramas, y se sujetaban al fondo marino mediante una especie de base de anclaje. Se parece un poco a una pluma o a un helecho, dice Veenma.

Cómo vivían y de qué se alimentaban es algo que se desconoce. Según recoge Science Norway a partir de la cadena PBS, probablemente habitaban a demasiada profundidad para hacer la fotosíntesis, aunque quizá filtraban agua marina. El estudio añade que carecían de boca, de órganos y de cualquier medio de movimiento visible, y los describe como una bolsa llena de sustancia viscosa, parecida a una medusa sésil, es decir, fija al suelo. Se lo suele considerar uno de los primeros animales que existieron.

Veenma es más prudente. Ni siquiera estamos seguros de que debamos llamarlos animales, admite. Cuando se retrocede tanto en el tiempo, explica, estos organismos son tan extraños que cuesta clasificarlos junto a las formas de vida que conocemos. El geólogo recuerda que el conocimiento sobre ellos evoluciona constantemente y que queda mucho por aclarar. Es una forma de vida que no se parece a nada de lo que conocemos hoy, resume.

Un fósil en tres dimensiones

Uno de los ejemplares de Finnmark tiene algo especial: se conserva en 3D. Lo habitual es que estos fósiles queden como improntas planas. Aquí, una especie de alud submarino sepultó rápidamente al organismo bajo el fondo marino, y su cuerpo se llenó de arena y sedimento antes de fosilizar, de modo que conservó su volumen.

Los depósitos que lo cubrieron son turbiditas, las capas que dejan este tipo de corrientes de sedimento en el fondo del mar. El estudio lo describe como uno de los fósiles tridimensionales de animal más antiguos que se conocen, algo poco común en organismos de cuerpo blando de esta edad.

Esa conservación permitió ver detalles que pasan inadvertidos en los fósiles planos, como unas crestas sutiles, a modo de quillas, a lo largo de cada rama. Cuando ves la misma especie conservada de otra manera, empiezas a fijarte en propiedades que antes no habías visto, señaló Veenma.

Según explicó a Science Norway, el ejemplar presenta aristas bastante marcadas en lo que parecen ramas, lo que sugiere que Charnia pudo ser más angulosa de lo que se pensaba. Ahora bien, se trata de un solo ejemplar, y se desconoce si esta característica es habitual o excepcional.

Lo que aún puede aparecer

Los propios autores piden no dar el yacimiento por explorado. Según Veenma, un fósil suelto no cuenta la historia completa: lo ideal es reunir ejemplares de distintos tipos, tamaños, lugares y entornos, porque solo así puede reconstruirse cómo funcionaban aquellos organismos y sus ecosistemas.

Para ello hay que encontrar más fósiles. El investigador añade que los científicos tienden a volver una y otra vez a los mismos yacimientos conocidos, y que el hallazgo demuestra que aún hay potencial en lugares menos familiares.

Davies va más lejos y plantea que allí arriba podría haber toda una comunidad de organismos tempranos sin descubrir, con pequeñas formas como paraguas y otras cosas que no encajan con lo que se conoce de otros sitios. Por ahora, ni esas formas ni la propia naturaleza de Charnia tienen una respuesta definitiva.

Una versión de este artículo también está disponible en inglés: Read this article in english

FUENTES

Lassse Biørnstad (Science Norway), These strange, mysterious organisms lived in Finnmark 560 million years ago

Veenma, Y.P., McMahon, W.J., et al. (2026), Charnia and other late Ediacaran macrofossils preserved in turbiditic deposits of the Indreelva Member (Finnmark, Norway). Palaeontology, 69: e70082. doi.org/10.1111/pala.70082

labrujulaverde.com

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