viernes, 9 de junio de 2017

Insólito fósil de un ‘pajarito’ conservado en ámbar desde la época de los dinosaurios

  • El fósil data de hace 99 millones de años.
  • El hallazgo muestra el ave más completa conservada en ámbar encontrada hasta la fecha.

Fuente: Ming Bai, Chinese Academy of Sciences.
Un equipo de científicos ha encontrado los restos más completos de un ave descubiertos hasta la fecha. El 'pajarito' conservado en ámbar fue un ejemplar de enantiornites, un grupo extinto de aves voladoras. El hallazgo, publicado en la revista Gondwana Research, muestra un fósil que data de hace 99 millones de años, es decir, se mantiene desde la época de los dinosaurios.
Son los restos de un ave conservados en ámbar más completos hallados hasta la fecha 
Los investigadores, procedentes de China, Canadá y Estados Unidos, encontraron el fósil del 'pajarito' en Myanmar (Birmania). Las proporciones del ejemplar y la morfología de su plumaje conservado en ámbar han llevado a los científicos a pensar que se trata de un individuo de muy corta edad, de apenas unos días o semanas de vida, que quedó atrapado en la resina y "congelado en el tiempo". Según muestra el estudio, el fósil contiene la cabeza, el cuello, el ala, la cola y las patas completas del 'pajarito' de 99 millones de años.

Aves extintas que podían volar

El ejemplar, al que han denominado 'Belone', conservó tanto restos óseos como tejido blando. Casi la mitad de su cuerpo está fosilizado en apenas siete centímetros, una muestra suficiente para comprender un poco mejor los estadios juveniles de los enantiornites, el grupo al que perteneció el 'pajarito' hallado ahora y que representó el grupo más abundante de aves durante el Cretácico. Estos seres vivos, que se extinguieron junto con los dinosaurios, eran más avanzados que los grupos prehistóricos de Archaeopteryx y Confuciusornis, aunque más primitivas que las aves actuales, que no dejan de ser 'dinosaurios modernos'.
El ejemplar, denominado Belone, tenía apenas unos días o semanas de vida cuando quedó atrapado en ámbar 
Los científicos, que habían explorado la región de Myanmar desde 2014, habían encontrado anteriormente fósiles de dos enantiornites que solo conservaban las alas, según detallan en el trabajo. Los restos hallados ahora en ámbar pertenecen a la Edad Albiense, en el período del Cretácio, una época geológica que ocurrió hace entre 105 a 95 millones de años. La investigación ofrece el fósil más completo preservado de un enantiornite, y muestra diferentes partes del cuerpo de este ave ya extinguida. Los restos de plumas observadas en este especimen tan joven apoyan la idea de que este grupo de aves tenía la capacidad de volar.

Sin embargo, la habilidad que les confirió independencia también fue una suerte de trampa para los ejemplares más pequeños. Esa es la razón,
según los investigadores, que explicaría el gran número de enantiornite jóvenes conservados en el registro fósiles. De hecho, no hay aves de otros grupos conservadas del Cretácico que presenten edades tan cortas. El 'pajarito' preservado en ámbar fue adquirido en 2014 por Guang Chen, director del Museo Hupoge de China, que se interesó por el fósil cuando oyó hablar de unos restos que contenían una "extraña garra de lagarto". La muestra de Belone se encuentra ahora expuesta en dicha galería, aunque será trasladada en el Museo de Historia Natural de Shanghai entre el 24 de junio y finales de julio.
El fósil nos permite conocer un poco mejor un grupo de aves que se extinguieron con los dinosaurios

Sus resultados nos permiten conocer un poco mejor cómo eran estos ejemplares y cuáles eran las diferencias más destacadas con las aves modernas. Como explican en National Geographic, los restos encontrados en Birmania son posiblemente los que contienen una mayor variedad de fósiles de animales y plantas del Cretácico. Estos mismos investigadores descubrieron el pasado mes de diciembre la primera cola de un dinosaurio conservada en ámbar, que fue hallada en la misma región del país asiático, según publicaron en Current Biology. El hallazgo presentado ahora permite conocer un poco mejor la historia evolutiva de las aves.

El dinosaurio al que le salieron dientes 200 años después

Científicos realizan nuevos hallazgos en una famosa mandíbula de megalosaurio desenterrada en 1824

El megalosaurio tal y como los paleontólogos victorianos creían que era (derecha) 
y tal y como se describe en la actualidad (izquierda) - U. Warwick/Mark Garlick
El megalosaurio es un viejo conocido de los paleontólogos, tanto que fue el primer dinosaurio descrito científicamente y que recibió un nombre en todo el mundo. Pero ahora, casi 200 años después de que unos famosos restos de la especie fueran descubiertos, los científicos se han dado cuenta de que se les había pasado algo por alto. Una tecnología pionera de imagen digital en 3D desarrollada por la británica Universidad de Warwick ha permitido observar el interior de la mandíbula del animal con gran detalle por primera vez. Y resulta que, bien escondidos en el fondo, tenía cinco dientes que nunca antes se habían visto.

Quizás el número de dientes parezca algo anecdótico, un detalle sin importancia, pero no lo es. El nuevo hallazgo demuestra una vez más que la imagen que tenemos de los dinosaurios puede ser bastante diferente de lo que era en realidad. Cada nuevo descubrimiento ayuda a cambiar un rasgo. Solo hay que ver la imagen que ilustra estas líneas, en la que a la derecha aparece el megalosaurio tal y como los paleontólogos victorianos creían que era, y a la izquierda, tal y como se describe en la actualidad. Nada que ver.

El megalosaurio, cuyo nombre significa «gran lagarto», vivió en el período Jurásico Medio, hace aproximadamente 167 millones de años. Era un dinosaurio carnívoro, medía alrededor de 9 metros de longitud y pesaba 1,4 toneladas. El fósil de la mandíbula estudiado es muy famoso, fue hallado en Stonesfield, cerca de Oxford en 1824, y se conserva en el Museo de HistoriaNatural de la Universidad de Oxford.

La mandíbula del megalosaurio- U.W.
Los investigadores realizaron más de 3.000 imágenes de rayos X del hueso del megalosaurio y crearon una imagen digital tridimensional. En un nivel de análisis sin precedentes, el equipo fue capaz de ver el interior del hueso maxilar, por primera vez, trazando las raíces de los dientes. De esta forma, también observaron que la muestra sufrió algunos daños cuando fue retirada de la roca, posiblemente poco después de ser descubierta.

Los registros en el museo donde se guarda el fósil sugieren que algunas obras de restauración podían haber sido llevadas a cabo por un asistente del centro entre 1927 y 1931, mientras se reparaba la muestra para su exhibición, aunque no hay detalles acerca de la magnitud de las reparaciones o los materiales utilizados.

Unos diminutos, otros gastados

Las exploraciones revelaron dientes nunca antes vistos que estaban creciendo en lo profundo de la mandíbula antes de la muerte del animal, incluidos restos de viejos dientes gastados y también otros diminutos que comenzaban a crecer.

Los escáneres también muestran la verdadera magnitud de las reparaciones en el fósil por primera vez, revelando que puede haber habido al menos dos fases de reparación, utilizando diferentes tipos de yeso.

«Ser capaz de utilizar una tecnología normalmente reservada para la industria aeroespacial y la ingeniería de automoción para analizar una muestra de historia natural tan rara e icónica ha sido una oportunidad fantástica», dice Mark Williams, profesor de Warwick. «Cuando era niño estaba fascinado con los dinosaurios y recuerdo claramente haber visto imágenes de la mandíbula del megalosaurio en los libros. Tener acceso a examinarla en la realidad ha sido una experiencia increíble».

jueves, 8 de junio de 2017

T. rex cambió las plumas por una piel de reptil moderno

A pesar de que sus antepasados lucieron plumas, Tyrannosaurus rex probablemente tuvo piel escamosa, según evidencia fósil que asemeja la piel del enorme depredador con la de los reptiles modernos.   

SCOTTROBERTANSELMO/WIKIMEDIA
Durante su evolución, esta especie pudo haber abandonado sus plumas porque ya no necesitaba aislamiento cuando alcanzó proporciones gigantescas, proponen los científicos en un nuevo estudio.

Si la piel del T. rex tenía escamas, plumas o ambos, ha sido durante mucho tiempo un misterio, en gran parte debido a la falta de evidencia fósil.   

Se han identificado plumas primitivas en algunos miembros del grupo de los tiranosaurios, lo que ha llevado a la especulación de que el acnestral depredador también lucía plumas.

En una nueva investigación, investigadores analizaron las impresiones de la piel de un esqueleto de T.rex conocido como Wyrex, desenterrado en Montana. También investigaron restos de ejemplares que vagaban durante el Cretácico Superior en Asia y otras partes de América del Norte, incluyendo Albertosaurus y Gorgosaurus.

Los restos de piel del cuello, la pelvis y la cola de Wyrex muestran una piel escamosa y reptiliana, según un equipo dirigido por el doctor Phil Bell de la Universidad de Nueva Inglaterra, Australia.   

En su artículo publicado en la revista Biology Letters, dicen que el tegumento fósil (cubierta exterior) de T.rex y otros miembros del grupo confirman que "estas formas de cuerpo grande poseían escamosa piel reptiliana", informa la BBC.

Los Tiranosaurios fueron temibles depredadores durante la última parte del Cretácico, hace 85 a 65 millones de años. Eran conocidos por sus dientes afilados, pequeños ojos y pequeños miembros inferiores (brazos). El grupo incluye Albertosaurus, Gorgosaurus, Daspletosaurus, Tarbosaurus, así como el icónico T. rex.

Se confirma que una roca encontrada hace 52 años es en realidad el fósil de un huevo de dinosaurio

El Museo de Dinosaurios de la prefectura de Fukui y la ciudad de Shimonoseki, en la prefectura de Yamaguchi, confirmaron el lunes que una roca recogida en 1965 por el que era entonces un estudiante de instituto de esta última localidad del oeste de Japón, es en realidad el fósil de un huevo de dinosaurio.

Con anterioridad se habían descubierto fósiles de hasta ocho tipos de huevos de dinosaurios en Japón, en las prefecturas de Fukui, Gifu y Hyōgo.

La ciudad y el museo aseguran que este huevo fosilizado es diferente de los otros ocho tipos, y es muy probable que se trate de un huevo puesto por un dinosaurio bípedo carnívoro o un terópodo.

Fragmentos del huevo fosilizado de dinosaurio recogido en 1965 expuesto en el 
Museo de Dinosaurios de la prefectura de Fukui el 2 de junio de 2017. (© Jiji)
El huevo fosilizado, partido en varios fragmentos, es también el primer fósil de dinosaurio encontrado en el país. Anteriormente el fósil de la parte superior del brazo de un dinosaurio Moshiryū hallado en 1978 en la ciudad de Iwaizumi, en la prefectura de Iwate en el noroeste de Japón, estaba considerado el primero encontrado en el país.

La roca fue recogida por Shimizu Yoshiharu, natural de Shimonoseki, y un amigo en septiembre de 1965 cuando Shimizu era estudiante de segundo curso de instituto, según ha informado el museo de la ciudad de Katsuyama en la prefectura de Fukui. El fósil fue descubierto en una capa de tierra que data de comienzos del período Cretácico, hace alrededor de entre 120 millones y 100 millones de años, en la parte superior del río Ayaragi en Shimonoseki.

martes, 6 de junio de 2017

Parque jurásico en Tacuarembó

Nunca nombrarían a su proyecto “Un techo para mis dinosaurios”, aunque en algo de eso andan: gracias a su insistencia, en breve Uruguay tendrá el primer museo semiabierto de huellas de dinosaurios.

Foto: Pablo Toriño
El anuncio tuvo lugar el miércoles 31 de mayo, cuando en el marco de la Tecnicatura en Bienes Culturales, cogestionada por el Centro Universitario de Tacuarembó, el Centro Universitario Paysandú y la Facultad de Humanidades, se presentó el proyecto de construcción del museo de huellas de dinosaurios, que se erigirá sobre la ruta 26, próximo al pueblo Cuchilla del Ombú, en Tacuarembó, y que contó con la presencia de paleontólogos de la Facultad de Ciencias, autoridades de la Intendencia y habitantes de la zona.

La noticia más importante, al menos para el paleontólogo Pablo Toriño, que participó en el evento, es que todo indica que la construcción se iniciará este año y que, como es una obra relativamente sencilla, no llevará más de tres o cuatro meses. Es la concreción de un anhelo de larga data: “Desde que aparecieron las huellas en 2009, nos dedicamos a procurar fondos presentándonos a distintas convocatorias”. Toriño dice que fue un proceso arduo, “pero a principios de 2016 tuvimos suerte y el proyecto ‘Ruta de los Dinosaurios’ fue premiado por el Ministerio de Educación y Cultura con dos millones de pesos. Con eso, más la contraparte que pone la Intendencia de Tacuarembó, que son cuatro millones, completamos el presupuesto necesario para comenzar la construcción”.

Azar y constancia

Es curioso hacer un museo sobre huellas de dinosaurios al costado de una ruta como la 26. Lo que sucede es que la decisión de la ubicación la tomaron los dinosaurios, que hace 150 millones de años caminaron por lo que antes era un enorme desierto. El azar quiso que en ese sistema de interdunas se acumulara el agua suficiente para que la arena se humectara y los restos de sus pisadas pasaran a la posteridad, ya que como cualquiera que haya ido a la playa sabe, una huella en arena seca tiene una duración efímera. A este tipo de fósiles, que no son de una parte del animal en sí, sino que son evidencias de una actividad vital, en este caso, de su forma de locomoción, se los denomina icnofósiles. Y el azar, que tuvo que ver con que estas huellas se fosilizaran, también fue parte de su descubrimiento.

Un equipo de paleontólogos de la Facultad de Ciencias, liderado por el doctor Daniel Perea, venía trabajando desde principios de siglo recolectando fósiles de dinosaurios en Tacuarembó. Dado que en Brasil, del otro lado de la frontera de Santa Ana Do Livramento, se encontraron huellas de dinosaurio, pensaron que en el norte de Uruguay había una alta probabilidad de que también se pudieran encontrar, y decidieron enfocarse en buscar esas pisadas. Y entonces llegó aquel día de octubre de 2009, que Pablo Toriño recuerda con gran felicidad: “Veníamos de Rivera recorriendo distintos puntos, llegamos a Tacuarembó y en la ruta 26 paramos para almorzar algo al mediodía. Y en ese lugar, que es como un claro de arenisca cerca de la entrada del pueblo Cuchilla del Ombú, algunas de las chiquilinas del equipo [Valeria Mesa, Andrea Corona y Lucía Samaniego] se pusieron a conversar. Y de repente, Lucía se puso a buscar y encontró la primera pisada”.

Pero así como una golondrina no hace el verano, una sola huella circular de unos 40 cm de diámetro, con los bordes levemente elevados, no permitía determinar a ciencia cierta si estaban ante el resto fósil del paso de un dinosaurio. “Entonces buscamos y a medio metro apareció otra. Y luego otra. Al final de la jornada habíamos descubierto unas 19 huellas, que conformaban un trillo de unos diez metros de largo que dejó un dinosaurio saurópodo, esos de cuello largo que caminan sobre cuatro patas. Haciendo cálculos posteriores, determinamos que este saurópodo habría tenido un tamaño similar al de un elefante”.

El sitio sobre la ruta 26 le traería más alegrías al equipo de paleontólogos: luego encontraron un trillo de más de 12 metros de largo de huellas de un saurópodo del doble de tamaño que el anterior. Sus huellas, enormes, miden un metro de diámetro cada una. Después, en 2012, encontraron unas de entre diez y 15 centímetros de largo. Tenía “tres dedos finos, como si fueran de una pata de gallina”, y fueron dejadas por unos pequeños dinosaurios carnívoros llamados terópodos. Pero ese claro de arenisca, que geológicamente pertenece a la formación Tacuarembó, aún les ofrecería más satisfacciones: al tiempo descubrieron las huellas de un ornitópodo, un tipo de dinosaurio bípedo cuyo miembro más conocido es el pico de pato. Si bien encontrar huellas de cuatro dinosaurios distintos del jurásico era fantástico, no todo fue motivo de celebración: el yacimiento que contiene los icnofósiles está al costado de una ruta. Y muchas veces las pisadas millonarias aparecen bastante deterioradas y están expuestas a la erosión. Fue el caso de las huellas del terópodo, que no duraron mucho tiempo y hoy ya no pueden verse. Por suerte el equipo de paleontólogos pudo estudiarlas y fotografiarlas. Sin embargo, algo había que hacer.

Galpón semitechado

“Nos dimos cuenta de que al limpiar las huellas para que fueran más visibles y estudiarlas mejor, también hacíamos que fueran más frágiles y sensibles a llenarse de agua y barro. Entonces decidimos parar y no las destapamos ni limpiamos más. El resto del predio está sin tocar. No descartamos que aparezcan más huellas, pero la idea es buscar después de que esté construida la estructura techada del museo”, cuenta Toriño. Por eso, el anuncio de esta semana es tan importante: “La estructura techada permitirá preservar las huellas que ya se descubrieron y que la gente las visite, pero también va a ayudar a seguir investigando el yacimiento”. El museo será una especie de galpón semiabierto al costado de la ruta. Tendrá un sistema de pasarelas que estarán elevadas a unos 80 centímetros del piso para que la gente pueda caminar entre las huellas sin dañar la arenisca de 150 millones de años.

El proyecto es más ambicioso aun: “Luego de que se construya la estructura techada, viene otra etapa que es realizar un centro de interpretación en Cuchilla del Ombú, pueblo que está a un kilómetro y medio de las pisadas de los dinosaurios”. Los pobladores pidieron sumarse al proyecto y hay buenos motivos para ello. Toriño cuenta que el museo “va a ser solamente un mirador de huellas, sin cafetería ni baños, porque, como estamos sobre una ruta nacional, el Ministerio de Transporte y Obras Públicas no permite construir más que eso por un tema de seguridad vial”. Entonces, la idea es que a escasos kilómetros Cuchilla del Ombú ofrezca servicios a los visitantes, para así generar un círculo virtuoso que cree fuentes de trabajo y permita incorporar a los locales en la gestión del lugar. “Incluso pensamos que podrían tener su propio museo con materiales que se pueden conseguir entre la Facultad de Ciencias y otros museos. A mediano plazo, se piensa también en que la Intendencia contrate a pobladores de Cuchilla del Ombú que van a ser capacitadas por los paleontólogos y por la gente de Bienes Culturales y Patrimonio para la atención al público”. Si las cosas se hacen bien, Cuchilla del Ombú podría convertirse en “Villa Dinosaurio” y ser un punto de atractivo turístico gracias al patrimonio paleontológico.

El equipo y las autoridades anunciaron que la Intendencia y el MTOP están ultimando los detalles de la parte vial del proyecto y que en breve se tendrá el permiso definitivo de construcción. Con suerte, el museo estará pronto este año o a más tardar a principios del año que viene. Y entonces todos podremos apreciar las huellas que los dinosaurios dejaron hace 150 millones de años, mientras que los paleontólogos continúan trabajando, ahora bajo techo, para seguir revelando secretos del Uruguay Jurásico.

sábado, 3 de junio de 2017

La vida en tierra firme comenzó con una invasión

Una nueva investigación revela que la vida animal en un terreno seco comenzó con unas breves invasiones explosivas de criaturas marinas que saltaron de los océanos.   

University Portsmouth
El estudio, de la Universidad de Portsmouth, también pinta una imagen clara de cómo los animales rápidamente se extendieron y cambiaron una vez que hicieron el salto.

La investigación, dirigida por Nicholas Minter, de la Escuela de la Universidad de Ciencias de la Tierra y el Medio Ambiente, se publica en Nature Ecology and Evolution.   

El primer estudio que utilizó huellas de fósiles -como marcas y madrigueras - muestra cómo se desarrolló un gran paso evolutivo para la Tierra, la colonización de la tierra firme.

La invasión inicial ocurrió a través del mundo, desde las franjas entre la tierra y los océanos, seguidas por la extensión más adelante hacia llanuras de inundación, ríos, desiertos y lagos.

Es la primera vez que se identifica tal patrón usando rastros de fósiles para seguir la evolución del comportamiento animal, sus modos de vida, y las maneras en que interactuaron con sus nuevos ambientes.

Minter dijo en un comunicado: "Cuando los primeros animales emergieron de los océanos tenían un lienzo en blanco, no había otros animales allí y así se diversificaron rápidamente tanto en cómo se comportaron como en los papeles ecológicos o el papel que interpretaron en el teatro de la vida."

Este cambio evolutivo -una temprana explosión de adaptación y diversificación rápida a nuevos ambientes, seguido por un largo período de poco cambio- se ha visto en las formas y tamaños de los animales, pero esta es la primera vez que se ha demostrado por su comportamiento.

University Portsmouth
Las criaturas que hicieron el salto a la tierra seca representan sólo un puñado de la población marina, con arañas procedentes del mismo grupo de cangrejos, y babosas y caracoles procedentes del mismo grupo de calamares y sepias, por ejemplo. "No muchos de ningún grupo, o Phylum, hicieron la transición de mar a tierra o agua dulce", dijo Minter.

"Lo sorprendente es que los saltos de la evolución sigan el mismo patrón -una temprana explosión evolutiva de rápida diversificación y un largo período de relativa calma- cada vez que los animales conquistaron nuevos hábitats, primero los márgenes entre el mar y la tierra, y luego desiertos y lagos. Cada estallido fue un experimento evolutivo, pero los resultados son muy similares".

El estudio exhaustivo -un análisis de siete años de todos los datos de fósiles conocidos que abarcan un período de 200 millones de años de historia de la Tierra- tiene el potencial de hablarnos también de nuestro futuro, dijo.

"Ahora tenemos un marco que podemos usar para aplicar a otras preguntas y nos permite comparar comunidades antiguas y vivas. Este marco puede ayudarnos a entender si las comunidades modernas están sufriendo cambios fundamentales, como lo han hecho en el pasado los antiguos, por ejemplo, en respuesta al cambio climático".

Los fósiles traza nos dicen mucho acerca de la vida animal, incluyendo quién estaba allí, cuándo y cómo se comportaron. Aunque la investigación de Minter incluyó el examen de informes de cientos de trazas de fósiles de cientos de formaciones rocosas alrededor del mundo, el planeta no ha renunciado a todos sus secretos.

Dijo: "Esta no es necesariamente la última palabra, otro cambio importante que tuvo lugar fue la evolución de los insectos sociales, como hormigas y termitas, que trabajaron juntos para construir estructuras y sociedades complejas. La de los animales fue la aparición de la vida inteligente - los animales que podían hacer y utilizar herramientas, incluidos los seres humanos y nuestros antepasados, simios. Todavía estamos investigando cómo los animales diversificaron y modificaron sus ambientes durante estos eventos y cómo esto dio forma a nuestro planeta”.

europapress.es

Identifican con drones áreas con fósiles en Chihuahua

Investigadores, catedráticos y brigadistas definen áreas de exploración mediante el uso de tecnologías aéreas

Foto: Conacyt Prensa
Chihuahua, Chihuahua.- Un equipo multidisciplinario identifica áreas paleontológicas a través de fotografías aéreas obtenidas con drones o vehículos aéreos no tripulados (UAV, por sus siglas en inglés), en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH).

El Rancho de Don Chuy, Museo de Sitio Paleontológico, fue el lugar donde se realizó el trabajo de campo por parte de brigadas de catedráticos e investigadores, así como de estudiantes de ingeniería civil, topografía y geología.

El maestro en ingeniería Alejandro Martínez Sosa, dijo en entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, que el motivo de esta investigación es apoyar a grupos paleontológicos a definir áreas de exploración mediante el uso de imágenes aéreas y con ello reducir el tiempo de trabajo, dando una aplicación innovadora a esta tecnología.

Foto: Conacyt Prensa
El grupo multidisciplinario que participó en este proyecto de investigación permaneció durante tres días en el Museo de Sitio Paleontológico Rancho Don Chuy. Durante su estancia, los alumnos formaron brigadas de topografía y geología.

Para realizar esta investigación, los jóvenes brigadistas anclaron en el suelo varillas mediante el uso de concreto para fijar estaciones GPS y esa información obtenida mediante ese equipo se registró en un software que da una precisión centimétrica a las imágenes obtenidas por los drones utilizados.

De esta manera, la información topográfica y geodésica de las 700 hectáreas en las que se realizaron los vuelos brinda a los investigadores datos que serán analizados en conjunto para identificar las áreas con mayor probabilidad de hallazgos paleontológicos.

“La oportunidad que se genera al tener acceso a imágenes obtenidas con sensores instalados en drones en un área específica, detona la participación multidisciplinar para la resolución de muchos problemas. En Francia, por ejemplo, se utilizan los UAV para identificar los diferentes usos de suelo con clasificaciones supervisadas desde hace 15 años”, expresa Martínez Sosa.