Una investigación internacional publicada en la revista BMC Biology aporta nuevas claves para resolver uno de los enigmas paleontológicos más persistentes del Paleozoico: el denominado vacío Furongiense, un intervalo temporal comprendido aproximadamente entre hace 497 y 485 millones de años durante el cual los especialistas habían registrado una escasez notable de fósiles en comparación con los periodos inmediatamente anterior y posterior.
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| Reconstrucción artística de cómo sería el Magnicornaspis garwoodi en vida. Crédito: Thomas Turner |
El ejemplar, bautizado como Magnicornaspis garwoodi, presenta características anatómicas singulares: un amplio escudo cefálico, un cuerpo segmentado y espinas defensivas que permiten adscribirlo al grupo de los corcoránidos, una familia de artrópodos poco conocida hasta la fecha.
El fósil fue localizado en las proximidades de Quebec (Canadá), preservado en el seno de la Formación Rivière-du-Loup, y su hallazgo adquiere relevancia por proceder de un contexto geológico no reconocido previamente por su capacidad de conservación excepcional.
Durante décadas, los paleontólogos habían especulado sobre las causas de la aparente disminución de la diversidad biológica en el Furongiense, la cuarta y última época del período Cámbrico. Nos hemos preguntado si esta época de notable menor diversidad de vida podría estar vinculada a la química oceánica, a climas más fríos o a inestabilidades ambientales, explica Bicknell en el artículo.
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| Representación de Magnicornaspis garwoodi. Crédito: R.D.C. Bicknell et al. 2026 |
Pero quizás no hemos estado examinando las rocas sedimentarias adecuadas ni los yacimientos fosilíferos apropiados para obtener una imagen clara de las clases de organismos de cuerpo blando y artrópodos primitivos que habitaban el planeta en ese momento.
Magnicornaspis garwoodi constituye uno de los escasos representantes conocidos tanto del Cámbrico como del Ordovícico, y se suma a una lista creciente de yacimientos furongienses que desafían la noción de un mundo cámbrico tardío empobrecido. Cada nuevo descubrimiento de esta época reduce la amplitud de ese supuesto vacío y revela ecosistemas cada vez más sofisticados que prosperaron durante el Cámbrico superior.
En conjunto, estos hallazgos sugieren cada vez con más fuerza que los ecosistemas furongienses se mantuvieron diversos y ecológicamente complejos, afirma Bicknell, investigador beneficiario de una beca DECRA del Consejo Australiano de Investigación, quien estudió el ejemplar, largo tiempo almacenado en museos, durante su estancia en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York.
El codirector de la investigación, Julien Kimmig, señala que este descubrimiento encaja en un patrón más amplio que ha ido emergiendo a lo largo de las dos últimas décadas. El Furongiense quizás no represente un verdadero colapso de la biodiversidad, sino más bien un vacío relacionado con los lugares donde los científicos han buscado y con los tipos de rocas que se han estudiado, apunta Kimmig, quien ejerce como jefe de Paleontología y Evolución en el Museo Estatal de Historia Natural de Karlsruhe, adscrito al Instituto de Geociencias Aplicadas del KIT.
El nuevo taxón debe su nombre al paleontólogo Russell Garwood, de la Universidad de Mánchester, cuya trayectoria investigadora se ha centrado en comprender la evolución de los quelicerados, el grupo que incluye a arácnidos y merostomados.
El espécimen fue recolectado originalmente en 1962 durante trabajos de cartografía geológica en los alrededores de Quebec y procede de lutitas negras de la Formación Rivière-du-Loup, una unidad depositada en ambientes de talud marino relativamente profundo durante el Cámbrico tardío. Desde entonces, el ejemplar había permanecido almacenado en las colecciones de la Institución Smithsonian en Washington D.C.
Kimmig subraya que este hecho pone de relieve uno de los aspectos más fundamentales de la paleontología: los descubrimientos importantes no siempre surgen directamente del trabajo de campo. Las colecciones de los museos contienen enormes cantidades de material insuficientemente estudiado, recogido durante levantamientos geológicos y expediciones realizadas en el siglo pasado, afirma el investigador.
Revisitar estas colecciones con técnicas modernas puede reconfigurar radicalmente la comprensión de los ecosistemas antiguos. El equipo de investigadores incluye asimismo a Aaron Goodman, de la Universidad de Illinois, a Thomas Turner, estudiante de honores de la Universidad Flinders y paleoartista, y a Patrick Smith, de la Universidad Macquarie.
FUENTES
Flinders University Bicknell, R.D.C., Kimmig, J., Goodman, A. et al. New exceptionally preserved arthropod from the Furongian of Canada. BMC Biol 24, 119 (2026). doi.org/10.1186/s12915-026-02617-4


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