viernes, 12 de junio de 2026

"El que no llora no mama", versión dinosaurios: descubren que el Spinosaurus necesitaba llorar para cazar a sus presas en el mar

Un reciente estudio indica que estos grandes carnívoros desarrollaron glándulas lagrimales específicas para excretar el exceso de sal del entorno marino.

Un Spinosaurus con cresta dorsal nadando en aguas pantanosas. Davide Bonadonna
“El que no llora no mama” es un refrán o dicho popular que significa que, para conseguir algo en la vida, es necesario pedirlo e insistir hasta hacerse notar, como lo hace un bebé que llora con el único objetivo de ser amamantado por su madre. Una conducta intrínsecamente ligada a los seres humanos y otros mamíferos, pero que podría aplicarse a algunos grandes dinosaurios, como el Spinosaurus. Al menos, así lo asegura un artículo recientemente publicado en la revista Historical Biology.

Empecemos por el principio para entenderlo mejor. A lo largo de los últimos años, los paleontólogos han debatido intensamente el verdadero estilo de vida del Spinosaurus y sus parientes más cercanos, como el Baryonyx walkeri o el Irritator challengeri. Sus característicos hocicos alargados, que guardan un gran parecido con la anatomía de los cocodrilos modernos, sugerían una existencia ligada al agua, aunque no se había determinado con precisión si eran nadadores activos o meros cazadores de ribera.

El descubrimiento del equipo de científicos liderado por Andrea Cau, experto adscrito al Museo Paleontológico OPHIS, se centra en una pequeña, pero crucial estructura anatómica en el cráneo. Tras examinar minuciosamente fragmentos óseos procedentes de Marruecos, Brasil y el Reino Unido mediante tomografías computarizadas, se identificó una notable depresión ósea situada justo encima de la órbita de los ojos.

Adaptación a entornos salinos

Esta particular cavidad albergaba una glándula de sal especializada, un órgano indispensable para que los animales que habitan o capturan presas en medios marinos filtren el sodio de su sangre. En la fauna actual, diversas familias de aves marinas recurren de manera habitual a un sistema idéntico para purificar el organismo, expulsando el cloruro de sodio sobrante mediante un fluido denso por los ojos.

"En ambientes de alta salinidad, estas glándulas ayudan a los animales a resolver el problema de la excreción de sal", afirmó Andrea Cau al respecto. Los datos geológicos de la investigación respaldan esta hipótesis evolutiva, puesto que los restos fósiles con esta cavidad proceden de antiguos litorales costeros, mientras que los ejemplares de agua dulce carecen de dicha fosa.

Esta flexibilidad fisiológica demuestra que los espinosáuridos expandieron su nicho ecológico hacia zonas salobres, superando las limitaciones biológicas de otros reptiles continentales de la época. No obstante, la revolucionaria propuesta científica sobre este llanto salino ha generado opiniones encontradas y ha reabierto las discusiones en los principales centros académicos internacionales.

Controversias paleontológicas

El investigador Paul Sereno, paleontólogo de la Universidad de Chicago, se muestra escéptico y advierte que la supuesta marca ósea no es una constante en todos los cráneos analizados. Para este experto, la ausencia del rasgo en piezas similares recuperadas en el norte de África sugiere que podría tratarse de una simple deformación del fósil debida al paso del tiempo.

Por otro lado, David Martill, científico de la Universidad de Portsmouth, argumenta que la presencia de la glándula apoya la teoría de una existencia acuática prolongada en el tiempo. Sea como nadadores experimentados o como depredadores que acechaban de pie en la orilla, este mecanismo biológico demuestra que la fisiología de estas criaturas era mucho más compleja de lo que se creía.

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