viernes, 8 de julio de 2022

Encuentran en Neuquén el esqueleto más completo del gran devorador de dinosaurios

Se trata de un carcarodontosáurido al que bautizaron Meraxes. Es uno de los ejemplares carnívoros de mayor tamaño de los hallados hasta hoy.

El cráneo del Meraxes Giga, el devorador de dinosaurios hallado en la provincia
de Neuquén. Foto Fundación Azara
La Patagonia es sin dudas territorio "paleo". Un nuevo y enorme hallazgo en Neuquén la reafirma como el paraíso paleontológico que es. Se trata de los restos de Meraxes, "el gran devorador de dinosaurios", que fue bautizado como uno de los tres dragones de los hermanos Targaryen de la serie Game of Thrones.

El espécimen es el esqueleto más completo conocido para un carcarodontosáurido sudamericano y uno de los más completos del mundo. Es uno de los dinosaurios carnívoros de mayor tamaño hallados hasta hoy. Fue descubierto en la Barda Atravesada de las Campanas, a unos 20 km de Villa El Chocón.

El trabajo científico fue liderado por investigadores argentinos y publicado en el último número de la prestigiosa revista Current Biology. El estudio estuvo a cargo del Museo Bachmann de Villa El Chocón, la Fundación Azara (Universidad Maimónides), el CONICET, la Sección de Ciencias de la Tierra del Field Museum of Natural History de Chicago y la Universidad de Minnesota (EEUU).

El nombre de la especie, gigas (gigante, en griego) se refiere al enorme tamaño. Aunque es unos 2 metros menor que el Giganotosaurus carolinii, el más grande de los terópodos conocidos.

El paleontólogo Peter Makovick junto a uno de los huesos de Meraxes.
Foto Akiko Shinya/ Reuters
Meraxes murió con alrededor de 45 años (técnicamente, tenía entre 39 y 53), y es el dinosaurio más anciano hallado. ¿Por qué es importante? Brindará información acerca de la relación entre los cráneos enormes y los brazos diminutos en los mayores dinosaurios carnívoros del mundo.

El ejemplar alcanzaba unos 11 metros de longitud. Se hallaron un cráneo casi completo (sin las temidas mandíbulas), vértebras fragmentarias del cuello y la espalda, el sacro entero, varias vértebras de la parte primera y media de la cola, la cintura pectoral (el omóplato o escápula y el coracoides) con los brazos y la cintura pélvica con las patas posteriores. Su peso, vivo, se calcula en más de cuatro toneladas: 4.200 kg.

Juan I. Canale lideró el estudio junto a Sebastián Apesteguía (Fundación Azara - CONICET), Pablo A. Gallina, (Fundación Azara - CONICET) y los doctores Jonathan Mitchell (West Virginia University Institute of Technology (EEUU), Nathan Smith (Los Angeles County Museum, EEUU), Thomas Cullen (Field Museum (Chicago, EEUU) y Carleton University (Ottawa, Canada).

Un dinosaurio "cabezón" y de brazos "chiquitos"

Sus características anatómicas muestran que este dinosaurio tenía algunas particularidades muy "vistosas". Su cabeza era enorme, con huesos muy ornamentados con protuberancias, crestas y surcos, y dientes del tamaño de cuchillos. Sus brazos eran sorprendentemente cortos, del tamaño de los de una persona.

Su sacro tiene una forma curiosa, como de silla de montar, sus patas eran poderosas y su segundo dedo era rematado por una garra, que recuerda vagamente a la de los velociraptores o la de las chuñas, aves cazadoras que viven en el norte argentino.

El enorme tamaño de sus cabezas es uno de los aspectos interesantes de los carcarodontosáuridos, a tal punto que la del gran carcarodontosáurido, Giganotosaurus carolinii, supera ampliamente en longitud a la del T. Rex (tiranosaurio rex). Sin embargo, mientras que del T .Rex se conocen varios cráneos completos, esto no era así para los carcarodontosáuridos hallados, que poseen un cráneo enorme pero incompleto.


Una reconstrucción del Meraxes Giga, el devorador de dinosaurios.
 Imagen Carlos Papolio/Reuters
Por eso Meraxes es tan relevante hoy: con sus 127 centímetros permite, por primera vez, tomar medidas detalladas de un cráneo de carcarodontosáurido más completo y extrapolarlas al gran Giganotosaurus.

Aunque el cráneo de Meraxes es proporcionalmente más angosto, permitió estimar la longitud total de la cabeza de Giganotosaurus, el más grande de los carcarodontosáuridos y uno de los más largos en terópodos, en 163 cm.

La reconstrucción del esqueleto de Meraxes.
Foto Javier Pazo y Lautaro Rodriguez Blanco/Reuters
Otra particularidad son sus brazos diminutos. Las alometrías son los cambios en las proporciones del cuerpo a lo largo del crecimiento. El caso más icónico es el conocido T. Rex, cuyos brazos son ridículamente pequeños en proporción con el resto del cuerpo, pero no es el único.

Otros grupos de dinosaurios terópodos, como los abelisáuridos y los alvarezsaurios poseen proporciones similares de sus brazos con respecto al cuerpo.

Meraxes tenía la cabeza enorme y los brazos diminutos. Foto Fundación Azara
Una de las partes mejor preservadas de Meraxes son sus pies. Casi todos los huesos de sus dedos estaban en posición, mostrando con claridad su ubicación. Estos huesos, robustos y con fuertes uniones ligamentosas entre sí, estaban preparados para sostener el elevado peso de estos enormes dinosaurios carnívoros.

Una de las características más llamativas es la garra del dedo interno del pie, bastante más grande que las otras dos (casi el doble de larga que la del dedo externo) y con un borde ventral un poco más afilado. Si bien en formas más primitivas de estos terópodos, como Allosaurus, esta particularidad está presente, nunca con el nivel de desarrollo que presenta Meraxes, por lo que resulta una característica hasta ahora propia de esta nueva especie.

La enorme cabeza del Meraxes, uno de los dinosaurios carnívoros
más grandes. Foto Fundación Azara
¿Cuál es el significado de esta garra? Las actuales chuñas utilizan su garra sobrecrecida para cazar, clavando alguna presa más pequeña contra el piso. Aunque no es posible saberlo, esta es una posibilidad.

Dónde lo encontraron

La Barda Atravesada de las Campanas, cortada por el cañadón del mismo nombre, es un sitio árido, de rocas rojizas, que dista unos 20 kilómetros de Villa El Chocón. En la zona hay rocas conocidas como Formación Huincul, depositadas a principios del Cretácico Superior (de unos 96 a 93 millones de años de antigüedad), una época en la que convivían los mayores de todos los dinosaurios herbívoros del mundo.

Ahí estaban los cuello-largos, como el titanosaurio Argentinosaurus, junto a rebaquisáuridos de tamaño mediano y largas colas, o veloces iguanodontes, que escapaban de carnívoros de todo tipo.

El equipo de investigadores en el lugar del hallazgo del Meraxes, la Barda
Atravesada de las Campanas, en Neuquén. Foto Fundación Azara
En 2012, un convenio entre el equipo paleontológico del Museo Ernesto Bachmann, el Área de Paleontología de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara y The Field Museum, con financiamientos de The National Geographic Society, la Municipalidad de Villa El Chocón, la Fundación Azara y The Field Museum (Chicago, EEUU), resultó en el hallazgo de numerosos huesos de dinosaurios en un campo situado a poca distancia de la costa norte del embalse Ezequiel Ramos Mexía, también en Neuquén.

Una tumba de arenisca

Este dinosaurio carnívoro murió en una zona barrosa cercana a un río y sus restos se descompusieron en ese mismo lugar. La hipótesis, describen, es que "un carroñero se llevó uno que otro hueso y alguna crecida de agua parece haber arrastrado algunos huesos más y desarmado parte del esqueleto… pero no todo.

Los huesos que quedaron de este dinosaurio carnívoro se hallaban en "parcial articulación". Esto se traduce en que muchos huesos estaban conectados anatómicamente, por ejemplo, con los huesos de sus patas o algunas vértebras. Otros, en cambio, se hallaban sueltos en la roca, pero en su sitio esperado, algo que deja en claro que sufrieron algún leve movimiento o transporte por el agua antes de quedar enterrados en su posición definitiva.

El Meraxes murió en una zona barrosa cercana a un río.
Foto EFE/ S.Apesteguía/Conicet
El curso del río cercano cambió y trajo arena sobre esos huesos, depositándoles una gruesa capa, que se ve hoy compactada como dos metros de roca arenisca, que debió ser perforada para extraer los restos. La extracción tomó 4 campañas anuales de 2 a 4 semanas cada una y contó con la participación de un equipo numeroso.

También fueron parte del estudio la técnica japonesa Akiko Shinya, Alejandro Haluza, Federico Gianechini y Peter J. Makovicky.

clarin.com

jueves, 7 de julio de 2022

IX Jornadas Internacionales sobre Paleontología de Dinosaurios y su Entorno: ampliación de plazos

El Comité Organizador de las IX Jornadas Internacionales sobre Paleontología de Dinosaurios y su Entorno (8 al 10 de septiembre de 2022) anuncia la ampliación de los plazos siguientes:

- Pago de la inscripción con derecho a reducción: se alarga hasta el 15 de julio.

- Última fecha para enviar los resúmenes de las comunicaciones que se desean presentar a las Jornadas: 15 de julio.

-----------------------------------------------

The Organizing Committee of the 9th Symposium about Dinosaurs Palaeontology and their Environment (September 8 to 10, 2022) announces the extension of the following deadlines:

- Payment of registration with the right to reduction: it is extended until July 15.

- Last date to send the summaries of the communications that you wish to present at the Conference: July 15.

dinosaurioscyl.blogspot.com

martes, 5 de julio de 2022

LOS ÚLTIMOS DINOSAURIOS EUROPEOS

En la era de los dinosaurios, el Pirineo era una zona costera bañada por el Atlántico, con ríos y pantanos y clima tropical. Un ecosistema que no parecía estar en declive. Aquel paisaje amable fue el último refugio de los dinosaurios europeos

José Ignacio Canudo Sanagustín, Universidad de Zaragoza; Carmen Núñez-Lahuerta, Universidade Nova de Lisboa; Eduardo Puértolas Pascual, Universidad de Zaragoza; José Manuel Gasca, Universidad de Salamanca; Manuel Pérez Pueyo, Universidad de Zaragoza; Miguel Moreno-Azanza, Universidad de Zaragoza y Penélope Cruzado-Caballero, Universidad de La Laguna

Hace 66 millones de años, la Tierra sufrió cambios dramáticos. Todo lo que podía salir mal, salió mal: variaciones del nivel del mar, miles de kilómetros cúbicos de lava expulsados en el océano Índico y el impacto de un asteroide de 11 kilómetros de diámetro. Todos estos eventos han sido propuestos como causas de la extinción masiva que afectó a muchos grupos de organismos, entre ellos los dinosaurios.

La extinción de muchos de estos grupos coincidió exactamente con el impacto del asteroide, pero el registro fósil de dinosaurios es demasiado incompleto para saber qué sucedió con ellos. Las respuestas hay que buscarlas en las rocas y su registro fósil, y sólo se encuentran en unos pocos lugares del mundo, entre ellos en una localidad del Pirineo oscense, en la Comarca de la Ribagorza, en el noreste de Aragón.

EVIDENCIAS DE UNA CATÁSTROFE GLOBAL

Desde la propuesta de la hipótesis del impacto extraterrestre, los investigadores han buscado su rastro en las rocas. Se han encontrado niveles ricos en metales raros en la Tierra pero abundantes en los meteoritos, como el iridio, o con gotas de vidrio fundido creadas por un impacto de gran energía. También se han encontrado evidencias de un enorme tsunami provocado por el asteroide al caer sobre el mar, y que afectó a lo que hoy es América Central y Norteamérica.

Los ecosistemas colapsaron y grandes incendios y terremotos asolaron el planeta. Una nube de ceniza cubrió el cielo, ya oscurecido por la ceniza de los volcanes. Pero lo más frustrante para los paleontólogos no es lo que pasó, si no lo que no podemos ver. Los yacimientos de dinosaurios cercanos al límite son rarísimos, y es difícil saber cómo fueron sus últimos días.

Durante años se ha debatido el papel del meteorito en la extinción catastrófica. ¿Fue el golpe de gracia en un mundo en decadencia? ¿Fue la gota que colmó el vaso? El punto crucial y aún discutido es si la extinción de los dinosaurios fue instantánea tras el impacto o sucedió de forma gradual.

UN SÍMIL MODERNO: LA EXTINCIÓN DEL BUCARDO

Celia, el último ejemplar de bucardo, que murió aplastada por un abeto, se exhibe
disecada en el Centro de Viistantes del municipio de Torla-Ordesa. / Wikimedia
Commons / José Miguel Pintor Ortego, CC BY-SA
Para entender mejor el problema podemos establecer una comparación. El bucardo es una subespecie de cabra montesa que vivió hasta finales del siglo XX en los Pirineos. La última ejemplar de esta especie murió aplastada por la caída de un abeto durante una tormenta. Siguiendo una lógica lineal, podríamos decir que la caída de los abetos fue la causa de la extinción de los bucardos. 

Pero decir que a los bucardos los extinguieron los abetos sería equívoco y ridículo. Lo que realmente produjo su extinción fueron diversos factores como la caza excesiva y la fragmentación de su territorio. Debemos ser capaces de ver las extinciones como un conjunto de factores y no sólo como un único evento que mata al último individuo. Que el abeto no nos impida ver el bosque.

Sorprendentemente, esta extinción no es la única de la que han sido testigo los Pirineos.

LA VIDA EN EL PIRINEO ANTES DE LA QUINTA GRAN EXTINCIÓN

Los dinosaurios, exceptuando las aves, desaparecieron al final del Cretácico, en el límite con el periodo Paleógeno. Su extinción es un fenómeno global tan claro que la ausencia de sus fósiles se utiliza para darle nombre a las rocas. El reemplazo de dinosaurios por mamíferos marca el inicio de la era Cenozoica, nombre que significa “animales nuevos”.

Esta es la quinta gran extinción en la historia de nuestro planeta. Para documentarla necesitamos buscar por todo el mundo rocas continentales de los últimos millones de años de la “era de los dinosaurios”. Estas áreas son muy escasas en todo el mundo: Norteamérica, algunas zonas de Asia y el este de Europa. Pero una de ellas se localiza en los Pirineos oscenses.

Nuestro grupo de investigación Aragosaurus-IUCA de la Universidad de Zaragoza lleva décadas trabajando en el Pirineo. En la Ribagorza (Huesca) encontramos afloramientos con abundantes restos fósiles de vertebrados, correspondientes a los últimos 450 000 años del Cretácico. Cuando comenzamos nuestra investigación a finales de los años 1990 la presencia de dinosaurios era desconocida en esta parte del Pirineo, pero desde entonces el panorama ha cambiado por completo.

Vértebras de la cola del dinosaurio Arenysaurus en el yacimiento de Blasi. 
jicanudo@unizar.es
Los yacimientos de Huesca albergan restos de huesos, cáscaras de huevo y huellas fósiles de dinosaurios. Encontramos herbívoros hadrosáuridos (conocidos como dinosaurios “pico de pato”) de tamaño medio como Arenysaurus y Blasisaurus, y al menos otra especie enana. Estos animales dejaron huellas (llamadas icnitas) que han conservado delicados detalles como la piel de sus pies. También conocemos un gran saurópodo de unos 15 metros. Este dinosaurio, de largo cuello y cola, estaba emparentado con Abditosaurus, descrito en el Pirineo catalán.

Pero no sólo había especies herbívoras. También están representados los dinosaurios carnívoros o terópodos. Hemos recuperado dientes aislados de al menos siete especies diferentes y cáscaras de huevo de hasta cuatro especies. Y este año hemos publicado el descubrimiento de una vértebra del cuello de un aveterrestre del tamaño de un avestruz.

En estos ecosistemas los dinosaurios no estaban solos. También hemos recuperado restos de anfibios y peces, y los cráneos de dos especies de cocodrilos, Arenysuchus y Agaresuchus. Y no solo eso, también conocemos cómo eran sus cáscaras de huevo.

LOS PIRINEOS ERA UNA ZONA COSTERA ANTES DE LA EXTINCIÓN DE LOS DINOSAURIOS

El conocimiento de este registro fósil nos muestra la riqueza y diversidad de los ecosistemas unos miles de años antes de la extinción. En aquella época, el Pirineo era una zona costera, bañada por el Atlántico, con ríos y pantanos, y clima tropical. Un ecosistema que no parecía estar en declive.

Los últimos dinosaurios de Europa pueden visitarse en el Museo de los 
Dinosaurios de Arén. / José Ignacio Canudo
Todavía no hemos conseguido encontrar evidencias del impacto meteorítico. No sabemos si en esta zona los dinosaurios se extinguieron con el impacto, un poco antes o un poco después. Pero sin duda algo sucedió para que un ecosistema tan rico desapareciera tan bruscamente del registro fósil.

No sabemos si el meteorito fue a los dinosaurios lo que el abeto al bucardo, pero sí estamos seguros de que el impacto fue uno de los culpables de su extinción. Seguimos buscando respuestas. 

José Ignacio Canudo Sanagustín, Catedrático de Paleontología, Universidad de Zaragoza; Carmen Núñez-Lahuerta, Paleontóloga, Universidade Nova de Lisboa; Eduardo Puértolas Pascual, Investigador Postdoctoral, Universidad de Zaragoza; José Manuel Gasca, Profesor del Departamento de Geología, Universidad de Salamanca; Manuel Pérez Pueyo, PhD candidate, Universidad de Zaragoza; Miguel Moreno-Azanza, Postdoctoral research fellow, Universidad de Zaragoza y Penélope Cruzado-Caballero, Profesora ayudante Doctora del Área de Paleontología, Universidad de La Laguna

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

quo.eldiario.es

domingo, 3 de julio de 2022

El misterio de cómo tenían sexo los dinosaurios

GETTY IMAGES. / El comportamiento sexual de los dinosaurios sigue estando
en las sombras.

Estoy sentada en la oficina de Jakob Vinther, tratando de imaginarme si los tiranosaurios tenían -cómo decirlo cortésmente- penes. "Entonces, alguien tiene que ser…" tartamudeo, con creciente nerviosismo. "… penetrado", dice casualmente mi anfitrión completando la frase.

Nos encontramos en la Universidad de Bristol, en Reino Unido, donde Vinther es profesor de macroevolución, especializado en el registro fósil. Examiné su cuarto, principalmente para evitar el contacto visual mientras me recuperaba. Es exactamente lo que la niña dentro de mí esperaría de un paleontólogo.

Los estantes están llenos de una especie de lasaña fósil, donde capas de tomos académicos y papeles están mezclados con reliquias de un mundo perdido.

Entre lo más destacado está un insecto antiguo, con las venas de sus delicadas alas y moteado colorido claramente visibles, los restos de un calamar vampiro con su bolsa de tinta negra tan bien preservada que todavía contiene melanina, y unos extraños gusanos prehistóricos que son parientes de esos que se encuentran en los arrecifes coralinos. En la esquina hay una cómoda con cajones que -espero- contengan todo tipo de interesantes restos petrificados. El lugar se siente como el cruce entre un museo y una biblioteca.

A pocos metros se encuentra la estrella del show, un psittacosaurus, literalmente un "lagarto pico de loro". Se cree que este dulce y pequeño herbívoro, pariente cercano del triceratops, caminaba sigilosamente por el bosque de lo que hoy en día es Asia, hace unos 120-133 millones de años.

El espécimen que estoy mirando es mundialmente famoso -no por su piel, que está tan intacta, ni por su cola, que incluye un característico fleco de plumas puntiagudas. No, este dinosaurio se conoce mejor como el que dejó su trasero para que futuras generaciones lo estudiaran (Más sobre eso abajo).

Vuelvo mi atención a nuestra conversación. Vinther me está contando sobre un descubrimiento particularmente emocionante en un conocido yacimiento de fósiles en China, la Formación Yixian, en la provincia de Liaoning, donde se encontró una pareja de tiranosaurios, completa con plumas y todo, en un antiguo lago. Sospechosamente cerca el uno de la otra, según él. De hecho, lo que quiere saber es: ¿estaban teniendo sexo?

Un problema espinoso

GETTY IMAGES. / Los fósiles descubiertos y las técnicas modernas han
avanzado el entendimiento de la estructura de los dinosaurios.
Con las técnicas científicas modernas, los investigadores han estado adquiriendo perspectivas espectaculares de las minucias de la vida de los dinosaurios a un ritmo sin precedentes. Muchas hubieran sido impensables hace una década.

Un trabajo de detección molecular ha identificado los glóbulos rojos y el colágeno de terópodos de hace 76 millones de años, un grupo que incluye a los más grandes depredadores que hayan caminado la Tierra. Reveló señales de distintivos químicos que indican que los triceratops y los estegosaurios eran de sangre fría -algo poco usual en los dinosaurios- y que un herbívoro espinoso y de armadura pesada, el nodosáurido, era de color anaranjado.

Los científicos han descubierto que el espinosaurio -famoso por su gran "vela" dorsal- probablemente usaba sus dientes de 15 cm de largo y mandíbula de cocodrilo para cazar en aguas profundas, así como evidencias de que los iguanodones pudieron haber sido sorpresivamente inteligentes, y que los pterosaurios (técnicamente no son dinosaurios sino lagartos alados) solían caminar en busca de presas.

Pero la investigación de cómo exactamente se apareaban los dinosaurios no ha dado resultados. Hasta el día de hoy, los científicos ni siquiera pueden distinguir con exactitud entre los machos y las hembras, y menos decirte cómo cortejaban o qué tipo de genitales tenían. Sin ese conocimiento fundamental, mucha de su biología y comportamiento sigue siendo un misterio total. Una cosa sí es cierta: tenían sexo.

Volviendo a los fósiles de los tiranosaurios, Vinther explica que una clave de su postura comprometida podría venir de otro sitio en un extinto lago, el yacimiento de Messel en Alemania. Esta cantera convertida en un tesoro de fósiles es legendaria por su flora y fauna inmaculadamente preservada.

GETTY IMAGES. /La cantera de Messel, en Alemania, ha producido
 estraordinarios especímenes fosilizados.
Hasta ahora ha producido caballos del tamaño de zorros, hormigas gigantes, primates antiguos y varios animales con los estómagos llenos, uno de ellos un escarabajo dentro de un lagarto dentro de una culebra. También se han encontrado un gran número de tortugas de agua dulce, incluyendo por lo menos nueve parejas que murieron en medio de sus encuentros amorosos. En algunos casos, con sus colas todavía tocándose, como sucede durante la copulación. Y eso es crucial para su teoría.

Se cree que el yacimiento de Messel es un cementerio prehistórico tan rico debido a un secreto tóxico. En la época del eoceno -hace entre 36 y 57 millones de años- era un cráter volcánico lleno de agua con laderas empinadas, rodeado de un frondoso bosque subtropical.

Nadie sabe cómo mataba a sus víctimas, pero la teoría es que continuó siendo geológicamente activo después de haberse formado, y periódicamente soltaba nubes de sofocante dióxido de carbono a su entorno. Es posible que las desafortunadas tortugas fueran sorprendidas en ese evento, hundiéndose hasta el suelo donde su lujuria fue preservada durante milenios.

No obstante, esas espinosas tortugas no están exactamente en la misma posición sexual en la que murieron. En lugar de estar montadas la una sobre otra, como es costumbre, están mirando en dirección contraria, como si de repente hubieran cambiado de parecer.

Detectando mi confusión, Vinther se echa para atrás en su silla y, con el aire de alguien para quien el sexo prehistórico es un perfecto tema de conversación, explica que después de morir, las tortugas se distanciaron pero quedaron unidas por sus genitales. Han quedado pegadas todo este tiempo por la -¡ejem!- anatomía reproductiva de su pareja.

Y eso nos lleva de vuelta a la pareja de tiranosaurios fosilizados, en la que se ven asombrosos paralelos. "Están mirando en dirección opuesta, con las colas superpuestas", dice Vinther. "Creo que fueron sorprendidos en el acto".

GETTY IMAGES. / No se sabe bien para qué servían las pequeñísimas
 extremidades superiores del tirranosaurio, pero algunos creen que hubieran
podido tener una función en el apareamiento.
Sin otros ejemplos, Vinther reconoce que la teoría es altamente especulativa y, hasta ahora, es simplemente una idea inédita. Sin embargo, si los animales efectivamente están entrelazados en un abrazo antiguo, podría revelar algo sobre un órgano blando que nadie ha encontrado fosilizado todavía. Es correcto, podría ser posible que los tiranosaurios tuvieran pene.

Un trasero en lo profundo de un lago

Sin embargo, hay otra fuente, menos ambigua de hechos sexuales de los dinosaurios: un fósil que ha cautivado la atención del mundo con su trasero. Ese es el psittacosaurus.

Vinther me lleva hasta su preciada pieza y me cuenta los antecedentes.

Estamos en el cretácico inferior en el biota de Jehol, un antiguo ecosistema en el norte de China. Digamos que es un hermoso día soleado en esa tierra templada, y la pequeña psittacosaurus decide dejar su densamente boscoso hogar para ir a beber en uno de los muchos lagos de la zona. Mide unos 91 cm de la cabeza a la cola -es parecida a un perro labrador corpulento- y es casi adulta, aunque todavía inexperta.

La psittacosaurus deambula en dos patas hasta la orilla -con los años dejó de caminar a cuatro patas- pero luego llega la tragedia. Justo cuando se agacha para tomar un sorbo con su pico de loro, se resbala, cae y se ahoga. Al sumirse hasta el fondo del lago, cae de espaldas y abierta de patas, preservando accidentalmente sus genitales para que simios del futuros reflexionen al respecto.

Naturalmente, Vinther está particularmente interesado en que yo inspeccione ese famoso trasero. Señala un área oscura de piel debajo de la cola. Y ahí están: las partes pudientes del dinosaurio, preservadas contra toda expectativa desde el cretácico inferior, una época tan distante que equivale más o menos a 1,6 millones de vidas humanas.

¡Qué pena!, el psittacosaurus en la oficina de Vinther no es el fósil real. Lo que estoy viendo es un modelo a escala del animal como se hubiese visto en vida, que él mismo comisionó.

Así que, ¿qué es lo que la parte trasera de este pequeño dinosaurio nos puede decir?

N TAMURA / WIKEPEDIA CREATIVE COMMONS. / Esta ilustración de un
psittacosaurus lo muestra con su distintivo pico de loro y plumas puntiagudas en la cola
.
En primer lugar, al igual que los parientes más cercanos de los dinosaurios -las aves y cocodrilos- este individuo tiene una cloaca. Esta apertura de múltiples usos es común en todos los vertebrados terrestres, excepto los mamíferos, y se trata de un orificio único a través del cual defecan, orinan, tienen sexo y dan a luz. Eso no era inesperado, pero es un descubrimiento nuevo. Nadie había confirmado que los dinosaurios tenían la misma anatomía que sus primos evolutivos.

"Así que puedes ver, si miras aquí abajo [señala la cloaca del psittacosaurus, debajo de la cola] que hay mucho pigmento", dice Vithner. Explica que eso es melanina, y puede ser en parte responsable del extraordinario nivel de preservación de este espécimen.

Aunque tendemos a pensar que la melanina es el compuesto oscuro que le da el color a nuestra piel, tiene una gama de usos diversos en el mundo natural, desde su aplicación como pigmento de la tinta de calamar hasta su función como capa protectora en el fondo de nuestros ojos.

También es un potente antimicrobiano. Comúnmente se encuentra en altas concentraciones en el hígado de anfibios y reptiles, donde impide el desarrollo de microbios potencialmente dañinos. Pero crucialmente, también se encuentra en muchas otras situaciones donde puede ser útil.

"Por ejemplo, los insectos… usan la melanina como un tipo de sistema inmunológico para protegerse contra las infecciones. Así que si le metes una aguja a una polilla [no se recomienda], la zona alrededor del hueco que hiciste secretará melanina", indica Vinther.

WIKIPEDIA CREATIVE COMMONS. / El fósil de nodosaurus mejor preservado
 del mundo todavía contiene sus células productoras de melanina, con lo que se ha
deducido que era de color anaranjado.
Por esa razón, muchos animales, incluyendo los humanos, tienen concentraciones más altas de melanina -y, por ende, piel más oscura- alrededor de los genitales. Y eso es igual de cierto para los dinosaurios. Al mirar a esa lejana pariente, que -como uno de mis colegas señaló- está congelada en una posición como se intentara pasar frente a mí a hurtadillas, me siento rara reconociendo una similitud tan íntima.

Despliegue sexual

Pero hay otros descubrimientos intrigantes, y aquí es donde queda claro que toda mi incomodidad hasta ahora ha sido un precalentamiento. Antes de que me dé cuenta de lo que sucede, Vinther me está explicando con entusiasmo las muchas otras características del trasero del psittacosaurus.

"Ahora podemos reconstruir la morfología de la cloaca, y podemos mostrar que tenía algo así como dos tipos de labios que brotaban así", dice Vinther, haciendo una señal de V con sus dedos. "Y en el exterior, eran pigmentados. Pero esta es la parte interesante, porque no están alrededor de la apertura, [como sería lógico] si estuvieran allí para prevenir un infección microbiana. Así que estaban desplegando el pigmento ahí para anunciarse".

Si eso es verdad, sería algo sin precedentes: desplegar el trasero a las parejas potenciales, como hacen los mandriles, es extremadamente inusual en aves modernas, las descendientes de los dinosaurios. "Usaban una cantidad de señalizaciones visuales", afirma Vinther, explicando que tenían una visión a color excelente. A diferencia de la mayoría de los mamíferos que solo pueden ver dos colores, las aves pueden ver los tres que ven los humanos además de la luz ultravioleta. "Pero es inútil desplegar los colores de sus cloacas porque están cubiertas de plumas". Igualmente, los cocodrilos dependen más de los olores.

Vinther especula que, al igual que las aves, los dinosaurios pudieron haber tenido excelente visión a color, en cuyo caso tendría sentido que aquellos que no tenían plumas pudieran haber aprovechado la oportunidad para desplegar sus cloacas.

GETTY IMAGES. / Muchas de las teorías sobre el comportamiento sexual de los
dinosaurios se basan en las danzas de cortejo de sus parientes cercanos, las aves.
Desafortunadamente, no es posible saber si este psittacosaurus es macho o hembra, o exactamente qué órganos sexuales poseía, porque sus respectivas partes están escondidas internamente. Eso deja a los dinosaurios con dos posibles estrategias de apareamiento: el llamado "beso cloacal", en el que los dos dinosaurios hubieran alineado sus cloacas, con el macho eyaculando su semen directamente dentro de la hembra -una estrategia común en las aves- o la versión más conocida, que involucra el pene (como hacen los cocodrilos).

Sin más evidencia y ninguna otra cloaca de dinosaurio fosilizada para estudiar, no se ha llegado a ningún consenso.

Pero probablemente esto ya es suficiente en cuanto a los genitales de los dinosaurios. ¿Qué hay de los otros aspectos de su reproducción? ¿Tenían rituales de apareamiento, tal vez peleas o bailes elaborados? ¿Tendrían machos y hembras apariencias distintas? Y ¿cómo podríamos saber qué características usaban para atraer al sexo opuesto?

Una vela erótica

Parece difícil descifrar el comportamiento sexual de animales extintos hace tiempo, pero Rob Knell, un experto de la Universidad Queen Mary en Londres, me asegura que hay algunas pistas escondidas en el registro fósil.

"Pues, uno de los asuntos con los dinosaurios es que hay una cantidad de cosas raras, lo que algunos llaman 'estructuras estrambóticas'", dice Knell. "Esa es parte de su atracción carismática. O sea, las placas del estegosaurio, la gran vela del espinosaurio, la cresta y cuernos del triceratops y de otros ceratopsios… La gran cresta que tenía el hadrosaurus… todas estas cosas son candidatas a ser rasgos sexuales selectivos".

En muchos casos, los científicos han debatido durante siglos las funciones de estas estructuras.

GETTY IMAGES. / La gran vela dorsal del espinosaurio es una de las
"estructuras estrambóticas" que los dinosaurios pudieron haber desplegado
para atraer a parejas.
Pero Knell explica que, en el pasado, los paleontólogos eran reacios a interpretar estas características como herramientas para atraer a o competir por parejas. Podían pensar que ese era su principal propósito pero, sin poder comprobarlo, la especulación no parecía científica.

"Un ejemplo serían las placas dorsales del estegosaurio", dice Susannah Maidment, investigadora superior en paleobiología del Museo de Historia Natural de Londres. "También tenemos este tipo de cresta tubular en la cabeza del hadrosaurus… no sabemos para qué sirve".

Aquí es donde entra la ciencia moderna. En 2012, Knell decidió examinar más de cerca el problema. Estaba particularmente interesado en estudiar las características excéntricas que se parecieran bastante a los despliegues de apareamiento de animales actuales, o aquellas que han desafiado una explicación.

Estas incluyen los cuernos faciales y crestas de los triceratops y sus parientes -como el psittacosaurus, que tiene inusuales pinchos laterales en ambas mejillas-, la cresta en la cabeza de depredadores como el dilophosaurus, que cuenta con dos prominentes rugosidades sobre los ojos, los largos cuellos del diplodocus, y las plumas de los ancestros de las aves.

¿Quién es macho, quién es hembra?

Aunque no hay una manera definitiva de determinar cuál era el uso de estas raras características anatómicas, Knell -junto a otro equipo internacional de científicos- pronto se dio cuenta de que hay unas pistas importantes en animales actuales, si se sabe dónde mirar.

Una es la dismorfia sexual, por la que machos y hembras de la misma especie se ven diferente.

GETTY IMAGES. / Los científicos todavía no pueden diferenciar entre un 

dinosaurio macho y uno hembra.

Es raro que ambos sexos tengan estilos de vida y estrategias de supervivencia completamente diferentes, así que cuando despliegan características físicas diferentes generalmente es para que el macho atraiga directamente a la hembra (como el colorido plumaje del pavorreal macho) o para competir entre ellos por el derecho a copular (como los cuernos de un venado).

Desafortunadamente, esta pista en particular no es muy útil para entender a los dinosaurios, pues los científicos no pueden distinguir a los machos de las hembras. Aunque descubren discrepancias entre individuos fosilizados, no tienen manera de saber si están observando sexos diferentes o especies diferentes.

El factor edad

Esto nos lleva a la siguiente señal delatora. Cuando una característica física aparece solo en adultos maduros y no en crías o animales juveniles, suele ser para el sexo, como las melenas de los leones machos, que se cree sirven para anunciar su disponibilidad. Sin embargo, esta pista también puede ser complicada.

En 1942, los científicos desenterraron un llamativo cráneo nuevo en Montana, EE.UU. Claramente pertenecía a un formidable depredador, pero era relativamente pequeño comparado al del principal rey de los depredadores, el tiranosaurio rex.

El equipo concluyó que este pertenecía a un adulto de una especie nueva y finalmente -después de varias décadas de debate- el descubrimiento se llamó nanotiranosaurio. En los años siguientes, varios otros probables ejemplares fueron identificados.

Luego, en 2020, un equipo hizo un examen más minucioso. Analizaron los huesos de dos posibles tiranosaurios pigmeos y se dieron cuenta de que probablemente nunca fueron de otra especie, en cambio, eran tiranosaurios rex que habían muerto durante la adolescencia.

De hecho, ahora se cree que estos animales juveniles hubieran sido tan diferentes de los adultos que casi se comportaban como si no estuvieran emparentados, cada uno ocupando su propio y singular nicho en la cadena alimenticia prehistórica.

Y los tiranosaurios rex no son los únicos dinosaurios que pueden haber experimentado cambios dramáticos a medida que se desarrollaban.

"Hay un gran debate sobre el torosaurus y el triceratops", comenta Maidment. Aunque los dos parecen similares en líneas generales, el primero realmente tenía un cráneo gigantesco -uno de los más grandes de cualquier animal terrestre- y una enorme gorguera alrededor del cuello con dos inmensos huecos. El segundo es mucho más pequeño, con su correspondiente pequeña cresta sin huecos.

"Estos son dos dinosaurios que vivieron juntos hasta el final del cretáceo en América del Norte. Unos creen que el torosauros es un triceratops muy antiguo, y otros piensan que se trata de dos especies separadas", dice Maidment, indicando las otras variantes que algunos estiman que simplemente representan las diferentes etapas en la vida del triceratops. "La gente ha discutido si son especies diferentes pero, en realidad, podrían simplemente ser etapas ontogénicas (de desarrollo) del triceratops. No se han podido poner de acuerdo".

GETTY IMAGES. / La enorme cresta del triceratops ha desconcertado a los
científicos.  ¿Para qué servía exactamente?
Así que, esa estrategia para identificar los rasgos eróticos no siempre funciona. Afortunadamente, existe otra manera, y es hacer un modelo de para qué cosas podrían servir estas estructuras.

"Lo que podemos hacer es decir, 'bien, esto es consistente con una estructura que evolucionó para este propósito. Y no es consistente con una estructura que evolucionó para cualquier otro propósito'", señala Knell.

Un ejemplo es la cresta del triceratops. A lo largo de los años, generaciones sucesivas de científicos han quedado desconcertados por este enorme rasgo, con una variedad de explicaciones que van desde la protección del cuello contra depredadores hasta la regulación de la temperatura.

Más recientemente, se ha sugerido que habría servido para que la especie pudiera identificar a los miembros de su propio grupo. De manera que Knell y sus colegas investigaron más a fondo y encontraron que esa idea realmente no funcionaba. Hay poca variación entre las crestas de las diferentes especies de triceratops, así que es poco probable que hubieran servido para ese propósito.

Con esa teoría potencialmente descartada, se vuelve más razonable especular que eran usadas para llamar la atención de otros triceratops o pelear contra otros machos, lo que les ayudaba a tener sexo.

Y hay evidencia de esto. En un estudio de 2009, se analizaron los patrones de heridas en los cráneos de varios triceratops y se encontró que eran consistentes con peleas contra otros triceratops. Los investigadores quizás descubrieron señales fantasmales de antiguas rivalidades sexuales.

Pero, ¿qué hay de otros rituales de apareamiento? ¿Hubieran podido los tiranosaurios rex gesticular con sus pequeños bracitos para atraer a las hembras para copular, como recientemente sugirieron los productores del programa "Planeta Prehistórico"? ¿Es posible que los paquicefalosáuridos chocaran sus cabezas en peleas por dominio sexual?

Knell está convencido de que, en términos generales, pudieron haberlo hecho. Señala las similitudes entre dinosaurios y aves, y el hecho de que estas últimas son solo una versión con pico y sin dentadura de sus antiguos primos con plumas.

Esto es particularmente cierto de los dinosaurios aviares, que evolucionaron en las aves modernas -como el velociraptor, que era más como un pavo asesino que los esbeltos depredadores que se ven en la serie de películas de "Jurassic Park".

GETTY IMAGES. / Algunos expertos creen que los velociraptors tenían plumas,
haciéndolos parecer más a un pavo.
"Si uno les echa una mirada a las aves de ahora, hay una gran gama de despliegues que llevan a cabo. ¿Por qué harían algo diferente los dinosaurios?", sostiene Knell. "No hay razón para pensar que hubiera algo raro del apareamiento de los dinosaurios que no hubiera sido legado a las aves… así que, sí, pienso que hubieran tenido despliegues curiosos de apareamiento".

Increíblemente, podría haber evidencia física de estos comportamientos. En 2016, unos científicos en Colorado desenterraron unas peculiares depresiones, como charcos antiguos.

Una inspección más detallada reveló marcas de raspaduras y huellas de patas de tres dedos, un sello distintivo de depredadores como el T. rex, que se remontan al cretáceo. Estas eran depresiones en el suelo que fueron hechas por dinosaurios. Y tienen una asombrosa similitud con las que hacen las avestruces actuales.

Los avestruces hembras son amantes caprichosas, y los machos deben ejecutar elaboradas danzas de cortejo para animarlas. Estas incluyen una carrera, mucho aleteo y una "ceremonia de raspadura", una demostración de sus capacidades para escarbar, necesarias para la elaboración de nidos en el piso. Los investigadores sugieren que los autores de estas marcas pudieron haber estado haciendo lo mismo hace 100 millones de años.

Las marcas de raspaduras y huellas de patas de tres dedos que fueron encontradas 

en Colorado sugieren un comportamiento parecido al de las avestruces en 

sus rituales de apareamiento.

No obstante, Knell reconoce que tal vez nunca sepamos mucho sobre los extravagantes detalles de muchos rituales de apareamiento de los dinosaurios. Hasta las especies actuales más emparentadas, como varias aves, tienen despliegues ampliamente divergentes.

Por otro lado, en años recientes hemos adquirido una perspectiva antes inimaginable de la vida de los dinosaurios. Quién sabe, tal vez en unas décadas conoceremos una incómoda cantidad de detalles sobre maneras en que cortejaban y también sobre la clase de genitales que tenían.

bbc.com

sábado, 2 de julio de 2022

Los primeros dinosaurios conquistaron la Tierra tras adaptarse al frío

Fig. 1. Pangea en 202 Ma (proyección de Mollweide) que muestra la ubicación
de la cuenca Junggar (fig. S1) y los dinosaurios del Triásico.

Los datos para dinosaurios son de (18, 64, 77, 78) y aquí para Junggar. f denota
 ocurrencias basadas únicamente en datos de huellas (64), las siluetas grandes
son herbívoros y las más pequeñas son terópodos carnívoros de tamaño
pequeño a mediano. Modificado de (18). / Science Advances.

Los dinosaurios se adueñaron de la Tierra después de adaptarse a temperaturas gélidas que causaron la llamada Extinción del Triásico-Jurásico hace unos 202 millones de años, que acabó con los grandes reptiles que hasta entonces gobernaban el planeta.

Así se explica en un estudio dirigido por la Universidad de Columbia (Estados Unidos) y publicado este viernes en la revista ‘Science Advances’.

Los dinosaurios desaparecieron hace unos 66 millones de años tras la colisión de un meteorito en la Tierra, lo que desencadenó un invierno global porque el polvo y los escombros asfixiaron la atmósfera.

Pero hace 202 millones de años hubo una extinción más misteriosa y menos discutida que terminó con los grandes reptiles que dominaban el planeta, y despejó el camino para que los dinosaurios tomaran el control.

El mundo era generalmente cálido y húmedo en el Triásico, que precedió a esa gran extinción, y durante el Jurásico, que inició la era de los dinosaurios.

El nuevo estudio cambia la idea de que los dinosaurios preferían el calor porque ofrece la primera evidencia física de que las especies de dinosaurios del Triásico, entonces un grupo menor relegado en gran medida a las regiones polares, soportaban regularmente condiciones de congelación.

Así lo revelan huellas de dinosaurios junto con extraños fragmentos de roca que solo podrían haber sido depositados por el hielo. El estudio se basa en excavaciones recientes en el desierto remoto de la cuenca Junggar (noroeste de China.

Los autores del trabajo señalan que, durante la extinción del Triásico-Jurásico, las olas de frío que ya estaban ocurriendo en los polos se extendieron a latitudes más bajas y mataron a los reptiles de sangre fría. Los dinosaurios, ya adaptados, sobrevivieron al cuello de botella evolutivo y se dispersaron.

"Los dinosaurios estuvieron allí durante el Triásico bajo el radar todo el tiempo", apunta Paul Olsen, geólogo del Observatorio de la Tierra Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia y autor principal del estudio, que añade: “La clave de su eventual dominio fue muy simple. Eran fundamentalmente animales adaptados al frío. Cuando hacía frío por todas partes, ellos estaban listos y otros animales no”.

PANGEA

Se cree que los dinosaurios aparecieron por primera vez durante el Triásico en latitudes templadas del sur hace unos 231 millones de años, cuando la mayor parte de la tierra del planeta se unió en un continente gigante que los geólogos llaman Pangea.

Llegaron al extremo norte hace unos 214 millones de años. Hasta la extinción masiva hace 202 millones de años, las regiones tropicales y subtropicales más extensas intermedias estaban dominadas por reptiles, incluidos parientes de cocodrilos y otras criaturas temibles.

Durante el Triásico y la mayor parte del Jurásico, las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono oscilaron en 2.000 partes por millón o más, cinco veces los niveles actuales, por lo que las temperaturas debieron haber sido intensas.

Entonces no hay evidencia de casquetes polares y las excavaciones han demostrado que los bosques caducifolios crecieron en las regiones polares. Sin embargo, algunos modelos climáticos sugieren que las latitudes altas fueron temporalmente frías; incluso con todo ese CO2, habrían recibido poca luz solar buena parte del año y las temperaturas descenderían al menos estacionalmente. Pero hasta ahora, nadie ha presentado ninguna evidencia física de que se hayan congelado.

El final del Triásico -un periodo geológicamente breve de quizás un millón de años- vio la extinción de más de las tres cuartas partes de todas las especies terrestres y marinas del planeta, incluidas las criaturas con caparazón, los corales y todos los reptiles de tamaño considerable.

Sobrevivieron animales que vivían en madrigueras, como las tortugas, al igual que algunos mamíferos primitivos. No está claro qué sucedió exactamente, pero muchos científicos lo relacionan con una serie de erupciones volcánicas masivas que podría haber durado cientos de años seguidos.

En ese momento, Pangea comenzó a dividirse y abrió lo que ahora es el océano Atlántico, con lo que separó lo que ahora es América de Europa, África y Asia. Entre otras cosas, las erupciones habrían provocado que el dióxido de carbono atmosférico se disparara más allá de sus niveles ya altos y causaron picos de temperatura mortales en la tierra y convirtieron las aguas del océano en demasiado ácidas para que muchas criaturas sobrevivieran.

Los autores del nuevo estudio citan un tercer factor: las fases más feroces de las erupciones habrían arrojado aerosoles de azufre que desviaron tanta luz solar que causaron repetidos inviernos volcánicos globales que superaron los altos niveles de gases de efecto invernadero.

Estos inviernos podrían haber durado una década o más; incluso los trópicos pueden haber visto condiciones de congelación sostenidas. Esto mató a los reptiles no aislados, pero los dinosaurios adaptados al frío pudieron aguantar.

PLUMAS

La evidencia de los investigadores está en las formaciones de arenisca y limolita de grano fino dejadas por sedimentos en fondos de lagos antiguos poco profundos en la cuenca de Junggar. Los sedimentos se formaron hace 206 millones de años durante el Triásico tardío, a través de la extinción masiva y más allá.

En ese momento, antes de que las masas terrestres se reorganizaran, la cuenca se encontraba a unos 71 grados al norte, muy por encima del Círculo Polar Ártico. Las huellas encontradas por los autores muestran que los dinosaurios estaban presentes a lo largo de las costas. Mientras tanto, los investigadores encontraron abundantes guijarros lacustres de hasta 1,5 centímetros de ancho dentro de sedimentos normalmente finos. Lejos de cualquier línea de costa aparente, los guijarros no tenían por qué estar allí. La única explicación plausible de su presencia es que se trataba de escombros transportados por hielo.

“Esto muestra que estas áreas se congelaron regularmente y que a los dinosaurios les fue bien”, recalca Dennis Kent, geólogo de Lamont-Doherty.

¿Cómo lo hicieron? Se ha ido acumulando evidencia desde la década de 1990 de que muchos, si no todos, los dinosaurios no aviares, incluidos los tiranosaurios, tenían plumas primitivas que aislaban del frío. También hay buena evidencia de que, a diferencia de los reptiles de sangre fría, muchos dinosaurios poseían sistemas de metabolismo alto de sangre caliente. Ambas cualidades habrían ayudado a los dinosaurios en condiciones gélidas.

"Episodios invernales severos durante las erupciones volcánicas pueden haber traído temperaturas bajo cero a los trópicos, que es donde parecen haber ocurrido muchas de las extinciones de grandes vertebrados desnudos y sin plumas", indica Kent, que añade: “A nuestros amigos de plumas finas, aclimatados a temperaturas más frías en latitudes más altas, les fue bien”.

Stephen Brusatte, paleontólogo en la Universidad de Edimburgo (Reino Unido), subraya que “existe el estereotipo de que los dinosaurios siempre vivieron en exuberantes selvas tropicales, pero esta nueva investigación muestra que las latitudes más altas habrían estado heladas e incluso cubiertas de hielo durante partes del año”. "Resulta que los dinosaurios que vivían en latitudes altas ya tenían abrigos de invierno, mientras que muchos de sus competidores del Triásico se extinguieron", apostilla.

lavanguardia.com

Los incendios forestales contribuyeron a la peor extinción masiva

Un nuevo estudio sobre la extinción masiva del Fin del Pérmico, que eliminó casi todas las especies de la Tierra, revela que hubo un fuerte aumento de la actividad de los incendios forestales.

Durante el peor evento de extinción masiva en la historia de la Tierra, vastos
humedales sufrieron un aumento de incendios forestales, convirtiendo los
sumideros  de carbono más grandes del mundo en fuentes de carbono.
- VICTOR O. LESHYK
El calentamiento y la desecación extremos, favorecidos por las rápidas emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de los volcanes, provocaron incendios forestales en vastas regiones que antes estaban permanentemente húmedas.

En lugar de capturar el carbono de la atmósfera, estos humedales se convirtieron en importantes fuentes de carbono atmosférico, potenciando la tendencia al calentamiento brusco, según publican Investigadores del University College Cork (UCC) y del Museo Sueco de Historia Natural en la revista 'Palaios'.

Al estudiar los registros de plantas fósiles y carbón vegetal de las cuencas de Sydney y Bowen, en el este de Australia, y de la Antártida (Lambert Graben), los investigadores descubrieron que los humedales fueron perturbados regularmente por los incendios que precedieron al evento de extinción. En respuesta, las plantas habían desarrollado una serie de mecanismos para hacer frente al fuego.

Sin embargo, el grave cambio climático y el pico de actividad de los incendios durante el evento de extinción parecen haber empujado incluso a estas plantas adaptadas al fuego a un punto de inflexión, del que todo el ecosistema no pudo recuperarse durante millones de años.

"Examinando los registros de plantas fósiles del este de Australia y de la Antártida, encontramos una gran abundancia de plantas quemadas, o carbonizadas, a lo largo del período pérmico tardío", explica el doctor Chris Mays, profesor de paleontología del University College Cork (UCC) y autor principal del estudio.

"A partir de esta base elevada, la abundancia de carbón vegetal alcanzó un pico prominente justo en la cima de los últimos yacimientos de carbón del Pérmico, lo que indica un aumento importante, pero de corta duración, de los incendios forestales --continúa--. A esto le siguió un bajo nivel de carbón vegetal durante los siguientes tres millones de años del Triásico Temprano. Fue un incendio de finales del Pérmico, seguido de una depresión del Triásico Temprano".

Los investigadores destacan que, en el mundo actual, los incendios forestales han provocado impactantes extinciones masivas de animales en varias regiones del mundo (por ejemplo, California 2018, 2020, Australia 2019-20).

Al mismo tiempo, el calentamiento del clima mundial ha provocado sequías prolongadas y un aumento de los incendios forestales en hábitats típicamente húmedos, como los bosques de turba de Indonesia y los vastos humedales del Pantanal de Sudamérica.

Estos grandes 'sumideros de carbono' --regiones de captura natural de carbono de la atmósfera-- son cruciales en nuestra lucha contra el cambio climático. Como revela el registro fósil, sin estas regiones de captura de carbono, el mundo puede permanecer intolerablemente caliente durante cientos de milenios.

"El potencial de los incendios forestales como impulsor directo de la extinción durante los eventos hipertermales, en lugar de un síntoma de los cambios climáticos, merece un examen más profundo. A diferencia de las especies que sufrieron las extinciones masivas del pasado, tenemos la oportunidad de prevenir la quema de los sumideros de carbono del mundo y ayudar a evitar los peores efectos del calentamiento moderno", advierte el doctor Mays.

europapress.es