sábado, 27 de junio de 2026

El primer científico que describió un hueso de dinosaurio lo confundió con el escroto de un gigante

Las primeras reconstrucciones del megalosaurio lo representaban erróneamente
como un cuadrúpedo, como las esculturas instaladas en la Gran Exposición
de Londres. Crédito: Welcome Images / Wikimedia Commons
Elias Ashmole fue un erudito del siglo XVII que, aparte de fundar la Philosophical Society de Oxford y la Royal Society de Londres, creó el museo que lleva su nombre, el Ashmolean Museum of Art and Archaeology, a partir de su bien nutrida y variopinta colección particular. Como además tenía gran afición a la alquimia, no sólo mantuvo estrecha relación con uno de los grandes alquimistas y científicos de su época sino que lo puso al frente de dicho museo como primer director: Robert Plot, otro sabio versado en química, biología, matemáticas, protoarqueología, geología e incluso derecho que fue el primero en describir y documentar un hueso de dinosaurio, aunque él lo atribuyó a un gigante.

El Museo Ashmolean es una institución perteneciente a la Universidad de Oxford, la segunda de ese tipo vinculada a un centro universitario (la primera fue el Kuntsmuseum Basel, de la Universidad de Basilea) y el primer museo de Gran Bretaña que tuvo carácter público. Fue precisamente la universidad la que en 1678 decidió dar el paso museístico para exponer la donación que el año anterior le había hecho el mencionado Elias Ashmole de su gabinete de curiosidades (o cuarto de maravillas, como se denominaba entonces a las salas y habitaciones domésticas destinadas a albergar las colecciones de sus dueños, fueran arqueológicas, minerales, etnográficas, botánicas, animales, artísticas, de rarezas del mundo, etc.).

Aunque su sede actual de la calle Beaumont es algo posterior, construida entre 1841 y 1845, el Ashmolean Museum fue inaugurado en 1683 en Broad Street, en el edificio conocido como Old Ashmolean, que hoy alberga al Museo de la Historia de la Ciencia. Se trataba del primer inmueble hecho ex profeso para esa función -exigencia de Ashmole- y en sus salas se reunían piezas representativas de todas aquellas disciplinas que los sabios de entonces consideraban científicas. Eso incluía, como hemos explicado muchas veces, algunas que hoy están separadas o directamente relegadas, como la filosofía y la alquimia. El polifacético Elias Ashmole las practicó casi todas.

Robert Plot retratado por Sylvester Harding.
Crédito: Dominio público / Wikimedia Commons
Nacido en la localidad inglesa de Lichfield en 1617, fue político, militar, anticuario, abogado, médico, coleccionista, francmasón (él ideó algunos de los ritos iniciáticos de esa secta), astrólogo y alquimista. Esta última afición le debió de poner en contacto con otra ilustre mente de su tiempo, también inglés y multidisciplinar aunque veintitrés años más joven: Robert Plot, natural de Borden (Kent), licenciado y máster en Letras y Artes que primero ejerció de profesor y luego pasó a ser decano y vicerrector en la Magdalen Hall, al mismo tiempo que preparaba su doctorado en Derecho 

Civil. Lo obtuvo en 1671, pasando entonces al University College, el colegio universitario más antiguo de Oxford.

Plot, al igual que Ashmole, también se interesó por numerosas disciplinas científicas, caso de la historia natural y las antigüedades, en una época en la que la arqueología todavía no existía como tal. El entusiasmo y el afán de saber contrarrestaban la ausencia de técnicas que llegarían posteriormente, así que, ayudado por el rector y el obispo, Plot salía regularmente al campo en busca de ejemplares minerales y fósiles, que constituían los elementos sobre los que se sustentaban los avances en geología. No obstante, él pensaba que los segundos no eran más que cristalizaciones de sales que adoptaban formas caprichosamente zoomorfas, pues pensaba que la Tierra tenía capacidad para ello en lo que denominaba virtus formativa.

Dibujo del Scrotum humanum, posible fémur de megalosaurio,
tal como apareció en la Natural history of Oxfordshire de Plot,
cuya portada vemos a la derecha. Crédito: Dominio
 público / Wikimedia Commons
Entre sus errores más patentes está el de atribuir a un gigante -como los reseñados por Plinio- el enorme fémur que encontró en una de esas excursiones y que no se identificaría hasta mucho después como perteneciente a un dinosaurio; un megalosaurio probablemente, aunque se ha perdido.

Su primera idea fue que pertenecía a un elefante llevado por los romanos durante la conquista de Britania -se sabe que el emperador Claudio montaba sobre uno- y entraba dentro de lo imaginable para aquellos tiempos pioneros, pero al cabo de casi un siglo otro naturalista llamado Richard Brookes le dio una vuelta de tuerca cómica al asunto cuando decidió que aquel hueso era en realidad lo que quedaba del escroto de un coloso, quizá un patriarca bíblico, de ahí que lo bautizase como Scrotum humanum.

Pese a todo, las piezas que recopilaba eran de gran valor; por eso se ganó el apodo de Learned Dr. Plot (algo así como «Erudito Dr. Plot») y la Royal Society -fundada, recordemos, por Ashmolean- le nombró secretario en 1677. Esa institución también le designó, junto al físico y anticuario William Musgrave, editor de su revista (Philosophical Transactions, la más importante del mundo de carácter científico; en ella publicaron Newton, Darwin y Faraday) entre 1682 y 1684. Entremedias de esta etapa editora obtuvo asimismo la plaza de primer Keeper («conservador») del recién creado Museo Ashmolean, en el que amplió competencias como primer profesor de química de su bien equipado laboratorio.

En aquel siglo XVII en el que la Ilustración empezaba a dar pasos incipientes, química y alquimia aún se consideraban estrechamente relacionadas, hasta el punto de que uno de los productos que sus practicantes buscaban con tanto afán como ingenuidad era el alkahest, un hipotético disolvente universal (entendiendo por disolvente la sustancia que facilita una disolución o mezcla molecular) que fuera una alternativa al agua.

Robert Plot figura con honores en el Dinosaur Isle Museum de la isal de Wight. 
Crédito: N.Cayla / Wikimedia Commons
 
Se suponía que el alkahest era capaz de disolver los metales y reducir todos los cuerpos terrestres a la materia original (éter) de la que estaban formados, incluyendo las almas. Al extraer de las sustancias compuestas sus virtudes y propiedades fundamentales, los alquimistas esperaban obtener valiosas propiedades curativas.

Ésa fue, junto a la transmutación de la materia en oro, la razón de que la alquimia cobrase nuevos bríos ese siglo y el siguiente, en parte gracias al impulso que le dio Jan Baptist van Helmont, considerado fundador de la química neumática (la que estudiaba las propiedades de los gases y la composición de la materia) y continuador del trabajo de Paracelso, quien propuso una etimología árabe para el término alkahest y que, había elaborado una fórmula con cal, alcohol y carbonato de potasio.

Plot, que hizo su propia fórmula a partir de aguardiente de vino, se unió así a una nutrida lista de alquimistas obsesionados con esa búsqueda, como sus compatriotas Thomas Henshaw, George Starkey, Robert Hamilton, Robert Child y ThomasVaughan, más otros como Frederick Clod, Johann Rudolf Glauber, etc.

En 1684, el mismo año en que terminó su labor al frente de la revista Philosophical Transactions, Plot publicó un tratado sobre el origen de los manantiales. Titulado De fontium origine, en él atribuía su origen a canales subterráneos excavados por las aguas marinas. Dos años más tarde sacó un nuevo libro centrado en un tema muy diferente: The Natural History of Staffordshire, en el que se adentraba en el terreno de la arqueología con algunos errores propios del incipiente nivel que todavía tenía ésta, como confundir restos romanos con sajones, pero en cuyas páginas incluía otras cuestiones que fueron de gran interés para la comunidad científica.


Por ejemplo, la primera descripción del cisne polaco (Cygnus olor morpha immutabilis), una variante de cisne mudo cuyas crías presentan plumas blancas y patas grises debido al leucismo o insuficiencia de pigmentación debido a un gen recesivo que le produce esa mutación. O la reseña de una doble puesta de sol observable desde Leek (una ciudad de Staffordshire, el distrito natal de Ashmole). O la celebración de la Abbots Bromley Horn Dance, una danza folklórica navideña de Staffordshire alusiva a la historia de Robin Hood: seis bailarines portan cornamentas de reno mientras los otros cuatro representan a Lady Marian, un bufón, un caballo de madera y un arquero.

En 1687 el arzobispo de Canterbury nombró a Plot notario público y secretario del Tribunal de Caballería de Su Majestad (un tribunal de derecho civil que derivaba de la antigua Curia Militaris y la posterior Earl Marshal’s Court; tenía jurisdicción en asuntos de heráldica y su sede estaba en Norfolk). Tres años después renunció a su puesto en Oxford para casarse con la londinense Rebecca Burman. El matrimonio se estableció en una hacienda de Sutton Barne, que proporcionó a Plot la tranquilidad que necesitaba para escribir The Natural History of Middlesex and Kent, obra que quedó inacabada.

A principios de 1695 recibió un nuevo cargo, el de Mowbray Herald of Arms Extraordinary («Heraldo de Armas Extraordinario de Mowbray», oficial de armas), seguido a los dos días de otro, registrador del College of Arms (o Herald’s College, «Colegio de Heraldos», corporación real formada por oficiales de armas y máxima autoridad heráldica). Sin embargo le quedaba poco, ya que los cálculos renales que padecía con cierta frecuencia terminaron por quitarle la vida. Ese mes de septiembre realizó una de sus excursiones arqueológicas por Anglia, pero fue la última y falleció en abril de 1696. Ashmole lo había hecho cuatro años antes de unas fiebres contra las que no sirvió el remedio que se había autorrecetado; colgarse tres arañas del cuello.

FUENTES

Thomas Seccombe, Robert Plot

Oxford University Museum of Natural History, Robert Plot: A brief biography of this important geologist’s life and work

William B. Ashford Jr, Robert Plot

Wikipedia, Robert Plot

labrujulaverde.com

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